Chet Baker - Like Someone In Love

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martes, 30 de octubre de 2018

Día maravilloso - Antonio Hernández - España


El día de mi entierro será maravilloso
porque quienes me odian ya me habrán perdonado.
Igual que un aguardiente que no arruinara el hígado,
será maravilloso y si en mi pueblo muero.
Será un día ejemplar de trigos y de soles
y el alcalde dirá sus primeras palabras
hermosas sobre mí, de la misma manera
que el cura hará un paréntesis en su interpretación
acerca de mi conducta.
                               Para todos se es bueno
después de muerto, a todos les da la caridad,
les da la comprensión, amén de lo tranquilo.
Y el día que me muera besarán las viudas
a la nueva viuda y estrechará la mano
a mi hermano Manolo hasta quien no lo quiere
y se reunirán en casa de mi madre
los parientes que sólo se apoyan en las penas.
¡Cuántos primos y primas a los que no recuerdo
sino junto al columpio niño, lejano y vano!
¡Qué fila de afligidos circunspecta y gremial!

Allá en Andalucía mucha ley se le tiene
al hecho de la muerte. No importa de quién sea
porque es un pueblo sabio que sabe del respeto
debido a quien traspasa la muralla, a quien pisa
antes la línea maga perdiéndose a lo lejos.

El día de mi entierro será maravilloso.
Yo no quiero decir que vaya a suceder
algo distinto o bello entre las casas o entre
los cielos, ni señales divinas o temblores
porque yo muera.
                        Va
a ser maravilloso. Y, sobre todo, porque
nada de ello veré.

sábado, 11 de octubre de 2014

Andalucía - Antonio Hernández - España


   Estamos en época de premios literarios. El poeta gaditano Antonio Hernández, poseedor de una dilatada andadura poética (su primer libro, El mar es una tarde con campanas, es de 1965), y perteneciente a la llamada "Generación del 60 o del Lenguaje", junto con Diego Jesús Jiménez, Félix Grande o Manolo Ríos Ruiz, acaba de ser galardonado con el Premio Nacional de Poesía 2014 por Nueva York después de muerto, tras haber recibido en 2013 el Nacional de la Crítica de Poesía. Enhorabuena.
    Hay más poemas de Hernández en este blog.


Me quedé en ella porque era hermosa
y necesitaba su alegría. Nunca
se puede ocultar al corazón
lo que han visto los ojos. Nunca
la alegría al canto. Repetidamente
fui viviendo en sus cosas y aprendí
por los ríos, el amor; por un pájaro
el desvelo de la paz; por las nubes ligeras,
la forma de evitarme algún recuerdo.

Todo estaba limpio por sus tierras
Hasta los pobres, en vez de dolor,
de una seguridad insuficiente hablaban.
Hasta los jornaleros, en vez de justicia,
resignación decían. Era un modo
de ahuyentar la tristeza. Se conformaban
con lo que les venía desde arriba,
y con un cante que nació en las raíces
de su pena, y fue extendiéndose a las ramas
del mundo, como al amanecer la luz.

Cada día iba aprendiendo más: que el vivir
no es un ave que pasa, sino un pozo
que queda allí para el que necesite beber,
que el llevar una tierra clavada en las entrañas
vale más que haber pisado un continente entero,
que el morir por los brazos de una madre
es la gran solución para santificarse.

Andalucía era limpia, y por eso
al renacer en ella, al darme cuenta
que no solo de fiestas se trataba
defendí su ilusión de más de mil dolores,
apoyé a la alegría cuando enmascaraba la tristeza,
robé a todo lo hermoso cuanto pudo mi amor.

No. No era un vino o una guitarra la escena.
Era lo que quedaba dentro de cada uno oculto,
la alegría, quizá, que le costaba sangre
a aquellas tierras de secano cuando
un campesino alzaba como un dios
su ronquido total, su enorme queja,
su desesperación vestida de fulgores.
De El mar es una tarde con campanas

domingo, 13 de junio de 2010

Envío - Antonio Hernández - España

Puerta de Taberna - Juan Rodríguez Jiménez, 'El Panadero'
No se rebaje a conocido canto
lo que voy a decir. En una cueva
se martiriza el son, se crea el llanto,
se destroza la vida en una queja
grande a romance y desolada a cántaros,
se muere una garganta entre las rejas
de la seguiriya gitana. Un calambrazo,
un terco torbellino, una protesta
fiera y descomunal, un latigazo,
una encendida y boreal tristeza,
un mutilado arábigo somático
grito que rompre todas las fronteras
en una cueva de Jerez o Arcos.
Gente del escaldillo y la vereda,
de los metales finos y el canasto
en la mano, nos dan la primavera
de su dolor terrible enmascarado.
Y es aquí, con la luz de su ceguera,
su inevitable y retorcido rajo,
donde uno se enrosca en el problema:
¿Robar su pena si se muere el canto?
el arte de dudar.
           Pueblo que vaga,
mártir que se persigue y tiene el tallo
de la flor de la vida, que se agarra
a la caverna de su pecho dando
la hermosura, llenándonos de ella.
Por vosotros que sois los hermanos
del sol, hijos del cielo y las estrellas,
quiero pedir el agua y el descanso,
la luz de redimiros la tristeza.
Camarón canta por seguiriyas, acompañado a la guitarra por Tomatito

miércoles, 19 de mayo de 2010

Nací en el mes de enero - Antonio Hernández - España

Flor roja - José María Sicilia
Nací en el mes de enero, cuando el aire
era un cesto de agua en San Fernando.
En el mes en que todas las salinas
primera comunión hacen de blanco.
Los temblorosos grises indecisos
dieron color a mi tristeza. Y canto,
no por ellos perdidos, por sus sombras,
por su mundo interior y desfigurado.
Pensar era ponerse el desatino
en punto, sombra en el desaliento. Y cabizbajo
iba urgando en los aires, guerrillero,
niño infeliz, impúber hombre acaso.
Yo no quise que todo aquello fuera
fugaz, como la estela de los barcos,
y para que quedara en mí la vida
la miré con los ojos del sufragio,
con los ojos roedores del que tiene
dentro del corazón un gran retrato
de la pena: los hombres de mi tierra
sufren y aún no quieren confesarlo,
gimen y lo enmascaran con un cante,
en la sonrisa se les nota el látigo.

Nací en el mes de enero. Yo diría
que en tierra firme. Pero como un naúfrago.