Chet Baker - Like Someone In Love

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jueves, 9 de agosto de 2018

XVII - Santiago Sylvester - Argentina


Hay
un contagio de mirar
como hay otro
contagio: el de no estar en el lugar correcto,
contagio de la década perdida que se llama
fracaso.
        Fracaso
que se esconde en cualquier parte
y desde allí avanza hasta ocupar la respiración.

Pero el fracaso es selectivo, elige
con cuidado: cada uno
con su fracaso propio, como la muerte propia a la manera
        organizada de Rilke, como el pan de cada día, la propia
        purificación o la palabra propia.

O la propia versión del que, por ejemplo, dice:

... el largo filamento que dejaba un caracol en el patio: iba de hoja en hoja, inspeccionando todo, lenta y concienzudamente, como si tuviera el deber de informar de su paso por la tierra, con su enorme memoria de animal milenario. Inmóvil ante una hoja caída, bajo el toldo que paraba el sol del verano, y nada se movía en el patio; sólo que para mí la vida era un túnel por el que soplaba un viento feroz, un arrebato que me llevaba a la otra punta: yo era succionado por la gran ventilación, y aparecía con el pelo revuelto y los ojos fuera de órbita en la otra punta del mundo: y yo no estaba aquí sino allá, donde la vida no tenía la meditación ceremoniosa y sabia del caracol sino el oleaje del caballo en el momento de saltar. Yo era ese caballo viviendo en ese caracol.
De El punto más lejano, 1999

jueves, 12 de enero de 2017

Retrato - Santiago Sylvester - Argentina


Esta cara es también las otras que alguna vez ha sido.
Este pelo blanco, en cambio, no es el otro, pero cumple su
          tarea con la misma fe.
El brazo izquierdo, con un reloj en la muñeca, pregunta la
          hora a cada rato;
el derecho acerca la comida, se estira hacia el teléfono y
          dispone de una mano que no tiene descanso: una mano
          que detuvo un camión en Payogasta.
La pierna izquierda alguna vez se golpeó contra una piedra
          (dos meses inactiva); se acompaña con la otra y entre las
          dos transportan esta carga difícil, de opinión imprevista.
El hígado promueve aclamadas satisfacciones;
el sexo euforia súbita, esperanza sucesiva de una nueva euforia.
Los ojos miran gestos, colecciones de gestos, y de ellos
          sacan la conclusión que necesitan.
Esta mirada no siempre es impasible, esconde un centro
          incontrolado, una acumulación de miradas: todas
          necesarias, ninguna con la solución.

No puedo distraerme;
un solo instante de abandono
y muero aplastado por estos desconocidos
que he juntado
y que trabajan para mi perdición.

miércoles, 13 de julio de 2016

Mujer en la esquina - Santiago Sylvester - Argentina


De lo que se trata es del intercambio: ella tiene hambre, yo
      no tengo conocimiento; y si cada uno espera que caiga su
      ración del cielo, ya podemos despedirnos sin aliviar la carga.
Siempre ha habido estos pactos: ella con un naipe distinto
      en cada caso, yo eligiendo la carta para ver si acierto;
ella, yegua de Parménides llevándome camino arriba, yo
      olfateando el rastro con precipitación;
y así, necesitados ambos de lo que el otro tiene y no guarda
      para sí, buscamos lo excitable de la especie para alcanzar el
      peso, la saliva del otro, la célebre unión de las mitades.

Ella siempre con historias exitosas (todas tristes), y yo
         atestiguando lo que he dicho:
                   que si espera en la calle
                   se debe al intercambio,
                   si entra en el bar y llama por teléfono,
                   si disloca hasta morir la mandíbula del alma
                   y se ríe cuando corresponde llorar
                   se debe al intercambio: esas partes separadas en
                            busca de lo mismo.

Y es todo lo que sé.
Pero ella sabe más:
      sin salir de la esquina
      conoce el mar por el tripulante a deshora,
      el mercado por el olor de unas manos,
      la vaca por el carnicero;
y si no quiere ni oír
hablar del corazón, acostumbrada
      como está a la charla,
      es porque sabe que ahí cruje la madera.
      El corazón es puro esteticismo.
De Escenarios, 1993