flotando muerta en una pequeña poza pálido-sucia.
Los labios de uno están torcidos
en un jeroglífico de silencio.
La cara de otro es como un brillante sapo.
Otra cara confronta una pregunta
que se le clava como súbitas garras.
A su lado está una cara como un espejo
en que un niño tieso cuelga...
Soldados muertos en una agonizante luna nueva,
cuyas caras formulan una frase gravemente burlona.
Traducción de José Coronel Urtecho y Ernesto Cardenal
