Art Tatum - 10 Best

martes, 31 de octubre de 2017

El Romancero/ 12 - Romance del enamorado y la muerte - Anónimo - España


ROMANCE DEL ENAMORADO Y LA MUERTE
(ROMANCES NOVELESCOS)

Un sueño soñaba anoche
soñito del alma mía,
soñaba con mis amores,
que en mis brazos los tenía.
Vi entrar señora tan blanca,
muy más que la nieve fría.
-¿Por dónde has entrado, amor?
¿Cómo has entrado, mi vida?
Las puertas están cerradas
ventanas y celosías.
-No soy el amor, amante:
la Muerte que Dios te envía
-¡Ay, Muerte tan rigurosa,
déjame vivir un día
-Un día no puede ser,
una hora tienes de vida.
Muy deprisa se calzaba,
más deprisa se vestía;
ya se va para la calle,
en donde su amor vivía.
-¡Ábreme la puerta, blanca,
ábreme la puerta, niña
-¿Cómo te podré yo abrir
si la ocasión no es venida?
Mi padre no fue al palacio,
mi madre no está dormida.
-Si no me abres esta noche,
ya no me abrirás, querida;
la Muerte me está buscando,
junto a ti vida sería.
-Vete bajo la ventana
donde labraba y cosía,
te echaré cordón de seda
para que subas arriba,
y si el cordón no alcanzare,
mis trenzas añadiría.
La fina seda se rompe;
la Muerte que allí venía:
-Vamos, el enamorado,
que la hora ya está cumplida.
Romance del enamorado y la muerte - Amancio Prada

domingo, 29 de octubre de 2017

Mito sobre la creación del primer hombre y la primera mujer - Anónimo - Mozambique


Entre los macuas y los banayis, existe el siguiente mito sobre la creación de los primeros seres humanos:

Al principio, Muluku (ser supremo), hizo dos agujeros en la tierra: de uno surgió un hombre, y del otro, una mujer. La divinidad les dio la tierra cultivable, una azada, un hacha, una marmita, un plato y cierta cantidad de mijo, al propio tiempo que les ordenaba que trabajasen el suelo, sembrasen el mijo en él y se construyesen una casa donde cocer sus alimentos. Mas la pareja humana, en vez de cumplir lo prescrito por Muluku, comieron el mijo sin cocer, rompieron los platos, llenaron la olla de basura y buscaron su refugio en el bosque. Al verse desobedecido, dios llamó a una pareja de monos y les dio los mismos consejos y el mismo ajuar. Los simios se pusieron a trabajar, cocieron el mijo y comieron de él. Entonces se sintió satisfecho y tomó la resolución de cortar el rabo al mico y a la mona para adherírselos al hombre y a la mujer. A los primeros les dijo, ¡sed hombres!, y a los segundos ¡volveos monos!
Versión de Helena Galiana

viernes, 27 de octubre de 2017

Mediodía - Idea Vilariño - Uruguay


Transparentes los aires, transparentes
la hoz de la mañana,
los blancos montes tibios, los gestos de las olas,
todo ese mar, todo ese mar que cumple
su profunda tarea,
el mar ensimismado,
el mar, a esa hora de miel en que el instinto
zumba como una abeja somnolienta...
Sol, amor, azucenas dilatadas, marinas,
Ramas rubias sensibles y tiernas como cuerpos,
vastas arenas pálidas.

Transparentes los aires, transparentes
las voces, el silencio.
A orillas del amor, del mar, de la mañana,
en la arena caliente, temblante de blancura,
cada uno es un fruto madurando su muerte.

miércoles, 25 de octubre de 2017

Fortuna - Adolfo García Ortega - España


Vivir en los hoteles
que he leído, en sus cuartos que he soñado,
y no ser nadie: terrible azar.
¿Recordáis, amigos, el tiempo
en que trazábamos un dibujo de la vida
amable y completa, dorada
por el pensamiento fino y la ironía?
Misántropos, con una honesta
arrogancia entregados a la idea moral
de los placeres,
buscábamos en los lugares
de una geografía inventada
el sitio exacto, el último,
queriendo que nada nos doliera
nunca más.
               Y ya lo veis,
ahora deambulamos por hoteles perdidos
en donde no ser nadie,
a la espera de un golpe de fortuna
que nos revele cuanto los años
se propusieron esconder.

lunes, 23 de octubre de 2017

Habla más suave - Adam Zagajewski, Premio Princesa de Asturias de las Letras 2017 - Polonia


Habla más suave: eres mayor que aquel
que fuiste tanto tiempo; eres mayor
que tú mismo y sigues sin saber
qué es la ausencia, el oro, la poesía.

El agua sucia anegó la calle; una tormenta breve
sacudió esta ciudad plana, adormecida.
Cada tormenta es un adiós, cientos de fotógrafos
parecen sobrevolarnos, inmortalizar con flash
segundos de miedo y pánico.

Sabes qué es el duelo, la desesperación
violenta que ahoga el ritmo cardiaco y el futuro.
Entre extraños llorabas, en un moderno almacén
donde el dinero, ágil, sin cesar, circulaba.

Has visto Venecia, y Siena, y en los lienzos, en la calle,
jovencísimas, tristes Madonnas que ansiaban ser
muchachas normales y bailar en carnaval.

Has visto incluso pequeñas urbes, nada bonitas,
gente vieja extenuada por el sufrimiento y el tiempo.
Ojos de santos morenos brillando en iconos
medievales, ojos ardientes de bestias salvajes.

Entre los dedos cogías guijarros de la playa La Galere,
y de pronto sentías por ellos una inmensa ternura,
por ellos y por el pino frágil, por todos los que allí
estuvieron contigo y por el mar,
que aunque potente, es tan solitario.

Una ternura inmensa, como si fuésemos huérfanos
de la misma casa, para siempre apartados los unos de los otros,
condenados a breves momentos de visitas
en las frías cárceles de la actualidad.

Habla más suave: ya no eres joven,
el éxtasis ha de pactar con semanas de ayuno,
has de elegir y abandonar, dar largas

y hablar extensamente con embajadores de secos países
y labios cuarteados, has de esperar,
escribir cartas, leer libros de quinientas páginas.
Habla más suave. No abandones la poesía.
Versión de Elzbieta Bortkiewicz

sábado, 21 de octubre de 2017

Literatura fantástica/ 6 - Fragmentos de Historia verdadera (El viaje a la Luna) - Luciano de Samosata - Siria-Antigua Grecia


Al igual que los atletas y quienes tratan de mantenerse en forma no sólo cuidan de su estado físico y entrenamiento, sino también de su oportuna relajación -por entender que es la parte principal de su preparación-, asimismo interesa a los intelectuales, a mi parecer, tras una prolongada lectura de los autores más serios, relajar su mente y hacerla más vigorosa para su esfuerzo futuro.
Resultaría acorde con ellos el descanso si tomaran contacto con aquellas lecturas que no sólo ofrecen pura evasión, fruto del ingenio y humor, sino las que presentan un contenido no ajeno a las Musas, como creo que ellos estimarán en el caso de esta obra; no sólo les atraerá lo novedoso del argumento, ni lo gracioso de su plan, ni el hecho de que contamos mentiras de todos los colores de modo convincente y verosímil, sino además el que cada historia apunta, no exenta de comicidad, a alguno de los antiguos poetas, historiadores y filósofos, que escribieron muchos relatos prodigiosos y legendarios; los habría citado por su nombre, si no se desprendieran, en tu caso, de la lectura. [...]

Hacia el mediodía, cuando ya no se divisaba la isla, sobrevino de repente un tifón que hizo girar la nave y, elevándola por el aire unos trescientos estadios, ya no la dejó descender al mar, sino que, hallándose en las alturas, sopló viento sobre su velamen y la arrastraba a vela hinchada.
Por siete días y otras tantas noches viajamos por el aire, y al octavo divisamos un gran país en el aire, como una isla, luminoso, redondo y resplandeciente de luz en abundancia. Nos dirigimos a él y, tras anclar, desembarcamos, y observando descubrimos que la región se hallaba habitada y cultivada. Durante el día nada divisábamos desde allí, pero al hacerse de noche empezaron a aparecérsenos muchas otras islas próximas -unas mayores, otras más pequeñas- de color semejante al del fuego. Vimos también otro país abajo, con ciudades, ríos, mares, bosques y montañas, y dedujimos que era la Tierra.
Decidimos seguir avanzando, pero fuimos detenidos al encontrar a los que ellos llaman "cabalgabuitres"1. Los cabalgabuitres son hombres que cabalgan sobre buitres enormes, y utilizan dichas aves como caballos. Los buitres son enormes y suelen tener tres cabezas; puede inferirse su tamaño del hecho siguiente: cualquiera de sus plumas es mayor y más robusta que el mástil de un gran navío mercante2. Dichos cabalgabuitres tienen como misión sobrevolar el país y conducir ante el rey a cualquier extranjero que encuentren; por ello, nos detuvieron y condujeron ante él. Éste, después de observarnos y deducirlo de nuestros vestidos, dijo: "Vosotros sois griegos, ¿verdad, extranjeros?" Al confirmárselo nosotros, preguntó: "¿Y cómo habéis llegado hasta aquí, tras atravesar un gran trecho por el aire?" Nosotros le explicamos todo. Entonces comenzó él a contarnos su propia historia: era también un ser humano, llamado Endimión, que había sido raptado de nuestro país mientras dormía y, una vez allí, llegó a ser rey del territorio. Decía que aquel país era la Luna que vemos desde abajo3. Nos exhortó a confiar y no temer peligro alguno, ofreciéndonos cuanto necesitáramos.
"Si triunfo -añadió- en la guerra que ahora mantengo contra los habitantes del Sol, viviréis muy felices a mi lado". Nosotros le preguntamos quiénes eran los enemigos y la causa del conflicto. "Faetonte -contestó--, el rey de los habitantes del Sol (pues aquél también está habitado, como la Luna), desde mucho tiempo atrás nos hace la guerra. Comenzó por el siguiente motivo. En cierta ocasión reuní a los más pobres de mi reino, con el proyecto de establecer una colonia en la Estrella de la Mañana4, que se hallaba desierta e inhabitada. Celoso Faetonte, impidió la colonización, saliendo al paso a medio camino al frente de sus cabalgahormigas5. Entonces fuimos vencidos (pues no estábamos a su altura en preparación) y nos retiramos; pero ahora deseo reanudar la guerra y fundar la colonia. Si lo deseáis, podéis participar conmigo en la expedición, y os proporcionaré a cada uno de vosotros un buitre real y el armamento necesario. Mañana partiremos". "De acuerdo -dije yo-, puesto que es tu designio."
Desde entonces permanecimos con él en calidad de huéspedes, y con la aurora nos levantamos a ocupar nuestros puestos, pues los atalayas señalaban que el enemigo estaba cerca. Integraban nuestro ejército cien mil soldados, sin contar los porteadores, los ingenieros, la infantería y los aliados extranjeros. De ellos, ochenta mil eran cabalgabuitres, y veinte mil, jinetes sobre plumaverdes6 -se trata también de un ave descomunal, que, en vez de plumas, está cubierta enteramente de hortalizas, y sus alas son en extremo semejantes a las hojas de lechuga-. A continuación estaban alineados los lanzamijos7 y los ajoguerreros8. Habían venido también aliados del rey de la Osa Mayor9 treinta mil pulgarqueros10 y cincuenta mil voladores11. De éstos, los pulgarqueros cabalgan sobre pulgas enormes, de las que reciben el nombre; el tamaño de dichas pulgas equivale al de doce elefantes. Los voladores son de infantería, pero se deslizan por el aire sin alas, y su técnica de deslizamiento es la siguiente: remangan sus túnicas talares, inclinándolas al viento como velas, y se deslizan al igual que las embarcaciones. Por lo general, ellos intervienen en las batallas como peltastas. Se decía que iban a llegar también, de las estrellas de sobre Capadocia, setenta mil gorrionbellotas12 y cinco mil cabalgagrullas13. A ésos no los vi, por lo que no me he atrevido a escribir sobre sus características, ya que se contaban de ellos portentos increíbles14. [...]

Entretanto, durante mi estancia en la Luna, observé muchas rarezas y curiosidades, que quiero relatar. En primer lugar, no nacen de mujeres, sino de hombres: se casan con hombres, y ni siquiera conocen la palabra "mujer". Hasta los veinticinco años actúan como esposas y, a partir de esa edad, como maridos. Y no quedan embarazados en el vientre, sino en la pantorrilla. A partir de la concepción, comienza a engordar la pierna; transcurrido el tiempo, dan un corte y extraen el feto muerto, pero lo exponen al viento con la boca abierta y le hacen vivir. A mi parecer, es de aquí de donde llegó hasta los griegos el término "pierna del vientre"15, porque allí se alberga el feto, en vez de en el vientre.
Pero voy a referirme a algo aún más sorprendente. Existe allí un linaje de hombres, los llamados "arbóreos"16, que nacen del modo siguiente. Cortan el testículo derecho de un hombre y lo plantan en la tierra; de él brota un corpulento árbol de carne, semejante a un falo17: tiene ramas y hojas y su fruto son las bellotas, del tamaño de un codo; cuando están ya maduras, las recolectan y extraen de su interior a los hombres.
Además, sus partes pudendas son artificiales. Algunos las tienen de marfil, pero los pobres las usan de madera, y con ellas se unen y fecundan a su pareja.
Tras la vejez, el hombre no muere, sino que, como el humo, se disuelve y convierte en aire. Su alimento es para todos el mismo: encienden fuego y asan ranas sobre el rescoldo -pues las ranas son muy abundantes allí, y vuelan-; una vez asadas, se sientan en círculo, como en torno a una mesa, aspiran el humo que asciende y se dan el festín18. Así es su comida. La bebida consiste para ellos en aire exprimido en copa, destilando un líquido como el rocío. [...]
Se considera hermoso en el lugar al hombre calvo y pelón; los melenudos, en cambio, son despreciados. Mas a los cometas19, por el contrario, los consideran hermosos por su cabellera: había allí algunos forasteros que nos hablaron de ellos. Otro detalle: tienen barbas, que crecen tímidamente sobre sus rodillas, y carecen de uñas en los pies, pues todos son solípedos. Sobre las nalgas de cada uno crece una col de gran tamaño, a guisa de cola, siempre exuberante, sin ajarse cuando caen de espaldas.
De sus narices fluye una miel muy agria y, cuando trabajan o hacen ejercicio, sudan leche por todo su cuerpo, lo que les permite elaborar queso, extendiendo sobre éste una capa de miel. De las cebollas elaboran un aceite muy denso y aromático, como perfume. Tienen muchas vides productoras de agua, pues los granos de los racimos son como el granizo y, a mi parecer, cuando sopla viento y agita dichas vides, es cuando cae sobre nosotros el granizo, al desgranarse los racimos. Usan sus vientres como alforjas, colocando en ellos los objetos de uso corriente, pues pueden abrirlos y cerrarlos. No parecen encerrar intestinos en ellos: tan sólo una espesa cabellera interior, lo que les permite albergar a los recién nacidos cuando hace frío.
El vestido de los ricos es de vidrio maleable20, y el de los pobres de hilado de bronce, pues abunda el bronce en aquellas regiones y lo trabajan reblandeciéndolo en agua, como la lana. En cuanto a las características de sus ojos, dudo en hablar de ello, por temor de que me juzguen mentiroso, dado lo increíble del relato. Ello no obstante, lo expondré. Tienen los ojos desmontables, y quien lo desea puede quitárselos y guardarlos hasta que necesite ver; entonces se los coloca y ve. Muchos, al perder los propios, los piden prestados a otros y ven. Los ricos suelen tener muchos en reserva. Tienen por orejas hojas de plátano, excepto los hombres-bellota; únicamente ellos las tienen de madera21.
Vi también otra maravilla en el palacio real. Un enorme espejo está situado sobre un pozo no muy profundo. Quien desciende al pozo oye todo cuanto se dice entre nosotros, en la Tierra; y si mira al espejo ve todas las ciudades y todos los pueblos, como si se alzara sobre ellos22. Yo vi, a la sazón, a mi familia y a todo mi pueblo, pero no puedo decir con certeza si ellos también me vieron. Quien no crea que ello es así, si alguna vez va por allí en persona, sabrá que digo la verdad. [...]
Traducción y notas de Andrés Espinosa Alarcón
Luciano de Samosata

1 Griego Hippógypoi. En pro de la intelección y expresividad, optamos por traducir estos nombres de seres fantásticos en lugar de transcribirlos.
2 Cf. Odisea IX 322 ss.11 
3 Antonio Diógenes parece ser la fuente de inspiración (Focio, lila). Cf. el Icaromenipo de Luciano.
4 Griego Heōsphóros, literalmente "Portadora de la aurora".
5 Griego Hippomyrmēkes. El término está atestiguado en ARISTÓTELES (Historia de los animales VIII 28).
6 Griego Lachanópteroi = "Alas de lechuga".
7 Griego Kenchrobóloi
8 Griego Skorodomáchoi = "Luchadores con ajos".
9 Griego Árktos.
10 Griego Psyllotoxótai.
11 Griego Anemodrómoi = "Corredores por el aire". 
12 Griego Strouthobálanoi.
13 Griego Hippogéranoi.
14 Tópico presente en HERÓDOTO, TUCÍDIDES y otros historiadores.
15 Gastroknémía. Significa "pantorrilla", parte gruesa de la pierna, en forma panzuda, pero preferimos dar en el texto la traducción etimológica del compuesto antecitado, sobre el cual Luciano deja correr su imaginación.
16 Griego Dendritai.
17 Representación plástica del miembro viril con fines mágicos y de culto religioso a la fecundidad.
18 Cf. HERÓDOTO, I 202, IV 75; ESTRABÓN, XV 1 57.
19 Cometa (griego komētés) significa etimológicamente "melenudo".
20 ¿Se trata de una parodia de HERÓDOTO, VII 65, donde se habla de vestidos de madera?
21 Como corresponde a su phýsis o peculiar naturaleza.
22 Topos o lugar común.

jueves, 19 de octubre de 2017

Heráclito - Jorge Luis Borges - Argentina


Heráclito camina por la tarde
De Éfeso. La tarde lo ha dejado,
Sin que su voluntad lo decidiera,
En la margen de un río silencioso
Cuyo destino y cuyo nombre ignora.
Hay un Jano de piedra y unos álamos
Se mira en el espejo fugitivo
Y descubre y trabaja la sentencia
Que las generaciones de los hombres
No dejarán caer. Su voz declara:
Nadie baja dos veces a las aguas
Del mismo río. Se detiene. Siente
Con el asombro de un horror sagrado
Que él también es un río y una fuga.
Quiere recuperar esa mañana
Y su noche y la víspera. No puede.
Repite la sentencia. La ve impresa
En futuros y claros caracteres
En una de las páginas de Burnet.
Heráclito no sabe griego. Jano,
Dios de las puertas, es un dios latino.
Heráclito no tiene ayer ni ahora.
Es un mero artificio que ha soñado
Un hombre gris a orillas del Red Cedar,
Un hombre que entreteje endecasílabos
Para no pensar tanto en Buenos Aires
Y en los rostros queridos. Uno falta.

martes, 17 de octubre de 2017

Memento mori/ 7 - Memento mori - Carmen González Huguet - El Salvador


"...y no hallé cosa en que poner los ojos
que no fuera recuerdo de la muerte"
Quevedo
                I

Es la sombra que viene,                                  
La garra preparada                                  
Para el golpe certero,                                
La mirada en alerta                                        
Que busca, sigue, acecha.
                            
Nada se escapa al ojo
Implacable y absorto.
Nada al cruel arrebato.

Cuando la furia cae
Rasgando piel y carne,
Y la vida se escapa,
Y la sangre se amansa,
Y se instala la muerte;
Entonces comprendemos
Que el mayor enemigo,
El más voraz y aleve,
Nos hiere siempre el último
Desde adentro del pecho.

                II

Ya no te creo, ciudad, el paraíso,
El eterno jardín donde la dicha enciende
Sus fuegos de San Telmo.

Tampoco te concibo como la cuna de las ilusiones,
O el rincón iluminado
Por las luces secretas del deseo.

Caída la venda de los espejismos,
Eres tan sólo ese paisaje sórdido
Donde rufianes y tahúres
Se tasan mutuamente,
Mientras los mismos tiburones
Se mastican sin pausa
Con sus dientes de oro.

La araña teje su tela, indiferente,
Mientras tanto.
Tarde o temprano,
Cualquiera ha de caer.

domingo, 15 de octubre de 2017

A la orilla del mar - Salvador Espriu - España


A la vora del mar

XXV

A la vora del mar. Tenia
una casa, el meu somni,
a la vora del mar.

Alta proa. Per lliures
camins d’aigua, l’esvelta
barca que jo manava.

Els ulls sabien
tot el repòs i l’ordre
d’una petita pàtria.

Com necessito
contar-te la basarda
que fa la pluja als vidres!
Avui cau nit de fosca
damunt la meva casa.

Les roques negres
m’atrauen a naufragi.
Captiu del càntic,
el meu esforç inútil,
qui pot guiar-me a l’alba?

Ran de la mar tenia
una casa, un lent somni.
De Cementeri de Sinera


A la orilla del mar

XXV

A la orilla del mar. Tenía
una casa, mi sueño,
a la orilla del mar.

Alta proa. Por libres
vías de agua, la esbelta
barca que yo mandaba.

Mis ojos conocían
el reposo y el orden
de una pequeña patria.

¡Cómo necesito
hablarte del temor
de la lluvia en los vidrios!
Hoy cae noche oscura
sobre mi casa.

Las rocas negras
me llaman a naufragio.
Prisionero del cántico,
inútil ya mi empeño,
¿quién me guiará hasta el alba?

Junto al mar yo tenía
casa y un lento sueño.

Traducción de Andrés Sánchez Robayna y Ramon Pinyol Balasch

viernes, 13 de octubre de 2017

Otoño del 59, verano del 66 - Juan Marsé // Noche triste de octubre / Apología y petición - Jaime Gil de Biedma - España


Porque la actualidad manda.


Otoño del 59, verano del 66

Querido Jaime. Me dicen que circula por la red tu poema Noche triste de octubre, 1959, publicado en Moralidades en 1966. Recordarás una conversación que mantuvimos acerca de algunas imágenes del poema, en la época que lo escribías, sobre todo esa tarde lluviosa que me leíste un primer esbozo. Me dijiste que me lo ibas a dedicar si conseguías terminarlo. Octubre siempre ha sido para mí un mes de malos augurios y resonancias dramáticas, y no puedes imaginarte hasta qué punto este octubre de 2017 ha superado tan nefastas aprensiones. Los problemas no son los mismos, el país ya no es el mismo, pero las cosas siguen viniendo mal dadas.

Quiero recordar ahora el día que, con un vaso de ginebra en la mano, en tu sótano (“más negro que mi reputación, que ya es decir”, dejaste escrito) de la calle Muntaner, me leíste los versos del último bloque del poema:

Por todo el litoral de Cataluña llueve
con verdadera crueldad, con humo y nubes bajas,
ennegreciendo muros,
goteando fábricas, filtrándose
en los talleres mal iluminados.
Y el agua arrastra hacia la mar semillas
incipientes, mezcladas en el barro,
árboles, zapatos cojos, utensilios
abandonados y revuelto todo
con las primeras Letras protestadas.

Eran otros tiempos, otras lamentaciones. Quiero que sepas que este octubre no llueve en el litoral de Cataluña, al menos no lo ha hecho hasta el día 10 en que te escribo esto (sufrimos una larga sequía, no solo política) no hay humos ni nubes bajas ennegreciendo muros, no en el sentido de derrota anímica y miseria moral que tú veías en el paisaje urbano de entonces, en la desdichada ciudad gris de entonces, sumida en la humillación y el agravio, porque hoy vivimos en una democracia, en un Estado de derecho, pero aun así, todo y haber recuperado al fin las libertades y la autonomía, ya sabes que la cabra tira al monte, así que, si bien en este mes de octubre de 2017 no adelantaron

las lluvias, y el Gobierno
sigue reunido en consejo de ministros,
no se sabe si estudia a estas horas
el subsidio de paro o el derecho al despido,
o si sencillamente, aislado en un océano,
se limita a esperar que la tormenta pase
y llegue el día, el día en que, por fin,
las cosas dejen de venir mal dadas.

El caso es que las cosas, si bien estamos ya muy lejos de aquella dictadura, siguen viniendo mal dadas. Ahora vivimos un esperpéntico conflicto de identidades, de himnos y banderas y discursos papanatas que amenazan con amargarnos la existencia por mucho tiempo. Déjame decirlo a mi manera, lejos de cualquier pretensión lírica, para lo que tú sabes que no he sido dotado: estoy hasta el mismísimo gorro de esa gentuza que nos gobierna, los de aquí y los de allá.

Déjame recordar el arranque de tu Apología y petición, donde va esa terrible pregunta transmutada en poesía que me sigue estremeciendo:

¿Y qué decir de nuestra madre España,
este país de todos los demonios
en donde el mal gobierno, la pobreza
no son, sin más, pobre y mal gobierno
sino un estado místico del hombre,
la absolución final de nuestra historia?

Siempre me costó aceptarlo. Pero más allá de todo pesimismo, ahora confío en que prevalecerá el Estado de derecho. La Constitución que nos dimos en 1978 puede que sea mejorable, pero ahora es ya la mejor de nuestra historia. Y estoy seguro de que tú piensas lo mismo. Mientras, Cataluña (no tu Cataluña, sino la Cataluña tontarrona y chapucera de Puigdemont y Junqueras) sigue haciendo día tras día un ridículo descomunal y sin precedentes ante el mundo que nos contempla asombrado.

En fin, Jaime, veamos, ¿qué tal otra copa? Ahí afuera, de momento, solo hay acuerdo en el desacuerdo, pero seguro que vendrán tiempos mejores.
El País, 12/10/2017


Poemas completos de Gil de Biedma

Noche triste de octubre, 1959

Definitivamente parece confirmarse que este invierno 
que viene, será duro. 

Adelantaron 
las lluvias, y el Gobierno, 
reunido en consejo de ministros, 
no se sabe si estudia a estas horas 
el subsidio de paro 
o el derecho al despido, 
o si sencillamente, aislado en un océano, 
se limita a esperar que la tormenta pase 
y llegue el día, el día en que, por fin, 
las cosas dejen de venir mal dadas. 

En la noche de octubre, 
mientras leo entre líneas el periódico, 
me he parado a escuchar el latido 
del silencio en mi cuarto, las conversaciones 
de los vecinos acostándose, 
todos esos rumores 
que recobran de pronto una vida 
y un significado propio, misterioso. 

Y he pensado en los miles de seres humanos, 
hombres y mujeres que en este mismo instante, 
con el primer escalofrío, 
han vuelto a preguntarse por sus preocupaciones, 
por su fatiga anticipada, 
por su ansiedad para este invierno, 
mientras que afuera llueve. 

Por todo el litoral de Cataluña llueve 
con verdadera crueldad, con humo y nubes bajas, 
ennegreciendo muros, 
goteando fábricas, filtrándose 
en los talleres mal iluminados. 

Y el agua arrastra hacia la mar semillas 
incipientes, mezcladas en el barro, 
árboles, zapatos cojos, utensilios 
abandonados y revuelto todo 
con las primeras Letras protestadas.


Apología y petición

¿Y qué decir de nuestra madre España,
este país de todos los demonios
en donde el mal gobierno, la pobreza
no son, sin más, pobreza y mal gobierno,
sino un estado místico del hombre,
la absolución final de nuestra historia?

De todas las historias de la Historia
la más triste sin duda es la de España
porque termina mal. Como si el hombre,
harto ya de luchar con sus demonios,
decidiese encargarles el gobierno
y la administración de su pobreza.

Nuestra famosa inmemorial pobreza
cuyo origen se pierde en las historias
que dicen que no es culpa del gobierno,
sino terrible maldición de España,
triste precio pagado a los demonios
con hambre y con trabajo de sus hombres.

A menudo he pensado en esos hombres,
a menudo he pensado en la pobreza
de este país de todos los demonios.
Y a menudo he pensado en otra historia
distinta y menos simple, en otra España
en donde sí que importa un mal gobierno.

Quiero creer que nuestro mal gobierno
es un vulgar negocio de los hombres
y no una metafísica, que España
puede y debe salir de la pobreza,
que es tiempo aún para cambiar su historia
antes que se la lleven los demonios.

Quiero creer que no hay tales demonios.
Son hombres los que pagan al gobierno,
los empresarios de la falsa historia.
Son ellos quienes han vendido al hombre,
los que le han vertido a la pobreza
y secuestrado la salud de España.

Pido que España expulse a esos demonios.
Que la pobreza suba hasta el gobierno.
Que sea el hombre el dueño de su historia.

miércoles, 11 de octubre de 2017

Literatura satírica y burlesca/ 46 - A una nariz - Francisco de Quevedo - España


Este archiconocido soneto lo escribió Quevedo muy probablemente contra Góngora como una de las puyas que ambos se lanzaban contínuamente entre sí. Aquí, como otras veces, vuelve a tildarle de judío, algo que no era.

Érase un hombre a una nariz pegado,
érase una nariz superlativa,
érase una nariz sayón y escriba1,
érase un peje espada mal barbado2.

Érase un reloj de sol mal encarado3,
érase una alquitara pensativa4,
érase un elefante boca arriba,
era Ovidio Nasón5 más narizado.

Érase un espolón de una galera,
érase una pirámide de Egipto,
las doce tribus de narices era6.

Érase un naricísimo infinito,
muchísimo nariz, nariz tan fiera,
que en la cara de Anás7 fuera delito.

1 sayón y escriba: la creencia popular atribuía a los judíos, representados aquí por sus doctores de la ley (escribas) y por los verdugos de las procesiones de Semana Santa (sayones), unas narices descomunales. No es la única referencia al pueblo hebreo en el poema, buena prueba del antisemitismo del autor y de la época.
2 un peje espada mal barbado: este pez (peje) tiene un apéndice frontal cuya forma se identifica con la nariz del personaje descrito hiperbólicamente (probablemente Luis de Góngora); el especificador mal barbado puede entenderse como un rasgo de humanización (sin apenas barba) o como un grado más en la grotesca apariencia animal, cuyas barbas o aletas ni siquiera están bien dispuestas.
3 un reloj de sol mal encarado: se alude a la similitud con el palo cuya sombra proyectada señala la hora en los relojes de sol; mal encarado porque no está bien colocado ni en el reloj ni en la cara.
4 una alquitara pensativa: las alquitaras o alambiques para la destilación de licores constaban de un recipiente (la cara) y un largo conducto (la nariz).
5 Ovidio Nasón: apodo latino del autor de las Metamorfosis, que aludía a su considerable nariz.
6 las doce tribus de narices era: nueva referencia a las narices de los hijos de Israel, divididos en doce tribus descendientes de cada uno de los hijos de Jacob.
7 en la cara de Anás fuera delito: juega aquí con la dilogía de la palabra Anás: por una parte, el nombre propio del sumo sacerdote judío (suegro del que condenó a Jesucristo), en cuya cara escandalizaría tanta nariz; por la otra, la etimología popular del sustantivo (A-nás, significaría "sin nariz" en griego). 
(Notas de David López del Castillo)

lunes, 9 de octubre de 2017

Poderío - Omar Lara - Chile


Atravesamos muros
y vemos debajo del agua
hablamos con seres de otras edades
y adivinamos el porvenir
encontramos una aguja en un pajar
y la perdemos
                   oh dios.

sábado, 7 de octubre de 2017

Hay una nube - Humberto Megget - Uruguay


Hay una nube
una nube
la cargada de agua
la cargada
la que espera derramarse
la que se derrama
hay una nube
una nube colgada
una nube que aún no ha agujereado el viento
una nube de agua perfumada
hay una nube arriba
una nube
una nube cargada
una nube que ríe y que se orina
hay una nube arriba
bien arriba
una nube resfriada.

jueves, 5 de octubre de 2017

Hoy es tu corazón un tacto inútil - Justo Jorge Padrón - España


Con la certeza del que nada aguarda
abres sin prisa la cancela antigua
y escuchas los lentísimos
pasos, que no parecen tuyos,
en la escalera gris.
Ninguna voz te ofrece su calor,
andas a oscuras, nada
te lleva a tu rincón, ni tan sólo la música,
ni los viejos poetas, ni las gastadas cartas
de amor son esta noche
para ti compañía.
Pasan por el recuerdo los perdidos
nombres que en otro tiempo
honda fe dieron a tu juventud.
Llega el rumor del viento,
el tedioso vacío de tu vida,
y en él te reconoces,
porque amas al que fuiste
y percibes la ausencia
de tus mejores días.
Hoy es tu corazón un tacto inútil,
lo sabes y no puedes engañarte
y aún dejas que la impávida memoria
se lleve cuanto amaras,
cuanto perdiste en esta tierra estéril:
aquel hondo temor que acaso siempre
tuviste por la vida: tu fracaso.
Pero nada te importa ya, y contemplas
por la ventana el árbol más tenaz,
llenas tu vaso y piensas:
éste es tu patrimonio de hombre solo.

martes, 3 de octubre de 2017

Meditatio - Ramón Andrés - España


Amar, tener la muerte en que morir,
no angostarse, pensar goces de anchura,
necesitar a todos los maestros.
Salvar la rienda tensa de relincho,
ser el plural de lo que fue unidad,
buscar consejo pero errar sin guía.
No acatar, no temer apagamientos
del azar, de la idea, y recordar:
lo que te pertenece te destruye.
Y saber que no hay hombres inocentes,
caer a solas en la siembra estéril,
y de la imperfección hacer sosiego.

domingo, 1 de octubre de 2017

Un paseo por la Literatura - Roberto Bolaño - Chile


para Rodrigo Pinto y Andrés Neuman

1. Soñé que Georges Perec tenía tres años y visitaba mi casa. Lo abrazaba, lo besaba, le decía que era un niño precioso.

2. A medio hacer quedamos, padre, ni cocidos ni crudos, perdidos en la grandeza de este basural interminable, errando y equivocándonos, matando y pidiendo perdón, maniacos depresivos en tu sueño, padre, tu sueño que no tenía límites y que hemos desentrañado mil veces y luego mil veces más, como detectives latinoamericanos perdidos en un laberinto de cristal y barro, viajando bajo la lluvia, viendo películas donde aparecían viejos que gritaban ¡tornado! ¡tornado!, mirando las cosas por última vez, pero sin verlas, como espectros, como ranas en el fondo de un pozo, padre, perdidos en la miseria de tu sueño utópico, perdidos en la variedad de tus voces y de tus abismos, maniacos depresivos en la inabarcable sala del Infierno donde se cocina tu Humor.

3. A medio hacer, ni crudos ni cocidos, bipolares capaces de cabalgar el huracán.

4. En estas desolaciones, padre, donde de tu risa sólo quedaban restos arqueológicos.

5. Nosotros, los nec spes nec metus.

6. Y alguien dijo:

Hermana de nuestra memoria feroz,
sobre el valor es mejor no hablar.
Quien pudo vencer el miedo
se hizo valiente para siempre.
Bailemos, pues, mientras pasa la noche
como una gigantesca caja de zapatos
por encima del acantilado y la terraza,
en un pliegue de la realidad, de lo posible,
en donde la amabilidad no es una excepción.
Bailemos en el reflejo incierto
de los detectives latinoamericanos,
un charco de lluvia donde se reflejan nuestros rostros
cada diez años.

Después llegó el sueño.

7. Soñé entonces que visitaba la mansión de Alonso de Ercilla. Yo tenía sesenta años y estaba despedazado por la enfermedad (literalmente me caía a pedazos). Ercilla tenía unos noventa y agonizaba en una enorme cama con dosel. El viejo me miraba desdeñoso y después me pedía un vaso de aguardiente. Yo buscaba y rebuscaba el aguardiente pero sólo encontraba aperos de montar.

8. Soñé que iba caminando por el Paseo Marítimo de Nueva York y veía a lo lejos la figura de Manuel Puig. Llevaba una camisa celeste y unos pantalones de lona ligera azul claro o azul oscuro, depende.

9. Soñé que Macedonio Fernández aparecía en el cielo de Nueva York en forma de nube: una nube sin nariz ni orejas, pero con ojos y boca.

10. Soñé que estaba en un camino de África que de pronto se transformaba en un camino de México. Sentado en un farellón, Efraín Huerta jugaba a los dados con los poetas mendicantes del DF.

11. Soñé que en un cementerio olvidado de África encontraba la tumba de un amigo cuyo rostro ya no podía recordar.

12. Soñé que una tarde golpeaban la puerta de mi casa. Estaba nevando. Yo no tenía estufa ni dinero. Creo que hasta la luz me iban a cortar. ¿Y quién estaba al otro lado de la puerta? Enrique Lihn con una botella de vino, un paquete de comida y un cheque de la Universidad Desconocida.

13. Soñé que leía a Stendhal en la Estación Nuclear de Civitavecchia: una sombra se deslizaba por la cerámica de los reactores. Es el fantasma de Stendhal decía un joven con botas y desnudo de cintura para arriba. ¿Y tú quién eres?, le pregunté. Soy el yonqui de la cerámica, el húsar de la cerámica y de la mierda, dijo.

14. Soñé que estaba soñando, habíamos perdido la revolución antes de hacerla y decidía volver a casa. Al intentar meterme en la cama encontraba a De Quincey durmiendo. Despierte, don Tomás, le decía, ya va a amanecer, tiene que irse. (Como si De Quincey fuera un vampiro.) Pero nadie me escuchaba y volvía a salir a las calles oscuras de México DF.

15. Soñé que veía nacer y morir a Aloysius Bertrand el mismo día, casi sin intervalo de tiempo, como si los dos viviéramos dentro de un calendario de piedra perdido en el espacio.

16. Soñé que era un detective viejo y enfermo. Tan enfermo que literalmente me caía a pedazos.Iba tras las huellas de Gui Rosey. Caminaba por los barrios de un puerto que podía ser Marsella o no. Un viejo chino afable me conducía finalmente a un sótano. Esto es lo que queda de Rosey, decía. Un pequeño montón de cenizas. Tal como está, podría ser Li Po, le contestaba.

17. Soñé que era un detective viejo y enfermo y que buscaba gente perdida hace tiempo. A veces me miraba casualmente en un espejo y reconocía a Roberto Bolaño.

18. Soñé que Archibald McLeish lloraba -apenas tres lágrimas- en la terraza de un restaurante de Cape Code. Era más de medianoche y pese a que yo no sabía cómo volver terminábamos bebiendo y brindando por el Indómito Nuevo Mundo.

19. Soñé con los Fiambres y las Playas Olvidadas.

20. Soñé que el cadáver volvía a la Tierra Prometida montado en una Legión de Toros Mecánicos.

21. Soñé que tenía catorce años y que era el último ser humano del Hemisferio Sur que leía a los hermanos Goncourt.

22. Soñé que encontraba a Gabriela Mistral en una aldea africana. Había adelgazado un poco y adquirido la costumbre de dormir sentada en el suelo con la cabeza sobre las rodillas. Hasta los mosquitos parecían conocerla.

23. Soñé que volvía de África en un autobús lleno de animales muertos. En una frontera cualquiera aparecía un veterinario sin rostro. Su cara era como un gas, pero yo sabía quién era.

24. Soñé que Philip K. Dick paseaba por la Estación Nuclear de Civitavecchia.

25. Soñé que Arquíloco atravesaba un desierto de huesos humanos. Se daba ánimos a sí mismo: “Vamos, Arquíloco, no desfallezcas, adelante, adelante.”

26. Soñé que tenía quince años y que iba a la casa de Nicanor Parra a despedirme. Lo encontraba de pie, apoyado en una pared negra. ¿Adónde vas, Bolaño?, decía. Lejos del Hemisferio Sur, le contestaba.

27. Soñé que tenía quince años y que, en efecto, me marchaba del Hemisferio Sur. Al meter en mi mochila el único libro que tenía (Trilce, de Vallejo), éste se quemaba. Eran las siete de la tarde y yo arrojaba mi mochila chamuscada por la ventana.

28. Soñé que tenía dieciseís y que Martín Adán me daba clases de piano. Los dedos del viejo, largos como los del Fantástico Hombre de Goma, se hundían en el suelo y tecleaban sobre una cadena de volcanes subterráneos.

29. Soñé que traducía a Virgilio con una piedra. Yo estaba desnudo sobre una gran losa de basalto y el sol, como decían los pilotos de caza, flotaba peligrosamente a las 5.

30. Soñé que estaba muriéndome en un patio africano y que un poeta llamado Paulin Joachim me hablaba en francés (sólo entendía fragmentos como “el consuelo”, “el tiempo”, “los años que vendrán”) mientras un mono ahorcado se balanceaba de la rama de un árbol.

31. Soñé que la tierra se acababa. Y que el único ser humano que contemplaba el final era Franz Kafka. En el cielo los Titanes luchaban a muerte. Desde un asiento de hierro forjado del parque de Nueva York veía arder el mundo.

32. Soñé que estaba soñando y que volvía a mi casa demasiado tarde. En mi cama encontraba a Mario de Sá-Carneiro durmiendo con mi primer amor. Al destaparlos descubría que estaban muertos y mordiéndome los labios hasta hacerme sangre volvía a los caminos vecinales.

33. Soñé que Anacreonte construía su castillo en la cima de una colina pelada y luego lo destruía.

34. Soñé que era un detective latinoamericano muy viejo. Vivía en Nueva York y Mark Twain me contrataba para salvarle la vida a alguien que no tenía rostro. Va a ser un caso condenadamente difícil, señor Twain, le decía.

35. Soñé que me enamoraba de Alice Sheldon. Ella no me quería. Así que intentaba hacerme matar en tres continentes. Pasaban los años. Por fin, cuando ya era muy viejo, ella aparecía por el otro extremo del Paseo Marítimo de Nueva York y mediante señas (como las que hacían en los portaaviones para que los pilotos aterrizaran) me decía que siempre me había querido.

36. Soñé que hacía un 69 con Anaïs Nin sobre una enorme losa de basalto.

37. Soñé que follaba con Carson McCullers en una habitación en penumbras en la primavera de 1981. Y los dos nos sentíamos irracionalmente felices.

38. Soñé que volvía a mi viejo Liceo y que Alphonse Daudet era mi profesor de francés. Algo imperceptible nos indicaba que estábamos soñando. Daudet miraba a cada rato por la ventana y fumaba la pipa de Tartarín.

39. Soñé que me quedaba dormido mientras mis compañeros de Liceo intentaban liberar a Robert Desnos del campo de concentración de Terezin. Cuando despertaba una voz me ordenaba que me pusiera en movimiento. Rápido, Bolaño, rápido, no hay tiempo que perder. Al llegar sólo encontraba a un viejo detective escarbando en las ruinas humeantes del asalto.

40. Soñé que una tormenta de números fantasmales era lo único que quedaba de los seres humanos tres mil millones de años después de que la Tierra hubiera dejado de existir.

41. Soñé que estaba soñando y que en los túneles de los sueños encontraba el sueño de Roque Dalton: el sueño de los valientes que murieron por una quimera de mierda.

42. Soñé que tenía dieciocho años y que veía a mi mejor amigo de entonces, que también tenía dieciocho, haciendo el amor con Walt Whitman. Lo hacían en un sillón, contemplando el atardecer borrascoso de Civitavecchia.

43. Soñé que estaba preso y que Boecio era mi compañero de celda. Mira, Bolaño, decía extendiendo la mano y la pluma en la semioscuridad: ¡no tiemblan!, ¡no tiemblan! (Después de un rato, añadía con voz tranquila: pero temblarán cuando reconozcan al cabrón de Teodorico.)

44. Soñé que traducía al Marqués de Sade a golpes de hacha. Me había vuelto loco y vivía en un bosque.

45. Soñé que Pascal hablaba del miedo con palabras cristalinas en una taberna de Civitavecchia: “Los milagros no sirven para convertir, sino para condenar”, decía.

46. Soñé que era un viejo detective latinoamericano y que una Fundación misteriosa me encargaba encontrar las actas de defunción de los Sudacas Voladores. Viajaba por todo el mundo: hospitales, campos de batalla, pulquerías, escuelas abandonadas.

47. Soñé que Baudelaire hacía el amor con una sombra en una habitación donde se había cometido un crimen. Pero a Baudelaire no le importaba. Siempre es lo mismo, decía.

48. Soñé que una adolescente de dieciséis años entraba en el túnel de los sueños y nos despertaba con dos tipos de vara. La niña vivía en un manicomio y poco a poco se iba volviendo más loca.

49. Soñé que en las diligencias que entraban y salían de Civitavecchia veía el rostro de Marcel Schwob. La visión era fugaz. Un rostro casi translúcido, con los ojos cansados, apretado de felicidad y de dolor.

50. Soñé que después de la tormenta un escritor ruso y también sus amigos franceses optaban por la felicidad. Sin preguntar ni pedir nada. Como quien se derrumba sin sentido sobre su alfombra favorita.

51. Soñé que los soñadores habían ido a la guerra florida. Nadie había regresado. En los tablones de cuarteles olvidados en las montañas alcancé a leer algunos nombres. Desde un lugar remoto una voz transmitía una y otra vez las consignas por las que ellos se habían condenado.

52. Soñé que el viento movía el letrero gastado de una taberna. En el interior James Mathew Barrie jugaba a los dados con cinco caballeros amenazantes.

53. Soñé que volvía a los caminos, pero esta vez ya no tenía quince años sino más de cuarenta. Sólo poseía un libro, que llevaba en mi pequeña mochila. De pronto, mientras iba caminando, el libro comenzaba a arder. Amanecía y casi no pasaban coches. Mientras arrojaba la mochila chamuscada en una acequia sentí que la espalda me escocía como si tuviera alas.

54. Soñé que los caminos de África estaban llenos de gambusinos, bandeirantes, sumulistas.

55. Soñé que nadie muere la víspera.

56. Soñé que un hombre volvía la vista atrás, sobre el paisaje anamórfico de los sueños y que su mirada era dura como el acero pero igual se fragmentaba en múltiples miradas cada vez más inocentes, cada vez más desvalidas.

57. Soñé que Georges Perec tenía tres años y lloraba desconsoladamente. Yo intentaba calmarlo. Lo tomaba en brazos, le compraba golosinas, libros para pintar. Luego nos íbamos al Paseo Marítimo de Nueva York y mientras él jugaba en el tobogán yo me decía a mí mismo: no sirvo para nada, pero serviré para cuidarte, nadie te hará daño, nadie intentará matarte. Después se ponía a llover y volvíamos tranquilamente a casa. ¿Pero dónde estaba nuestra casa?
Blanes, 1994.