Michel Camilo & Tomatito - Spain Forever (2016)

sábado, 30 de abril de 2016

Literatura satírica y burlesca/ 41 - Fragmentos de El Licenciado Vidriera - Miguel de Cervantes Saavedra - España


[...] Sucedió que en este tiempo llegó a aquella ciudad una dama de todo rumbo y manejo. Acudieron luego a la añagaza y reclamo todos los pájaros del lugar, sin quedar vademécum1 que no la visitase. Dijéronle a Tomás que aquella dama decía que había estado en Italia y en Flandes, y, por ver si la conocía, fue a visitarla, de cuya visita y vista quedó ella enamorada de Tomás; y él, sin echar de ver en ello, si no era por fuerza y llevado de otros, no quería entrar en su casa. Finalmente, ella le descubrió su voluntad y le ofreció su hacienda; pero, como él atendía más a sus libros que a otros pasatiempos, en ninguna manera respondía al gusto de la señora, la cual, viéndose desdeñada, y a su parecer aborrecida, y que por medios ordinarios y comunes no podía conquistar la roca de la voluntad de Tomás, acordó de buscar otros modos, a su parecer más eficaces y bastantes para salir con el cumplimiento de sus deseos. Y así, aconsejada de una morisca, en un membrillo toledano dio a Tomás unos destos que llaman hechizos, creyendo que le daba cosa que le forzase la voluntad a quererla; como si hubiese en el mundo yerbas, encantos ni palabras suficientes a forzar el libre albedrío; y así, las que dan estas bebidas o comidas amatorias se llaman veníficas; porque no es otra cosa lo que hacen sino dar veneno a quien las toma, como lo tiene mostrado la experiencia en muchas y diversas ocasiones.

Comió en tan mal punto Tomás el membrillo, que al momento comenzó a herir de pie y de mano como si tuviera alferecía2, y sin volver en sí estuvo muchas horas, al cabo de las cuales volvió atontado, y dijo con lengua turbada y tartamuda que un membrillo que había comido le había muerto, y declaró quién se le había dado. La justicia, que tuvo noticia del caso, fue a buscar la malhechora; pero ya ella, viendo el mal suceso, se había puesto en cobro, y no pareció3 jamás.

Seis meses estuvo en la cama Tomás, en los cuales se secó y se puso, como suele decirse, en los huesos, y mostraba tener turbados todos los sentidos; y aunque le hicieron los remedios posibles, sólo le sanaron la enfermedad del cuerpo, pero no lo del entendimiento, porque quedó sano, y loco de la más estraña locura que entre las locuras hasta entonces se había visto. Imaginóse el desdichado que era todo hecho de vidrio, y con esta imaginación, cuando alguno se llegaba a él, daba terribles voces, pidiendo y suplicando con palabras y razones concertadas que no se le acercasen, porque le quebrarían; que real y verdaderamente él no era como los otros hombres: que todo era de vidrio, de pies a cabeza.

Para sacarle desta estraña imaginación, muchos, sin atender a sus voces y rogativas, arremetieron a él y le abrazaron, diciéndole que advirtiese y mirase cómo no se quebraba. Pero lo que se granjeaba en esto era que el pobre se echaba en el suelo dando mil gritos, y luego le tomaba un desmayo del cual no volvía en sí en cuatro horas; y cuando volvía, era renovando las plegarias y rogativas de que otra vez no le llegasen. Decía que le hablasen desde lejos, y le preguntasen lo que quisiesen, porque a todo les respondería con más entendimiento, por ser hombre de vidrio y no de carne; que el vidrio, por ser de materia sutil y delicada, obraba por ella el alma con más promptitud y eficacia que no por la del cuerpo, pesada y terrestre. Quisieron algunos experimentar si era verdad lo que decía, y así, le preguntaron muchas y difíciles cosas, a las cuales respondió espontáneamente con grandísima agudeza de ingenio: cosa que causó admiración a los más letrados de la Universidad y a los profesores de la Medicina y Filosofía, viendo que en un sujeto donde se contenía tan extraordinaria locura como era el pensar que fuese de vidrio, se encerrase tan grande entendimiento, que respondiese a toda pregunta con propiedad y agudeza.

Pidió Tomás le diesen alguna funda donde pusiese aquel vaso quebradizo de su cuerpo, porque al vestirse algún vestido estrecho no se quebrase; y así, le dieron una ropa parda y una camisa muy ancha, que él se vistió con mucho tiento y se ciñó con una cuerda de algodón. No quiso calzarse zapatos en ninguna manera, y el orden que tuvo para que le diesen de comer sin que a él llegasen fue poner en la punta de una vara una vasera de orinal, en la cual le ponían alguna cosa de fruta, de las que la sazón del tiempo ofrecía. Carne ni pescado, no lo quería; no bebía sino en fuente o en río, y esto con las manos; cuando andaba por las calles iba por la mitad dellas, mirando a los tejados, temeroso no le cayese alguna teja encima y le quebrase; los veranos dormía en el campo al cielo abierto, y los inviernos se metía en algún mesón, y en el pajar se enterraba hasta la garganta, diciendo que aquélla era la más propia y más segura cama que podían tener los hombres de vidrio. Cuando tronaba, temblaba como un azogado, y se salía al campo, y no entraba en poblado hasta haber pasado la tempestad. Tuviéronle encerrado sus amigos mucho tiempo; pero viendo que su desgracia pasaba adelante, determinaron de condescender con lo que él pedía, que era le dejasen andar libre; y así, le dejaron, y él salió por la ciudad, causando admiración y lástima a todos los que le conocían.

Cercáronle luego los muchachos; pero él con la vara los detenía, y les rogaba le hablasen apartados, por que no se quebrase; que, por ser hombre de vidrio, era muy tierno y quebradizo. Los muchachos, que son la más traviesa generación del mundo, a despecho de sus ruegos y voces, le comenzaron a tirar trapos, y aun piedras, por ver si era de vidrio, como él decía. Pero él daba tantas voces y hacía tales extremos, que movía a los hombres a que riñesen y castigasen a los muchachos por que no le tirasen. Mas un día que le fatigaron mucho se volvió a ellos, diciendo:

-¿Qué me queréis, muchachos, porfiados como moscas, sucios como chinches, atrevidos como pulgas? ¿Soy yo, por ventura, el monte Testacho de Roma4, para que me tiréis tantos tiestos y tejas?

Por oírle reñir y responder a todos, le seguían siempre muchos, y los muchachos tomaron y tuvieron por mejor partido antes oílle que tiralle. Pasando, pues, una vez por la ropería de Salamanca, le dijo una ropera:

-En mi ánima, señor Licenciado, que me pesa de su desgracia; pero, ¿qué haré, que no puedo llorar?

Él se volvió a ella, y muy mesurado, le dijo:

-Filioe Hierusalem, plorate super vos et super filios vestros5.

Entendió el marido de la ropera la malicia del dicho y díjole:

-Hermano Licenciado Vidriera -que así decía él que se llamaba-, más tenéis de bellaco que de loco.

-No se me da un ardite -respondió él-, como no tenga nada de necio.

Pasando un día por la casa llana y venta común6, vio que estaban a la puerta della muchas de sus moradoras, y dijo que eran bagajes del ejército de Satanás que estaban alojados en el mesón del Infierno.

Preguntóle uno qué consejo o consuelo daría a un amigo suyo, que estaba muy triste porque su mujer se le había ido con otro. A lo cual respondió:

-Dile que dé gracias a Dios por haber permitido le llevasen de casa a su enemigo.

-Luego, ¿no irá a buscarla? -dijo el otro.

-Ni por pienso -replicó Vidriera-; porque sería el hallarla hallar un perpetuo y verdadero testigo de su deshonra.

-Ya que eso sea así -dijo el mismo-, ¿qué haré yo para tener paz con mi mujer?

Respondióle:

-Dale lo que hubiere menester; déjala que mande a todos los de su casa, pero no sufras que ella te mande a ti.

Díjole un muchacho:

-Señor Licenciado Vidriera, yo me quiero desgarrar de mi padre porque me azota muchas veces.

Y respondióle:

-Advierte, niño, que los azotes que los padres dan a los hijos honran; y los del verdugo afrentan.

Estando a la puerta de una iglesia, vio que entraba en ella un labrador de los que siempre blasonan de cristianos viejos7, y detrás dél venía uno que no estaba en tan buena opinión como el primero, y el Licenciado dio grandes voces al labrador, diciendo:

-Esperad, Domingo, a que pase el sábado8.

De los maestros de escuela decía que eran dichosos, pues trataban siempre con ángeles; y que fueran dichosísimos si los angelitos no fueran mocosos. Otro le preguntó que qué le parecía de las alcahuetas. Respondió que no lo eran las apartadas, sino las vecinas.

Las nuevas de su locura y de sus respuestas y dichos se extendió por toda Castilla, y llegando a noticia de un príncipe, o señor que estaba en la Corte, quiso enviar por él, y encargóselo a un caballero amigo suyo, que estaba en Salamanca, que se lo enviase; y topándole el caballero un día, le dijo:

-Sepa el señor Licenciado Vidriera que un gran personaje de la Corte le quiere ver y envía por él.

A lo cual respondió:

-Vuesa merced me excuse con ese señor; que yo no soy bueno para palacio, porque tengo vergüenza y no sé lisonjear.

Con todo esto, el caballero le envió a la Corte, y para traerle usaron con él desta invención: pusiéronle en unas árganas de paja, como aquellas donde llevan el vidrio, igualando los tercios con piedras, y entre paja puestos algunos vidrios, por que se diese a entender que como vaso de vidrio le llevaban. Llegó a Valladolid, entró de noche y desembanastáronle en la casa del señor que había enviado por él, de quien fue muy bien recebido, diciéndole:

-Sea muy bien venido el señor Licenciado Vidriera. ¿Cómo ha ido en el camino? ¿Cómo va de salud?

A lo cual respondió:

-Ningún camino hay malo como se acabe, si no es el que va a la horca. De salud estoy neutral, porque están encontrados mis pulsos con mi celebro. [...]

El caballero gustó de su locura y dejóle salir por la ciudad, debajo del amparo y guarda de un hombre que tuviese cuenta que los muchachos no le hiciesen mal; de los cuales y de toda la Corte fue conocido en seis días, y a cada paso, en cada calle y en cualquiera esquina, respondía a todas las preguntas que le hacían; entre las cuales le preguntó un estudiante si era poeta, porque le parecía que tenía ingenio para todo. A lo cual respondió:

-Hasta ahora no he sido tan necio ni tan venturoso.

-No entiendo eso de necio y venturoso -dijo el estudiante.

Y respondió Vidriera:

-No he sido tan necio que diese en poeta malo, ni tan venturoso que haya merecido serlo bueno.

Preguntóle otro estudiante que en qué estimación tenía a los poetas. Respondió que a la ciencia, en mucha; pero que a los poetas, en ninguna. Replicáronle que por qué decía aquello. Respondió que del infinito número de poetas que había, eran tan pocos los buenos, que casi no hacían número; y así, como si no hubiese poetas, no los estimaba; pero que admiraba y reverenciaba la ciencia de la poesía, porque encerraba en sí todas las demás ciencias: porque de todas se sirve, de todas se adorna, y pule y saca a luz maravillosas obras, con que llena el mundo de provecho, de deleite y de maravilla. [...]

Y añadió más:

-¡Qué es ver a un poeta destos de la primera impresión9, cuando quiere decir un soneto a otros que le rodean, las salvas que les hace diciendo: ''¡Vuesas mercedes escuchen un sonetillo que anoche a cierta ocasión hice que, a mi parecer, aunque no vale nada, tiene un no sé qué de bonito!'' Y en esto, tuerce los labios, pone en arco las cejas y se rasca la faldriquera, y de entre otros mil papeles mugrientos y medio rotos, donde queda otro millar de sonetos, saca el que quiere relatar, y al fin le dice, con tono melifluo y alfeñicado. Y si acaso los que le escuchan, de socarrones o de ignorantes, no se le alaban, dice: ''O vuesas mercedes no han entendido el soneto, o yo no le he sabido decir; y así, será bien recitarle otra vez, y que vuesas mercedes le presten más atención, porque en verdad que el soneto lo merece''. Y vuelve como primero a recitarle, con nuevos ademanes y nuevas pausas. Pues, ¿qué es verlos censurar los unos a los otros? ¿Qué diré del ladrar que hacen los cachorros y modernos a los mastinazos antiguos y graves? ¿Y qué de los que murmuran de algunos ilustres y excelentes sujetos donde resplandece la verdadera luz de la poesía que, tomándola por alivio y entretenimiento de sus muchas y graves ocupaciones, muestran la divinidad de sus ingenios y la alteza de sus conceptos, a despecho y pesar del circunspecto ignorante que juzga de lo que no sabe y aborrece lo que no entiende, y del que quiere que se estime y tenga en precio la necedad que se sienta debajo de doseles y la ignorancia que se arrima a los sitiales?

Otra vez le preguntaron qué era la causa de que los poetas, por la mayor parte, eran pobres. Respondió que porque ellos querían, pues estaba en su mano ser ricos, si se sabían aprovechar de la ocasión que por momentos traían entre las manos, que era las de sus damas, que todas eran riquísimas en extremo, pues tenían los cabellos de oro, la frente de plata bruñida, los ojos de verdes esmeraldas, los dientes de marfil, los labios de coral y la garganta de cristal transparente, y que lo que lloraban eran líquidas perlas; y más, que lo que sus plantas pisaban, por dura y estéril tierra que fuese, al momento producía jazmines y rosas; y que su aliento era de puro ámbar, almizcle y algalia; y que todas estas cosas eran señales y muestras de su mucha riqueza. Estas y otras cosas decía de los malos poetas, que de los buenos siempre dijo bien y los levantó sobre el cuerno de la luna.

Vio un día en la acera de San Francisco unas figuras pintadas de mala mano, y dijo que los buenos pintores imitaban a naturaleza, pero que los malos la vomitaban. Arrimóse un día con grandísimo tiento, por que no se quebrase, a la tienda de un librero,  y díjole:

-Este oficio me contentara mucho si no fuera por una falta que tiene.

Preguntóle el librero se la dijese. Respondióle:

-Los melindres que hacen cuando compran un privilegio de un libro, y la burla que hacen a su autor si acaso le imprime a su costa, pues en lugar de mil quinientos, imprimen tres mil libros, y cuando el autor piensa que se venden los suyos, se despachan los ajenos.

Acaeció este mismo día que pasaron por la plaza seis azotados, y diciendo el pregón: "Al primero, por ladrón", dio grandes voces a los que estaban delante dél, diciéndoles:

-¡Apartaos, hermanos, no comience aquella cuenta por alguno de vosotros!

Y cuando el pregonero llegó a decir: "Al trasero...", dijo:

-Aquél debe de ser el fiador de los muchachos. [...]

Preguntóle entonces uno que qué sentía de los médicos, y respondió esto:

 [...] El juez nos puede torcer o dilatar la justicia; el letrado, sustentar por su interés nuestra injusta demanda; el mercader, chuparnos la hacienda; finalmente, todas las personas con quien de necesidad tratamos nos pueden hacer algún daño; pero quitarnos la vida, sin quedar sujetos al temor del castigo, ninguno: sólo los médicos nos pueden matar y nos matan sin temor y a pie quedo, sin desenvainar otra espada que la de un récipe10; y no hay descubrirse sus delictos, porque al momento los meten debajo de la tierra. Acuérdaseme que cuando yo era hombre de carne, y no de vidrio como agora soy, que a un médico destos de segunda clase le despidió un enfermo por curarse con otro, y el primero, de allí a cuatro días, acertó a pasar por la botica donde receptaba el segundo, y preguntó al boticario que cómo le iba al enfermo que él había dejado, y que si le había receptado alguna purga el otro médico. El boticario le respondió que allí tenía una recepta de purga, que el día siguiente había de tomar el enfermo; dijo que se la mostrase, y vio que al fin della estaba escrito: Sumat dilúculo, y dijo: ''Todo lo que lleva esta purga me contenta, si no es este dilúculo11, porque es húmido demasiadamente''.

Por estas y otras cosas que decía de todos los oficios, se andaban tras él, sin hacerle mal y sin dejarle sosegar; pero, con todo esto, no se pudiera defender de los muchachos si su guardián no le defendiera. Preguntóle uno qué haría para no tener envidia a nadie. Respondióle:

-Duerme; que todo el tiempo que durmieres serás igual al que envidias.

Otro le preguntó qué remedio tendría para salir con una comisión, que había dos años que la pretendía. Y díjole:

-Parte a caballo y a la mira de quien la lleva, y acompáñale hasta salir de la ciudad, y así saldrás con ella.

Pasó acaso una vez por delante donde él estaba un juez de comisión, que iba de camino a una causa criminal y llevaba mucha gente consigo y dos alguaciles; preguntó quién era, y, como se lo dijeron, dijo:

-Yo apostaré que lleva aquel juez víboras en el seno, pistoletes en la cinta y rayos en las manos, para destruir todo lo que alcanzare su comisión. Yo me acuerdo haber tenido un amigo que, en una comisión criminal que tuvo, dio una sentencia tan exorbitante, que excedía en muchos quilates a la culpa de los delincuentes. Preguntéle que por qué había dado aquella tan cruel sentencia y hecho tan manifiesta injusticia. Respondióme que pensaba otorgar la apelación, y que con esto dejaba campo abierto a los señores del Consejo para mostrar su misericordia, moderando y poniendo aquella su rigurosa sentencia en su punto y debida proporción. Yo le respondí que mejor fuera haberla dado de manera que les quitara de aquel trabajo, pues con esto le tuvieran a él por juez recto y acertado.

En la rueda de la mucha gente que, como se ha dicho, siempre le estaba oyendo, estaba un conocido suyo en hábito de letrado, al cual otro le llamó señor licenciado; y sabiendo Vidriera que el tal a quien llamaron licenciado no tenía ni aun título de bachiller, le dijo:

-Guardaos, compadre, no encuentren con vuestro título los frailes de la redempción de cautivos, que os le llevarán por mostrenco12.

A lo cual dijo el amigo:

-Tratémonos bien, señor Vidriera, pues ya sabéis vos que soy hombre de altas y de profundas letras.

Respondióle Vidriera:

-Ya yo sé que sois un Tántalo13 en ellas, porque se os van por altas y no las alcanzáis de profundas.

Estando una vez arrimado a la tienda de un sastre, viole que estaba mano sobre mano, y díjole:

-Sin duda, señor maeso, que estáis en camino de salvación.

-¿En qué lo veis? -preguntó el sastre.

-¿En qué lo veo? -respondió Vidriera-. Véolo en que, pues no tenéis qué hacer, no tendréis ocasión de mentir.

Y añadió:

-Desdichado del sastre que no miente y cose las fiestas: cosa maravillosa es que casi en todos los deste oficio apenas se hallará uno que haga un vestido justo, habiendo tantos que los hagan pecadores.

De los zapateros decía que jamás hacían, conforme a su parecer, zapato malo; porque si al que se le calzaban venía estrecho y apretado, le decían que así había de ser, por ser de galanes calzar justo, y que en trayéndolos dos horas vendrían más anchos que alpargates; y si le venían anchos, decían que así habían de venir, por amor de la gota. [...]

Topó una vez a una tendera que llevaba delante de sí una hija suya muy fea, pero muy llena de dijes, de galas y perlas; y díjole a la madre:

-Muy bien habéis hecho en empedralla, porque se pueda pasear. [...]

Decía que había sido opinión de un amigo suyo que el que servía a una comedianta, en sola una servía a muchas damas juntas, como era a una reina, a una ninfa, a una diosa, a una fregona, a una pastora, y muchas veces caía la suerte en que sirviese en ella a un paje y a un lacayo: que todas estas y más figuras suele hacer una farsanta.

Preguntóle uno que cuál había sido el más dichoso del mundo. Respondió que Nemo; porque Nemo novit patrem14, Nemo sine crimine vivit15, Nemo sua sorte contentus16, Nemo ascendit in caelum17. [...] Con los que se teñían las barbas tenía particular enemistad; y, riñendo una vez delante dél dos hombres, que el uno era portugués, éste dijo al castellano, asiéndose de las barbas, que tenía muy teñidas:

-¡Por istas barbas que teño no rostro...!

A lo cual acudió Vidriera:

-¡Ollay, home, naon digáis teño, sino tiño! [...]

Una vez contó que una doncella discreta y bien entendida, por acudir a la voluntad de sus padres, dio el sí de casarse con un viejo todo cano, el cual la noche antes del día del desposorio se fue, no al río Jordán, como dicen las viejas, sino a la redomilla del agua fuerte y plata, con que renovó de manera su barba, que la acostó de nieve y la levantó de pez. Llegóse la hora de darse las manos, y la doncella conoció por la pinta y por la tinta la figura, y dijo a sus padres que le diesen el mismo esposo que ellos le habían mostrado, que no quería otro. Ellos le dijeron que aquel que tenía delante era el mismo que le habían mostrado y dado por esposo. Ella replicó que no era, y trujo testigos cómo el que sus padres le dieron era un hombre grave y lleno de canas; y que, pues el presente no las tenía, no era él, y se llamaba a engaño. Atúvose a esto, corrióse el teñido y deshízose el casamiento. [...]

De los alguaciles dijo que no era mucho que tuviesen algunos enemigos, siendo su oficio, o prenderte, o sacarte la hacienda de casa, o tenerte en la suya en guarda y comer a tu costa. Tachaba la negligencia e ignorancia de los procuradores y solicitadores, comparándolos a los médicos, los cuales, que sane o no sane el enfermo, ellos llevan su propina, y los procuradores y solicitadores, lo mismo, salgan o no salgan con el pleito que ayudan. [...]

Picábale una vez una avispa en el cuello, y no se la osaba sacudir por no quebrarse; pero, con todo eso, se quejaba. Preguntóle uno que cómo sentía aquella avispa, si era su cuerpo de vidrio. Y respondió que aquella avispa debía de ser murmuradora, y que las lenguas y picos de los murmuradores eran bastantes a desmoronar cuerpos de bronce, no que de vidrio. [...]

Alababa mucho la paciencia de un tahúr, que estaba toda una noche jugando y perdiendo, y con ser de condición colérico y endemoniado, a trueco de que su contrario no se alzase, no descosía la boca, y sufría lo que un mártir de Barrabás. [...]

En resolución, él decía tales cosas que, si no fuera por los grandes gritos que daba cuando le tocaban o a él se arrimaban, por el hábito que traía, por la estrecheza de su comida, por el modo con que bebía, por el no querer dormir sino al cielo abierto en el verano y el invierno en los pajares, como queda dicho, con que daba tan claras señales de su locura, ninguno pudiera creer sino que era uno de los más cuerdos del mundo.

Dos años o poco más duró en esta enfermedad, porque un religioso de la Orden de San Jerónimo, que tenía gracia y ciencia particular en hacer que los mudos entendiesen y en cierta manera hablasen, y en curar locos, tomó a su cargo de curar a Vidriera, movido de caridad; y le curó y sanó, y volvió a su primer juicio, entendimiento y discurso. Y, así como le vio sano, le vistió como letrado y le hizo volver a la Corte, adonde, con dar tantas muestras de cuerdo como las había dado de loco, podía usar su oficio y hacerse famoso por él. Hízolo así, y llamándose el Licenciado Rueda, y no Rodaja, volvió a la Corte, donde apenas hubo entrado cuando fue conocido de los muchachos; mas, como le vieron en tan diferente hábito del que solía, no le osaron dar grita ni hacer preguntas; pero seguíanle y decían unos a otros:

-¿Éste no es el loco Vidriera? A fe que es él. Ya viene cuerdo. Pero también puede ser loco bien vestido como mal vestido; preguntémosle algo, y salgamos desta confusión.

Todo esto oía el Licenciado y callaba, y iba más confuso y más corrido que cuando estaba sin juicio.

Pasó el conocimiento de los muchachos a los hombres, y antes que el Licenciado llegase al patio de los Consejos, llevaba tras de sí más de docientas personas de todas suertes. Con este acompañamiento, que era más que de un catedrático, llegó al patio, donde le acabaron de circundar cuantos en él estaban. Él, viéndose con tanta turba a la redonda, alzó la voz y dijo:

-Señores, yo soy el Licenciado Vidriera, pero no el que solía: soy ahora el Licenciado Rueda. Sucesos y desgracias que acontecen en el mundo por permisión del cielo me quitaron el juicio, y las misericordias de Dios me le han vuelto. Por las cosas que dicen que dije cuando loco, podéis considerar las que diré y haré cuando cuerdo. Yo soy graduado en Leyes por Salamanca, adonde estudié con pobreza, y adonde llevé segundo en licencias: de do se puede inferir que más la virtud que el favor me dio el grado que tengo. Aquí he venido a este gran mar de la corte para abogar y ganar la vida; pero si no me dejáis, habré venido a bogar y granjear la muerte: por amor de Dios que no hagáis que el seguirme sea perseguirme, y que lo que alcancé por loco, que es el sustento, lo pierda por cuerdo. Lo que solíades preguntarme en las plazas, preguntádmelo ahora en mi casa, y veréis que el que os respondía bien, según dicen, de improviso, os responderá mejor de pensado.

Escucháronle todos y dejáronle algunos. Volvióse a su posada con poco menos acompañamiento que había llevado.

Salió otro día y fue lo mismo: hizo otro sermón y no sirvió de nada. Perdía mucho y no ganaba cosa; y viéndose morir de hambre, determinó de dejar la Corte y volverse a Flandes, donde pensaba valerse de las fuerzas de su brazo, pues no se podía valer de las de su ingenio. Y, poniéndolo en efeto, dijo al salir de la Corte:

-¡Oh Corte, que alargas las esperanzas de los atrevidos pretendientes, y acortas las de los virtuosos encogidos; sustentas abundantemente a los truhanes desvergonzados, y matas de hambre a los discretos vergonzosos!

Esto dijo y se fue a Flandes, donde la vida que había comenzado a eternizar por las letras, la acabó de eternizar por las armas, en compañía de su buen amigo el capitán Valdivia, dejando fama en su muerte de prudente y valentísimo soldado.
Miguel de Cervantes Saavedra

1 Vademéum: recopilación. En este caso, de todo tipo de personas. Todo el mundo.
2 Alferecía: enfermedad caracterizada por convulsiones y pérdida de conocimiento. Probablemente epilepsia.
3 Pareció: apareció.
4 Monte Testacho (Testaccio): colina artificial que fue formándose durante varios siglos con los restos de las ánforas que llegaban a Roma con vino o aceite de todos los puntos del Imperio (básicamente de España) y que, por no ser rentable reciclar, acababan amontonándose en ese vertedero.
5 Filioe Hierusalem, plorate super vos et super filios vestros: "Hijos de Jerusalem, llorad por vosotros y por vuestros hijos".
6 Casa llana y venta común: prostíbulo.
7 Cristianos viejos: que no descienden de judíos conversos.
8 Domingo: día del señor; Sábado (Sabath): día de fiesta judía.
9 De la primera impresión: que acaba de editar su primer libro.
10 Récipe: receta, prescripción.
11 Dílúculo: del latín diluculum (amanecer, alba). Cervantes se mofa aquí de la interpretación que hace el médico, que no sabe latín, y que cree que la recomendación para tomar una medicina al amanecer es un ingrediente medicinal más de la receta.
12 Mostrenco: que no tiene dueño conocido.
13 Tántalo era un hijo de Zeus y de la oceánide Pluto y rey de Frígia o del monte Sípilo en Lidia. En principo era mimado por los dioses del Olimpo, que lo solían invitar a su mesa. Por ello, en una ocasión quiso corresponder a los dioses y les invitó a un banquete que organizó en el monte Sípilo. Cuando la comida empezó a escasear, decidió ofrecer a su hijo Pélope. Descuartizó al muchacho, coció sus miembros y los sirvió a los invitados. Los dioses, que habían sido advertidos, evitaron tocar la ofrenda y le impusieron un castigo. El castigo consistió en permanecer en un lago con el agua a la altura de la barbilla, bajo un árbol de ramas bajas repletas de frutas. Cada vez que Tántalo, desesperado por el hambre o la sed, intentaba tomar una fruta o sorber algo de agua, éstos se retiraban inmediatamente de su alcance.
14 "Nadie conoce al Padre".
15 "Nadie vive sin culpa".
16 "Nadie está satisfecho con su suerte".
17 "Nadie ha subido al cielo".
Notas de Juan Nadie

jueves, 28 de abril de 2016

Literatura satírica y burlesca/ 40 - Fragmento de Las alegres comadres de Windsor - William Shakespeare - Reino Unido


Se cuenta que The Merry Wives of Windsor fue escrita en quince días por William Shakespeare a petición de la reina Isabel I, a quien le fascinaba el personaje de Falstaff.
La comedia enlaza dos motivos: el de Falstaff, que corteja a dos ricas burguesas de Windsor, esposas de Ford y de Page, y el de Anne Page, a quien sus padres quieren casar. 
Falstaff, que está sin un centavo, decide escribir sendas cartas galantes e idénticas a las dos esposas, ya que son ellas las que manejan los caudales de sus maridos. Las dos esposas se muestran una a otra las cartas, y planean vengarse fingiendo que aceptan su amor. Por el momento, no les dicen nada a sus maridos. Mistress Quickly, la sirvienta del Doctor Caius y confidente de Anne, actúa de alcahueta para las esposas, y cita a Falstaff con la señora Ford, añadiendo que la señora Page también está enamorada de él.
El señor Page se fía completamente de su mujer, pero Ford decide interrogar a Falstaff con una identidad falsa: bajo el nombre de Brook, habla con Falstaff en su domicilio, la Posada de la Jarretera. Le dice que pretende a la señora Ford y entrega dinero a Falstaff para que la corteje y así demostrar que no es fiel. Falstaff le confiesa que esa misma noche tiene una cita con ella y Ford cree que su mujer lo engaña. Pero las dos señoras, antes de que el celoso Ford llegue a su casa con testigos, sacan a Falstaff en una cesta de ropa sucia, que los criados arrojan al Támesis.
Ford (en su personalidad falsa) vuelve a entrevistarse con Falstaff a la mañana siguiente, y éste le cuenta todo lo ocurrido, añadiendo de su cosecha que mantuvo relaciones con la señora Ford. 
Las comadres preparan un nuevo escarmiento para Falstaff, y la señora Ford concierta de nuevo una cita con él. Se repite el enredo, pero esta vez Falstaff sale de la casa disfrazado de mujer y es apaleado por Ford, que cree que es una vieja alcahueta a la que odia.
Las comadres acaban contando todo a sus maridos y vuelven a citar a Falstaff, esta vez en el bosque de Windsor, donde le tienden una trampa a través de varios personajes disfrazados de duendecillos y otros seres de la noche. 
Anne recibe el encargo de su padre de vestirse de blanco para que sea raptada por Slender, y de su madre de vestirse de verde para serlo por Caius. Anne, mintiéndoles, les ha dado a los dos su consentimiento, pero ha informado de todo a su prometido Fenton, que también tiene un plan para irse con ella y casarse.
En la refriega del bosque (donde Falstaff recibe el escarmiento final), Slender se lleva a una hada blanca y Caius a una hada verde; las dos resultan ser muchachos disfrazados. Ana y Fenton vuelven casados, y sus padres acaban aceptando la situación.


ESCENA V

Aposento en la Posada de la Jarretera

FALSTAFF  ¡Bardolf, digo!...

BARDOLF  Aquí estoy, señor.

FALSTAFF  Ve a traerme una pinta de Jerez; colócale una tostada encima. (Sale BARDOLF.) ¿He vivido para ver que se me lleve en una canasta y se me arroje al Támesis como un montón de desecho de carnicero? Bien; si vuelvo a sufrir fiasco semejante, he de hacer que mis sesos sirvan para comida a los perros el día de la entrada de año. Los pillastres me arrojaron al río con tan poco remordimiento como si se tratara de los cachorros cegatos de una perra que hubiese parido quince. ¡Y que por mi tamaño es fácil ver que tengo propensión a sumergirme! Si el fondo del río fuera tan profundo como el infierno, habría llegado hasta abajo. A no haber sido rocosa y poco honda la margen, de seguro me hubiera ahogado, clase de muerte que aborrezco, porque el agua hincha al hombre, y ¡qué cuerpo sería el mío si se hinchara! ¡Parecería la momia de una montaña! (Vuelve a entrar BARDOLF con el Jerez.)

BARDOLF  Señor, aquí está la señora Quickly1, que viene a hablaros.

FALSTAFF  Trae, vaciemos un poco de Jerez sobre el agua del Támesis, porque tengo el vientre tan frío, que se dijera que he tragado copos de nieve a modo de píldoras para refrescarme los riñones. Llámala.

BARDOLF  Entrad, señora. (Entra MISTRESS QUICKLY.)

QUICKLY  Con vuestro permiso. Solicito vuestra merced, doy los buenos días a vuestra señoría.

FALSTAFF  Llévate esos cálices y ve a prepararme un pote fino de Jerez.

BARDOLF  ¿Con huevos, señor?

FALSTAFF  Sin mezcla. No quiero germen de gallina en mi brebaje. (Sale BARDOLF.) ¡Qué hay!

QUICKLY  Pardiez, señor, vengo a ver a vuestra señoría de parte de mistress Ford2.

FALSTAFF  ¡Mistress Ford! Ya he tenido bastante ford. Fui arrojado en el ford, en el vacío. ¡Tengo el vientre lleno de ford!

QUICKLY  ¡Ay, qué desgracia! ¡Pobrecita! No fue culpa suya. ¡Si vierais cómo ha reñido a sus criados! Equivocaron su erección.

FALSTAFF  Lo mismo que yo, por fundar mis esperanzas en una mujer atolondrada.

QUICKLY  Bien; ella lo lamenta, señor, hasta el punto de que si la vierais se os partiría el corazón. Su marido sale esta mañana a caza de pájaros; ella os ruega una vez más que vayáis a verla entre ocho y nueve. Debo llevarle una contestación inmediata. Os dará satisfacciones, os lo garantizo.

FALSTAFF  Bueno; la visitaré. Díselo así, y que piense lo que es un hombre, que considere su fragilidad, y entonces que juzgue de mi mérito.

QUICKLY  Se lo diré.

FALSTAFF  Hazlo así. ¿Entre nueve y diez has dicho?

QUICKLY  Ocho y nueve, señor.

FALSTAFF  Bien; márchate. No dejaré de verla.

QUICKLY  La paz sea con vos, señor. (Sale.)

FALSTAFF  Me extraña no tener noticias de maese Brook3. Me ha enviado a decir que le aguardara dentro. Me agrada bastante su dinero. ¡Oh! He aquí que viene. (Entra FORD.)

FORD  ¡Dios os guarde, señor!

FALSTAFF  Hola, señor Brook; ¿venís a saber lo que ha pasado entre la señora Ford y yo?

FORD  Efectivamente, sir Juan, ese es el objeto de mi visita.

FALSTAFF  Señor Brook, no he de mentiros: estuve en casa a la hora convenida.

FORD  Y ¿qué tal os fue, señor?

FALSTAFF  Muy desgraciadamente, señor Brook.

FORD  ¿Cómo es posible, señor? ¿Había mudado ella de parecer?

FALSTAFF  No, señor Brook; pero el descomunal cornudo de su marido, señor Brook, que vive en la
continua alarma del celoso, llegó en el instante de nuestro encuentro, después de habernos abrazado, besado y hecho protestas de amor, o sea cuando terminábamos, por decirlo así, el prólogo de nuestra comedia; y pisándole los talones, una caterva de satélites, instigados y provocados por su mala índole, los cuales, podéis creerme, registraron la casa para descubrir el amante de su mujer.

FORD  ¡Cómo! ¿Mientras estabais vos allí?

FALSTAFF  Mientras yo estaba allí.

FORD  ¿Y os buscó y no pudo encontraros?

FALSTAFF  Vais a oírlo... Como si la buena suerte lo hubiera dispuesto, llega una señora Page, da aviso de la llegada de Ford, y gracias a su estratagema y a la desesperación de la señora de Ford, me hicieron entrar en una canasta de ropa.

FORD  ¡En una canasta de ropa!

FALSTAFF  ¡Por Dios, en una canasta de ropa para lavar! Amontonado entre ropa sucia, camisas y enaguas, hediondas calcetas y medias y servilletas grasientas; de modo, señor Brook, que jamás nariz humana sintió semejante compuesto de pestilentes olores.

FORD  ¿Y cuánto tiempo habéis permanecido allí?

FALSTAFF  Pues vais a oírlo, señor Brook, y cuánto he padecido por inducir a esta mujer al mal, en interés vuestro. Así acondicionado en la canasta, la señora Ford llamó a un par de criados bribones al servicio de su marido para hacerme llevar a los lavaderos de la ciénaga de Datchet. Tomáronme en hombros; encontraron al celoso bribón de su marido en la puerta, quien les preguntó una o dos veces lo que llevaban en la canasta... Me tembló el cuerpo sólo de pensar que el lunático sinvergüenza hubiera practicado un registro. Pero el Destino, que ha decretado que debe morir cornudo, detuvo su mano. Bueno; él se fue a hacer su pesquisición y yo seguí caminando en calidad de ropa sucia. Pero atended a lo que aconteció luego, señor Brook. He sufrido las torturas de tres distintas muertes: primero, un terror insoportable de ser descubierto por el apolillado carnero manso; segundo, estar enrollado como un buen bilbao en la circunferencia de un picotín, la punta con la guarnición y la cabeza con los pies4; y luego ser embutido allí como para ser destilado, entre pestíferas telas que fermentaban en su propia grasa. Pensad en esto: un hombre de mi temperamento, meditadlo bien, sensible al calor como la manteca, un hombre que está continuamente sudando y derritiéndose. Milagro fue el escapar a la asfixia... Y en lo más álgido de este baño, cuando estaba ya medio cocido en aceite como guisado holandés, ser arrojado al Támesis, y enfriarme, ardiendo de calor, en aquella agua glacial, como herradura de caballo. ¡Considerad esto, un calor de fragua! ¡Considerad esto, maese Brook!

FORD  Siento gran pesadumbre, señor, de que hayáis sufrido por culpa mía todo eso. Juzgo, pues, desesperada mi pretensión. ¿No pensaréis en otra tentativa?

FALSTAFF  Señor Brook, consentiría en ser arrojado al Etna, como lo he sido al Támesis, antes que dejarla de este modo. Su esposo ha salido esta mañana a caza de pájaros. He recibido de ella otro mensaje dándome nueva cita. La hora es entre ocho y nueve, señor Brook.

FORD  Pues ya han dado las ocho, señor.

FALSTAFF  ¿Ya? Entonces acudo inmediatamente a la cita. Venid a verme cuando os plazca y os daré cuenta de lo que adelante. Y la conclusión será coronada por vuestro yacimiento con ella. ¡La tendréis, señor Brook! ¡Señor Brook, encornudaréis a Ford! (Sale.)

FORD  ¡Hum! ¡Ah! ¿Es esto una visión? ¿Es esto un sueño? ¿Estoy dormido? ¡Maese Ford, despierta! ¡Despierta, maese Ford! ¡Hay un agujero en tu mejor vestido, maese Ford! ¡Esto tiene el haberse casado! ¡He aquí lo que da el tener ropas y canastas! Bien; yo haré saber a todo el mundo lo que soy. ¡No se evadirá ahora el lascivo! ¡Está en mi casa! ¡No puede escapárseme, es imposible! ¡No puede esconderse en la bolsa de un penique ni en una pimentera! Pero por temor de que le ayude el diablo, registraré hasta los rincones más inabordables... ¡Aunque no pueda evitar lo que soy, al menos no me resignaré mansamente a ser lo que no quisiera! No me calificarán de consentido. ¡Si tengo cuernos capaces de hacerme furioso, yo torceré el refrán a mi favor, apaleando en vez de ser apaleado! (Sale.)
Traducción de Luis Astrana Marín
William Shakespeare

1 Quickly: rápida, veloz, presta. (N. de J. N.)
2 Ford: vado. (N. de J. N.)
3 Brook: arroyo, regato, ribera. (N. de J. N.)
4 Como un buen bilbao en la circunferencia de un picotín, la punta con la guarnición y la cabeza con los pies: como una espada bilbaina en su vaina. Hay muchas referencias a temas españoles en las obras de Shakerspeare: las espadas de Bilbao, el vino de Jerez, los bailes canarios... Incluso en la obra Enrique IV, Shakespeare llama a Falstaff, por boca del príncipe, Sir John Paunch, es decir, Don Juan Panza (Sancho Panza) (N. de J. N.)

Esta comedia, también traducida por Las alegres casadas de Windsor siempre ha sido considerada como una de las principales de Shakespeare, gracias sobre todo a su protagonista, sir John Falstaff, uno de los grandes personajes masculinos del autor de Stratford que ya había dejado su indeleble impronta en la obra Enrique IV, como compañero de correrías y desenfrenos del rey cuando este era tan solo príncipe. Falstaff es fanfarrón, anárquico, lúdico, rebelde, libre, atento sólo al goce y los excesos, gordo, inmoral, lascivo, embaucador, bebedor, bravucón, ingenioso en sus tretas, seductor... Pero aquí, él se convierte en el burlador burlado y es el centro de todas las burlas y engaños, si bien al final consigue arrojar una sombra de duda sobre el daño que todas las peripecias vividas le han causado:

Me alegro de ver que aunque todos los dardos estaban asestados contra mí, algunos han dado en el vacío.

Se dice que la reina  Isabel I se quedó entusiasmada por el obeso personaje caballero presente en Enrique IV e hizo saber su augusto deseo de que Falstaff fuese otra vez protagonista de algún libreto escénico y que, además, apareciese enamorado. Como se ve que el personaje también tenía tirón entre el pueblo llano, Shakespeare pensó en rescatarlo del olvido e hizo esta comedia, vinculada a la corona también por el lugar en que se sitúa la acción, Windsor, y por las veces que se cita a la Orden de la Jarretera, afecta a la casa reinante de Windsor. La obra está llena de diálogos vibrantes de ingenio y acaba con unas cuádruples bodas, algo inusual en la escena de entonces y que haría sin duda las delicias del público. [JOSÉ ANTONIO GARCÍA FERNÁNDEZ]

martes, 26 de abril de 2016

Literatura satírica y burlesca/ 39 - Entremés* del Retablo de las maravillas - Miguel de Cervantes Saavedra - España


Salen CHANFALLA1 y la CHIRINOS2

CHANFALLA.- No se te pasen de la memoria, Chirinos, mis advertimientos, principalmente los que te he dado para este nuevo embuste, que ha de salir tan a luz como el pasado del llovista3.

CHIRINOS.- Chanfalla ilustre, lo que en mí fuere tenlo como de molde; que tanta memoria tengo como entendimiento, a quien se junta una voluntad4 de acertar a satisfacerte, que excede a las demás potencias. Pero dime: ¿de qué sirve este Rabelín que hemos tomado? Nosotros dos solos, ¿no pudiéramos salir con esta empresa?

CHANFALLA.- Habíamosle menester como el pan de la boca, para tocar en los espacios que tardaren en salir las figuras del Retablo5 de las Maravillas.

CHIRINOS.- Maravilla será si no nos apedrean por solo el Rabelín; porque tan desventurada criaturilla no la he visto en todos los días de mi vida.

(Entra el RABELÍN6)

RABELÍN.- ¿Hase de hacer algo en este pueblo, señor autor7? Que ya me muero porque vuesa merced vea que no me tomó a carga cerrada8.

CHIRINOS.- Cuatro cuerpos de los vuestros no harán un tercio, cuanto más una carga9; si no sois más gran músico que grande, medrados estamos.

RABELÍN.- Ello dirá; que en verdad que me han escrito para entrar en una compañía de partes10, por chico que soy.

CHANFALLA.- Si os han de dar la parte a medida del cuerpo, casi será invisible.
Chirinos, poco a poco, estamos ya en el pueblo, y éstos que aquí vienen deben de ser, como lo son sin duda, el Gobernador y los Alcaldes. Salgámosles al encuentro, y date un filo a la lengua en la piedra de la adulación; pero no despuntes de aguda.

(Salen el GOBERNADOR y BENITO REPOLLO, alcalde, JUAN CASTRADO, regidor, y PEDRO CAPACHO, escribano)

CHANFALLA.- Beso a vuesas mercedes las manos: ¿quién de vuesas mercedes es el Gobernador deste pueblo?

GOBERNADOR.- Yo soy el Gobernador; ¿qué es lo que queréis, buen hombre?

CHANFALLA.- A tener yo dos onzas de entendimiento, hubiera echado de ver que esa peripatética11 y anchurosa presencia no podía ser de otro que del dignísimo Gobernador deste honrado pueblo; que, con venirlo a ser de las Algarrobillas, lo deseche12 vuesa merced.

CHIRINOS.- En vida de la señora y de los señoritos, si es que el señor Gobernador los tiene.

CAPACHO.- No es casado el señor Gobernador.

CHIRINOS.- Para cuando lo sea; que no se perderá nada.

GOBERNADOR.- Y bien, ¿qué es lo que queréis, hombre honrado?

CHIRINOS.- Honrados días viva vuesa merced, que así nos honra; en fin, la encina da bellotas; el pero, peras; la parra, uvas, y el honrado, honra13, sin poder hacer otra cosa.

BENITO.- Sentencia ciceronianca14, sin quitar ni poner un punto.

CAPACHO.- Ciceroniana quiso decir el señor alcalde Benito Repollo.

BENITO.- Siempre quiero decir lo que es mejor, sino que las más veces no acierto; en fin, buen hombre, ¿qué queréis?

CHANFALLA.- Yo, señores míos, soy Montiel15, el que trae el Retablo de las maravillas. Hanme enviado a llamar de la Corte los señores cofrades de los hospitales, porque no hay autor de comedias en ella, y perecen los hospitales16, y con mi ida se remediará todo.

GOBERNADOR.- Y ¿qué quiere decir Retablo de las maravillas?

CHANFALLA.- Por las maravillosas cosas que en él se enseñan y muestran, viene a ser llamado Retablo de las maravillas; el cual fabricó y compuso el sabio Tontonelo17 debajo de tales paralelos, rumbos, astros y estrellas, con tales puntos, caracteres y observaciones, que ninguno puede ver las cosas que en él se muestran, que tenga alguna raza de confeso18, o no sea habido y procreado de sus padres de legítimo matrimonio; y el que fuere contagiado destas dos tan usadas enfermedades, despídase de ver las cosas, jamás vistas ni oídas, de mi retablo.

BENITO.- Ahora echo de ver que cada día se ven en el mundo cosas nuevas. Y ¿que se llamaba Tontonelo el sabio que el retablo compuso?

CHIRINOS.- Tontonelo se llamaba, nacido en la ciudad de Tontonela; hombre de quien hay fama que le llegaba la barba a la cintura.

BENITO.- Por la mayor parte, los hombres de grandes barbas son sabiondos.

GOBERNADOR.- Señor regidor Juan Castrado19, yo determino, debajo de su buen parecer, que esta noche se despose la señora Teresa Castrada, su hija, de quien yo soy padrino, y, en regocijo de la fiesta, quiero que el señor Montiel muestre en vuestra casa su Retablo.

JUAN.- Eso tengo yo por servir al señor Gobernador, con cuyo parecer me convengo, entablo y arrimo, aunque haya otra cosa en contrario.

CHIRINOS.- La cosa que hay en contrario es que, si no se nos paga primero nuestro trabajo, así verán las figuras como por el cerro de Úbeda20. ¿Y vuesas mercedes, señores justicias, tienen conciencia y alma en esos cuerpos? ¡Bueno sería que entrase esta noche todo el pueblo en casa del señor Juan Castrado, o como es su gracia21, y viese lo contenido en el tal Retablo, y mañana, cuando quisiésemos mostralle al pueblo, no hubiese ánima que le viese! No, señores; no, señores: ante omnia nos han de pagar lo que fuere justo.

BENITO.- Señora autora, aquí no os ha de pagar ninguna Antona, ni ningún Antoño22; el señor regidor Juan Castrado os pagará más que honradamente, y si no, el Concejo. ¡Bien conocéis el lugar, por cierto! Aquí, hermana, no aguardamos a que ninguna Antona pague por nosotros.

CAPACHO.- ¡Pecador de mí, señor Benito Repollo, y qué lejos da del blanco! No dice la señora autora que pague ninguna Antona, sino que le paguen adelantado y ante todas cosas, que eso quiere decir ante omnia.

BENITO.- Mirad, escribano Pedro Capacho23, haced vos que me hablen a derechas, que yo entenderé a pie llano; vos, que sois leído y escribido, podéis entender esas algarabías de allende, que yo no.

JUAN.- Ahora bien, ¿contentarse ha el señor autor con que yo le dé adelantados media docena de ducados? Y más, que se tendrá cuidado que no entre gente del pueblo esta noche en mi casa.

CHANFALLA.- Soy contento; porque yo me fío de la diligencia de vuesa merced y de su buen término.

JUAN.- Pues véngase conmigo. Recibirá el dinero, y verá mi casa, y la comodidad que hay en ella para mostrar ese retablo.

CHANFALLA.- Vamos; y no se les pase de las mientes las calidades que han de tener los que se atrevieren a mirar el maravilloso retablo.

BENITO.- A mi cargo queda eso, y séle decir que, por mi parte, puedo ir seguro a juicio, pues tengo el padre alcalde; cuatro dedos de enjundia de cristiano viejo rancioso tengo sobre los cuatro costados de mi linaje: ¡miren si veré el tal retablo!

CAPACHO.- Todos le pensamos ver, señor Benito Repollo.

JUAN.- No nacimos acá en las malvas24, señor Pedro Capacho.

GOBERNADOR.- Todo será menester, según voy viendo, señores Alcalde, Regidor y Escribano.

JUAN.- Vamos, autor, y manos a la obra; que Juan Castrado me llamo, hijo de Antón Castrado y de Juana Macha; y no digo más en abono y seguro que podré ponerme cara a cara y a pie quedo delante del referido retablo.

CHIRINOS.- ¡Dios lo haga!

(Éntranse JUAN CASTRADO y CHANFALLA)

GOBERNADOR.- Señora autora, ¿qué poetas se usan ahora en la Corte de fama y rumbo, especialmente de los llamados cómicos? Porque yo tengo mis puntas y collar25 de poeta, y pícome de la farándula y carátula26. Veinte y dos comedias tengo, todas nuevas, que se veen las unas a las otras27, y estoy aguardando coyuntura para ir a la Corte y enriquecer con ellas media docena de autores.

CHIRINOS.- A lo que vuesa merced, señor Gobernador, me pregunta de los poetas, no le sabré responder; porque hay tantos, que quitan el sol, y todos piensan que son famosos. Los poetas cómicos son los ordinarios28 y que siempre se usan, y así no hay para qué nombrallos. Pero dígame vuesa merced, por su vida: ¿cómo es su buena gracia? ¿cómo se llama?

GOBERNADOR.- A mí, señora autora, me llaman el licenciado Gomecillos29.

CHIRINOS.- ¡Válame Dios! ¿Y que vuesa merced es el señor licenciado Gomecillos, el que compuso aquellas coplas tan famosas de Lucifer estaba malo30 y tómale mal de fuera?

GOBERNADOR.- Malas lenguas hubo que me quisieron ahijar esas coplas, y así fueron mías como del Gran Turco31. Las que yo compuse, y no lo quiero negar, fueron aquellas que trataron del Diluvio de Sevilla32; que, puesto que33 los poetas son ladrones unos de otros, nunca me precié de hurtar nada a nadie: con mis versos me ayude Dios, y hurte el que quisiere.
 
(Vuelve CHANFALLA)

CHANFALLA.- Señores, vuesas mercedes vengan, que todo está a punto, y no falta más que comenzar.

CHIRINOS.- ¿Está ya el dinero in corbona?34

CHANFALLA.- Y aun entre las telas del corazón.

CHIRINOS.- Pues doyte por aviso, Chanfalla, que el Gobernador es poeta.

CHANFALLA.- ¿Poeta? ¡Cuerpo del mundo! Pues dale por engañado, porque todos los de humor semejante son hechos a la mazacona35; gente descuidada, crédula y no nada maliciosa.

BENITO.- Vamos, autor; que me saltan los pies por ver esas maravillas.

(Éntranse todos)

(Salen JUANA CASTRADA y TERESA REPOLLA36, labradoras: la una como desposada, que es la CASTRADA)


CASTRADA.- Aquí te puedes sentar, Teresa Repolla amiga, que tendremos el retablo enfrente; y, pues sabes las condiciones que han de tener los miradores del retablo, no te descuides, que sería una gran desgracia.

TERESA.- Ya sabes, Juana Castrada, que soy tu prima, y no digo más. ¡Tan cierto tuviera yo el cielo como tengo cierto ver todo aquello que el retablo mostrare! ¡Por el siglo de mi madre37, que me sacase los mismos ojos de mi cara, si alguna desgracia me aconteciese! ¡Bonita soy yo para eso!

CASTRADA.- Sosiégate, prima; que toda la gente viene.

(Entran el GOBERNADOR, BENITO REPOLLO, JUAN CASTRADO, PEDRO CAPACHO, EL AUTOR y LA AUTORA, y EL MÚSICO, y otra gente del pueblo, y un SOBRINO de Benito, que ha de ser aquel gentilhombre que baila)

CHANFALLA.- Siéntense todos. El retablo ha de estar detrás deste repostero38, y la autora también, y aquí el músico.

BENITO.- ¿Músico es éste? Métanle también detrás del repostero; que, a trueco de no velle, daré por bien empleado el no oílle.

CHANFALLA.- No tiene vuesa merced razón, señor alcalde Repollo, de descontentarse del músico, que en verdad que es muy buen cristiano y hidalgo de solar conocido.

GOBERNADOR.- ¡Calidades son bien necesarias para ser buen músico!

BENITO.- De solar, bien podrá ser; mas de sonar, abrenuncio39.

RABELÍN.- ¡Eso se merece el bellaco que se viene a sonar delante de...!

BENITO.- ¡Pues, por Dios, que hemos visto aquí sonar a otros músicos tan...!

GOBERNADOR.- Quédese esta razón en el de del señor Rabel y en el tan del Alcalde, que si no será proceder en infinito; y el señor Montiel comience su obra.

BENITO.- Poca balumba40 trae este autor para tan gran retablo.

JUAN.- Todo debe de ser de maravillas.

CHANFALLA.- ¡Atención, señores, que comienzo!

¡Oh tú, quienquiera que fuiste, que fabricaste este retablo con tan maravilloso artificio, que alcanzó renombre de las Maravillas por la virtud que en él se encierra, te conjuro, apremio y mando que luego incontinente41 muestres a estos señores algunas de las tus maravillosas maravillas, para que se regocijen y tomen placer sin escándalo alguno! Ea, que ya veo que has otorgado mi petición, pues por aquella parte asoma la figura del valentísimo Sansón, abrazado con las colunas del templo, para derriballe por el suelo y tomar venganza de sus enemigos. ¡Tente, valeroso caballero; tente, por la gracia de Dios Padre! ¡No hagas tal desaguisado, porque no cojas debajo y hagas tortilla a tanta y tan noble gente como aquí se ha juntado!

BENITO.- ¡Téngase, cuerpo de tal, conmigo! ¡Bueno sería que, en lugar de habernos venido a holgar, quedásemos aquí hechos plasta! ¡Téngase, señor Sansón, pesia a mis males, que se lo ruegan buenos!

CAPACHO.- ¿Veisle vos, Castrado?

JUAN.- Pues, ¿no le había de ver? ¿Tengo yo los ojos en el colodrillo?

GOBERNADOR.- (Aparte.)  Milagroso caso es éste: así veo yo a Sansón ahora, como el Gran Turco; pues en verdad que me tengo por legítimo y cristiano viejo.

CHIRINOS.- ¡Guárdate, hombre, que sale el mesmo toro que mató al ganapán en Salamanca!42 ¡Échate, hombre; échate, hombre; Dios te libre, Dios te libre!

CHANFALLA.- ¡Échense todos, échense todos! ¡Hucho ho!43, ¡hucho ho!, ¡hucho ho!

(Échanse todos y alborótanse)

BENITO.- El diablo lleva en el cuerpo el torillo; sus partes tiene de hosco y de bragado44; si no me tiendo, me lleva de vuelo.

JUAN.- Señor autor, haga, si puede, que no salgan figuras que nos alboroten; y no lo digo por mí, sino por estas mochachas, que no les ha quedado gota de sangre en el cuerpo, de la ferocidad del toro.

CASTRADA.- Y ¡cómo, padre! No pienso volver en mí en tres días; ya me vi en sus cuernos45, que los tiene agudos como una lesna46.

JUAN.- No fueras tú mi hija, y no lo vieras.

GOBERNADOR.- (Aparte)  Basta: que todos ven lo que yo no veo; pero al fin habré de decir que lo veo, por la negra honrilla.

CHIRINOS.- Esa manada de ratones que allá va deciende por línea recta de aquellos que se criaron en el Arca de Noé47; dellos48 son blancos, dellos albarazados49, dellos jaspeados y dellos azules; y, finalmente, todos son ratones.

CASTRADA.- ¡Jesús!, ¡Ay de mí! ¡Ténganme, que me arrojaré por aquella ventana! ¿Ratones? ¡Desdichada! Amiga, apriétate las faldas, y mira no te muerdan; ¡y monta que son pocos! ¡Por el siglo de mi abuela, que pasan de milenta!50

REPOLLA.- Yo sí soy la desdichada, porque se me entran sin reparo ninguno; un ratón morenico me tiene asida de una rodilla. ¡Socorro venga del cielo, pues en la tierra me falta!

BENITO.- Aun bien que tengo gregüescos51: que no hay ratón que se me entre, por pequeño que sea.

CHANFALLA.- Esta agua, que con tanta priesa se deja descolgar de las nubes, es de la fuente que da origen y principio al río Jordán52. Toda mujer a quien tocare en el rostro, se le volverá como de plata bruñida, y a los hombres se les volverán las barbas como de oro.

CASTRADA.- ¿Oyes, amiga? Descubre el rostro, pues ves lo que te importa. ¡Oh, qué licor tan sabroso! Cúbrase, padre, no se moje.

JUAN.- Todos nos cubrimos, hija.

BENITO.- Por las espaldas me ha calado el agua hasta la canal maestra.

CAPACHO.- Yo estoy más seco que un esparto.

GOBERNADOR.- (Aparte)  ¿Qué diablos puede ser esto, que aún no me ha tocado una gota, donde todos se ahogan? Mas ¿si viniera yo a ser bastardo entre tantos legítimos?

BENITO.- Quítenme de allí aquel músico; si no, voto a Dios que me vaya sin ver más figura. ¡Válgate el diablo por músico aduendado, y qué hace de menudear53 sin cítola54 y sin son!

RABELÍN.- Señor alcalde, no tome conmigo la hincha; que yo toco como Dios ha sido servido de enseñarme.

BENITO.- ¿Dios te había de enseñar, sabandija? ¡Métete tras la manta; si no, por Dios que te arroje este banco!

RABELÍN.- El diablo creo que me ha traído a este pueblo.

CAPACHO.- Fresca es el agua del santo río Jordán; y, aunque me cubrí lo que pude, todavía me alcanzó un poco en los bigotes, y apostaré que los tengo rubios como un oro.

BENITO.- Y aun peor cincuenta veces.

CHIRINOS.- Allá van hasta dos docenas de leones rampantes y de osos colmeneros55; todo viviente se guarde; que, aunque fantásticos, no dejarán de dar alguna pesadumbre, y aun de hacer las fuerzas de Hércules con espadas desenvainadas.

JUAN.- Ea, señor autor, ¡cuerpo de nosla!56 ¿Y agora nos quiere llenar la casa de osos y de leones?

BENITO.- ¡Mirad qué ruiseñores y calandrias nos envía Tontonelo, sino leones y dragones! Señor autor, o salgan figuras más apacibles, o aquí nos contentamos con las vistas; y Dios le guíe, y no pare más en el pueblo un momento.

CASTRADA.- Señor Benito Repollo, deje salir ese oso y leones, siquiera por nosotras, y recebiremos mucho contento.

JUAN.- Pues, hija, ¿de antes te espantabas de los ratones, y agora pides osos y leones?

CASTRADA.- Todo lo nuevo aplace, señor padre.

CHIRINOS.- Esa doncella, que agora se muestra tan galana y tan compuesta, es la llamada Herodías, cuyo baile alcanzó en premio la cabeza del Precursor de la vida57. Si hay quien la ayude a bailar, verán maravillas.

BENITO.- ¡Ésta sí, cuerpo del mundo, que es figura hermosa, apacible y reluciente! ¡Hideputa, y cómo que se vuelve la mochacha! Sobrino Repollo, tú que sabes de achaque de castañetas, ayúdala, y será la fiesta de cuatro capas58.

SOBRINO.- Que me place, tío Benito Repollo.

(Tocan la zarabanda)

CAPACHO.- ¡Toma mi abuelo, si es antiguo el baile de la zarabanda y de la chacona!59

BENITO.- Ea, sobrino, ténselas tiesas a esa bellaca jodía60; pero, si ésta es jodía, ¿cómo vee estas maravillas?

CHANFALLA.- Todas las reglas tienen excepción, señor Alcalde.

(Suena una trompeta, o corneta dentro del teatro, y entra UN FURRIER61 de compañías)

FURRIER.- ¿Quién es aquí el señor Gobernador?

GOBERNADOR.- Yo soy. ¿Qué manda vuesa merced?

FURRIER.- Que luego al punto mande hacer alojamiento para treinta hombres de armas62 que llegarán aquí dentro de media hora, y aun antes, que ya suena la trompeta; y adiós.

(Vase)

BENITO.- Yo apostaré que los envía el sabio Tontonelo.

CHANFALLA.- No hay tal; que ésta es una compañía de caballos que estaba alojada dos leguas de aquí.

BENITO.- Ahora yo conozco bien a Tontonelo, y sé que vos y él sois unos grandísimos bellacos, no perdonando al músico; y mirad que os mando que mandéis a Tontonelo no tenga atrevimiento de enviar estos hombres de armas, que le haré dar docientos azotes en las espaldas, que se vean unos a otros63.

CHANFALLA.- ¡Digo, señor Alcalde, que no los envía Tontonelo!

BENITO.- Digo que los envía Tontonelo, como ha enviado las otras sabandijas que yo he visto.

CAPACHO.- Todos las habemos visto, señor Benito Repollo.

BENITO.- No digo yo que no, señor Pedro Capacho.
No toques más, músico de entre sueños, que te romperé la cabeza.

(Vuelve el FURRIER)

FURRIER.- Ea, ¿está ya hecho el alojamiento? Que ya están los caballos en el pueblo.

BENITO.- ¿Que todavía ha salido con la suya Tontonelo? ¡Pues yo os voto a tal, autor de humos y de embelecos, que me lo habéis de pagar!

CHANFALLA.- Séanme testigos que me amenaza el Alcalde.

CHIRINOS.- Séanme testigos que dice el Alcalde que lo que manda Su Majestad lo manda el sabio Tontonelo.

BENITO.- Atontoneleada te vean mis ojos, plega a Dios todopoderoso.

GOBERNADOR.- Yo para mí tengo que verdaderamente estos hombres de armas no deben de ser de burlas.

FURRIER.- ¿De burlas habían de ser, señor Gobernador? ¿Está en su seso?

JUAN.- Bien pudieran ser atontonelados: como esas cosas habemos visto aquí. Por vida del autor, que haga salir otra vez a la doncella Herodías, porque vea este señor lo que nunca ha visto; quizá con esto le cohecharemos para que se vaya presto del lugar.

CHANFALLA.- Eso en buen hora, y veisla aquí a do vuelve, y hace de señas a su bailador a que de nuevo la ayude.

SOBRINO.- Por mí no quedará, por cierto.

BENITO.- Eso sí, sobrino; cánsala, cánsala; vueltas y más vueltas; ¡vive Dios, que es un azogue la muchacha! ¡Al hoyo, al hoyo! ¡A ello, a ello!

FURRIER.- ¿Está loca esta gente? ¿Qué diablos de doncella es ésta, y qué baile, y qué Tontonelo?

CAPACHO.- Luego, ¿no vee la doncella herodiana el señor furrier?

FURRIER.- ¿Qué diablos de doncella tengo de ver?

CAPACHO.- Basta: ¡de ex illis es!64

GOBERNADOR.- ¡De ex illis es; de ex illis es!

JUAN.- ¡Dellos es, dellos el señor furrier; dellos es!

FURRIER.- ¡Soy de la mala puta que los parió; y, por Dios vivo, que si echo mano a la espada, que los haga salir por las ventanas, que no por la puerta!

CAPACHO.- Basta: ¡de ex illis es!

BENITO.- Basta: ¡dellos es, pues no vee nada!

FURRIER.- ¡Canalla barretina65: si otra vez me dicen que soy dellos, no les dejaré hueso sano!

BENITO.- Nunca los confesos ni bastardos fueron valientes; y por eso no podemos dejar de decir: ¡dellos es, dellos es!

FURRIER.- ¡Cuerpo de Dios con los villanos! ¡Esperad!

(Mete mano a la espada y acuchíllase con todos; y el ALCALDE aporrea al RABELLEJO66; y la CHERRINOS descuelga la manta y dice:)

CHIRINOS.- El diablo ha sido la trompeta y la venida de los hombres de armas; parece que los llamaron con campanilla.

CHANFALLA.- El suceso ha sido extraordinario; la virtud del retablo se queda en su punto67, y mañana lo podemos mostrar al pueblo; y nosotros mismos podemos cantar el triunfo desta batalla, diciendo: ¡vivan Chirinos y Chanfalla!
FIN
Miguel de Cervantes Saavedra

En sus inicios, el entremés era una pequeña pieza teatral, relacionada con la pieza principal, que servía como descanso o interludio cómico, aunque con el tiempo se hizo autónoma. Cervantes firmó en su vida ocho entremeses. Y digo bien firmó, porque desde el primer cuarto del siglo XVI y hasta la llegada de Cervantes, ningún autor firmaba ya sus entremeses, se consideraban obras de poco valor. Incluso Lope de Vega publicó a principios del siglo XVII una colección de comedias donde aparecen cinco entremeses "anónimos".  (N. de J. N.)
1 Chanfalla: no existe como apelativo en español. Según Maurico Molho, se trata de "una construcción fundada en la interpretación asociativa de varias palabras, todas ellas comportando la representación de algo basto".
2 Chirinos: en la edición príncipe, Cherinos. Se relaciona con el apelativo chirinola o cherinola, o sea, "cuento enredado, caso de devaneo o suceso que hace andar al retortero, y causa inquietud y desasosiego"; En germanía significa "junta de ladrones y rufianes".
3 El pasado del llovista: embuste de origen folklórico ("Conciértense y lloverá") registrado por Luis Galindo, Sentencias filosóficas y verdades morales que otros llaman proverbios o adagios castellanos.
4 Memoria... entendimiento... voluntad: las tres potencias del alma.
5 Retablo: aquí espectáculo teatral de títeres o marionetas. En su acepción original se refería a un conjunto de imágenes o tablas que representaban escenas de la Historia Sagrada. Parece que por analogía se extendió el nombre de "retablo" a la "caja de títeres" que se usaba para representar "alguna historia sagrada" (Covarrubias).
6 Rabelín: referencia jocosa al niño cómplice cuyo oficio es -según Chanfalla- "tocar en los espacios que tardaren en salir las figuras del Retablo de las Maravillas". Rabel es instrumento pastoril construido a modo de laúd pero era también una manera de referirse al trasero cuando se hablaba con los muchachos. Puesto que en las representaciones teatrales se usaban guitarras o vihuelas en vez de rabeles, Rabelín vendría a ser "equivalencia jocosa de Culín, apodo chistoso... de un niño intruso, que viene a inmiscuirse... entre el hombre y la mujer" (Molho).
7 Autor: hoy día, empresario.
8 A carga cerrada: lo que se compra o toma sin saber si es bueno o malo.
9 Cuatro cuerpos... no harán un tercio, cuanto más una carga: burlándose de la diminuta estatura del muchacho y tomando como punto de partida la previa intervención de Rabelín ("que no me tomó a carga cerrada"), Chirinos le dice de modo jocoso que es tan pequeño de cuerpo que ni bastarían cuatro cuerpos como el suyo para alcanzar la tercera parte ("un tercio") de una carga. Tercio y carga pertenecen también al léxico militar: se refieren respectivamente a "regimiento" y "ataque" de infantería.
10 Compañía de partes: es decir, compañía teatral en donde los actores ("partes") que la componían se repartían proporcionalmente las ganancias que quedaban después de haberse deducido: 1) los gastos de cada representación y, 2) la ración diaria que le correspondía a cada uno para su mantenimiento. En las compañías que no eran "de partes" el autor o empresario daba a cada representante ración y sueldos fijos y no compartía con ellos las demás ganancias.
11 Peripatética: Adjetivo derivado del nombre de los filósofos, discípulos de Aristóteles, que enseñaban paseándose. La intención chistosa se refuerza si se tiene en cuenta que peripatético llaman "en estilo familiar... al ridículo y extravagante en sus dictámenes o máximas".
12 Con venirlo a ser de las Algarrobillas, los deseche: alusión no del todo clara que se presta a diferentes lecturas. Una posible lectura es ésta: incluso si llegara usted a ser nombrado Gobernador de las Algarrobillas no lo acepte; otra, propuesta por Herrero, es la siguiente: "Ojalá vuestra merced deje el gobierno de este pueblo para ocupar el de Algarrobillas." Las Algarrobillas era un lugar en la actual provincia de Cáceres, famoso en la época por sus jamones, carne prohibida a los judíos.
13 La encina da bellotas;... y el honrado, honra: referencia burlesca al distorsionado tema de la "honra" en la España de 1600. Aunque rústicos y no pertenecientes al estamento noble, los labradores se creían "honrados" por ser cristianos viejos, es decir, de sangre o genealogía no conversa.
14 Ciceronianca: este tipo de distorsión lingüística por parte de ciertos rústicos o rufianes es un recurso cómico muy usado por Cervantes.
15 Soy Montiel: Chanfalla se presenta ante su público -el de los aldeanos del Retablo- como si fuera descendiente de brujos y hechiceros. Cfr. El coloquio de los perros donde el mismo Berganza es emparentado con Montiela, hechicera de Montilla.
16 No hay autor de comedias... y perecen los hospitales: parece que "en el año de 1610 padecieron los corrales de Madrid grande esterilidad de autores, o de maestros de hacer comedias, pues murieron cuatro de ellos..." (Casiano Pellicer). Las compañías piadosas, que mantenían a varios establecimientos hospitalarios con parte de los ingresos de los corrales, intentaron presentar títeres en los teatros.
17 El sabio Tontonelo: alusión paródica al tipo de mago encantador, manipulador de objetos "mágicos", tan importante en los libros de caballerías.
18 Raza de confeso: o sea, sangre de judío convertido al catolicismo.
19 Juan Castrado: hijo de Antón Castrado y de Juana Macha y padre de Juana Castrada. La ilegitimidad tanto del padre como de la hija queda, irónicamente, establecida.
20 Así verán las figuras como por el cerro de Úbeda: es decir, no las verán.
21 Gracia: nombre.
22 Ante omnia... Antona... Antoño: Chirinos pide dinero por adelantado (ante omnia, ante todo) y el rústico Repollo lo malentiende, identificándolo con unos apelativos ("Antona", "Antoño").
23 Escribano Pedro Capacho: El radical cap es del verbo cap-ar, que adosado a otro 'aumentativo' produce cap-ón, lo que de hecho es nuestro cap-acho.
24 No nacimos acá en las malvas: No nacimos pobres y de bajo linaje.
25 Tengo mis puntas y collar: equivale a "tengo algo de".
26 Pícome de la farándula y carátula: equivale a "soy aficionado al mundo del teatro". Farándula es una pequeña compañía de cómicos; carátula quiere decir comedia o máscara, por alusión a la mascariila con que se cubrían el rostro los representantes en el teatro clásico.
27 Que se veen las unas a las otras: escritas al mismo tiempo y sin interrupción. Bien contadas, una tras otra.
28 Los poetas cómicos son los ordinarios: alusión quejumbrosa al acaparamiento del teatro por Lope, Tirso, etc.
29 El licenciado Gomecillos: como son los apelativos Juan Castrado y Pedro Capacho se proyecta en el de Gomecillos una imagen de disminución.
30 El que compuso aquellas coplas... de Lucifer estaba malo...; posible alusión a un tal Francisco Gómez de Quevedo.
31 Así fueron mías como del Gran Turco: no fueron mías en absoluto. Esta manera de recalcar una negación se utiliza también más abajo. el Gran Turco era el sultán de Constantinopla.
32 Diluvio de Sevilla: la avenida del Guadalquivir (19 de diciembre de 1603) fue objeto de dos Relaciones en verso, por Tomás de Mesa y Blas de las Casas, y de otro poema anónimo: Romance del río de Sevilla.
33 Puesto que: aunque. (N. de J. N.)
34 In corbona: en la bolsa de las ofrendas.
35 A la mazacona: al azar, a la buena de Dios.
36 Castrada... Repolla: feminización de los apellidos de sus respectivos padres. Era común entre las clases bajas.
37 Por el siglo de mi madre: por vida de mi madre, que ojalá dure un siglo.
38 Repostero: especie de tapiz o paño lujoso. Aquí, sin embargo, se trata de una simple manta, lo que implica un engaño más de los aldeanos.
39 Abrenuncio: yo renuncio.
40 Poca balumba: equivale a "poco bulto".
41 Incontinente: de inmediato, al punto.
42 El mesmo toro que mató al ganapán de Salamanca: alusión histórica al "torino salmantino de ocho años que mató al ganapán de Monleón" (Molho).
43 ¡Hucho ho!: esclamación usada en le época para incitar o espantar a los toros.
44 Partes... de hosco y de bragado: es decir, moreno ("hosco") y de color distinto en la entrepierna ("bragado"), cualidades que se asociaban con los toros bravos.
45 Me vi en sus cuernos: es decir, resulté cogida por el toro. Pero Juan Castrado interpreta "vi" literalmente: "no fueras tú mi hija y no lo vieras".
46 Lesna: lezna; instrumento agudo usado por los zapateros para agujerear y coser.
47 Manada de ratones... arca de Noé: alusión sumamente burlesca a la genealogía, verdadera obsesión de la España de 1600.
48 Dellos: equivale a "algunos de ellos"
49 Albarazados: aquí, con manchas de color negro y rojo.
50 Milenta: mil. Vulgarismo formado por analogía con las decenas (cuarenta, cincuenta, etc.).
51 Gregüescos: calzones anchos que llegan hasta las rodillas.
52 Agua... de la fuente que da origen... al río Jordán: alusión irónica al río bíblico cuyas aguas tenían fama de rejuvenecer a quien se lavase con ellas.
53 Menudear: aquí, "tocar" a menudo y repetidamente.
54 Sin cítola: sin cítara; es decir, sin instrumento musical.
55 Leones rampantes... osos colmeneros: Chirinos da rienda suelta a su imaginación, sacando al Retablo de las maravillas nada menos que unas figuras "fantásticas" de la heráldica. Sin embargo, aunque pertenezcan al código del blasón implican también una representación de tipo sexual. Se ha sugerido además que Cervantes no sólo se burla de los prejuicios de limpieza de los villanos sino que satiriza también a los nobles que hacen alarde de sus blasones.
56 ¡Cuerpo de nosla!: juramento eufemístico por "Cuerpo de Cristo" o "Cuerpo de Dios".
57 Herodías, cuyo baile alcanzó... la cabeza del Precursor de la vida. Chirinos saca al Retablo a Herodías, a pesar de que fue su hija Salomé quien bailó ante su tío y padrastro, Herodes Antipas. Pidió en premio la cabeza de San Juan Bautista.
58 Fiesta de cuatro capas: fiesta muy solemne y de gran esplendor. La expresión "de cuatro capas" tiene su origen en las solemnidades litúrgicas, en las cuales el número de clérigos ("prebendados") con capas pluviales que ayudaban a celebrar la misa, determinaba la solemnidad de la fiesta.
59 La zarabanda y... la chacona: bailes populares considerados inmorales en la época.
60 Jodía: judía; también podría sugerir "jodida", lo que sería, probablemente, una alusión maliciosa al adulterio de Herodías con Herodes Antipas, hermano de su ex-esposo Filipo.
61 Furrier: furriel; Es decir, el que se encargaba de la administración de una compañía de soldados. Tenía a su cargo la distribución de comida (pan y cebada) y la provisión de los alojamientos.
62 Mande hacer alojamiento para treinta hombres de armas: el furriel quiere que el Gobernador se encargue de alojar a treinta soldados de caballería. Siguiendo las costumbres de la época, los soldados se alojarían en las casas particulares de los aldeanos que no fuesen hidalgos. De ahí que Juan Castrado sugiera que el furriel sea sobornado con el baile erótico de la doncella Herodías, "porque vea este señor lo que nunca ha visto; quizá con esto le cohecharemos para que se vaya presto del lugar". La frontera entre la realidad "fantástica" del Retablo que trae Montiel y la realidad "diaria" se ha borrado totalmente, aunque existan las dudas del Gobernador, que los soldados "no deben ser de burlas".
63 Que se vean unos a otros: sin interrupción.
64 Ex illis es: de ellos eres. Palabras aplicadas a San Pedro por la sirvienta de Caifás, cuando el discípulo negaba a Cristo. Tanto Capacho aquí, como después el Gobernador, Juan Castrado y Benito Repollo, le acusan al furriel de judío. Irónicamente los aldeanos hablan como los judíos que acusaron a San Pedro.
65 Canalla barretina: es decir, canalla villanesca y judía. La barretina era una especie de gorra que en esta época iba asociada especialmente con los campesinos y los hebreos.
66 Rabellejo: diminutivo despectivo de rabel.
67 Queda en su punto: no ha cambiado.
Notas de Nicholas Spadaccini.

El teatro de Cervantes

El teatro de Cervantes no resiste comparación con la desmesura de Shakespeare. Pero Cervantes es un gran autor, una ocasión perdida. Conviene recordarlo, pues se le reconoce a regañadientes. La culpa del fracaso de Cervantes la tiene Lope, autor prolífico que estrenaba todo lo que escribía. El teórico del "Nuevo Arte de hacer comedias", el poeta popular que despreciaba al pueblo, se quedó con "el cetro de la monarquía cómica". No engañó a nadie y dejó muy claro que si el vulgo paga, justo es hablarle en necio para darle gusto. Me interesan más las comedias y, sobre todo, los entremeses de Cervantes que todo Lope. Pero Lope era buena gente y no le tengo manía. Un amador tan caudaloso como él no puede ser malo, aunque colaborara con la Santa Inquisición. De lo que sí estoy convencido es de que al teatro español mejor le hubiera ido de seguir las sendas de Cervantes y no las de Lope. Si el público necesitaba divertimento ¿qué mejor que los entremeses cervantinos? Nunca, ni siquiera en las situaciones más jocosas, desaparece en Cervantes la conciencia crítica, el desdén por el poder y la tolerancia asentada en la justicia. Pero el genio de Lope quedó ahí por los siglos de los siglos. Y su espíritu popular y enredador es el que llena los teatros. Hoy sería Lope un magnífico empresario que jamás pondría en cartel entremeses como El retablo de las maravillasLa guardia cuidadosa, ni comedias como La entretenida o la genialidad de Pedro de Urdemalas. Si las comedias y entremeses de Cervantes fueron la ocasión perdida para un gran teatro crítico español, Numancia fue la ocasión perdida de un gran teatro trágico, insurgente y subversivo de raíz popular, porque Fuenteovejuna, de Lope, no lo es; el pueblo es un apéndice sumiso. De ser Cervantes, yo hubiera matado a Lope, que alcanzó la gloria como autor dramático y como poeta, las cumbres que le fueron vedadas.