Chet Baker - Like Someone In Love

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viernes, 9 de diciembre de 2016

Discurso del sobreviviente - José Pérez Olivares - Cuba


A Jorge Luis Borges, in memoriam.
Nací en una gruta de Abisinia.
Tuve un palo,
un hacha
y una tea.
Tuve una cabra,
una mujer
y un jergón.

En la densa y profunda noche
de la Prehistoria
alimenté el fuego
con ramas y follajes
de antiguos árboles.
Unas veces morí de hambre,
otras, me devoró la fiera.
O desaparecí
queriendo alcanzar
la orilla opuesta
de un violento y caudaloso río.

Maté a mi enemigo.
Bailé alrededor del fuego.
Me inicié en los secretos
de la vida y la muerte.
Pinté búfalos y bisontes
en las paredes
y en los techos de las cuevas.

Conocí los misterios del placer
y los secretos de la fecundidad.
Fui alfarero,
fui agricultor,
fui pastor.
En el viento de la estepa
aprendí las primeras notas
con mi flauta de cáñamo.

Descubrí el metal.
Corrí al encuentro de otros hombres
blandiendo una espada.

Quedé tendido en la hierba
hasta que mi cuerpo
tuvo el color
                de una hoja de otoño.

Veinte siglos después,
mirando hacia la vieja noche
     escribo:
la vida es sólo
un dulce oficio de matar
y de sobrevivir.

domingo, 14 de agosto de 2016

Moisés - José Pérez Olivares - Cuba


Y Moisés dijo a su pueblo: Tened memoria de
aqueste día, en el cual habéis salido de Egipto...
Éxodo, 13, 3

Vengo de las duras arenas de Egipto,
de las pardas y lejanas tierras de Canaán.
Me sigue el pueblo de Israel,
este arduo y cansado pueblo,
esta insomne y misteriosa raza
sin patria y sin memoria.

Atravesé las aguas,
recorrí sedientas estepas,
vi morir despacio a sus hijos,
pero seguí adelante.

Mi pueblo nada pregunta, simplemente me sigue.
Lenta y confusamente me sigue
hacia donde yo señalo.
Si digo: "la tierra que prometí está hacia el norte",
      él va conmigo hacia el norte.
Pero si digo: "la tierra que nos aguarda
      queda al sur",
vuelve inmediatamente los pasos hacia el sur.
Y si me paro en seco, y exclamo:
"al este, debemos encaminarnos al este",
mi pueblo no protesta,
porque sabe que la tierra de Jehová
está en todas partes.

A veces me pregunto
qué tierra es esa a la que nos dirigimos,
qué milagroso país nos aguarda
al final de este ciego peregrinaje.
En un mundo embriagado de fronteras,
hundidos hasta los ojos en la barbarie,
      ¿adónde podremos ir?
Quizás a la tierra de Amorrheo,
      de pastores y labradores?
Tal vez a la de Jebuseo,
      tierra de mercaderes,
sitio de tránsito en el espejo de las caravanas.

Mi pueblo no sabe que temo por él.
De noche, con los ojos abiertos, medito
      en la oscuridad.
Me levanto y camino envuelto por las sombras
hasta que el día me sorprende.
Entonces,
como quien tiene una súbita revelación
obligo a mi pueblo a emprender nuevamente la marcha,
haciéndole creer
que a la distancia del vuelo de una flecha
      está el final del viaje.