No la había perdido, pero le había quedado inútil como una flor tronchada. El soldado la miró con lástima y se preguntó qué podría hacer ahora con ella. Luchar contra los infieles ya no, pues necesitaba la fuerza de las dos manos. Necesitaba buscar otro camino y encontrar una fortaleza nueva, se dijo. Pensó entonces en escribir un libro y entrevió que eso podría otorgarle alguna nombradía. ¿Conseguiría el favor del Duque de Béjar? ¿Protegeria este alto señor al desconocido soldado Miguel de Cervantes? Nada se perdía con probar.
Chet Baker - Like Someone In Love
Mostrando entradas con la etiqueta Quijotescas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Quijotescas. Mostrar todas las entradas
lunes, 15 de julio de 2019
martes, 21 de mayo de 2019
Microrrelatos/ 34 - Quijotescas/ 33 - Don Quijote cuerdo - Marco Denevi - Argentina
El único momento en que Sancho Panza no dudó de la cordura de don Quijote fue cuando lo nombraron (a él, a Sancho) gobernador de la ínsula Barataria.
Etiquetas:
Americanos,
Marco Denevi,
Microrrelatos,
Prosas,
Quijotescas
viernes, 21 de julio de 2017
Quijotescas/ 32 - Ni siquiera soy polvo - Jorge Luis Borges - Argentina
me ha deparado el siglo diecisiete,
el polvo y la rutina de Castilla,
las cosas repetidas, la mañana
que, prometiendo el hoy, nos da la víspera,
la plática del cura y del barbero,
la soledad que va dejando el tiempo
y una vaga sobrina analfabeta.
Soy hombre entrado en años. Una página
casual me reveló no usadas voces
que me buscaban, Amadís y Urganda.
Vendí mis tierras y compré los libros
que historian cabalmente las empresas:
el Grial, que recogió la sangre humana
que el Hijo derramó para salvarnos,
el ídolo de oro de Mahoma,
los hierros, las almenas, las banderas
y las operaciones de la magia.
Cristianos caballeros recorrían
los reinos de la tierra, vindicando
el honor ultrajado o imponiendo
justicia con los filos de la espada.
Quiera Dios que un enviado restituya
a nuestro tiempo ese ejercicio noble.
Mis sueños lo divisan. Lo he sentido
a veces en mi triste carne célibe.
No sé aún su nombre. Yo, Quijano,
seré ese paladín. Seré mi sueño.
En esta vieja casa hay una adarga
antigua y una hoja de Toledo
y una lanza y los libros verdaderos
que a mi brazo prometen la victoria.
¿A mi brazo? Mi cara (que no he visto)
no proyecta una cara en el espejo.
Ni siquiera soy polvo. Soy un sueño
que entreteje en el sueño y la vigilia
mi hermano y padre, el capitán Cervantes,
que militó en los mares de Lepanto
y supo unos latines y algo de árabe...
Para que yo pueda soñar al otro
cuya verde memoria será parte
de los días del hombre, te suplico:
mi Dios, mi soñador, sigue soñándome.
Etiquetas:
Americanos,
Jorge Luis Borges,
Poemas,
Quijotescas
domingo, 16 de abril de 2017
Microrrelatos/ 19 - Quijotescas/ 31 - Crueldad de Cervantes - Marco Denevi - Argentina
En el primer párrafo del Quijote dice Cervantes que el hidalgo vivía con una ama, una sobrina y un mozo de campo y plaza. A lo largo de toda la novela este mozo espera que Cervantes vuelva a hablar de él. Pero al cabo de dos partes, ciento veintiséis capítulos y más de mil páginas la novela concluye y del mozo de campo y plaza Cervantes no agrega una palabra más.
Etiquetas:
Americanos,
Marco Denevi,
Microrrelatos,
Prosas,
Quijotescas
miércoles, 15 de marzo de 2017
Quijotescas/ 30 - Un jinete - Bel Atreides - España
Tejida su mente de épicas y el fracaso de los siglos
-batallas soñadas no compraron un mundo-
Contempla el jinete un llano que engendra espacio absurdo.
Más allá del polvo bravo -metafísica póstuma de las eras-,
Sobre lomas viejas, tórridos molinos en ogros azules travestidos
Acechan en el aire cocido por el sol.
El ojo del hombre ensueño de gigantes alucina
Y su demencia desafía la cordura del yeso y de la piedra.
Y el jaco embiste...
Y aunque las torres aspadas al caballero triste
Derriban, magnánimo desdeña don Quijote la derrota.
Ésta llegará más tarde, lo cazará en el lecho,
Se llamará cordura, la traerá el hogar, el tino, la vigilia, la renuncia
A los sueños druidas...
De ogros zafiro y oro-epopeya.
Cordura... así los hombres la muerte terca titulan.
Pues de las nieblas de aquella alma demente había salvación,
Pero no en la razón, sino en mayor locura.
Etiquetas:
Bel Atreides,
Españoles,
Poemas,
Quijotescas
viernes, 6 de noviembre de 2015
Quijotescas/ 29 - Soneto dialogado - Miguel Antonio Caro - Colombia
¿Quién eres, Dulcinea, alta señora
del Caballero de Figura Triste?
Si la que vio el villano, Aldonza fuiste,
¿dónde estás tú, la que el hidalgo adora?
Ella
En otra parte. Cuando el cielo llora,
Iris de galas fúlgidas se viste;
fugaz prodigio, que inmortal existe;
cual Noé lo admiró, lo ves tú ahora.
Así una y varia soy; mi nombre, incierto;
quién Hebe me llamó; quién, Galatea,
estrella, hija del mar, flor del desierto.
Al que a solas conmigo fantasea,
vivo le inspiro y le corono muerto:
Aldonza barro fue; yo soy la Idea.
Etiquetas:
Americanos,
Miguel Antonio Caro,
Poemas,
Quijotescas
miércoles, 12 de agosto de 2015
Quijotescas/ 28 - Parábola del sueño y del poeta - Juan Manuel Roca - Colombia
Para Américo Ferrari
Dulcinea del Tobosole entrega una rosa a don Quijote,
pero recibe un puñado de nada.
El Caballero de los Espejos
es vencido por el de la Triste Figura,
pero quien triunfa es el sueño.
El Caballero de la Blanca Luna
sojuzga al de la Mancha,
pero el derrotado es el tiempo.
La cabeza se puebla de hazañas
que la realidad acorrala.
Los libros del enfebrecido Caballero
pasan sus hojas con yelmos de oro
y caballos y hechiceros y pendones
y toscos gigantes que muelen
el viento. Pero el cura y el barbero
los vuelven flor de fuego.
Algo así como un sueño proceloso
y Dulcinea a lo lejos
cultivando jardines de nada.
Etiquetas:
Americanos,
Juan Manuel Roca,
Poemas,
Quijotescas
lunes, 29 de junio de 2015
Quijotescas/ 27 - Locus amoenus/ 5 - Fragmento del Capítulo XI de la Primera parte de Don Quijote de la Mancha - Miguel de Cervantes Saavedra - España
CAPÍTULO XI
De lo que sucedió a Don Quijote con unos cabreros
[...] Después que don Quijote hubo bien satisfecho su estómago, tomó un puño de bellotas en la mano, y, mirándolas atentamente, soltó la voz a semejantes razones:
–Dichosa edad y siglos dichosos aquéllos a quien los antiguos pusieron nombre de dorados, y no porque en ellos el oro, que en esta nuestra edad de hierro tanto se estima, se alcanzase en aquella venturosa sin fatiga alguna, sino porque entonces los que en ella vivían ignoraban estas dos palabras de tuyo y mío. Eran en aquella santa edad todas las cosas comunes; a nadie le era necesario, para alcanzar su ordinario sustento, tomar otro trabajo que alzar la mano y alcanzarle de las robustas encinas, que liberalmente les estaban convidando con su dulce y sazonado fruto. Las claras fuentes y corrientes ríos, en magnífica abundancia, sabrosas y transparentes aguas les ofrecían. En las quiebras de las peñas y en lo hueco de los árboles formaban su república las solícitas y discretas abejas, ofreciendo a cualquiera mano, sin interés alguno, la fértil cosecha de su dulcísimo trabajo. Los valientes1 alcornoques despedían de sí, sin otro artificio que el de su cortesía, sus anchas y livianas cortezas, con que se comenzaron a cubrir las casas, sobre rústicas estacas sustentadas, no más que para defensa de las inclemencias del cielo. Todo era paz entonces, todo amistad, todo concordia; aún no se había atrevido la pesada reja del corvo arado a abrir ni visitar las entrañas piadosas de nuestra primera madre, que ella, sin ser forzada, ofrecía, por todas las partes de su fértil y espacioso seno, lo que pudiese hartar, sustentar y deleitar a los hijos que entonces la poseían. Entonces sí que andaban las simples y hermosas zagalejas de valle en valle y de otero en otero, en trenza y en cabello, sin más vestidos de aquellos que eran menester para cubrir honestamente lo que la honestidad quiere y ha querido siempre que se cubra; y no eran sus adornos de los que ahora se usan, a quien la púrpura de Tiro y la por tantos modos martirizada seda encarecen, sino de algunas hojas verdes de lampazos y yedra entretejidas, con lo que quizá iban tan pomposas y compuestas como van agora nuestras cortesanas con las raras y peregrinas invenciones que la curiosidad ociosa les ha mostrado. Entonces se decoraban2 los concetos amorosos del alma simple y sencillamente, del mesmo modo y manera que ella los concebía, sin buscar artificioso rodeo de palabras para encarecerlos. No había la fraude, el engaño ni la malicia mezcládose con la verdad y llaneza. La justicia se estaba en sus proprios términos, sin que la osasen turbar ni ofender los del favor y los del interese, que tanto ahora la menoscaban, turban y persiguen. La ley del encaje3 aún no se había sentado en el entendimiento del juez, porque entonces no había qué juzgar, ni quién fuese juzgado. Las doncellas y la honestidad andaban, como tengo dicho, por dondequiera, solas y señeras, sin temor que la ajena desenvoltura y lascivo intento les menoscabasen, y su perdición nacía de su gusto y propria voluntad. Y agora, en estos nuestros detestables siglos, no está segura ninguna, aunque la oculte y cierre otro nuevo laberinto, como el de Creta; porque allí, por los resquicios o por el aire, con el celo de la maldita solicitud, se les entra la amorosa pestilencia y les hace dar con todo su recogimiento al traste. Para cuya seguridad, andando más los tiempos y creciendo más la malicia, se instituyó la orden de los caballeros andantes, para defender las doncellas, amparar las viudas y socorrer a los huérfanos y a los menesterosos. Desta orden soy yo, hermanos cabreros, a quien agradezco el gasaje4 y buen acogimiento que hacéis a mí y a mi escudero; que, aunque por ley natural están todos los que viven obligados a favorecer a los caballeros andantes, todavía, por saber que sin saber vosotros esta obligación me acogistes y regalastes, es razón que, con la voluntad a mí posible, os agradezca la vuestra.
Toda esta larga arenga –que se pudiera muy bien escusar– dijo nuestro caballero porque las bellotas que le dieron le trujeron a la memoria la edad dorada y antojósele hacer aquel inútil razonamiento a los cabreros, que, sin respondelle palabra, embobados y suspensos, le estuvieron escuchando. Sancho, asimesmo, callaba y comía bellotas, y visitaba muy a menudo el segundo zaque5, que, porque se enfriase el vino, le tenían colgado de un alcornoque. [...]
1 Grandes.
2 Se recitaban de memoria.
3 Resolución arbitraria tomada por un juez.
4 Agasajo.
5 Odre pequeño.
Etiquetas:
Españoles,
Fragmentos,
Locus amoenus,
Miguel de Cervantes Saavedra,
Prosas,
Quijotescas
martes, 6 de enero de 2015
Poesía para niños/ 10 - Quijotescas/ 26 - Don Quijote - Carmen Gil - España
con lanza y con armadura,
cabalga por la llanura,
más allá del quinto pino.
Va paseando errabundo,
decidido y muy sonriente;
quiere salvar a la gente
y arreglar un poco el mundo.
Todos llaman don Quijote
a un héroe tan atrevido,
que por flaco y escurrido,
más parece un monigote.
No hay duda de su nobleza,
pero con tanta lectura
y sus ganas de aventura,
ha perdido la cabeza.
Y a lomos de Rocinante
-según chismea un vecino-
ha confundido un molino
con un terrible gigante.
Suspira por Dulcinea,
una porquera forzuda,
berreona y bigotuda,
que tiene fama de fea.
Pero él la ve tan bonita...
Y a todos hace jurar
que es la labriega vulgar
una princesa exquisita.
Aunque el hidalgo cenceño1
pase por ser un lunático,
a mí me cae simpático
porque cabalga en un sueño.
1 Cenceño: flaco
Etiquetas:
Carmen Gil,
Españoles,
Poemas,
Poesía para niños,
Quijotescas
miércoles, 23 de abril de 2014
Día Mundial del Libro - Quijotescas/ 25 - Fragmentos del último capítulo de Don Quijote de la Mancha - Miguel de Cervantes - España
Hoy se celebra -como cada año desde hace casi dos décadas- el Día Mundial del Libro, en conmemoración de las muertes de Miguel de Cervantes y William Shakespeare. En realidad, Cervantes murió el 22 de abril de 1616 y fue enterrado al día siguiente. Shakespeare falleció el 23 de abril del mismo año, pero no el mismo 23 de abril, ya que en Inglaterra seguía utilizándose el calendario juliano y en España ya se utilizaba el gregoriano. La muerte de Shakespeare correspondería en el calendario gregoriano al 3 de mayo. Quien sí murió el 23 de abril de 1616 fue el Inca Garcilaso de la Vega.
La UNESCO ha nombrado Capital Mundial del Libro para 2014 a Port Harcourt (Nigeria).
SEGUNDA PARTE
Capítulo LXXIV
De cómo don Quijote cayó malo, y del testamento
que hizo y su muerte
Como las cosas humanas no sean eternas, yendo siempre en declinación de sus principios hasta llegar a su último fin, especialmente las vidas de los hombres, y como la de don Quijote no tuviese privilegio del cielo para detener el curso de la suya, llegó su fin y acabamiento cuando él menos lo pensaba; porque, o ya fuese de la melancolía que le causaba el verse vencido, o ya por la disposición del cielo, que así lo ordenaba, se le arraigó una calentura que le tuvo seis días en la cama, en los cuales fue visitado muchas veces del cura, del bachiller y del barbero, sus amigos, sin quitársele de la cabecera Sancho Panza, su buen escudero. [...]
Llamaron sus amigos al médico, tomóle el pulso, y no le contentó mucho y dijo que, por sí o por no, atendiese a la salud de su alma, porque la del cuerpo corría peligro. Oyólo don Quijote con ánimo sosegado; pero no lo oyeron así su ama, su sobrina y su escudero, los cuales comenzaron a llorar tiernamente, como si ya le tuvieran muerto delante. Fue el parecer del médico que melancolías y desabrimientos le acababan. Rogó don Quijote que le dejasen solo, porque quería dormir un poco. Hiciéronlo así y durmió de un tirón, como dicen, más de seis horas; tanto, que pensaron el ama y la sobrina que se había de quedar en el sueño. Despertó al cabo del tiempo dicho y, dando una gran voz, dijo:
-¡Bendito sea el poderoso Dios, que tanto bien me ha hecho! En fin, sus misericordias no tienen límite, ni las abrevian ni impiden los pecados de los hombres.
Estuvo atenta la sobrina a las razones del tío y pareciéronle más concertadas que él solía decirlas, a lo menos en aquella enfermedad, preguntóle:
-¿Qué es lo que vuestra merced dice, señor? ¿Tenemos algo de nuevo? ¿Qué misericordias son estas, o qué pecados de los hombres?
Las misericordias -respondió don Quijote-, sobrina, son las que en este instante ha usado Dios conmigo, a quien, como dije, no las impiden mis pecados. Yo tengo juicio ya libre y claro, sin las sombras caliginosas de la ignorancia que sobre él me pusieron mi amarga y continua leyenda de los detestables libros de las caballerías. Ya conozco sus disparates y sus embelecos, y no me pesa sino que este desengaño ha llegado tan tarde que no me deja tiempo para hacer alguna recompensa leyendo otros que sean luz del alma. Yo me siento, sobrina, a punto de muerte; querría hacerla de tal modo, que diese a entender que no había sido mi vida tan mala que dejase renombre de loco; que, puesto que1 lo he sido, no querría confirmar esta verdad en mi muerte. Llámame, amiga, a mis buenos amigos: al cura, al bachiller Sansón Carrasco y a maese Nicolás el barbero, que quiero confesarme y hacer mi testamento. [...]
Entró el escribano con los demás, y después de haber hecho la cabeza del testamento y ordenado su alma don Quijote, con todas aquellas circunstancias cristianas que se requieren, llegando a las mandas2, dijo:
-Iten, es mi voluntad que de ciertos dineros que Sancho Panza, a quien en mi locura hice mi escudero, tiene, que porque ha habido entre él y mí ciertas cuentas, y dares y tomares, quiero que no se le haga cargo dellos, ni se le pida cuenta alguna, sino que si sobrare alguno después de haberse pagado de lo que le debo, el restante sea suyo, que será bien poco, y buen provecho le haga; y si como estando yo loco fui parte para darle el gobierno de la ínsula, pudiera agora, estando cuerdo, darle el de un reino, se le diera, porque la sencillez de su condición y fidelidad de su trato lo merece.
Y, volviéndose a Sancho, le dijo:
-Perdóname, amigo, de la ocasión que te he dado de parecer loco como yo, haciéndote caer en el error en que yo he caído de que hubo y hay caballeros andantes en el mundo.
-¡Ay! -respondió Sancho, llorando-. No se muera vuestra merced, señor mío, sino tome mi consejo y viva muchos años; porque la mayor locura que puede hacer un hombre en esta vida es dejarse morir sin más ni más, sin que nadie le mate ni otras manos le acaben que las de la melancolía. Mire no sea perezoso, sino levántese desa cama, y vámonos al campo vestidos de pastores, como tenemos concertado; quizá tras de alguna mata hallaremos a la señora doña Dulcinea desencantada, que no haya más que ver. Si es que se muere de pesar de verse vencido, écheme a mí la culpa, diciendo que por haber yo cinchado mal a Rocinante le derribaron; cuanto más que vuestra merced habrá visto en sus libros de caballerías ser cosa ordinaria derribarse unos caballeros a otros, y el que es vencido hoy ser vencedor mañana.
-Así es -dijo Sansón-, y el buen Sancho Panza está muy en la verdad destos casos.
-Señores -dijo don Quijote-, vámonos poco a poco, pues ya en los nidos de antaño no hay pájaros hogaño. Yo fui loco, y ya soy cuerdo; fui don Quijote de la Mancha y soy agora, como he dicho, Alonso Quijano el Bueno. Pueda con vuestras mercedes mi arrepentimiento y mi verdad volverme a la estimación que de mí se tenía, y prosiga adelante el señor escribano.
-Iten, mando toda mi hacienda, a puerta cerrada, a Antonia Quijana, mi sobrina, que está presente, habiendo sacado primero de lo más bien parado della lo que fuere menester para cumplir las mandas que dejo hechas; y la primera satisfación que se haga quiero que sea pagar el salario que debo del tiempo que mi ama me ha servido, y más veinte ducados para un vestido. Dejo por mis albaceas al señor cura y al señor bachiller Sansón Carrasco, que están presentes.
-Iten, es mi voluntad que si Antonia Quijana, mi sobrina, quisiere casarse, se case con hombre de quien primero se haya hecho información que no sabe qué cosas sean libros de caballerías; y en caso que se averiguare que lo sabe y, con todo eso, mi sobrina quisiere casarse con él y se casare, pierda todo lo que le he mandado, lo cual puedan mis albaceas distribuir en obras pías a su voluntad.
-Iten, suplico a los dichos señores mis albaceas que si la buena suerte les trujere a conocer al autor que dicen que compuso una historia que anda por ahí con el título de Segunda parte de las hazañas de don Quijote de la Mancha, de mi parte le pidan, cuan encarecidamente ser pueda, perdone la ocasión que sin yo pensarlo le di de haber escrito tantos y tan grandes disparates como en ella escribe; porque parto desta vida con escrúpulo de haberle dado motivo para escribirlos.
-Iten, mando toda mi hacienda, a puerta cerrada, a Antonia Quijana, mi sobrina, que está presente, habiendo sacado primero de lo más bien parado della lo que fuere menester para cumplir las mandas que dejo hechas; y la primera satisfación que se haga quiero que sea pagar el salario que debo del tiempo que mi ama me ha servido, y más veinte ducados para un vestido. Dejo por mis albaceas al señor cura y al señor bachiller Sansón Carrasco, que están presentes.
-Iten, es mi voluntad que si Antonia Quijana, mi sobrina, quisiere casarse, se case con hombre de quien primero se haya hecho información que no sabe qué cosas sean libros de caballerías; y en caso que se averiguare que lo sabe y, con todo eso, mi sobrina quisiere casarse con él y se casare, pierda todo lo que le he mandado, lo cual puedan mis albaceas distribuir en obras pías a su voluntad.
-Iten, suplico a los dichos señores mis albaceas que si la buena suerte les trujere a conocer al autor que dicen que compuso una historia que anda por ahí con el título de Segunda parte de las hazañas de don Quijote de la Mancha, de mi parte le pidan, cuan encarecidamente ser pueda, perdone la ocasión que sin yo pensarlo le di de haber escrito tantos y tan grandes disparates como en ella escribe; porque parto desta vida con escrúpulo de haberle dado motivo para escribirlos.
Cerró con esto el testamento y, tomándole un desmayo, se tendió de largo a largo en la cama. Alborotáronse todos y acudieron a su remedio, y en tres días que vivió después deste donde hizo el testamento, se desmayaba muy a menudo. Andaba la casa alborotada; pero, con todo, comía la sobrina, brindaba el ama y se regocijaba Sancho Panza; que esto del heredar algo borra o templa en el heredero la memoria de la pena que es razón que deje el muerto.
En fin, llegó el último de don Quijote, después de recebidos todos los sacramentos y después de haber abominado con muchas y eficaces razones de los libros de caballerías. Hallóse el escribano presente y dijo que nunca había leído en ningún libro de caballerías que algún caballero andante hubiese muerto en su lecho tan sosegadamente y tan cristiano como don Quijote; el cual, entre compasiones y lágrimas de los que allí se hallaron, dio su espíritu, quiero decir que se murió.
Viendo lo cual el cura, pidió al escribano le diese por testimonio cómo Alonso Quijano el Bueno, llamado comúnmente don Quijote de la Mancha, había pasado desta presente vida y muerto naturalmente; y que el tal testimonio pedía para quitar la ocasión de que algún otro autor que Cide Hamete Benengeli le resucitase falsamente y hiciese inacabables historias de sus hazañas.
Este fin tuvo el Ingenioso Hidalgo de la Mancha, cuyo lugar no quiso poner Cide Hamete puntualmente, por dejar que todas las villas y lugares de la Mancha contendiesen entre sí por ahijársele y tenérsele por suyo, como contendieron las siete ciudades de Grecia por Homero.
Déjanse de poner aquí los llantos de Sancho, sobrina y ama de don Quijote, los nuevos epitafios de su sepultura, aunque Sansón Carrasco le puso éste:
Yace aquí el hidalgo fuerte
que a tanto estremo llegó
de valiente, que se advierte
que la muerte no triunfó
de su vida con su muerte.
Tuvo a todo el mundo en poco;
fue el espantajo y el coco
del mundo, en tal coyuntura,
que acreditó su ventura
morir cuerdo y vivir loco.
Y el prudentísimo Cide Hamete dijo a su pluma:
-"Aquí quedarás, colgada desta espetera3 y deste hilo de alambre, ni sé si bien cortada o mal tajada péñola4 mía, adonde vivirás luengos siglos, si presuntuosos y malandrines historiadores no te descuelgan para profanarte. Pero antes que a ti lleguen, les puedes advertir y decirles en el mejor modo que pudieres:
-"Aquí quedarás, colgada desta espetera3 y deste hilo de alambre, ni sé si bien cortada o mal tajada péñola4 mía, adonde vivirás luengos siglos, si presuntuosos y malandrines historiadores no te descuelgan para profanarte. Pero antes que a ti lleguen, les puedes advertir y decirles en el mejor modo que pudieres:
—¡Tate, tate, folloncicos!
De ninguno sea tocada;
porque esta empresa, buen rey,
para mí estaba guardada.
Para mí sola nació don Quijote, y yo para él; él supo obrar y yo escribir; solos los dos somos para en uno, a despecho y pesar del escritor fingido y tordesillesco que se atrevió, o se ha de atrever, a escribir con pluma de avestruz grosera y mal deliñada las hazañas de mi valeroso caballero, porque no es carga de sus hombros ni asunto de su resfriado ingenio; a quien advertirás, si acaso llegas a conocerle, que deje reposar en la sepultura los cansados y ya podridos huesos de don Quijote, y no le quiera llevar, contra todos los fueros de la muerte, a Castilla la Vieja, haciéndole salir de la fuesa5 donde real y verdaderamente yace tendido de largo a largo, imposibilitado de hacer tercera jornada y salida nueva; que para hacer burla de tantas como hicieron tantos andantes caballeros, bastan las dos que él hizo tan a gusto y beneplácito de las gentes a cuya noticia llegaron, así en estos como en los estraños reinos. Y con esto cumplirás con tu cristiana profesión, aconsejando bien a quien mal te quiere, y yo quedaré satisfecho y ufano de haber sido el primero que gozó el fruto de sus escritos enteramente, como deseaba, pues no ha sido otro mi deseo que poner en aborrecimiento de los hombres las fingidas y disparatadas historias de los libros de caballerías, que por las de mi verdadero don Quijote van ya tropezando, y han de caer del todo, sin duda alguna". Vale6.
1 Puesto que: aunque. 2 Mandas: legados.
3 Espetera: tabla con garfios para colgar utensilios de cocina.
4 Péñola: pluma.
5 Fuesa: fosa, sepultura.
6 Vale: en latín, adiós.
Etiquetas:
Españoles,
Fragmentos,
Miguel de Cervantes Saavedra,
Poemas,
Prosas,
Quijotescas
miércoles, 14 de diciembre de 2011
QUIJOTESCAS/ 24 - Leitmotiv - Antonio Casares - España

Aunque esta serie se dio por finalizada con la entrega nº 23 en la que el padre de Don Quijote se reivindica a sí mismo, el soneto de Antonio Casares bien merece que la rescatemos, aunque sea momentáneamente.
¿En qué dios se inspiró, qué oscuro numen
le dio el bello perfume de las rosas,
cómo hizo caber todas las cosas
en el breve recinto de un volumen?
En él todas las cosas se resumen,
Las más terribles y maravillosas,
Las más sublimes y las más tediosas,
Y aquellas que en el fuego se consumen.
Él volvió a unir lo igual y lo disperso,
El futuro y el hoy, el hoy y el antes,
Los mundos materiales con la Idea.
En El Quijote cabe el universo,
Pero ¿qué habría sido de Cervantes,
Si no hubiese soñado a Dulcinea?
Etiquetas:
Antonio Casares,
Españoles,
Poemas,
Quijotescas
lunes, 26 de septiembre de 2011
QUIJOTESCAS/y 23 - Dice Cervantes de sí mismo - Miguel de Cervantes Saavedra - España

Esta serie podría durar eternamente, pero en esta vida todo concluye, de modo que aquí ponemos punto y final... de momento. Y lo hacemos, como no podría ser de otro modo, con un poema de nuestro padre Cervantes, donde el autor del Quijote se reivindica a sí mismo, y hace bien. El poema es, en realidad, un fragmento del Viaje del Parnaso (1614).
[...]
Yo corté con mi ingenio aquel vestido
con que al mundo la hermosa Galatea
salió para librarse del olvido.
Soy por quien La Confusa, nada fea,
pareció en los teatros admirable,
si esto a su fama es justo se le crea.
Yo, con estilo en parte razonable,
he compuesto Comedias que, en su tiempo,
tuvieron de lo grave y de lo afable.
Yo he dado en Don Quijote pasatiempo
al pecho melancólico y mohíno,
en cualquier sazón, en todo tiempo.
Yo he abierto en mis Novelas un camino,
por do la lengua castellana puede
mostrar con propiedad un desatino.
Yo soy aquel que en la invención excede
a muchos, y al que falta en esta parte,
es fuerza que su fama falta quede.
Desde mis tiernos años amé el arte
dulce de la agradable poesía,
y en ella procuré siempre agradarte.
Nunca voló la humilde pluma mía
por la región satírica, bajeza
que a infames premios y desgracias guía.
Yo el soneto compuse que así empieza,
por honra principal de mis escritos:
Voto a Dios, que me espanta esta grandeza.
Yo he compuesto romances infinitos,
y el de Los celos es aquel que estimo,
entre otros que los tengo por malditos.
Por esto me congojo y me lastimo
de verme solo en pie, sin que se aplique
árbol que me conceda algún arrimo.
Yo estoy, cual decir suelen, puesto a pique
por dar a la estampa el gran Pirsiles
con que mi nombre y obras multiplique.
Yo en pensamientos castos y sotiles,
dispuestos en sonetos de a docena,
he honrado tres sujetos fregoniles.
...
[...]
Yo corté con mi ingenio aquel vestido
con que al mundo la hermosa Galatea
salió para librarse del olvido.
Soy por quien La Confusa, nada fea,
pareció en los teatros admirable,
si esto a su fama es justo se le crea.
Yo, con estilo en parte razonable,
he compuesto Comedias que, en su tiempo,
tuvieron de lo grave y de lo afable.
Yo he dado en Don Quijote pasatiempo
al pecho melancólico y mohíno,
en cualquier sazón, en todo tiempo.
Yo he abierto en mis Novelas un camino,
por do la lengua castellana puede
mostrar con propiedad un desatino.
Yo soy aquel que en la invención excede
a muchos, y al que falta en esta parte,
es fuerza que su fama falta quede.
Desde mis tiernos años amé el arte
dulce de la agradable poesía,
y en ella procuré siempre agradarte.
Nunca voló la humilde pluma mía
por la región satírica, bajeza
que a infames premios y desgracias guía.
Yo el soneto compuse que así empieza,
por honra principal de mis escritos:
Voto a Dios, que me espanta esta grandeza.
Yo he compuesto romances infinitos,
y el de Los celos es aquel que estimo,
entre otros que los tengo por malditos.
Por esto me congojo y me lastimo
de verme solo en pie, sin que se aplique
árbol que me conceda algún arrimo.
Yo estoy, cual decir suelen, puesto a pique
por dar a la estampa el gran Pirsiles
con que mi nombre y obras multiplique.
Yo en pensamientos castos y sotiles,
dispuestos en sonetos de a docena,
he honrado tres sujetos fregoniles.
...
Etiquetas:
Españoles,
Fragmentos,
Miguel de Cervantes Saavedra,
Poemas,
Quijotescas
viernes, 23 de septiembre de 2011
QUIJOTESCAS/22 - Don Quijote - Dulcinea - José Saramago - Portugal
Don QuijoteNo veo Dulcineas, Don Quijote,
ni gigantes, ni islas, nada existe
de tu sueño de loco.
Sólo molinos, mujeres y Baratarias,
cosas reales que Sancho bien conoce
y para ti son poco.
Dulcinea
Quién eres tú no importa, ni conoces
el sueño en que nació tu rostro:
cristal vacío y mudo.
De la sangre de Quijote te alimentas,
del alma que en él muere es que recibes
la fuerza de ser todo.
Etiquetas:
Europeos,
José Saramago,
Poemas,
Quijotescas
martes, 2 de agosto de 2011
QUIJOTESCAS/21 - Teoría de Dulcinea - Juan José Arreola - México

En un lugar solitario cuyo nombre no viene al caso hubo un hombre que se pasó la vida eludiendo a la mujer concreta.
Prefirió el goce manual de la lectura, y se congratulaba eficazmente cada vez que un caballero andante embestía a fondo uno de esos vagos fantasmas femeninos, hechos de virtudes y faldas superpuestas, que aguardan al héroe después de cuatrocientas páginas de hazañas, embustes y despropósitos.
En el umbral de la vejez, una mujer de carne y hueso puso sitio al anacoreta en su cueva. Con cualquier pretexto entraba al aposento y lo invadía con un fuerte aroma de sudor y de lana, de joven mujer campesina recalentada por el sol.
El caballero perdió la cabeza, pero lejos de atrapar a la que tenía enfrente, se echó en pos, a través de páginas y páginas, de un pomposo engendro de fantasía. Caminó muchas leguas, alanceó corderos y molinos, desbarbó unas cuantas encinas y dio tres o cuatro zapatetas en el aire. Al volver de la búsqueda infructuosa, la muerte le aguardaba en la puerta de su casa. Sólo tuvo tiempo para dictar un testamento cavernoso, desde el fondo de su alma reseca.
En el umbral de la vejez, una mujer de carne y hueso puso sitio al anacoreta en su cueva. Con cualquier pretexto entraba al aposento y lo invadía con un fuerte aroma de sudor y de lana, de joven mujer campesina recalentada por el sol.
El caballero perdió la cabeza, pero lejos de atrapar a la que tenía enfrente, se echó en pos, a través de páginas y páginas, de un pomposo engendro de fantasía. Caminó muchas leguas, alanceó corderos y molinos, desbarbó unas cuantas encinas y dio tres o cuatro zapatetas en el aire. Al volver de la búsqueda infructuosa, la muerte le aguardaba en la puerta de su casa. Sólo tuvo tiempo para dictar un testamento cavernoso, desde el fondo de su alma reseca.
Pero un rostro polvoriento de pastora se lavó con lágrimas verdaderas, y tuvo un destello inútil ante la tumba del caballero demente.
Etiquetas:
Americanos,
Juan José Arreola,
Prosas,
Quijotescas
viernes, 6 de mayo de 2011
Quijotescas/20 - Curioso discurso de Don Quijote sobre las armas y las letras - Marco Martos - Perú
Con armas se defienden las repúblicas,se conservan los reinos y ciudades,
se aseguran caminos y los puentes,
se despejan los mares de corsarios.
Ser eminente en letras cuesta mucho,
el tiempo se nos gasta en las vigilias,
en hambre, desnudez o cefaleas
o fuertes calenturas del estomago.
Ser buen soldado da mucha congoja
a los humildes de esta fiera España
a pique de perder la vida entera
en la tierra o dominio de Neptuno.
En la guerra dejo necesidad,
si tuviera dineros no sería
temerario Quijote en los combates,
aunque guardo muy llena la talega
para comprar las islas Baratarias,
deleite de los Sanchos con su panza.
Sedas de Dulcinea del Toboso,
libros de mis hazañas que ya adornan
bibliotecas enteras en La Mancha,
espadazos de furia que reparto
a oscuros malandrines de los campos,
o bellacos fantasmas de gigantes,
salen de faltriquera que bien cuido
como algo muy precioso en mis hazañas.
¡Sueña, Sancho, no duermas, sueña, sueña
para ganar la fama castellana,
nuestro padre, que Dios tenga en la gloria,
don Miguel de Cervantes Saavedra,
la péndola que escribe sin descanso
cuando buenos lectores abren libros!
Etiquetas:
Americanos,
Marco Martos,
Poemas,
Quijotescas
miércoles, 23 de marzo de 2011
Quijotescas/19 - Soneto del vencido - Rubén Bonifaz Nuño - México

a Eulalio Ferrer
Miserable acabó, murió desnudo.Mas qué gloria vistió mientras vivía:
para el sin ojos, puertas fue del día;
boca y orejas, para el sordo y mudo.
Quiso el amor y la victoria, y pudo
vencer y amar, en armas y armonía.
Y concilió vejez y valentía,
y con la espada ennobleció el escudo.
Hoy, opaco y desnudo, aquí reposa.
Pasión, batallas; todo queda en poco:
una cama de enfermo, un mal recuerdo.
Es, pero no es él mismo. Triste cosa.
Perdió el lujo de haber vivido loco,
en la miseria de morirse cuerdo.
Etiquetas:
Americanos,
Poemas,
Quijotescas,
Rubén Bonifaz Nuño
martes, 21 de diciembre de 2010
QUIJOTESCAS/18 - Fragmento de Los versos de cabo roto - Ricardo Palma - Perú

Cuando (y ya hace fecha) éramos en el colegio estudiantes de literatura castellana, cascabeleábamos, no poco, la estructura de ésta y otras espinelas que se encuentran en el Quijote del gran Cervantes:
Advierte que es desati
siendo de vidrio el teja
tomar piedras en la ma
para tirar al veci
Deja que el hombre de jui
en las obras que compo
se vaya con pies de plo
que el que saca a luz pape
para entretener donce
escribe a tontas y a lo
En este siglo, en que los poetas derrochaban ingenio, escribiendo acrósticos, abusando de las paranomasias o inventando combinaciones rítmicas más o menos estrafalarias, cupo a Cervantes poner a la moda los versos llamados de cabo roto, y de los que la décima que acabamos de copiar es una muestra.
Advierte que es desati
siendo de vidrio el teja
tomar piedras en la ma
para tirar al veci
Deja que el hombre de jui
en las obras que compo
se vaya con pies de plo
que el que saca a luz pape
para entretener donce
escribe a tontas y a lo
En este siglo, en que los poetas derrochaban ingenio, escribiendo acrósticos, abusando de las paranomasias o inventando combinaciones rítmicas más o menos estrafalarias, cupo a Cervantes poner a la moda los versos llamados de cabo roto, y de los que la décima que acabamos de copiar es una muestra.
Etiquetas:
Americanos,
Fragmentos,
Miguel de Cervantes Saavedra,
Poemas,
Prosas,
Quijotescas,
Ricardo Palma
martes, 30 de noviembre de 2010
QUIJOTESCAS/17 - A nuestro señor Don Quijote de La Mancha - Dionisio Aymará - Venezuela
¿Qué súbita llamada de aventura
te armó, señor, poeta y caballero?
Ya sin coraza fiel ni limpio acero
puedes cruzar la ilímite llanura.
Tal en la luz la desolada altura
ciñe en la noche el pávido lucero,
puebla de claridades tu sendero
la encendida razón de la locura.
Apenas hoy, desnuda, en la memoria
yace tu sombra. Apenas la ilusoria
brisa del tiempo fustigó tu ceño.
Sólo tu brazo, ciego en el vacío,
vela en su alucinado poderío
por la transida plenitud del sueño.
te armó, señor, poeta y caballero?
Ya sin coraza fiel ni limpio acero
puedes cruzar la ilímite llanura.
Tal en la luz la desolada altura
ciñe en la noche el pávido lucero,
puebla de claridades tu sendero
la encendida razón de la locura.
Apenas hoy, desnuda, en la memoria
yace tu sombra. Apenas la ilusoria
brisa del tiempo fustigó tu ceño.
Sólo tu brazo, ciego en el vacío,
vela en su alucinado poderío
por la transida plenitud del sueño.
Etiquetas:
Americanos,
Dionisio Aymará,
Poemas,
Quijotescas
jueves, 4 de noviembre de 2010
QUIJOTESCAS/16 - Don Quijote impugna a los comentadores de Cervantes por razones puramente personales - Pedro Lastra - Chile
Secoapergaminado por las largas vigilias
leo una vez y otra
la misma historia de esa Dulcinea
que no es historia porque yo la veo
claramente detrás de las paredes
y en las hojas del bosque rumoroso
que son las que mejor cuentan su historia.
Cómo van a saber lo mismo que yo sé
gentes que sólo saben
refocilarse en su ceguera
ayudados por turbios lazarillos
malandrines
falsos comendadores
que nunca vi en mis libros verdaderos.
Cómo van a saber si aquí el que ama
a una mujer soy yo. Y si no fuera
por el bueno de Sancho a quien le basta
creer para mirar y que ama todo
cuanto sus ojos miran
más valdría
(como dirá Vallejo cuando yo me haya muerto)
que se lo coman todo y acabemos.
Etiquetas:
Americanos,
Pedro Lastra,
Poemas,
Quijotescas
sábado, 3 de julio de 2010
QUIJOTESCAS/ 15 - Fragmento de Don Quixote - Carlos Drummond de Andrade - Brasil

I. Soneto de la locura
Es rica, mi pobre casa, en quimeras
y voy sin destino lidiando espantos,
mi nombre ha de romper obscuras eras,
tal cual Pentapolín, rey Garamanta.
Ronda mi mente un tropel de batallas
jamás vistas en tierra, mar o infierno.
Si de la cocina escapa olor de ajo
me huele a aroma de la gloria eterna.
Doncellas a salvar, mil en la Tierra
y yo y mi rocín, chispa, grito,
fin a entuertos, héroe de seda y fierro,
y no duermo, angustiado, y ceno nubes
con la obsesión de que al fin la bendita
Edad de Oro de las alturas baje.
Traducción de Edmundo Font
Etiquetas:
Americanos,
Carlos Drummond de Andrade,
Fragmentos,
Poemas,
Quijotescas
Suscribirse a:
Entradas (Atom)









