Vivir en los hoteles
que he leído, en sus cuartos que he soñado,
y no ser nadie: terrible azar.
¿Recordáis, amigos, el tiempo
en que trazábamos un dibujo de la vida
amable y completa, dorada
por el pensamiento fino y la ironía?
Misántropos, con una honesta
arrogancia entregados a la idea moral
de los placeres,
buscábamos en los lugares
de una geografía inventada
el sitio exacto, el último,
queriendo que nada nos doliera
nunca más.
Y ya lo veis,
ahora deambulamos por hoteles perdidos
en donde no ser nadie,
a la espera de un golpe de fortuna
que nos revele cuanto los años
se propusieron esconder.
1
Ah, mon vieux José Afonso,
vuelvo a tus fotos de África,
o mejor he de decir de las Áfricas, así en plural,
de las cien o de las mil, de las Áfricas ocultas
que aguardan ser miradas por tu cámara
de épica resistencia, de honesto respeto
hacia la soledad de su íntima desecación.
2
Ah, mon vieux José Afonso,
esas fotos de seres invisibles y paisajes reales
como sueños están aquí en mi memoria,
me las he traído hasta esta isla de Madeira
desde donde estoy escribiéndote estos versos,
a las cinco de la tarde, en un pequeño bar
de Funchal, junto al castillo, por la zona alta.
3
Allá a lo lejos, atravesando el mar océano,
una línea, directamente trazada desde el centro
de esta mesa con mantel de plástico rojo a cuadros,
llega hasta Cabo Verde y sus nombres de islas y lugares,
que despiertan en mí la poderosa idea amada
y viva del viaje largo, de las tiernas nostalgias,
del humo de un café donde suena la morna
en la voz de Cize, llenando el entorno
de una atmósfera de tristeza y encanto.
4
Esos nombres que flotan como músicas en mi cabeza:
Sao Vicente, Baía das Gatas, Mindelo,
Tarrafal, Calhau, Praia, Monte Cara,
desiertos en blanco y gris, en negro y blanco,
en los colores mismos de una ardiente sequedad,
de una tea abrasada, calcinada, avarienta.
5
Pero también van en el equipaje de mi memoria
otras Áfricas allá lejanas, pobres, orgullosas:
Angola, Sao Tomé, Maputo, Bissau,
mundos más que lugares, bordes del mar,
valles barridos por vientos que azotan a las palmeras,
matojos de hierba que ya no es ni será verde,
sólo ese plateado grisáceo de tus fotos,
tierra negra de la desolación,
fantasma de los vergeles bíblicos, ceniza.
6
Por tus fotos que recuerdo pasó la epopeya,
se agostó la historia, se perdió el hálito del brío;
ahora es habla seca de espíritus emigrados
A Boston, a París, a Lisboa, a Madrid, a Berlín,
el infierno de la vida real donde ser negro
es el castigo mayor, el peligro, la condena.
7
Recojo en tus fotos el hechizo breve de un rescoldo
apagándose, pero no la hoguera cálida;
ya aquella luz se extinguió,
se fue con el tiempo en que había hombres felices,
se fue con el tiempo en que las estaciones,
los rebaños y los cultivos guiaban a los hombres;
ahora no hay nada ni hay nadie.
8
Sólo queda la voz en Cabo Verde,
la voz como no hay otra voz en el mundo,
la voz que corta el dolor como manteca,
la voz de Cesaria Evora, sacándome de la profunda
sombra muerta de tus Áfricas.
9
Ah, José Afonso, viejo amigo,
mago de la luz y de su ausencia,
maestro de los grises fronterizos,
que divides el mundo negro de los desiertos blancos
con una raya equinoccial, equilibrada,
el horizonte inventado por ti
entre el cielo y el mundo,
como Dante, como Virgilio, como Camoens.
10
Cuántos viajes largos pasaron por esos puertos vacíos,
antaño cruce obligado de todas las rutas;
si hubiera de partir hoy de este malecón,
aquí, en Funchal, atestado de cargueros roñosos,
pediría que mi escala fuese en Mindelo
para ver si esos nombres que flotan en mi mente,
que he visto en tus fotos,
existen, o son en cambio telones de tu alma
que descorres ocultando a todos una amarga mirada.
11
Tus árboles, tu arena, tus olas,
son estancias de la luz, la casa de las sombras,
la lontananza de quien busca el ocaso de la vida
donde antes, un día, fue dictado el Paraíso.
Si tu t'imagines
si tu t'imagines
fillette fillette
si tu t'imagines
xa va xa va xa
va durer toujours
la saison des za
la saison des za
saison des amours
ce que tu te goures
fillette fillette
ce que tu te goures
Si tu crois petite
si tu crois ah ah
que ton teint de rose
ta taille de guêpe
tes mignons biceps
tes ongles d'émail
ta cuisse de nymphe
et ton pied léger
si tu crois petite
xa va xa va xa va
va durer toujours
ce que tu te goures
fillette fillette
ce que tu te goures
les beaux jours s'en vont
les beaux jours de fête
soleils et planètes
tournent tous en rond
mais toi ma petite
tu marches tout droit
vers sque tu vois pas
très sournois s'approchent
la ride véloce
la pesante graisse
le menton triplé
le muscle avachi
allons cueille cueille
les roses les roses
roses de la vie
et que leurs pétales
soient la mer étale
de tous les bonheurs
allons cueille cueille
si tu le fais pas
ce que tu te goures
fillette fillette
ce que tu te goures.
Si tú te imaginas Si tú te imaginas si te imaginas pequeña, pequeña si te imaginas que va que va… a durar para siempre la estación de los.. la estación de los.. la estación de los amores es que te equivocas pequeña, pequeña es que te equivocas. Si crees, pequeña si crees ah ah que tu tez sonrosada que tu cintura de avispa, que tus lindos brazos, tus esmaltadas uñas, tus piernas de ninfa y tu paso ligero si tú crees, pequeña que va que va… a durar para siempre es que te equivocas pequeña, pequeña es que te equivocas. Los buenos días se van Los buenos días de fiesta. Soles y planetas giran en redondo pero tú, mi pequeña tú caminas en línea recta hacia lo que no puedes ver. Se acercan sibilinas las veloces arrugas, la grasa pesada, la triple papada, el músculo encorvado. Vamos, coge, toma las rosas, las rosas, rosas de la vida y que sus pétalos sean el mar tranquilo de toda la felicidad. Vamos, coge, tómalo que si no lo haces es que te equivocas pequeña, pequeña es que te equivocas…
De El instante fatal Traducción de Adolfo García Ortega
Cada poema es único. En cada obra late, con mayor o menor grado, toda la poesía. Cada lector busca algo en el poema. Y no es insólito que lo encuentre: ya lo llevaba dentro.