Michel Camilo & Tomatito - Spain Forever (2016)

domingo, 31 de enero de 2016

Un cors gentil m'à tant enamorat / Debat - Jordi de Sant Jordi - España


El poeta refiere la disputa que sostienen sus ojos, su corazón y su pensamiento sobre quién de ellos tiene la primacía en el amor, enumerando con ello los síntomas acumulados de una enfermedad que puede conducir a la muerte a quien la padece. En este poema, como en el poema que comienza Enyorament, anuig, dol e desir, la aparición del nombre de la dama, Isabel, resulta desconcertante dentro de la convención cortés del secreto, aunque podría tratarse -circunstancia no menos rara- de un nombre propio falso usado como senhal. En cualquier caso, no sabemos quién fue.

Un cors gentil m'à tant enamorat
lo cor e·ls ulls e mon fin pensamén,
que nit e jorn n'estan en gran debat
qui l'amarà d'ells tres primeramén,
e vey tan fort a cascun d'ells ençés,
que no mi val saber a remeyar;
e vets com m'à e·n quin joch ella mes,
que mon las cors no u porà soportar!

Disen los ulls que no y cal debat jes,
qu·ells foren, cert, primers en lo triar
e qu·e son alt la vólgron mays que res,
car manta nit los cové despertar
al lit ploran, per desir que·ls ne ve
d'ella veser, que·ls fa viure y morir;
e per ayçò han gran raysó, per què
null hom del món no·ls pot res contradir.

Diu lo cor cert que·ls ulls saben molt bé
qu·en lo començ lo vench primer ferir
un dolç esguart; d'equell sol, las!, sosté
lo foch d'amor, qui·l fa tots temps languir,
sens que remey no sent d'alguna part,
qu·ell ha l'afan y els ulls han lo plaser;
per qu·és raysó qu·ell n'aya mellor part
de sobre tots, si dret li volen fer.

Lo pensamén diu que, sí Déu lo guart,
que·ls ulls ne·l cor no poran sostener
nengun bon dret, que jorn, matí ne tart,
incessantment jamés no·s pot mover
d'ella pensar, en durmén ne vetlan,
què fa, hon és ne si·l desamarà,
e qu·ell de tots sofer lo més afan;
per què tot sol, sens pus, la servirà.

E vets açí en quin treball ten gran
visch quescun jorn que bella dona fa:
vey d'una part los ulls qu·estan ploran
e d'autra·l cor angoxós que·s perdrà,
y el pensament en pensar occupats,
tant que no say qui m'ajut en est cas,
si donques ley qui·ls ha tals adobats
no·m vol aydar a l'afan qu·eu ben pas.


Tornada

Na Ysabel, si mon bé desirats,
eu vos sopley declarets en tot cas
qual de tots tres deu ser de vós amats,
pus que·ls havets axí trets de compàs.


Altra tornada

Qu·en bona fe tant me suy malmenats,
des que no us vi, que·ls tres m'an dit tot ras
que, si donchs vós ayçò no declarats,
qu·en breu de temps me faran dur al vas.

__________________________________________

Una gentil criatura ha cautivado
mis ojos, corazón y pensamiento,
y noche y día entre los tres debaten
cuál de ellos la ama más entre los otros;
y los veo que están tan encendidos,
que mi saber no basta a remediarlo.
¡Ved en qué situación me ha puesto ella!
¡Mi pobre corazón no la resiste!

Los ojos dicen que es debate inútil,
porque en el escoger fueron primeros
y por su gran deleite más la anhelan,
pues muchas noches los despierta el llanto
por deseo de verla, y para ellos
ella es la vida y es la muerte a un tiempo;
dicen, en fin, que la razón es suya
y que nadie podrá contradecirlo.

El corazón replica que los ojos
saben que lo primero fue la herida
de una dulce mirada, mas que él, triste,
sufre el fuego de amor que lo consume;
y no hay remedio alguno, pues él siente
el dolor, y los ojos placer sienten:
él, pues, debe llevar la mejor parte,
si lo que quieren es hacer justicia.

El pensamiento dice -¡Dios lo guarde!-
que no tienen derecho el corazón
ni los ojos y que, mañana y tarde,
sin cesar, en el sueño y la vigilia,
él nunca deja de pensar en ella,
en lo que hace, en si tal vez lo ama,
y que su angustia es la mayor de todas:
él solo y nadie más debe servirla.

Aquí veis el enorme sufrimiento
que por la bella dama vivo a diario:
por una parte el llanto de mis ojos,
por otra el corazón acongojado,
por otra el pensamiento con sus cuitas.
Y ya no sé quién me dará su ayuda
si la que los ha puesto en tal estado
no me quiere ayudar en este trance.


Tornada

Doña Isabel, si deseáis mi bien,
os ruego que bien claro sentenciéis
cuál de ellos debe ser por vos amado,
porque se debe a vos su desconcierto.


Otra tornada

Y en buena fe desde que os vi he quedado
tan malparado, que los tres me han dicho
que, si no sentenciáis sobre este asunto,
juntos me llevarán pronto a la tumba.
Comentario y traducción de José María Micó

viernes, 29 de enero de 2016

No pot ren dir ne far que bé stia / L'estat d'honor e d'amor - Jordi de Sant Jordi - España


Poema sobre el vínculo honor-amor o, dicho con la precisa frase de Martín de Riquer y Lola Badia, "sobre las excelencias de estar enamorado para poder mantener una posición honorable en la vida de la corte". Las condiciones que deben cumplirse están a la postre presentes en el "poderoso príncipe" del envío y en la "excelsa margarita" de la tornada, que en el contexto cortesano de la composición no pueden ser más que Alfonso el Magnánimo y Margarita de Prades.

No pot ren dir ne far que bé stia
lunch homs, si donchs ja s'amor non és pres:
per què·l meu seny d'Amor trop se desvia
qui·s part d'amor tant quant pot dur l'arnés
nez hage·l cors per faytz de gentilesa,
car mils n'és pros e cobegans d'onor,
e ssent pus tart sa joventut despesa
e sab triar del món tot lo milhor.

E perquè mils la raysó si·entesa,
dech que miretz los bandegats d'amor,
e veyretz com han lur cor en riquesa
e van fugén de pretz e de valhor,
e may los platz, sinó per guany, despendre
e·entre los pros tart los veyretz star;
tot lur deport és en comprar e vendre
e no·ls scay si vòlon d'als perlar.

Mas celhs qu·Amor vol per son home pendre
tot son pret[z] met en veray pretz muntar,
e no·l veyrets a dir viltats dexendre
per nulha re, ne de leigs fayts obrar;
en àls no·ntén ne met engeny ne cura
mas com a tots se puxa far gresir:
despendra·l play e dar ultra mesura,
perquè cascú vulha de luy ben dir.

E no tem gens paubretatz ne freytura
ne·ntén qu·a menys puscha lunh temps venir;
car son cor és enraquits d'amor pura,
tal que ja may no·l lays enpobresir:
anans pençar lo fay, ses tota falha,
en ten auts fayts, d'on puscha sustener
lo seu stat, e non tem ges batalha,
guerra ne brug per aycelhs mantener.

No·l fal arnés, rocís ne res que·l valha,
aur nez argent per far home valer,
qu·amors, qui·l té de s·amorosa tralha,
li fay donar trestot quant ha mester
ho·l dóna·ngeny ab què·n sab leumén trayre
ses blasme lunh, per què viu abondós
de béns ab joy plus que rey ne·mperayre,
ez ayçò tant com elh és amorós.

Ez enquer mays tart lo veyretz retrayre
de ben portar son gentil cors joyós,
e serà vielhs e no preserà gayre
portar l'arnés ne viure cossirós;
de moltes gents say qu·aurà l'amistança,
d'on m'és semblan prenda·l milhor del món,
car viu en laus, en pretz ez en bobança,
e·ls altres morts qui d'est mester no són.

Donchs, celhs qui cau en ten auta balança
com és d'amor, qui fay pugar amon,
ffins que ja·s veu en [la] vielha liança,
non deu partir, car del tot se coffon
e·z destreny fort e s'envelex e muda
sos béns en mals e sa virtut dechay,
e no u conex tro·s veu testa canuda,
gros e fexuchs, tal que dompna desplay.

Per què dich mays: celhs qu·à dona perduda
(ges ab tort sieu o d'ella que no·l play),
per tal qu·amor hag·en lay retenguda,
ne deu querir un·altr·en poch d'espay,
car, si no u fa, en dir mal se delita,
com cels qui és d'amar desafeynats;
e, cert, val pus sa viltat sia scrita
que far anuy a celhs qu·és ben amatz.


Endressa

Al prínceps nauts, poderós, on habita
pretz e valor, car és d'onor armats,
mon vers tramet, qui no platz as ermita,
clergua ni lech si no·s d'amor tocatz.


Tornada

Reyna d'onor, excelhents margarita,
yeu crey qu·amar altruy ne me no us plats;
pus qu·yeu vos ay sobre totes scrita,
vos amaré tan com aytal siatz.

__________________________________________

Nada bueno podrá decir ni hacer
el hombre si no está de amor rendido;
por eso creo que de Amor se aparta
quien, apto aún para el arnés, se aleja
de los actos de amor y gentileza,
pues tiene más valor y honor ansía,
tarda en sentir su juventud perdida
y escoger sabe lo mejor del mundo.

Para que esta cuestión mejor se entienda,
mirad los excluidos del amor:
ponen su corazón en la riqueza
y se desvían del honor y el mérito;
no gastan si no esperan más ganancias
y nunca los veréis entre valientes;
la compraventa es su único recreo
y no les gusta hablar de otros asuntos.

Mas aquel que Amor quiere por vasallo
lo que desea es alcanzar el mérito;
no se rebajará a decir vilezas
y no cometerá malas acciones;
no ejercita su ingenio en otra cosa
que en conseguir la gratitud de todos;
le gusta dar y regalar sin límite
para que todos hablen bien de él.

No teme a la estrechez ni a la pobreza
ni jamás piensa en su futura ruina;
su corazón es rico de amor puro
y no consentirá que se empobrezca,
sino que sin descanso le recuerda
altas acciones con las que sostenga
su estado, y jamás teme la batalla,
guerra ni pleito para mantenerlas.

Para hacerse valer no necesita
nada, ni arnés, rocín, oro ni plata.
Amor lo ciñe en su amorosa soga
y le consigue cuanto necesita,
o le da ingenio para que lo logre
sin agravio, pues goza de más bienes
que los emperadores y los reyes.
Y es así porque es hombre enamorado.

Y no le veréis nunca renunciar
a mantener su cuerpo hermoso y ágil,
aun cuando, viejo ya, no le apetezca
el peso del arnés y el de sus cuitas.
Sé que tendrá la cosa más preciada:
gozar de la amistad de mucha gente
y ser loado, honrado con gran pompa.
Quienes así no viven están muertos.

Quien está, pues, en tal alta balanza
como es la del amor, que nos ensalza,
no se debe alejar mientras se encuentre
sujeto al viejo nudo, porque todo
se envilece y sus bienes son ya males
y mengua su virtud, y no lo advierte
hasta que ya se ve viejo, canoso
y grueso y ya no atrae a las mujeres.

Y digo más: aquel que se ha quedado
sin dama -y no por culpa de él o de ella-,
para conservar algo de su amor
tiene que buscar otra en breve tiempo,
pues, si no, como está desocupado
en amar, se complace difamando,
y más vale hacer pública su infamia
que causar daño a aquel que es bien amado.


Envío

Al poderoso príncipe en quien viven
prez y valor, pues es de honor armado,
envío mi poema, que no acepta
monje o seglar si no es de amor tocado.


Tornada

Reina de honor, excelsa margarita,
no queréis, creo, amarme a mí ni a otros,
mas yo os entiendo superior a todas
y os amaré mientras seáis cual sois.
Comentario y traducción de José María Micó

miércoles, 27 de enero de 2016

A Vittoria Colonna - Michelangelo Buonarroti / Recuerdos de su esposo - Vittoria Colonna - Italia


Entre los 300 poesías atribuidas a Miguel Ángel, hay sonetos y madrigales decidados a Vittoria Colonna, a la que retrató en el fresco del techo de la Capilla  Sixtina (la Sibila) y en unos cuantos dibujos, como el que preside esta página.
Hasta donde sabemos, la relación entre ellos fue platónica. A la muerte de  Vittoria, Miguel Ángel escribió: no había tenido dolor más profundo en este mundo que haberla dejado partir de esta vida sin haberle besado la frente, ni el rostro, como le besé la mano cuando fui a verla en su lecho de muerte

A Vittoria Colonna

Imposible parece y nos lo advierte
empero la experiencia, que más dura
de mármol insensible una figura
que su autor, presa en breve de la muerte.

Más que la causa es el efecto fuerte,
por el arte es vencida la natura:
lo sé yo a quien da gloria la escultura,
y ya me acerco a la vejez inerte.

Tal vez a ti y a mí dar larga vida
puedo con el cincel o los colores,
adunando mi amor y tu semblante.

Y mil años después de la partida,
se verán tus hechizos vencedores,
y cuánta razón tuve en ser tu amante.
Michelangelo Buonarroti

Vittoria Colonna, hija de la familia noble romana de los Colonna y descendiente de los duques de Urbino, fue una extraordinaria mujer renacentista. Casó (la casaron, niña todavía) con Francisco Fernando de Ávalos, noble napolitano de origen español. Poseedora de una cultura refinada, escribió poemas de amor (dedicados sobre todo a su marido) influenciada por el gran renovador de la poesía, Francesco Petrarca, y prosa intelectual sobre cuestiones religiosas o espirituales. Cantaba muy bien acompañada por el laúd y contó con la admiración de hombres como Castiglione o Leonardo de Vinci. 
La Inquisición la estuvo rondando, quizá debido a su influencia sobre conocidos reformadores, como Pietro Camesecchi, Juan de Valdés y Bernardino Ochino, que participaban en los círculos intelectuales de los que ella era el centro.

Una de las pocas poesías de Vittoria en español, idioma materno de la casa napolitana de su marido, es la siguiente:

Recuerdos de su esposo

De mi sol claro, con la muerte ciego,
aquí miro doquier las dulces huellas;
ciego no; más allá de las estrellas
arde con luz más clara y vivo fuego.

Aquí vencido de mi amante ruego,
él me mostró sus cicatrices bellas,
y yo mis labios estampaba en ellas,
y las bañaba de mi llanto el riego.

Sus brillantes victorias me contaba
y el modo y la ocasión con la serena
faz con que abría la contienda brava;

de llanto rompo en dolorosa vena,
pues lo mismo que un tiempo me alegraba
me causa ahora inconsolable pena.
Vittoria Colonna

Vittoria narra así su relación con Miguel Ángel:

Cuando le conocí ninguno de los dos estábamos ya en esa edad en que los corazones corren libres sin sentir las férreas ligaduras de la razón, su lastre, su efecto disolvente, su injerencia disuasoria, su prudencia, o su miedo suma de todos los miedos incrustados en la experiencia... No, nada de eso. Yo, ya desgraciadamente viuda -pues amé a mi esposo Ferrante (Fernando), el batallador, el valiente y aguerrido general de Carlos V, más de lo que yo misma pude imaginar-, aún estoy de duelo por aquella pérdida inconsolable; sé que le puede resultar algo relativamente lógico a quien no me conozca: una mujer joven, casada niña por poderes, que va descubriendo el amor junto a su esposo del que acaba profunda y felizmente enamorada, y que, al perderlo cuando más fuerte, firme y satisfactorio es ese amor, siente tal desgarro que ya nunca curará, herida abierta de la que mana el deseo a borbotones, y que, recogida en sí misma, envuelta en su propia desesperación, no siente ya un motivo para seguir viviendo, salvo la total entrega y dedicación a un consuelo mayor: el que Dios la proporciona, su promesa de vida futura, y con ella, la ilusión de recuperar un día a aquél a quien se amó hasta el extremo del llanto jubiloso; pero, para aquel que me conozca, le será difícil conciliar la impresión que sobre mi tiene, mi perspectiva dialéctica de la vida, mi lucidez inquisitiva, mi espíritu polemizador e irremediablemente curioso... con la de una mujer aparentemente convencional en quien ha hecho presa esa enfermedad de la razón que es el amor; sí, sé que es inverosímil; no obstante, aquellos que me frecuentan saben que la paradoja es aparente, pues mi pasión por la vida, por el conocimiento, por la belleza, no me impide, dado mi innato carácter romántico, esta veleidad contradictoria que, en mí, se resuelve e ilustra más que con ningún esfuerzo introspectivo y analítico, con el ejemplo vivo de mi relación con Él, con Michelangelo, il mio bambino eternamente adolescente, ese hombre, que si lo fue, participó más que ninguno de lo divino, de esa divinidad clásica, olímpica (que Cristo, en quien creo y a quien busco, me perdone).

lunes, 25 de enero de 2016

Hermosa isla / Epitafio - Robert L. Stevenson - Escocia


Hermosa isla
Tu amado nombre
llega a mis oídos como la más suave música.
Amo ese mar,
y alguna veces he fondeado en las islas del Paraíso.
De Poems
Robert L. Stevenson

Stevenson escribió su propio epitafio:

Bajo el inmenso y estrellado cielo,
cavad mi fosa y dejadme yacer.
Alegre he vivido y alegre muero.
Pero al caer quiero haceros un ruego.
Que pongáis sobre mi tumba este verso:
Aquí yace donde quiso yacer;
De vuelta del mar está el marinero,
de vuelta del monte está el cazador.

sábado, 23 de enero de 2016

El tema de España - Miguel d'Ors - España


Y cuando ya por fin me he decidido
a apretar el gatillo
y soltarle a la Patria en pleno rostrum
esa opinión que llevo entre los dientes,
como un muelle contraído, desde los reyes godos;
cuando lo de esta vez ya es demasiado
y ya me encuentro en el apunten, fue
llega de pronto el vino del Ribeiro
o los esparraguicos de Tudela,
o llega, qué sé yo, las hayas de Tacheras,
un olor sevillano,
unas cuantas montañas, Las Meninas,
palabras de Cervantes, Machado, Garcilaso,
"un no sé qué que quedan balbuciendo",
y el grito retrocede silenciosa-
mente, rabo entre piernas,
y en el fondo de mí la sangre se avergüenza
de haberle sido infiel a tanta España...
hasta que se presenta
la "canción española" con su olor a sobaco,
Goya con la familia de cacacarlos IV,
Pamplona venerando a San Fermín obispo
con cogorza coral
y coitos interruptos en todos los idiomas
-veneración venérea-,
nuestra invencible selección de fútbol
que una vez más regresa triunfalmente
zurrada 4 a 0, nuestros retretes públicos
(quizá nuestro más típico género literario),
nuestros transportes públicos,
nuestras mujeres ídem, tan prolíficas,
o viene miguel d’ors, sin ir más lejos,
mi alter ego manchego,
y entonces enrojezco como el Etna, ya basta,
ni hablar de seguir siendo parte de este sainete,
hasta aquí hemos llegado, se acabó
(regrese, por favor, al primer verso)
De Curso superior de ignorancia, 1987

jueves, 21 de enero de 2016

Camino de imperfección - Miguel d'Ors - España


Joven,
yo era un vanidoso inaguantable.
"Esto va mal", me dijo un día el espejo.
"Tienes que corregirte".
Al cabo de unas semanas era menos vanidoso.
Unos meses después ya no era vanidoso.
Al año siguiente era un hombre modesto.
Muy modesto.
Modestísimo.
Uno de los hombres más modestos que he conocido.
Más modesto que cualquiera de ustedes.
O sea
un vanidoso inaguantable
viejo.
De Curso superior de ignorancia, 1987

martes, 19 de enero de 2016

Literatura y jazz/ 64 - Bird - Miguel d'Ors - España


BIRD
(Cuestiones de Poética)

Le escucho Night and Day.
Su música de oro
llega a esta tarde desde el otro lado
del mundo, el tiempo y
el muro de la muerte (Recorded in New York,
March 25, 1952)
y con alas de ensueño me transporta
a una extraña alegría, serena sin embargo,
de la que todas las palabras quedan
demasiado lejos. (Fray Luis
tuvo que conformarse con llamarla
"mar de dulzura").
Ahora,
mientras van apagándose los últimos aplausos
-el disco ha conservado un difuso rumor
de copas, movimiento de abrigos y sombreros
de gentes que ya salen, impregnadas de humo-,
pienso en todas las cosas
que esa Belleza tiene tras el telón de fondo:
pienso en aquellas noches despedazadas, pienso
en aquel hombre póstumo -sólo treinta y un años-,
en sus dientes de perra rabiosa en Camarillo
State Hospital, pienso
en las albas podridas de alcoholes y heroína
en que regresaría del Infierno
al Infierno por torvos callejones de gatos
-la lluvia gris desafinando sobre
los cubos de basura-.
Y me pregunto
por el enigma que une esos extremos
-Night and Day-, su existencia, que escruto con los ojos
de la memoria: tallo que enlaza el indecible
esplendor de la rosa
y el estiércol.
Night and Day (Cole Porter) - Charlie Parker - Joe Lippman And His Orchestra (1952)

domingo, 17 de enero de 2016

Literatura y jazz/ 63 - To Take in Draughts of Life - José Daniel M. Serrallé - España


...mas fue para vivir: para beber
a sorbos la vida...
JOHN KEATS
Ah noches que fuisteis,
en la luminosa juventud, decorado perfecto
del vivir (recuerda: canta
Sarah Vaughan Day Dream
y es como derramarse maravillarse
hasta el fondo de la nada). Y vosotras, frías
tardes de invierno, pasos del viento
helado de la soledad, lunas tempranas. Ah vida, vida!

Como nosotros
en el mar, o en aquel cine, en cuántas
camas, amándonos
felices, mezclando en el derroche
del deseo el sudor y el brillo
de nuestros cuerpos...

                              Y cuántos otros
momentos en los que existir no podía
ser otra cosa que el fulgor de un instante
viéndonos pasar, el empeño
loco en la meta que habrá
de borrarnos.

Pero eso no importa.
Los violines, las notas de algún piano, las melodías
fijadas para siempre
a nuestra historia
como el horizonte perlado
del mar: allí
nosotros, amigos viejos, hablando, riendo, tomando
en nuestras manos los ángeles
de la felicidad
mientras el vino lame
la orilla de la noche.

                            Oh, y mira
tu ciudad, contempla
sus formas, su luz, sus jóvenes
mujeres. Piensa que en ella
tiene aún su sitio la vida, un cierto
sentido, a pesar de lo innoble
de este tiempo, a pesar de todos
y de todo.

Es lo único que nos queda: la alegría
de vivir, nosotros mismos y cuanto perdidamente
amamos. Es ahí donde estamos a salvo.
Ahí y en la lealtad que a esa luz
sepamos mantener. Siempre
agitados, siempre vivos
como el resplandor de una luna en la niebla.
Day Dream (J. La Touche - D. Ellington - B. Strayhorn) - Sarah Vaughan

viernes, 15 de enero de 2016

Nuevos fragmentos de Cartas a Lucilio - Séneca - Hispania-Roma


Todo, Lucilio, es ajeno a nosotros; sólo el tiempo es nuestro. La naturaleza nos ha puesto en posesión de esa única cosa fugaz y escurridiza, y nos la quita quien quiere. Y es que la estupidez de los mortales llega a tanto que, al obtener lo más ínfimo y de menos valor, lo que sin duda se puede reemplazar, admiten que les sea cargado en su cuenta, mientras que nadie cree que deba nada al tomar el tiempo de otro, cuando eso es lo único que, aun queriendo, no se puede devolver.
~~~~
No está en ningún sitio quien está en todas partes. Es lo que les ocurre a los que se pasan la vida de un lado para otro: tienen muchos anfitriones pero ningún amigo. Lo mismo tiene que pasarles, por fuerza, a los que no se aplican asiduamente a un solo escritor de primer orden, sino que pasan por todos de corrido y con prisas. No aprovecha ni se asienta en el cuerpo el alimento que se devuelve apenas ingerido; nada es tan nocivo para la salud como el cambio constante de remedios; no cicatriza la herida en la que se van probando distintos medicamentos; no se restablece la planta que se transplanta con frecuencia; nada es lo bastante útil como para que sea de provecho sólo de paso. El exceso de libros distrae: así, si no puedes leer todos los que tienes, basta con que tengas los que puedas leer.
~~~~
Por más exquisito y saludable que sea, ningún conocimiento me complacerá mientras sea yo el único que lo sepa. Si la sabiduría se diera a condición de tenerla encerrada y de no comunicarla, yo la rechazaría: sin alguien con quien compartirlo, no resulta agradable la posesión de bien alguno.
Traducción de Jordi Cornudella Martorell

miércoles, 13 de enero de 2016

Fábulas/ 22 - El ratón contrabandista - José Saramago - Portugal


Según los diccionarios, fábula es una "pequeña composición de forma poética o prosaica en la que se narra un hecho alegórico cuya verdad moral se esconde bajo velo de ficción y en la que se hace intervenir a personas, animales, e incluso seres inanimados". Si es correcta esta laboriosa explicación, ésta crónica es una fábula, aunque, y lo declaro desde el principio, no sea mi intención esconder aquí lección moral de ningún tipo. Muy al contrario, a mi flaco entender, las verdades, morales o inmorales, y sobre todo éstas últimas, deberían de andar bien a la vista de todo el mundo, como el color de los ojos.

Decido, pues, que esto no es una fábula. El hecho narrado no es alegórico y, en cuanto a la verdad moral, queda dicho todo. Por otra parte, no veo cómo un pobre ratón iba a poder aguantar tanta literatura y tan gravosa responsabilidad.

Este ratón -si aún no lo han matado- vive en la frontera. "¿En qué frontera?", pregunta el lector abriendo el mapa del mundo. "En una frontera", respondo yo evasivo, y continúo. Es un pequeño ratón campesino que, por azar de generaciones, matrimonios y ciertas migraciones antiguas acabó naciendo en la frontera, no se sabe de qué lado. Allí vivió pacíficamente su vida, sin amenaza de gatos o trigo rojo, atento sólo al vuelo silencioso y traicionero del milano. Gracias a los amables impulsos de la naturaleza, tuvo prole abundante, la cual, sin mayores dificultades, prosperó.

Sería un ratón feliz si a los dos países contiguos no se les hubiera ocurrido al mismo tiempo la idea de aprovechar a fondo la riqueza nacional. Veinte años atrás no habría habido complicaciones: se contaban las personas, el dinero, las tierras, cultivables o no, las minas, las vacas, los puertos de mar... Pero ambos países poseen enormes computadoras, que son aparatos dotados de un apetito prodigioso, que cuanto más tienen, más quieren. De ahí que el inventario resultase super-riguroso, hasta el punto de que, habiendo introducido en el ordenador el término múrido, el aparato no tardó en exigir, bajo amenaza de error en los coeficientes finales, la "riqueza nacional en ratones".

Fue entonces cuando la desgracia cayó sobre el hocico puntiagudo del animalillo. Grupos de inspectores peinaron los dos países contando ratón tras ratón, haciéndoles un nudo en el rabo para no perder la cuenta, hasta que llegaron a la frontera. Mientras hubo abundancia de ratones de un lado y otro de la línea, los inspectores encargados del censo realizaban su tarea sin el más mínimo asomo de hostilidad, pero llegó un momento en que sólo los separaba la línea de la frontera; sin embargo, esta línea, como se sabe, es invisible, y los ratones que faltaban eran sólo éste del que vengo hablando y su prole.

Inmediatamente comenzaron a surgir los llamados incidentes fronterizos. Hubo intercambio de disparos, los encargados del censo se disputaron los ratones a bofetadas, se movilizaron tropas en grandes concentraciones, se pronunciaron discursos inflamados y amenazas terribles. Y así está la situación en el momento en que esto escribo.

Uno de los países beligerantes consiguió apresar al ratón y va a juzgarlo por contrabando. Las cancillerías de las grandes potencias se muestran preocupadas. Se han presentado ya varias propuestas de conciliación, una de las cuales tiene muchas posibilidades de ser aceptada: consiste en entregar los ratones en litigio a los gatos de los dos países para que éstos, naturalmente, se los coman. Así se evita el conflicto, y no merma la riqueza, porque lo que se pierde en ratones se gana en gatos. Una simple transferencia.
De Las maletas del viajero, 1986
Traducción de Basilio Losada

lunes, 11 de enero de 2016

Tempus fugit/ 21 - Soneto II - William Shakespeare - Reino Unido / A Shakespeare - Manuel Mujica Láinez - Argentina


When forty winters shall besiege thy brow
And dig deep trenches in thy beauty's field,
Thy youth's proud livery, so gaz'd on now,
Will be a tatter'd weed, of small worth held:

Then, being ask'd where all thy beauty lies,
Where all the treasure of thy lusty days,
To say, within thine own deep-sunken eyes,
Were an all-eating shame and thriftless praise.

How much more praise deserv'd thy beauty's use,
Il thou couldst answer: "This fair child of mine
Shall sum my count and make my old excuse",
Proving his beauty by succession thine!

This were to be new made when thou art old,
And see thy blood warm when thou feel'st it cold


Cuando asedien tu faz cuarenta inviernos
y ahonden surcos en tu prado hermoso,
tu juventud, altiva vestidura,
será un andrajo que no mira nadie.

Y si por tu belleza preguntaran,
tesoro de tu tiempo apasionado,
decir que yace en tus sumidos ojos
dará motivo a escarnios o falsías.

¡Cuánto más te alabaran en su empleo
si respondieras: -"Este grácil hijo
mi deuda salda y mi vejez excusa",
pues su beldad sería tu legado!

Pudieras, renaciendo en la vejez,
ver cálida tu sangre que se enfría.
Traducción de Manuel Mujica Láinez

El soneto utilizado por Shakespeare es el llamado soneto elisabetiano, que se compone de tres cuartetos y un pareado final, en lugar de los dos cuartetos y dos tercetos del soneto clásico al itálico modo.

El siguiente soneto de Manuel Mujica Láinez apareció en La Nación de Buenos Aires el 19 de abril de 1964, con motivo del cuarto centenario del nacimiento de Shakespeare.

A SHAKESPEARE

Cuando más me afligía la amargura
de mi país burlado y humillado,
y el no reconocerlo, transformado
en un niño al que guía la locura,

cuando ya no sabía hacia qué lado
volver los ojos en la noche impura,
porque todo era miedo y espesura
y nada nos quedaba de lo amado;

me acerqué a ti, que estás en la alta calma
de lo inmortal, y entonces mi pobre alma
recuperó, escuchándote, el sosiego,

pues tu música exacta me decía
que no hay eternidad sin armonía
y sin amor, y que no fuera ciego.

sábado, 9 de enero de 2016

Fragmentos de El arte de platicar - Michel de Montaigne - Francia


[...] Opino que el más natural y fructuoso ejercicio de nuestro espíritu es la plática. El uso de ella paréceme más dulce que ninguna otra acción de la vida, al punto de que, puesto a elegir, creo que perdería mejor la vista que el oído o la lengua. Los atenienses y los romanos tenían esa práctica en gran honor en sus academias [...] El estudio de los libros es cosa sagrada y que no caldea el ánimo, mientras que la plática enseña y ejercita a la vez. Si conferencio con un ánimo fuerte y hábil, su capacidad me hostiga a diestra y siniestra, sus ideas excitan las mías, la emulación de su gloria me espolea y me alza por encima de mí mismo. No importa que haya controversia, por el contrario, el acuerdo entero es pernicioso en la discusión.

Pero así como nuestra alma se fortalece departiendo con otras vigorosas y ordenadas, también se pierde y bastardea en el continuo trato que tenemos con los espíritus bajos y mezquinos. No hay contagio que se expanda tanto como éste, según por experiencia sé. [...]

Mala cualidad es la tontería, mas, como a mí me ocurre, no poder soportarla e irritarme contra ella, es cosa no menos nociva en materia de importunidad. Y de esta cualidad negativa quiero acusarme ahora. Inicio pláticas y discusiones con gran facilidad y libertad, porque ninguna opinión es fácil que penetre y arraigue en mi ánimo. Ninguna proposición me sorprende, ninguna creencia me lesiona, por contraria que fuese a la mía, y no hay fantasía, por extravagante que sea, que no juzgue yo adecuada al espíritu humano. Los que privamos a nuestro ánimo del derecho de aceptar cosas definitivas, miramos con benignidad las opiniones diversas, y les prestamos fácilmente, si no ayuda, oído. [...] Todas las fantasías que existen entre nosotros merecen por igual que se las escuche. Las opiniones vulgares, por su inanidad, no pesan nada en absoluto, pero quien no quiere dejarse llevar a ellas cae en otro vicio, que es el de la obstinación. [...]

[...] Me gusta que los hombres sean serios y se expresen con valentía, que las palabras se acomoden al pensamiento. [...] La causa de la verdad debiera ser común a cuantos debaten algo. Pero aquel a quien el enojo le ofusca el juicio, se perturba el entendimiento ya antes de entrar en raciocinios. [...]

[...] Mi mente se contradice y condena tan a menudo, que no me importa verme por otro contradicho y condenado, sobre todo en razón en que no doy a su reprensión más autoridad que la que quiero. Pero, en cambio, rompo lanzas con quien asuma aires doctorales [...] Cuando me doblego a la fuerza de la razón de mi adversario, me congratula más la victoria que gano sobre mí mismo que la que a expensas de su debilidad hubiese podido obtener. Admito todo argumento concreto, por débil que sea, pero me impacientan los que no presentan forma. La materia me interesa poco; las diversas opiniones me son indiferentes y la victoria a propósito del tema apenas me afecta en nada. Sería capaz de mantener un día entero de polémica si ésta se mantuviese con orden, porque esto, más que fuerza y sagacidad, es lo que pido. [...] Siempre me responderá bien el que responda a lo que le digo; pero cuando la discusión es desarreglada y confusa, yo, abandonando el fondo, me atengo a la forma con indiscreción y me entrego a un modo de debatir tan obstinado, maligno e imperioso, que más tarde me avergüenza. Me es imposible tratar de buena fe con un tonto, porque en tal caso no sólo se corrompe mi juicio, sino mi conciencia. [...]
Traducción de Juan G. de Luaces
De Essais, 1580-1588

jueves, 7 de enero de 2016

Fragmentos de Más allá de otro océano. Notas de C. Pacheco (Fernando Pessoa) - Portugal


Cuando me acuerdo de que hay personas que manejan las
      palabras para hacer gracia
y se ríen por eso y cuentan sucedidos particulares de la vida de
      cada uno
para así distraerse y que les hacen gracia los payasos de circo
y se molestan si les cae una gota de aceite en el traje nuevo
me siento feliz porque hay tantas cosas que no comprendo
~~~~
Los artistas de circo son superiores a mí
porque saben hacer pinos y dar saltos mortales a caballo
y dan saltos sólo por darlos
y si yo diese un salto habría de querer saber por qué lo daba
y si no los diese me entristecería
No son capaces de decir cómo los dan
pero saltan como sólo ellos saben saltar
y nunca se preguntan si realmente saltan
porque yo cuando veo algo
no sé si existe o no ni puedo saberlo
sólo sé que para mí es como si sucediese porque lo veo
pero no puedo saber si veo cosas que no suceden
y si las viese también podría suponer que sucedían
~~~~
Un ave es siempre bella porque es un ave
y las aves son siempre bellas
pero un ave sin plumas es repugnante como un sapo
y un montón de plumas no es bello
De este hecho tan desnudo en sí no sé inducir nada
y siento que debe haber en él alguna gran verdad
Traducción de Ángel Crespo
De Más allá de otro océano
Notas de C. Pacheco (hacia 1915)

martes, 5 de enero de 2016

Pregària de gener / Plegaria de enero - Pere Quart - España


Pregària de gener

(Ritu occidental)

Sou els Tres, sou els Tres
Viatjants de Comerç.

El Ros,
xampany i capons del Prat.

El Negre,
perles i abrics d’astracan.

El Blanc,
cotxes cromats i artefactes.

Salveu la Cristiandat
de l’Infern amb balanç magre!

Oremus …
(Resarem un parevostre
pels qui van errats de comptes
i per llur conversió
a la sagrada àrea del dòlar.)
De Vacances pagades, 1959


Plegaria de enero

(Rito occidental)

Sois los Tres, sois los Tres
Viajantes de Comercio.

El Rubio,
champán y capones del Prat.

El Negro,
perlas y abrigos de astracán.

El Blanco,
coches cromados y artefactos.

¡Salvad a la Cristiandad
del Infierno con magro balance!

Oremus...
(Rezaremos un padrevuestro
por los que yerran sus cuentas
y por su conversión
a la sagrada área del dólar.)
Versión de José Batlló
De Vacaciones pagadas, 1959

domingo, 3 de enero de 2016

Tabaquería1 - Álvaro de Campos (Fernando Pessoa) - Portugal


No soy nada.
Nunca seré nada.
No puedo querer ser nada.
Aparte de esto, tengo en mí todos los sueños del mundo.
Ventanas de mi cuarto,
de mi cuarto de uno de los millones de gente que nadie sabe
      quién es
(y si supiesen quién es, ¿qué sabrían?),
dais al misterio de una calle constantemente cruzada por la
      gente,
a una calle innacesible a todos los pensamientos,
real, imposiblemente real, evidente, desconocidamente
      evidente,
con el misterio de las cosas por bajo de las piedras y los seres,
con la muerte poniendo humedad en las paredes y cabellos
      blancos en los hombres,
con el Destino conduciendo el carro de todo por la carretera
      de nada.

Hoy estoy vencido, como si supiera la verdad.
Hoy estoy lúcido, como si estuviese a punto de morirme
y no tuviese otra fraternidad con las cosas
que una despedida, volviéndose esta casa y este lado de la calle
la fila de vagones de un tren, y una partida pitada
desde dentro de mi cabeza,
y una sacudida de mis nervios y un crujir de huesos a la ida.

Hoy me siento perplejo, como quien ha pensado y opinado y
      olvidado.
Hoy estoy dividido entre la lealtad que le debo
a la tabaquería del otro lado de la calle, como cosa real por
      fuera,
y a la sensación de que todo es sueño, como cosa real por
      dentro.

He fracasado en todo.
Como no me hice ningún propósito, quizá todo no fuese nada.
El aprendizaje que me impartieron,
me apeé por la ventana de las traseras de la casa.
Me fui al campo con grandes proyectos.
Pero sólo encontré ahí hierbas y árboles,
y cuando había gente era igual que la otra.
Me aparto de la ventana, me siento en una silla. ¿En qué voy a
      pensar?
¿Qué sé yo del que seré, yo que no sé lo que soy?
¿Ser lo que pienso? Pero ¡pienso ser tantas cosas!
¡Y hay tantos que piensan ser lo mismo que no puede haber
      tantos!
¿Un genio? En este momento
cien mil cerebros se juzgan en sueños genios como yo,
y la historia no distinguirá, ¿quién sabe?, ni a uno,
ni habrá sino estiércol de tantas conquistas futuras.
No, no creo en mí,
¡En todos los manicomios hay locos perdidos con tantas
      convicciones!
Yo, que no tengo ninguna convicción, ¿soy más convincente o
      menos convincente?

No, ni en mí...
¿En cuántas buhardillas y no buhardillas del mundo
no hay en estos momentos genios-para-sí-mismos soñando?
¿Cuántas aspiraciones altas y nobles y lúcidas
-sí, verdaderamente altas y nobles y lúcidas-,
y quién sabe si realizables, no verán nunca la luz del sol
      verdadero ni encontrarán quien les preste oídos?
El mundo es para quien nace para conquistarlo
y no para quien sueña que puede conquistarlo, aunque tenga
      razón.
He soñado más que lo que hizo Napoleón.
He estrechado contra el pecho hipotético más humanidades
      que Cristo,
he pensado en secreto filosofías que ningún Kant ha escrito.
Pero soy, y quizá lo sea siempre, el de la buhardilla,
aunque no viva en ella;
seré siempre el que no ha nacido para eso;
seré siempre el que tenía condiciones;
seré siempre el que esperó que le abriesen la puerta al pie de
      una pared sin puerta
y cantó la canción del Infinito en un gallinero,
y oyó la voz de Dios en un pozo tapado.
¿Creer en mí? No, ni en nada.
Derrámeme la naturaleza sobre mi cabeza ardiente
su sol, su lluvia, el viento que tropieza en mi cabello,
y lo demás que venga si viene, o tiene que venir, o que no
      venga.
Esclavos cardiacos de las estrellas,
conquistamos el mundo entero antes de levantarnos de la cama;
pero nos despertamos y es opaco,
nos levantamos y es ajeno,
salimos de casa y es la tierra entera,
y el sistema solar y la Vía Látea y lo Indefinido.

(¡Come chocolatinas, pequeña,
come chocolatinas!
Mira que no hay más metafísica en el mundo que las
      chocolatinas,
mira que todas las religiones no enseñan más que la confitería.
¡Come, pequeña sucia, come!
¡Ojalá comiese yo chocolatinas con la misma verdad con que
      comes!
Pero yo pienso, y al quitarles la platilla, que es de papel de
      estaño,
lo tiro todo al suelo, lo mismo que he tirado la vida.)

Pero por lo menos queda de la amargura de lo que nunca seré
la caligrafía rápida de estos versos,
pórtico partido hacia lo Imposible.
Pero por lo menos me consagro a mí mismo un desprecio sin
      lágrimas,
noble, al menos, en el gesto amplio con que tiro
la ropa sucia que soy, sin un papel, para el transcurrir de las
      cosas,
y me quedo en casa sin camisa.
(Tú, que consuelas, que no existes y por eso consuelas,
o diosa griega, concebida como una estatua que estuviese
      viva,
o patricia romana, imposiblemente noble y nefasta,
o princesa de trovadores, gentilísima y disimulada,
o marquesa del siglo dieciocho, descotada y lejana,
o meretriz célebre de los tiempos de nuestros padres,
o no sé qué moderno -no me imagino bien qué-,
todo esto, sea lo que sea, lo que seas, ¡si puede inspirar, que
      inspire!
Mi corazón es un cubo vaciado.
Como invocan espíritus los que invocan espíritus, me invoco
a mí mismo y no encuentro nada.
Me acerco a la ventana y veo la calle con absoluta claridad,
veo las tiendas, veo las aceras, veo los coches que pasan,
veo a los entes vivos vestidos que se cruzan,
veo a los perros que también existen,
y todo esto me pesa como una condena al destierro,
y todo esto es extranjero, como todo.)

He vivido, estudiado, amado y hasta creído,
y hoy no hay un mendigo al que no envidie sólo por no ser yo.
Miro los andrajos de cada uno y las llagas y la mentira,
y pienso: puede que nunca hayas vivido, ni estudiado, ni
      amado ni creído
(porque es posible crear la realidad de todo eso sin hacer nada
      de eso);
puede que hayas existido tan sólo como un lagarto al que cortan
      el rabo
y que es un rabo, más acá del lagarto, removidamente.

He hecho de mí lo que no sabía,
y lo que podía hacer de mí no lo he hecho.
El dominó que me puse estaba equivocado.
Me conocieron en seguida como quien no era y no lo
      desmentí, y me perdí.
Cuando quise quitarme el antifaz,
lo tenía pegado a la cara.
Cuando me lo quité y me miré en el espejo,
ya había envejecido.
Estaba borracho, no sabía llevar el dominó que no me había
      quitado.
Tiré el antifaz y me dormí en el vestuario
como un perro tolerado por la gerencia
por ser inofensivo
y voy a escribir esta historia para demostrar que soy sublime.

Esencia musical de mis versos inútiles,
ojalá pudiera encontarme como algo que hubiese hecho,
y no me quedase siempre enfrente de la tabaquería de enfrente,
pisoteando la conciencia de estar existiendo
como una alfombra en la que tropieza un borracho
o una estera que robaron los gitanos y no valía nada.

Pero el propietario de la tabaquería ha asomado por la puerta y
      se ha quedado a la puerta.
Le miro con incomodidad en la cabeza apenas vuelta,
y con la incomodidad del alma que está comprendiendo mal.
Morirá él y moriré yo.
Él dejará la muestra y yo dejaré versos.
En determinado momento morirá también la muestra, y los
      versos también.
Después de ese momento, morirá la calle donde estuvo la
      muestra,
y la lengua en que fueron escritos los versos,
morirá después el planeta girador en que sucedió todo esto.
En otros satélites de otros sistemas cualesquiera algo así como
      gente
continuará haciendo cosas semejantes a versos y viviendo
      debajo de cosas semejantes a muestras,
siempre una cosa enfrente de la otra,
siempre una cosa tan inútil como la otra,
siempre lo imposible tan estúpido como lo real,
siempre el misterio del fondo tan verdadero como el sueño del
      misterio de la superficie,
siempre esto o siempre otra cosa o ni una cosa ni la otra.

Pero un hombre ha entrado en la tabaquería (¿a comprar
      tabaco?),
y la realidad plausible cae de repente encima de mí.
Me incorporo a medias con energía, convencido, humano,
y voy a tratar de escribir estos versos en los que digo lo
      contrario.
Enciendo un cigarrillo al pensar en escribirlos
y saboreo en el cigarrillo la liberación de todos los pensamientos.
Sigo al humo como a una ruta propia,
y disfruto, en un momento sensitivo y competente,
la liberación de todas las especulaciones
y la conciencia de que la metafísica es una consecuencia de
      encontrarse indispuesto.

Después me echo para atrás en la silla
y continúo fumando.
Mientras me lo conceda el destino, seguiré fumando.
(Si me casase con la hija de mi lavandera,
a lo mejor sería feliz.)
Visto lo cual, me levanto de la silla. Me voy a la ventana.

El hombre ha salido de la tabaquería (¿metiéndose el cambio
      en el bolsilo de los pantalones?)
Ah, le conozco: es el Esteves sin metafísica.
(El propietario de la tabaquería ha llegado a la puerta.)
Como por una inspiración divina, Esteves se ha vuelto y me
      ha visto.
Me ha dicho adiós con la mano, le he gritado ¡Adiós, Esteves!,
      y el Universo
se me reconstruye sin ideales ni esperanza, y el propietario de
      la tabaquería se ha sonreído.
Traducción de Ángel Crespo
De Poesías (1914-1935)

1 El portugués tabacaría no significa lo que el español estanco, pues se trata de un establecimiento en el que se venden diferentes artículos. (N. del T.)

viernes, 1 de enero de 2016

Literatura y jazz/ 62 - Jazz en el Alcázar - Juan Lamillar - España


Los amigos te dicen: jazz de los años veinte.
No importa el tiempo. Alguien improvisa.
Saxo alto, trompeta, efímeras victorias
del metal y las voces. Los amigos comentan
la intensidad del ritmo, y ese clarinetista
con aspecto pausado de profesor de Oxford,
rama de Letras, claro. (Alguien es más preciso:
Filosofía pura). Por la elegancia escueta
de los gestos, parece interpretar a Mozart,
y sin embargo el ritmo se hace persistente,
reinventa el clarinete la espiral, y ya sobran
las vihuelas antiguas, el regal y las flautas,
don Luis de Narváez, las águilas bicéfalas
del César Carlos, maestros de capilla, tapices
que reconquistan Túnez interminablemente.
Crece la voz amarga, cualquier tema de Ellington,
aplausos y la noche y los amigos.
Sing, Sing, Sing - Benny Goodman Orchestra 
Benny Goodman: clarinete 
Gene Krupa: Batería 
Harry James: trompeta 
Del film Hollywood Hotel, 1937

It don't mean a thing (D. Ellington - Irving Mills) - Duke Ellington, 1932