Chet Baker - Like Someone In Love

miércoles, 18 de septiembre de 2019

Prólogo con libélulas y gusanos de seda - José Hierro - España


Es cosa de libélulas,
de caballitos del diablo: aletean eléctricos,
vibran como cuerdas de una guitarra
que alguien acaba de pulsar,
zigzaguean como relámpagos,
rubrican la mañana azul.

Cosa también de cazadores de libélulas:
nos dejan en los dedos un grumillo de muerte,
un residuo viscoso, una turbiedad amarilla.

A veces se realiza el milagro:
el cazador cobra su pieza intacta y viva.
Comienza entonces la tarea primorosa del entomólogo:
le clava un alfiler para que muera poco a poco
a fin de que conserve intacta su belleza,
su perfección, su apariencia de vida
(porque de eso se trata).

Es cosa de entomólogos, es cosa de poetas,
maquilladores y embalsamadores de cadáveres.

Es cosa de gusanos de seda:
segregan tenues hilos de oro
con los que van edificando
su alcázar, cárcel, túmulo,
su oscuridad definitiva;
se desangran en oro, resignados
a no ver desde fuera nunca jamás su obra concluida.

Un día algo despierta en el recinto silencioso
—resurrección o transfiguración—:
ya no es el tejedor apresurado de la saliva de oro
sino una mariposa, torpe y gorda,
que ni siquiera lo recuerda
(igual que el cuerpo no recuerda
al alma que era suya antes de que él naciera).
La nueva criatura nace a cambio
de destruir lo que fue la razón de vivir y de morir
de alguien que fue ella misma
y que es ahora nada más que un hueco.

Se trata ahora de un hueco donde ocurrió el prodigio,
de una sombra en la entraña de la seda,
de una sombra y un hueco en el que suena
un motor de automóvil.

Escucho ese motor desesperadamente
para saber que no estoy sordo.
Segrego seda para probar que sigo vivo,
para encerrar conmigo el automóvil
y no dejar jamás de oír su música
(yo, como Marinetti, creo ahora
que un automóvil es más bello
que la Victoria de Samotracia).

A los 65 años de mi vida
cambié mi viejo coche.
Y ahora, a los 67, escucho al nuevo
sonar por penúltima vez.
No queda tiempo ya.
Yo he sido para él su amor primero
como él para mí el último.

Y me abandonará dentro de nada
(como al amante viejo la amada joven),
cuando no pueda acariciarlo.
Si él fuese un perro me daría compañía
y se dejaría morir cuando muriese yo.
Pero es únicamente un artilugio mecánico
—metal, cristal, plástico, goma—,
esclavo dócil que obedecerá
mientras mi mano sea firme.

Quiero pensar, lo necesito, que me recordará
desde algún cementerio de automóviles
cuando yo esté en mi camposanto de cipreses y cruces
(o, mejor, cuando sea cenizas diluidas
en la palpitación de la mar).

Entro en la seda del poema roto
donde alguien, que fui yo, murió más de una vez.
No hay nadie, nada: tan sólo un automóvil.
Pongo el motor en marcha: le hablo de libélulas,
de gusanos de seda.
                              Le pregunto
qué será lo que yo quería decir
De Agenda, 1981

lunes, 16 de septiembre de 2019

Cáscaras - Claudio Rodríguez - España


I
El nombre de las cosas que es mentira
y es caridad, el traje
que cubre el cuerpo amado
para que no muramos por la calle
ante él, las cuatro copas
que nos alegran al entrar en esos
edificios donde hay sangre y hay llanto,
hay vino y carcajadas,
el precinto y los cascos,
la cautela del sobre que protege
traición o amor, dinero o trampa,
la inmensa cicatriz que oculta la honda herida,
son nuestro ruin amparo.
Los sindicatos, las cooperativas,
los montepíos, los concursos,
ese prieto vendaje
de la costumbre, que nos tapa el ojo
para que no ceguemos,
la vana golosina de un día y otro día
templándonos la boca
para que el diente no busque la pulpa
fatal, son un engaño
venenoso y piadoso. Centinelas
vigilan. Nunca, nunca
darán la contraseña que conduce
a la terrible munición, a la verdad que mata.

II
Entre la empresa, el empresario, entre
prosperidad y goce,
entre un error prometedor y otra
ciencia a destiempo,
con el duro consuelo
de la palabra, que termina en burla
o en provecho o defensa,
o en viento
enerizo, o en pura
mutilación, no en canto;
entre gente que sólo
es muchedumbre, no
pueblo, ¿dónde
la oportunidad del amor,
de la contemplación libre o, al menos,
de la honda tristeza, del dolor verdadero?
La cáscara y la máscara,
los cuarteles, los foros y los claustros,
diplomas y patentes, halos, galas,
las más burdas mentiras:
la de la libertad mientras se dobla
la vigilancia,
¿han de dar vida a tanta
juventud macerada, tanta fe corrompida?

Pero tú quema, quema
todas las cartas, todos los retratos,
los pajares del tiempo, la avena de la infancia.
El más seco terreno
es el de la renuncia. Quién pudiera
modelar con la lluvia esta de junio
un rostro, dices. Calla
y persevera aunque
ese rostro sea lluvia,
muerde la dura cáscara,
muerde aunque nunca llegues
hasta la celda donde cuaja el fruto.
De Alianza y condena, 1965

viernes, 13 de septiembre de 2019

Madre - Carlos Oquendo de Amat - Perú


Dedicado a mi madre (fallecida el 7 de septiembre de 2019 a los 99 años) con inmensa pena e infinito agradecimiento.

Tu nombre viene lento como las músicas humildes                                     
y de tus manos vuelan palomas blancas

Mi recuerdo te viste siempre de blanco
como un recreo de niños que los hombres miran desde aquí
                                                                         [distante

Un cielo muere en tus brazos y otro nace en tu ternura                             
A tu lado el cariño se abre como una flor cuando pienso

Entre ti y el horizonte
mi palabra está primitiva como la lluvia o como los himnos

Porque ante ti callan las rosas y  la canción

lunes, 2 de septiembre de 2019

Proverbios del infierno - William Blake - Inglaterra


En tiempos de siembra aprende, en tiempos de cosecha enseña
            y en el invierno goza.

Conduce tu carro y tu arado sobre los huesos de los muertos.

La senda del exceso lleva al palacio de la sabiduría.

La prudencia es una fea y rica solterona cortejada por la
                                                                    [incapacidad.

Quien desea y no actúa engendra la plaga.

El gusano cortado perdona al arado.

Sumergid en el río a quien ama el agua.

El necio no ve el mismo árbol que ve el sabio.

Aquel cuyo rostro no irradia luz nunca llegará a estrella.

La eternidad está enamorada de las creaciones del tiempo.

A la atareada abeja no le queda tiempo para la pena.

Las horas de la locura el reloj las mide;
pero ningún reloj puede medir las de la sabiduría.

Ningún alimento sano se atrapa con red ni trampa.

Expone número, peso y medida en año de escasez.

No hay pájaro que vuele demasiado alto si lo hace con sus propias
                                                                                   [alas.

El cuerpo muerto no venga injurias.

El acto más sublime consiste en poner a otro ante ti.

Si el necio persistiera en sus necedades llegaría a sabio.

La necedad es el atuendo de la bellaquería.

La vergüenza es el atuendo del orgullo.

Las prisiones se construyen con piedras de Ley; los lupanares
               con ladrillos de religión.

La altivez del pavo real es la gloria de Dios.

La lujuria del chivo es la liberalidad de Dios.

La cólera del león es la sabiduría de Dios.

La desnudez de la mujer es obra de Dios.

El exceso de pena ríe; el exceso de dicha llora.

El rugir de los leones, el aullido de los lobos, el oleaje furioso del
                                                                      [mar huracanado
            y la espada destructora, son porciones de la eternidad
                                                                    [demasiado grandes
            para que las aprecie el ojo humano.

El zorro condena a la trampa, no a sí mismo.

El júbilo impregna; las penas procrean.

Que el hombre vista la melena del león y la mujer el vellón
                                                                            [de la oveja.

Para el pájaro el nido, para la araña su tela, para el hombre la amistad.

El egoísta y sonriente necio y el necio que frunce malhumorado el ceño han de considerarse sabios, que podrían ser cetros.

Lo que hoy está probado, en su momento era sólo algo imaginado.

La rata, el ratón, el zorro y el conejo vigilan las raíces; el león, el tigre, el caballo
          y el elefante vigilan los frutos.

La cisterna contiene; el manantial rebosa.

Un pensamiento llena la inmensidad.

Presto has de estar para decir lo que piensas, que así el ruin te evitará.

Todo lo que es posible creerse es imagen de la verdad.

Nunca el águila malgastó tanto su tiempo como cuando se avino a
                                                             [aprender del cuervo.

El zorro provee para sí mismo; pero Dios provee para el león.

Piensa por la mañana, actúa a mediodía, come al anochecer y
                                                           [duerme por la noche.

Quien ha sufrido tus imposiciones, te conoce.

Como el arado sigue a las palabras, Dios recompensa las
                                                                           [plegarias.

Los tigres de la ira son más razonables que los caballos de la
                                                                          [instrucción.

Del agua estancada espera veneno.

Nunca sabrás lo que es bastante hasta saber lo que es más
                                                                         [que bastante.

¡Escucha los reproches de los tontos! ¡Forman un título regio!

Los ojos del fuego, las narices del aire, la boca del agua, las barbas
                                                                              [de la tierra.

El débil en coraje es fuerte en astucia.

El manzano nunca pregunta al haya cómo ha de crecer, tal como el
                                                                                    [león no
                interroga al caballo sobre cómo atrapar la presa.

Quien recibe agradecido da copiosas cosechas.

Si otros no hubiesen sido tontos, tendríamos que serlo nosotros.

El alma de la dulce delicia no puede mancillarse.

Al ver un águila ves una porción de genio. ¡Alza la cabeza!

Tal como la oruga elige las hojas mejores para depositar en ellas
                                                                             [sus huevos,
el sacerdote reserva su anatema para las mejores dichas.

Crear una florecilla es labor de eras.

La condena estimula, la bendición relaja.

El mejor vino es el más añejo; la mejor agua, la más nueva.

¡Las plegarias no aran!

¡Los elogios no cosechan!

Las alegrías no ríen. Las tristezas no lloran.

La cabeza lo Sublime; el corazón, lo patético; los genitales, la
                                                                              [Belleza;
         manos y pies son la Proporción.

Como el aire es al ave o el mar al pez, es el desdén para el
                                                                        [despreciable.

El cuervo quisiera que todo fuese negro; el búho, que todo fuese
                                                                                [blanco.

La exuberancia es belleza.

Si el león recibiese consejos del zorro, sería astuto.

El perfeccionamiento traza caminos rectos; pero los torcidos y sin perfeccionar son los caminos del genio.

Mejor matar a un niño en su cuna que alimentar deseos que no se
                                                              [llevan a la práctica.

Donde no está el hombre, la naturaleza es estéril.

La verdad nunca puede decirse de modo que sea comprendida sin
                                                                            [ser creída.

¡Basta! o demasiado.
Del poema Las bodas del cielo y el infierno
Traducción de Pablo Mañé Garzón
William Blake

Visionario, grabador y poeta, William Blake nació en Londres en 1757 y murió en 1827 en la misma ciudad. Fue el menos contemporáneo de los hombres. En una era neoclásica urdió una mitología personal de divinidades no siempre eufónicas: Orc, Los, Enitharmon. [...]

En una era romántica desdeñó la Naturaleza, que apodó el Universo Vegetal. No salió nunca de Inglaterra, pero recorrió, como Swedenborg, las regiones de los muertos y de los ángeles. Recorrió las llanuras de ardiente arena, los montes de fuego macizo, los árboles del mal y el país de tejidos laberintos. En el verano de 1827 murió cantando. Se detenía a ratos y explicaba ¡Esto no es mío, no es mío! para dar a entender que lo inspiraban los invisibles ángeles. Era fácilmente iracundo.
Creía que el perdón es una flaqueza. Escribió: "El gusano partido en dos perdona al arado". [...]

Cristo enseñó que el hombre se salva por la fe y por la ética; Swedenborg agregó la inteligencia; Blake nos impone tres caminos de salvación: el moral, el intelectual y el estético. Afirmó que el tercero había sido predicado por Cristo, ya que cada parábola es un poema. Como el Buddha, cuya doctrina, de hecho, era ignorada, condenó el ascetismo. En los Proverbios del Infierno leemos: "El camino del exceso conduce al palacio de la sabiduría".
En sus primeros libros el texto y el grabado tienden a ser una unidad. Ilustró admirablemente el Libro de Job, la Comedia dantesca y las poesías de Gray.
La belleza para Blake corresponde al instante en que se encuentran el lector y la obra y es una suerte de unión mística.
Swinburne, Gilchrist, Chesterton y Denis Saurat le han consagrado sendos libros.
William Blake es uno de los hombres más extraños de la literatura. JORGE LUIS BORGES
(Del prólogo a una edición de la Poesía completa de William Blake - Hyspamérica Ediciones Argentina, S. A., 1980, incluida en la colección Biblioteca personal de Jorge Luis Borges.)

viernes, 30 de agosto de 2019

Un fantasma de nubes - Apollinaire - Francia


Un fantôme de nuées

Comme c’était la veille du quatorze juillet
Vers les quatre heures de l’après-midi
Je descendis dans la rue pour aller voir les saltimbanques

Ces gens qui fonts des tours en plein air
Commencent à être rares à Paris
Dans ma jeunesse on en voyait beaucoup plus qu’aujourd’hui
Ils s’en sont allés presque tous en province

Je pris le boulevard Saint-Germain
Et sur une petite place située entre Saint-Germain-des-Prés et la
        statue Danton
Je rencontrai les saltimbanques

La foule les entourait muette et résignée à attendre
Je me fis une place dans ce cercle afin de tout voir
        Poids formidables
Villes de Belgique soulevées à bras tendu par un ouvrier russe de
        Longwy
Haltères noirs et creux qui ont pour tige un fleuve figé
Doigts roulant une cigarette amère et délicieuse comme la vie

De nombreux tapis sales couvraient le sol
Tapis qui ont des plis qu’on ne défera pas
Tapis qui sont presque entièrement couleur de la poussière
Et où quelques taches jaunes ou vertes ont persisté
Comme un air de musique qui vous poursuit

Vois-tu le personnage maigre et sauvage
La cendre de ses pères lui sortait en barbe grisonnante
Il portait ainsi toute son hérédité au visage
Il semblait rêver à l’avenir
En tournant machinalement un orgue de Barbarie
Dont la lente voix se lamentait merveilleusement
Les glouglous les couacs et les sourds gémissements

Les saltimbanques ne bougeaient pas
Le plus vieux avait un maillot couleur de ce rose violâtre qu’ont aux
        joues certaines jeunes filles fraîches mais près de la mort

Ce rose-là se niche surtout dans les plis qui entourent souvent leur
        bouche
Ou près des narines
C’est un rose plein de traîtrise

Cet homme portait-il ainsi sur le dos
La teinte ignoble de ses poumons

Les bras les bras partout montaient la garde

Le second saltimbanque
N’était vêtu que de son ombre
Je le regardait longtemps
Son visage m’échappe entièrement
C’est un homme sans tête

Un autre enfin avait l’air d’un voyou
D’un apache bon et crapule à la fois
Avec son pantalon bouffant et les accroche-chaussettes
N’aurait-il pas eu l’apparence d’un maquereau à sa
        toilette

La musique se tut et ce furent des pourparlers avec le
        public
Qui sou à sou jeta sur le tapis la somme de deux franc
        cinquante
Au lieu des trois francs que le vieux avait fixés comme
        prix des tours

Mais quand il fut clair que personne ne donnerait plus
        rien
On se décida à commencer la séance
De dessous l’orgue sortit un tout petit saltimbanque
        habillé de rose pulmonaire
Avec de la fourrure aux poignets et aux chevilles
Il poussait des cris brefs
Et saluait en écartant gentiment les avant-bras
Mains ouvertes

Une jambe en arrière prête à la génuflexion
Il salua ainsi aux quatre points cardinaux
Et quand il marcha sur une boule
Son corps mince devint une musique si délicate que
        nul parmi les spectateurs n’y fut insensible
Un petit esprit sans aucune humanité
Pensa chacun
Et ces musique des formes
Détruisit celle de l’orgue mécanique
Que moulait l’homme au visage couvert d’ancêtres

Le petit saltimbanque fit la roue
Avec tant d’harmonie
Que l’orgue cessa de jouer
Et que l’organiste se cacha le visage dans les mains
Aux doigts semblables aux descendants de son destin
Foetus minuscules qui lui sortaient de la barbe
Nouveaux cris de Peau-Rouge
Musique angélique des arbres
Disparition de l’enfant
Les saltimbanques soulevèrent les gros haltères à bout de bras
Ils jonglèrent avec les poids

Mais chaque spectateur cherchait en soi l’enfant miraculeux
Siècle ô siècle des nuages


Un fantasma de nubes

Como era la víspera del catorce de julio
Hacia las cuatro de la tarde
Bajé a la calle para ver a los saltimbanquis

Esa gente que hace suertes al aire libre
Empieza a ser escasa en París
En mi juventud eran tanto más numerosos
Casi todos se han marchado a provincia

Tomé el bulevar Saint-Germain
Y en una placita situada entre Saint-Germain-des-Prés
         y la estatua de Danton
Di con los saltimbanquis

La muchedumbre los rodeaba muda y resignada a
         esperar
Me abrí lugar en aquel círculo para verlo todo
Pesos formidables
Ciudades de Bélgica alzadas a pulso por un obrero
         ruso de Longwy
Pesas negras y vacías que tienen por barra un río
         congelado
Dedos que enrollan un cigarrillo amargo y delicioso
         como la vida

Numerosas alfombras sucias cubren el suelo
Alfombras con pliegues indelebles
Alfombras que ya son casi color de polvo
Y en las que algunas manchas verdes o amarillas
Persisten como una tonada que nos persiguiera

Imagina al personaje huraño y flaco
La ceniza de sus padres le brotaba como barba
         entrecana
Así mostraba toda su herencia en el rostro
Parecía soñar con el futuro
Mientras maquinalmente tocaba el organillo
Cuya lenta voz era un lamento maravilloso
Gluglús gallos y gemidos sordos

No se movían los saltimbanquis
El más viejo llevaba unas mallas de ese oro violáceo
         que tiñe las mejillas de ciertas muchachas aunque
         frescas ya cerca de la muerte
Ese rosa anida en los pliegues que a menudo rodean
         sus bocas
O cerca de las narices
Es el rosa de la traición

Aquel hombre llevaba así a cuestas
El innoble color de sus pulmones

Brazos brazos por todas partes vigilantes

El segundo saltimbanqui
Sólo iba vestido de su sombra
Lo miré largamente
Pero su rostro se me escapa
Es un hombre sin cabeza

Otro más tenía todo el aire de un granuja
De un apache en que se aunaran bondad y crápula
Con sus pantalones bombachos y sus calcetines con
         ligas
No recordaba acaso al alcahuete a medio ataviarse

Cesó la música y hubo negociaciones con el público
Céntimo a céntimo fue arrojada la suma de dos francos
         cincuenta sobre la alfombra
En vez de los tres francos que el viejo había fijado
         como precio de los números

En cuanto estuvo claro que nadie daba más
Se decidió empezar con la función
De debajo del organillo salió un saltimbanqui
         diminuto vestido de rosa pulmonar
Con pieles en tobillos y muñecas
Lanzaba gritos cortos
Y saludaba apartando amablemente los brazos
Con las manos abiertas

Con una pierna hacia atrás preparada para la
         genuflexión
Saludó hacia los cuatro puntos cardinales
Y cuando caminó sobre una bola
Su cuerpo esbelto se transformó en música tan
         delicada que no hubo espectador a ella insensible
Un duendecillo sin ninguna humanidad
Pensó cada cual
Aquella música de las formas
Borraba la del organillo
Tocada por el hombre del rostro cubierto de
         antepasados

El pequeño saltambanqui se pavoneaba
Tan armoniosamente
Que el organillo cesó de tocar
Y el organillero escondió el rostro entre las manos
Sus dedos se parecían a los descendientes de su
         destino
Fetos minúsculos que le salían de la barba
Nuevos gritos de pielroja
Música angélica de los árboles
Desaparición del niño
Los saltimbanquis levantaron a pulso las pesas
En juegos malabares

Pero cada espectador buscaba ya en sí mismo al niño
         milagroso
Siglo oh siglo de las nubes
Traducción de Ulalume González de León

miércoles, 21 de agosto de 2019

Exaltación a Inanna - Enheduanna - Sumeria


Enheduanna es el primer escritor y poeta (escritora y poeta) de la Humanidad del que se tiene noticia cierta, ya que fue el primero (la primera) que firmó sus escritos.
Nació hacia 2354 a. C. en la ciudad sumeria de Ur. Era hija de Sargón I, rey que unificó las ciudades-estado de la Alta y la Baja Mesopotamia en un único imperio.
Según la investigadora Ale Mendé, cada sílaba del nombre de Enheduanna tiene un sentido: en quiere decir "alta sacerdotisa", hedu "ornamento" y anna significa "cielo".
Fue nombrada por su padre Gran Sacerdotisa del dios de la Luna Nanna. El puesto era sumamente poderoso, ya que era la única que podía nombrar a cualquiera de los mandatarios de la ciudad, de modo que sus funciones no eran únicamente religiosas, sino, además, políticas.
Vivió en un templo cercano a lo que hoy es el Golfo Pérsico y mantuvo el puesto de Gran Sacerdotisa hasta su muerte, de la que se desconoce su fecha exacta.
El reverso de  una de tablillas aparecidas con su nombre en el templo de Nanna en Ur contiene un texto que podría hacer referencia a su nacimiento. Dicho texto, según la traducción de Robert Rivas, reza así:

Mi madre sacerdotal me concibió; secretamente
Me trajo al nacimiento
Me colocó en un Arca, hizo trabar mi puerta.
Me confió al río, que no me hundió.
El río me trajo hasta aquí, el labrador,
Quien me condujo a ser su hijo…
Durante mi jardinería,
La Diosa Ishtar, me amó, y durante
Cincuenta y cuatro años
Mío fue el reinado.

A lo largo de su vida y sobre todo durante su cargo como sacerdotisa, escribió una gran variedad de poemas e himnos religiosos, en su mayoría escritos para el dios de la Luna Nanna y para la diosa sumeria del Amor.
En la actualidad se conservan 42 himnos que enaltecen diferentes ciudades de Sumeria y Acadia como Eridu, Sipar y Esnunna.

Lo que van a leer a continuación es un extracto del poema La exaltación de Enheduanna a Inanna , compuesto por 18 estrofas en las que se habla sobre la felicidad y desastres de la Diosa Innana según la traducción de Robert Rivas.

Pero Enheduanna también es considerada como la primera música, ya que escribió diferentes himnos, la mayoría de temática religiosa, como no podía ser otra forma en aquellos tiempos. El más conocido  es el Himno a Inanna (diosa sumeria del Amor), que se utilizaba durante el ritual en honor a la diosa.

Enheduanna podría también ser considerada como la primera cronista de la historia, ya que fue ella quien escribió la crónica del derrocamiento de su padre y el destierro de su familia.

Unos 4300 años después, los eruditos la llaman la Shakespeare de Sumeria.


INNANA1 Y LAS ESENCIAS DIVINAS

Señora de todas las esencias, luz plena, buena mujer
vestida de esplendor
a quien el cielo y la Tierra te aman,
amiga del templo de An
tú llevas grandes ornamentos,
tú deseas la tiara de la grande sacerdotisa
cuyas manos sostienen las siete esencias,
las has escogido y colgado de tu mano.
Has reunido las esencias sagradas y las has puesto
apretadas sobre tus pechos


INNANA Y AN2

Como un dragón has cubierto el suelo de veneno
como el trueno cuando ruges sobre la Tierra
árboles y plantas caen a tu paso.
Eres una inundación descendiendo desde
una montaña,
¡Oh primaria,
Diosa Lunar del cielo y de la Tierra!
tu fuego sopla alrededor y cae sobre
nuestra nación.
Señora montada sobre una bestia,
An te da cualidades, ordenes sagradas
y tú decides
tú estás en todos nuestros grandes ritos
¿Quién puede entenderte?


INNANA Y ENLIL3

Las tormentas te prestan alas,
destructora de nuestras tierras.
Amada por Enlil, tú vuelas sobre nuestra nación
tú sirves a los decretos de An.
Oh mi señora, al oír tu sonido
colinas y llanuras reverencian.
Cuando nos presentamos ante ti,
aterrados, temblando en tu clara luz
tormentosa,
recibimos justicia
nosotros cantamos, nos lamentamos y
lloramos ante ti
y caminamos hacia ti a través de un sendero
desde la casa de los enormes suspiros


INNANA E ISHKUR4

Tú lo derribas todo en la batalla.
Oh, mi señora sobre tus alas
llevas la segada tierra y embistes
enmascarada
en una atacante tormenta,
ruges como una rugiente tormenta,
truenas y sigues tronando y resoplas
con vientos malignos.
Tus pies están llenos de inquietud.
En tu arpa de suspiros
yo escucho tu canto fúnebre


INNANA Y LA ANUNNA5

Oh, mi señora, la Anunna, los grandes
Dioses,
Aleteando como murciélagos delante de ti,
se vuelan hacia los farallones.
No tienen el valor de caminar
delante de tu terrible mirada.
¿Quién puede domar tu furibundo corazón?
Ningún Dios menor.
Tu malevolente corazón está más allá de la
templanza.
Señora, tú sedas los reinos de la bestia,
tú nos haces felices.
Tu furia está más allá de la templanza,
¡Oh hija mayor de Suen!
¿Quién te ha negado alguna vez
reverencia,
Señora, suprema sobre la tierra?


INANNA Y EBIH6

En las montañas en donde no eres
venerada
la vegetación está maldita.
Tú has convertido en cenizas sus
grandes entradas.
Por ti los ríos se inflan de sangre
y la gente no tiene nada que beber.
El ejército de la montaña va hacia ti
cautivo
espontáneamente.
Saludables hombres jóvenes desfilan
ante ti
espontáneamente.
La ciudad danzante está colmada de
tormenta,
conduciendo a los hombres jóvenes
hacia ti, cautivos.
Traducción de Robert Rivas
Enheduanna

1 En la mitología sumeria Inanna era la diosa del amor, de la guerra y protectora de la ciudad de Uruk. Con la llegada de los acadios Inanna se sincretiza con la diosa Ishtar. Su representación era un haz de juncos verticales con la parte superior curvada.
Asociada con el planeta Venus, se la identifica con la diosa griega Afrodita y con la Astarté fenicia. Entre los acadios fue conocida como Ishtar. Según la mitología sumeria era hija de Nannar (Sin en acadio, dios de la Luna) y Ningal (la Gran Dama, la luna) y hermana gemela de Utu, conocido en acadio como Shamash. Su consorte fue Dumuzi (semidiós y héroe de Uruk). Ishtar o Inanna representa el arquetipo de la Diosa madre.

2 En la mitología sumeria, An (en sumerio An = "cielo") o Anu (en acadio) era el dios del cielo, señor de las constelaciones, rey de los dioses, que vivía con su esposa, la diosa Ki (en sumerio, "tierra" o Antu en acadio), en las regiones más altas del cielo.
Se creía que tenía el poder de juzgar a los que habían cometido delitos, y que había creado las estrellas como soldados para destruir a los malvados. Su atributo era la tiara real. Su sirviente y ministro era el dios Ilabrat.
Fue uno de los más antiguos dioses del panteón sumerio, y formaba parte de una tríada de grandes dioses, junto a Enlil, dios del aire y la atmósfera y a Enki (también conocido, en acadio, como Ea), dios de la tierra o de los "cimientos".​ Era considerado como el padre y primer rey de los dioses. Anu es asociado con el templo E-anna de la ciudad de Ur (la Erech bíblica), en el sur de Babilonia y hay buenas razones para creer que este lugar sería la sede original del culto a Anu. Si esto fuese correcto, entonces la diosa Inanna (o, en acadio, Ishtar) de Ur puede, en algún momento, haber sido su consorte.
Fue posteriormente asimilado por el dios Assur (asirio-babilónico), y el dios Marduk.

3 En la mitología sumeria, Enlil (también, a veces, Ellil en textos posteriores acadios, hititas o caananitas), era el señor de los cielos y de la tierra,​ adorado por otros pueblos mesopotámicos, como los acadios, babilonios, cananeos y asirios. Aparece citado en el Código de Hammurabi.​
Se han propuesto dos orígenes para el nombre Enlil. Según el primero vendría del sumerio. En es "señor" y líl es "tormenta" o "viento",​ por lo que su nombre significaría literalmente, "Señor de la tormenta" o "Señor del viento" o "Dios del viento". La otra opción, más reciente, indicaría una sumerización de la raíz semita il (Dios),​ la misma que da origen a los términos El y Alá, significando así dios señor. Su nombre se encuentra asociado frecuentemente al término kur, que hacía referencia a montaña y a extranjero. Así, su hogar era el é.kur (casa-montaña) y los adjetivos asociados al dios eran kur.gal (gran montaña) y lugal.a.ma.ru (rey de las tormentas). Todos estos términos parecen indicar que Enlil era un dios del clima. En Mesopotamia, el clima no marcaba la bonanza de las cosechas, ya que éstas dependían del curso de los ríos, sino sólo su desgracia y malogro. Esto explica el carácter irascible y temible de Enlil que sólo se manifiesta en hechos negativos como las grandes tormentas, las inundaciones y los cambios de curso de los ríos. Así, en el mito del Diluvio mesopotámico es Enlil quien abre las compuertas del cielo para acabar con los molestos humanos.

4 Isku o Iskur en sumerio, y Adad en acadio, es el dios de las tormentas y las lluvias de los pastores, adorado aproximadamente del 3500 a. C. al 1750 a. C. en la antigua Mesopotamia. Su centro de culto estaba en Karkara, y E.nam.khe era el templo al que recibía culto.​ Es descrito como hermano del dios sol Utu. En la mitología de la creación Enki puso a su cargo los vientos y "el dique de plata en el corazón del cielo". Otros autores lo describen como un toro o un león, y sus rugidos eran como truenos. En un texto figura como hijo de An y hermano gemelo de Enki.
En 1772 a. C. Hammurabi construyó un trono para rendir culto a Adad.

5 Los Anunnaki (antigua transcripción acadia por el sumerio Anunna) son un grupo de deidades sumerias y acadias identificados en los textos con los Anunna y los Igigi, dioses menores.
Originalmente pertenecían al panteón de la ciudad de Nippur. Se mencionan también en Lagash y en Eridú. En esta última ciudad los Anunna eran cincuenta.
Según la mitología mesopotámica, los Anunna eran, inicialmente, los dioses más poderosos y vivían con Anu en el cielo. Posteriormente, sin que se haya establecido un motivo claro de este cambio, fueron los Igigi los considerados como dioses celestes mientras el término Anunna se empleaba para designar a los dioses del Inframundo, especialmente a siete dioses que hacían la función de jueces en el Inframundo.

6​ Gobernante de la antigua ciudad de Mari. 
Se conserva una extraordinaria y muy conocida estatua del superintendente Ebih, que representa una ofrenda votiva realizada hacia Ishtar, diosa babilónica del amor y la guerra, de la vida, del sexo, de la fertilidad, y patrona de otros temas menores, conocida también con el nombre de Inanna en Sumeria, Anahit en la antigua Armenia (Urartu), Astarté en Fenicia y en las religiones abrahámicas.
(Datos recogidos de la Wikipedia).

Versos 1-33 del Himno a la diosa Inanna, cantados en sumerio

sábado, 10 de agosto de 2019

Fragmentos de Árbol de Diana - Alejandra Pizarnik - Argentina


1
He dado el salto de mí al alba.
He dejado mi cuerpo junto a la luz
y he cantado la tristeza de lo que nace.

2
Estas son las versiones que nos propone:
un agujero, una pared que tiembla...

3
sólo la sed
el silencio
ningún encuentro
cuídate de mí amor mío
cuídate de la silenciosa en el desierto
de la viajera con el vaso vacío
y de la sombra de su sombra

4
                                               Ahora bien:
Quién dejará de hundir su mano en busca
del tributo para la pequeña olvidada. El frío
pagará. Pagará el viento. La lluvia pagará.
Pagará el trueno.

5
por un minuto de vida breve
única de ojos abiertos
por un minuto de ver
en el cerebro flores pequeñas
danzando como palabras en la boca de un mudo

6
ella se desnuda en el paraíso
de su memoria
ella desconoce el feroz destino
de sus visiones
ella tiene miedo de no saber nombrar
lo que no existe

7
Salta con la camisa en llamas
de estrella a estrella,
de sombra en sombra.
Muere de muerte lejana
la que ama al viento.

8
Memoria iluminada, galería donde vaga
la sombra de lo que espero. No es verdad
que vendrá. No es verdad que no vendrá.

10
un viento débil
lleno de rostros doblados
que recorto en forma de objetos que amar

11
ahora
           en esta hora inocente
yo y la que fui nos sentamos
en el umbral de mi mirada

12
no más las dulces metamorfosis de una niña; de seda
sonámbula ahora en la cornisa de niebla

su despertar de mano respirando
de flor que se abre al viento

13
explicar con palabras de este mundo
que partió de mí un barco llevándome

14
El poema que no digo,
el que no merezco.
Miedo de ser dos
camino del espejo:
alguien en mí dormido
me come y me bebe.

15
Extraño desacostumbrarme
de la hora en que nací.
Extraño no ejercer más
oficio de recién llegada.

16
has construido tu casa
has emplumado tus pájaros
has golpeado al viento
con tus propios huesos
has terminado sola
lo que nadie comenzó

17
Días en que una palabra lejana se apodera de mí. Voy por esos días
sonámbula y transparente. La hermosa autómata se canta, se                                                                                        [encanta,
se cuenta casos y cosas: nido de hilos rígidos donde me danzo y                                                                                             [me
lloro en mis numerosos funerales. (Ella es su espejo incendiado, su
espera en hogueras frías, su elemento místico, su fornicación de                                                                                       [nombres
creciendo solos en la noche pálida.)

20
                                                               a Laure Bataillon
dice que no sabe del miedo de la muerte del amor
dice que tiene miedo de la muerte del amor
dice que el amor es muerte es miedo
dice que la muerte es miedo es amor
dice que no sabe

21
he nacido tanto
y doblemente sufrido
en la memoria de aquí y de allá

22
en la noche
un espejo para la pequeña muerta
un espejo de cenizas

23
una mirada desde la alcantarilla
puede ser una visión del mundo
la rebelión consiste en mirar una rosa
hasta pulverizarse los ojos

32
Zona de plagas donde la dormida come lentamente
su corazón de medianoche.

33
alguna vez
                   alguna vez tal vez
me iré sin quedarme
                   me iré como quien se va

34
la pequeña viajera
moría explicando su muerte

sabios animales nostálgicos
visitaban su cuerpo caliente

35
                                        a Ester Singer
Vida, mi vida, déjate caer, déjate doler, mi vida, déjate enlazar de                                                                                        [fuego,
de silencio ingenuo, de piedras verdes en la casa de la noche,
déjate caer y doler, mi vida.

37
más allá de cualquier zona prohibida
hay un espejo para nuestra triste transparencia

38
Este canto arrepentido, vigía detrás de mis poemas'
este canto me desmiente, me amordaza.
Alejandra - Documental de Virna Molina y Ernesto Ardito, 2013