Chet Baker - Like Someone In Love

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lunes, 3 de julio de 2017

Fragmento de Fausto - Johann Wolfgang von Goethe - Alemania


Prólogo en el cielo

EL SEÑOR. Los ejércitos celestiales.
Después, MEFISTÓFELES.1 Los tres arcángeles se adelantan.

SAN RAFAEL
    El sol retumba a la vieja usanza
en el melodioso concurso de las fraternales esferas,
y culmina su precioso itinerario
con la celeridad del rayo.
Su vista infunde fuerza a los ángeles,
aun cuando ninguno lo pueda penetrar;
las inconcebibles y sublimes obras
son magníficas como en su día primero.

SAN GABRIEL
    Y con celeridad, con increíble celeridad,
gira en torno suyo la tierra en su esplendor;
la claridad del paraíso
se alterna con las terribles tinieblas de la noche;
se encrespa el mar en anchos cauces
desde el lecho profundo de las rocas,
y rocas y mar son arrasadas
en el eterno y raudo curso de las esferas.

SAN MIGUEL
    Y tempestades rugen a porfía,
del mar a la tierra, de la tierra al mar,
y, furiosas, forman una cadena
de causas profundas en su derredor.
Y allí una devastación fulminante pone en llamas
el sendero que precede al trueno...,
mas, tus mensajeros, Señor, veneran2
el apacible cambio de tus días.

LOS TRES
    Su vista infunde fuerza a los ángeles,
aun cuando ninguno te pueda penetrar,
y todas tus sublimes obras
son magníficas como en su día primero.

MEFISTÓFELES
    Como quiera, ¡oh, Señor!, que te acercas de nuevo una vez                                                                                           [más
y preguntas cómo marcha todo entre nosotros,
y ya que de ordinario con agrado solías verme,
así también me ves entre el celestial cortejo.
    Disculpa, no sé expresarme de modo grandilocuente,
y aun cuando todo el séquito de mí haga mofa,
mi solemnidad te haría reír seguramente
si no hubieses perdido la costumbre de reír.
    Del sol y de los mundos no sé decir gran cosa,
yo sólo veo que los hombres se atormentan.
El diosecillo del mundo sigue siendo el de la misma laya,
y es tan extravagante como en su día primero.
Un poco mejor viviría
si tú no le hubieses dado la ilusión de la luz del cielo;
la llama razón y la emplea únicamente
para ser más bestia que todas las bestias.
Paréceme a mí, con perdón de Vuestra Señoría,
como una de esas cigarras de largas patas
que siempre vuela y que, volando, salta,
y que, en tocando la hierba, entona su vieja cantinela;
¡y si al menos se hubiese quedado para siempre en la hierba!;
que no hay pijotería en la que no meta su nariz.

EL SEÑOR
    ¿No tienes otra cosa que decirme?
¿Es que sólo has de venir a presentar queja?
¿No habrá jamás en la tierra nada que sea de tu agrado?

MEFISTÓFELES
    ¡Nada!, Señor, que todo me sigue pareciendo, como siempre,                                                                                [detestable.
Los hombres me dan lástima, en sus días de miseria,
y hasta a mí mismo me disgusta martirizar a esas pobres criaturas.

EL SEÑOR
    ¿Conoces a Fausto?

MEFISTÓFELES
                                ¿Al doctor?

EL SEÑOR
                                                  ¡A mi siervo!3

MEFISTÓFELES
    ¡Ciertamente!, os sirve de manera muy singular.
No son terrenas la bebida ni la comida de ese loco.
Le impulsa la agitación en la lejanía;
él mismo, de su demencia, a medias se da cuenta;
del cielo exige sus más bellas estrellas,
y de la tierra, todo placer sublime,
y ni lo próximo ni lo lejano
colman a ese pecho profundamente conmovido.

EL SEÑOR
    Aunque ahora me sirva sólo ofuscadamente,
pronto le llevaré a la claridad.
Pues sabe el jardinero, cuando el arbusto verdece,
que flor y frutos adornarán los años venideros.

MEFISTÓFELES
    ¿Qué os apostáis? ¡Pues todavía habréis de perder
si me dais permiso
para llevarlo con tiento a mi camino!

EL SEÑOR
    Mientras viva sobre la tierra,
no te será vedado;
que yerra el hombre en cuanto aspira.

MEFISTÓFELES
    Eso os lo agradezco, pues con los muertos
jamás me he sentido bien.
Me gustan sobre todo las mejillas llenas y lozanas.
Detesto los cadáveres;
me pasa a mí como el gato con el ratón.

EL SEÑOR
    Pues bien. ¡quédese a tu cargo!
Aparta a esa alma de su fuente primitiva
y arrástrala, si es que aprehenderla puedes,
por tus caminos en pendiente,
o avergüénzate si tienes que reconocer
que un hombre bueno, en su oscuro impulso,
es bien consciente del camino justo.

MEFISTÓFELES
    ¡Está bien!, no requerirá mucho tiempo.
No me asusto en modo alguno de mi apuesta.
Si llego a alcanzar mi meta,
permitidme el triunfo a voz en grito.
Polvo ha de comer, y con fruición,4
como mi avúncula, la famosa serpiente.

EL SEÑOR
    Libre eres de hacer como te plazca,
a los de tu condición nunca he odiado.
De todos los espíritus que niegan,
el pícaro es el que menos me importuna.
La actividad del hombre puede hacer demasiado fácilmente,
éste pronto se inclina al reposo ilimitado;
por eso le adjudico gustoso a un compañero
que azuza y actúa y ha de trabajar como un demonio.
Mas, vosotros, los verdaderos hijos de Dios,
¡regocijáos por las vistas y espléndidas bellezas!5
Lo que está en gestación, lo que actúa y vive eternamente,
os retiene en las excelsas barreras del amor,
y aquello que en vacilante aparición fluctúa,
¡afianzadlo en perdurables pensamientos!

(el cielo se cierra y los arcágeles se dispersan)

MEFISTÓFELES
(Solo)
    De tiempo en tiempo me gusta ver al viejo,
y buen cuidado pongo en no romper con él.
Es muy amable de un señor tan grande
que tan humanamente hasta con el demonio hable.
Traducción y notas de Pedro Gálvez
Johann Wolfgang von Goethe


1 Lucas, 2, 13: "Y de pronto se juntó con el ángel una multitud del ejército celestial...". El prólogo, compuesto en 1800, se inspira en el libro de Job, I, 6 a 12: "El día en que los hijos de Dios venían ante Yahveh...".
2 Goethe emplea la traducción literal de la palabra ángel; en griego angelos = mensajero.
3 Job, I, 8: "¿No te has fijado en mi siervo Job?".
4 Génesis, 3, 14: "Sobre tu vientre caminarás, y polvo comerás todos los días de tu vida".
5 Apocalipsis, 12, 12: "Por eso, regocijaos, cielos y los que en ellos habitáis..."

viernes, 20 de enero de 2017

Poesía del vino/ 25 - Carpe Diem/ 14 - Ergo bibamus! - Johann Wolfgang von Goethe - Alemania


Ergo bibamus!

Hier sind wir versammelt zu löblichem Tun;
Drum, Brüderchen! Ergo bibamus.
Die Gläser, sie klingen, Gespräche, sie ruh'n;
Beherziget Ergo bibamus.
Das heißt noch ein altes, ein tüchtiges Wort:
Es passet zum ersten und passet so fort,
Und schallet ein Echo vom festlichen Ort,
Ein herrliches Ergo bibamus.

Ich hatte mein freundliches Liebchen geseh'n,
Da dacht' ich mir: Ergo bibamus.
Und nahte mich traulich; da ließ sie mich steh'n.
Ich half mir und dachte: Bibamus.
Und wenn sie versöhnet euch herzet und küßt
Und wenn ihr das Herzen und Küssen vermißt,
So bleibet nur, bis ihr was Besseres wißt,
Beim tröstlichen Ergo bibamus.

Mich ruft mein Geschick von den Freunden hinweg;
Ihr Redlichen! Ergo bibamus.
Ich scheide von hinnen mit leichtem Gepäck;
Drum doppeltes Ergo bibamus.
Und was auch der Filz von dem Leibe sich schmorgt,
So bleibt für den Heitern doch immer gesorgt,
Weil immer dem Frohen der Fröhliche borgt;
Drum, Brüderchen! Ergo bibamus.

Was sollen wir sagen zum heutigen Tag!
Ich dächte nur: Ergo bibamus.
Er ist nun einmal von besonderem Schlag;
Drum immer aufs neue: Bibamus.
Er führet die Freude durchs offene Tor,
Es glänzen die Wolken, es teilt sich der Flor,
Da scheint uns ein Bildchen, ein göttliches, vor;
Wir klingen und singen: Bibamus.


Ergo bibamus!

Unidos aquí estamos para una accion laudable;
por tanto, hermanos míos, arriba. Ergo bibamus!
Resuenen nuestros vasos y callen nuestas lenguas;
levantar vuestras almas muy bien. Ergo bibamus!
He aquí una sentencia tan vieja como sabia;
conserva su vigencia hoy lo mismo que antaño,
y un eco nos aporta de espléndidos festines,
esta jovial y grata consigna: Ergo bibamus!

Hoy he visto a mi dulceamada placentera;
al punto fui y me dije: "Bueno está. Ergo bibamus!"
Me acerqué sin recelo y ella me acogió bien.
Y entonces repetí mi alegre Ergo bibamus! 
Mas lo mismo si os mima y os acaricia y besa,
que si nos niega adusta su corazón y brazos,
¿qué recurso nos queda, mientras no nos sonríe,
que de nuevo apelar al viejo Ergo bibamus!

De los amigos lejos cruel destino me lleva.
¡Oh fieles camaradas! ¿Qué hacer? Ergo bibamus!
Ya me marcho cargado con liviano bagaje;
quiere decir se impone un doble Ergo bibamus!
Y aunque a veces el cuerpo la carcoma nos roa,
nunca de la alegría vacío el tesoro hallamos;
que el alegre al alegre suele prestar rumboso,
así que, hermanos mios, ¡venga un Ergo bibamus!

Ahora bien: ¿qué debemos cantar en este día?
¡Yo tan sólo pensaba cantar Ergo bibamus!
Pero recuerdo ahora su especial importancia;
así que alzad las voces. De nuevo Ergo bibamus!
Este día se nos mete la dicha por la puerta;
resplandecen las nubes, tiembla el trigo dorado;
y una imagen divina brilla ante nuestros ojos;
así que alegremente cantad Ergo bibamus!
Ergo Bibamus! - Studentenlieder