Chet Baker - Like Someone In Love

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miércoles, 30 de enero de 2019

La intimidad - Rafael-José Díaz - España


Y ahora,
atrapados como estamos
en estos terraplenes de jugosa luz última,
¿vas a decirme que no tiene sentido
ni siquiera atreverse a respirar
a medida que el viaje de las nubes
se adentra en las montañas,
respirar en el límite
y pensar que detrás de lo que respiramos
está la imposibilidad de respirar,
la extática tiniebla?

Te escribo porque apenas
lo he hecho últimamente,
arconte o diosecillo,
ángel faunesco
o serpentino mordedor
de tantas horas que el tiempo no quiso devolver.

Conozco tus caprichos,
pero soy más paciente que al principio.

Estoy sentado, mírame,
al borde de la oscuridad.

La luz se filtra desde inmemorables
gradas por las que no podríamos
descender o subir.

La memoria se engaña
creyendo que conoce el asiento de la sombra.

¿Vendrás
a hacerme compañía
en este umbral donde te conocí
para jugar de nuevo
al escondite que inventamos?

Ya sé que no vendrás.

Los árboles me miran
una vez más, materia absorta
que dibujara un día los rostros de la descomposición.

Ahora soy yo quien los dibujo
para que, sin necesidad de respirar,
pueda volver aquí
siempre que lo deseen las montañas.

martes, 16 de agosto de 2016

Brecha solar - Rafael-José Díaz - España


Pienso ahora
que ha sido sólo aquí, en este banco
de un parque en el que fui
un niño que corría, se internaba
entre las hojas de la tarde
y se escondía
tras los troncos de arbustos y palmeras,
fingiendo olvidarse de su madre,
pero siempre pendiente de sus ojos, su voz;
que ha sido aquí, en tantos días
de veranos sucesivos, de brechas
abiertas entre tiempos de ausencia o de ceguera,
donde el sol descorría
las cortinas de nubes, delicado,
y bajaba hasta el cuerpo, hasta la ropa
ligera que lo cubre en el verano,
hasta el libro, hasta el iris
de los ojos que leen, hasta
las manos que componen sin saberlo otro libro,
menos luminoso;

pienso ahora, también, aunque tal vez
lo haya sabido siempre, que estas nubes,
en su danza, descubren
y cubren, o desvelan y velan la mirada
calurosa del sol, y con sus gestos
de nada hacen que el cuerpo todo
se estremezca y recuerde lo que nunca sintió,
sienta ahora lo que nunca ha pensado
y piense en este instante y más allá
de este instante, del sello
huidizo del sol sobre el espíritu,

que ha sido sólo aquí, en este banco
de madera ya casi despintada,
donde el sol se ha entregado de verdad,
donde el cuerpo ha sabido,
desde siempre,
que su carne es un mínimo fragmento
del sol que ahora se derrama,
tímido,
por una brecha abierta entre las nubes.
De Moradas del insomne, 2005