Michel Camilo & Tomatito - Spain Forever (2016)

jueves, 30 de enero de 2014

Literatura y jazz/ 14 - Fragmento de Rayuela (4) - Julio Cortázar - Argentina


Del lado de allá

Capítulo 17

    [...] el jazz es como un pájaro que migra o emigra o inmigra o transmigra, saltabarreras, burlaaduanas, algo que corre y se difunde y esta noche en Viena está cantando Ella Fitzgerald mientras en París Kenny Clarke inaugura una cave y en Perpignan brincan los dedos de Oscar Peterson, y Satchmo por todas partes con el don de ubicuidad que le ha prestado el Señor, en Birmingham, en Varsovia, en Milán, en Buenos Aires, en Ginebra, en el mundo entero, es inevitable, es la lluvia y el pan y la sal, algo absolutamente indiferente a los ritos nacionales, a las tradiciones inviolables, al idioma y al folklore: una nube sin fronteras, un espía del aire y del agua, una forma arquetípica, algo de antes, de abajo, que reconcilia mexicanos con noruegos y rusos y españoles, los reincorpora al oscuro fuego central olvidado, torpe y mal y precariamente los devuelve a un origen traicionado, les señala que quizá había otros caminos y que el que tomaron no era el único y no era el mejor, o que quizá había otros caminos y que el que tomaron era el mejor, pero que quizá había otros caminos dulces de caminar y que no los tomaron, o los tomaron a medias, y que un hombre es siempre más que un hombre y siempre menos que un hombre, más que un hombre porque encierra eso que el jazz alude y soslaya y hasta anticipa, y menos que un hombre porque de esa libertad ha hecho un juego estético o moral, un tablero de ajedrez donde se reserva ser el alfil o el caballo, una definición de libertad que se enseña en las escuelas, precisamente en las escuelas donde jamás se ha enseñado y jamás se enseñará a los niños el primer compás de un ragtime y la primera frase de un blues, etcétera, etcétera. 

I could sit right here and think a thousand miles away,
I could sit right here and think a thousand miles away,
Since I had the blues this bad, I can't remember the day...
Honky Tonk Blues - Jelly Roll Morton

martes, 28 de enero de 2014

Presencia - José Emilio Pacheco - México / Poeta ante las Musas - Antonio Casares - España


¿Qué va a quedar de mí cuando me muera
sino esta llave ilesa de agonía,
estas pocas palabras con que el día,
dejó cenizas de su sombra fiera?

¿Qué va a quedar de mí cuando me hiera
esa daga final? Acaso mía
será la noche fúnebre y vacía
que vuelva a ser de pronto primavera.

No quedará el trabajo, ni la pena
de creer y de amar. El tiempo abierto,
semejante a los mares y al desierto,

ha de borrar de la confusa arena
todo lo que me salva o encadena.
Más si alguien vive yo estaré despierto.

  José Emilio Pacheco, ensayista, colaborador de prensa, traductor, novelista, pero sobre todo poeta, falleció el domingo pasado en Ciudad de México a los 74 años. Descanse.
     Ganador de todos los premios literarios de la  lengua española habidos y por haber -entre ellos el Reina Sofía de Poesía Iberoamericana (2009) y el Cervantes (2009), cuyo importe de 125.000 € donó a clínicas y hospitales- era considerado por muchos de sus paisanos como el "poeta de México", pero él no estaba de acuerdo: ni siquiera soy el mejor poeta de mi barrio, ¿no ven que soy vecino de Juan Gelmán?, decía el bueno de Pacheco, conocido por su humildad y su estilo "casero", como lo definió Elena Poniatovska. Precisamente a su gran amigo Gelman le dedicó la última columna en prensa, escrita poco antes de morir.
    Pacheco era uno de los últimos representantes de lo que se llamó "Generación de los años cincuenta": Carlos Monsiváis, Eduardo Lizalde, Sergio Pitol, Juan Vicente Melo, Vicente Leñero, Sergio Galindo, Salvador Elizondo...

    Hay más poemas de José Emilio Pacheco en este blog.

    El poeta Antonio Casares le dedica estos versos:

Difícil es morir con dignidad.
                           (JOSÉ EMILIO PACHECO)
Cuando estés en presencia de las Musas
y te pregunten qué es lo que has hecho
para cambiar, como Rimbaud, la vida
o transformar el mundo con tus versos,
responde que has amado las palabras,
la libertad, la rosa de los sueños,
el cielo de los altos ideales,
el destino, aunque fuera adverso,
y si no es suficiente con decírselo,
y prefieren escuchar tu silencio,
y te miran con cierta displicencia,
como si miraran a un díscolo Orfeo,
no se lo tengas demasiado en cuenta,
de sobra saben cuánto amas el verbo,
cuánta belleza hay en tu poesía,
cuánto hay en ti de poeta verdadero,
cuánto les debes a su inspiración,
cuánto te deben, cuánto te debemos,
por hacer más hermosa la existencia,
por hacer habitable el universo,
por la eterna belleza de tu obra,
por llamarte José Emilio Pacheco.

                                      (Santander, 27 de enero de 2014)

lunes, 27 de enero de 2014

Literatura y jazz/ 13 - Fragmento de Rayuela (3) - Julio Cortázar - Argentina


Del lado de allá

Capítulo 17

    [...] A Guy Monod se le había ocurrido despertarse cuando Ronald y Etienne se ponían de acuerdo para escuchar a Jelly Roll Morton; abriendo un ojo decidió que esa espalda que se recortaba contra la luz de las velas verdes era la de Gregorovius. Se estremeció violentamente, las velas verdes vistas desde una cama le hacían mala impresión, la lluvia en la claraboya mezclándose extrañamente con un resto de imágenes de sueño, había estado soñando con un sitio absurdo pero lleno de sol, donde Gaby andaba desnuda tirando migas de pan a unas palomas grandes como patos y completamente estúpidas. "Me duele la cabeza", se dijo Guy. No le interesaba en absoluto Jelly Roll Morton aunque era divertido oir la lluvia en la claraboya y que Jelly Roll cantara: Stood in a corner, with her feet soaked and wet..., seguramente Wong hubiera fabricado en seguida una teoría sobre el tiempo real y el poético, ¿pero sería cierto que Wong había hablado de hacer café? Gaby dándole migas a las palomas y Wong, la voz de Wong metiéndose entre las piernas de Gaby desnuda en un jardín con flores violentas, diciendo: "Un secreto aprendido en el casino de Menton." Muy posible que Wong, después de todo, apareciera con una cafetera llena.
    Jelly Roll estaba en el piano marcando suavemente el compás con el zapato a falta de mejor percusión, Jelly Roll podía cantar Mamie's Blues hamacándose un poco, los ojos fijos en una moldura del cielo raso, o era una mosca que iba y venía en los ojos de Jelly Roll. Two-nineteen done took my baby away... La vida había sido eso, trenes que se iban llevándose y trayéndose a la gente mientras uno se quedaba en la esquina con los pies mojados, oyendo un piano mecánico y carcajadas manoseando las vitrinas amarillentas de la sala donde no siempre se tenía dinero para entrar. Two-nineteen done took my baby away... Baba había tomado tantos trenes en la vida, le gustaba viajar en tren si al final había algún amigo esperándola, si Roland le pasaba la mano por la cadera, dulcemente como ahora, dibujándole la música en la piel, Two-seventeen'll bring her back some day, por supuesto algún día otro tren la traería de vuelta, pero quién sabe si Jelly Roll iba a estar en ese andén, en ese piano, en esa hora en que había cantado los blues de Mamie Desdume, la lluvia sobre una claraboya de París a la una de la madrugada, los pies mojados y la puta que murmura If you can't give a dollar, gimme a lousy dime, Baba había dicho cosas así en Cincinnati, todas las mujeres habían dicho cosas así alguna vez en alguna parte, hasta en las camas de los reyes, Baba se hacía una idea muy especial de las camas de los reyes pero de todos modos alguna mujer habría dicho una cosa así, If you can't give a million, gimme a lousy grand, cuestión de proporciones, y por qué el piano de Jelly Roll era tan triste, tan esa lluvia que había despertado a Guy, que estaba haciendo llorar a la Maga, y Wong que no venía con el café. [...]
Mamie's Blues (Mamie Desdume) - Jelly Roll Morton, 1939

viernes, 24 de enero de 2014

Literatura y jazz/ 12 - Fragmento de Rayuela (2) - Julio Cortázar - Argentina


Del lado de allá

Capítulo 11

    [...] Gregorovius suspiró y bebió más vodka. Lester Young, saxo tenor, Dickie Wells, trombón, Joe Bushkin, piano, Bill Coleman, trompeta, John Simmons, contrabajo, Joe Jones, batería. Four O'clock Drag. Sí, grandísimos lagartos, trombones a la orilla del río, blues arrastrándose, probablemente drag quería decir lagarto de tiempo, arrastre interminable de las cuatro de la mañana. O completamente otra cosa. [...]


Four O'clock Drag (Milt Gabler) (The "Kansas City" Sessions), 1938 
Lester Young - Saxo tenor 
Dickie Wells - Trombón 
Joe Bushkin - Piano 
Bill Coleman - Trompeta 
John Simmons - Contrabajo 
Joe Jones - Batería

martes, 21 de enero de 2014

Literatura y jazz/ 11 - Save it, pretty mama - Fragmento de Rayuela (1) - Julio Cortázar - Argentina

Emilio Pettoruti (Argentina)
[...] en estos días alterno la lectura y difusión de documentos de la CADHU sobre los campos de terror en la Argentina con los últimos cuentos de Izak Dinesen y una admirable revista californiana de poesía, Invisible City. Esta última me hace pensar, un poco sorprendido, que en los poemas que voy sumando aquí hay pocas presencias anglosajonas, siempre tan advertibles en mis cuentos y novelas. Pensar que Keats, que los isabelinos, que T. S. Elliot... Y justamente entonces asoma un meopa1 de nostalgia amorosa que resbalando por praderas inglesas va a parar a los campos de algodón sureños, al recuerdo de Lionel Hampton tocando Save it, pretty mama como nadie lo tocó salvo Louis Armstrong. Los tres hablamos a nuestra manera de una mujer querida, salvo que ellos lo hacen para llamarla y yo porque ya se ha ido.

Sálvalo, mamita,
sálvame tantas noches de naufragio,
salva tu blusa azul (era en enero, en Roma)
sálvalo todo, o salva lo que puedas.

Esto se viene abajo, pretty mama,
sálvalo del olvido, no permitas
que se llueva la casa, que se borre
la trattoría de Giovanni,
corre por mí por ti, sálvalo ahora,
te estás yendo y los pájaros se mueren,
me voy de ti te vas de mí, no hay tiempo,
sálvalo pretty mama,
la voz de Satchmo y ese grito
que te sumía en lo más hondo del amor,
save it all for me,
save it all for you,
save it all for us,

aunque no salves nada, sálvalo mamita.

por su-
puesto la
traduc-
ción de to
save
no es
correcta,
aunque
perfecta-
mente
justa co-
mo suele
y debe
suceder
en las
buenas
traduc-
ciones.


Louis Armstrong and His Orchestra, 1928. Al piano, Earl Hines


Rayuela
Del lado de allá

Capítulo 11

[...] El vibráfono tanteaba el aire, iniciando escaleras equívocas, dejando un peldaño en blanco saltaba cinco de una vez y reaparecía en lo más alto, Lionel Hampton balanceaba Save it pretty mama, se soltaba y caía rodando entre vidrios, giraba en la punta de un pie, constelaciones instantáneas, cinco estrellas, tres estrellas, diez estrellas, las iba apagando con la punta del escarpín, se hamacaba con una sombrilla japonesa girando vertiginosamente en la mano, y toda la orquesta entró en la caída final, una trompeta bronca, la tierra, vuelta abajo, volatinero al suelo, finibus, se acabó.

Lionel Hampton and His Orchestra, 1940


1 Cortázar llamaba a sus poemas pameos y meopas. También prosemas. (N. de J. N.)

Seguimos recuperando entradas para la serie.

sábado, 18 de enero de 2014

Literatura y jazz/ 10 - Louis, enormísimo cronopio - Julio Cortázar - Argentina

Louis Armstrong
    Parece que el pajarito mandón más conocido por Dios sopló en el flanco del primer hombre para animarlo y darle espíritu. Si en vez del pajarito hubiera estado allí Louis para soplar, el hombre habría salido mucho mejor. La cronología, la historia y demás concatenaciones, son una inmensa desgracia. Un mundo que hubiera empezado por Picasso en vez de acabar por él, sería un mundo exclusivamente para cronopios, y en todas las esquinas los cronopios bailarían tregua y bailarían catala, y subido al farol del alumbrado Louis soplaría durante horas haciendo caer del cielo grandísimos pedazos de estrellas de almíbar y frambuesa, para que comieran los niños y los perros.    
    Son cosas que uno piensa cuando está embutido en una platea del teatro des Champs Elysées y Louis va a salir de un momento a otro, pues esta tarde se descolgó en París como un ángel, es decir que vino en Air France y uno se imagina el inmenso lío en la cabina del avión, con numerosos famas provistos de carteras llenas de documentos y presupuestos y Louis entre ellos muerto de risa mostrando con el dedo los paisajes que los famas prefieren no mirar porque les viene el vómito, pobres. Y Louis comiendo un hot-dog que la chica del avión le ha traído para darle el gusto y porque si no se lo trae, Louis la va a correr por todo el aeroplano hasta conseguir que la chica le fabrique un hot-dog. A todo esto, llegan a París y abajo están los periodistas, por eso ahora tengo la foto de France-Soir y Louis está ahí, rodeado de caras blancas, y sin ningún prejuicio realmente yo creo que en esa foto su cara es la única cara humana entre tantas caras de reporteros. 
   Ahora, vea usted como son las cosas en este teatro: en este teatro donde una vez el grandísimo cronopio Nijinsky descubrió que en el aire hay columpios secretos y escaleras que llevan a la alegría, dentro de un minuto va a salir Louis y va a empezar el fin del mundo. Por supuesto Louis no tiene la más pequeña idea de que en el lugar donde planta sus zapatones amarillos se posaron una vez los escarpines de Nijinsky; pero precisamente lo bueno de los cronopios está en que nunca se preocupan por lo que pasó alguna vez o si ese señor en el palco es el Príncipe de Gales. A Nijinsky tampoco le hubiera importado nada saber que Louis tocaría la trompeta en su teatro. Esas cosas quedan para los famas y también para las esperanzas que se ocupan de recoger las crónicas, establecer las fechas y encuadernarlo todo con tafilete y lomo de tela. Esta noche, el teatro está copiosamente invadido  por cronopios que no contentos con desbordarse por la sala y trepar hasta las lámparas, invaden el escenario y se tiran por el suelo, se apelotonan en todos los espacios disponibles o no disponibles, con inmensa indignación de los acomodadores que ayer nomás, en el concierto de flauta y arpa tenían un público tan bien educado que era un placer, aparte de que estos cronopios no dan mucha propina y siempre que pueden se ubican por su cuenta y no le hacen caso al acomodador. Como los acomodadores son en general esperanzas, se deprimen sensiblemente ante esta conducta de los cronopios, y con suspiros profundos encienden y apagan sus linternas, que en las esperanzas es una señal de gran melancolía. Otra cosa que hacen inmediatamente los cronopios es ponerse a silbar y a gritar en forma sobresaliente, reclamando a Louis que muerto de risa los hace esperar un rato nada más que para divertirse, de modo que la sala del teatro des Champs Elysées se balancea como un hongo mientras los cronopios entusiasmados llaman a Louis y multitud de aeroplanos de papel vuelan por todos lados y se meten en los ojos y los cuellos de famas y esperanzas que se retuercen indignados, y también de cronopios que se levantan enfurecidos, agarran el aeroplano y lo devuelven con terrible fuerza, gracias a lo cual las cosas van de mal en peor en el teatro des Champs Elysées.
    Ahora sale un señor que va a decir unas palabras en el micrófono, pero como el público está esperando a Louis y este señor viene a ponerse en el camino, los cronopios están furiosísimos y lo increpan de manera vehemente, tapando por completo el discurso del señor a quien se ve solamente abrir y cerrar la boca, con lo cual se parece de manera extraordinaria a un pescado en una pecera.
    Como Louis es un enormísimo cronopio, le da lástima el discurso perdido y de golpe aparece por una puertecita lateral, y lo primero que se ve de él es su gran pañuelo blanco, un pañuelo que flota en el aire y detrás un chorro de oro también flotando en el aire y es la trompeta de Louis, y detrás, saliendo de la oscuridad de la puerta la otra oscuridad llena de luz de Louis que avanza por el escenario, y se acabó el mundo y lo que viene ahora es total y definitivamente la caída de la estantería y el final del cariyú.
    Detrás de Louis vienen los chicos de la orquesta, y ahí está Trummy Young que toca el trombón como si sostuviera en los brazos una mujer desnuda y de miel, y Arvel Shaw que toca el contrabajo como si sostuviera en los brazos una mujer desnuda y de sombra, y Cozy Cole que se cierne sobre la batería como el marqués de Sade sobre los traseros de ocho mujeres desnudas y fustigadas, y luego vienen otros dos músicos de cuyos nombres no quiero acordarme y que están ahí yo creo que por un error del empresario o porque Louis los encontró debajo del Pont Neuf y les vio cara de hambre, y además uno de ellos se llama Napoleón y eso es un argumento irresistible para un cronopio tan enormísimo como Louis.
    Para esto ya se ha desencadenado el Apocalipsis, porque Louis no hace más que levantar su espada de oro, y la primera frase de When its sleepy time down South cae sobre la gente como una caricia de leopardo. De la trompeta de Louis la música sale como las cintas habladas de las bocas de los santos primitivos, en el aire se dibuja su caliente escritura amarilla, y detrás de esa primera señal se desencadena Muskat Ramble y nosotros en las plateas nos agarramos todo lo que tenemos agarrable, y además lo de los vecinos, con lo cual la sala parece una vasta sociedad de pulpos enloquecidos y en el medio está Louis con los ojos en blanco detrás de su trompeta, con su pañuelo flotando en una continua despedida de algo que no se sabe lo que es, como si Louis necesitara decirle todo el tiempo adiós a esa música que crea y que se deshace en el instante, como si supiera el precio terrible de esa maravillosa libertad que es la suya. Por supuesto que a cada coro, cuando Louis riza el rizo de su última frase y la cinta de oro se corta como con una tijera fulgurante, los cronopios del escenario saltan varios metros en todas direcciones, mientras los cronopios de la sala se agitan entusiasmados en sus plateas, y los famas llegados al concierto por error o porque había que ir o porque cuesta caro, se miran entre ellos con un aire estudiadamente amable, pero naturalmente no han entendido nada, les duele la cabeza de manera horrorosa, y en general quisieran estar en sus casas escuchando la buena música recomendada y explicada por los buenos locutores, o en cualquier parte a varios kilómetros del teatro des Champs Elysées.
    Una cosa digna de tenerse en cuenta es que además de la inmensa montaña de aplausos que caen sobre Louis apenas ha terminado su coro, el mismo Louis se apresura a mostrarse visiblemente encantado de sí mismo, se ríe con su grandísima dentadura, agita el pañuelo y va y viene por el escenario, cambiando frases de contento con sus músicos y en un todo satisfecho de lo que está pasando. Luego aprovecha que Trummy Young ha enarbolado su trombón y está produciendo una fenomenal descarga de sonido concentrado en masas ametrallantes y resbalantes, para secarse cuidadosamente la cara con su pañuelo, y junto con la cara el pescuezo y yo creo que hasta el interior de los ojos, a juzgar por la forma en que se los restriega. A esta altura de las cosas vamos descubriendo los adminículos que se trae Louis para estar como en su casa en el escenario y divertirse a gusto. Por lo pronto aprovecha la plataforma donde Cozy Cole semejante a Zeus profiere rayos y centellas en cantidades sobrenaturales, para guardar una pila formada por una docena de pañuelos blancos que va tomando uno a uno a medida que el anterior se convierte en sopa. Pero naturalmente todo ese sudor sale de alguna parte, y a los pocos minutos Louis siente que se está deshidratando, de modo que aprovecha de un terrible cuerpo a cuerpo amoroso de Arvel Shaw con su dama morena para sacar de la plataforma de Zeus un extraordinario y misterioso vaso rojo, angosto y altísimo, que parece un cubilete de dados o el recipiente del Santo Grial, y beber de él un líquido que provoca las más variadas dudas e hipótesis por parte de los cronopios asistentes, ya que no faltan quienes sostienen que Louis bebe leche, en tanto otros rugen de indignación ante esa teoría y declaran que en un vaso semejante no puede haber otra cosa que sangre de toro o vino de Creta, que viene a ser la misma cosa con diferente nombre. A todo esto, Louis ha escondido el vaso, tiene un pañuelo fresco en la mano, y entonces le vienen ganas de cantar y canta, pero cuando Louis canta el orden establecido de las cosas se detiene, no por ninguna razón explicable sino solamente porque tiene que detenerse mientras Louis canta, y de esa boca que antes inscribía las banderolas de oro crece ahora un mugido de ciervo enamorado, un reclamo de antílope contra las estrellas, un murmullo de abejorros en la siesta de las plantaciones. Perdido en la inmensa bóveda de su canto yo cierro los ojos, y con la voz de este Louis de hoy me vienen todas sus otras voces desde el tiempo, su voz desde viejos discos perdidos para siempre, su voz cantando When your lover has gone, cantando Confesing, cantando Thankful, cantando Dust still the door. Y aunque yo no soy más que un movimiento confuso dentro del pandemonio perfectísimo de la sala colgada como un globo de cristal de la voz de Louis, me vuelvo a mí mismo por un segundo y pienso en el año treinta, cuando conocí a Louis en un primer disco, en el año treinta y cinco cuando compré mi primer Louis, y abro los ojos y él está ahí en un escenario de París, y abro los ojos y él está ahí, después de veintidós años de amor sudamericano él está ahí, después de veintidós años está ahí cantando, riendo con toda su cara de niño irreformable, Louis cronopio, Louis enormísimo cronopio, Louis alegría de los hombres que te merecen.
    Ahora Louis acaba de descubrir que su amigo Hughes Panassié está en la platea, y naturalmente eso le produce una alegría enorme, por lo cual corre al micrófono y le dedica su música, y entre él y Trummy Young se arma un contrapunto de trombón y trompeta que es como para arrancarse la camisa a tiras y lanzarlas una a una o todas juntas por el aire. Trummy Young arremete como un bisonte, con unos rebotes y unas caídas que te ladean las orejas, pero ahora Louis se le cuela por los huecos y uno empieza a no escuchar más que su trompeta, uno empieza a darse cuenta una vez más que cuando Louis sopla cada sapo a su pozo y ahí te quiero ver. Después, es la reconciliación. Trummy y Louis crecen juntos como dos álamos y rajan de arriba a abajo el aire con una cuchillada final que nos deja a todos dulcemente estúpidos. El concierto ha concluido, ya Louis se estará cambiando de camisa y pensando en el hamburger que le van a preparar en el hotel y en la ducha que se va a dar, pero la sala continúa llena de cronopios perdidos en su sueño, montones de cronopios que buscan lentamente y sin ganas la salida, cada uno con su sueño que continúa, y en el centro del sueño de cada uno Louis pequeñito soplando y cantando.


 When It's Sleepy Time Down South - Louis Armstrong & His All Stars en Berlín, 1965 
Arvell Shaw - Bajo 
Eddie Shu - Clarinete 
Danny Barcelona - Batería 
Billy Kyle - Piano 
Eddie Shu - Saxo 
Tyree Glenn - Trombón
   
    Recuperamos esta entrada para la serie.

miércoles, 15 de enero de 2014

Epitafio - Juan Gelman / Miro sin ver... - Carlos Perrotti - Argentina


Un pájaro vivía en mí.
Una flor viajaba en mi sangre.
Mi corazón era un violín.

Quise o no quise. Pero a veces
me quisieron. También a mí
me alegraban: la primavera,
las manos juntas, lo feliz.

¡Digo que el hombre debe serlo!

Aquí yace un pájaro.
Una flor.
Un violín.

  El argentino Juan Gelman, viejo conocido de este blog, extraordinario poeta y mejor persona, acaba de fallecer en Ciudad de México a los 83 años. Descanse.
    Otro poeta argentino, Carlos Perrotti, le dedica estos versos:

Miro sin ver 
Mi mirada se concentra 
Vaya a saber 
En qué punto invisible del aire 

No es más que eso 
Es la vida y sólo la vida 
Una eterna instancia 
Una cuenta regresiva 

El tiempo me compone   
Los sueños me sobreviven 
Aún me espera el olvido 
La verdad es el poema 

A veces la voz declama
Lo que descubren las palabras
La poesía suele callar
Lo que los ojos exclaman

Aquí en este momento
Ahora en este lugar
Es simétrica la vida
Y la poesía, dispar

(En la tele informan
Murió Juan Gelman
Ya no saben qué decir
No se muere así nomás)
Carlos Perrotti

    Cosas como estas decía Gelman:

La palabra es una herramienta de lucha.
La poesía es un árbol sin hojas que da sombra.
Es enorme la tristeza que un hombre y una mujer pueden hacerse entre sí.
Narrando nuestra oscuridad se ve claramente la vida.
No nos vamos a poner de acuerdo nunca. Y seremos muchas veces injustos, tomando la humildad por soberbia, la reserva por falta de compromiso, la voluntad de no herir por la voluntad de no saber.
Todos los hombres son humanos y lo que cabe en mí, debería caber en los demás. Y viceversa, porque todos los hombres son humanos.
Así como hombres y mujeres en su infinita bondad creen en Dios, es posible que Dios en su infinita bondad crea en hombres y mujeres.
(...) Pero también creo que Dios, si existe, debe estar aburridísimo de su eternidad.
Yo no me voy a avergonzar de mis tristezas, mis nostalgias.

Literatura y jazz/ 9 - Dice Gillespie - Uberto Stábile - España


Dice Gillespie que la muerte no es lo peor
que no es el dolor la mejor escuela
ni el hambre nos convierte en héroes.
Dice Gillespie
que no son más fuertes quienes más pueden
que lo son quienes más resisten
quienes de la derrota levantan caricias.
Dice Gillespie
que lo más peligroso no es el peligro
que lo más peligroso es la seguridad
con la que eludimos diariamente el peligro.
Dice Gillespie
que no es un hombre acabado
que es un hombre que está acabando
que nunca el final sustituye al fin,
porque en realidad,
dice Gillespie
que le dijo Parker
que le contó Cortázar
que en lugar de hacer el amor
ya va siendo hora
que el amor nos haga.
Con Alma - Dizzy Gillespie Big Band - Copenhague, 1968
Dizzy Gillespie - Trompeta 
James Moody - Saxo tenor, Flauta
Jimmy Owens - Fliscorno 
Alphonse Reece, Víctor Paz - Trompeta 
Paul Jeffery - Saxo tenor 
Sahib Shihab, Cecil Payne - Saxo barítono 
Curtis Fuller - Trombón 
Michael Longo - Piano 
Paul West - Bajo 
Candy Finch - Batería

domingo, 12 de enero de 2014

Literatura y jazz/ 8 - Odio el blues - Javier Cánaves - España


En la penumbra de la habitación,
el jazz y el humo, la trompeta mórbida
de Max Kaminsky, espérame despierto,
y gentes que se buscan en la noche
para tener coartada cuando el frío,
el último cigarro, ni uno más,
oh baby don't you play me cheap, me digo,
¿o es Armstrong quien lo dice?, ya lo sé,
otro whisky no hará que ella regrese
y de pronto estoy dentro de otro tema,
I wanna be somebody's baby doll,
y Bessie que me invita a compartir
el pozo que la noche abre en nosotros,
que rellena mi vaso mientras llora
porque nadie la quiere, porque Fletcher
acaricia las teclas de ese modo,
espérame despierto, no te vayas,
pero voy tan borracho, tan borracho
que he olvidado mi nombre y la manera
de salvarme otra noche, de volver
al orden de mi vida, donde nadie
espera la visita de un fantasma
que confunde canciones y recuerdos,
espérame despierto, ¿satisfecha?,
al fin has conseguido que odie el blues.
Baby Doll - Bessie Smith, 1926 
Bessie Smith - Voz 
Joe Smith - Corneta 
Fletcher Henderson - Piano

jueves, 9 de enero de 2014

Literatura y jazz/ 7 - Vamos a perdernos - Francisco Díaz de Castro - España


Mi amante está leyendo. Yo miraba
lo roja floración de los geranios,
el perfil azulado de los montes,
el techo de azafranes poderosos.

Mientras canta Chet Baker Let's get lost
la tarde que se incendia en la ventana
me asiste en el despojo decisivo
de todo lo que sobra en esta isla.

Tendré que prescindir de muchos nombres,
de tanta selva humana que conozco.
Vengaré con olvido el resultado
de tantas certidumbres indebidas.

La metálica luz de este crepúsculo
perfila un horizonte sin estafas.
De este lugar, tan sólo su belleza:
así vence la vida al desengaño.
Let's get lost - Chet Baker

lunes, 6 de enero de 2014

Literatura y jazz/ 6 - Coltrane Blues - Jaime Ferrán - España


En el principio fueron el ritmo y la tristeza
-en los algodonales de Louisiana,
                                             en Basin Street-,
                                                                    después,
mucho después
                     vino del fondo del alma mutilada
un impulso ascendente.
                               Mística pura.
                                                 El ritmo
ya no desenfrenado
                          sirve al fervor,
                                             se pone de rodillas
y durante diez años
                          -desde mil novecientos
cincuenta y siete-
                        el saxofón soprano
de John Coltrane
                        nos muestra
un camino olvidado.
                          Entre la niebla
unas pocas palabras se repiten,
como una rota acción de gracias
                                            y de
pronto
         el disco se ha rallado.
                                      Tenemos
         que volver a empezar:
                                      En el principio
fueron tan sólo el ritmo y la sorpresa...
Ballads (Disco completo) - John Coltrane Quartet 
John Coltrane - Saxo 
McCoy Tyner - Piano 
Jimmy Garrison - Contrabajo 
Elvin Jones - Batería

    Jaime Ferrán, nacido en Cervera (Lleida) en 1928 y vinculado al núcleo barcelonés de la Generación del 50, publicó en Estados Unidos (1969) Poems for John Coltrane -al que pertenece Coltrane Blues-, que tal vez sea el primer homenaje que un escritor español dedicó al mítico saxofonista. [Datos extraídos del libro Fruta extraña, de Juan Ignacio Guijarro]

viernes, 3 de enero de 2014

Literatura y jazz/ 5 - Fragmentos de El perseguidor - Julio Cortázar - Argentina

Charlie Parker - Juan Carlos Fenu
In memoriam Ch. P.1
Sé fiel hasta la muerte
Apocalipsis, 2, 10

O make me a mask
Dylan Thomas
...
- ¿Cuándo empiezas, Johnny?
- No sé. Hoy, creo, ¿eh, Dé?
- No, pasado mañana.
- Todo el mundo sabe las fechas menos yo -rezonga Johnny, tapándose hasta las orejas con la frazada2-. Hubiera jurado que era esta noche, y que esta tarde había que ir a ensayar.
- Lo mismo da -ha dicho Dédée-. La cuestión es que no tienes saxo.
- ¿Cómo lo mismo da? No es lo mismo. Pasado mañana es después de mañana, y mañana es mucho después de hoy. Y hoy mismo es bastante después de ahora, en que estamos charlando con el compañero Bruno y yo me sentiría mucho mejor si me pudiera olvidar del tiempo y beber alguna cosa caliente.
- Ya va a hervir el agua, espera un poco.
- No me refería al calor por ebullición -ha dicho Johnny-. Entonces he sacado el frasco de ron y ha sido como si encendiéramos la luz, porque Johnny ha abierto de par en par la boca, maravillado, y sus dientes se han puesto a brillar, y hasta Dédée ha tenido que sonreírse al verlo tan asombrado y contento. El ron con el nescafé no estaba mal del todo, y los tres nos hemos sentido mucho mejor después del segundo trago y de un cigarrillo. Ya para entonces he advertido que Johnny se retraía poco a poco y que seguía haciendo alusiones al tiempo, un tema que le preocupa desde que lo conozco. He visto pocos hombres tan preocupados por todo lo que se refiere al tiempo. Es una manía, la peor de sus manías, que son tantas. Pero él la despliega y la explica con una gracia que pocos pueden resistir. Me he acordado de un ensayo antes de una grabación, en Cincinnati, y esto era mucho antes de venir a París, en el cuarenta y nueve o el cincuenta. Johnny estaba en gran forma en esos días, y yo había ido al ensayo nada más que para escucharlo a él y también a Miles Davis. Todos tenían ganas de tocar, estaban contentos, andaban bien vestidos (de esto me acuerdo quizá por contraste, por lo mal vestido y lo sucio que anda ahora Johnny), tocaban con gusto, sin ninguna impaciencia, y el técnico de sonido hacía señales de contento detrás de su ventanilla, como un babuino satisfecho. Y justamente en ese momento, cuando Johnny estaba como perdido en su alegría, de golpe dejó de tocar y soltándole un puñetazo a no sé quien dijo: "Esto lo estoy tocando mañana", y los muchachos se quedaron cortados, apenas dos o tres siguieron unos compases, como un tren que tarda en frenar, y Johnny se golpeaba la frente y repetía: "Esto ya lo toqué mañana, es horrible, Miles, esto ya lo toqué mañana", y no lo podían hacer salir de eso, y a partir de entonces todo anduvo mal, Johnny tocaba sin ganas y deseando irse (a drogarse otra vez, dijo el técnico de sonido muerto de rabia), y cuando lo vi salir, tambaleándose y con la nariz cenicienta, me pregunté si eso iba a durar todavía mucho tiempo.
...
Legendary Savoy Sessions, 1947
Charlie Parker - saxo alto
Miles Davis - trompeta
John Lewis - Bud Powell 
- piano
Max Roach - batería
...
Dédée ha traído otra taza de nescafé, pero Johnny mira tristemente su vaso vacío.
- Esto del tiempo es complicado, me agarra por todos lados. Me empiezo a dar cuenta poco a poco de que el tiempo no es como una bolsa que se rellena. Quiero decir que aunque cambie el relleno, en la bolsa no cabe más que una cantidad y se acabó. ¿Ves mi valija, Bruno? Caben dos trajes y dos pares de zapatos. Bueno, ahora imagínate que la vacías y después vas a poner de nuevo los dos trajes y los dos pares de zapatos, y entonces te das cuenta de que solamente caben un traje y un par de zapatos. Pero lo mejor no es eso. Lo mejor es cuando te das cuenta de que puedes meter una tienda entera en la valija, cientos y cientos de trajes, como yo meto la música en el tiempo3 cuando estoy tocando, a veces. La música y lo que pienso cuando viajo en el métro.
- Cuando viajas en el métro.
- Eh, sí, ahí está la cosa -ha dicho socarronamente Johnny-. El métro es un gran invento, Bruno. Viajando en el métro te das cuenta de todo lo que podría caber en la valija. A lo mejor no perdí el saxo en el métro, a lo mejor...
Se echa a reir, tose, y Dédée lo mira inquieta. Pero él hace gestos, se ríe y tose mezclando todo, sacudiéndose debajo de la frazada como un chimpancé. Le caen lágrimas y se las bebe, siempre riendo.
- Mejor es no confundir las cosas -dice después de un rato-. Lo perdí y se acabó. Pero el métro me ha servido para darme cuenta del truco de la valija. Mira, eso de las cosas elásticas es muy raro, yo lo siento en todas partes. Todo es elástico, chico. Las cosas que parecen duras tienen una elasticidad...
Piensa, concentrándose.
- ...una elasticidad retardada4- agrega sorprendentemente. Yo hago un gesto de aprobación admiratoria. Bravo, Johnny. El hombre que dice que no es capaz de pensar. Vaya con Johnny. Y ahora estoy realmente interesado por lo que vaya a decir, y él se da cuenta y me mira más socarronamente que nunca.
- ¿Tú crees que podré conseguir otro saxo para tocar pasado mañana, Bruno?
- Sí, pero tendrás que tener cuidado.
- Un contrato de un mes -explica la pobre Dédée-. Quince días en la boite de Rémy, dos conciertos y los discos. Podríamos arreglarnos tan bien.
- Un contrato de un mes -remeda Johnny con grandes gestos-. La boite de Rémy, dos conciertos y los discos. Be-bata-bop bop bop, chrrr. Lo que tiene es sed, una sed, una sed. Y unas ganas de fumar, de fumar. Sobre todo unas ganas de fumar.
...

1 Ch. P. es el gran saxofonista Charlie Parker, protagonista del relato, bajo el nombre de Johnny Carter. Nacido en Kansas City en 1920 y muerto prematuramente en Nueva York en 1955. Improvisador genial al saxo alto ha pasado a la historia del jazz como uno de los músicos más revolucionarios y creadores. Son conocidas las incursiones de Cortázar en el mundo del jazz que colorean algunas de sus obras como Rayuela y La vuelta al día en ochentas mundos. El propio Cotázar tocaba la trompeta.
2 Frazada: manta, originalmente manta de lana de pelo largo.
3 Yo meto la música en el tiempo: "La rítmica de Charlie Parker se basa en la descomposición del tiempo. Es, de alguna manera, una rítmica del semitiempo". [André Hodeir en Jazz moderne]
4 Elasticidad retardada: genial definición del lenguaje rítmico de Parker.
Nota: Los subrayados son míos.


   Inspirado en la vida del genial jazzman Charlie Parker, Julio Cortázar recrea esa música golpeada por la desesperanzada búsqueda de otro ser cuyas circunstancias espacio-temporales pertenecen a un ámbito inalcanzable desde un yo anclado en la contingencia de su cotidianeidad. Johnny Carter, alcohólico y delirante, tanto como el otro perseguidor que fue Dylan Thomas, se entrega a recuperar la geografía de un paisaje intemporal acechando el momento de dar el salto y atravesar la puerta que lo separa de ese más allá que intuye como una forma superior de existencia.
    Johnny se rebela contra las apariencias del mundo cotidiano; en su soledad y sufrimiento individual su vida es una larga vulneración de los lugares comunes consagrados por las normas de una sociedad que se le antoja servil y resignada a asumir las máscaras. SUSANA JAKFALVI

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    Recuperamos para la serie esta entrada que hacía tiempo figuraba en Salvo el crepúsculo, aunque con otra música.