Art Tatum - 10 Best

domingo, 30 de septiembre de 2018

Yo, a quien Apolo visitó - Robert L. Stevenson - Escocia


Yo, a quien Apolo visitó
O fingió visitar, ahora, al acabar el día,
Deseo el descanso; no conocer
El cansancio de los cambios; no ver
A las incomensurables arenas de los siglos
Beber de la blanqueante tinta, ni escuchar
La música ahogada por el estrépito de las generaciones.
De Poems

jueves, 27 de septiembre de 2018

Memento mori/ 8 - Elegía escrita en un camposanto - Thomas Gray - Gran Bretaña


Suena el toque de los difuntos al partir el día,
El viento suspira lentamente sobre el prado,
El arador vuelve a casa por el camino cansado,
Y abandona el mundo a la oscuridad, y a mi.

Ahora el paisaje se deshace, apenas brilla en los ojos,
Y todo el aire sostiene una quietud solemne,
Donde zumba el vuelo, las ruedas del escarabajo,
Un rumor soñoliento que se pierde en la distancia.

A salvo de la joven hiedra en la torre,
El búho decrépito se queja con la luna,
Vagando cerca de su secreta laguna,
Perturba su reino antiguo y desolado.

Bajo aquellos olmos rugosos, aquella sombra del Tejo,
Donde el césped cubre las almas en descomposición,
Cada uno en su célula estrecha, por siempre,
Los rudos antepasados de la aldea sueñan.

La llamada ventosa del incienso en la mañana,
El trago que gorjea en el cobertizo de paja,
El clarín áspero del gallo, o el cuerno que resuena,
Ya no los despertará de su cama eterna.

Para ellos el hogar ardiente ya no quemará,
O la atareada ama de casa los cuidará:
Ningún niño gritará al volver su padre,
Rodeando sus rodillas para sellar el regreso.

A menudo barría la cosecha con su hoz,
El surco obstinado siempre se quebró:
¡Cuán alegre conducía su grupo lejos!
¡Cómo dobló los bosques bajo su golpe robusto!

La ambición no se burla de su trabajo útil,
De su felicidad hogareña, su destino oscuro;
Ni el esplendor oye, con su sonrisa desdeñosa,
Los breves y simples anales de los pobres.

La jactancia de la heráldica, la pompa del poder,
Y todo lo que la belleza, lo que la riqueza dio,
Aguardan su hora inevitable: los caminos
De la riqueza también conducen a la tumba.

Ni tu, orgulloso, cargues de culpa sus huesos,
Si la memoria sobre sus tumbas no tiene trofeos,
Donde por el pasillo largo su bóveda y arte ilustró
El himno aumenta las melodías de su plegaria.

¿Es que puede la urna legendaria
Recuperar su aliento breve?
¿Puede la voz del honor provocar el polvo silencioso,
O la adulación suavizar el oído helado de la muerte?

Tal vez en este espacio olvidado habita un corazón,
Alguna vez agitado por el fuego celeste;
Manos, que la rueda del imperio hayan convocado,
O despertado el éxtasis de una lira en llamas.

Pero el Conocimiento, con su amplia página,
Nunca desenrolló en sus ojos el despojo del tiempo;
La miseria fría reprimió su rabia noble,
Y congeló la corriente cálida de su alma.

Gemas llenas del rayo más puro y sereno,
Durmiendo en las ignotas cuevas del océano:
Flores que nacen para un rubor invisible,
Gastando su dulzura en el aire desierto.

Algún pueblo que con el pecho intrépido
Soportó el peso de su pequeño tirano,
Algún Milton mudo aquí puede descansar,
Algún Cromwell inocente de la sangre natal.

El aplauso de los jefes para ordenar,
Las amenazas del dolor y la ruina para despreciar,
Para dispersar la abundancia sobre la tierra alegre,
Leyendo su historia en los ojos nacionales,

Su parte prohibió: no restringirá en soledad
La encendida virtud, sus crímenes son confinados;
Prohibió para abrirse paso en sangre al trono,
Y cerrar las puertas de la piedad sobre el hombre,

Los tormentos que buscan ocultarse de la verdad,
Para aniquilar el rubor de una vergüenza ingenua,
O alabar el templo de la Lujuria y la Vulgaridad,
Con el incienso ardiente, la llama de la Musa.

Lejos de la demente multitud que lucha,
Sus sobrios deseos nunca aprendieron a callar;
A lo largo del fresco valle de la vida
Conservaron el tenor silencioso de su camino.

Aún estos huesos del insulto protegen
Un recuerdo frágil del quizás,
Con rimas groseras y esculturas informes
Imploran el tributo débil de un suspiro que pasa.

Sus nombres, sus años, deletreados por la Musa procaz,
Les otorgan el lugar de la fama y la elegía:
Y esparce muchos sagrados textos en torno a ella,
Que instruyen al rústico moralista a morir.

¿Para quién, al mudo Olvido su presa,
Esta ansiosa y resignada complacencia,
Abandona los lugares del día caliente,
Ni lanza una detenida mirada hacia atrás?

En algún pecho afectuoso el alma que se separa confía,
Algunas gotas piadosas que el ojo cerrado necesita;
Incluso de la tumba la voz de la Naturaleza llora,
Incluso de nuestras cenizas se agita el fuego.

Por aquellos que, atentos al deshonrado muerto,
Ven en estas líneas su historia sencilla;
Si por casualidad la solitaria contemplación condujera
A un espíritu similar a inquirir el por qué de su destino,

Felices los encanecidos pueden decir:
A menudo lo hemos visto al despuntar el alba,
Cubriendo con paso apresurado el rocío lejano,
Para encontrar al sol en la meseta del horizonte.

Allí, a los pies de la joven y nudosa Haya,
Que enrosca sus fantásticas raíces tan abajo,
Su longitud decaída en el atardecer estirará,
Bebiendo en el arroyo que murmura al pasar.

Cerca de la madera, ahora sonriendo con desprecio,
Susurrando sus fantasías caprichosas,
Torciéndose, afligido y pálido, como un desesperado,
Enloquecido, arrebatado por un amor sin esperanza.

Lo extrañé una mañana sobre la colina,
A lo largo del brezal, cerca de su árbol;
Otro vino, lejos aún, sin tocar el camino
Ni la hierba, tampoco en el bosque era él;

El siguiente, con las deudas tristes detrás,
Lento por el sendero de la iglesia lo vimos llevar,
Se acerca y lee (para que tu puedas leer)
La lápida de piedra bajo el Espino anciano.

Epitafio:
Aquí descansa su cabeza en la falda de la Tierra,
Una juventud que no conoció la Fama ni la Fortuna.
La ciencia justa frunció el ceño sobre su nacimiento,
Y la Melancolía lo marcó como un hijo propio.

martes, 25 de septiembre de 2018

Coplas de vna moça que no quería casarse - Rodrigo de Reynosa - España


    No quiero ser casada,
sino libre enamorada.

    No me quiero catiuar
ni meterme en sojución,
pues que todo, a mi pensar,
es estar siempre en prisión;
y por aquesta razón
cierto no seré casada,
sino libre enamorada.

    ¿Quién me saca a mí de seso?,
que buey suelto bien se lame,
no quiero tomar tal peso,
por esso nadie me ladre,
que aunque me mate mi madre,
cierto no seré casada,
sino libre enamorada.

    El buen amigo, señora,
llama con gorra en la mano,
este otro siquiera vn hora
no está en paz en todol año;
poresso ved si m'engaño
en no querer ser cassada,
sino libre enamorada.

    Si hos paráys ala ventana
o a la puerta, están gruñendo,
dizeos que soys muger vana
y contino están riñendo;
prometeos, pues ésto entiendo,
que yo no seré casada,
sino libre enamorada.

    Si rogáys a algún amigo
que haga algo por vos,
prometeos, según magino,
piensa se lo manda Dios;
pues si ésto miramos nos,
gran locura es ser casada,
sino libre enamorada.

    El buen amigo nos tiene
siempre sobre su cabeça,
dos mil veces va y viene
mostrando su gentileza;
pues dezid, ¿no es gran tristeza
pensar yo de ser casada,
sino libre enamorada?.

   En fin, concluyo en aquesto,
que más quiero yo tener
amor y no padescer
con marido muy molesto;
y pues qu'estó yo en ésto,
cierto no seré casada,
sino libre enamorada.

Fin.

domingo, 23 de septiembre de 2018

Fragmento de Los Miserables - Víctor Hugo - Francia


PRIMERA PARTE
Libro segundo

8. La ola y la sombra

¡Un hombre al mar!
¡Qué importa! El navío no se detiene por esto. El viento sopla; la sombría nave tiene un camino trazado, que debe recorrer necesariamente. Y pasa.

El hombre desaparece, luego reaparece, se sumerge y sale de nuevo a la superficie, llama, extiende los brazos, no le oyen; el navío, extremeciéndose bajo el huracán, continúa sus maniobras, los marineros y los pasajeros no ven al hombre sumergido; su miserable cabeza no es más que un punto en la enormidad de las olas.

Lanza gritos desesperados en las profundidades. Esa vela que se aleja parece un espectro. La mira, la contempla frenéticamente. Pero la vela se aleja, decrece, desaparece. Allí estaba él hacía un momento, formaba parte de la tripulación, iba y venía sobre el puente con los demás, tenía su parte de respiración y de sol, era un ser vivo. Ahora, ¿qué ha sucedido? Resbaló, cayó. Todo ha terminado.

Se encuentra sumergido en la monstruosidad de las aguas. Bajo sus pies no hay más que olas que huyen y se desploman. Las olas, rotas y rasgadas por el viento, le rodean espantosamente; los vaivenes del abismo le arrastran; los harapos del agua se agitan alrededor de su cabeza; una turba de olas escupe sobre él; confusas cavernas amenazan devorarle; cada vez que se hunde entrevé precipicios llenos de oscuridad; terribles vegetaciones desconocidas le sujetan, le atan los pies, le atraen; siente que se covierte en abismo, que forma parte de la espuma, que las olas se lo lanzan de una a otra; bebe toda su amargura, el océano traidor se encarniza con él para ahogarle; la inmesidad juega con su agonía. Parece que toda el agua se haya convertido en odio.

Pero lucha, sin embargo; trata de defenderse, trata de sostenerse, hace esfuerzos, nada. Él, pobre fuerza agotada ya, combate contra lo inagotable.

¿Dónde está el navío? Allá, a lo lejos. Apenas visible en las pálidas tinieblas del horizonte.

Las ráfagas soplan; las espumas le cubren. Levanta la mirada y no ve más que la lividez de las nubes. Asiste, agonizando, a la inmensa demencia del mar. La locura de las olas es su suplicio. Oye ruidos extraños al hombre, que parecen venir de más allá de la tierra; de un lugar desconocido y horrible.

Hay pájaros en las nubes, lo mismo que hay ángeles por encima de las miserias humanas; ¿pero qué pueden hacer por él? Ellos vuelan, cantan y se ciernen en los aires, y él agoniza.

Se siente sepultado entre dos infinitos, el océano y el cielo; uno en su tumba, el otro en su mortaja.

La noche desciende; hace ya horas que nada; sus fuerzas se agotan; aquel navío, aquella cosa lejana donde había hombres, ha desaparecido. Se encuentra solo en el formidable antro crepuscular, se sumerge, se estira, se retuerce, siente debajo de sí los vagos monstruos de lo invisible; grita.

Ya no hay hombres. ¿Dónde está Dios?

Llama. ¡Alguien! ¡Alguien! Llama sin cesar.

Nada en el horizonte. Nada en el cielo.

Implora al espacio, a la ola, a las algas, al escollo; todo ensordece. Suplica a la tempestad; la tempestad, imperturbable, no obedece más que al infinito.

A su alrededor, la oscuridad, la bruma, la soledad, el tumulto tempestuoso e inconsciente, el repliegue indefinido de las aguas feroces. Dentro de sí, el horror y la fatiga. Debajo de él, el abismo sin un punto de apoyo. Imagina las aventuras tenebrosas del cadáver en medio de la sombra ilimitada. El frío sin fondo le paraliza. Sus manos se crispan, se cierran y apresan la nada. Vientos, nubarrones, torbellinos, estrellas inútiles. ¿Qué hacer? El desesperado se abandona; quien está cansado, toma el partido de morir, se deja llevar, se entrega a su suerte, y rueda para siempre en las lúgubres profundidades del abismo.

¡Oh, destino implacable de las sociedades humanas! ¡Pérdidas de hombres y de almas en vuestro camino! ¡Océano en el que cae todo lo que la ley deja caer! ¡Desaparición siniestra del socorro! ¡Oh, muerte moral!

El mar es la inexorable noche social donde la penalidad arroja a sus condenados. El mar es la miseria inmensa.

El alma, naufragando en este abismo, puede convertirse en un cadáver. ¿Quién la resucitará?
Traducción de Aurora Alemany

viernes, 21 de septiembre de 2018

Literatura quechua/ 3 - Anónimo - Perú


Al cantico1
dormirás
media noche
yo vendré
Traducción del Inca Garcilaso

1 En el primer verso, la traducción correcta es 'cantico', diminutivo de canto, y no 'cántico' como aparece en algunos textos. 
Sobre este poema nos dice el Inca Garcilaso: “Una canción amorosa compuesta en cuatro versos me ofrece la memoria”

miércoles, 19 de septiembre de 2018

Poesía del vino / 31 - En un festín - Anacreonte - Antigua Grecia


Alegres y gozosos,
dulce vino bebamos,
y en festivos cantares
celebremos a Baco,
al inventor del baile,
al amante del canto,
del niño Amor amigo
y de Venus amado.

De beodez amable
al padre soberano
de la risa y placeres,
que disipa cuidados,
que el dolor adormece;
y cuando el dulce vaso
los jóvenes ofrecen
de su licor mezclado,
cual viento impetuosos
van en tropel volando
los tristes pensamientos;
bebamos, pues, bebamos,
y en espumosas copas
embriaguemos cuidados.

¿Qué utilidad te viene
de los lamentos vanos?
Lo por venir, ¿quién sabe?
Pues al mortal no es dado
el saber de su vida
el destinado a plazo.

Por eso, yo, por eso,
bebiendo dulces vasos,
quiero danzas festivas
y de esencias bañado,
con hermosas doncellas
trabas lascivos lazos.

Tome pesar quien quiera,
aflíjanle cuidados,
y nosotros, contentos,
dulce vino bebamos,
y en festivos cantares
celebremos a Baco.

lunes, 17 de septiembre de 2018

Cristalería de seda - José María Álvarez - España


Mi relato será fiel a la realidad o, en todo caso, a mi recuerdo personal de
la realidad, lo cual es lo mismo 
Jorge Luis Borges

Mas cruzando los bosques no hay ya ningún camino 
Rudyard Kipllng

Txaro Santoro

Escucho el Trío nº 6 para piano violín
y violonchello en Si bemol mayor
de Beethoven Miro
los retratos de Borges y de Shakespeare
que me miran
                    Tengo en mis
manos una
pitillera de plata que compré
a un anticuario en Istanbul
su anagrama bellísimo
GL Quién y cuándo
con cuánto amor encargaría
esta pieza
Y aquél para quien iba destinada
                                               Deseo
seguir bebiendo Deseo
leer de nuevo a Conrad
                                  Unos metros
debajo de mis pies
hace 3.000 años hombres que venían del mar levantaron
a otros dioses un templo
                                   Y hay serenas
madrugadas en que la noche restituye
murallas heladas
barcos de oro y puertos sumergidos
viejas canciones de Fenicia

Ni una piedra siquiera
de tantas puertas como tomé
cubrirá mi memoria
engaño ya no cabe
Sino firme
                En esta hora
gesto y sereno pensamiento
                                        Mi linaje
no aplacará rigores de otro César

Sé lo que nunca
he de tener La página
que nunca será escrita
La mujer que nunca será amada
Los afectos perdidos
                              Silencioso
                                              afilo
una espada
que también la muerte detendrá

Al tiempo que ha pasado por mi cuerpo
madurándolo abriéndolo
a la sabiduría amor belleza
encomiendo esta hora
                                 Acepto
Trío nº 6 para piano, violín y violonchello en Si bemol mayor (Ludwig van Beethoven)
Piano: Wilhelm Kempff 
Violin: Henryk Szeryng 
Cello: Pierre Fournier

sábado, 15 de septiembre de 2018

Pequeña antología/ 2 - Karmelo C. Iribarren - España


Poetas

Hay poetas que escriben
sus poemas
como si fuesen a pasar directamente
a las páginas amarillas
de la eternidad.
En cada verso echan el resto
y, claro, lo poco que les queda
no lo pueden echar en ningún sitio
porque les da una pájara.
La verdad es que apestan a Literatura.
Y que de allí a donde ellos entran
todo dios sale por piernas.


Ojo avizor

Ojo avizor,
poeta.
          No vayas a caer
en la vulgaridad
de escribir
un poema divertido;
esto es muy serio,
a este club sólo acceden
las eminencias
en martirología.

No vengas ahora tú
a jodernos el invento
con la vida.


Algo, lo que sea, pero ya

Si al menos
sucediese algo
distinto.
Si, por ejemplo,
alguien tuviera la feliz idea
de subirse a la barra
y recitar a Homero.
O me pidiese fuego
una mujer,
mirándome a los ojos,
fijamente.
Algo, no sé.
Que el camarero
me confesase al fin
entre sollozos
que es maricón perdido.


La mujer de mis sueños

En todas las ciudades
que he pisado,
me ha parecido verte:

un autobús que arranca
y que no cojo,
o un ascensor cerrándose,
o doblando una esquina hacia
la noche,
o al fondo,
entre humo y voces,
de un bar de madrugada…

En cualquier sitio, siempre,
tu imagen que aparece
y que desaparece.


Fax a los poetas

No se preocupen.
Ustedes sigan
adornando
sus jodidos arbolitos
de Navidad.

Yo haré
el trabajo
sucio.


Se acabó el cuento

Se acabó el cuento,
amigo: esto es la vida.
Todos los grandes sueños
con los que hasta ahora
te has entretenido,
puedes dejarlos a la entrada.
Aquí no sirven de nada.


Cosas de poetas

Un joven poeta que quiere
conocerme. Quedamos
en un bar. Hablo yo,
él me mira y escucha:
no bebo, no fumo, no creo
en la salvación del mundo…
Y luego un poco de literatura.
Pasan las horas. La euforia
inicial languidece. Le acompaño
hasta su hotel. Me ha encantado
conocerte -dice-, aunque... no sé...
te imaginaba de otra forma.
No pasa nada -le digo-,
hace unos años yo también.


La calle

He recorrido esta ciudad
de punta a punta
casi todos los días
durante más de treinta años.
Abriéndome paso a codazos
en las vísperas de fiesta,
o a través de las madrugadas
fantasmagóricas
de los días laborables de invierno,
o solo y borracho y mojado
hasta los cuernos,
o en compañías que mejor ni recordar.
Estas calles no guardan secretos para mí.
Conozco sus plazas, sus antros,
sus mujeres, el brillo
de una navaja al doblar una esquina,
el calor de una mirada
desde el fondo de un bar.
Hubo un tiempo en que el cielo
se miraba en ellas.
Yo formé parte de aquello.
Eso ya nadie me lo puede arrebatar.


Así es la puta vida

Yo también, como Baroja,
hubiese preferido
ser un hombre de acción:

no sé...
pilotar un mercante,
por ejemplo,
o atracar bancos,
o montar una guerrilla en algún sitio,
o, en fin, cualquier cosa,
salir en la tele
con el Wanted debajo.

Pero no:
ni guerrillas ni bancos
ni mercantes ni guantes ni hostias.

Padre de familia, camarero y poeta.

Así es la puta vida.

jueves, 13 de septiembre de 2018

Pequeña antología/ 1 - Karmelo C. Iribarren - España


El don de la ignorancia

Los enamorados
no saben
que lo que tienen entre manos
es también esa vieja bomba
que aparece muchos años después
bajo la arena
de la playa
con el detonador intacto.
No lo saben.
Ni que la guerra
no se acaba nunca.
Por eso se enamoran.


El amor

El amor,
ese viejo neón
al que aún
se le encienden
las letras.


Aforismo XVI

Me amó con locura y ya ni siquiera
me odia un poco.


Mis respuestas

Las tres
de la madrugada.
Que vengan
esas grandes preguntas,
que ya tengo
mis respuestas:
el viento
y la lluvia
ahí fuera,
y aquí
al lado
tu respiración.


Domingo, tarde

Qué hago
mirando la lluvia,
si no llueve.

martes, 11 de septiembre de 2018

Literatura quechua/ 2 - La canción de la sombra - Anónimo - Perú


Sombra secreta,
secreta sombra,
sombra que oculta.
¿Dónde está?
Aquí está la flor del rosal.
¿Dónde está?
Aquí está la flor amarilla
y roja del chihuanhuay.
¿Dónde está?
Aquí está el lirio
¡ay! del amancay.
Traducción de Edmundo Bendezú, 1978

domingo, 9 de septiembre de 2018

Quietud - A. R. Ammons - Estados Unidos


Dije: buscaré lo que es humilde
y pondré las raíces de mi identidad
allí:
todos los días despertaré
y encontraré lo humilde cerca,
un centro focal y recordatorio apropiado,
una medida dispuesta de mi significado,
la voz mediante la cual sería escuchado,
las voluntades, los tipos de egoísmo
que podría
libremente adoptar como propios:

pero aunque he buscado en todas partes,
no puedo encontrar nada
a lo que entregarme:
todo es
magnificente con la existencia, está en
la cúspide de la gloria:
nada está disminuido,
nada ha sido disminuido para mí:

dije: qué es más humilde que la hierba:
ah, debajo,
una corteza de suelo de musgo seco quemado:
lo miré bien de cerca
y dije: éste puede ser mi hábitat: pero
al anidarme allí
encontré
bajo el pardo exterior
mecanismos verdes más allá del intelecto
esperando la resurrección con la lluvia: de modo que me incorporé

y corrí exclamando que no hay nada más humilde en el universo:
encontré un mendigo:
un muñón en vez de piernas: nadie le prestaba
ninguna atención: todos pasaban sin mirar:
me anidé y encontré su vida:
allí, el amor sacudió su cuerpo como una devastación:
dije
a pesar de que he buscado en todas partes
no puedo encontrar nada humilde
en el universo:

di vueltas a través de transfiguraciones de arriba abajo,
transfiguraciones de tamaño, forma y lugar:

en un punto de pronto llegó la quietud,
yo quedé maravillado:
musgo, mendigo, maleza, garrapata, pino, yo, magnificente
con el ser!

viernes, 7 de septiembre de 2018

Poesía del vino/ 30 - El espíritu del vino - Miguel Ángel Velasco - España


Para Albert Hofmann
Una gota del caldo
de la abundancia,
de la cuba del mundo, del espíritu
del vino del Grial precipitado
en una uva, no, en una pepita
de una pepita.
Es una sola gota de apretado
rocío pero en ella
está el sol con su rosa de estallido,
el cedazo en turbión de la intemperie;
y en esa gota pura desembocan
los caudalosos ríos
de la tierra, las savias
de salvias y yuremas y beleños,
el recio jugo de la damajuana
del cactus cimarrón,
el aceite que enciende el candelabro
del estramonio, la saliva
abrasadora de la belladona
y el fermento del sueño, su hondo lúpulo.
Y allí puja el espíritu que amasa
La espora del portento.
El que fragua tronante en el caldero
Su conjuro de miel y profecía.
El que en la selva oscura nos enseña
Por boca de anaconda
Desde la amarga liana de los muertos.
De Fuego de rueda, 2006

miércoles, 5 de septiembre de 2018

Buen pensamiento matinal - Arthur Rimbaud - Francia


BONNE PENSÉE DU MATIN

A quatre heures du matin, l’été,
Le sommeil d’amour dure encore.
Sous les bosquets l’aube évapore
        L’odeur du soir fêté.

Mais là-bas dans l’immense chantier
Vers le soleil des Hespérides,
En bras de chemise, les charpentiers
        Déjà s’agitent.

Dans leur désert de mousse, tranquilles,
Ils préparent les lambris précieux
Où la richesse de la ville
        Rira sous de faux cieux.

Ah ! pour ces Ouvriers charmants
Sujets d’un roi de Babylone,
Vénus ! laisse un peu les Amants,
        Dont l’âme est en couronne.

        O Reine des Bergers !
Porte aux travailleurs l’eau-de-vie,
Pour que leurs forces soient en paix
En attendant le bain dans la mer, à midi.


BUEN PENSAMIENTO MATINAL

En estío, a las cuatro de la mañana,
el sueño de amor perdura todavía,
y el perfume de la festiva tarde,
en los bosquecillos, evapora el día.

Pero a lo lejos, con inmensa prisa,
hacia el sol de las Hespérides,
se agitan, en mangas de camisa,
los carpinteros.

En su desierto tranquilos están,
labrando el sutil artesonado,
bajo cuyo falso cielo reirán
los ricos ciudadanos.

¡Ah! para estos Obreros fascinantes,
súbditos de un rey de Babilonia,
deja, Venus, un poco tus amantes,
cuya alma es tu gloria.

¡Oh Reina de los Pastores!
Lleva a los obreros el agua de la vida,
para que sus fuerzas en paz demoren,
mientras esperan el baño de mar del mediodía. 
                                                        Mayo, 1872
Versión de J. F. Vidal-Jover

lunes, 3 de septiembre de 2018

Literatura y jazz/ 87 - La única duda sobre Robert Johnson - Carlos Perrotti - Argentina


Esto no es jazz, esto es blues puro y duro y casi se podría decir que fundacional. Robert Johnson, amigos, el músico que inauguró el "Club de los 27".

Son House llegó esa noche al puterío
Donde un pibe tocaba una Kalamazoo KG-14
Sin la quinta cuerda
Y al verlo no le dio tiempo a nada
Lo retó, lo hizo mierda
¡Oh, Lord! ¡Nunca vi a nadie tocar tan mal la guitarra
Sobre esta maldita tierra!

Y el pibe guitarra en mano lejos se fue a llorar
Allá por donde los caminos se cruzan con su destino
En el alma le dolía la vergüenza
La luna que lo iluminaba
De pronto se puso negra
Y tan sincero era su dolor que el Diablo se le apareció
Porque le tuvo pena

Y fue en el cruce de la 61 con la 49
Que su silencio se hizo furor
El Diablo agarró su guitarra y con sólo afinarla
Todo le enseñó
Vio las vías del tren desiertas como un infinito diapasón
Y así Robert Johnson amaneció rezando
Acordes de amor en vano que fueron religión

Después tocó en galpones y bares para ganarse la vida
Donde fuere que se cansara hacía su cama
A veces también se metía en peleas por nada
Nunca le hizo caso a ninguna ley
Ni asco a ninguna apuesta
Una tarde de sábado lo hicieron grabar sus 29 blues
En el Gunter Hotel de San Antonio, Texas

Un gambler lo retó a duelo de madrugada
Y rápido como sus dedos lo sobó
Hasta hacerle jugar su mujer a las cartas
En eso se le irían sus últimas horas en Greenwood
Lo que no imaginó fue que ese cornudo
Un brindis sin rencores después le invitaría
Con un whisky antes mezclado con estrictina

“Temprano en la mañana mi Señor vendrá a salvarme”
Dicen que cantó en doliente agonía
Nos dejó sus blues llenos de luz que el Diablo le reveló
La única duda que su historia me dejó
Y por la cual le preguntaría:
Vos no eras de andar mucho con Dios en la boca
Robert Johnson… ¿A quién entonces te referías?
Love In Vain - Robert Johnson, 1937

sábado, 1 de septiembre de 2018

Pájaro de la noche - Julio Maruri - España


Triste pájaro ciego
que vuela sobre el mundo.

Me ha visto niño, y sabe
que mi pecho crecido
teme aún, teme siempre,
teme, teme su vuelo.

Yo miraba otros años
su llegada en el viento:
huída de los pájaros
que albergaba en mis manos;
huída hacia otros cielos
que yo desconocía,
para dar paso al pájaro
silencioso y nocturno.

Siempre temo este trance,
cansancio de las cosas,
atardecer del día
que se va tristemente.

Temo siempre a este pájaro
que viene de otra patria,
que me acunó de niño
bajo un ala, en reposo.