Barbara Mendes - So Many Stars (2017)

viernes, 29 de junio de 2012

Los pícaros/4 - Fragmentos de La pícara Justina - Francisco López de Úbeda - España

Muchacha con moneda - Bartolomé Esteban Murillo
LIBRO PRIMERO
LA PÍCARA MONTAÑESA
CAPÍTULO III
DE LA VIDA DEL MESÓN


NÚMERO
SEGUNDO

DE LA MESONERA ASTUTA

Ya que sabes quién fue Fernando, no puedo absconderte a Isabel. Yo, hermano lector, ya adivino que en oyendo quién fue mi madre, te has de santiguar de mí como de la Bermuda. ¿Qué quieres? Diérasme tú otro molde, y saliera yo más amoldada. Soy fruta de aquel árbol y terrón de aquella vena. ¿Qué me pides? Escucha y oirás las azañas de otra Celestina a lo mecánico.
Mi madre era menos boquipanda que su matrimonio. Todos los recados que nos enviaba eran con las dos niñas de sus ojos, los cuales traía siempre a puntería de bodocazos. Era por extremo imaginativa. Nuestros pensamientos eran su melonar, y siempre calaba melones. Decía que nos quería como a los ojos. Y para untarme el casco, me decía:
-A tus hermanos quiérolos como a los ojos de la puente, y a ti como a los de la cara.
Oyólo una hermana mía cierta vez, y dijo:
-Pagadas estamos, madre, que no faltarán ojos que sean tan cosa de aire a cuyo amor la compare.
Entonces ella, que era astuta, dijo:
-¡Calla, boba! Que quien pasa por un río, tanto quiere que la puente tenga los ojos en pie, como que lo estén los de su cara, pues le va la vida.
Con esto nos dejó contentas.
La verdad es que me quería mucho, y debiámelo, que le presté mucha masa en que empanar secretos tan graves que el menor que mi padre husmeara, la despenara, y quizá, si esto hiciera, acertara con el malhechor.
Mas Dios me libre que yo sea como otras, que en haciéndose preñadas de un secreto, luego enferman de vómitos.
Era muy caritativa, tanto que quitaba la comida de la boca para dar a quien nunca vio, ni esperaba de él hazas ni viñas. Verdad es que lo daba pagándoselo, y que lo que valía cuatro vendía en cuarenta. Pero todo es contar por cuatros.
[...] Era tan compasiva con los pobres que a ninguno recibía, sólo por no le ver mal pasar en su mesón por falta de dinero. Que quisiera ella que cuantos entraban en su casa les diera Dios mucha hacienda y con qué hacer mercedes.
En su vida aderezó comida que no cobrase en asador, que, además de sacarle la quinta esencia en forma de pringue para tostas, no le hiciese la salva, por tratarla como a caballera; y para excusar las mermas y alcabalas que por su propia autoridad cobraba de todas las cosas asadas, usaba donosas tretas, las cuales, cuando nos las platicaba, decía que eran la lección de la confusa.
Unas veces se excusaba con decir que los huéspedes se habían tardado en venir, y el gato dádose prisa en llevar. Otras veces soldaba lo rotura con ceniza, como hondón de caldera rota. Otras veces quemaba lo desmantelado con un tizoncito delicadamente, que parecía toda una pieza lo asado y lo castrado. Oirás, y esto era un caso desesperado, hacía un guisadillo, atendiendo siempre a dos cosas: la una, que llevase poco coste y la otra, que no fuese muy sabroso. Aquí anegaba todas sus faltas. Y solía decir:
-Mirad, hijas; una cazuela es excusa barajas, porque como allí se mete todo confuso, hueso y pulpa, viene a tener verdad el refrán viejo que "A río revuelto, ganancia de pescadores y pescadoras." Y creedme que los huéspedes se obligan mucho y dan de sí más que calza de aguja si ven que las mesoneras les guardan el aire al apetito del comer. Pongo caso, hijas, que vaya mal guisado -que así ha de ser siempre-, luego dicen:
-El guisado, así, así. La intención fue buena, no supo más la pobreta, que quien esto hizo sin decírselo, hiciera más, si más supiera.
Y luego les veréis esquilar, diciendo:
-¡Señora María! ¡Señora María!
Que no hay huésped que no llame María a toda moza de mesón, como si todas nacieran la mañana de las tres Marías. O si no, dicen:
-¡Señora hermosa!
Que, como dijo el otro, para que una vieja sea moza, no hay otro remedio que ser mesonera o ajusticiada. Porque a la del mesón no hay pasajero que no diga:
-¡Hola, señora hermosa!
Y si a una mujer la sacan a ajusticiar, luego dicen:
-La más linda mujer y de más bellas carnes que se vio jamás.
-Así que, señora María, alcance de su guisado, que está como de su mano.
Aquí haya gran advertencia, que la tal moza en tal caso ha de hablar como inocente y vergonzosa, diciendo:
-En verdad que compré por amor de sus mercedes un ochavo de especias y un maravedí de vinagre y ajos para que la cazuela sabiese bien a sus mercedes, y dejé en prendas la mi sortija de plata, que no tengo otra.
Y tras esto, hijitas, una reverencia, que estáis a pique de que si es hombre liberal, os dé una buena pieza en pago del empeño de vuestra sortija y sin haber enajenado ni perdido nada.
No acabara yo si te contara por extenso sus tretas. Concluyo con decirte que para abrasar la casa, le sobraban dos hervorcitos de imaginación, y para hacernos perder pie a todos, no había menester echar toda la presa.
Con todo esto decía de mí:
-Justinica, tú serás flor de tu linaje, que cuando a mí me deslumbras, a más de cuatro encandilarás.
Y por verme tan bien aplicada y por las buenas muestras que siempre di, gustaba mucho de platicarme todos estos ejercicios que he referido y otros que callo.
Estos trastos heredé de mi madre, sin quedar cachivacho que no me traspalase. ¿Qué quieres? Quien da lo que tiene, no debe nada, y quien enseña lo que sabe, menos.
[...] Pero mis padres no sabían otros jeroglíficos sino jacarandina, ni otras sciencias sino conjugar a rapio rapis por meus, mea, meum.
¿De qué te espantas? Oye un cuento a propósito.
Cierto soldado quiso ganar de comer a poca costa, y para esto se puso a lo escolástico, aunque algo bastardillo, un bonete algo lardosillo y muy metido hasta la cóncava; un cuello sólo asomado, aunque pespuntado de grasa; una cara a humo muerto; un sayo sayón; un ferruelo largo y angosto, como cédula de sacar prendas; unas calzas que se reían del tiempo; un zapato empanado; un andar de Pero Hernández; un mirar de brujulista; un meterse de hombros como concomido; una voz modesta y baja, aunque tenía el bellacón más chorro que un pollino; un cuello torcido como remate de cuchara; otro segundo Pavón, de quien te daré noticia después de andadas algunas millas de esta historia.
Con esta figura y talle se hizo pedagogo intruso y ayo de algunos, a quienes engañó en la mitad del justo precio. Especialmente engañó a un caballero que confió en él un hijo suyo para que fuese su ayo.
Díjole el caballero:
-Mire, padre, que le encargo este mochacho, que es travieso, para que le imponga. No sepa cosa buena que no se la enseñe.
El dómine ayo se lo prometió así, y cumpliólo.
El ayo a tercer día comenzó a leer la cartilla a su alumno, y díjole:
-Mocito: ¿él piensa que yo soy alguno de los siete de Grecia? Engáñase. ¿Piensa que es todo oro lo que reluce? Engáñase. ¿Piensa que hace el hábito al monje? Engáñase. ¿Piensa que soy quien piensa? Engáñase. ¡Vive Cristobalillo, que aunque le quiera enseñar cosa buena, yo no sé otras sino dos: una de guerra y otra de paz! De paz, es un boquivuelto, y ver si pinta y hago a todos, tope donde topare. Y por más señas, ve aquí la baraja. Lo de guerra, otro que tal. Tome esa espada. Uñas arriba, punta al ojo, el pie siga a la cara.
Medró tan bien el caballerito, que a pocos días andados se fueron ambos a Sevilla, y en el camino comieron lo que hurtaron, y en llegando a Sevilla, hurtaron lo que comieron.
Este fue el bellacón por quien se inventó el entremés que dice: "No le enseñaba a matar, sino a ser obediente Isaac."
Así que, hermano lector, cada cual enseña lo que sabe, aunque no todos saben lo que enseñan.

APROVECHAMIENTO

Podráse decir de algunas madres de este tiempo, que son para sus hijas más crueles que avestruces y que las que por naturaleza y obligación debían ser misericordiosas, comen y cuecen sus hijos, como dijo Jeremías. Porque, ¿qué más propio cocer y tragar sus hijos puede haber que cocerlos en maldades y prender en ellos el fuego del pecado y deshacer sus almas con ruines consejos y ejemplos?

La pícara Justina escribióse antes de 1605, haciéndose luego añadiduras, enmiendas y retoques. Y aun cuando el autor tenía muy adelantada una segunda parte, no se decidió a imprimirla. La novela consta, además de tres prólogos, de cuatro libros: La Pícara Montañesa -dedicado a la ascendencia de la protagonista-; La Pícara Romera - dedicado a las aventuras de Justina en las romerías de las Arenillas y León-; La Pícara Pleitista -estancias de Justina en Medina de Rioseco y Mansilla-; y La Pícara Novia -en que Justina, luego de desdeñar a varios pretendientes, se casa con un hombre de armas apellidado Lozano-. [...] al fin de cada capítulo hay como un añadido, un aprovechamiento o moraleja, pues López de Úbeda se esforzó por demostrar que su desvergonzado libro era un ramo de moralidades.
[...] El gran valor de la La pícara Justina está en la gran riqueza de su vocabulario y en la fraseología de que hace gala el autor. Ya Mayans afirmó "que el autor fue el primer español que, dejando la propiedad y gravedad de nuestra lengua, abrió el nuevo camino de inventar por capricho, no sólo vocablos, sino modos de hablar."
Menéndez y Pelayo dice que la novela tiene "un caudal riquísimo de dicción picaresca y una extraña originalidad de estilo...". La novela está dedicada al famoso valido de Felipe III don Rodrigo Calderón, que acabó ajusticiado en la Plaza Mayor de Madrid. FEDERICO CARLOS SÁINZ DE ROBLES

martes, 26 de junio de 2012

Beatus ille/ 12 - Poemas - Wang Wei - China

Copia de una pintura atribuida a Wang Wei
Allá lejos, al Sur, tengo mi morada florida
que mira hacia los montes del mediodía.
En todo el año nadie llama a mi puerta cerrada;
todo el día, sin preocupaciones, gozo un largo descanso;
paso tranquilo el tiempo bebiendo y pescando.
Si quieres venir, saldré a recibirte.
______

Sentado solo, entre los bambúes,
toco el laúd, y silbo, silbo, silbo.
Nadie me oye en el inmenso bosque,
pero la blanca luna me ilumina.

______

¡Oh, dime! Tú, que vienes de la tierra natal,
sabes sin duda muchas cosas.
¡Oh, dime! El día que saliste, bajo la ventana vestida de seda,
¿florecían ya los ciruelos de invierno?
______

El cultivo de las letras no necesita del trato mundanal.
Ardua es la ciencia de la filosofía, y, para lograrla, camino solo.
Amo los puros arroyuelos que serpentean entre las rocas.
Y amo también mi rústica cabaña, tan sosegada en medio de los pinos.


Versión de Marcela de Juan (Ma Ce Huang)

domingo, 24 de junio de 2012

Literatura satírica y burlesca/16 - Disparatado dislate en 7, 6, 5, 4, 3, 2, 1, nada - Delfín Carrera - España

Basquiat
¡Inmigrantes de Inglaterra!
¡Vecinos de Ciempozuelos!
Cantemos con devoción
Arriba ricos de la tierra
En pie opulenta legión
Los huesos de tus abuelos
Están bajo el campo de golf
………………………………
Detengan las rotativas
El ratón se comió al gato.
Una panda de niñatos
Me ha fregado la vajilla.
Y se han dejado en el baño
Una china y dos cerillas.
………………………………
Un cura ha parido a Stalin
Hitler ha resucitado
Hacen guerras de poemas
En una Web de alabastro
De skinhead antisistema.
………………………………
Un amplio grupo de ancianos
Ha cortado la autopista
Para jugar a la comba
Ahora que no hay racistas.
……………………………….
Animales extinguidos
Campando por sus respetos
En cócteles distinguidos.
………………………………
Van a tener que estar locos
Para escribir algo cuerdo
………………………………
Asociación de hombres solos

jueves, 21 de junio de 2012

Solsticio - Antonio Casares - España

Tiempo de cerezas - Helen Galloway McNicoll (Canadá)
Empieza un nuevo día, otro milagro
cotidiano al que tengo el privilegio
de poder asistir con el asombro
y la perplejidad de estar, de ser,
o el mero hecho de saber que hoy
tengo conciencia de saber quién soy,
quién se oculta detrás de mi nombre.
Mi alma despierta del sopor nocturno,
vuelve del sueño, de la pesadilla,
del abismo y sus últimos arcanos
a la evidencia cierta del presente.
Van tomando su forma los objetos
y se van perfilando sus perfiles
con las primeras luces que se abren
paso en el laberinto de las cosas.
La luz da realidad a lo real,
es la ventana para ver el mundo
y vislumbrar lo que nunca hemos visto
o hemos visto de distinta manera,
pues como dijo Heráclito el Oscuro
no nos bañamos en el mismo río.
No hay nubes en el cielo, solo pájaros,
gaviotas como heraldos enigmáticos,
gorriones de doliente algarabía,
mirlos a la deriva del deseo,
y en el jardín, entre las frondas densas
y el verde yerbazal abigarrado,
pequeña jungla en la jungla de asfalto,
todavía quedan rosas, rosas rojas
o blancas como la luna del alba,
y hortensias como soles diminutos
a punto de alcanzar su esplendor,
y gatos que regresan sigilosos
de no se sabe dónde, como espectros
o sombras camufladas por las sombras,
y los árboles siguen en su sitio,
firmes en sus raíces y en sus ganas
de ser únicamente lo que son,
un espejo para aquel que los mira
como quien mira una revelación:
columnas que sostienen el celaje
o apuntalan las ruinas de la noche,
altivas ramas y orgullosas hojas
bailando un minué entre la brisa
o mecidas por el hondo silencio
de la mañana que comienza a andar
-ebria de luz, indecisa y sonámbula-
por las aceras yertas, por las calles
insomnes y desiertas, aceptando
su soledad, su presencia en el mundo,
y el ejemplo que nos dan existiendo,
dando certeza a tanta incertidumbre,
salvoconducto contra la zozobra
y el caos al que quieren abocarnos
los malvados que gobiernan la Tierra.
Celebro el nacimiento de este día
nuevo en el calendario de mi vida,
lo celebro como si fuera el último,
con la misma inocencia del primero,
con el mismo estupor, celebro el sol
porque hace visible lo invisible,
celebro el despertar del universo,
y el aire translúcido de junio,
celebro la inminencia del verano
como lo celebraban los antiguos
en los ceremoniales del solsticio,
celebro estar sintiendo esto que siento
y puede, por qué no, llamarse amor,
celebro a las personas que amo,
y el poder decirte que te quiero
con el puro silencio de las cosas.
celebro cada cosa, aunque sea nimia,
celebro la grandeza de lo mínimo,
una piedra, un libro entre las manos,
un pétalo de la rosa del sueño,
una lágrima, una gota de rocío,
celebro la humildad de la poesía
que busca la verdad del corazón,
celebro la armonía de lo inefable
y el deslumbramiento de la música,
celebro la belleza que no ven
los que cierran los ojos ante ella
o prefieren mirar hacia otro lado,
celebro por placer de celebrar
y, al hacerlo, me acuerdo de Walt Whitman,
y de Claudio Rodríguez, que volaba
con las alas de la imaginación,
celebro la materia y el espíritu,
las dos caras de la misma moneda,
celebro, libre, el librepensamiento,
y el derecho a soñar porque es sagrado
y el único camino que nos queda
hacia la libertad, celebro el mundo
sin yugos, sin cadenas, sin tiranos,
hermoso como cuando fue creado,
celebro al niño que siempre he sido
y seguiré siendo hasta la muerte,
celebro el simple hecho de estar vivo,
celebro el mar y sus celebraciones,
y la liturgia de los océanos
con la vehemencia de Lautréamont,
celebro al lector desconocido
que acaso lo celebre conmigo,
y se conmueva tal yo me conmuevo,
mientras voy escribiendo estas palabras
que agradecen y cantan y proclaman
la hermosura del idioma en que escribo,
el misterio insondable de existir
y encontrar, entre tanto sinsentido,
un amable sentido a la existencia
y una esperanza en la desesperanza.
Santander, 21 de junio de 2012

martes, 19 de junio de 2012

Follas novas (Hojas nuevas)/y 5 - Rosalía de Castro - España

Fillos de mariñeiros - Caino Vasconcellos (Galicia)
5
As viudas dos vivos e as viudas dos mortos

¡Pra a Habana!
I
Vendéronlle os bois,
vendéronlle as vacas,
o pote do caldo
i a manta da cama.
Vendéronlle o carro
i as leiras que tiña;
deixárono sóio
coa roupa vestida.
"María, eu son mozo,
pedir non me é dado;
eu vou polo mundo
pra ver de ganalo.
Galicia está probe,
i á Habana me vou...
¡Adiós, adiós, prendas
do meu corazón!"

II
Cando ninguén os mira,
vense rostros nubrados e sombrisos,
homes que erran cal sombras voltexantes
por veigas e campíos.
Un, enriba dun cómaro
séntase caviloso e pensativo;
outro, ó pe dun carballo queda imóvil,
coa vista levantada hacia o infinito.
Algún, cabo da fonte recrinado,
parés que escoita atento o murmurío
da auga que cai, e eisala xordamente
tristísimos sospiros.
¡Van a deixala patria...!
Forzoso, mais supremo sacrificio.
A miseria está negra en torno deles,
¡ai!, ¡i adiante está o abismo...!

III
O mar castiga bravamente as penas,
e contra as bandas do vapor se rompen
as irritadas ondas
do Cántabro salobre.
Chilan as gaviotas
¡alá lonxe...!, ¡moi lonxe!,
na prácida ribeira solitaria
que convida ó descanso i ós amores.
De humanos seres a compauta línea
que brila ó sol adiántase e retórcese,
mais preto e lentamente as curvas sigue
do murallón antigo do Parrote.
O corazón apértase de angustia,
óiense risas, xuramentos se oien,
i as blasfemias se axuntan cos sospiros...
¿Ónde van eses homes?
Dentro dun mes, no simiterio imenso
da Habana, ou nos seus bosques,
ide a ver qué foi deles...
¡No eterno olvido para sempre dormen!
¡Probes nais que os criaron,
i as que os agardan amorosas, probes!

IV
"¡Ánimo, compañeiros!
Toda a terra é dos homes.
Aquel que non veu nunca máis que a propria,
a iñorancia o consome.
¡Ánimo! ¡A quen se muda Diolo axuda!
¡I anque ora vamos de Galicia lonxe,
verés desque tornemos
o que medrano os robres!
Mañán é o día grande, ¡á mar, amigos!
¡Mañán, Dios nos acoche!"
¡No sembrante a alegría,
no corazón o esforzo,
i a campana armoniosa da esperanza,
lonxe, tocando a morto!

V
Éste vaise i aquél vaise,
e todos, todos se van.
Galicia, sin homes quedas
que te poidan traballar.
Tes, en cambio, orfos e orfas
e campos de soledad,
e nais que non teñen fillos
e fillos que non tén pais.
E tes corazóns que sufren
longas ausencias mortás,
viudas de vivos e mortos
que ninguén consolará.

*
Tecín soia a miña tea,
sembréi soia o meu nabal,
soia vou por leña ó monte,
soia a vexo arder no lar.
Nin na fonte nin no prado,
así morra coa carrax,
el non ha de virme a erguer,
el xa non me pousará.
¡Qué tristeza! O vento soa,
canta o grilo ó seu compás...;
ferve o pote..., mais, meu caldo,
soíña te hei de cear.
Cala, rula, os teus arrulos
ganas de morrer me dan;
cala, grilo, que si cantas
sinto negras soidás.
O meu homiño perdéuse,
ninguén sabe en ónde vai...
Anduriña que pasache
con el as ondas do mar;
anduriña, voa, voa,
ven e dime en ónde está.

Vivir para ver
Marcháchete un día
ti, aquel que eu quería;
fuxiste da terra
que tanta alegría
i encantos encerra.
Dixeches: "María,
máis dose que as meles,
máis linda que as frores,
paloma sin feles,
non chores, non chores,
que ausencia envivece,
non mata, ni esquece
os doces amores
que a dicha axuntóu.
¡Eu voume...!, mais si ora
delor nos ofrece
fertuna traidora,
jamás te olvidara
quen tanto te adora
quen tanto te amara.
¡Adiós, miña vida!
No peito escondida
te levo, antretanto
non torno te a ver.
¡Ti espera!, pois xuro
por Dios sacrosanto,
que si non morrer,
aquí hei de volver".
Morrer, non morreche...
i anque eu esperara...,
¡qué ben que compriche,
palabra que diche,
amor que tiveche!
Que os anos pasaron,
as frores mucharon,
os negros cabelos
en brancos tornaron;
e nunca máis, nunca,
¡poder dun querer!,
qixeches volver...
Vivir para ver.

Tan sóio
Os dous, da terra lonxe
andamos e sufrimos, ¡ai de min!
Mais ti tan sóio te recordas dela,
i eu, dela e máis de ti.

Ambos errantes polo mundo andamos
i as nosas forzas acabando van.
Mais ¡ai!, ti nela atoparás descanso,
i eu tan sóio na morte o hei de atopar.

5
Las viudas de los vivos y las viudas de los muertos

¡Para la Habana!1
I
Vendiéronle los bueyes,
vendiéronle las vacas,
el pote del caldo
y la manta de la cama.
Vendiéronle el carro
y las tierras que tenía;
dejáronlo sólo
con la ropa vestida.
"María, yo soy mozo,
pedir no me es dado;
yo iré por el mundo
para ver de ganarlo.
Galicia está pobre,
y a la Habana me voy...
¡Adiós, adiós, prendas
de mi corazón!"

II
Cuando nadie los mira,
se ven rostros nublados y sombríos,
hombres que vagan cual sombras errantes
por vegas y campos.
Uno, sobre un cerro
se sienta caviloso y pensativo;
otro, al pie de un roble queda inmóvil,
con la vista levantada hacia el infinito.
Alguno, junto a la fuente reclinado,
parece que escucha atento el murmullo
del agua que cae, y exhala sordamente
tristísimos suspiros,
¡Van a dejar la patria...!
Forzoso, mas supremo sacrificio.
La miseria está negra en torno de ellos,
¡ay!, ¡y delante está el abismo...!

III
El mar castiga bravamente las peñas,
y contra las bandas del vapor se rompen
las irritadas olas
del Cantábrico salobre.
Chillan las gaviotas
¡allá lejos...!, ¡muy lejos!,
en la plácida ribera solitaria
que convida al descanso y a los amores.
De humanos seres la compacta línea
que brilla al sol avanza y se retuerce,
mas cerca y lentamente las curvas sigue
del murallón antiguo del Parrote2.
El corazón oprímese de angustia,
óyense risas, juramentos se oyen,
y las blasfemias se juntan con los suspìros...
¿Dónde van esos hombres?
Dentro de un mes, en el cementerio inmenso
de La Habana, o en sus bosques,
id a ver qué fue de ellos...
¡En el eterno olvido para siempre duermen!
¡Pobres madres que los criaron,
y las que los aguardan amorosas, pobres!

IV
"¡Ánimo compañeros!
Toda la tierra es de los hombres.
A aquel que no vio nunca más que la propia,
la ignorancia lo consume.
¡Ánimo! ¡A quien se muda Dios lo ayuda!
¡Y aunque ahora vamos de Galicia lejos,
veréis cuando volvamos
lo que crecieron los robles!
Mañana es el día grande, ¡a la mar, amigos!
¡Mañana, Dios nos acoge!"
¡En el semblante la alegría,
en el corazón el esfuerzo,
y la campana armoniosa de la esperanza,
lejos, tocando a muerto!

V
Éste se va y aquél se va,
y todos, todos se van.
Galicia, sin hombres quedas
que te puedan trabajar.
Tienes, en cambio, huérfanos y huérfanas
y campos de soledad,
y madres que no tienen hijos
e hijos que no tienen padres.
Y tienes corazones que sufren
largas ausencias mortales,
viudas de vivos y muertos
que nadie consolará.

*
Tejí yo sola mi tela,
sembré sola mi nabal,
sola voy por leña al monte,
sola la veo arder en el lar.
Ni en la fuente ni en el prado,
así muera yo con rabia,
él no ha de venir a levantarme,
él ya no me tumbará.
¡Qué tristeza! El viento suena,
canta el grillo a su compás...;
hierve el pote..., mas, caldo mío,
solita te he de cenar.
Calla, tórtola, tus arrullos
ganas de morir me dan;
calla, grillo, que si cantas
siento negra soledad.
Mi marido perdióse,
nadie sabe dónde va...
Golondrina que pasaste
con él las olas del mar;
golondrina, vuela, vuela,
ven y dime dónde está.

Vivir para ver3
Te marchaste un día
tú, a quien yo quería;
huiste de la tierra
que tanta alegría
y encantos encierra.
Dijiste: "María,
más dulce que las mieles,
más linda que las flores,
mariposa sin hieles,
no llores, no llores,
que la ausencia aviva,
no mata, ni olvida
los dulces amores
que la dicha unió.
¡Me voy...!, mas si ahora
dolor nos ofrece
fortuna traidora,
jamás te olvidara
quien tanto te adora
quien tanto te amara.
¡Adiós, vida mía!
En el pecho escondida
te llevo, entretanto
no te vuelva a ver.
¿Tú espera!, pues juro
por Dios sacrosanto,
que si no muero,
aquí he de volver".
Morir, no moriste...
y aunque yo esperara...,
¡qué bien que cumpliste,
palabra que diste,
amor que tuviste!
Que los años pasaron,
las flores se ajaron,
los negros cabellos
en blancos tornaron;
y nunca más, nunca,
¡poder de un querer!,
quisiste volver...
Vivir para ver.

Tan sólo
Los dos, de la tierra lejos
andamos y sufrimos, ¡ay de mí!
Mas tú tan sólo te acuerdas de ella,
y yo, de ella y además de ti.

Ambos errantes por el mundo andamos
y nuestras fuerzas acabando van.
Mas, ¡ay!, tú en ella encontrarás descanso,
y yo tan sólo en la muerte lo he de hallar.

Versión castellana y notas de María Asensio

1 Rosalía agrupa en este quinto libro de Follas novas su poesía de carácter social, con el tema central de la emigración. En este primer poema retrata varias escenas sobre los gallegos que emigran a Cuba: los jóvenes matrimonios que se separan al marchar él, el sacrificio que supone abandonar la tierra y los suyos, las largas hileras de hombres esperando a embarcar, el ánimo que hay que sacar para afrontarlo y la soledad en que quedan mujeres y niños.
2 Dentro de las instalaciones del puerto marítimo de A Coruña se encuentra el astillero construido en el siglo XVI en el Parrote.
3 Rosalía parte de esta expresión popular para desarrollar el tema de la viuda en vida a lo largo del poema y cerrarlo repitiendo el título a modo de estribillo. El poema es una clara denuncia de la dependencia de la mujer con respecto al marido, haciendo ver que si la emigración es dolorosa para el hombre que emigra, lo es aún más para la mujer, que pierde para siempre su libertad.


***
Fráxil e profunda, sombra e luz, Rosalía de Castro transitou pola vida, con palabras, xa de revelación, xa de misterio, por camiños sempre adversos. Vivía nun país sen voz propia e foi ela a primeira, con entidade, en atopar o nome das cousas, o nome non escrito das nosas cousas. Acontecía esta prodixiosa invención en 1863, o ano daquel libro auroral e reivindicativo que se titula "Cantares gallegos". Cantou a cotovía e xa todo foi distinto. Era Galicia daquela un país totalmente analfabeto no seu idioma, pero, aínda así, os versos galegos da Cantora axiña foron citados, amados, recitados e recordados. Xentes moi diversas da nosa terra, as humildes en primeiro lugar, intuíron a grandeza e a beleza da fazaña: un poeta muller orfa na nenez, unha muller de pouca saúde e agobiada polas penas, asume, sen pedantería, como quen respira, a defensa e a canción do marxinado e postrado país. Algún tempo despois, a gratitude e a devoción das xentes esbozaban o comenzo dun mito. E aquela voz primaveral e orientadora, anos máis tarde, en 1880, mergúllase, no libro "Follas novas", en estratos esenciais do ser humano, que son os estratos dos grandes desasosegos, do drama profundo e da grave condición dos grandes espíritos. Sen embargo, nas páxinas non atormentadas por aquela peculiar angustia existencial, Rosalía, cálida musa solidaria, canta algunhas das feridas históricas do seu país, en especial a dor e a dura soedade "das viudas dos vivos e das viudas dos mortos", como ela dixo en inmortal expresión.
Poeta con varios poetas dentro, escritora de expresión rica en rexistros, musa polifacética, espírito torturado, voz reveladora en tantas ocasións, xa na antesala da morte publica o libro "En las orillas del Sar", que é un tratado de desolación. Ninguén ata estas datas se asomara, en ningunha das linguas hispánicas a territorios tan graves do espírito humano. XESÚS ALONSO MONTERO

sábado, 16 de junio de 2012

Follas novas (Hojas nuevas)/4 - Rosalía de Castro - España

Romería - Caino Vasconcellos (Galicia)
4
Da terra

¡Calade!
Hai nas ribeiras verdes, hai nas risoñas praias
e nos penedos ásperos do noso inmenso mar,
fadas de estraño nome, de encantos non sabidos,
que só con nós comparten seu prácido folgar.

Hai entre a sombra amante das nosas carballeiras,
e das curtidas frescas no vívido esprendor,
e no romor das fontes, espritos cariñosos
que só ós que aquí naceron lles dan falas de amor.

I hai nas montañas nosas e nestes nosos ceos,
en canto aquí ten vida, en canto aquí ten ser,
cores de brilo soave, de trasparencia húmida,
de vaguedade incerta, que a nós só dá pracer.

Vós, pois, os que naceches na orela doutros mares,
que vos quentás á llama de vivos lumiares,
e só vivir vos compre baixo un ardente sol,
calá, se n'entendedes encantos destos lares,
cal, n'entendendo os vosos, tamén calamos nós.

*
I
Formoso campo de Cornes,
cando te cobres de lirios,
tamén se me cobre a ialma
de pensamentos sombrisos.
De Cornes lindo lugare,
que cruzan tantos caminos:
anque cuberto de rosas,
as rosas tamén fan guizos.

Antre as pedras, alelises;
antre os toxos, campanillas;
por antre os musgos, violas;
regos por antre as curtiñas.
Río abaixo está o moíño,
Compostela río arriba...
Río arriba ou río abaixo,
todo é calma na campía.

Convidando a meditare,
soan de Conxo as campanas;
beben os bois no teu río
i o sol alegra a escampada.
Das túas casas terreñas
sai fume, i os galos cantan...
¡Quén en tan fresco retiro
dirá que as dores fan lama!

Donde hai homes hai pesares;
mais nos teus campos, ña terra,
maxino que os hai máis fondos
cando te amostras máis leda.
Porque eses tríos dos páxaros,
eses ecos i esas brétemas
vaporosas i esas frores,
na alma triste, ¡cánto pesan!

Polas silveiras errante
vexo unha meniña orfa
que triste vai marmurando:
-¡Ña Virxe, quén rosa fora!
-¿Por qué qués ser rosa, nena?
lle preguntéi cariñosa.
I ela contesta sorrindo:
-Porque non tén fame as rosas.

Costa arriba, costa arriba,
desandémolo camiño.
¡Fuxamos deste sosego,
dos pesares enemigo!
¡Qué negro contraste forman
da natureza o tranquilo
reposo, coas ansias feras
que abaten o inxel esprito!

II
Cruceiro de Ramírez que te ergues solitario
dos Agros na espranada, antre as rosas dos campos:
o sol da tarde pousa en ti o postreiro raio
coma nun alma triste pousa un soño dourado.

Algunha vez no estío, eu ó teu pe sentada
escoito silenciosa, mentras a tarde acaba;
baixo das pedras mudas, que teu secreto gardan,
maxino que resoa o brando son dun arpa,
¡música incomprensible que doutros mundos fala!

¡Tal de Memnón se oían ó amañecer na estatua
aqueles sons divinos que as almas encantaban!

III
Ódiote, campo fresco,
cos teus verdes valados,
cos teus altos loureiros
i os teus camiños brancos
sembrados de violetas,
cubertos de emparrados.

Ódiovos, montes soaves
que o sol poniente aluma,
que en noites máis sereas
vin ó fulgor da lúa,
i onde en mellores días
vaguéi polas alturas.

E ti tamén, pequeno
río, cal no outro hermoso,
tamén aborrecido
es antre os meus recordos...
¡Porque vos améi tanto,
é porque así vos odio!

4
De la tierra

¡Callad!
Hay en las riberas verdes, hay en las risueñas playas
y en los roquedos ásperos de nuestro inmenso mar,
hadas de extraño nombre, de encantos desconocidos,
que sólo con nosotros comparten su plácido holgar.

Hay entre la sombra amante de nuestros robledales,
y de los prados frescos en el vívido esplendor,
y en el rumor de las fuentes, espíritus cariñosos
que sólo a los que aquí nacieron les hablan de amor.

Y hay en las montañas nuestras y en estos cielos nuestros,
en cuanto aquí tiene vida, en cuanto aquí tiene ser,
colores de brillo suave, de transparencia húmeda,
de vaguedad incierta, que sólo a nosotros da placer.

Vosotros, pues, los que nacisteis a la orilla de otros mares,
que os calentáis a la llama de vivos luminares,
y sólo vivir os cumple bajo un ardiente sol,
callad, si no entendéis los encantos de estos lares,
cual, no entendiendo los vuestros, también me callo yo.1

*
I
Hermoso campo de Cornes2,
cuando te cubres de lirios,
también se me cubre el alma
de pensamientos sombríos.
De Cornes lindo lugar,
que cruzan tantos caminos:
aunque cubierto de rosas,
las rosas también dan pinchos.

Entre las piedras, alhelíes;
entre los tojos, campanillas;
por entre los musgos, violetas;
riachuelos por entre los prados.
Río abajo está el molino,
Compostela río arriba...
Río arriba o río abajo,
todo es calma en la campiña.

Convidando a meditar,
suenan de Conxo3 las campanas;
beben los bueyes en tu río
y el sol alegra la escampada.
De tus casas terrosas
sale humo, y los gallos cantan...
¡Quién en tan fresco retiro
dirá que los dolores enfangan!

Donde hay hombres hay pesares;
mas en tus campos, ¡ay, tierra!,
imagino que los hay más hondos
cuanto más feliz te muestras.
Porque esos trinos de los pájaros,
esos ecos y esas nieblas
vaporosas y esas flores,
en el alma triste, ¡cuánto pesan!

Por las zarzas errante
veo una niña huérfana
que triste va murmurando:
-¡Ay, Virgen, quién rosa fuera!
-¿Por qué quieres ser rosa, nena?
-le pregunté cariñosa.
Y ella contesta sonriendo:
-Porque no tienen hambre las rosas.

Cuesta arriba, cuesta arriba,
desandemos el camino.
¡Huyamos de este sosiego,
de los pesares enemigo!
¡Qué negro contraste forman
de la naturaleza el tranquilo
reposo, con las ansias fieras
que abaten el inocente espíritu!

II
Crucero de Ramírez4 que te yergues solitario
de los Agros en la explanada, entre las rosas de los campos:
el sol de la tarde posa en ti el postrer rayo
como en un alma triste posa un sueño dorado.

Alguna vez en el estío, yo a tu pie sentada
escucho silenciosa, mientras la tarde acaba;
bajo las piedras mudas, que tu secreto guardan,
imagino que resuena el blando son de un arpa,
¡música incomprensible que de otros mundos habla!

¡Tal de Memnón5 se oían al amanecer en la estatua
aquellos sones divinos que las almas encantaban!

III
Ódiote, campo fresco,
con tus verdes vallados,
con tus altos laureles
y tus caminos blancos
sembrados de violetas,
cubiertos de emparrados.

Os odio, montes suaves
que el sol poniente alumbra,
que en noches más serenas
vi al fulgor de la luna,
y donde en mejores días
vagué por las alturas.

Y tú también, pequeño
río, cual ningún otro hermoso,
también aborrecido
eres entre mis recuerdos...
¡Porque os amé tanto,
es por lo que así os odio!

Versión castellana y notas de María Asensio

1 Rosalía arremete contra los que desprecian la cultura gallega y exige el mismo respeto que los gallegos muestran a los de otras tierras cuando tienen que emigrar forzosamente a Castilla y otras partes de España.
2 Pueblo de A Coruña, cerca de Muros y Noia.
3 Monasterio benedictino de Santa María de Conxo, en el ayuntamiento de Conxo, que era limítrofe con Santiago en época de Rosalía y que actualmente ha quedado anexionado a la ciudad compostelana.
4 Se llama cruceiro a las altas cruces de piedra que tanto abundan en Galicia. El cruceiro de Ramírez se levantó en 1719 en el Ensanche de Santiago de Compostela, entre la plaza Rubia y la iglesia de San Fernando, en medio de campos de cultivo conocidos por los Agros de la Carrera, aunque a mediados del siglo pasado fue trasladado a otra plaza. Según la leyenda, en su primitivo emplazamiento hubo un duelo entre dos caballeros del que resultó uno muerto, que por no ser admitido en el cementerio recibió sepultura allí mismo. Desde entonces su alma vaga por los caminos buscando oraciones que alivien sus penas.
5 En la mitología griega, rey de Etiopía e hijo de Eos, la diosa de la aurora. En la Guerra de Troya lo mató Aquiles y Eos lloró la muerte de su hijo toda la noche. Sus lágrimas aún se ven al amanecer en forma de rocío. Conmovido por el dolor de Eos, Zeus le concedió a Memnón la inmortalidad.

domingo, 10 de junio de 2012

Carpe Diem/8 - Soneto XXIII - Garcilaso de la Vega - España

Detalle de 'La primavera' - Sandro Boticcelli
XXIII
En tanto que de rosa y azucena
se muestra la color en vuestro gesto,
y que vuestro mirar ardiente, honesto,
enciende el corazón y lo refrena;

y en tanto que el cabello, que en la vena
del oro se escogió, con vuelo presto
por el hermoso cuello blanco, enhiesto,
el viento mueve, esparce y desordena;

coged de vuestra alegre primavera
el dulce fruto, antes que el tiempo airado
cubra de nieve la hermosa cumbre.

Marchitará la rosa el viento helado,
todo lo mudará la edad ligera,
por no hacer mudanza en su costumbre.

jueves, 7 de junio de 2012

Sonetos - Garcilaso de la Vega - España

La dama del armiño - Leonardo da Vinci
I
Cuando me paro a contemplar mi estado,
y a ver los pasos por do me ha traido.
hallo, según por do anduve perdido,
que a mayor mal pudiera haber llegado.

Mas cuando del camino estó olvidado,
a tanto mal no sé por do he venido;
sé que me acabo, y más he yo sentido
ver acabar conmigo mi cuidado.

Yo acabaré, que me entregué sin arte
a quien sabrá perderme y acabarme,
si ella quisiere, y aun sabrá querello;

que pues mi voluntad puede matarme,
la suya, que no es tanto de mi parte,
pudiendo, ¿qué hará sino hacello?

VI
Por ásperos caminos he llegado
a parte que de miedo no me muevo;
y si a mudarme o dar un paso pruebo,
allí por los cabellos soy tornado.

Mas tal estoy que con la muerte al lado
busco de mi vivir consejo nuevo;
conozco lo mejor, lo peor apruebo,
o por costumbre mala, o por mi hado.

Por otra parte el breve tiempo mío,
y el errado proceso de mis años
en su primer principio y en su medio,

mi inclinación, con quien yo no porfío,
la cierta muerte, fin de tantos daños,
me hacen descuidar de mi remedio.

X
¡Oh, dulces prendas, por mí mal halladas,
dulces y alegres cuando Dios quería!
Juntas estáis en la memoria mía,
y con ella en mi muerte conjuradas.

¿Quien me dijera, cuando en las pasadas
horas en tanto bien por vos me vía,
que me habíais de ser en algún día
con tan grave dolor representadas?

Pues en una hora junto me llevastes
todo el bien que por términos me distes,
llevadme junto al mal que me dejastes.

Si no, sospecharé que me pusistes
en tantos bienes, porque deseastes
verme morir entre memorias tristes.

Garcilaso de la Vega (1503-1536) personifica el cortesano ideal del Renacimiento que describe en su famosa obra Baltasar de Castiglione (1476-1529) como caballero ideal de la época: activo, valeroso, diestro en el manejo de las armas, de agradable conversación, trato y presencia, culto, poeta y versado también en música. Su vida fue corta, pero intensa, como deseaban los héroes de la antigüedad clásica a los que se pretendía imitar: "los amados de los dioses mueren jóvenes" rezaba la sentencia y Garcilaso la cumplió a la perfección.
[...] No llegó a publicar en vida ninguna obra suya. Fue su albacea testamentario y colaborador en las tareas literarias, Juan Boscán, el que recogería todos sus manuscritos, que salieron a la luz en Barcelona, en 1543, en un volumen que reunía la obra completa de ambos amigos con el título: Las obras de Boscán y algunas de Garcilaso de la Vega. [...] Es hacia 1570 cuando los libreros deciden publicar aisladas las composiciones de Garcilaso, en un momento en que éstas ya habían eclipsado a las de su compañero.
[...] En los primeros sonetos todavía se perciben atisbos de un lenguaje tradicional cancioneril, pero poco a poco, el poeta va madurando su arte hasta alcanzar la perfección en el acoplamiento del ritmo endecasílabo.
[...] La lógica más equilibrada domina en la estructura de cada soneto: en los dos cuartetos sendas proposiciones, en el primer terceto la conclusión y en el segundo y último, la generalización justificadora. La emoción personal y el amor platónico son predominantes, una actitud melancólica matiza este último. Algunos de los sonetos se cuentan entre los más hermosos y perfectos de toda la literatura castellana. JORGE GARZA CASTILLO


Garcilaso fue el introductor del endecasílabo italiano en la poesía española. (N. de J. N.)

lunes, 4 de junio de 2012

Follas novas (Hojas nuevas)/3 - Rosalía de Castro - España

Paisaje - Deside (Galicia)
3
Varia

Vamos bebendo
-Teño tres pitas brancas
e un galo negro,
que han de poner bos ovos,
andando o tempo;
i hei de vendelos caros
polo xaneiro,
i hei de xuntalos cartos
para un mantelo,
i heino de levar posto
no casamento,
i hei...

-Pois mira, Marica,
vai por un neto,
que antramentas non quitas
eses cerellos,
i as pitas van medrando
con galo negro,
para poñelos ovos,
e todo aquelo
do xaneiro, dos cartos
i o casamento,
miña prenda da ialma,
¡Vamos bebendo!

Tristes recordos
Unha tarde alá en Castilla
brilaba o sol cal decote
naqueles desertod brila:

craro, ardoroso e insolente,
con perdón del, pois n'é modo
aquel de queimala xente

e secar con tales bríos
a probe inxeliña prante,
a fonte, os sedentos ríos.

Unha tarde, ¡ouh, qué tristeza
me acometéu tan traidora,
véndome en tal aspereza!

¡Adónde vin á parar!,
pensaba mirando o ceo
para a terra non mirar.

Porque o ceo era, eso sí,
un máis ou menos azul
como o que temos aquí.

Mentras que a terra, ¡bon Dios...!
Señor, ¿posibre será
que aquéla a fixeses Vós?

Mais, ¿por qué estrañarme tal
si as cousas que Vós facés
jamás as facedes mal?

Fixestes tan tristes llanos,
mais fixécheos, Dios cremente,
sóio para os castellanos.

¡Ai!, cada pomba ó seu niño,
cada conexo ó seu tobo,
cada ialma ó seu cariño.

Aquesto me eu repetía
naquela tarde, recordo
de negra malencolía.

E namentras, contempraba
da igual, extensa llanura
a terra que branqueaba;

do largo pinar cansado
a negra mancha sin término,
do puebro o color queimado;

y antre o chan i o firmamento,
as nubes de denso polvo
que iba levantando o vento;

do deserto fiel imaxe,
¡co mesmo alento de brasa,
co mesmo ardente coraxe!

Ó lonxe o mular pasaba,
viña a tourada máis preto,
a ovella enferma balaba,

e no xa queimado espiño,
funxido do sol ardente
pousábase o paxariño.

¡Dios mío, qué ansia cativa!
Pesaba en min a tristeza
cal se me enterrasen viva.

Lembranzas da terra hermosa,
calmá ca vosa frescura
as penas da alma chorosa;

porque ese sedento río
envolto en malinas brétemas,
dá callentura, dá frío.

De pronto oín un cantar,
cantar que me conmovéu
hastra facerme acorar.

¡Era a gallega canzón,
era o alalá..., que fixo
bater o meu corazón

con un estraño bater,
doce, como o ben amar,
fero, como o padecer!

De polvo e sudor cubertos
ca fouce ó lombo, corrían
por aqués campos desertos

un fato de segadores...
¡Y eran eles, eran eles
os meigos dos cantadores!

¡Adiós, pinares queimados!
¡Adiós, abrasadas terras
e cómaros desolados!

Pechéi os ollos e vin...:
vin fontes, prados e veigas
tendidos ó pe de min.

Mais cando a abrilos tornéi,
morrendo de soidades,
toda a chorar me matéi.

E non paréi de chorar
nunca, hastra que de Castela
houbéronme de levar.

Leváronme para nela
non me teren que enterrar.

*
Chirrar dos carros da Ponte,
tristes campanas de Herbón:
cando vos oio partídesme
as cordas do corazón.

Ceboleiras que is e vindes
de Adina polos camiños,
á beira do camposanto
pasá leve e paseniño.

Que anque din que os mortos n'oien,
cando ós meus lle vou falar,
penso que anque estén calados
ben oien o meu penar.

3
Varios

Vamos bebiendo
-Tengo tres pollas blancas
y un gallo negro,
que han de poner buenos huevos,
andando el tiempo;
y he de venderlos caros
allá por enero,
y he de juntar los cuartos
para un buen manto,
y lo he de llevar puesto
en el casamiento,
y he...

-Pues mira, María,
ve por un trago,
que mientras no te quites
esos harapos,
y no crezcan las pollas
con el gallo negro,
para poner los huevos,
y todo aquello
de enero, de los cuartos
y del casamiento,
mi prenda del alma,
¡vamos bebiendo!

Tristes recuerdos
Una tarde allá en Castilla
brillaba el sol como siempre
en aquellos desiertos brilla:

claro, ardoroso e insolente,
con perdón de él, pues no es modo
aquel de quemar a la gente

y secar con tales bríos
la pobre planta inocente,
la fuente, los sedientos ríos.

Una tarde, ¡oh, qué tristeza
me acometió tan traidora,
viéndome en tal aspereza!

¡Adónde vine a parar!,
pensaba mirando el cielo
para la tierra no mirar.

Porque el cielo era, eso sí,
más o menos azul
como el que tenemos aquí.

Mientras que la tierra, ¡buen Dios...!
Señor, ¿posible será
que aquella la hicieseis Vos?

Mas, ¿por qué extrañarme tal
si las cosas que Vos hacéis
jamás las hacéis mal?

Hicisteis tan tristes llanos,
mas los hicisteis, Dios clemente,
sólo para los castellanos.

¡Ay!, cada paloma a su nido,
cada conejo a su hoyo,
cada alma a su cariño.

Esto yo me repetía
aquella tarde, recuerdo
de negra melancolía.

Y mientras, contemplaba
de la igual y extensa llanura
la tierra que blanqueaba;

del largo pinar cansado
la negra mancha sin término,
del pueblo el color quemado;

y entre suelo y firmamento,
las nubes de denso polvo
que iba levantando el viento;

del desierto fiel imagen,
¡con el mismo aliento de brasa,
con el mismo ardiente coraje!

A lo lejos las mulas pasaban,
venían los toros más cerca,
la oveja enferma balaba,

y en el ya quemado espino,
huyendo del sol ardiente
posábase el pajarillo.

¡Dios mío, qué ansia cautiva!
Pesaba en mí la tristeza
cual si me enterrasen viva.

Membranzas de la tierra hermosa,
calmad con vuestra frescura
las penas del alma llorosa;

porque este sediento río
envuelto en malignas nieblas,
da calentura, da frío.

De pronto oí un cantar,
cantar que me conmovió
hasta hacerme angustiar.

¡Era la gallega canción,
era el 
alalá1..., que hizo
latir mi corazón

con un extraño latir,
dulce, como el amar,
fiero, como el sufrir!

De polvo y sudor cubiertos
con la hoz al hombro, corrían
por aquellos campos desiertos

un grupo de segadores...
¡Y eran ellos, eran ellos
los hechiceros cantores!

¡Adiós, pinares quemados!
¡Adiós, abrasadas tierras
y cerros desolados!

Cerré los ojos y vi...:
vi fuentes, prados y vegas
tendidos al pie de mí.

Mas cuando a abrirlos torné,
muriendo de soledades,
toda a llorar me eché.

Y no paré de llorar
nunca, hasta que de Castilla
hubiéronme de llevar.

Lleváronme para en ella
no tenerme que enterrar.2

*
Chirriar de los carros de Ponte3,
tristes campanas de Herbón4:
cuando os oigo me partís
las cuerdas del corazón.

Cebolleras que vais y venís
de Adina5 por los caminos,
a la vera del camposanto
pasad leve y a pasitos.

Que aunque digan que los muertos no oyen,
cuando a los míos les voy a hablar,
pienso que aunque estén callados
bien escuchan mi penar.

Versión castellana y notas de María Asensio

1 Estribillo onomatopéyico con que suelen acabar los cantares gallegos.
2 Los años que vivió Rosalía en Castilla sintió en su propia piel esta nostalgia de su tierra verde y húmeda de Galicia, frente al desierto que para ella era ese paisaje castellano, seco, de polvo y sol ardiente.
3 Puede referirse a Pontecesures, cerca de Padrón, o a Ponte Sarela, muy cerca de Santiago.
4 Pueblo cercano a Padrón, junto al río Ulla.
5 Alude al cementerio de Adina.

viernes, 1 de junio de 2012

Follas novas (Hojas nuevas)/2 - Rosalía de Castro - España

Caserío abandonado - Javier Varela Guillot (Galicia)
2
¡Do íntimo!

¡Adiós!
Adiós, montes e prados, igresas e campanas
adiós, Sar e Sarela, cubertos de enramada;
adiós, Vidán alegre, moiños e hondanadas;
Conxo, o do craustro triste i as soedades prácidas;
San Lourenzo, o escondido, cal un niño antre as ramas;
Balvís, para min sempre o das fondas lembranzas;
Santo Domingo, en donde canto eu quixen descansa
-vidas da miña vida, anacos das entrañas-;
e vós tamén, sombrisas paredes solitarias
que me viches chorare soia e desventurada,
adiós, sombras queridas; adiós, sombras odiadas;
outra vez os vaivéns da fertuna
pra lonxe me arrastran.

Cando volver, se volvo, todo estará onde estaba;
os mesmos montes negros i as mesmas alboradas,
do Sar e do Sarela, mirándose nas augas;
os mesmos verdes campos, as mesmas torres pardas
da catedral severa, ollando as lontananzas.
Mais os que agora deixo tal como a fonte mansa
ou no verdor da vida, sin tempestás nin bágoas,
¡cánto, cando eu tornare, vítimas da mudanza,
terán depresa andado na senda da disgracia!
I eu..., mais eu, ¡nada temo no mundo,
que a morte me tarda!

*
Rico ou probe, algún día
¡con qué contento e pracidez folgaba!
I agora, probe ou rico, ó desdichado
¡todo, todo lle falta!

En balde veñen días, pasan anos,
e inda sigros pasaran.
Si hai abondosas fontes que se secan,
tamén as hai que eternamente manan;
mais as fontes perenes nesta vida
son sempre envenenadas.

Nelas o esprito que ofendido pena,
na humidá enferma do rencor se baña,
sin que dado lle sea
beber do olvido nas saudosas augas.

¡Odio, fillo do inferno!,
pode acabalo amor, mais ti no acabas,
mamoria que recordalas ofensas.
Sí, sí, ¡de ti mal haia!

Negra sombra
Cando penso que te fuches,
negra sombra que me asombras,
ó pe dos meus cabezales
tornas facéndome mofa.

Cando maxino que es ida,
no mesmo sol te me amostras,
i eres a estrela que brila,
i eres o vento que zoa.

Si cantan, es ti que cantas;
si choran, es ti que choras;
i es o marmurio do río,
i es a noite, i es a aurora.

En todo estás e ti es todo,
pra min i en min mesma moras,
nin me abandonarás nunca,
sombra que sempre me asombras.



2
¡Íntimo!

¡Adiós!
Adiós, montes y prados, iglesias y campanas;
adiós, Sar y Sarela1, cubiertos de enramada;
adiós, Vidán2 alegre, molinos y hondonadas;
Conxo3, el del claustro triste y las soledades plácidas;
San Lorenzo4, el escondido, como un nido entre las ramas;
Balvís5, para mí siempre el de las hondas remembranzas;
Santo Domingo6, en donde cuanto quise descansa
-vidas de mi vida, pedazos de las entrañas-;
y vosotras también, sombrías paredes solitarias
que me visteis llorar sola y desventurada,
adiós, sombras queridas; adiós, sombras odiadas;
otra vez los vaivenes de la fortuna
para lejos me arrastran7.

Cuando vuelva, si vuelvo, todo estará donde estaba;
los mismos montes negros y las mismas alboradas,
del Sar y del Sarela, mirándose en las aguas;
los mismos verdes campos, las mismas torres pardas
de la catedral severa, mirando en lontananza.
Mas los que ahora dejo tal como la fuente mansa
o en el verdor de la vida, sin tempestad ni lágrimas,
¡cuánto, cuando yo vuelva, víctimas de la mudanza,
habrán deprisa andado en la senda de la desgracia!
Y yo..., mas yo ¡nada temo en el mundo,
que la muerte me tarda!

*
Rico o pobre, algún día
¡con qué contento y placidez holgaba!
Y ahora, pobre o rico, al desdichado
¡todo, todo le falta!

En balde vienen días, pasan años,
y aun siglos pasaran.
Si hay abundosas fuentes que se secan,
también las hay que eternamente manan;
mas las fuentes perennes en esta vida
son siempre envenenadas.

En ellas el espíritu que ofendido pena,
en la humedad enferma del rencor se baña,
sin que dado le sea
beber del olvido en las nostálgicas aguas.

¡Odio, hijo del infierno!,
puede acabar el amor, mas tú no acabas,
memoria que recuerda las ofensas.
Sí, sí, ¡de ti mal haya!

Negra sombra
Cuando pienso que te huyes,
negra sombra8 que me asombras,
al pie de mis cabezales9
tornas haciéndome mofa.

Cuando imagino que te has ido,
en el mismo sol te me asomas,
y eres la estrella que brilla,
y eres el viento que sopla.

Si cantan, eres tú que cantas;
si lloran, eres tú que lloras;
y eres el murmullo del río,
y eres la noche, y eres la aurora.

En todo estás y tú eres todo,
para mí y en mí misma moras,
ni me abandonarás nunca,
sombra que siempre me asombras.

Versión castellana y notas de María Asensio

1 Ríos que pasan por Santiago de Compostela. El Sar confluye en el Ulla a su paso por Padrón, lugar donde vivió Rosalía en su niñez y antes de morir. Este río ya tenía una tradición lírica y la propia Rosalía titulará con él su siguiente libro de poesía: En las orillas del Sar.
2 Población cercana a Santiago.
3 Monasterio benedictino de Santa María de Conxo, en el ayuntamiento de Conxo, que era limítrofe con Santiago en época de Rosalía y que actualmente ha quedado anexionado a la ciudad compostelana.
4 Convento franciscano de San Lorenzo de Trasouto, evocado también en el último poema del libro "Da terra" de Follas novas.
5 Iglesía y convento dominico de Balvís.
6 Cementerio junto a la iglesia y convento de Santo Domingo de Bonaval, en Santiago, donde se hallaban enterrados su madre y sus hijos Adriano y Valentina.
7 Rosalía tuvo que vivir fuera de Galicia en varias ocasiones a lo largo de su vida, debido al trabajo de su marido Manuel Murguía. De hecho, gran parte de los poemas de Follas novas los escribió en Castilla hacia 1870.
8 Este poema es uno de los más estudiados de Rosalía por el tema de las sombras. En ellas siente y ve las almas de los seres que han dejado de existir, y si por un lado la espantan (juega con el doble significado de asombrar: hacer sombra y espantar), por otro le son tan familiares que impregnan ya todo su mundo. El paralelismo y la repetición dotan al poema de gran musicalidad, al tiempo que refuerzan la idea de omnipresencia de las sombras. El poeta modernista Juan Ramón Jiménez fue un gran amante y defensor de la poesía de Rosalía de Castro, y en los cursos que impartió en los años cuarenta en Puerto Rico sobre modernismo incluía como lectura sus obras, llegando a traducir al castellano este poema de Rosalía.
9 Almohadas.


Negra sombra. Música de Juan Montes (1840-1899).
Carlos Núñez: Ocarina, Tin Whistle, Flauta tenor.
Luz Casal: Voz.
Ry Cooder: Guitarra acústica, Guitarra eléctrica.
Javier Colina: Contrabajo.