Chet Baker - Like Someone In Love

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sábado, 7 de abril de 2018

Poesía fácil - Dino Campana - Italia


Poesia facile

Pace non cerco, guerra non sopporto
tranquillo e solo vo pel mondo in sogno
pieno di canti soffocati. Agogno
la nebbia ed il silenzio in un gran porto.

In un gran porto pien di vele lievi
pronte a salpar per l’orizzonte azzurro
dolci ondulando, mentre che il sussurro
del vento passa con accordi brevi.

E quegli accordi il vento se li porta
lontani sopra il mare sconosciuto.
Sogno. La vita è triste ed io son solo.

O quando o quando in un mattino ardente
l’anima mia si sveglierà nel sole
nel sole eterno, libera e fremente.


Poesía fácil

Paz no busco, guerra no soporto
tranquilo y solo voy por el mundo en sueño
pleno de cantos sofocados. Anhelo
la niebla y el silencio de un gran puerto.

En un gran puerto pleno de velas leves
listas para zarpar hacia el horizonte azul
dulces ondulando, mientras que el susurro
del viento pasa con acordes breves.

Y aquellos acordes el viento se los lleva
lejos sobre el mar desconocido.
Sueño. La vida es triste y yo estoy solo.

Oh cuándo oh cuándo en una mañana ardiente
mi alma se despertará en el sol
En el sol eterno, libre y estremecida.
Traducción de Carlos Vitale
Poesia facile 
Massimiliano Larocca: guitarra, voz 
Riccardo Tesi: acordeón

lunes, 12 de marzo de 2018

El triunfo de la muerte - Carlos Vitale - Argentina


Non c′è di dolcezza che possa 
                                                  uguagliare la Morte.
                                                  Dino Campana
1

Alguien lloraba
en el Camposanto de Pisa.
Sin embargo, las tumbas vacías de los muertos
guardaban la escoria de los vivos.
La muerte siempre triunfa.
Silencio del Camposanto y fuera.
En alguna parte alguien llora.


2

Ahora que definitivamente no podrás contestarme
la espera se convierte en su propio botín.
Frágil, el día universal
volvió vana la precoz indignación.
Sólo la muerte es sólida.


3

Materias impuras
de un incierto dominio.
¿Qué claridad asoma
de su opaca presencia?
¿En su fluir existe
lo que velado pasa?
No hay belleza superflua.


4

Al filo dice madre de esperanza.
La generosa maldad de los oficios
no abandona a su servidor más encumbrado.
Nupcias de silencio llamadas
a heroicas ceremonias de nobleza.
Feliz del que quiere creer y cree.
Esta victoria es una trampa.


5

El ojo avanza y la mano no llega.
En medio, la costumbre de las cosas
la sombra de una luz extranjera.
No acierta el viajero a recordar
su desvelada imagen y el cansado espejo.
El ojo es el fracaso de la mano.
Su ojo es una luz extranjera.


6

Un colorido manto de sombrillas
protege el sueño de plenitud de la especie.
Cuerpos al sol en la tarde de agosto.
¿La tierra o el aire? ¿Los gusanos o el fuego?
Abusos de la imaginación en un mar de arena y carne.
Extensa mancha de horizontal destreza
que en la quietud encuentra su prodigio.
La ausencia es el milagro que repite.


7

La humillación
es el signo de los tiempos.
Para una voz lejana
un recuerdo presente.
Fragmentos de una máscara
que el azar reconstruye.
Temblor y oscuro afán.
Fiesta vedada.


8

Simultáneamente se vive en las ventanas.
Las mujeres se entregan a un futuro cercano
y el verano no encierra más que escasos deberes.
No será éste tampoco el día revelado.
Una mediocridad febril sustenta los objetos
en su reiterada formulación pasiva.
Ese que grita sólo pide un movimiento verdadero.
Sabores de espuma en un cuarto vacío.


9

Vagaba por la casa con ambición furtiva.
Una prisión doméstica bastaba
para hacer muros de huesos compartidos.
Temeroso escondía sus motivos de tregua
y callado esperaba las virtudes ajenas.
Nunca sabré quién era en realidad.
No distingo ni su voz que en este instante me habla.
Una parte de ignorancia y una parte de desdicha.


10

Una noche conjunta vimos
la cara del horror imperfecto.
¿De qué exilio volvía
a disiparse ante un gesto
de la desolación severa?
Con la gravedad de un cadáver hastiado
anfibio mostraba la boca rigurosa.
Venga ahora la luz.
Ya llegará el tiempo de mirar lo oscuro.
De Confabulaciones, 1992

sábado, 10 de marzo de 2018

Viaje a Montevideo - Dino Campana - Italia


Viaggio A Montevideo

Io vidi dal ponte della nave
I colli di Spagna
Svanire, nel verde
Dentro il crepuscolo d'oro la bruna terra celando
Come una melodia:
D'ignota scena fanciulla sola
Come una melodia
Blu, su la riva dei colli ancora tremare una viola...
Illanguidiva la sera celeste sul mare:
Pure i dorati silenzii ad ora ad ora dell'ale
Varcaron lentamente in un azzurreggiare:...
Lontani tinti dei varii colori
Dai più lontani silenzii
Ne la celeste sera varcaron gli uccelli d'oro: la nave
Già cieca varcando battendo la tenebra
Coi nostri naufraghi cuori
Battendo la tenebra l'ale celeste sul mare.
Ma un giorno
Salirono sopra la nave le gravi matrone di Spagna
Da gli occhi torbidi e angelici
Dai seni gravidi di vertigine. Quando
In una baia profonda di un'isola equatoriale
In una baia tranquilla e profonda assai più del cielo notturno
Noi vedemmo sorgere nella luce incantata
Una bianca città addormentata
Ai piedi dei picchi altissimi dei vulcani spenti
Nel soffio torbido dell'equatore: finché
Dopo molte grida e molte ombre di un paese ignoto,
Dopo molto cigolìo di catene e molto acceso fervore
Noi lasciammo la città equatoriale
Verso l'inquieto mare notturno.
Andavamo andavamo,per giorni e per giorni: le navi
Gravi di vele molli di caldi soffi incontro passavano lente:
Sì presso di sul cassero a noi ne appariva bronzina
Una fanciulla della razza nuova,
Occhi lucenti e le vesti al vento! ed ecco: selvaggia a la fine di un giorno che apparve
La riva selvaggia là giù sopra la sconfinata marina:
E vidi come cavalle
Vertiginose che si scioglievano le dune
Verso la prateria senza fine
Deserta senza le case umane
E noi volgemmo fuggendo le dune che apparve
Su un mare giallo de la portentosa dovizia del fiume,
Del continente nuovo la capitale marina.
Limpido fresco ed elettrico era il lume
Della sera e là le alte case parevan deserte
Laggiù sul mar del pirata
De la città abbandonata
Tra il mare giallo e le dune


Viaje a Montevideo

Yo vi desde el puente de la nave
desvanecerse
las colinas de España, en el crepúsculo
de oro, mientras la morena tierra ocultaba en el verde
casi una melodía:
muchacha sola de ignota escena,
casi una melodía
azul, a la vera de las colinas aún temblaba una viola...
languidecía la tarde celeste sobre el mar:
También los dorados silencios de las alas, de vez en cuando,
cruzaban lentamente en un azulear...
lejanos y teñidos de varios colores
desde los más lejanos silencios
en la celeste tarde cruzaban los pájaros de oro: la nave,
ya ciega, cruzando y golpeando las tinieblas
con nuestros náufragos corazones
golpeando las tinieblas las alas celestes sobre el mar.
Mas un día
subieron a la nave las graves matronas de España
de ojos turbios y angélicos
de pechos grávidos de vértigo. Cuando
en una bahía profunda de una isla ecuatorial
vimos surgir en la luz encantada
una blanca ciudad adormecida
a los pies de los picos altísimos de los volcanes extinguidos
en el soplo turbio del ecuador: hasta que
después de muchos picos altísimos de los volcanes extinguidos
en el soplo turbio del ecuador: hasta que
después de muchos gritos y muchas sombras de un pais ignoto,
después de un gran chirrido de cadenas y muy encendido fervor
dejamos la ciudad ecuatorial
hacia el inquieto mar nocturno.
Andábamos y andábamos, durante días y días: las naves
graves de velas mojadas de cálidos soplos
a nuestro encuentro pasaban lentas:
¡Así, cerca, sobre el alcázar se nos aparecía, broncínea,
una muchacha de la raza nueva,
ojos brillantes y vestidos al viento! y he aquí:
salvaje al final de un día apareció
la ribera salvaje, allá abajo, sobre la infinita marina:
y vi, como yeguas
vertiginosas, disolverse las dunas
hacia la pradera sin fin
desierta, sin casas humanas,
y viramos, huyendo de las dunas, hasta que apareció,
sobre un mara amarillo de la portentosa riqueza del río,
del continente nuevo la capital marina.
Límpida, fresca y eléctrica era la luz
de la tarde y allá las altas casas parecían desiertas,
allá abajo, en el mar del pirata
de la ciudad abandonada
entre el mar amarillo y las dunas
Traducción de Carlos Vitale
Viaggio a Montevideo - Voz de Domenico Pelini - Música de Astor Piazzolla (Milonga del Angel)