Madeleine Peyroux - Secular Hymns (2016)

miércoles, 9 de marzo de 2016

Literatura maya/ 1 - Popol Vuh (1) - Creación de la tierra - Anónimo - Guatemala


Esta es la relación de cómo todo estaba en suspenso, todo en calma, en silencio; todo inmóvil, callado y vacía la extensión del cielo.

Esta es la primera relación, el primer discurso. No había todavía un hombre, ni un animal, pájaros, peces, cangrejos, árboles, piedras, cuevas, barrancas, hierbas ni bosques, sólo el cielo existía.

No se manifestaba la faz de la tierra. Sólo estaban el mar en calma y el cielo en toda su extensión.

No había nada junto que hiciera ruido, ni cosa alguna que se moviera, ni se agitara, ni hiciera ruido en el cielo.

No había nada que estuviera en pie; sólo el agua en reposo, el mar apacible, solo y tranquilo. No había nada dotado de existencia.

Solamente había inmovilidad y silencio en la oscuridad, en la noche. Sólo el Creador, el Formador, Tepeu, Gucumatz1, los Progenitores, estaban en el agua rodeados de claridad. Estaban ocultos bajo plumas verdes y azules, por eso se les llama Gucumatz. De grandes sabios, de grandes pensadores es su naturaleza. De esta manera existía el cielo y también el Corazón del Cielo, que éste es el nombre de Dios y así es como se le llama.

Llegó entonces la palabra, vinieron juntos Tepeu y Gucumatz en la oscuridad, en la noche y hablaron entre sí Tepeu y Gucumatz. Hablaron, pues, consultándose entre sí y meditando; se pusieron de acuerdo, juntaron sus palabras y su pensamiento.

Entonces se manifestó con claridad, mientras meditaban, que cuando amaneciera debía aparecer el hombre. Entonces dispusieron la creación y crecimiento de los árboles y bejucos y el nacimiento de la vida y la creación del hombre. En las tinieblas y en la noche se dispuso así por el Corazón del Cielo, que se llama Huracán.

El primero se llama Caculhá Huracán2. El segundo es Chipi-Caculhá3. El tercero es Raxa-Caculhá4. Y estos tres son el Corazón del Cielo.

Entonces vinieron juntos Tepeu y Gucumatz; entonces conferenciaron sobre la vida y la claridad, cómo se hará para que aclare y amanezca, quién será el que produzca el alimento y el sustento.

"¡Hágase así! ¡Que se llene el vacío! ¡Que estas aguas se retiren y desocupen el espacio, que surja la tierra y que se afirme! No habrá gloria ni grandeza en nuestra creación y formación hasta que exista la criatura humana, el hombre formado."

Así dijeron cuando la tierra fue creada por ellos. Así fue, en verdad, como se hizo la creación de la tierra. "¡Tierra!", dijeron, y al instante fue hecha.

Como la neblina, como la nube y como una polvareda fue la creación, cuando surgieron del agua las montañas, y al instante crecieron las montañas.

Solamente por un prodigio, sólo por arte mágica se realizó la formación de las montañas y de los valles, y al instante brotaron juntos los cipresales y pinares en la superficie.

Y así se llenó de alegría Gucumatz, diciendo: "¡Buena ha sido tu venida, Corazón del Cielo; tú, Huracán, y tú, Chipi-Caculhá, Raxa-Caculhá!"

"Nuestra obra, nuestra creación será terminada", contestaron.

Primero se formó la tierra, las montañas y los valles; se dividieron las corrientes de agua, los arroyos se fueron corriendo libremente entre los cerros, y las aguas quedaron separadas cuando aparecieron las altas montañas.

Así fue la creación de la tierra, cuando fue formada por el Corazón del Cielo, el Corazón de la Tierra, que así son llamados los que primero la fecundaron, cuando el cielo estaba en suspenso y la tierra se hallaba sumergida bajo las aguas.

Así fue como se perfeccionó la obra, cuando la ejecutaron después de pensar y meditar sobre su feliz terminación.

1 Culebra de plumas: versión quiché del dios tolteca Quetzalcoatl. Su nombre se hallaba asociado al agua.
2 Relámpago.
3 Pequeño rayo.
4 Rayo verde. Según Brasseur, es el relámpago o trueno.

A la llegada de los españoles a la región guatemalteca existían dos grupos étnicos y dos reinos enemigos entre sí: los Quichés y los Cakchiqueles. 
Los Quichés, cuya capital, a la llegada de Alvarado, era Utatlán, se refugiaron, tras el incendio y destrucción de la ciudad por el caudillo español, en Chichicastenango (Santo Tomás Chuilá), no lejos del camino entre Guatemala y Quetzaltenango. A principios del siglo XVIII era cura de ese pueblo el padre Francisco Ximénez, de la Orden de Santo Domingo, que había llegado procedente de Córdoba, de donde era oriundo, hasta el reino de Guatemala en 1688. El padre Ximénez debió granjearse la confianza de sus feligreses hasta el punto de que le revelasen la existencia de un valioso manuscrito que guardaban desde hacía más de siglo y medio y en el cual se contenían las tradiciones antiguas del pueblo quiché junto con algunas inclusiones cristianas intercaladas.
Como quiera que el dominico dominaba ya el idioma quiché, se dio a aplicar de algún modo el método que desarrollase tan brillantemente fray Bernandino de Sahagún en el valle de México, de tal manera que hizo una transcripción y traducción del documento a dos columnas. Este es el manuscrito del famoso Popol Vuh, tal como se conserva en la Newberry Library de Chicago. El título que le dio fray Francisco Ximénez es el siguiente:
Empiezan las historias del origen de los Indios de esta provincia de Guatemala, traducido de la lengua quiché en la castellana para más comodidad de los Ministros del Santo Evangelio, por el R. P. F. Francisco Ximenez, Cura doctrinero por el Real Patronato del pueblo de Sto. Tomás Chuilá.

Aunque el contenido de este libro se refiere a tradiciones precolombinas, el manuscrito que tuvo en sus manos fray Francisco Ximénez debió escribirse por uno o varios indios quichés entre 1544 y 1555.
En el Popol Vuh, también llamado Popol Vuj, Libro del Consejo, Manuscrito de Chichicastenango, Libro del Común o Libro de la Estera, se incluyen fragmentos variados referentes a la cosmogonía, la religión y la mitología quiché, así como a la historia y emigraciones de estos pueblos. Se inicia con la cosmogonía quiché, con la creación del hombre de masa de maíz, tras los fracasos que significan la creación de los hombres de barro y de madera, y sigue con el origen del Sol y de la Luna que resultan de la apoteosis de dos héroes culturales, Hunahpú e Ixbalanqué. Todo el texto es de un valor extraordinario para comprender el profundo sentido de la civilización maya, si bien sus interpretaciones son en todo caso sumamente complejas.
El Popol Vuh puede ser obra de un solo autor o de varios, quienes irían aportando sus recuerdos en la redacción, en caracteres latinos, de la obra, pero no hay fundamento suficiente para poderla atribuir a alguien en concreto, como ha querido Villacorta y Rodas (1927) al tratar de demostrar que su autor sería el indio Diego Reynoso.
El valor literario, sin embargo, es tan grande como pueda serlo el puramente histórico o de información culturológica, pues junto a la fantasía que proviene de la tradición aprendida, la expresión cobra belleza formal, elegancia y finura y muchas veces podemos observar como si un poema sin rima y sin acentos se hallase bajo el manto de la prosa actual.
El Popol Vuh es seguramente la obra literaria de los mayas que se haya traducido más veces al español y también a otros idiomas, como el alemán, el inglés, el francés e incluso el ruso y el japonés. JOSÉ ALCINA FRANCH

11 comentarios:

carlos perrotti dijo...

"No había nada dotado de existencia..." Más allá del sentido, de significados e interpretaciones, nunca nada de lo que me enseñaron, de lo formó parte de mi educación contuvo tal profundidad.

esta lectura me confirma que todo fenómeno o elemento tiene una fase de existencia y otra de no existencia, existe lo que es y también lo que no es, lo que no puede ser, lo que todavía no puede ser pero que podría eventualmente ser alguna vez...

Agostina Alvarez dijo...

Me gustó mucho eso de pensar y meditar sobre la feliz terminación de la obra. Porque en todo el poema se siente un obrar felizmente. Y lo que decís Carlos de la existencia y no existencia me hace pensar en el yin y el yan.En los opuestos que se complementan y no pueden vivir el uno sin el otro.

Agostina Alvarez dijo...

Me gustó mucho eso de pensar y meditar sobre la feliz terminación de la obra. Porque en todo el poema se siente un obrar felizmente. Y lo que decís Carlos de la existencia y no existencia me hace pensar en el yin y el yan.En los opuestos que se complementan y no pueden vivir el uno sin el otro.

Agostina Alvarez dijo...

oups no sé por qué salió dos veces, quizás sea porque tenía que escribir una frase de Cortázar que se me vino a la mente al leer los primeros párrafos. Dice: "La felicidad tenía que ser otra cosa algo así como una caída interminable en la inmovilidad" Qué genio!

Juan Nadie dijo...

Fase de existencia, fase de no existencia, Carlos. ¿Y si las dos fuesen la misma? ¿O todo fuese ahora? ¿Y siempre?
La Mecánica Cuántica, esa teoría física (poética donde las haya), nos habla de eso: el "gato de Schrödinger", que no se sabe si está muerto o vivo, o las dos cosas a la vez. ¡Vaya lío!, que ni Einstein pudo llagar a entender: "Dios no juega a los dados".

Juan Nadie dijo...

El yin y el yan, Agostina, eso es. La suma da la totalidad, o algo así.

Genial frase del amigo Cortázar.

No te preocupes por la repetición de los comentarios, cosas del todopoderoso Google.

Agostina Alvarez dijo...

;-)

marian dijo...

"Contenían las tradiciones antiguas del pueblo quiché junto con algunas inclusiones cristianas intercaladas"

Se nota la fusión.

Juan Nadie dijo...

Pues sí, se nota, pero de todas formas hay pasajes que pueden encontrarse, y se encuentran y son prácticamente lo mismo, en todas las culturas del mundo, léase el mito del Diluvio. ¿Qué significa eso? Pues, yo creo que ya lo sabemos: una misma humanidad, una misma gente (me repito más que los ajos), que busca las mismas cosas.
En el caso del Diluvio, una humanidad que no está contenta consigo misma e intenta reciclarse. O algo así, yo qué sé.

Juan Nadie dijo...

Me he adelantado, perdón. El diluvio viene un poco más tarde, no tengamos prisa.

marian dijo...

Deja, deja, que no venga, que no tenemos prisa.
Esa coincidencia mundial del diluvio nos lleva a pensar en las glaciaciones, alguna vez ya lo hemos comentado.