Silvia Pérez Cruz

sábado, 31 de marzo de 2012

Explicación necesaria - Yannis Ritsos - Grecia

Spyros Verykios (Grecia)
Hay ciertos versos -a veces poemas enteros-
que yo mismo no sé qué quieren decir.
Eso que no sé
me retiene. Y tienen razón en preguntar.
No preguntes.
Te digo que no sé.
Dos luces paralelas
llegan del mismo centro. El ruido del agua
que cae, en invierno, del canalón colmado
o el ruido de una gota de agua cayendo
de una rosa en el jardín recién regado
suave muy suavemente en un atardecer de primavera
como el lamento de un pájaro. No sé
qué quiere decir ese ruido
sin embargo lo acepto.
Las cosas que no sé te las explico.
No me dejo estar.
Pero las otras también son parte de nuestra vida.
Yo miraba su rodilla doblada,
cómo dormía ella, cómo abultaba la sábana.
No era solamente el amor. Aquel ángulo
era la cresta de la ternura, y el olor
de la sábana, de la limpieza
y de la primavera completaban
eso inexplicable, que intenté,
una vez más en vano, explicarte.

miércoles, 28 de marzo de 2012

El sospechoso - Yannis Ritsos - Grecia

Spyros Verykios (Grecia)
Cerró la puerta con llave. Miró hacia atrás con desconfianza
y se guardó la llave en el bolsillo. Le detuvieron en esa postura.
Le maltrataron durante meses. Hasta que una noche confesó
(y quedó demostrado) que la llave y la casa
eran suyas. Pero nadie pudo entender
por qué había escondido su llave. De modo que
a pesar de habérsele declarado inocente, siguió siendo
sospechoso para todos.
Versión de Román Bermejo

domingo, 25 de marzo de 2012

Fuera del juego - Heberto Padilla - Cuba

Grito - Oswaldo Guayasamín (Ecuador)
A Yannis Ritsos, en una cárcel de Grecia
¡Al poeta, despídanlo!
Ese no tiene aquí nada que hacer.
No entra en el juego.
No se entusiasma.
No pone en claro su mensaje.
No repara siquiera en los milagros.
Se pasa el día entero cavilando.
Encuentra siempre algo que objetar.

¡A ese tipo, despídanlo!
Echen a un lado al aguafiestas,
a ese malhumorado
del verano,
con gafas negras
bajo el sol que nace.
Siempre
le sedujeron las andanzas
y las bellas catástrofes
del tiempo sin Historia.
Es
incluso
anticuado.
Sólo le gusta el viejo Armstrong.

Tararea, a lo sumo,
una canción de Pete Seeger.
Canta,
entre dientes,
La Guantanamera.
Pero no hay
quien lo haga abrir la boca,
pero no hay
quien lo haga sonreír
cada vez que comienza el espectáculo
y brincan
los payasos por la escena;
cuando las cacatúas
confunden el amor con el terror
y está crujiendo el escenario
y truenan los metales
y los cueros
y todo el mundo salta,
se inclina,
retrocede,
sonríe,
abre la boca
"pues sí,
claro que sí,
por supuesto que sí..."
y bailan todos bien,
bailan bonito,
como les piden que sea el baile.
¡A ese tipo, despídanlo!
Ese no tiene aquí nada que hacer.

jueves, 22 de marzo de 2012

Los pícaros/ 2 - Fragmento de El Lazarillo - ¿Anónimo? - ¿Diego Hurtado de Mendoza? - España

El Lazarillo de Tormes - Francisco de Goya y Lucientes
CUENTA LÁZARO SU VIDA Y CUYO HIJO FUE
Pues sepa V. M. ante todas cosas que a mí llaman Lázaro de Tormes, hijo de Tomé González y de Antona Pérez, naturales de Tejares, aldea de Salamanca. Mi nascimiento fue dentro del río Tormes, por la cual causa tomé el sobrenombre, y fue desta manera. Mi padre, que Dios perdone, tenía cargo de proveer una molienda de una aceña que está ribera de aquel río, en la cual fue molinero más de quince años; y estando mi madre una noche en la aceña, preñada de mí, tomóle el parto y parióme allí; de manera que con verdad me puedo decir nacido en el río.
Pues siendo yo niño de ocho años, achacaron a mi padre ciertas sangrías mal hechas en los costales de los que allí a moler venían, por lo cual fue preso, y confesó, y no negó, y padesció persecución por justicia. Espero en Dios que está en la Gloria, pues el Evangelio los llama bienaventurados. En este tiempo se hizo cierta armada contra moros, entre los cuales fue mi padre, que a la sazón estaba desterrado por el desastre ya dicho, con cargo de acemilero de un caballero que allá fue; y con su señor, como leal criado, feneció su vida.
Mi viuda madre, como sin marido y sin abrigo se viese, determinó arrimarse a los buenos por ser uno dellos, y vínose a vivir a la ciudad, y alquiló una casilla, y metíase a guisar de comer a ciertos estudiantes, y lavaba la ropa a ciertos mozos de caballos del Comendador de la Magdalena; de manera que fue frecuentando las caballerizas. Ella y un hombre moreno, de aquellos que las bestias curaban*, vinieron en conocimiento. Este algunas veces se venía a nuestra casa, y se iba a la mañana; otras veces de día llegaba a la puerta, en achaque de comprar huevos, y entrábase en casa. Yo, al principio de su entrada, pesábame con él y habíale miedo, viendo el color y mal gesto que tenía; mas de que vi que con su venida mejoraba el comer, fuile queriendo bien, porque siempre traía pan, pedazos de carne, y en el invierno leños, a que nos calentábamos.
De manera que continuando la posada y conversación, mi madre vino a darme un negrito muy bonito, el cual yo brincaba y ayudaba a callentar. Y acuérdome que estando el negro de mi padrastro trebejando** con el mozuelo, como el niño vía a mi madre y a mí blancos, y a él no, huía dél con miedo para mi madre, y señalando con el dedo decía: "¡Madre, coco!" Respondió él riendo: "¡Hideputa!"
Yo, aunque bien mochacho, noté aquella palabra de mi hermanico, y dije entre mí: "¡Cuántos debe de haber en el mundo que huyen de otros porque no se ven a sí mismos!"
[...]
* Curaban: cuidaban
** Trebejando: jugando

lunes, 19 de marzo de 2012

Los pícaros/1 - Prólogo al lector - Diego de Torres Villarroel - España

Diego de Torres Villarroel ('El Gran Piscator de Salamanca')
Prólogo al lector

Tú dirás (como si lo oyera), luego que agarres en tu mano este papel, que en Torres no es virtud, humildad ni entretenimiento escribir su vida, sino desvergüenza pura, truhanada sólida y filosofía insolente de un picarón que ha hecho negocio en burlarse de sí mismo y gracia estar haciendo zumba y gresca de todas las gentes del mundo. Y yo diré que tienes razón, como soy cristiano.

Prorrumpirás también, después de haberlo leído (si te coge de mal humor), en decir que no tiene doctrina deleitable, novedad sensible, ni locución graciosa, sino muchos disparates, locuras y extravagancias, revueltas entre las brutalidades de un idioma cerril, a ratos sucio, a veces basto y siempre desabrido y mazorral. Y yo te diré, con mucha cachaza, que no hay que hacer ascos, porque no es más limpio el que escucho salir de tu boca, y casi casi tan hediondo y pestilente el que, después de muy fregado y relamido, pone tu vanidad en las imprentas.

Puede ser que digas (por meterte a doctor como acostumbras) que porque se me han acabado las ideas, los apodos y las sátiras, he querido pegar con mis huesos, con los de mis difuntos y con los de mi padre y madre, para que no quede en este mundo ni en el otro vivo ni muerto que no haya baboseado la grosera boca de mi pluma. Y yo te diré que eso es mentira, porque yo encuentro con las ideas, los apodos y los equívocos cuando los he menester, sin más fatiga que menearme un poco los sesos; y si te parece que te engaño, arrímate a mí, que juro ponerte de manera que no te conozca la madre que te parió.

Maliciarás acaso (yo lo creo) que esta inventiva es un solapado arbitrio para poner en el público mis vanidades, disimuladas con la confesión de cuatro pecadillos, queriendo vender por humildad rendida lo que es una soberbia refinada. Y no sospechas mal; y yo, si no hago bien, hago a lo menos lo que he visto hacer a los más devotos, contenidos y remilgados de conciencia, y pues yo trago tus hipocresías y sus fingimientos, embocaos vosotros (pese a vuestra alma) mis artificios, anden los embustes de mano en mano, que lo demás es irremediable.

Dirás, últimamente, que porque no se me olvide ganar dinero, he salido con la invención de venderme la vida. Y yo diré que me haga buen provecho; y si te parece mal que yo gane mi vida con mi Vida, ahórcate, que a mí se me da muy poco de la tuya.

Mira, hombre, yo te digo la verdad; no te aporrees ni te mates por lo que no te importa, sosiégate y reconoce que das con un bergante que desde ahora se empieza a reír de las alabanzas que le pones y de las tachas que le quitas, y ya que murmures, sea blandamente, de modo que no te haga mal al pecho ni a los livianos, que primero es tu salud que todo el mundo. Cuida de tu vida y deja que yo lleve y traiga la mía donde se me antojare, y vamos viviendo, sin añadir pesadumbres excusadas a una vida que apenas puede con los petardos que sacó de la naturaleza.

En las hojas inmediatas, que yo llamo Introducción, pongo los motivos que me dieron la gana y la paciencia de escribir mi Vida; léelos sin prevenir antes el enojo, y te parecerán, si no justos, decentes, y disimula lo demás, porque es lo de menos. Yo sé que cada día te bruman otros escritores con estilos y voces, unas tan malas y otras tan malditas como las que yo te vendo, y te las engulles sin dar una arcada; conmigo solamente guardas una ojeriza irreconciliable, y juro por mi vida que no tienes razón. Seamos amigos, vida nueva, dejemos historias viejas, y aplícate a esta reciente de un pobretón que ha dejado vivir a todo el mundo sin meterse en sus obras, pensamientos, ni palabras.

En este prólogo no hay más que advertir. Quédate con Dios.

viernes, 16 de marzo de 2012

La guerra - Gaspar Núñez de Arce - España

Zdzisław Beksiński
Por razones que se calla
la historia prudentemente,
dos monarcas de Occidente
riñeron fiera batalla.
La causa del rompimiento
no está, en verdad, a mi alcance,
ni hace falta para el lance
que referiros intento.
Sobre el campo del honor
cubierto de sangre y gloria,
donde alcanzó la victoria
más la astucia que el valor,
dos discípulos de Marte,
que airados se acometieron
y juntamente cayeron
pasados de parte a parte,
sumergidos en el lodo,
mientras que llegaba el cura
para darles sepultura,
platicaban de este modo:

SOLDADO PRIMERO
¡Hola, compadre! ¿Qué tal
te ha parecido el asunto?

SOLDADO SEGUNDO
Puesto que me ves difunto
debe parecerme mal.

SOLDADO PRIMERO
Pues ha sido divertida
la función: mira a tu lado.
Lo menos hemos quedado
doce mil héroes sin vida.
Y en esto me quedo corto,
que me enfadan los extremos.

SOLDADO SEGUNDO
¡Con qué habilidad nos hemos
destrozado! Estoy absorto.
Ha habido alarmas y sustos
y muertes y atrocidades
para todas las edades
y para todos los gustos.

SOLDADO PRIMERO
Mas yo quisiera saber
por qué con tanto denuedo
nos matamos...

SOLDADO SEGUNDO
¡Ay! No puedo
tu duda satisfacer.
Para entrar en esta danza
tuve que dejar mi oficio.
Sé que aprendí el ejercicio,
sé que estudié la Ordenanza.
Sé que en compañía de esos
que están mordiendo la tierra,
me trajeron a la guerra
y me moliste los huesos.
Y, en fin, francamente hablando,
puedo decirte al oído,
que he muerto como he nacido;
sin saber por qué, ni cuándo.

SOLDADO PRIMERO
De tu explicación me huelgo,
porque mi vida retrata.

En esto, alzando la pata
un moribundo jamelgo,
¡Gracias, dioses inmortales!
-dijo con voz lastimera-
Pues de la misma manera
morimos los animales.

Cuando pasó la impresión
de tan extraño incidente,
así anudó el más valiente
la rota conversación:

SOLDADO PRIMERO
Aunque ignoramos la ley,
origen de esta querella,
juro a Dios vivo que en ella
lleva la razón mi rey.

SOLDADO SEGUNDO
¿Y por qué?

SOLDADO PRIMERO
Porque es el mío.

SOLDADO SEGUNDO
¡Qué salida de pavana!
La justicia es de quien gana.

SOLDADO PRIMERO
De tu ignorancia me río.
¡Pues cuántos que han hecho eternos
sus nombres con la victoria,
no han ido a gozar la gloria
de su triunfo a los infiernos!

SOLDADO SEGUNDO
Considera lo que dices,
porque estoy ardiendo en ira.

SOLDADO PRIMERO
¡No me alces el gallo!...

SOLDADO SEGUNDO
Mira
que te rompo las narices.

Y fieros y cejijuntos
a combatir empezaron
de nuevo... ¡y no se mataron,
porque ya estaban difuntos!
Diéronse golpes crueles,
hasta que hueca y ufana
llegó la Locura humana,
sonando sus cascabeles.
Puso paz entre los dos
y dijo con desenfado:
«¿Qué es esto? Habéis olvidado
que sois imagen de Dios?
Tal vez la inmortalidad
con justo título esperen
los que por la patria mueren,
por Dios, por la libertad.
Pero que el hombre sucumba
en conquistadora guerra,
cuando siete pies de tierra
le bastan para su tumba;
o que en lucha fratricida
entre, sin saber quizá
ni por qué la muerte da,
ni por qué pierde la vida;
esto mi paciencia apura,
y cuantas veces lo veo,
aunque soy Locura, creo
que es demasiada locura.»
Diciembre de 1857

martes, 13 de marzo de 2012

Oración a las máscaras - Léopold Sédar Senghor - Senegal

Train de vie - Douts Ndoye (Senegal)
Máscara negra, máscara roja,
máscaras blanquinegras.
Máscaras de todo horizonte
de donde sopla el Espíritu,
os saludo en silencio.
Y no a ti el último Antepasado
de cabeza de León.
Guardáis este lugar prohibido
a toda sonrisa de mujer,
a toda sonrisa que se marchita.
Destiláis ese aire de eternidad
en el que respiro el aliento de mis Padres.
Máscaras de rostros sin máscara,
despojados de todo hoyuelo y de toda arruga,
que habéis compuesto este retrato,
este rostro mío inclinado sobre el altar de blanco papel.
A vuestra imagen, ¡escuchadme!
Ya se muere el África de los imperios,
es la agonía de una princesa deplorable.
Y también Europa
a la que nos une el cordón umbilical
Fijad vuestros ojos inmutables
en vuestros hijos dominados que dan su vida como el pobre su última ropa.
Que respondamos con nuestra presencia
al renacer del mundo,
como es necesaria la levadura a la harina blanca.
¿Pues quién enseñaría el ritmo de las máquinas
y de los cañones al mundo desaparecido?
¿Quién daría el grito de alegría para despertar
a muertos y a huérfanos al amanecer?
Decid, ¿quién devolvería el recuerdo de la vida
al hombre de esperanzas rotas?
Nos llaman los hombres del algodón,
del café, del aceite,
nos llaman los hombres de la muerte.
Somos los hombres de la danza,
cuyos pies recobran fuerza
al golpear el duro suelo.

Léopold Sédar Senghor, poeta de la negritud, estudiante de élite de la Sorbona, fundador junto con Aimé Césaire de la revista El estudiante negro en París y editor de la Antología de la nueva poesía negra y malgache, prologada por Sartre, escribió este poema en los comienzos de la descolonización de África. Poco más tarde llegaría a ser presidente de Senegal.

sábado, 10 de marzo de 2012

Un hombre pasa con un pan al hombro... - César Vallejo - Perú

Entonces - Guillermo Acevedo Sánchez (Perú)
Un hombre pasa con un pan al hombro
¿Voy a escribir, después, sobre mi doble?

Otro se sienta, ráscase, extrae un piojo de su axila, mátalo
¿Con qué valor hablar del psicoanálisis?

Otro ha entrado a mi pecho con un palo en la mano
¿Hablar luego de Sócrates al médico?

Un cojo pasa dando el brazo a un niño
¿Voy, después, a leer a André Bretón?

Otro tiembla de frío, tose, escupe sangre
¿Cabrá aludir jamás al Yo profundo?

Otro busca en el fango huesos, cáscaras
¿Cómo escribir, después, del infinito?

Un albañil cae de un techo, muere y ya no almuerza
¿Innovar, luego, el tropo, la metáfora?

Un comerciante roba un gramo en el peso a un cliente
¿Hablar, después, de cuarta dimensión?

Un banquero falsea su balance
¿Con qué cara llorar en el teatro?

Un paria duerme con el pie a la espalda
¿Hablar, después, a nadie de Picasso?

Alguien va en un entierro sollozando
¿Cómo luego ingresar a la Academia?

Alguien limpia un fusil en su cocina
¿Con qué valor hablar del más allá?

Alguien pasa contando con sus dedos
¿Cómo hablar del no-yó sin dar un grito?
De Poemas humanos

miércoles, 7 de marzo de 2012

Literatura satírica y burlesca/14 - En que descubre digna estirpe a un borracho linajudo - Sor Juana Inés de la Cruz - México

El triunfo de Baco (Los borrachos) - Diego Velázquez
Porque tu sangre se sepa,
cuentas a todos, Alfeo,
que eres de Reyes; yo creo
que eres de muy buena Cepa.

Y que, pues a cuantos topas
con esos reyes enfadas,
que más que Reyes de Espadas
debieron de ser de Copas.

domingo, 4 de marzo de 2012

Poesía del vino/14 - Antiguo Egipto

Elaboración de la cerveza en el Antiguo Egipto
Hallé a mi hermano en la otra orilla del vado,
con una pierna en el agua.
Todo el día pasa,
de cerveza en cerveza,
en compañía de alegres compañeros;
¡Y me enrojece el rostro el incesante vomitar!

***
La hermana pasa el día debajo de mis ramas,
junto al hermano,
ebria de vino de uva y granada,
por la fragancia de la resina, bañada.

***
Cuando la beso y separa los labios,
¡Grande es mi alegría!
Pese a no haber probado la cerveza.

jueves, 1 de marzo de 2012

Tempus fugit/11 - Carpe Diem/7 - Ubi sunt?/ 3 - El arpista de Intef - Anónimo - Antiguo Egipto

El arpista - Fresco en una tumba egipcia
Generaciones y más generaciones desaparecen y se van,
otras se quedan, y esto dura desde los tiempos de los Antepasados,
de los dioses que existieron antes
y reposan en sus pirámides.
Nobles y gentes ilustres
están enterrados en sus tumbas.
Construyeron casas cuyo lugar ya no existe.
¿Qué ha sido de ellos?
He oído sentencias
de Imuthés y de Hardedef,
que se citan como proverbios
y que duran más que todo.
¿Dónde están sus moradas?
Sus muros han caído;
sus lugares ya no existen,
como si nunca hubieran sido.
Nadie viene de allá para decir lo que es de ellos,
para decir qué necesitan,
para sosegar nuestro corazón hasta que abordemos
al lugar donde se fueron.
Por eso, tranquiliza tu corazón.
¡Que te sea útil el olvido!
Sigue a tu corazón
mientras vives.
Ponte olíbano en la cabeza.
Vístete de lino fino.
Úngete con la verdadera maravilla
del sacrificio divino.
Acrecienta tu bienestar,
para que tu corazón no desmaye.
Sigue a tu corazón y haz lo que sea bueno para ti.
Despacha tus asuntos en este mundo.
No canses a tu corazón,
hasta el día en que se eleve el lamento funerario por ti.
Aquél que tiene el corazón cansado no oye su llamada.
Su llamada no ha salvado a nadie de la tumba.
Hazte, por tanto, el día dichoso,
y no te canses nunca de esto.
¿Ves?, nadie se ha llevado sus bienes consigo.
¿Ves?, ninguno de los que se fueron ha vuelto.

El Canto del arpista es un poema egipcio de finales del Primer Periodo Intermedio. Se conserva en la capilla funeraria del faraón Intef,  junto a la imagen de un arpista. Probablemente fuese una de las muchas coplas que se cantaban en banquetes y fiestas, costumbre que perduró a lo largo de los siglos, como atestiguó Heródoto tras su visita a Egipto.  Es el texto más antiguo conocido de este tipo de composiciones.