Chet Baker - Like Someone In Love

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sábado, 30 de marzo de 2019

VIII Congreso Internacional de la Lengua Española - Córdoba (Argentina)


Poema a medias entre Luis García Montero y Joaquín Sabina

Luis: Señoras…

Joaquín: Y señores.

L: No pedimos mil años ni dos horas.

J: Los gallos del teatro no quebrarán albores.

L: Será sólo un momento de atención,

J: que suplican de todo corazón

L: un poeta borgiano y misionero

J: y un músico tanguero,

bandoneón sincero

que toca la guitarra

y cruza el mundo entero

en busca de un amor y de una farra.

L: Celebramos en broma, pero en serio,

J: en serio, pero en broma,

L: la suerte de un idioma,

J: cargado de memoria y de misterio,

L: que nos une a 600 millones de parlantes,

J: un mundo de poetas y cantantes,

L: que se llama español

J: o castellano,

L: y va de sol a sol,

J: como un hermano,

L: y cruza Andalucía

que rima con García,

J: y llega hasta Argentina,

que rima con Sabina,

L: y salta a Nueva York

con paso mexicano o colombiano,

J: y habla del amor o del dolor

con un acento hispano,

L: y se come las eses o suaviza las zetas,

J: y lleva en su maleta

el tú y el vos, los tontos, los boludos,

L: el chévere, el quilombo, los pendejos,

J: los pibes y los viejos.

L: Palabras vivas que desatan nudos,

J: y sueñan en Perú, la tierra de Jimena,

L: resistiendo en Madrid, la ciudad de Almudena.

J: Palabras que son luz y son escudos.

L: Un idioma de todos sus hablantes,

J: sin centros ni doctores dominantes,

L: unido pero lleno de matices,

J: diverso pero sabio en unidad,

L: que alumbra sus palabras más felices,

J: igualdad, libertad, fraternidad,

L: democracia, razón, constitución,

J: amor y corazón,

dignidad y alegría,

L: ciencia, tecnología…

J: Yo soy más bien de letras, señoría.

L: Conciencia, independencia, disidencia,

J: educación, cultura,

L: buena literatura

por donde el tiempo vuela.

J: Y el vuelo nos conviene:

después de junio viene

Julio con su Rayuela.

L: Y de ayer a mañana,

los versos de Sor Juana,

J: mientras Neruda rima con Cernuda,

L: y Bioy con estoy,

y san Juan con don Juan…

J: Gelman querrás decir, y no me quejo,

un amigo sincero.

L: Me moriré en París con aguacero,

J: que decía Vallejo.

Si vas a Mar del Plata verás que allí camina

la sombra de Alfonsina.

L: ¿Con qué rima Lugones?

J: Montero no me toques… las canciones.

L: Pues agarra la vida por el mango.

J: Yo he nacido de un tango

y lo llevo en la piel,

Discépolo en los labios de Gardel,

la bella flor del fango.

L: Viviendo mano a mano en el dolor,

J: la luz del perdedor

que brilla y no se apaga en la ventana.

L: Un amor sin sotana,

condenado al exilio y al sablazo.

J: Aunque a veces conviene un Cordobazo

L: y una Universidad en pie de guerra

J: que corte de raíz las opresiones.

¡Brasil, tantos millones

hablaremos inglés!

L: Escribía Rubén contra el imperialismo.

J: Ahora es más de lo mismo, ¿no lo ves?

L: Pues metamos un gol en español.

J: ¿Para Talleres, Belgrano o… el Boca?

L: El fuego no se toca,

dejemos esa terna.

J: Pero me siento al fuego

de mi lengua materna,

y la vida me juego,

y una bella fragancia

me devuelve a los nombres de la infancia.

L: Las primeras palabras son verdades

contra las soledades.

J: Hablo y comparto el pan con mis hermanos,

mestizos por amor y por la historia

de pueblos soberanos

con naufragios y gloria.

L: Brindemos por la llama de los libertadores,

llevemos unas flores

a los pies de Cervantes.

J: El mejor equipaje,

el mejor almirante

para este largo viaje.

L: Cada cual en su forma y a su modo,

compartir un idioma codo a codo

con 600 millones de personas.

J: Los puntos y las comas,

de la cabeza al rabo,

Teresa de Jesús, Martí y el Gabo,

L: una misma manera de decir

J: te quiero, tengo frío, estamos vivos,

Inviernos, primaveras.

Nos sobran los motivos…

L: Ya basta de sufrir

alambres y fronteras.

J: Nos sobran los avaros, los turbios mercaderes,

la globalización sin corazón.

L: los oscuros gobiernos sin mujeres,

J: las multiplicaciones sin perdón,

L: y paro de contar.

J: Haces bien pues debemos terminar.

L: Lo prometido es deuda y es sensato.

J: Se acabó nuestro gato y nuestro rato.

L: Señores,

J: y señoras.

L: Señoras,

J: y señores,

L: porque todo reloj marca sus horas,

J: de ustedes se despiden dos tenores

demasiado habladores,

L: un poeta borgiano y misionero,

J: y un poeta tanguero,

devoto de Argentina y el Cholo Simeone

que no cambia a Gardel por los Rolling Stone.


Vídeo enviado por Marcos Mundstock (Les Luthiers) al Congreso de la Lengua

Congreso de la Lengua
Volver a Rayuela

lunes, 18 de junio de 2018

Literatura y fútbol/ 12 - Domingos por la tarde - Luis García Montero - España


A veces las infancias escapan de sí mismas
y corren por la lluvia como en fuera de juego
sin oír las sirenas de los árbitros.
Es verdad que son mares en un vaso de agua,
pero hay olas que tienen esa espuma
de las alineaciones,
paraísos que aguardan los despachos
del último minuto
o días que amanecen
con la tranquilidad de un tres a cero,
de un cinco a cero en punto de la tarde.

Por lo demás también hay labios
en el extremo izquierda del domingo,
lesiones en las dudas del mañana,
pasados que regresan
igual que una llamada de teléfono.
-¿Y lo de ayer? Sonríe la memoria,
cuando parece amiga del equipo contrario.

Las verdades del área
son rectas de dudosa geometría,
como ardientes amores de ficción
en manos de un penalti.
Por eso saben mucho
de la felicidad y la belleza.

No conviene que demos a estas cosas
un valor excesivo.
Son noventa minutos en un vaso de agua.
Pero a mí me han quitado muchas veces la sed.
De Vista cansada, 2008

martes, 27 de septiembre de 2016

Sonata triste para la luna de Granada - Luis García Montero - España


Le ciel est par-dessus le toit.
Paul Verlaine

Esta ciudad me mira con tus ojos,
parpadea,
porque ahora después de tanto tiempo
veo otra vez el piano que sale de la casa
y me llega de forma diferente,
huyendo del salón,
abordando las calles
de esta ciudad antigua y tan hermosa
que sigue solitaria como tú la dejaste,
cargando con sus plazas,
entre el cauce perdido del anhelo
y al abrigo del mar.

Si estuvieras aquí
nada hubiese cambiado sino el tiempo,
el cadáver extraño de sus ríos
que siguen sumergidos
como tú los dejaste.

Ahora
siento otra vez mi cuerpo poblarse de veletas
y lo veo extendido
sobre generaciones de ventanas antiguas
mientras la noche avanza solitaria y perfecta.

Somos de una ciudad
cargada de paciencia,
que no conoce el sueño de los invernaderos,
ni ha vivido la extraña presencia del amor.
Como pequeñas venas
los comercios esperan para abrirse mañana
y el deseo no existe
más allá de la luna de los escaparates.

Hemos soñado ya todos los sueños,
hemos vivido aquí
donde la historia olvida sus raíles vacíos,
donde la paz es negra y se recoge
entre plazas cerradas,
sobre tabernas viejas,
bajo el borde morado del misterio.

Alguna vez soñamos
con un mundo distinto:
era cuando el imperio perdido del azúcar
y llegaban viajeros
al calor de la industria.
Las calles se llenaron de motores rugientes
y la frivolidad
como una enredadera brillante por los ojos
nos ofreció de pronto
templada carne, lámparas de araña.

Parece que os recuerdo
abrazados al mundo entre trajes de hilo,
entre la piel hermosa de una época
que nos dejó sus árboles,
el corazón grabado
sobre las pitilleras, y su dedicatoria
en las fotografías.

Ahora
cuando el destino ya no es una excusa
sino la soledad,
y los ojos están bajo el tejado
como tú los dejaste,
todo recuerda un sueño sucio
de madrugada.

Aquí
no tuvimos batallas sino espera.
La guerra fue un camión que nos buscaba,
detenido en la puerta,
partiendo con sus ojos encendidos
de espía
y al abrigo del mar.
Más tarde
entre canciones tristes de marineros rubios
todo quedó dormido.
De balcón a balcón
oímos la postguerra por la radio,
y lejos,
bajo las cruces frías de las plazas,
ancianas sombras negras paseaban
sosteniendo en las manos
nuestra supervivencia.

Esta ciudad es íntima, hermosamente obscena,
y tus manos son pálidas
latiendo sobre ella
y tu piel amarilla, quemada en el tabaco,
que me recuerda ahora
la luz artificial del alumbrado.

Vuelvo hacia ti. Mi corazón de búho
lo reciben sus piernas.
Como testigos mudos de la historia
acaricio las cúpulas perdidas,
palacios en ruina,
fuentes viejas
que rocogen la luna
donde van a esconderse los últimos abrazos.

Verdes en el cansancio
de todas las esquinas,
esta ciudad me mira con tus ojos de musgo,
me sorprende tranquila
de amor y me provoca.

Amanece
moradamente un día
que las calles comparten con la lluvia.
La soledad respira más allá
de las grúas
y mi cuerpo se extiende
por una luz en celo que adivina
los labios de la sierra,
la ropa por las torres de Granada.

La madrugada deja
rastros de oscuridad entre las manos.
                                                       Oigo
una voz que clarea. Lentamente
los tejados sonríen cada vez más extensos,
y así,
como una ola,
entre la nube abierta de todos los suburbios,
esta ciudad se rompe sobre las alamedas,
bajo los picos últimos
donde la nieve aguarda
que suba el mar, que nazca la marea.
De El jardín extranjero

sábado, 27 de diciembre de 2014

Canciones - Luis García Montero - España


Nube negra (Luis García Montero - Joaquín Sabina, Pancho Varona y Antonio García de Diego)

Cuando busco el verano en un sueño vacío,
cuando te quema el frío si me coges la mano,
cuando la luz cansada tiene sombras de ayer,
cuando el amanecer es otra noche helada,

cuando juego mi suerte al verso que no escribo,
cuando sólo recibo noticias de la muerte,
cuando corta la espada de lo que ya no existe,
cuando deshojo el triste racimo de la nada.

Sólo puedo pedirte que me esperes
al otro lado de la nube negra,
allá donde no quedan mercaderes
que venden soledades de ginebra.

Al otro lado de los apagones,
al otro lado de la luna en quiebra,
allá donde se escriben las canciones
con humo blanco de la nube negra.

Cuando siento piedad por sentir lo que siento,
cuando no sopla el viento en ninguna ciudad,
cuando ya no se ama ni lo que se celebra,
cuando la nube negra se acomoda en mi cama,

cuando despierto y voto por el miedo de hoy,
cuando soy lo que soy en un espejo roto,
cuando cierro la casa porque me siento herido,
cuando es tiempo perdido preguntarme qué pasa.

Nube negra, del álbum Alivio de luto, 2005 - Joaquín Sabina


Nombres impropios (Luis García Montero - Joaquín Sabina, Pancho Varona y Antonio García de Diego)

No se puede afirmar
que me engañaba cuando me mentía.
Se llamaba Osadía
y desde el primer día
tuvo la cobardía de avisar.

Quien tiene siete vidas
y dos ojos de gata callejera
no se va con cualquiera.
De su noche se espera
un broche de promesas incumplidas.

Mejor no equivocarse,
no me pidas jamás lo que no doy,
ya sabes cómo soy
y si quieres me voy
dijo cuando acabó de desnudarse.

Ya ves,
llegar a fin de mes,
no era con ella asunto de dinero.
Se trataba más bien de merecer
un tren de pasajeros,
el tsunami de un mar hecho mujer,
dispuesto en cada ola a renacer.
Se llamaba Herejía,
cómo voy a saber
si me engañaba cuando me mentía.

Maestra en confundir
al diablo y al rey de los altares,
me citaba en los bares
con fuegos malabares
y luego se olvidaba de acudir.

La mañana y la tarde,
qué vaivén entre alarde y agonía,
todo lo confundía
su swing, porque sabía
mirar como un crepúsculo que arde.

Callada por respuesta
cuando jugué al dolor de corazón.
Su boca era un buzón de voz sin compasión
dormido hasta la hora de la siesta.

Ya ves,
llegar a fin de mes
no era con ella asunto de intendencia.
Se trataba más bien de comprender
la pura impertinencia
del sol cuando se cansa de asombrar,
del mostrador a la hora de cerrar.
Se llamaba Ironía
y no puedo jurar
que me engañaba cuando me mentía.

Ya ves,
llegar a fin de mes
no era firmar un parte de sucesos,
se trataba más bien de envejecer
huérfano de sus besos,
con fantasmas que aprenden a
crecer,
abrazos que se mueren por volver.
Se llamaba Utopía,
me gusta imaginar
que me engañó cuando se despedía.
que me engañó cuando se despedía.

Nombres impropios, del álbum Vinagre y rosas, 2009 - Joaquín Sabina


Señor de la noche (Luis García Montero - Joan Manuel Serrat)

Señor compañero,
Señor de la noche,
haz que vuelva su rostro
quien no quiso mirarme.
Que sus ojos me busquen

sostenidos y azules
por detrás de la barra.
Que pregunte mi nombre
y se acerque despacio
a pedirme tabaco.

Señor de la noche,
dios de la barra,
ángel del sí,
sota de copas,
flor del pecado:
reza por mí.
Reza por mí.
Reza por mí.
Reza por mí.

Si prefiere quedarse,
haz que todos se vayan
y este bar se despueble
para dejarnos solos
con la canción más lenta.

Si decide marcharse,
que la luna disponga
su luz en nuestro beso
y que las calles sepan
también dejarnos solos.

Haz que no cante el gallo
sobre los edificios,
que se retrase el día
y que duren tus sombras
el tiempo necesario.

Señor de la noche,
rey de los forajidos,
llévame a los jardines
de la dulce serpiente
y los sueños cumplidos.

Haz que vuelva su rostro
quien no quiso mirarme.
Que sus ojos me busquen
sostenidos y azules
por detrás de la barra.
Que pregunte mi nombre
y se acerque despacio
a pedirme tabaco.

Señor de la noche, del álbum Versos en la boca, 2002 - Joan Manuel Serrat

Luis García Montero

sábado, 22 de mayo de 2010

QUIJOTESCAS/ 14 - Las confesiones de Don Quijote - Luis García Montero - España

Don Quijote - Alucinaciones quijotescas - Ernest Descals
Don Quijote - Alucinaciones quijotescas - Ernest Descals

Casi nadie me llama por mi nombre,
vulgar y cotidiano como la rebeldía.

Prefieren otorgarme
la nobleza ridícula que yo mismo elegí,
el título de un pobre caballero,
de una triste ilusión,
y me recuerdan hoy
por el delirio de mis noches,
alunado, valiente
en la cabalgadura de los sueños
al confundir gigantes y molinos.

No les resulta fácil
convivir con el nombre de las cosas.
El dolor y el desvelo
convierten los rebaños en batallas,
las cuevas en enigmas
y la fealdad inhóspita en belleza.

Hermosa y respetable es la locura,
como la débil caridad del sueño,
hasta que descubrimos
las razones del Duque,
que invita al soñador y hace volar al loco
para fundar las normas de su corte,
las risas y los pleitos
que pudren corazones cortesanos.

Y ya no somos sombras,
sino cuerpos sin sombras,
ojos sin nadie
que viven en un reino de fantasmas
y han borrado las huellas de sus nombres
con un guante de plástico,
prendidos al vacío,
entre rosales pulcros y espinas bien cortadas,
como el jardín de un manicomio.
Madreselvas y lilas
alrededor de las preguntas
y de las soleadas canciones de los médicos.

Soy Alonso Quijano.
Yo recordé mi nombre en Barcelona,
después de ver el mar, de visitar la imprenta
y descubrir la farsa de mi vida
en la hospitalidad de los que hoy
repiten sin saberlo aquel destino
por el que me humillaban.

Fui derribado por mi propia burla,
cuando el azul del mundo,
en vez de gallardetes y clarines,
gastó la realidad de una palabra
para contar la arena
de los duelos perdidos
con los representantes de la luna.

Esta tarde de junio y de San Juan,
en esta solitaria habitación de hotel
que nos buscó el azar de la poesía,
regreso a Barcelona,
a importunarte con mis confesiones,
porque sigues ahí,
en lugar de la ficción,
suspenso una vez más,
delante del papel,
con el bolígrafo apuntando al cielo,
la mano en la mejilla
y el codo en el bufete.

Porque resulta hermosa y respetable
la caridad del sueño,
se han celebrado mucho mis hazañas.
Pero si quieres verme,
más allá de los himnos de mi triste figura,
y saber cómo fui
en el paisaje oscuro de mi tiempo,
o cómo soy ahora
entre las libertades de tu siglo,
abre el balcón y asómate a las Ramblas.

Pasa la multitud, cumple la historia
de sus mercados y sus oficinas.
Hay hombres y mujeres
que cambian de argumento al detener un taxi,
besos que sólo con una frontera
para volver a un domicilio,
colecciones de barcos que se olvidan
en una mesa de café
y gentes consagradas a fundirse
bajo la luz ambigua
en la llanura de sus movimientos.
No montan el caballo de los héroes,
pero están convencidos
de su programación,
de sus constituciones y sus leyes,
igual que yo creí
en mis novelas de caballería.

El retablo del mundo
sustituye las noches
por la historia medida de las noches,
y la luz de los ojos por la sed de las cámaras,
y la piel por un hueco
que las manos dibujan en el aire.

Exígele a la vida que te enseñe
a distinguir el mar del oleaje
que expulsa los desechos junto a las caracolas.

Al llegar a mi aldea
quise apretar el campo con los dedos
hasta sentir su araña
al lado de mi nombre,
la tarde que resiste en cada sílaba
dorada por la lluvia y el sol de la experiencia.

Volver será el oficio del amor,
incluso en un lugar impertinente.
Regresa tú también,
aprieta con tus manos el silencio
del último rencor
hasta sentir la caracola
que ha guardado la culpa y la inocencia
junto a la voz del mar,
esta canción añil
de los saludos y el adiós
que todavía compartimos.

Y que tu soledad camine por la casa,
vuelva de cuarto en cuarto
dejándose las luces encendidas,
por si alguien las ve,
y no quiere apagarlas,
y pregunta la historia que han escrito en su rostro,
las huellas de su nombre
vulgar y cotidiano como la rebeldía.

Como la rebeldía de la gente
que se atreve a vivir
fuera de las haciendas encantadas.