Hace 50 años / The Beatles - Sgt. Pepper's Lonely Hearts Club Band (1967)

lunes, 23 de octubre de 2017

Habla más suave - Adam Zagajewski, Premio Princesa de Asturias de las Letras 2017 - Polonia


Habla más suave: eres mayor que aquel
que fuiste tanto tiempo; eres mayor
que tú mismo y sigues sin saber
qué es la ausencia, el oro, la poesía.

El agua sucia anegó la calle; una tormenta breve
sacudió esta ciudad plana, adormecida.
Cada tormenta es un adiós, cientos de fotógrafos
parecen sobrevolarnos, inmortalizar con flash
segundos de miedo y pánico.

Sabes qué es el duelo, la desesperación
violenta que ahoga el ritmo cardiaco y el futuro.
Entre extraños llorabas, en un moderno almacén
donde el dinero, ágil, sin cesar, circulaba.

Has visto Venecia, y Siena, y en los lienzos, en la calle,
jovencísimas, tristes Madonnas que ansiaban ser
muchachas normales y bailar en carnaval.

Has visto incluso pequeñas urbes, nada bonitas,
gente vieja extenuada por el sufrimiento y el tiempo.
Ojos de santos morenos brillando en iconos
medievales, ojos ardientes de bestias salvajes.

Entre los dedos cogías guijarros de la playa La Galere,
y de pronto sentías por ellos una inmensa ternura,
por ellos y por el pino frágil, por todos los que allí
estuvieron contigo y por el mar,
que aunque potente, es tan solitario.

Una ternura inmensa, como si fuésemos huérfanos
de la misma casa, para siempre apartados los unos de los otros,
condenados a breves momentos de visitas
en las frías cárceles de la actualidad.

Habla más suave: ya no eres joven,
el éxtasis ha de pactar con semanas de ayuno,
has de elegir y abandonar, dar largas

y hablar extensamente con embajadores de secos países
y labios cuarteados, has de esperar,
escribir cartas, leer libros de quinientas páginas.
Habla más suave. No abandones la poesía.
Versión de Elzbieta Bortkiewicz

sábado, 21 de octubre de 2017

Literatura fantástica/ 6 - Fragmentos de Historia verdadera (El viaje a la Luna) - Luciano de Samosata - Siria-Antigua Grecia


Al igual que los atletas y quienes tratan de mantenerse en forma no sólo cuidan de su estado físico y entrenamiento, sino también de su oportuna relajación -por entender que es la parte principal de su preparación-, asimismo interesa a los intelectuales, a mi parecer, tras una prolongada lectura de los autores más serios, relajar su mente y hacerla más vigorosa para su esfuerzo futuro.
Resultaría acorde con ellos el descanso si tomaran contacto con aquellas lecturas que no sólo ofrecen pura evasión, fruto del ingenio y humor, sino las que presentan un contenido no ajeno a las Musas, como creo que ellos estimarán en el caso de esta obra; no sólo les atraerá lo novedoso del argumento, ni lo gracioso de su plan, ni el hecho de que contamos mentiras de todos los colores de modo convincente y verosímil, sino además el que cada historia apunta, no exenta de comicidad, a alguno de los antiguos poetas, historiadores y filósofos, que escribieron muchos relatos prodigiosos y legendarios; los habría citado por su nombre, si no se desprendieran, en tu caso, de la lectura. [...]

Hacia el mediodía, cuando ya no se divisaba la isla, sobrevino de repente un tifón que hizo girar la nave y, elevándola por el aire unos trescientos estadios, ya no la dejó descender al mar, sino que, hallándose en las alturas, sopló viento sobre su velamen y la arrastraba a vela hinchada.
Por siete días y otras tantas noches viajamos por el aire, y al octavo divisamos un gran país en el aire, como una isla, luminoso, redondo y resplandeciente de luz en abundancia. Nos dirigimos a él y, tras anclar, desembarcamos, y observando descubrimos que la región se hallaba habitada y cultivada. Durante el día nada divisábamos desde allí, pero al hacerse de noche empezaron a aparecérsenos muchas otras islas próximas -unas mayores, otras más pequeñas- de color semejante al del fuego. Vimos también otro país abajo, con ciudades, ríos, mares, bosques y montañas, y dedujimos que era la Tierra.
Decidimos seguir avanzando, pero fuimos detenidos al encontrar a los que ellos llaman "cabalgabuitres"1. Los cabalgabuitres son hombres que cabalgan sobre buitres enormes, y utilizan dichas aves como caballos. Los buitres son enormes y suelen tener tres cabezas; puede inferirse su tamaño del hecho siguiente: cualquiera de sus plumas es mayor y más robusta que el mástil de un gran navío mercante2. Dichos cabalgabuitres tienen como misión sobrevolar el país y conducir ante el rey a cualquier extranjero que encuentren; por ello, nos detuvieron y condujeron ante él. Éste, después de observarnos y deducirlo de nuestros vestidos, dijo: "Vosotros sois griegos, ¿verdad, extranjeros?" Al confirmárselo nosotros, preguntó: "¿Y cómo habéis llegado hasta aquí, tras atravesar un gran trecho por el aire?" Nosotros le explicamos todo. Entonces comenzó él a contarnos su propia historia: era también un ser humano, llamado Endimión, que había sido raptado de nuestro país mientras dormía y, una vez allí, llegó a ser rey del territorio. Decía que aquel país era la Luna que vemos desde abajo3. Nos exhortó a confiar y no temer peligro alguno, ofreciéndonos cuanto necesitáramos.
"Si triunfo -añadió- en la guerra que ahora mantengo contra los habitantes del Sol, viviréis muy felices a mi lado". Nosotros le preguntamos quiénes eran los enemigos y la causa del conflicto. "Faetonte -contestó--, el rey de los habitantes del Sol (pues aquél también está habitado, como la Luna), desde mucho tiempo atrás nos hace la guerra. Comenzó por el siguiente motivo. En cierta ocasión reuní a los más pobres de mi reino, con el proyecto de establecer una colonia en la Estrella de la Mañana4, que se hallaba desierta e inhabitada. Celoso Faetonte, impidió la colonización, saliendo al paso a medio camino al frente de sus cabalgahormigas5. Entonces fuimos vencidos (pues no estábamos a su altura en preparación) y nos retiramos; pero ahora deseo reanudar la guerra y fundar la colonia. Si lo deseáis, podéis participar conmigo en la expedición, y os proporcionaré a cada uno de vosotros un buitre real y el armamento necesario. Mañana partiremos". "De acuerdo -dije yo-, puesto que es tu designio."
Desde entonces permanecimos con él en calidad de huéspedes, y con la aurora nos levantamos a ocupar nuestros puestos, pues los atalayas señalaban que el enemigo estaba cerca. Integraban nuestro ejército cien mil soldados, sin contar los porteadores, los ingenieros, la infantería y los aliados extranjeros. De ellos, ochenta mil eran cabalgabuitres, y veinte mil, jinetes sobre plumaverdes6 -se trata también de un ave descomunal, que, en vez de plumas, está cubierta enteramente de hortalizas, y sus alas son en extremo semejantes a las hojas de lechuga-. A continuación estaban alineados los lanzamijos7 y los ajoguerreros8. Habían venido también aliados del rey de la Osa Mayor9 treinta mil pulgarqueros10 y cincuenta mil voladores11. De éstos, los pulgarqueros cabalgan sobre pulgas enormes, de las que reciben el nombre; el tamaño de dichas pulgas equivale al de doce elefantes. Los voladores son de infantería, pero se deslizan por el aire sin alas, y su técnica de deslizamiento es la siguiente: remangan sus túnicas talares, inclinándolas al viento como velas, y se deslizan al igual que las embarcaciones. Por lo general, ellos intervienen en las batallas como peltastas. Se decía que iban a llegar también, de las estrellas de sobre Capadocia, setenta mil gorrionbellotas12 y cinco mil cabalgagrullas13. A ésos no los vi, por lo que no me he atrevido a escribir sobre sus características, ya que se contaban de ellos portentos increíbles14. [...]

Entretanto, durante mi estancia en la Luna, observé muchas rarezas y curiosidades, que quiero relatar. En primer lugar, no nacen de mujeres, sino de hombres: se casan con hombres, y ni siquiera conocen la palabra "mujer". Hasta los veinticinco años actúan como esposas y, a partir de esa edad, como maridos. Y no quedan embarazados en el vientre, sino en la pantorrilla. A partir de la concepción, comienza a engordar la pierna; transcurrido el tiempo, dan un corte y extraen el feto muerto, pero lo exponen al viento con la boca abierta y le hacen vivir. A mi parecer, es de aquí de donde llegó hasta los griegos el término "pierna del vientre"15, porque allí se alberga el feto, en vez de en el vientre.
Pero voy a referirme a algo aún más sorprendente. Existe allí un linaje de hombres, los llamados "arbóreos"16, que nacen del modo siguiente. Cortan el testículo derecho de un hombre y lo plantan en la tierra; de él brota un corpulento árbol de carne, semejante a un falo17: tiene ramas y hojas y su fruto son las bellotas, del tamaño de un codo; cuando están ya maduras, las recolectan y extraen de su interior a los hombres.
Además, sus partes pudendas son artificiales. Algunos las tienen de marfil, pero los pobres las usan de madera, y con ellas se unen y fecundan a su pareja.
Tras la vejez, el hombre no muere, sino que, como el humo, se disuelve y convierte en aire. Su alimento es para todos el mismo: encienden fuego y asan ranas sobre el rescoldo -pues las ranas son muy abundantes allí, y vuelan-; una vez asadas, se sientan en círculo, como en torno a una mesa, aspiran el humo que asciende y se dan el festín18. Así es su comida. La bebida consiste para ellos en aire exprimido en copa, destilando un líquido como el rocío. [...]
Se considera hermoso en el lugar al hombre calvo y pelón; los melenudos, en cambio, son despreciados. Mas a los cometas19, por el contrario, los consideran hermosos por su cabellera: había allí algunos forasteros que nos hablaron de ellos. Otro detalle: tienen barbas, que crecen tímidamente sobre sus rodillas, y carecen de uñas en los pies, pues todos son solípedos. Sobre las nalgas de cada uno crece una col de gran tamaño, a guisa de cola, siempre exuberante, sin ajarse cuando caen de espaldas.
De sus narices fluye una miel muy agria y, cuando trabajan o hacen ejercicio, sudan leche por todo su cuerpo, lo que les permite elaborar queso, extendiendo sobre éste una capa de miel. De las cebollas elaboran un aceite muy denso y aromático, como perfume. Tienen muchas vides productoras de agua, pues los granos de los racimos son como el granizo y, a mi parecer, cuando sopla viento y agita dichas vides, es cuando cae sobre nosotros el granizo, al desgranarse los racimos. Usan sus vientres como alforjas, colocando en ellos los objetos de uso corriente, pues pueden abrirlos y cerrarlos. No parecen encerrar intestinos en ellos: tan sólo una espesa cabellera interior, lo que les permite albergar a los recién nacidos cuando hace frío.
El vestido de los ricos es de vidrio maleable20, y el de los pobres de hilado de bronce, pues abunda el bronce en aquellas regiones y lo trabajan reblandeciéndolo en agua, como la lana. En cuanto a las características de sus ojos, dudo en hablar de ello, por temor de que me juzguen mentiroso, dado lo increíble del relato. Ello no obstante, lo expondré. Tienen los ojos desmontables, y quien lo desea puede quitárselos y guardarlos hasta que necesite ver; entonces se los coloca y ve. Muchos, al perder los propios, los piden prestados a otros y ven. Los ricos suelen tener muchos en reserva. Tienen por orejas hojas de plátano, excepto los hombres-bellota; únicamente ellos las tienen de madera21.
Vi también otra maravilla en el palacio real. Un enorme espejo está situado sobre un pozo no muy profundo. Quien desciende al pozo oye todo cuanto se dice entre nosotros, en la Tierra; y si mira al espejo ve todas las ciudades y todos los pueblos, como si se alzara sobre ellos22. Yo vi, a la sazón, a mi familia y a todo mi pueblo, pero no puedo decir con certeza si ellos también me vieron. Quien no crea que ello es así, si alguna vez va por allí en persona, sabrá que digo la verdad. [...]
Traducción y notas de Andrés Espinosa Alarcón
Luciano de Samosata

1 Griego Hippógypoi. En pro de la intelección y expresividad, optamos por traducir estos nombres de seres fantásticos en lugar de transcribirlos.
2 Cf. Odisea IX 322 ss.11 
3 Antonio Diógenes parece ser la fuente de inspiración (Focio, lila). Cf. el Icaromenipo de Luciano.
4 Griego Heōsphóros, literalmente "Portadora de la aurora".
5 Griego Hippomyrmēkes. El término está atestiguado en ARISTÓTELES (Historia de los animales VIII 28).
6 Griego Lachanópteroi = "Alas de lechuga".
7 Griego Kenchrobóloi
8 Griego Skorodomáchoi = "Luchadores con ajos".
9 Griego Árktos.
10 Griego Psyllotoxótai.
11 Griego Anemodrómoi = "Corredores por el aire". 
12 Griego Strouthobálanoi.
13 Griego Hippogéranoi.
14 Tópico presente en HERÓDOTO, TUCÍDIDES y otros historiadores.
15 Gastroknémía. Significa "pantorrilla", parte gruesa de la pierna, en forma panzuda, pero preferimos dar en el texto la traducción etimológica del compuesto antecitado, sobre el cual Luciano deja correr su imaginación.
16 Griego Dendritai.
17 Representación plástica del miembro viril con fines mágicos y de culto religioso a la fecundidad.
18 Cf. HERÓDOTO, I 202, IV 75; ESTRABÓN, XV 1 57.
19 Cometa (griego komētés) significa etimológicamente "melenudo".
20 ¿Se trata de una parodia de HERÓDOTO, VII 65, donde se habla de vestidos de madera?
21 Como corresponde a su phýsis o peculiar naturaleza.
22 Topos o lugar común.

jueves, 19 de octubre de 2017

Heráclito - Jorge Luis Borges - Argentina


Heráclito camina por la tarde
De Éfeso. La tarde lo ha dejado,
Sin que su voluntad lo decidiera,
En la margen de un río silencioso
Cuyo destino y cuyo nombre ignora.
Hay un Jano de piedra y unos álamos
Se mira en el espejo fugitivo
Y descubre y trabaja la sentencia
Que las generaciones de los hombres
No dejarán caer. Su voz declara:
Nadie baja dos veces a las aguas
Del mismo río. Se detiene. Siente
Con el asombro de un horror sagrado
Que él también es un río y una fuga.
Quiere recuperar esa mañana
Y su noche y la víspera. No puede.
Repite la sentencia. La ve impresa
En futuros y claros caracteres
En una de las páginas de Burnet.
Heráclito no sabe griego. Jano,
Dios de las puertas, es un dios latino.
Heráclito no tiene ayer ni ahora.
Es un mero artificio que ha soñado
Un hombre gris a orillas del Red Cedar,
Un hombre que entreteje endecasílabos
Para no pensar tanto en Buenos Aires
Y en los rostros queridos. Uno falta.

martes, 17 de octubre de 2017

Memento mori/ 7 - Memento mori - Carmen González Huguet - El Salvador


"...y no hallé cosa en que poner los ojos
que no fuera recuerdo de la muerte"
Quevedo
                I

Es la sombra que viene,                                  
La garra preparada                                  
Para el golpe certero,                                
La mirada en alerta                                        
Que busca, sigue, acecha.
                            
Nada se escapa al ojo
Implacable y absorto.
Nada al cruel arrebato.

Cuando la furia cae
Rasgando piel y carne,
Y la vida se escapa,
Y la sangre se amansa,
Y se instala la muerte;
Entonces comprendemos
Que el mayor enemigo,
El más voraz y aleve,
Nos hiere siempre el último
Desde adentro del pecho.

                II

Ya no te creo, ciudad, el paraíso,
El eterno jardín donde la dicha enciende
Sus fuegos de San Telmo.

Tampoco te concibo como la cuna de las ilusiones,
O el rincón iluminado
Por las luces secretas del deseo.

Caída la venda de los espejismos,
Eres tan sólo ese paisaje sórdido
Donde rufianes y tahúres
Se tasan mutuamente,
Mientras los mismos tiburones
Se mastican sin pausa
Con sus dientes de oro.

La araña teje su tela, indiferente,
Mientras tanto.
Tarde o temprano,
Cualquiera ha de caer.

domingo, 15 de octubre de 2017

A la orilla del mar - Salvador Espriu - España


A la vora del mar

XXV

A la vora del mar. Tenia
una casa, el meu somni,
a la vora del mar.

Alta proa. Per lliures
camins d’aigua, l’esvelta
barca que jo manava.

Els ulls sabien
tot el repòs i l’ordre
d’una petita pàtria.

Com necessito
contar-te la basarda
que fa la pluja als vidres!
Avui cau nit de fosca
damunt la meva casa.

Les roques negres
m’atrauen a naufragi.
Captiu del càntic,
el meu esforç inútil,
qui pot guiar-me a l’alba?

Ran de la mar tenia
una casa, un lent somni.
De Cementeri de Sinera


A la orilla del mar

XXV

A la orilla del mar. Tenía
una casa, mi sueño,
a la orilla del mar.

Alta proa. Por libres
vías de agua, la esbelta
barca que yo mandaba.

Mis ojos conocían
el reposo y el orden
de una pequeña patria.

¡Cómo necesito
hablarte del temor
de la lluvia en los vidrios!
Hoy cae noche oscura
sobre mi casa.

Las rocas negras
me llaman a naufragio.
Prisionero del cántico,
inútil ya mi empeño,
¿quién me guiará hasta el alba?

Junto al mar yo tenía
casa y un lento sueño.

Traducción de Andrés Sánchez Robayna y Ramon Pinyol Balasch

viernes, 13 de octubre de 2017

Otoño del 59, verano del 66 - Juan Marsé // Noche triste de octubre / Apología y petición - Jaime Gil de Biedma - España


Porque la actualidad manda.


Otoño del 59, verano del 66

Querido Jaime. Me dicen que circula por la red tu poema Noche triste de octubre, 1959, publicado en Moralidades en 1966. Recordarás una conversación que mantuvimos acerca de algunas imágenes del poema, en la época que lo escribías, sobre todo esa tarde lluviosa que me leíste un primer esbozo. Me dijiste que me lo ibas a dedicar si conseguías terminarlo. Octubre siempre ha sido para mí un mes de malos augurios y resonancias dramáticas, y no puedes imaginarte hasta qué punto este octubre de 2017 ha superado tan nefastas aprensiones. Los problemas no son los mismos, el país ya no es el mismo, pero las cosas siguen viniendo mal dadas.

Quiero recordar ahora el día que, con un vaso de ginebra en la mano, en tu sótano (“más negro que mi reputación, que ya es decir”, dejaste escrito) de la calle Muntaner, me leíste los versos del último bloque del poema:

Por todo el litoral de Cataluña llueve
con verdadera crueldad, con humo y nubes bajas,
ennegreciendo muros,
goteando fábricas, filtrándose
en los talleres mal iluminados.
Y el agua arrastra hacia la mar semillas
incipientes, mezcladas en el barro,
árboles, zapatos cojos, utensilios
abandonados y revuelto todo
con las primeras Letras protestadas.

Eran otros tiempos, otras lamentaciones. Quiero que sepas que este octubre no llueve en el litoral de Cataluña, al menos no lo ha hecho hasta el día 10 en que te escribo esto (sufrimos una larga sequía, no solo política) no hay humos ni nubes bajas ennegreciendo muros, no en el sentido de derrota anímica y miseria moral que tú veías en el paisaje urbano de entonces, en la desdichada ciudad gris de entonces, sumida en la humillación y el agravio, porque hoy vivimos en una democracia, en un Estado de derecho, pero aun así, todo y haber recuperado al fin las libertades y la autonomía, ya sabes que la cabra tira al monte, así que, si bien en este mes de octubre de 2017 no adelantaron

las lluvias, y el Gobierno
sigue reunido en consejo de ministros,
no se sabe si estudia a estas horas
el subsidio de paro o el derecho al despido,
o si sencillamente, aislado en un océano,
se limita a esperar que la tormenta pase
y llegue el día, el día en que, por fin,
las cosas dejen de venir mal dadas.

El caso es que las cosas, si bien estamos ya muy lejos de aquella dictadura, siguen viniendo mal dadas. Ahora vivimos un esperpéntico conflicto de identidades, de himnos y banderas y discursos papanatas que amenazan con amargarnos la existencia por mucho tiempo. Déjame decirlo a mi manera, lejos de cualquier pretensión lírica, para lo que tú sabes que no he sido dotado: estoy hasta el mismísimo gorro de esa gentuza que nos gobierna, los de aquí y los de allá.

Déjame recordar el arranque de tu Apología y petición, donde va esa terrible pregunta transmutada en poesía que me sigue estremeciendo:

¿Y qué decir de nuestra madre España,
este país de todos los demonios
en donde el mal gobierno, la pobreza
no son, sin más, pobre y mal gobierno
sino un estado místico del hombre,
la absolución final de nuestra historia?

Siempre me costó aceptarlo. Pero más allá de todo pesimismo, ahora confío en que prevalecerá el Estado de derecho. La Constitución que nos dimos en 1978 puede que sea mejorable, pero ahora es ya la mejor de nuestra historia. Y estoy seguro de que tú piensas lo mismo. Mientras, Cataluña (no tu Cataluña, sino la Cataluña tontarrona y chapucera de Puigdemont y Junqueras) sigue haciendo día tras día un ridículo descomunal y sin precedentes ante el mundo que nos contempla asombrado.

En fin, Jaime, veamos, ¿qué tal otra copa? Ahí afuera, de momento, solo hay acuerdo en el desacuerdo, pero seguro que vendrán tiempos mejores.
El País, 12/10/2017


Poemas completos de Gil de Biedma

Noche triste de octubre, 1959

Definitivamente parece confirmarse que este invierno 
que viene, será duro. 

Adelantaron 
las lluvias, y el Gobierno, 
reunido en consejo de ministros, 
no se sabe si estudia a estas horas 
el subsidio de paro 
o el derecho al despido, 
o si sencillamente, aislado en un océano, 
se limita a esperar que la tormenta pase 
y llegue el día, el día en que, por fin, 
las cosas dejen de venir mal dadas. 

En la noche de octubre, 
mientras leo entre líneas el periódico, 
me he parado a escuchar el latido 
del silencio en mi cuarto, las conversaciones 
de los vecinos acostándose, 
todos esos rumores 
que recobran de pronto una vida 
y un significado propio, misterioso. 

Y he pensado en los miles de seres humanos, 
hombres y mujeres que en este mismo instante, 
con el primer escalofrío, 
han vuelto a preguntarse por sus preocupaciones, 
por su fatiga anticipada, 
por su ansiedad para este invierno, 
mientras que afuera llueve. 

Por todo el litoral de Cataluña llueve 
con verdadera crueldad, con humo y nubes bajas, 
ennegreciendo muros, 
goteando fábricas, filtrándose 
en los talleres mal iluminados. 

Y el agua arrastra hacia la mar semillas 
incipientes, mezcladas en el barro, 
árboles, zapatos cojos, utensilios 
abandonados y revuelto todo 
con las primeras Letras protestadas.


Apología y petición

¿Y qué decir de nuestra madre España,
este país de todos los demonios
en donde el mal gobierno, la pobreza
no son, sin más, pobreza y mal gobierno,
sino un estado místico del hombre,
la absolución final de nuestra historia?

De todas las historias de la Historia
la más triste sin duda es la de España
porque termina mal. Como si el hombre,
harto ya de luchar con sus demonios,
decidiese encargarles el gobierno
y la administración de su pobreza.

Nuestra famosa inmemorial pobreza
cuyo origen se pierde en las historias
que dicen que no es culpa del gobierno,
sino terrible maldición de España,
triste precio pagado a los demonios
con hambre y con trabajo de sus hombres.

A menudo he pensado en esos hombres,
a menudo he pensado en la pobreza
de este país de todos los demonios.
Y a menudo he pensado en otra historia
distinta y menos simple, en otra España
en donde sí que importa un mal gobierno.

Quiero creer que nuestro mal gobierno
es un vulgar negocio de los hombres
y no una metafísica, que España
puede y debe salir de la pobreza,
que es tiempo aún para cambiar su historia
antes que se la lleven los demonios.

Quiero creer que no hay tales demonios.
Son hombres los que pagan al gobierno,
los empresarios de la falsa historia.
Son ellos quienes han vendido al hombre,
los que le han vertido a la pobreza
y secuestrado la salud de España.

Pido que España expulse a esos demonios.
Que la pobreza suba hasta el gobierno.
Que sea el hombre el dueño de su historia.

miércoles, 11 de octubre de 2017

Literatura satírica y burlesca/ 46 - A una nariz - Francisco de Quevedo - España


Este archiconocido soneto lo escribió Quevedo muy probablemente contra Góngora como una de las puyas que ambos se lanzaban contínuamente entre sí. Aquí, como otras veces, vuelve a tildarle de judío, algo que no era.

Érase un hombre a una nariz pegado,
érase una nariz superlativa,
érase una nariz sayón y escriba1,
érase un peje espada mal barbado2.

Érase un reloj de sol mal encarado3,
érase una alquitara pensativa4,
érase un elefante boca arriba,
era Ovidio Nasón5 más narizado.

Érase un espolón de una galera,
érase una pirámide de Egipto,
las doce tribus de narices era6.

Érase un naricísimo infinito,
muchísimo nariz, nariz tan fiera,
que en la cara de Anás7 fuera delito.

1 sayón y escriba: la creencia popular atribuía a los judíos, representados aquí por sus doctores de la ley (escribas) y por los verdugos de las procesiones de Semana Santa (sayones), unas narices descomunales. No es la única referencia al pueblo hebreo en el poema, buena prueba del antisemitismo del autor y de la época.
2 un peje espada mal barbado: este pez (peje) tiene un apéndice frontal cuya forma se identifica con la nariz del personaje descrito hiperbólicamente (probablemente Luis de Góngora); el especificador mal barbado puede entenderse como un rasgo de humanización (sin apenas barba) o como un grado más en la grotesca apariencia animal, cuyas barbas o aletas ni siquiera están bien dispuestas.
3 un reloj de sol mal encarado: se alude a la similitud con el palo cuya sombra proyectada señala la hora en los relojes de sol; mal encarado porque no está bien colocado ni en el reloj ni en la cara.
4 una alquitara pensativa: las alquitaras o alambiques para la destilación de licores constaban de un recipiente (la cara) y un largo conducto (la nariz).
5 Ovidio Nasón: apodo latino del autor de las Metamorfosis, que aludía a su considerable nariz.
6 las doce tribus de narices era: nueva referencia a las narices de los hijos de Israel, divididos en doce tribus descendientes de cada uno de los hijos de Jacob.
7 en la cara de Anás fuera delito: juega aquí con la dilogía de la palabra Anás: por una parte, el nombre propio del sumo sacerdote judío (suegro del que condenó a Jesucristo), en cuya cara escandalizaría tanta nariz; por la otra, la etimología popular del sustantivo (A-nás, significaría "sin nariz" en griego). 
(Notas de David López del Castillo)

lunes, 9 de octubre de 2017

Poderío - Omar Lara - Chile


Atravesamos muros
y vemos debajo del agua
hablamos con seres de otras edades
y adivinamos el porvenir
encontramos una aguja en un pajar
y la perdemos
                   oh dios.

sábado, 7 de octubre de 2017

Hay una nube - Humberto Megget - Uruguay


Hay una nube
una nube
la cargada de agua
la cargada
la que espera derramarse
la que se derrama
hay una nube
una nube colgada
una nube que aún no ha agujereado el viento
una nube de agua perfumada
hay una nube arriba
una nube
una nube cargada
una nube que ríe y que se orina
hay una nube arriba
bien arriba
una nube resfriada.

jueves, 5 de octubre de 2017

Hoy es tu corazón un tacto inútil - Justo Jorge Padrón - España


Con la certeza del que nada aguarda
abres sin prisa la cancela antigua
y escuchas los lentísimos
pasos, que no parecen tuyos,
en la escalera gris.
Ninguna voz te ofrece su calor,
andas a oscuras, nada
te lleva a tu rincón, ni tan sólo la música,
ni los viejos poetas, ni las gastadas cartas
de amor son esta noche
para ti compañía.
Pasan por el recuerdo los perdidos
nombres que en otro tiempo
honda fe dieron a tu juventud.
Llega el rumor del viento,
el tedioso vacío de tu vida,
y en él te reconoces,
porque amas al que fuiste
y percibes la ausencia
de tus mejores días.
Hoy es tu corazón un tacto inútil,
lo sabes y no puedes engañarte
y aún dejas que la impávida memoria
se lleve cuanto amaras,
cuanto perdiste en esta tierra estéril:
aquel hondo temor que acaso siempre
tuviste por la vida: tu fracaso.
Pero nada te importa ya, y contemplas
por la ventana el árbol más tenaz,
llenas tu vaso y piensas:
éste es tu patrimonio de hombre solo.

martes, 3 de octubre de 2017

Meditatio - Ramón Andrés - España


Amar, tener la muerte en que morir,
no angostarse, pensar goces de anchura,
necesitar a todos los maestros.
Salvar la rienda tensa de relincho,
ser el plural de lo que fue unidad,
buscar consejo pero errar sin guía.
No acatar, no temer apagamientos
del azar, de la idea, y recordar:
lo que te pertenece te destruye.
Y saber que no hay hombres inocentes,
caer a solas en la siembra estéril,
y de la imperfección hacer sosiego.

domingo, 1 de octubre de 2017

Un paseo por la Literatura - Roberto Bolaño - Chile


para Rodrigo Pinto y Andrés Neuman

1. Soñé que Georges Perec tenía tres años y visitaba mi casa. Lo abrazaba, lo besaba, le decía que era un niño precioso.

2. A medio hacer quedamos, padre, ni cocidos ni crudos, perdidos en la grandeza de este basural interminable, errando y equivocándonos, matando y pidiendo perdón, maniacos depresivos en tu sueño, padre, tu sueño que no tenía límites y que hemos desentrañado mil veces y luego mil veces más, como detectives latinoamericanos perdidos en un laberinto de cristal y barro, viajando bajo la lluvia, viendo películas donde aparecían viejos que gritaban ¡tornado! ¡tornado!, mirando las cosas por última vez, pero sin verlas, como espectros, como ranas en el fondo de un pozo, padre, perdidos en la miseria de tu sueño utópico, perdidos en la variedad de tus voces y de tus abismos, maniacos depresivos en la inabarcable sala del Infierno donde se cocina tu Humor.

3. A medio hacer, ni crudos ni cocidos, bipolares capaces de cabalgar el huracán.

4. En estas desolaciones, padre, donde de tu risa sólo quedaban restos arqueológicos.

5. Nosotros, los nec spes nec metus.

6. Y alguien dijo:

Hermana de nuestra memoria feroz,
sobre el valor es mejor no hablar.
Quien pudo vencer el miedo
se hizo valiente para siempre.
Bailemos, pues, mientras pasa la noche
como una gigantesca caja de zapatos
por encima del acantilado y la terraza,
en un pliegue de la realidad, de lo posible,
en donde la amabilidad no es una excepción.
Bailemos en el reflejo incierto
de los detectives latinoamericanos,
un charco de lluvia donde se reflejan nuestros rostros
cada diez años.

Después llegó el sueño.

7. Soñé entonces que visitaba la mansión de Alonso de Ercilla. Yo tenía sesenta años y estaba despedazado por la enfermedad (literalmente me caía a pedazos). Ercilla tenía unos noventa y agonizaba en una enorme cama con dosel. El viejo me miraba desdeñoso y después me pedía un vaso de aguardiente. Yo buscaba y rebuscaba el aguardiente pero sólo encontraba aperos de montar.

8. Soñé que iba caminando por el Paseo Marítimo de Nueva York y veía a lo lejos la figura de Manuel Puig. Llevaba una camisa celeste y unos pantalones de lona ligera azul claro o azul oscuro, depende.

9. Soñé que Macedonio Fernández aparecía en el cielo de Nueva York en forma de nube: una nube sin nariz ni orejas, pero con ojos y boca.

10. Soñé que estaba en un camino de África que de pronto se transformaba en un camino de México. Sentado en un farellón, Efraín Huerta jugaba a los dados con los poetas mendicantes del DF.

11. Soñé que en un cementerio olvidado de África encontraba la tumba de un amigo cuyo rostro ya no podía recordar.

12. Soñé que una tarde golpeaban la puerta de mi casa. Estaba nevando. Yo no tenía estufa ni dinero. Creo que hasta la luz me iban a cortar. ¿Y quién estaba al otro lado de la puerta? Enrique Lihn con una botella de vino, un paquete de comida y un cheque de la Universidad Desconocida.

13. Soñé que leía a Stendhal en la Estación Nuclear de Civitavecchia: una sombra se deslizaba por la cerámica de los reactores. Es el fantasma de Stendhal decía un joven con botas y desnudo de cintura para arriba. ¿Y tú quién eres?, le pregunté. Soy el yonqui de la cerámica, el húsar de la cerámica y de la mierda, dijo.

14. Soñé que estaba soñando, habíamos perdido la revolución antes de hacerla y decidía volver a casa. Al intentar meterme en la cama encontraba a De Quincey durmiendo. Despierte, don Tomás, le decía, ya va a amanecer, tiene que irse. (Como si De Quincey fuera un vampiro.) Pero nadie me escuchaba y volvía a salir a las calles oscuras de México DF.

15. Soñé que veía nacer y morir a Aloysius Bertrand el mismo día, casi sin intervalo de tiempo, como si los dos viviéramos dentro de un calendario de piedra perdido en el espacio.

16. Soñé que era un detective viejo y enfermo. Tan enfermo que literalmente me caía a pedazos.Iba tras las huellas de Gui Rosey. Caminaba por los barrios de un puerto que podía ser Marsella o no. Un viejo chino afable me conducía finalmente a un sótano. Esto es lo que queda de Rosey, decía. Un pequeño montón de cenizas. Tal como está, podría ser Li Po, le contestaba.

17. Soñé que era un detective viejo y enfermo y que buscaba gente perdida hace tiempo. A veces me miraba casualmente en un espejo y reconocía a Roberto Bolaño.

18. Soñé que Archibald McLeish lloraba -apenas tres lágrimas- en la terraza de un restaurante de Cape Code. Era más de medianoche y pese a que yo no sabía cómo volver terminábamos bebiendo y brindando por el Indómito Nuevo Mundo.

19. Soñé con los Fiambres y las Playas Olvidadas.

20. Soñé que el cadáver volvía a la Tierra Prometida montado en una Legión de Toros Mecánicos.

21. Soñé que tenía catorce años y que era el último ser humano del Hemisferio Sur que leía a los hermanos Goncourt.

22. Soñé que encontraba a Gabriela Mistral en una aldea africana. Había adelgazado un poco y adquirido la costumbre de dormir sentada en el suelo con la cabeza sobre las rodillas. Hasta los mosquitos parecían conocerla.

23. Soñé que volvía de África en un autobús lleno de animales muertos. En una frontera cualquiera aparecía un veterinario sin rostro. Su cara era como un gas, pero yo sabía quién era.

24. Soñé que Philip K. Dick paseaba por la Estación Nuclear de Civitavecchia.

25. Soñé que Arquíloco atravesaba un desierto de huesos humanos. Se daba ánimos a sí mismo: “Vamos, Arquíloco, no desfallezcas, adelante, adelante.”

26. Soñé que tenía quince años y que iba a la casa de Nicanor Parra a despedirme. Lo encontraba de pie, apoyado en una pared negra. ¿Adónde vas, Bolaño?, decía. Lejos del Hemisferio Sur, le contestaba.

27. Soñé que tenía quince años y que, en efecto, me marchaba del Hemisferio Sur. Al meter en mi mochila el único libro que tenía (Trilce, de Vallejo), éste se quemaba. Eran las siete de la tarde y yo arrojaba mi mochila chamuscada por la ventana.

28. Soñé que tenía dieciseís y que Martín Adán me daba clases de piano. Los dedos del viejo, largos como los del Fantástico Hombre de Goma, se hundían en el suelo y tecleaban sobre una cadena de volcanes subterráneos.

29. Soñé que traducía a Virgilio con una piedra. Yo estaba desnudo sobre una gran losa de basalto y el sol, como decían los pilotos de caza, flotaba peligrosamente a las 5.

30. Soñé que estaba muriéndome en un patio africano y que un poeta llamado Paulin Joachim me hablaba en francés (sólo entendía fragmentos como “el consuelo”, “el tiempo”, “los años que vendrán”) mientras un mono ahorcado se balanceaba de la rama de un árbol.

31. Soñé que la tierra se acababa. Y que el único ser humano que contemplaba el final era Franz Kafka. En el cielo los Titanes luchaban a muerte. Desde un asiento de hierro forjado del parque de Nueva York veía arder el mundo.

32. Soñé que estaba soñando y que volvía a mi casa demasiado tarde. En mi cama encontraba a Mario de Sá-Carneiro durmiendo con mi primer amor. Al destaparlos descubría que estaban muertos y mordiéndome los labios hasta hacerme sangre volvía a los caminos vecinales.

33. Soñé que Anacreonte construía su castillo en la cima de una colina pelada y luego lo destruía.

34. Soñé que era un detective latinoamericano muy viejo. Vivía en Nueva York y Mark Twain me contrataba para salvarle la vida a alguien que no tenía rostro. Va a ser un caso condenadamente difícil, señor Twain, le decía.

35. Soñé que me enamoraba de Alice Sheldon. Ella no me quería. Así que intentaba hacerme matar en tres continentes. Pasaban los años. Por fin, cuando ya era muy viejo, ella aparecía por el otro extremo del Paseo Marítimo de Nueva York y mediante señas (como las que hacían en los portaaviones para que los pilotos aterrizaran) me decía que siempre me había querido.

36. Soñé que hacía un 69 con Anaïs Nin sobre una enorme losa de basalto.

37. Soñé que follaba con Carson McCullers en una habitación en penumbras en la primavera de 1981. Y los dos nos sentíamos irracionalmente felices.

38. Soñé que volvía a mi viejo Liceo y que Alphonse Daudet era mi profesor de francés. Algo imperceptible nos indicaba que estábamos soñando. Daudet miraba a cada rato por la ventana y fumaba la pipa de Tartarín.

39. Soñé que me quedaba dormido mientras mis compañeros de Liceo intentaban liberar a Robert Desnos del campo de concentración de Terezin. Cuando despertaba una voz me ordenaba que me pusiera en movimiento. Rápido, Bolaño, rápido, no hay tiempo que perder. Al llegar sólo encontraba a un viejo detective escarbando en las ruinas humeantes del asalto.

40. Soñé que una tormenta de números fantasmales era lo único que quedaba de los seres humanos tres mil millones de años después de que la Tierra hubiera dejado de existir.

41. Soñé que estaba soñando y que en los túneles de los sueños encontraba el sueño de Roque Dalton: el sueño de los valientes que murieron por una quimera de mierda.

42. Soñé que tenía dieciocho años y que veía a mi mejor amigo de entonces, que también tenía dieciocho, haciendo el amor con Walt Whitman. Lo hacían en un sillón, contemplando el atardecer borrascoso de Civitavecchia.

43. Soñé que estaba preso y que Boecio era mi compañero de celda. Mira, Bolaño, decía extendiendo la mano y la pluma en la semioscuridad: ¡no tiemblan!, ¡no tiemblan! (Después de un rato, añadía con voz tranquila: pero temblarán cuando reconozcan al cabrón de Teodorico.)

44. Soñé que traducía al Marqués de Sade a golpes de hacha. Me había vuelto loco y vivía en un bosque.

45. Soñé que Pascal hablaba del miedo con palabras cristalinas en una taberna de Civitavecchia: “Los milagros no sirven para convertir, sino para condenar”, decía.

46. Soñé que era un viejo detective latinoamericano y que una Fundación misteriosa me encargaba encontrar las actas de defunción de los Sudacas Voladores. Viajaba por todo el mundo: hospitales, campos de batalla, pulquerías, escuelas abandonadas.

47. Soñé que Baudelaire hacía el amor con una sombra en una habitación donde se había cometido un crimen. Pero a Baudelaire no le importaba. Siempre es lo mismo, decía.

48. Soñé que una adolescente de dieciséis años entraba en el túnel de los sueños y nos despertaba con dos tipos de vara. La niña vivía en un manicomio y poco a poco se iba volviendo más loca.

49. Soñé que en las diligencias que entraban y salían de Civitavecchia veía el rostro de Marcel Schwob. La visión era fugaz. Un rostro casi translúcido, con los ojos cansados, apretado de felicidad y de dolor.

50. Soñé que después de la tormenta un escritor ruso y también sus amigos franceses optaban por la felicidad. Sin preguntar ni pedir nada. Como quien se derrumba sin sentido sobre su alfombra favorita.

51. Soñé que los soñadores habían ido a la guerra florida. Nadie había regresado. En los tablones de cuarteles olvidados en las montañas alcancé a leer algunos nombres. Desde un lugar remoto una voz transmitía una y otra vez las consignas por las que ellos se habían condenado.

52. Soñé que el viento movía el letrero gastado de una taberna. En el interior James Mathew Barrie jugaba a los dados con cinco caballeros amenazantes.

53. Soñé que volvía a los caminos, pero esta vez ya no tenía quince años sino más de cuarenta. Sólo poseía un libro, que llevaba en mi pequeña mochila. De pronto, mientras iba caminando, el libro comenzaba a arder. Amanecía y casi no pasaban coches. Mientras arrojaba la mochila chamuscada en una acequia sentí que la espalda me escocía como si tuviera alas.

54. Soñé que los caminos de África estaban llenos de gambusinos, bandeirantes, sumulistas.

55. Soñé que nadie muere la víspera.

56. Soñé que un hombre volvía la vista atrás, sobre el paisaje anamórfico de los sueños y que su mirada era dura como el acero pero igual se fragmentaba en múltiples miradas cada vez más inocentes, cada vez más desvalidas.

57. Soñé que Georges Perec tenía tres años y lloraba desconsoladamente. Yo intentaba calmarlo. Lo tomaba en brazos, le compraba golosinas, libros para pintar. Luego nos íbamos al Paseo Marítimo de Nueva York y mientras él jugaba en el tobogán yo me decía a mí mismo: no sirvo para nada, pero serviré para cuidarte, nadie te hará daño, nadie intentará matarte. Después se ponía a llover y volvíamos tranquilamente a casa. ¿Pero dónde estaba nuestra casa?
Blanes, 1994.

viernes, 29 de septiembre de 2017

Nihil Novum - José Coronel Urtecho - Nicaragua


No busques nada nuevo, ¡oh mi canción!;
nada hay oculto bajo el rascacielo,
nada en la máquina que sube al cielo,
nada ha cambiado desde Salomón.

Es muy antiguo el hombre y su pasión,
guarda en el nuevo día el viejo anhelo,
bajo la nueva noche igual desvelo
y el mismo palpitar del corazón.

No te engañen los nuevos continentes,
con sus plantas, sus bestias y sus gentes,
ni sus canciones con su nuevo acento.

Todo lo que dice algo ya está dicho:
sólo nos queda el aire y su capricho
de vagos sones que se lleva el viento.

miércoles, 27 de septiembre de 2017

Hemos querido vivir - Michel Houellebecq - Francia


En la contradicción que inunda nuestras mañanas
respiramos, es cierto, y el cielo está apacible;
pero ya no creemos que la vida sea posible,
ya no tenemos la impresión de ser humanos.
La infancia se ha acabado, se han repartido las cartas;
a fuerza de costumbre y de renuncia,
hemos ahogado los gritos de la pasión;
nos encaminamos hacia el fin de la partida.
El polvo se arremolina sobre el suelo gris, moviente;
un golpe de viento surge y purifica el espacio.
Hemos querido vivir, quedan trazas de ello;
nuestros cuerpos aletargados se suspenden a la espera.

lunes, 25 de septiembre de 2017

Poesía del vino/ 27 - Delante del vino - Li Po - China


Vino de uva… Copa de oro…
Una doncella de Wu de quince años
llega sobre un airoso caballo.
Sus cejas están pintadas de negro,
y sus zapatos son de satén rojo.
Habla con una pronunciación extraña,
pero canta con una voz que acaricia.
En el espléndido festín,
se embriaga en los brazos de mi amigo.
Y, bajo el toldo color rosa,
éste no sabe qué hacer.
Traducción de Guojian Chen
Li Po

sábado, 23 de septiembre de 2017

Microrrelatos/ 23 - Cerradura - Diego Golombek - Argentina


    Hubieran hecho una pareja perfecta. Ella tiene la llave que abre los cerrojos; él la que sólo sirve para cerrar. Pero quedaron cada uno del lado equivocado de la puerta.

jueves, 21 de septiembre de 2017

Despertar - Eduardo García - España


Ese hombre que camina
con las manos sujetas a la espalda,
nos saluda al pasar, comprueba su reloj,
acude a su quehacer sin preguntarse
si va en su dirección y en su sentido.

No sabe que a su espalda se libra una batalla,
que su mano derecha
aferra sin piedad a la otra mano,
la retiene a su antojo por la fuerza,
prisionera, infeliz, sin voluntad.

Si un buen día la mano sometida
se niega a cooperar y en un descuido
reduce a su adversaria, se hace fuerte,
toma la iniciativa, arrebatando
el rumbo de los pasos, ya se atreve
a estrenar una vida renovada…

¿qué será de ese hombre inofensivo
cuando empiece a arrojarse a la aventura,
a derrochar las suelas y el impulso,
abandonándose al azar
del encuentro feliz, recolectando
a su paso semillas y canciones?
De Refutación de la elegía, 2006

martes, 19 de septiembre de 2017

Del diario de Kafka - José Manuel Caballero Bonald - España


Si ahora de pronto optase
por no escribir (o no pudiera) y diera
el día por perdido, posponiendo
para quién sabe cuándo, y además
qué importa, la metódica
copia de mi agresividad
contra mí mismo, ¿pensaría
como Kafka (conocido empleado
de seguros) que esa dudosa obligación
no cumplida, se me iba a convertir
de alguna burocrática manera
en la razón de una desdicha irreparable?

domingo, 17 de septiembre de 2017

El Romancero/ 11 - Romance del rey don Sancho Ordóñez / Romance del conde Fernán González - Anónimo - España


ROMANCE DEL REY DON SANCHO ORDÓÑEZ
(ROMANCES DEL CONDE FERNÁN GONZÁLEZ)

Castellanos y leoneses      tienen grandes divisiones.
El conde Fernán González      y el buen rey don Sancho Ordóñez,
sobre el partir de las tierras,      y el poner de los mojones,
llamábanse hi-de-putas,      hijos de padres traidores;
echan mano a las espadas,      derriban ricos mantones:
no les pueden poner treguas      cuantos en la corte son,
pónenselas dos hermanos,      aquestos benditos monjes.
Pónenlas por quince dias,      que no pueden por más, non
que se vayan a los prados      que dicen de Carrión.
Si mucho madruga el rey,      el conde no dormia, no;
el conde partió de Burgos,      y el rey partió de León.
Venido se han a juntar      al vado de Carrión,
y a la pasada del río      movieron una quistión:
los del rey que pasarían,      y los del conde que non.
El rey, como era risueño,      la su mula revolvió;
el conde con lozanía      su caballo arremetió;
con el agua y el arena      al buen rey ensalpicó.
Allí hablara el buen rey,      su gesto muy demudado:
-¡Cómo sois soberbio, el conde!      ¡cómo sois desmesurado!
si no fuera por las treguas      que los monjes nos han dado,
la cabeza de los hombros      ya vos la hubiera quitado;
con la sangre que os sacara      yo tiñera aqueste vado.
El conde le respondiera,      como aquel que era osado:
-Eso que decís, buen rey,      véolo mal aliñado;
vos venís en gruesa mula,      yo en ligero caballo;
vos traeis sayo de seda,      yo traigo un arnés tranzado;
vos traeis alfanje de oro,      yo traigo lanza en mi mano;
vos traeis cetro de rey,      yo un venablo acerado;
vos con guantes olorosos,      yo con los de acero claro;
vos con la gorra de fiesta,      yo con un casco afinado;
vos traeis ciento de mula,      yo trescientos de caballo.
Ellos en aquesto estando,      los frailes que han allegado:
-¡Tate, tate, caballeros!      ¡tate, tate, hijosdalgo!
¡Cuán mal cumplisteis la treguas      que nos habíades mandado!
Allí hablara el buen rey:      -Yo las cumpliré de grado.
Pero respondiera el conde:      -Yo de pies puesto en el campo.
Cuando vido aquesto el rey,      no quiso pasar el vado;
vuélvese para sus tierras;      malamente va enojado.
Grandes bascas va haciendo,      reciamente va jurando
que había de matar al conde      y destruir su condado,
y mandó llamar a cortes;      por los grandes ha enviado:
todos ellos son venidos,      sólo el conde ha faltado.
Mensajero se le hace      a que cumpla su mandado:
el mensajero que fue      de esta suerte le ha hablado.


ROMANCE DEL CONDE FERNÁN GONZÁLEZ
(ROMANCES DEL CONDE FERNÁN GONZÁLEZ)

-Buen conde Fernán González,      el rey envía por vos,
que vayades a las cortes      que se hacían en León;
que si vos allá vais, conde,      daros han buen galardón:
daros ha a Palenzuela      y a Palencia la mayor,
daros ha a las nueve villas,      con ellas a Carrión,
daros ha a Torquemada,      la torre de Mormojón.
Buen conde, si allá no ides      daros hían por traidor.
Allí respondiera el conde      y dijera esta razón:
-Mensajero eres, amigo,      no mereces culpa, no;
yo no he miedo al rey,      ni a cuantos con él son.
Villas y castillos tengo,      todos a mi mandar son;
de ellos me dejó mi padre,      de ellos me ganara yo;
los que me dejó el mi padre      poblélos de ricos hombres,
las que me ganara yo      poblélas de labradores;
quien no tenía más que un buey      dábale otro, que eran dos,
al que casaba su hija      dole yo muy rico don;
cada día que amanece      por mí hacen oración,
no la hacían por el rey,      que no lo merece, non,
él les puso muchos pechos1      y quitáraselos yo.
Fernán González

1 Impuestos.

viernes, 15 de septiembre de 2017

Mis aventuras de Jeremiah Johnson (o de la doble vida de los dos d’Ors) - Miguel d'Ors - España


Nostalgias de otras vidas: aventura y combate,
no tus horas insípidas
de padre de familia y funcionario
que vive encarcelado en una agenda.

Nostalgia de luchar contra la selva,
de escalar ochomiles
entre el estrépito de los aludes,
de ataques de caníbales armados con curare,
de olas de doce metros en una ballenera,
de entrar en territorio comanche dando escolta
a una destartalada caravana
de colonos pardillos.
                      Que tu vida -suspiras-
fuese esa caravana que atraviesa Wyoming:
huellas de mocasines junto al río,
carretas que se quedan enfangadas
(vaya irlandeses lerdos),
fustigar a los mulos a voces y empujar
las ruedas con el barro a la cintura;
de pronto, sobre el filo de una loma,
la silueta ecuestre y sigilosa
de unos indios, pie a tierra todo el mundo,
son comanches, vosotros, con los winchester,
apostaos detrás de aquellas rocas,
vosotros, ensillando y al galope a Fort Laramie,
a dar aviso a la Caballería,
buena suerte, muchachos, las mujeres y niños,
detrás de esa carreta volcada -señorita,
hay un maldito indio detrás de cada piedra-,
y usted, doctor, olvide la botella
y meta la cabeza en un cubo de agua:
va a trabajar muy duro esta mañana;
y las primeras flechas y los primeros gritos,
¿ha manejado alguna vez un rifle?,
el olor de la pólvora, alguno de los nuestros
que cae muerto, caballos por el suelo,
y un ardor repentino
mordiéndome en el hombro, y por el horizonte
la trompeta del Séptimo, ¡salvados!, ¿le han herido?,
nada, sólo un rasguño, señorita,
mientes mientras la vista se te nubla.
Y caes desfallecido en su regazo.

Y ahora que al fin ya te has callado un poco,
permíteme decirte, so petardo,
que a ver si abres los ojos, que eres más lerdo que
todos tus irlandeses:
siempre fantaseando otra existencia,
que si explorar, luchar, tener miedo, subir,
caer, vencer, defenderse de los ataques indios...
y a fin de cuentas, padre de familia
y funcionario, ¿qué otra cosa has
estado haciendo tú toda tu vida?
De Hacia otra luz más pura, 1999

miércoles, 13 de septiembre de 2017

Poema del café - Eduardo Jordá - España


Yo le rezo al café de la mañana.
Le pido que me traiga la paciencia
de la que está hecha, sí, toda alegría.
Le pido conversar con mis abuelos,
que llevan muchos años en la tumba.
Le pido que me traiga los recuerdos
que me enseñen quién fui, y cómo seré algún día.
Y le pido también, con cada sorbo,
que hasta mí traiga el canto de los mirlos,
y unas nubes huidizas, y una música
que me haga regresar a los lugares
en los que nunca he estado. Y le pido
el amor de los míos, que es tan frágil
como el brezo que crece entre las rocas.

lunes, 11 de septiembre de 2017

Ritratto di bambina - Waldo Rojas - Chile


Sobre un cuadro de Giovan Battista Moroni,
en l'Accademia Carrara, Bérgamo.
Bajo la unción de una realeza momentánea
de brocado y perlería
la majestad menuda de su lozana atildadura,
nada más que encarnación premonitoria de una damisela
de baraja,
nada menos que de nuestra fuga en tránsito
la hija desprovista.

No soy en su mirada el Otro de mirada alguna,
ahora que el que soy no me dictan sus ojos:
todo es conjetura si no perplejidad en la consigna muda
de un encuentro hecho de imágenes,
apenas el hallazgo mutuo de una manera de sombra
y la huella de un destello,
a despecho de quienquiera, en virtud de nada nuevo.

Desde su edad en remanso la Ninfa más propicia
me prodiga así entre todos
una mirada que puedo sin riesgo sostener.

Desposeimiento inapelable de toda posesión,
ojos de otro vértigo acercaron nuestro paso
al borde del secreto que no somos
a fuerza de ignorarlo.

Ella aquí nos atrae a la duración quebradiza
de su otrora en suspenso,
aligerados del peso de ataduras el lapso de tregua
de un trasluz
ni desvarío ni rencores, ni reproches ni éxtasis,
mientras vuelca el carillón tardío su cascada aquietadora,
como una imposición de manos leves
sobre algún dolor sin cuerpo venido a la memoria.

sábado, 9 de septiembre de 2017

Gato en retrato - Mirta Rosenberg - Argentina


Se pierde el momento
de empezar
se empieza
en cualquier lado: aunque
se pierda
el gato
está ganado. Y no se espera.

Ni siquiera
el gato espera al gato.

El gato es solo
y eso le permite
inventarse
sus pasiones. Su riesgo
es saber
y de antemano
que nadie lo querrá
como querría.
Y ésta:
"Gato en el mundo,
poco profundo",
su sentencia.

Siendo leve,
el gato es. Se sueña
con gatos cuando uno
se sale de sí mismo. El gato
rara vez
cabe en el gato.

Está
autorizado al equilibrio
y condenado
por lo mismo
a sitios relativos:
sube
y no asciende, baja
y no se hunde.

El único lugar del gato
es donde
el gato estuvo.

Según
mi amiga,
en Roma
hay siempre el mismo
gato.
Se renuevan
sin embargo
los gatos de París. Y hay
más de uno siempre a un tris
de ser feliz
aquí.

El aquí
es el conflicto del gato.
De donde mira
ve
que el mundo gira
y se marea. Gato mareado,
gato agotado. Lo pierde
lo relativo
y ni lo salva
saber que está ganado
aunque perdido.

jueves, 7 de septiembre de 2017

Lluvia - Amelia Biagioni - Argentina


Llueve porque te nombro y estoy triste,
porque ando tu silencio recorriendo,
y porque tanto mi esperanza insiste,
que deshojada en agua voy muriendo.

La lluvia es mi llamado que persiste
y que afuera te aguarda, padeciendo,
mientras por un camino que no existe
como una despedida estás viniendo.

La lluvia, fiel lamido, va a tu encuentro.
La lluvia, perro gris que reconoce
tu balada; la lluvia, mi recuerdo.

Iré a escuchar tu ausencia lluvia adentro,
a recibir tu olvido en largo roce:
Que mi sangre no sepa que te pierdo.
De Sonata de soledad, 1954

martes, 5 de septiembre de 2017

Todo es miedo - Mercedes Roffé - Argentina


no leer
no escribir
no pintar
no cantar a voz en cuello

no cruzar la ciudad vociferando
por dentro

soy feliz
o quizás podría serlo
o lo he sido

no convocar
no partir
no batir palmas

pero el miedo

domingo, 3 de septiembre de 2017

A un poema de Charles Bukowsky - Jorge Aulicino - Argentina


¿Soledad, voces de los dioses, los
calmos dioses que no imaginó la religión? Sólo
tendrías los dioses de tormenta, la barba
alborotada, lo máximo
que supo la mente imaginar en cuanto
a dioses, y a Dios.
¿Las noches brillantes de fuego?
Las noches brillantes de fuego son solo
pantanos,
solicitudes al verdugo, modos
de iluminarse el vacío, camino
del héroe ante la mirada popular,
aunque te cueste la piel curtida de placeres a medias,
como un sabor en el que se mezcla el del fondo de un vaso,
con saliva, ceniza, semen.
La única forma de que la pasión no se aleje
para siempre
es el círculo delgado,
la raya, la arbitrariedad del signo que se parece a algo
o a nada, catacresis
o abstracción, selva estampada en la porcelana, que
vivirá más que vos y yo.

viernes, 1 de septiembre de 2017

Literatura y jazz/ 75 - Fragmento de El río de agua - Álvaro García - España


Si termina esta música
que no eres sólo tú y que no eres tú,
entonces dejarás tú de existir.
La música perdida de la noche
que se pierde como un pasar de oruga,
cinta en el aire que hace sombra al suelo:
la honda levedad de una canción
a su modo es la noche en la ciudad que duerme.
La pureza absoluta de lo impuro,
todo esto no cabe en una música
que es la pieza del tiempo que nos falta
para poder ser otros siendo iguales,
inaugurar conciencia
de lo que ya mirábamos sin verlo.
No le dábamos crédito al rumor,
seguíamos sentados en la piedra
o entre restos de cena en la terraza
por no querer ser música o ser muerte.
Y se mezclan por fin con su silencio.
A falta de saberlo, le hago caso
a cómo Johnny Griffin tiene la deferencia
de permitir creer que es más fuerte que Monk,
a quien le otorga un sitio de humildad
como si algo atrozmente inocente
se disolviera en el fluir de las cosas.
When We Were One - Johnny Griffin 
Johnny Griffin: saxo tenor 
Kenny Clarke: batería 
Jimmy Woode: contrabajo
Kenny Drew: Piano