El tiempo se repartía según las estaciones,
como las estrellas errantes del cielo.
El invierno se pasaba en Cartagena, resguardada
de los vientos por los altos montes, junto al mar.
El verano en la fértil vega de Murcia, a la sombra de los árboles [cuajados de frutos, entre alcázares y puentes.
La primavera en los campos, prados y colinas regados por las [primeras lluvias.
El otoño en los baños termales, de los que tanto goza el levante [español.
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El mejor lugar para pasar el invierno, en la orilla de un[mar, entre cañas, cúpulas y casas.
Para pasar el verano, a las orillas de un río, entre palacios, [puentes y poblados.
Para pasar la primavera, lugares por donde se desliza el
[agua sobre praderías, llanuras y colinas.
Y para el otoño, lugares de aguas, o alhamas, entre árboles [castillos y caseríos.
En Murcia se reflejan los árboles en las aguas cristalinas del río.
Y pasábamos el tiempo comprendido entre almuerzo y cena
descubriendo los deseos de nuestras almas, mientras las
[aves nos maravillaban con sus trinos.
O dejando rodar palabras bellas, como piedras preciosas, [en noches de luna llena.
Embriagándonos con el aroma de los árboles y flores, [mientras el alba despertaba.
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Y ahora nuestras miradas contemplan jardines rodeados [de acequias y estanques.Va desapareciendo el sol del atardecer, hasta que no se
[ve más que el borde de su corona.
Pero entonces alumbra nuestros ojos el resplandor de
[Qubbas, cuya luz nos indica el camino.
Traducción de Emilio García Gómez
