Chet Baker - Like Someone In Love

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lunes, 17 de febrero de 2014

Literatura y jazz/ 20 - Jazz - Carlos Aganzo - España


El jazz es una jota con la forma de un saxo.
La boca estremecida
por un temblor de labios
que nace del vibrato febril de Lester Young;
la curva de la espada doblada sobre el tiempo
cuando Coleman Hawkins toca Body and Soul;
los jirones de música que quedan suspendidos
en las alas oscuras del sombrero de noche
que se quita Ben Webster después de haber tocado,
con los ojos cerrados,
como brevas oscuras rajadas en su centro,
de nuevo Single petal of a Rose...

Esta música negra es bella e inquietante
como una rosa negra.
Esta música negra late al ritmo secreto
del corazón más negro de la noche.
Nació de tierra negra,
se mueve eternamente al ritmo de una danza
tan negra y tan antigua como el mundo.
Negra como el compás de las horas que hieren.
Swing en el vientre oscuro
de una madre que canta a contraluz.

El jazz es una a color azul tristeza.
Sabor del abandono.
Los caminos borrados que no vuelven a casa.
Melodía que anuncia derrota cotidiana.
Una ternura amarga como el mate
de las tardes de lluvia en sótanos sin aire,
donde los corazones laten amortiguados
debajo de los sueños
de una ciudad dormida sobre el mundo.
La soledad del jazz tiene consuelo
tan sólo si Thelonious encuentra una armonía
nueva y vieja, sumida en un torrente
de sonidos oscuros.
Y a nadie ya le importa lo que hace o lo que dice
la estrella que se pierde por su ocaso.
¡Qué extraño escalofrío este de los frutos negros
colgados de la venganza
en los árboles sin sombra de la noche!

Esta música negra es bella e inquietante
como una rosa negra.
Esta música negra late al ritmo secreto
del corazón más negro de la noche.
Nació de la tierra negra,
se mueve eternamente al ritmo de una danza
tan negra y tan antigua como el mundo...

El jazz es una zeta como un grito
que rasga las cortinas de la noche.
Un grito que se ahoga en la sordina
lejana de Miles Davis.
El jazz es una música que quiebra
los silencios cobardes,
armonía secreta que no cabe
en los bordes del mundo,
una grieta de amor por donde pierde
cada noche su aliento el pentagrama.
La libertad del jazz es como un pájaro,
azul y jacobino,
que viaja en la funda malherida
del saxofón de Parker,
y sale cada noche a volar por un aire sin fronteras.
Música que hace trizas: zeta en el corazón.

Esta música negra es bella e inquietante
como una rosa negra.
Esta música negra late al ritmo secreto
del corazón más negro de la noche...

El jazz es una zeta caprichosa.
Un garabato roto, la trompeta
de Dizzy que le está pidiendo al cielo
mayor inspiración.
Quiebro espiritual, la cotidiana
conjura de Coltrane contra la noche,
su fe en subir más alto
antes de regresar a la tiniebla
de las horas comunes.
Vibración absoluta de Chet Baker
sobre los corazones encendidos.

Una puerta quebrada
que conduce a jardines estrellados
sin dolor,
                sin angustia,
                                    sin destino.

Esta música negra es bella e inquietante
como una rosa negra.
Body and Soul - Coleman Hawkins, 1939
Coleman Hawkins - Saxo tenor 
Gene Rodgers - Piano 
 Tommy Lindsay, Joe Guy -Trompeta 
 Earl Hardy - Trombón 
William Oscar Smith - Bajo 
Arthur Herbert - Batería

Single petal of a Rose (Duke Ellington) - Ben Webster, 1964
Ben Webster - Saxo tenor
Hank Jones - Piano
Osie Johnson - Batería