Emmylou Harris & Rodney Crowell - The Traveling Kind (2015)

sábado, 30 de mayo de 2015

Jing Yè Sī - Li Po - China


静夜思。 

床前明月光, 
疑是地上霜。 
举头望明月, 
低头思故乡。


Nostalgia en una noche serena

Brillantes luces inundan mi lecho.
¿Será la escarcha sobre la tierra?
Alzo los ojos y veo la luna.
Al bajar la cabeza, añoro mi hogar.
Traducción de Guojian Chen
Li Po


Otras traducciones (además de la que aparece en el enlace de Li Po y la inglesa de la imagen)

Pensamiento en la noche serena 

Ante mi lecho, un charco de luz 
La escarcha cubre la tierra 
Levanto los ojos y contemplo la luna 
Bajo la cabeza y pienso en mi hogar 

***

Delante de mi cama la luna brillante se refleja 
y sus rayos plateados extienden una sábana de blanca escarcha 
levanto con anhelo la cabeza y diviso la luna brillante 
decepcionado, bajo la cabeza y pienso con nostalgia en mi hogar

jueves, 28 de mayo de 2015

El camino / Lamento ácrata / Las personas curvas - Jesús Lizano - España


El camino

Yo era un héroe.
Estaba muerto o estaba vivo.
Pero yo era un héroe.
Venía por el camino,
resistiendo, resistiendo.
Ya he dicho que yo era un héroe,
que yo me levantaba cada mañana
y seguía el camino,
este camino que comenzó, para mí, un día,
este camino.
Y andaba, andaba
y me salió un soldado,
un soldado harapiento
que arrastraba su equipo:
botas, fusil, camisa,
y me dijo:
yo soy un héroe
y quiero ir contigo.
Estábamos muertos o estábamos vivos,
pero los dos éramos héroes,
los dos seguíamos el camino.
Cantábamos una canción,
atravesábamos los campos,
mayo estaba florido,
mayo estaba florido.
Y seguíamos andando
y cada mañana seguíamos andando,
resistiendo, resistiendo,
este camino que comenzó, para nosotros, un día,
este camino.
Y nos salió un mendigo,
un mendigo harapiento
que arrastraba su equipo:
un hato, un pan, un libro.
Éramos héroes los tres,
estábamos muertos o estábamos vivos,
pero éramos héroes los tres.
Yo soy un héroe, dijo.
Y seguíamos andando,
seguíamos el camino.
Éramos como hermanos,
nos iba leyendo un libro,
éramos hermanos:
nos bañábamos en el mismo río,
nos echábamos a dormir en la misma paja
y luego seguíamos el camino.
Estábamos muertos o estábamos vivos
pero los tres éramos héroes
y mayo estaba florido.
Y nos salió un desterrado,
un desterrado muerto o vivo,
pero era un desterrado,
con su equipo:
la soledad, el vino.
Se acercó a nosotros, se acercó:
yo soy un héroe, dijo.
Y seguíamos andando:
estábamos muertos o estábamos vivos
pero seguíamos andando,
seguíamos en el camino.
- Desterrado, desterrado:
de dónde vienes, qué ha sido
de tu corazón,
de tu mayo florido.
Y seguíamos cantando,
muertos o vivos,
pero seguíamos cantando
y él nos iba leyendo un libro.
Por qué vienes con nosotros:
yo soy un héroe, dijo.
Y seguíamos resistiendo, resistiendo
y mayo estaba florido
y los campos eran verdes
y cantábamos y dormíamos y reíamos
y estábamos muertos
o vivos,
y cómo os lo diré mil veces
que seguíamos resistiendo
y que mayo estaba florido.
Y se nos acercó un hombre:
yo soy un héroe, dijo.
Y no le preguntamos más:
venía por el mismo camino,
llevaba los mismo fardos,
y sus sueños eran los mismos
y seguíamos andando
repartiéndonos los racimos,
durmiendo en la misma paja,
resistiendo, resistiendo.
Pero estábamos muertos o estábamos vivos.
Íbamos ligeros por la mañana,
atravesábamos los campos,
yo soy un héroe, nos dijo,
llorando, aquel hombre solo,
para volar nacido.
Nosotros íbamos contentos:
mayo estaba florido.
Avanzábamos, avanzábamos:
el sol nos hacía niños,
el sol nos hacía tierra,
el sol nos hacía trigo.
Éramos los héroes:
estaríamos muertos o estaríamos vivos
pero andábamos, andábamos:
nos bañábamos en el mismo río,
el campo nos alimentaba,
íbamos a buen paso,
era nuestro el camino.
Y, os lo prometo, lo sé:
mayo estaba florido.
Y fueron saliendo a nuestro encuentro
héroes de todos los sitios:
héroes con una flor,
héroes con hijo.
Y andábamos, andábamos
y resistíamos, resistíamos
y atravesábamos los campos
y seguíamos nuestro camino
y dormíamos en la misma paja,
y nos bañábamos en el mismo río
y cantábamos, cantábamos
y nos repartíamos el mismo vino
y éramos héroes, los héroes,
soñadores, heridos
y andábamos, andábamos
muertos y vivos.
Pero yo os lo prometo, lo sé:
mayo estaba florido.

***

Lamento ácrata

¡Ellos
han!
¡Nosotros
hemos!
¡Vosotros
habéis!
¡Tú
has!
¡El
ha!
Pero, yo,
¿eh?
Jesús Lizano recitando Las personas curvas

martes, 26 de mayo de 2015

El naúfrago - Anónimo - Antiguo Egipto


El papiro que nos ha conservado este cuento de la dinastía XII pertenece al Museo Egipcio del Ermitage Imperial de San Petersburgo. Fue descubierto en 1880 por Woldemar Golénicheff, quien lo dio a conocer en 1881 durante el Congreso Internacional de Orientalistas celebrado en Berlín. [...]
Por el tipo de escritura, este papiro parece remontarse a antes de la dinastía XVIII. Está completo de principio a fin y prácticamente intacto. La lengua es clara y elegante y apenas presenta dificultades terminológicas ni gramaticales. Estaba llamado a convertirse en un clásico de su época. [...]

El autor concibió la narración como uno de aquellos informes que los oficiales egipcios dirigían a su señor y de los que tenemos abundantes ejemplos. Entre otros, los de las tumbas de los príncipes de Elefantina de la dinastía VI. Uno de los subordinados del explorador, quizá el mismo que supuestamente escribe el informe, acude a anunciar a su superior que la nave ya ha llegado a Egipto, el lugar de residencia de la corte, y le invita a tomar precauciones antes de presentarse ante el faraón. Como fuera que la nave en la que partió la expedición naufragó durante la travesía, el explorador, que ahora regresa a Egipto en la nave que le recogió, será, sin duda, sometido a un duro interrogatorio y condenado si admite que él es el culpable del desastre. Es como un consejo de guerra para un oficial de marina. El escriba, para darle confianza, le narra el modo como consiguió sortear una dificultad parecida. [...]

El buen servidor dijo: ¡Que tu corazón goce de paz!, mi señor, pues he aquí que hemos llegado a nuestro país: hemos cogido el martillo, clavado la estaca y echado las amarras, hemos lanzado aclamaciones, hemos adorado al dios, cada uno ha abrazado a su camarada y la multitud nos ha gritado: "¡Bienvenidos!".
   Sin necesidad de nuestros soldados hemos llegado a los extremos del país de Uauat, hemos pasado frente a Senmut,1 y, ¡he aquí que ahora hemos vuelto en paz y llegamos a nuestro país! ¡Escúchame, mi príncipe!, puesto que no exagero en nada. Lávate, echa agua sobre tus dedos, luego responde cuando seas invitado a hablar, háblale al rey con todo tu corazón, responde sin desconcertarte, puesto que si la boca del hombre pude salvarle, su palabra puede hacer que le velen el rostro.2 Compórtate según te dice el corazón y que lo que tú digas sirva para apaciguar los ánimos.3
    Ahora te contaré una aventura parecida que me ocurrió a mí mismo cuando fui a las minas del soberano y descendí hasta el mar en un navío de ciento cincuenta codos de eslora por cuarenta codos de manga. He aquí que llevaba ciento cincuenta marineros de elite del país de Egipto, gentes que habían visto el cielo y habían visto la tierra y que eran más valientes que los leones.4
    Los marineros creyeron que el viento no llegaría y que el desastre no ocurriría, pero el viento se desató mientras estábamos en alta mar y poco antes de que llegáramos a tierra la brisa refrescó y levantó una ola de ocho codos. Pude arrancar un tablón, pero el navío naufragó y de aquellos que iban a bordo no quedó nadie. En cuanto a mí, fui llevado a una isla por una ola.
   Pasé tres días solo, sin otro compañero que mi corazón, acostado en el hueco de un árbol y abrazado a la oscuridad. Luego, al despuntar el día siguiente, me levanté en busca de algo que llevarme a la boca. Encontré higos y uvas, magníficas peras, bayas y granos, melones a voluntad, peces, pájaros; no había nada que no pudiera encontrarse en aquel lugar. Me sacié y dejé en el suelo lo que me sobró. Conseguí algo para encender fuego y ofrecí un holocausto a los dioses.
    He aquí que de repente oí una voz de trueno y pensé: es una ola del mar. Los árboles crujieron, la tierra tembló, descubrí mi rostro y supe que lo que se acercaba era una enorme serpiente de treinta codos de largo con una cola grande de dos codos; su cuerpo tenía incrustaciones de oro y sus cejas eran de auténtico lapislázuli. Resultaba todavía más perfecta de lado que de frente. Abrió la boca frente a mí, mientras yo permanecí ante ella, tendido sobre mi vientre, y me dijo:
    -¿Quién te ha traído, quién te ha traído, vasallo, quién te ha traído? Si no me dices inmediatamente quien te ha traído a esta isla, te haré conocer, reducido a cenizas, lo que significa convertirse en invisible.5
    -Me hablas y no te oigo, estoy delante de ti pero he perdido el conocimiento -repondí.6
    Entonces me tomó en su boca y me transportó a su morada, donde me dejó sin que yo sufriera ningún mal; estaba sano y salvo y no me había arrebatado ninguno de mis miembros. Luego, abrió la boca, estando yo aún boca abajo frente a ella y he aquí que me dijo:
    -¿Quién te ha traído, quién te ha traído, vasallo, a esta isla del mar, cuyas dos orillas azotan las olas?
   -Descendía a las minas en una misión del soberano -le respondí con las manos tendidas hacia ella-7 en un navío de ciento cincuenta codos de eslora por cuarenta de manga, llevaba ciento cincuenta marineros de elite del país de Egipto que habían visto el cielo y habían visto la tierra y que eran más valientes que los leones. Los marineros creyeron que el viento no llegaría y que el desastre no ocurriría; cada uno de ellos era más valiente y fuerte que sus compañeros y no había débiles entre ellos. Pero he aquí que el viento se desató mientras estábamos en alta mar y, poco antes de que llegáramos a tierra, la brisa refrescó y levantó una ola de ocho codos. Yo pude arrancar un tablón, pero el navío naufragó y de aquellos que iban a bordo no quedó nadie, excepto yo mismo y ahora heme aquí junto a ti, pues una ola me trajo a esta isla.
    -¡No temas -me dijo-, no temas, vasallo, no temas! ¡Que tu rostro no se entristezca! Si has llegado hasta mí es porque un dios ha permitido que vivieses y te ha traído a esta isla del Doble,8 donde no hay nada que no pueda encontrarse y donde abundan todas las cosas buenas. He aquí que pasarás mes tras mes hasta que hayas vivido cuatro meses en esta isla, luego vendrá un navío de tu país con marineros que te son conocidos; te irás con ellos a tu país y morirás en tu ciudad. ¡Feliz aquel que puede contar las experiencias vividas una vez pasadas las tristezas!
    Te narraré con exactitud todo lo que ocurre en esta isla -prosiguió-: estoy aquí con mis hermanos y mis hijos, en medio de ellos: somos setenta y cinco serpientes, mis hijos y mis hermanos, sin mencionar a una joven que me ha sido traída por arte de magia. Pues he aquí que cayó una estrella,9 salieron los que estaban dentro del fuego y apareció la joven. Yo no estaba con los seres que se encontraban en medio de las llamas, yo no estaba en medio de ellos, de otra manera habría muerto. A la joven la encontré luego, entre los cadáveres, sola. ¡Si eres valiente y tu corazón es fuerte, abrazarás a tus hijos contra tu pecho, besarás a tu mujer,10 verás tu casa y lo que aún es mejor, volverás a tu país y permanecerás allí entre tus hermanos!
    Entonces me tumbé sobre mi vientre, toqué el suelo con la frente ante ella y le dije:
   -Describiré tus almas al soberano,11 le daré a conocer tu grandeza y haré que te traigan afeites, perfume de aclamación,12 ungüentos, cañafístula, incienso de los templos con el que se gana el favor de todos los dioses. Contaré luego lo que me ha ocurrido y lo que he visto gracias al poder de tus almas, y se te adorará en tu ciudad, en presencia de los prohombres de todo Egipto. Degollaré para ti toros, los entregaré al fuego, estrangularé para ti pájaros y haré que te traigan navíos cargados con todas las riquezas de Egipto, como se hace con un dios amigo de los hombres en un país lejano que los hombres no conocen.
    Se rió de mí por lo que le decía y por lo que había en su corazón y me dijo:
    -¿Acaso no tienes bajo los ojos abundante mirra y no es este país rico en incienso? Yo soy el rey del país de Punt y tengo gran acopio de mirra, lo único que escasea en esta isla es ese perfume de aclamación que prometes enviarme. Sin embargo, ocurrirá que, una vez que te hayas alejado de este lugar, jamás volverás a esta isla porque desaparecerá.
    Y he aquí que el navío llegó tal como la serpiente había predicho. Así que fui, trepé a un árbol alto y desde allí reconocí a los que se hallaban en el barco.13 Fui inmediatamente a comunicarle esta noticia, pero me encontré con que ya la sabía, puesto que me dijo:
   -¡Buena suerte, buena suerte, vasallo, vete a tu morada, reúnete con tus hijos y que tu nombre tenga buena fama en tu ciudad; he aquí lo que te deseo!
    Entonces me eché boca abajo con las manos tendidas hacia ella y me ofreció mirra, perfume de aclamación, ungüentos, cañafístula, pimienta, afeites, polvo de antimonio, semillas de ciprés, cierta cantidad de incienso, colas de hipopótamo, dientes de elefante, de lebreles, de babuinos, de jirafas y toda clase de fantásticas riquezas. Lo cargué todo en el barco y luego, echándome boca abajo adoré a la serpiente. Ella me dijo:
    -He aquí que llegarás a tu país en dos meses, estrecharás a tus hijos contra tu pecho y luego irás a renovarte a tu tumba.
    Luego, descendí a la orilla, al lugar donde estaba el navío, y llamé a los soldados que allí se encontraban. Una vez en la orilla repetí mi agradecimiento al señor de la isla y los que estaban en el navío hicieron lo mismo.
    Volvimos al norte, a la residencia del soberano, y llegamos a palacio el segundo mes, tal como la serpiente había predicho. Me presenté ante el soberano y le ofrecí los regalos que había traído de la isla y él me adoró en presencia de los prohombres de todo Egipto. Y he aquí que hicieron de mí un servidor y tuve como recompensa hermosas esclavas. Dígnate mirarme, ahora que he vuelto a tierra de Egipto, después de haber visto y experimentado estas pruebas. Escúchame, pues he aquí que es bueno para los hombres escuchar.
    El príncipe me dijo: "¡No pierdas el tiempo, amigo mío! ¿Quién daría agua a una oca la víspera del día en que va a ser degollada?".
Traducción de Mercè Comes
sobre la versión francesa anotada y comentada 
de Gaston Maspero

Cuentos egipcios

1. El país de Uauat corresponde a la parte de Nubia situada más allá de la segunda catarata; Senmut es el nombre que en los monumentos se da a la isla de Bigeh, frente a Filae, a la entrada de la primera catarata.
2. Al parecer hay aquí una alusión a la costumbre de cubrir la cara de los criminales cuando se los lleva al suplicio. La orden: "¡Que le velen el rostro!", equivale pues a una condena.
3. Se supone que el rey entrará en cólera cuando conozca la pérdida del barco.
4. Si admitimos que se trata del codo real de cincuenta y dos centímetros, el navío mediría alrededor de setenta y ocho metros de eslora por veintiuno de manga, lo que, aun teniendo en cuenta que las barcas egipcias eran muy grandes, nos da unas dimensiones exageradas. Los navíos de la reina Hatshepsut, contruidos para las regatas, no sebrepasaban los veintidós metros de eslora y debían de llevar aproximadamente unos cincuenta hombres de tripulación. El navío de nuestro cuento pertenece, pues, por su tamaño y por el número de sus marineros, a la categoría de barcos fabulosos de los que encontramos tantos ejemplos en las literaturas populares de todos los países.
5. Quizá debería considerarse la ceremonia mencionada en el texto como una auténtica invocación; es posible que entre las plantas que usó el náufrago para encender el fuego de su sacrificio se encontraran algunas que tenían el poder de invocar al genio de la isla, sin que el propio náufrago tuviera intención de realizar un rito mágico.
6. El náufrago toma la palabra bruscamente para excusar su falta de respuesta a la intimidación de la serpiente. El pánico le ha hecho perder el sentido y ni siquiera oye lo que le está diciendo. Hay un pasaje parecido en las "Memorias de Sinuhé".
7. Es la postura con la que los monumentos nos muestran al suplicante o al inferior ante su superior.
8. El doble es el alma egipcia: la isla del Doble es pues una isla habitada por las almas bienaventuradas. Otros autores le dan el nombre de isla de Ka, isla Encantada o isla de los Víveres.
9. Es la única mención de una estrella fugaz que he encontrado hasta el momento en los textos y muestra la idea que se hacían los egipcios de este fenómeno. Consideraban que la masa estaba habitada por genios que salían en el momento del choque y caían devorados por sus propias llamas; el ejemplo de la joven parece indicar que existía la creencia de que algunos de estos genios podían sobrevivir y aclimatarse a nuestra tierra.
10. El texto dice literalmente "olerás a tu mujer". Los bajorrelieves nos muestran el gesto que reemplaza al beso entre los egipcios. El rey y el dios o la diosa ponen en contacto sus narices y se aspiran mutuamente el aliento.
11. Se decía que los dioses y los reyes de Egipto tenían siete almas, cada una de las cuales respondía a una cualidad. Describir las almas de un personaje significaba trazar su retrato, fuera físico o moral: el náufrago trata a la serpiente de divinidad egipcia y le habla de sus almas para adularla.
12. El perfume de aclamación era uno de los siete óleos que, según los cánones, se ofrecían durante el sacrificio a los dioses y a los muertos. La composición no nos es conocida, pero el nombre proviene probablemente de las invocaciones con que se acompañaban la fabricación o la presentación.
13. Evidentemente, el narrador comprendió que los marineros eran aquellos mismos con los que había partido de Egipto y que habían perecido en el momento del naufragio. Se trata de un prodigio más, del que no hay que asombrarse en una narración de tipo fantástico como ésta.

domingo, 24 de mayo de 2015

Poesía para niños/ 11 - Mi sombra - Robert L. Stevenson - Escocia


My Shadow

I have a little shadow that goes in and out with me,
And what can be the use of him is more than I can see.
He is very, very like me from the heels up to the head;
And I see him jump before me, when I jump into my bed.
The funniest thing about him is the way he likes to grow,
Not at all like proper children, which is always very slow;
For he sometimes shoots up taller like an india-rubber ball,
And he sometimes goes so little that there’s none of him at all.
He hasn’t got a notion of how children ought to play,
And can only make a fool of me in every sort of way.
He stays so close behind me, he’s a coward you can see;
I’d think shame to stick to nursie as that shadow sticks to me!
One morning, very early, before the sun was up,
I rose and found the shining dew on every buttercup;
But my lazy little shadow, like an arrant sleepy-head,
Had stayed at home behind me and was fast asleep in bed.


Mi sombra

Mi sombra es más bien pequeña y va siempre conmigo,
pero su provecho para mí es desconocido.
Es idéntica a mí, tenemos igual tamaño
y la veo ir delante si a la cama salto.
Lo más peculiar en ella es que crece a su antojo,
no como lo hacen los niños, siempre poco a poco;
porque a veces se alarga como si fuera goma,
y otras se encoge tanto, que de pronto se borra.
No tiene idea alguna de cómo juega un niño,
y siempre sabe cómo ponerme en ridículo.
Es miedosa, yo lo sé por cómo se me pega.
Pero yo actúo igual, ¡me pego a mi niñera!
Una mañana temprano, antes de salir el sol,
me levanté y vi brillar el rocío en cada flor;
pero mi pequeña sombra, somnolienta y vaga,
no me acompañó esta vez, prefirió quedarse en cama.
De Jardín de versos para niños

viernes, 22 de mayo de 2015

Poetas de Al-Andalus/Sefarad/ 17 - Fragmento de Los genios literarios - Ibn Suhayd - Al-Andalus


Los poetas
7. El compañero de al-Mutanabbi
[...]
El rayo repetía, y con su dedo,
apuntaba al astro de aquellas colinas.
Sobre ellas tejieron las manos de nubes
túnicas que eran amarillas y blancas.
La noche pasé en vela apacentando
las estrellas del Cielo, y también otras
que tenían orto, pero no ocaso:
éstas eran flores con la boca abierta
ante las ubres de las cargadas nubes.
Qué majestuosas, ellas desfilaban
como negras tropas con dorados sables.
El Cielo giró con sus estrellas blancas,
era como el mar coronado de espuma.
Estrellas plantadas, como los narcisos,
junto al río que va a la Vía Láctea.
Verás que Géminis indica, al ponerse,
ocaso de un trono que no tiene apoyo.
Sobre baches rojos cae Aldebarán,
halcón en el nido donde están las Pléyades.
De noche la luna es alberca en que beben,
como si palomas fueran, las estrellas.
La noche es mi angustia, lágrimas los astros,
que caen de pena por un tiempo injusto.
Las estrellas bajan y desaparecen:
tal es el destino de la inteligencia.
Y verás que aquellos que les sucedieron,
por ser ignorantes tuvieron sus cargos.
No puede ser bueno, en el mundo, nadie
que no esté educado en los viejos principios.
Muchos asnos veo montando a caballo
y lloran mis ojos por los que relinchan.
Cuántos secretarios veo incapaces
de empezar sus cartas con prosa adornada.
Cuántos alfaquíes a Dios no contemplan:
creen que ser piadoso es saber doctrinas.
Y cuántos soldados, que arrastran sus lanzas,
parecen doncellas que llevan sus husos.
Nunca mis deseos fueron satisfechos,
yo fui traicionado, forzado a buscarlos
en jardines falsos, llenos de mentiras.
Tal es el destino de los ashdjaíes,
de un alma que nunca cedió a los vicios.
Si hubiera nacido bajo buena estrella,
Saturno nefasto me hubiera acogido.
Ya que se desborda mi mar de elocuencia,
y apagar yo puedo los rayos del sol,
elevo mi elogio al mejor de los hombres,
no espero, por ello, recompensa alguna.
Elocuente soy, incluso cuando callo,
por más que la envidia daño me haya hecho.
[...]
Traducción de Julio Samsó y Leonor Martínez

miércoles, 20 de mayo de 2015

Literatura y jazz/ 50 - Canción para Billie Holiday - Pere Gimferrer - España

'Melancholy Blues. Billie Holiday & Band' - Nenad Mirlovich
                    Y la muerte
                                    nadie la oía
pero hablaba muy cerca del micrófono

Con careta antigás daba un beso a los niños

Lady Day las gaviotas heridas vuelven a la luz del puerto
Extraña fruta en el aire el crepúsculo se ausenta
Con una espada con un guante con una bola de cristal
la pecera magnética la cueva del pasado el submarino bajo las
              mareas que fulgen
Lady Day cuánto amor en una juventud cuántos errores
              cuántas tardes hablando qué deseo qué eléctricos
              jazmines
cuántos cow-boys muertos como trovadores la sonrisa en los
              labios que se tiñen de sangre
los gritos en las calles las manifestaciones disueltas bajo el
              arco voltaico del poniente y los lóbregos edificios
              irreales
Lady Day el amor como una libélula
cazador de libélulas
Lady Day qué despacio nos viene la experiencia todo cobra un
              sentido se ordena como el paisaje en los ojos cuando
              recién despiertos corremos las persianas
o intentamos ordenar las palabras de un
                                         poema
                                                     Lady Day
Animales heridos en el bosque nuestros ojos qué piden qué
              desean
qué desea esta voz en el viento de otoño un lebrel o su presa
              disueltos en la fría oscuridad del tiempo
escamoteados como naipes de una baraja los años de nuestra
              juventud
Con dos vueltas de llave cerraron la cocina
No nos dan mermelada ni pastel de cereza
ni el amor ni la muerte extraña fruta que deja un sabor ácido.

Adiós a Storyville - Fragmento de la película New Orleans, dirigida por Arthur Lubin en 1947

Recuperamos esta entrada para la serie.

lunes, 18 de mayo de 2015

Poesía del vino/ 18 - Carmina XXVII - Catulo - Roma


Muchacho que nos sirves el añejo Falerno, lléname las copas de un vino más fuerte, como lo ordena la ley de Postumia, nuestra reina,1 más ebria que un grano de uva ebrio. Y vosotras, aguas, marchaos a donde os plazca, peste del vino; emigrad entre la gente austera: aquí sólo hay puro vino tioniano.2
Traducción  y notas de Miguel Dolç

1 Los comensales la habían elegido para presidir el festín como reina: ella ordenaba la calidad de los vinos, el número de copas que se debían servir y el reparto de los manjares.
2 En los banquetes el vino era mezclado con agua, en partes iguales al principio; después iba en aumento la proporción del vino. Con vino tioniano se refiere al propio de Tioneo o Baco, es decir, vino sin mezcla.