Madeleine Peyroux - Secular Hymns (2016)

domingo, 24 de abril de 2016

Fragmentos de Encuentro en Valladolid (y 2) - Anthony Burgess - Inglaterra


[...] La casa de Cervantes era pequeña y estaba impregnada de los olores de su cocina: ajo, aceite de oliva, especias que Will recordaba de souks norteafricanos. En la diminuta sala de estar había unos taburetes moros arqueados, una mesa redonda con manchas de tinta, unos 80 libros o así. Uno de esos libros yacía tirado sobre la raída alfombra mora a los pies de Cervantes, que había cogido, con seco egoísmo impropio de un anfitrión, la única silla de la habitación. Will y don Manuel se sentaron, un poco bajos, en los asientos arqueados. Cervantes le pasó el libro a Will de un puntapié, y éste lo recogió humildemente. Guzmán de Alfarache, por un tal Alemán. ¿Sería un alemán, con un nombre así? Era una de aquellas novelas. Cervantes habló y don Manuel tradujo:
—Sólo a lo largo del pasado año ese libro ha tenido 20 ediciones. Trata de un joven bribón que crece en un mundo bribón. Picaresco, si conocéis la palabra, lo cual dudo. Responde a cierta necesidad profunda del alma española, la necesidad de ser desollados y cauterizados por un Dios Padre contrariado que no moverá un divino dedo para ayudar al hombre, sino que le pone obstáculos en el camino para que tropiece. Y al final de una vida desgraciada no hay descanso, ni paz, sólo eterno tormento. Ésa es la clase de historia que nuestra nación adora. Y eso es lo que esperaban de mí cuando dejé el fatigoso e ingrato mundo del teatro por el de la narración pausada. Un Don Quijote apaleado en esta broma del Dios de sangre y dientes rotos. Pero en lugar de eso yo les doy comedia. Will dijo:
Haya es sayyi para todos.
Cervantes explotó y don Manuel, sin explosiones, tradujo así las consonantes expectorantes y las quejumbrosas vocales:
—Oh, no juguéis en mi presencia con árabe mal pronunciado y mal aprendido. Para mí el árabe ha sido el habla de la tortura y de la opresión. Hablad vuestra propia e impía lengua septentrional, de la que al menos presumo que tendréis un mínimo dominio. De vosotros los ingleses digo esto: que no habéis sufrido. No sabéis lo que es el tormento. Nunca crearéis una literatura a partir de vuestra endemoniada complacencia. Necesitáis el infierno, que habéis abandonado, y necesitáis el clima del infierno: vendavales, fuego, sequía.
—Lo hemos hecho lo mejor posible —dijo Will con humildad—. Pero os preguntaría, humildemente, ¿qué podéis saber vos de nuestra literatura? No habláis nuestra lengua, y nuestros libros y dramas no se han vertido aún al castellano. Tal vez con la llegada de la paz haya un mayor conocimiento recíproco...
—Paz, paz, ¿cómo puede haber paz? —Cervantes gritaba paz como si fuera el nombre de alguna enfermedad—. Os separasteis del cristianismo y optásteis por retiraros de la lucha con el musulmán infiel. Ésa es la única guerra, la expulsión del infiel islámico de los lugares santos, la cesación de su poder en el mar medio. Vino aquí a contaminar nuestro latín. A vosotros nunca os invadió. Sois un miembro podrido y amputado del árbol del Cristo vivo. Jugáis con sangre y canibalismo en vuestras obras de teatro idiotas...
—Sólo en esa ocasión. Os lo aseguro, Tito Andrónico no es nada típica. Está el problema de la barrera lingüística...
—La barrera está en el alma, no en la lengua y los dientes.
—No me habléis del alma —dijo Will con resolución—. Según admitís, los españoles veis a Dios como a un padre odioso y al hombre como a una bestia irredimible. Y el alma está encomendada a curas torturadores que piden una confesión de fe mientras las llamas saltan en torno a la víctima que aúlla. No me habléis del alma.
—La imagen del mundo de Alemán no es la mía. En algún lugar existe un Dios bondadoso, lejos de los gordos obispos y de los flacos verdugos. ¿Y cómo buscamos a ese Dios bondadoso? No por medio de la tragedia de unas vidas arruinadas, sino de la comedia de una odisea burlesca. Es un hallazgo que sólo podía hacerse aquí, aquí, aquí. (El aquí era una mano izquierda que circundaba un imaginario mapa de Iberia, una mano derecha que se golpeaba el pecho.) Es por medio de lo ridículo como debe confrontarse la gran verdad espiritual: que existe un Dios bondadoso. Vuestra idiota obra de anoche era ridícula en otro sentido. Vosotros los ingleses sois absolutamente incapaces de aceptar a Dios. No sufrís y no podéis hacer comedia a partir de lo que no existe en vuestra verde y templada tierra...
—Que vos nunca habéis visto.
—La veo en vos, en vuestra mirada dulce y en vuestra piel poco curtida. La amargura no está en vuestro cáliz. Nunca produciréis un Don Quijote.
—¿Y por qué habría de hacerlo? —dijo Will acaloradamente—. He producido y seguiré produciendo otras cosas —pero ¿las produciré?, pensó. ¿Acaso deseo producirlas?—. He hecho buena comedia y además tragedia, que es la más alta expresión del talento del dramaturgo.
—No lo es ni lo será jamás. Dios es un comediante. Dios no padece las consecuencias trágicas de una esencia llena de grietas. La tragedia es demasiado humana. La comedia es divina. Esta cabeza me está matando —los ojos parecían palpitarle a la luz de la vela cercana a su silla. No había ofrecido vino alguno. Si ésta era la hospitalidad española, burla y desprecio, Will no quería seguir recibiéndola—. Debo acostarme.
—Habláis de la comedia sin la menor comicidad —dijo Will, y a continuación—: Vos no habéis producido un Hamlet ni un Falstaff.
Pero esos nombres no significaban nada para aquel hombre torturado, antiguo esclavo en una galera, que había esperado largo tiempo el rescate de su reino y que, cuando había llegado, se había visto obligado a devolverlo a un elevado interés.
Don Manuel dijo:
—Yo he visto vuestras obras. He leído su libro. Me perdonaréis si digo que sé en qué reside su superioridad. Os falta su totalidad. Él ha visto más de la vida. Él tiene la capacidad de representar la carne y el espíritu de una vez y al mismo tiempo. La carne y el espíritu aparecieron hoy en el ruedo y la gente los reconoció. Me perdonaréis si doy la impresión de menospreciar lo que habéis hecho.
—No he hecho más que ganarme la vida. El arte no es sino una forma de ganarse el sustento. En lo que a mí respecta él puede ser el más grande. Yo no tengo tal pretensión.
—Ah, sí, la tenéis.
Will miró amargamente a don Manuel y luego temerosamente a Cervantes, que daba alaridos de dolor. Dijo Cervantes:
—Idos, idos. No deberíais haber venido.
—Fui invitado. Pero me iré.
—Debo transportar esta cabeza hendida a una alcoba oscura. Apurad vuestro vino y partid.
—No ha habido vino que apurar.
—Sin comunión de ninguna especie —masculló Cervantes—, y luego salió tambaleándose de la habitación.
Will y don Manuel se miraron. Will se encogió de hombros. Los dos hombres salieron a una calle oscura sin luna, aunque resplandecían las constelaciones, y se encaminaron hacia la posada de Will. Will dijo:
—¿Se puede leer el libro aquí?
—Si aprendéis suficiente español.
—Depende en gran medida de cuánto lleve esta forja de la paz perpetua.
—Puedo traduciros un poco para daros muestra de su calidad.
—¿Se puede convertir en una obra de teatro?
—No. Su extensión es su virtud. No podéis abarcar un viaje tan largo en vuestras dos horas de tráfico.
Will lanzó un silencioso gemido.
—Es consustancial a las obras de teatro el ser breves. ¿Tiene poesía el libro?
—Cuenta su historia con claridad. Él no posee vuestras dotes para la comprensión viva e intensa. Pero no las necesita.
A Will se le iluminó invisiblemente la cara.
—Entonces, no es poeta.
—No como lo sois vos.
—Pues eso ya es algo. Pero la poesía no se enseñorea de un ruedo y arranca entusiastas vítores de los mosqueteros.
—Veo que eso os escuece. Que se salgan de un libro y vivan en aire no enrarecido.
—Un poco.
Will ya estaba dormido cuando entró Burbage. Éste no lo despertó para decirle que La comedia de los errores, muy abreviada, había sido bastante bien acogida, confirmando que los dramaturgos de Inglaterra eran tratantes en cerveza floja y risas fáciles. Pero al alba fue Will quien sí despertó a Burbage.
—¿Eh? ¿Eh? ¿Qué? ¿Qué hora es, en nombre de Dios?
—Levantaos. Hay mucho que hacer. Hay que reunir a todos. Ahora mismo voy a sacarlos de sus camas a patadas, junto con las putas que hayan almacenado.
Jack Hemmings, Gus Phillips, Tom Pope (su pequeña santidad)1, George Bryan, Harry Condell, Will Sly, Dick Cowly, Jack Lowine, Sam Cross, Alex Cooke, Sam Gilburne, Robin Armin, Will Ostler (que odiaba a los caballos)2, Jack Underwood, Nick Tooley, Will Ecclestone, Joseph Taylor, Rob Benfield, Rob Gough, Dicky Robinson, Jack Shank y Jack Price estaban sentados, con los ojos nublados y doloridos por la intensa luz española, asímismo disgustados por el forzado despertar tan temprano, mojando pan tostado en sus brebajes de leche caliente y vino mientras escuchaban a su poeta con incredulidad. Dick Burbage lo había oído ya todo: no le quedaba por hacer más gestos que encogerse de hombros y poner los ojos en blanco. Dijo Will:
—Mañana o pasado representamos Hamlet. Pero lo hacemos de manera algo distinta de como lo hemos hecho hasta ahora. Porque metemos en la obra a sir John Falstaff. No os asombréis ni sobresaltéis de ese modo. El arreglo es facilísimo. Pues Hamlet es ahora un príncipe al que le encanta la vida ordinaria de la taberna. Son Falstaff y su cuadrilla quienes mantienen alejada la idea del suicidio. Falstaff puede llamar a Hamlet dulce Ham en vez de Hal, no cambia más que una letra. Hay una guerra contra las fuerzas del rey usurpador. Al final, Hamlet es coronado rey y despide a Falstaff. Veréis que es poco lo que hay que variar, aunque mucho lo que añadir. Tendréis una obra de unas seis horas de duración, y si no les gusta nos pueden mandar a casa. Preferentemente por tierra... Tengo ganas de ver el Rosellón.

Hubo ruido de fuertes protestas, acalladas por el bramido de Burbage. Dijo Burbage:
—Hay mucho sentido en lo que dice Will. Así no podrán acusarnos de falta de peso. Y al día siguiente, Hamlet y Falstaff atravesarán el ruedo juntos a caballo. Nick Tooley se ha estudiado el papel de Hamlet para suplencias. Ya es hora de que lo interprete. Además es alto y delgado, así que hay que suprimir el verso que dice que está gordo y con poco aliento, que una vez sirvió para mí, aunque ya no, gracias a Dios. Alex Cooke, que hace de la reina Gertrudis, hará también de Mistress Quickly. Las dos son, cada una a su manera, mujeres malvadas. Tenemos bastantes muertes, incluyendo la de Hotspur, que está por el rey usurpador. Pero Hamlet sobrevive, así que no se trata de ninguna tragedia.
—¿Es entonces La comedia de Hamlet, príncipe de Dinamarca? —preguntó Jack Underwood.
—¿Cómo puede tratarse de Inglaterra y de Dinamarca al mismo tiempo? —quiso saber Jack Lowine.
—¿Se trata de Inglamarca o de Dinaterra? —preguntó ingeniosamente Jack Shank.
—Hotspur —dijo Burbage— suena más danés que Claudio. Basta de impertinencias geográficas. Aquí está ya Will montando las escenas en un orden continuado. Muy bien puede resultar la mejor obra que representemos jamás.
—Sin duda la más larga —dijo Will Sly.
Sin duda la más larga.
—Bien —le dijo Will a Cervantes cuando el público volvía a sus casas tambaleándose a las tres de la madrugada—, ¿os parece que somos deficientes en lo cómico?
Don Manuel tradujo. Cervantes dijo:
—Ha sido demasiado larga.
—Lo será vuestra barba para el barbero.
¿Cómo?
—De ninguna de las maneras es tan larga como vuestra condenada novela, según la llamáis.
—Yo no la llamo condenada. El hombre gordo y el hombre flaco me los habéis robado a mí.
—Ah, no. Allí estaban ya en el teatro de Londres antes de que yo oyera hablar de vuestra existencia. ¿Qué decís, pues, ahora?
—No he entendido una palabra.
—Ésa es vuestra tragedia. [...]
Traducción y notas de Javier Marías
1 Pope significa Papa en inglés. 
2 Ostler significa mozo de cuadra en inglés.

8 comentarios:

carlos perrotti dijo...

Impresionante diálogo de ambos en la voz de Burgess:

"Vosotros los ingleses sois absolutamente incapaces de aceptar a Dios. No sufrís y no podéis hacer comedia a partir de lo que no existe en vuestra verde y templada tierra...
—Que vos nunca habéis visto.
—La veo en vos, en vuestra mirada dulce y en vuestra piel poco curtida. La amargura no está en vuestro cáliz. Nunca produciréis un Don Quijote.
—¿Y por qué habría de hacerlo? —dijo Will acaloradamente—. He producido y seguiré produciendo otras cosas —pero ¿las produciré?, pensó. ¿Acaso deseo producirlas?—. He hecho buena comedia y además tragedia, que es la más alta expresión del talento del dramaturgo.
—No lo es ni lo será jamás. Dios es un comediante. Dios no padece las consecuencias..."

Todo lo que sugiere con concentradísima sabiduría.

carlos perrotti dijo...

Quería escribir pluma y escribí voz de Burgess...

Juan Nadie dijo...

Es igual, se entiende lo mismo.

Extraordinario diálogo, que muestra que Burgess conoce bien a los españoles y a los ingleses.

marian dijo...

Continúa el pique "inglés"

Juan Nadie dijo...

Y continuará por los siglos de los siglos... amén.
Es que seguimos siendo antitéticos, aunque nosotros vayamos de "Erasmus" y ellos vengan de "hooligans", a ver si aprenden algo de fútbol, que lo inventaron ellos, pobrecillos.

marian dijo...

Sin embargo, nosotros, por los Beatles (y por muchos más), les estaremos eternamente agradecidos:)

Juan Nadie dijo...

Of course.

marian dijo...

...Baby.