Chet Baker - Like Someone In Love

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miércoles, 5 de diciembre de 2018

Literatura y jazz/ 93 - El puerto del invierno - Joaquín Pérez Azaústre - España


Y me he perdido en la ciudad que un día
fuera la luz en el confín del mundo.

El faro que alumbró la nueva tierra
rompe las algas, duerme en el abismo.

Nadie baja en la noche hasta la playa
a escuchar las canciones de las olas que vuelven.

Alguién perdió
la luna y las estrellas
y las cartas marítimas antiguas,
el cielo está tomado por la niebla
de ceniza nevada sobre el mar.

Los viajeros traen nuevas desde Roma
y cuentan que se quema cada día.

El mundo se ha perdido en este mundo,
yo regreso a Lisboa para buscarte.

El saxo de Billy Swann resuena en la penumbra.

¿Recuerdas que bailábamos, recuerdas?

Dijeron: siempre es invierno en Lisboa,
y he venido buscando el invierno vivido
en el fuego sin fin de las caricias.

Es -tú sabes- tan fácil encontrarme.

Busca en el viejo bar con luz de gas.

Alguien mira, perdido, extraño junto al piano.

Tú descubres mi rostro en la ventana,
en la ciudad que un día
fuera la luz en el confín del mundo,
pero pasas en silencio,
apenas miras,
aún te cala mi lluvia en tu tristeza.

No amanece.

El invierno es nocturno en este puerto.
Fragmento de la película El invierno en Lisboa (José A. Zorrilla - 1991), 
basada en la novela homónima de Antonio Muñoz Molina. 
Uno de sus personajes es Billy Swann, al que da vida Dizzy Gillespie.

martes, 14 de octubre de 2014

Residencia de estudiantes - Joaquín Pérez Azaústre - España


Fueron los dos veranos de la conspiración.
Me había confabulado con un hombre invisible
que habitaba ya dentro del espejo
y había previsto el paso de mi paso en la tierra.
Abría la ventana y las contraventanas
de mi cuarto encendido, y había una cortina
de chopos derramados en la lluvia caliente
junto al sendero antiguo del canal.
La transitoriedad tiene estos guiños:
podía atarme a la mesa y escribir
la primera novela, en una habitación,
quizá donde una vez brillara el mar dormido
después de una comida hablando del gin-tonic
como enciclopedistas. Pero ella despertó
después de aquella siesta, y ya se había marchado
para no volver más, aunque volviera.
Y yo mientras vivía y escribía.
Durante dos veranos. La vida en dos veranos
mientras tu propia vida adelgazaba
al otro lado tenue de una llamada corta,
con toda la familia celebrando mi santo,
reunida para mí lejos de mí,
brindando con un vino
que era también mi sangre apelmazada
para todos vosotros: mi sangre de escritor
demasiado lejana de mí mismo,
de tu casa y de ti. Aquí, mientras, dormía
en una fiesta cósmica y secreta
el sueño de unos hombres que no éramos nosotros.
De Las Ollerías