esas damas galantes,
enmarcadas en vagos decorados
de un lujoso exotismo.
Adivino que fue
todo más triste y sórdido,
que sufristeis desprecio,
y aun llegasteis a creer
que hacíais algo sucio.
Y sin duda no fuisteis
como aquellas mujeres
de intachable decencia,
de las que sólo queda
el virtuoso valor de la ceniza.
Vosotras, enjoyadas,
con poses de odalisca,
apenas ataviadas con gasas y bordados
y unas medias de seda,
habéis llegado aquí, venciendo al tiempo,
en un rastro de luces y de sombras
donde aún sobrevive la belleza.
