Bob Dylan - 'Til The Sun Goes Down - Triplicate CD1 (2017)

martes, 31 de julio de 2012

Poesía para niños/4 - El viaje de Analía - Carmen Gil - España

A la astronauta Analía
le encanta la Astronomía.
Viaja con traje espacial
al espacio sideral.

Ve que el Sol es una estrella
-ni más grande ni más bella-.
Alrededor, los planetas
dan muchas vueltas completas.

Mercurio corre un montón.
Es, además de molón,
el que más rápido gira.
¡Se marea el que lo mira!

Venus siempre está cubierto
de un manto de nubes. ¡Cierto!
Aléjate, no es pamema,
del planeta que más quema.

En la Tierra, nuestro hogar,
planeta con luna y mar
y más veloz que un cohete,
se vive de rechupete.

La nave se acerca, ¡ojo!,
a Marte, el de color rojo.
Analía grita y salta:
¡su montaña es la más alta!

¡Qué aventura alucinante!
Es Júpiter un gigante
más grande que los demás,
por delante y por detrás.

En el paseo diurno
le toca el turno a Saturno.
Tiene anillos y se mueve
con sus lunas, ¡diecinueve!

Y como aún es temprano,
Analía llega a Urano,
que es de color azulado
y queda justo allí al lado.

Ve Neptuno. Sin remedio,
tarda más de siglo y medio
en darle la vuelta al Sol.
¡Si parece un caracol!

Este viaje es un sueño.
Plutón, tan frío y pequeño,
un planeta enano es,
del derecho y del revés.

Hoy la astronauta Analía
regresa a casa de día.
Ha llegado a su final
esta excursión sideral.

sábado, 28 de julio de 2012

Fragmento de Concierto barroco - Alejo Carpentier - Cuba

Ilustración del Ospedale della Pietà en tiempos de Vivaldi
V

Desconfiada asomó la cara al rastrillo la monja tornera, mudándosele la cara de gozo al ver el semblante del Pelirrojo: -"¡Oh! ¡Divina sorpresa, maestro!" Y chirriaron las bisagras del portillo y entraron los cinco en el Ospedale della Pietà*, todo en sombras, en cuyos largos corredores resonaban, a ratos, como traídos por una brisa tornadiza, los ruidos lejanos del carnaval. -"¡Divina sorpresa!"- repetía la monja, encendiendo las luces de la gran Sala de Música que, son sus mármoles, molduras y guirnaldas, con sus muchas sillas, cortinas y dorados, sus alfombras, sus pinturas de bíblico asunto, era algo como un teatro sin escenario o una iglesia de pocos altares, en ambiente a la vez conventual y mundano, ostentoso y secreto. Al fondo, allá donde una cúpula se ahuecaba en sombras, las velas y lámparas iban estirando los reflejos de altos tubos de órgano, escoltados por los tubos menores de las voces celestiales. Y preguntábanse Montezuma y Filomeno a qué habían venido a semejante lugar, en vez de haberse buscado la juerga adonde hubiese hembras y copas, cuando dos, cinco, diez, veinte figuras claras empezaron a salir de las sombras de la derecha y de las penumbras de la izquierda, rodeando el hábito del fraile Antonio con las graciosas blancuras de sus camisas de olán, batas de cuarto, dormilonas y gorros de encaje. Y llegaban otras, y otras más, aún soñolientas y emperezadas al entrar, pero pronto piadosas y alborozadas, girando en torno a los visitantes nocturnos, sopesando los collares de Montezuma, y mirando al negro, sobre todo, a quien pellizcaban las mejillas para ver si no eran de máscara. Y llegaban otras, y otras más, trayendo perfumes en las cabelleras, flores en los escotes, zapatillas bordadas, hasta que la nave se llenó de caras jóvenes -¡por fin, caras sin antifaces!-, reidoras, iluminadas por la sorpresa, y que se alegraron más aún cuando de las despensas empezaron a traerse jarras de sangría y aguamiel, vinos de España, licores de frambuesa y ciruela mirabel. El Maestro -pues así lo llamaban todas- hacía las presentaciones: Pierina del violino... Cattarina del corneto... Bettina della viola... Bianca Maria organista... Margherita del arpa doppia... Giuseppina del chitarrone... Claudia del flautino... Lucieta della tromba... Y poco a poco, como eran setenta, y el Maestro Antonio, por lo bebido, confundía unas huérfanas con otras, los nombres de éstas se fueron reduciendo al del instrumento que tocaban. Como si las muchachas no tuviesen otra personalidad, cobrando vida en sonido, las señalaba con el dedo: Clavicémbalo... Viola da brazzo... Clarino... Oboe... Basso di gamba... Flauto... Organo di legno... Regale... Violino alla francese... Tromba marina... Trombone... Se colocaron los atriles, se instaló el sajón, magistralmente, ante el teclado del órgano, probó el napolitano las voces de un clavicémbalo, subió el Maestro al podium, agarró un violín, alzó el arco, y, con dos gestos enérgicos, desencadenó el más tremendo concerto grosso que pudieron haber escuchado los siglos -aunque los siglos no recordaron nada, y es lástima porque aquello era tan digno de oírse como de verse... Prendido el frenético allegro de las setenta mujeres que se sabían sus partes de memoria, de tanto haberlas ensayado, Antonio Vivaldi arremetió en la sinfonía con fabuloso ímpetu, en juego concertante, mientras Doménico Scarlatti -pues era él- se largó a hacer vertiginosas escalas en el clavicémbalo, en tanto que Jorge Federico Haendel se entregaba a deslumbrantes variaciones que atropellaban todas las normas del bajo continuo. -"¡Dale, sajón del carajo!"- gritaba Antonio. -"¡Ahora vas a ver, fraile putañero!"- respondía el otro, entregado a su prodigiosa inventiva, en tanto que Antonio, sin dejar de mirar las manos de Doménico, que se le dispersaban en arpegios y floreos, descolgaba arcadas de lo alto, como sacándolas del aire con brío gitano, mordiendo las cuerdas, retozando en octavas y dobles notas, con el infernal virtuosismo que le conocían sus discípulas. Y parecía que el movimiento hubiese llegado a su colmo, cuando Jorge Federico, soltando de pronto los grandes registros del órgano, sacó los juegos de fondo, las mutaciones, el plenum, con tal acometida en los tubos de clarines, trompetas y bombardas, que allí empezaron a sonar las llamadas del Juicio Final. -"¡El sajón nos está jodiendo a todos!"- gritó Antonio, exasperando el fortissimo. -"A mí ni se me oye"- gritó Doménico, arreciando en acordes. Pero, entre tanto, Filomeno había corrido a las cocinas, trayendo una batería de calderos de cobre, de todos tamaños, a los que empezó a golpear con cucharas, espumaderas, batidoras, rollos de amasar, tizones, palos de plumeros, con tales ocurrencias de ritmos, de síncopas, de acentos encontrados, que, por espacio de treinta y dos compases lo dejaron solo para que improvisara. -"¡Magnífico! ¡Magnífico!"- gritaba Jorge Federico. - "¡Magnífico! ¡Magnífico!"- gritaba Doménico, dando entusiasmados codazos al teclado del clavicémbalo. Compás 28. Compás 29. Compás 30. Compás 31. Compás 32. -"¡Ahora!"- aulló Antonio Vivaldi, y todo el mundo arrancó sobre el Da capo, con tremebundo impulso, sacando el alma a los violines, oboes, trombones, regales, organillos de palo, violas de gamba, y a cuanto pudiese resonar en la nave, cuyas cristalerías vibraban, en lo alto, como estremecidas por un escándalo del cielo.
Acorde final. Antonio soltó el arco. Doménico tiró la tapa del teclado. Sacándose del bolsillo un pañuelo de encaje harto liviano para tan ancha frente, el sajón se secó el sudor. Las pupilas del Ospedale prorrumpieron en una enorme carcajada, mientras Montezuma hacía correr las copas de una bebida que había inventado, en gran trasiego de jarras y botellas, mezclando de todo un poco... En tal tónica se estaba, cuando Filomeno reparó en la presencia de un cuadro que vino a iluminar repentinamente un candelabro cambiado de lugar. Había ahí una Eva, tentada por la Serpiente. Pero lo que dominaba en aquella pintura no era la Eva flacuchenta y amarilla -demasiado envuelta en una cabellera inútilmente cuidadosa de un pudor que no existía en tiempos todavía ignorantes de malicias carnales-, sino la Serpiente, corpulenta, listada de verde, de tres vueltas sobre el tronco del Árbol, y que, con enormes ojos colmados de maldad, más parecía ofrecer la manzana a quienes miraban el cuadro que a su víctima, todavía indecisa -y se comprende cuando se piensa en lo que nos costó su aquiescencia- en aceptar la fruta que habría de hacerla parir con el dolor de su vientre. Filomeno se fue acercando lentamente a la imagen, como si temiese que la Serpiente pudiese saltar fuera del marco y, golpeando en una bandeja de bronco sonido, mirando a los presentes como si oficiara en una extraña ceremonia ritual, comenzó a cantar:

-Mamita, mamita,
ven, ven, ven.
Que me come la culebra,
ven, ven, ven.

-Mírale lo sojo
que parecen candela.
-Mírale lo diente
que parecen filé.

-Mentira, mi negra,
ven, ven, ven.
Son juego é mi tierra,
ven, ven, ven.

Y haciendo ademán de matar la sierpe del cuadro con un enorme cuchillo de trinchar, gritó:

-La culebra se murió,
Ca-la-ba-són,
Son-són.

Ca-la-ba-són,
Son-són.

-Kábala-sum-sum-sum -coreó Antonio Vivaldi, dando al estribillo, por hábito eclesiástico, una inesperada inflexión de latín salmodiado. Kábala-sum-sum-sum -coreó Doménico Scarlatti. Kábala-sum-sum-sum -coreó Jorge Federico Haendel. Kábala-sum-sum-sum -repetían las setenta voces femeninas del Ospedale, entre risas y palmadas. Y, siguiendo al negro que ahora golpeaba la bandeja con una mano de mortero, formaron todos una fila, agarrados por la cintura, moviendo las caderas, en la más descoyuntada farándula que pudiera imaginarse -farándula que ahora guiaba Montezuma, haciendo girar un enorme farol en el palo de un escobillón a compás del sonsonete cien veces repetido. Kábala-sum-sum-sum. Así, en fila danzante y culebreante, uno detrás del otro, dieron varias vueltas a la sala, pasaron a la capilla, dieron tres vueltas al deambulatorio, y siguieron luego por los corredores y pasillos, subiendo escaleras, bajando escaleras, recorrieron las galerías, hasta que se les unieron las monjas custodias, la hermana tornera, las fámulas de cocina, las fregonas, sacadas de sus camas, pronto seguidas por el mayordomo de fábrica, el hortelano, el jardinero, el campanero, el barquero, y hasta la boba del desván que dejaba de ser boba cuando de cantar se trataba -en aquella casa consagrada a la música y artes de tañer, donde, dos días antes, se había dado un gran concierto sacro en honor del Rey de Dinamarca... Ca-la-ba-són-són-són cantaba Filomeno, ritmando cada vez más. Kábala-sum-sum-sum -respondían el veneciano, el sajón y el napolitano. Kábala-sum-sum-sum -repetían los demás, hasta que, rendidos de tanto girar, subir, bajar, entrar, salir, volvieron al ruedo de la orquesta y se dejaron caer, todos, riendo, sobre la alfombra encarnada, en torno a las copas y botellas.
...

* El Ospedale della Pietà es un convento, orfanato y escuela de música de Venecia.
Se abrió a principios del siglo XV como una institución de beneficencia destinada a proporcionar a las niñas huérfanas y abandonadas un hogar y unos estudios.

Antonio Vivaldi fue maestro de violín, compositor y director del Ospedale della Pietá entre 1703 y 1709, y de nuevo entre 1711 y 1740, año en que abandonó Venecia.

Gran parte de la música de Vivaldi fue escrita expresamente para las mujeres del Ospedale. Algunos de los bebés habían sido abandonados por sus deformidades físicas, y Vivaldi hacía instrumentos especialmente adaptados para estas mujeres.



Aria I cenni d'un sovrano, de la ópera Motezuma
Música de Antonio Vivaldi
Libretto de Girolamo Giusti
Eugenia Burgoyne: mezzo-soprano
Modo Antiquo
Director: 
Federico Maria Sardelli

Tanto parece haber gustado el Motezuma de Vivaldi -que traía a la escena un tema americano dos años antes de que Rameau escribiera Las Indias galantes, de ambiente fantasiosamente incaico- que el libretto de Alvise (otros lo llaman Girolamo) Giusti, habría de inspirar nuevas óperas basadas en episodios de la Conquista de México a dos célebres compositores italianos: el veneciano Baldassare Galuppi (1706-1785), y el florentino Antonio Sacchini (1730-1786).

Quiero dar las gracias al eminente musicólogo y ferviente vivaldiano Roland de Candé por haberme puesto sobre la pista del
Motezuma del Preste Antonio.

En cuanto al gracioso ambiente del Ospedale della Pietà -con sus Catarina del cornetto, Pierina del violino, Lucieta della viola, etc. etc.- a él se han referido varios viajeros de la época y, muy especialmente, el delicioso Presidente De Brosses, libertino ejemplar y amigo de Vivaldi, en sus libertinas
Cartas italianas.

Pero debo advertir que el edificio a que me refiero no era el que ahora puede verse -construido en 1745-, sino el anterior, situado en el mismo lugar de la Riva degli Schiavoni. Es interesante observar, sin embargo, que la actual iglesia della Pietà, fiel a su destino musical, conserva un singular aspecto de sala de conciertos, con sus ricos balcones interiores, semejantes a los de un teatro, y su gran palco de honor, al centro, reservado a oyentes distinguidos o melómanos de alta condición.
ALEJO CARPENTIER

miércoles, 25 de julio de 2012

Fragmentos de Nuevas canciones. Proverbios y Cantares - Antonio Machado - España

Campos de Castilla - Gustavo Corral
I
El ojo que ves no es
ojo porque tú lo veas;
es ojo porque te ve.

II
Para dialogar,
preguntad primero;
después... escuchad.

XIV
Nunca traces tu frontera,
ni cuides de tu perfil;
todo eso es cosa de fuera.

XV
Busca a tu complementario,
que marcha siempre contigo,
y suele ser tu contrario.

XVII
En mi soledad
he visto cosas muy claras,
que no son verdad.

XXI
... Pero yo he visto beber
hasta en los charcos del suelo.
Caprichos tiene la sed.

XXIV
Despacito y buena letra:
el hacer las cosas bien
importa más que el hacerlas.

XL
Los ojos por que suspiras,
sábelo bien,
los ojos en que te miras
son ojos porque te ven.

XLI
-Ya se oyen palabras viejas.
-Pues aguzad las orejas.

XLVI
Se miente más de la cuenta
por falta de fantasía:
también la verdad se inventa.

XLIX
¿Dijiste media verdad?
Dirán que mientes dos veces
si dices la otra mitad.

LI
Demos tiempo al tiempo:
para que el vaso rebose
hay que llenarlo primero.

LXIV
¿Conoces los invisibles
hiladores de los sueños?
Son dos: la verde esperanza
y el torvo miedo.
Apuesta tienen de quien
hila más y más ligero,
ella, su copo dorado;
él, su copo negro.
Con el hilo que nos dan
tejemos cuando tejemos.

LXVIII
Todo necio
confunde valor y precio.

LXXXV
¿Tu verdad? No, la Verdad,
y ven conmigo a buscarla.
La tuya, guárdatela.

LXXXVI
Tengo a mis amigos
en mi soledad;
cuando estoy con ellos
¡qué lejos están!

XCIV
Doy consejo, a fuer de viejo:
nunca sigas mi consejo.

XCV
Pero tampoco es razón
desdeñar
consejo que es confesión.

domingo, 22 de julio de 2012

Porvenir - Ángel González - España

Pintura de Maruja Abanto
Te llaman porvenir
porque no vienes nunca.
Te llaman: porvenir,
y esperan que tú llegues
como un animal manso
a comer en su mano.
Pero tú permaneces
más allá de las horas,
agazapado no se sabe dónde.

!Mañana! Y mañana será otro día tranquilo
un día como hoy, jueves o martes,
cualquier cosa y no eso
que esperamos aún, todavía, siempre.

jueves, 19 de julio de 2012

La perspectiva miente - Vicente Gallego - España

El otro lado - Eduardo Gruber
Esta tarde me aburro
como un guardagujas
en una vía muerta, y el verano parece
el inútil sofoco de una dama anticuada.
Por buscarle a este tiempo alguna luz
he pensado en los días de otro agosto
que en la memoria brillan como un faro:
ese agosto en que un niño fue feliz.
O lo imagina al menos este hombre
que es ahora aquel niño,
porque ha comprendido que esa luz
no le llega de entonces, y que es el recuerdo
quien la pone en escena cuando los años pasan.
Mi memoria se esfuerza
por volver a aquel tiempo y serle fiel,
y esa misma película, que hace sólo un segundo
rebosaba de brillo y de color,
ahora pasa en mi mente con la escasa
y temblorosa luz con la que fue rodada:

En un pueblo pequeño, bajo el cielo
inexplicable y alto de los viejos veranos,
unos niños se aburren: ese mundo,
con horarios de vuelta y prohibiciones,
les parece pequeño. Para matar las horas
se esconden de sus padres, fuman, dicen
que fumar a escondidas ya les cansa,
que están hartos del pueblo, de sus padres,
de esperar que la vida, la verdadera vida,
comience.

Sí, en aquellas escenas
todo fue en blanco y negro, y es ahora el recuerdo
—experto en adornar viejas películas—
el que al darles color y darles brillo
me devuelve tan bellas sus imágenes.
La experiencia me enseña que estas tardes de tedio,
cuando olvide sus sombras
atrapado en las sombras de otras tardes
todavía más negras, quedarán registradas
como un tiempo de luz en mi recuerdo,
y sabrán consolarme en las horas oscuras.

Debe haber cierta luz en las tardes de ahora,
la experiencia lo enseña.
Lo que no nos enseña la maldita experiencia
es en dónde se esconde, de qué modo gozarla en el presente,
ni por qué cruel torpeza cualquier tiempo que luego
brillará como un sol en la memoria
tenemos que vivirlo a la luz de una vela.

lunes, 16 de julio de 2012

Beatus ille/ 13 - A mis soledades voy... Félix Lope de Vega Carpio - España

'Lupus de Vega Carpio' - Luis Trstán de Escamilla
A mis soledades voy,
de mis soledades vengo,
porque para andar conmigo
me bastan mis pensamientos.

¡No sé qué tiene la aldea
donde vivo y donde muero,
que con venir de mí mismo
no puedo venir más lejos!

Ni estoy bien ni mal conmigo;
mas dice mi entendimiento
que un hombre que todo es alma
está cautivo en su cuerpo.

Entiendo lo que me basta,
y solamente no entiendo
cómo se sufre a sí mismo
un ignorante soberbio.

De cuantas cosas me cansan,
fácilmente me defiendo;
pero no puedo guardarme
de los peligros de un necio.

El dirá que yo lo soy,
pero con falso argumento,
que humildad y necedad
no caben en un sujeto.

La diferencia conozco,
porque en él y en mí contemplo,
su locura en su arrogancia,
mi humildad en su desprecio.

O sabe naturaleza
más que supo en otro tiempo,
o tantos que nacen sabios
es porque lo dicen ellos.

Sólo sé que no sé nada,
dixo un filósofo, haciendo
la cuenta con su humildad,
adonde lo más es menos.

No me precio de entendido,
de desdichado me precio,
que los que no son dichosos,
¿cómo pueden ser discretos?

No puede durar el mundo,
porque dicen, y lo creo,
que suena a vidrio quebrado
y que ha de romperse presto.

Señales son del jüicio
ver que todos le perdemos,
unos por carta de más
otros por cartas de menos.

Dijeron que antiguamente
se fue la verdad al cielo;
tal la pusieron los hombres
que desde entonces no ha vuelto.

En dos edades vivimos
los propios y los ajenos:
la de plata los extraños
y la de cobre los nuestros.

¿A quién no dará cuidado,
si es español verdadero,
ver los hombres a lo antiguo
y el valor a lo moderno?

Dixo Dios que comería
su pan el hombre primero
con el sudor de su cara
por quebrar su mandamiento,

y algunos inobedientes
a la vergüenza y al miedo,
con las prendas de su honor
han trocado los efectos.

Virtud y filosofía
peregrinan como ciegos;
el uno se lleva al otro,
llorando van y pidiendo.

Dos polos tiene la tierra,
universal movimiento;
la mejor vida el favor,
la mejor sangre el dinero.

Oigo tañer las campanas,
y no me espanto, aunque puedo,
que en lugar de tantas cruces
haya tantos hombres muertos.

Mirando estoy los sepulcros
cuyos mármoles eternos
están diciendo sin lengua
que no lo fueron sus dueños.

¡Oh, bien haya quien los hizo,
porque solamente en ellos
de los poderosos grandes
se vengaron los pequeños!

Fea pintan a la envidia,
yo confieso que la tengo
de unos hombres que no saben
quién vive pared en medio.

Sin libros y sin papeles,
sin tratos, cuentas ni cuentos,
cuando quieren escribir
piden prestado el tintero.

Sin ser pobres ni ser ricos,
tienen chimenea y huerto;
no los despiertan cuidados,
ni pretensiones, ni pleitos.

Ni mumuraron del grande,
ni ofendieron al pequeño;
nunca, como yo, afirmaron
parabién, ni pascua dieron.

Con esta envidia que digo
y lo que paso en silencio,
a mis soledades voy,
de mis soledades vengo.

viernes, 13 de julio de 2012

Gestos - Claudio Rodríguez - España

Materia - Jorge Vidal ('Grupo Simancas')
Una mirada, un gesto,
cambiarán nuestra raza. Cuando actúa mi mano,
tan sin entendimiento y sin gobierno,
pero con errabunda resonancia,
y sondea, buscando
calor y compañía en este espacio
en donde tantas otras
han vibrado, ¿qué quiere
decir? Cuántos y cuántos gestos como
un sueño mañanero,
pasaron. Como esa
casera mueca de las figurillas
de la baraja: aunque
dejando herida o beso, sólo azar entrañable.
Más luminoso aún que la palabra,
nuestro ademán, como ella
roído por el tiempo, viejo como la orilla
del río, ¿qué
significa?
¿Por qué desplaza el mismo aire el gesto
de la entrega o del robo,
el que cierra una puerta o el que la abre,
el que da luz o apaga?
¿Por qué es el mismo el grito del brazo cuando siembra
que cuando siega,
el del amor que el del asesinato?

Nosotros, tan gesteros pero tan poco alegres,
raza que sólo supo
tejer banderas, raza de desfiles,
de fantasías y de dinastías,
hagamos otras señas.
No he de leer en cada palma, en cada
movimiento, como antes. No puedo ahora frenar
la rotación inmensa del abrazo
para medir su órbita
y recorrer su emocionada curva.
No, no son tiempos
de mirar con nostalgia
esa estela infinita del paso de los hombres.
Hay mucho que olvidar
y más aún que esperar. Tan silencioso
como el vuelo del búho, un gesto claro,
de sencillo bautizo,
dirá, en un aire nuevo,
mi nueva significación, su nuevo
uso. Yo sólo, si es posible,
pido, cuando me llegue la hora mala
la hora de echar de menos tantos gestos queridos,
tener fuerza, encontrarlos
como quien halla un fósil
(acaso una quijada aún con el beso trémulo)
de una raza extinguida.

martes, 10 de julio de 2012

Lo que no es sueño - Claudio Rodríguez - España

Sin título - Domingo Criado ('Grupo Simancas')
Déjame que te hable, en esta hora
de dolor, con alegres
palabras. Ya se sabe
que el escorpión, la sanguijuela, el piojo,
curan a veces. Pero tú oye, déjame
decirte que, a pesar
de tanta vida deplorable, sí,
a pesar y aun ahora
que estamos en derrota, nunca en doma,
el dolor es la nube,
la alegría, el espacio;
el dolor es el huésped,
la alegría, la casa.
Que el dolor es la miel,
símbolo de la muerte, y la alegría
es agria, seca, nueva,
lo único que tiene
verdadero sentido.
Déjame que, con vieja
sabiduría, diga:
a pesar, a pesar
de todos los pesares
y aunque sea muy dolorosa, y aunque
sea a veces inmunda, siempre, siempre
la más honda verdad es la alegría.
La que de un río turbio
hace aguas limpias,
la que hace que te diga
estas palabras tan indignas ahora,
la que nos llega como
llega la noche y llega la mañana,
como llega a la orilla
la ola:
irremediablemente.

domingo, 8 de julio de 2012

Baladilla de los tres ríos - Federico García Lorca - España

Barco en el Guadalquivir - Balbin
A Salvador Quinteros
El río Guadalquivir
va entre naranjos y olivos.
Los dos ríos de Granada
bajan de la nieve al trigo.

¡Ay, amor
que se fue y no vino!


El río Guadalquivir
tiene las barbas granates.
Los dos ríos de Granada
uno llanto y otro sangre.

¡Ay, amor
que se fue por el aire!


Para los barcos de vela,
Sevilla tiene un camino;
por el agua de Granada
sólo reman los suspiros.

¡Ay, amor
que se fue y no vino!


Guadalquivir, alta torre
y viento en los naranjales.
Dauro y Genil, torrecillas
muertas sobre los estanques.

¡Ay, amor
que se fue por el aire!


¡Quién dirá que el agua lleva
un fuego fatuo de gritos!

Ay, amor
que se fue y no vino!


Lleva azahar, lleva olivas,
Andalucía, a tus mares.

¡Ay, amor
que se fue por el aire!

De Poema del cante jondo

Pata Negra, con Raimundo Amador (Rock gitano, 1982)

viernes, 6 de julio de 2012

Recordando a Camarón/ y 3 - Romance de la luna, luna - Federico García Lorca - España

Mujer que se baña - Joan Miró
A Conchita García Lorca
La luna vino a la fragua
con su polisón de nardos.
El niño la mira, mira.
El niño la está mirando.
En el aire conmovido
mueve la luna sus brazos
y enseña, lúbrica y pura,
sus senos de duro estaño.
Huye, luna, luna, luna.
Si vinieran los gitanos,
harían con tu corazón
collares y anillos blancos.
Niño, déjame que baile.
Cuando vengan los gitanos,
te encontrarán sobre el yunque
con los ojillos cerrados.
Huye luna, luna, luna,
que ya siento sus caballos.
Niño, déjame, no pises
mi blancor almidonado.

El jinete se acercaba
tocando el tambor del llano.
Dentro de la fragua el niño,
tiene sus ojos cerrados.
Por el olivar venían,
bronce y sueño, los gitanos.
Las cabezas levantadas
y los ojos entornados.

Cómo canta la zumaya,
¡ay, cómo canta en el árbol!
Por el cielo va la luna
con un niño de la mano.

Dentro de la fragua lloran,
dando gritos, los gitanos.
El aire la vela, vela.
El aire la está velando.
De Primer romancero gitano

Camarón, Paco de Lucía y Tomatito (Calle Real, 1983)

miércoles, 4 de julio de 2012

Recordando a Camarón/ 2 - La Leyenda del Tiempo - Federico García Lorca - España

Camarón - EMO
El Sueño va sobre el Tiempo
flotando como un velero.
Nadie puede abrir semillas
en el corazón del Sueño.

¡Ay, cómo canta el alba! ¡Cómo canta!
¡Qué témpanos de hielo azul levanta!

El Tiempo va sobre el Sueño
hundido hasta los cabellos.
Ayer y mañana comen
oscuras flores de duelo.

¡Ay, cómo canta la noche! ¡Cómo canta!
¡Qué espesura de anémonas levanta!

Sobre la misma columna,
abrazados Sueño y Tiempo,
cruza el gemido del niño,
la lengua rota del viejo.

¡Ay cómo canta el alba! ¡Cómo canta!
¡Qué espesura de anémonas levanta!

Y si el Sueño finge muros
en la llanura del Tiempo,
el Tiempo le hace creer
que nace en aquel momento.

¡Ay, cómo canta la noche! ¡Cómo canta!
¡Qué témpanos de hielo azul levanta!

De Así que pasen cinco años
La leyenda del tiempo - Camarón (La leyenda del tiempo, 1979)
Música: Ricardo Pachón

José Monge Cruz tenía 41 años el 2 de julio de 1992, el día que murió en Santa Coloma de Gramanet, a mil kilómetros de San Fernando (Cádiz), la ciudad donde había nacido, yunque, fragua y alcayata, el 5 de diciembre de 1950. Un par de días después, sus paisanos le entierran en La Isla en medio de un tumulto de gritos, lamentos, empujones y camisas rotas. En ese momento acaba de nacer el mayor mito gitano de todos los tiempos.
[...] Hombre frágil, reservado y tímido, Camarón fue un creador y un intérprete de unas condiciones portentosas, insólitas hasta ese momento en el flamenco. Su arte mezclaba rigor e imaginación, clasicismo y ternura, revolución y potencia, sabiduría e instinto. Y como cantante no le faltaba nada: tenía una afinación prodigiosa -oído absoluto-, sabor y transmisión, una musicalidad única y una voz inconfundible. Luego estaba su valentía para arriesgar, inventar y abrir caminos nuevos: no había límites.

El pintor Miquel Barceló, que fue su amigo y pintó para él la portada de su último disco, Potro de rabia y miel (1992), considera todavía que "no conocer a Camarón es como no conocer a Picasso". Y lo explica así: "Era capaz de cantar la lotería y ser sublime".

[...]



'La leyenda del tiempo': el 'Sgt. Peppers' de Camarón

Eso es lo que es La leyenda del tiempo: el Sgt. Peppers del flamenco, la fundación del flamenco nuevo, un paso de gigante que deja atrás el formato clásico (voz, guitarra, palmas) y abre nuevos caminos: el rock, la salsa, el pop, la mezcla, la heterodoxia, todo eso que luego se etiquetará como fusión y acabará siendo enriquecimiento y confusión.
En España es 1979, y los flamencos, que no son marcianos y también sienten los aires de libertad, viven su propia movida. Paco de Lucía no deja de dar conciertos de guitarra por el mundo, y Camarón abre una nueva etapa en su carrera de la mano del visionario productor Ricardo Pachón. Con él, a la guitarra, aparece por primera vez ese chico imberbe, talentoso y tan tímido como él, gitano bellezo al que ha conocido en Almería y que le toca en directo desde hace dos años: José Hernández Torres, Tomatito.

Pachón los mete a los dos en el estudio y los rodea de una parafernalia inusitada: baterías, guitarra y bajo eléctrico, muchos coros, flauta, teclados, percusión, un sitar... Nace el flamenco rock: arreglos jazz/rock, solos de guitarra flamenca, riffs, palmas frenéticas, y Camarón cantando mejor que nunca. El bailaor y percusionista Manuel Soler, que también participó en el disco, lo contó así en una entrevista: "La leyenda del tiempo marcó a Camarón, rompió los esquemas, fue una gozada trabajar ahí. Entonces Camarón estaba centrado, lo clavaba todo".

Federico García Lorca -el poeta preferido de muchos flamencos desde 1920- resucita en el disco con una compañía que le hubiera gustado: un poema de Fernando Villalón -el señorito, ganadero y poeta del 27- y otro del persa Omar Kayan elegido por Kiko Veneno. [...]

En la composición hay sitio para jóvenes rompedores como Kiko, los Amador y Pachón, adaptador y coautor de muchos de los temas.

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Antes de la grabación en el estudio con pistas, los Dolores, los Pata Negra, los Alameda, Camarón, Tomatito y los demás se concentran en el campo, en Umbrete, cuna del mosto, donde meses antes se han grabado las Guitarras callejeras, de Pata Negra. Clemente: "Ricardo juntó al equipo formado por Camarón, Tomatito, Raimundo (que se acababa de casar y de separar) y Kiko Veneno, con el ínclito Juan el Camas de cocinero". "Lo que más le gustaba", recuerda Pachón, "era la mojarrita (pescado) frita, que se la traían de San Fernando y freíamos doce kilos, y un guiso de garbanzos con acelgas y su pringá (mezcla de carnes)".

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Veinte años después, Veneno diría: "Me parece exagerado oír lo de disco clave, es la evolución la que va dictando la grandeza... Aunque es verdad que a veces los comentaristas tienen mejor visión que los embebidos autores. Eso sí, los gitanos estaban revelados, les costó mucho trabajo entrar. Fue una cosa underground dentro de la industria musical, por ese disco se coló en el flamenco mucha gente de la música moderna".

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MIGUEL MORA
JOSÉ MANUEL GAMBOA

lunes, 2 de julio de 2012

Recordando a Camarón/ 1 - Fragmento de Nana del caballo grande - Federico García Lorca - España

Hombre y caballo - Juan Carlos Mestre
Nana, niño, nana
del caballo grande
que no quiso el agua.

El agua era negra
dentro de las ramas.
Cuando llega al puente
se detiene y canta.

¿Quién dirá, mi niño,
lo que tiene el agua
con su larga cola
por su verde sala?

Duérmete, clavel,
que el caballo no quiere beber.
Duérmete, rosal,
que el caballo se pone a llorar.
...
De Bodas de sangre

Nana del caballo grande - Camarón (La leyenda del tiempo, 1979)
Gualberto García Pérez: sitar

Música: Ricardo Pachón

A la memoria de Camarón, de cuyo fallecimiento se cumplen hoy veinte años.