I
¿Diamante depurado,
linterna caprichosa,
simple golpe de azúcar?
¿Nieve sin calendario,
picaporte del aire,
lunar suelto?
No. Es su rodilla
descendiendo del taxi, lentamente.
II
Devoras un helado
con la pasión minúscula del beso.
¿Empezarás a amarme ahora
o al menos fingirás que me detestas,
my sin, my soul, Lolita,
mi menta y mi nuez toda?
El botón de la lengua
se me hace escalofrío al pronunciarte,
chincheta de colores en mi vida,
te has manchado la punta de la bota,
¿qué harás my girl ahora
aparte de encender un cigarrillo?
III
Una comba invisible, hecha de cascabeles,
tu risa do-re-mi-fa saltará.
Si no miente el reloj de arena de la tarde,
pronto regresarás sin mi a tu mundo
de peonzas que nadie ha detenido
y barajas de estreno.
¿No es cierto que mi vicio de pómulos de fresa
es como un as de oros
a punto de ganar la partida?
IV
Su falda parecía una breve bandera
izada por dos veces al partir.
Ha dejado un perfume
-my charming little beast-
de lluvia sobre su parquet
en New Orleans.
Me dijo:
¿tienes una moneda? Me lo he gastado todo
y me espera un amigo en su cubil...
Siempre hay una Lolita en la memoria
pintándose los labios distraída,
sentada en el jardín.
De El tobogán, 2002








