Varios - Jazzuela (el jazz en 'Rayuela')

jueves, 24 de julio de 2014

Cuento sin moraleja - Julio Cortázar - Argentina


    Un hombre vendía gritos y palabras, y le iba bien, aunque encontraba mucha gente que discutía los precios y solicitaba descuentos. El hombre accedía casi siempre, y así pudo vender muchos gritos de vendedores callejeros, algunos suspiros que le compraban señoras rentistas, y palabras para consignas, esloganes, membretes y falsas ocurrencias.
    Por fin el hombre supo que había llegado la hora y pidió audiencia al tiranuelo del pais, que se parecía a todos sus colegas y lo recibió rodeado de generales, secretarios y tazas de café.
    -Vengo a venderle sus últimas palabras -dijo el hombre-. Son muy importantes porque a usted nunca le van a salir bien en el momento, y en cambio le conviene decirlas en el duro trance para configurar fácilmente un destino histórico retrospectivo.
    -Traducí lo que dice- mandó el tiranuelo a su interprete.
    -Habla en argentino, Excelencia.
    -¿En argentino? ¿Y por qué no entiendo nada?
    -Usted ha entendido muy bien -dijo el hombre-. Repito que vengo a venderle sus últimas palabras.
    El tiranuelo se puso en pie como es de práctica en estas circunstancias, y reprimiendo un temblor, mandó que arrestaran al hombre y lo metieran en los calabozos especiales que siempre existen en esos ambientes gubernativos.
    -Es lástima- dijo el hombre mientras se lo llevaban-. En realidad usted querrá decir sus últimas palabras cuando llegue el momento, y necesitará decirlas para configurar fácilmente un destino histórico retrospectivo. Lo que yo iba a venderle es lo que usted querrá decir, de modo que no hay engaño. Pero como no acepta el negocio, como no va a aprender por adelantado esas palabras, cuando llegue el momento en que quieran brotar por primera vez y naturalmente, usted no podra decirlas.
    -¿Por qué no podré decirlas, si son las que he de querer decir? -preguntó el tiranuelo ya frente a otra taza de café.
    -Porque el miedo no lo dejará -dijo tristemente el hombre-. Como estará con una soga al cuello, en camisa y temblando de frío, los dientes se le entrechocarán y no podrá articular palabra. El verdugo y los asistentes, entre los cuales habrá alguno de estos señores, esperarán por decoro un par de minutos, pero cuando de su boca brote solamente un gemido entrecortado por hipos y súplicas de perdón (porque eso si lo articulará sin esfuerzo) se impacientarán y lo ahorcarán.
    Muy indignados, los asistentes y en especial los generales, rodearon al tiranuelo para pedirle que hiciera fusilar inmediatamente al hombre. Pero el tiranuelo, que estaba-pálido-como-la-muerte, los echó a empellones y se encerró con el hombre, para comprar sus últimas palabras.
    Entre tanto, los generales y secretarios, humilladísimos por el trato recibido, prepararon un levantamiento y a la mañana siguiente prendieron al tiranuelo mientras comía uvas en su glorieta preferida. Para que no pudiera decir sus últimas palabras lo mataron en el acto pegándole un tiro. Después se pusieron a buscar al hombre, que había desaparecido de la casa de gobierno, y no tardaron en encontrarlo, pues se paseaba por el mercado vendiendo pregones a los saltimbanquis. Metiéndolo en un coche celular, lo llevaron a la fortaleza, y lo torturaron para que revelase cuáles hubieran podido ser las últimas palabras del tiranuelo. Como no pudieron arrancarle la confesión, lo mataron a puntapiés.
    Los vendedores callejeros que le habían comprado gritos siguieron gritándolos en las esquinas, y uno de esos gritos sirvió más adelante como santo y seña de la contrarrevolución que acabó con los generales y los secretarios. Algunos, antes de morir, pensaron confusamente que todo aquello había sido una torpe cadena de confusiones y que las palabras y los gritos eran cosa que en rigor pueden venderse pero no comprarse, aunque parezca absurdo.
    Y se fueron pudriendo todos, el tiranuelo, el hombre y los generales y secretarios, pero los gritos resonaban de cuando en cuando en las esquinas.
De Material plásico (Historias de Cronopios y de Famas)

martes, 22 de julio de 2014

Lieteratura y ciencia/ 10 - Literatura satírica y burlesca/ 33 - Médico que para un mal que no quita, receta muchos - Francisco de Quevedo - España


La losa en sortijón pronosticada1
y por boca una sala de vïuda2,
la habla entre ventosas3 y entre ayuda4,
con el "Denle a cenar poquito o nada".

La mula, en el zaguán, tumba enfrenada;
y por julio un "Arrópenle si suda;
no beba vino; menos agua cruda;
la hembra, ni por sueños, ni pintada".

Haz la cuenta conmigo, doctorcillo:
¿para quitarme un mal, me das mil males?
¿Estudias medicina o Peralvillo?5

¿De esta cura me pides ocho reales?
Yo quiero hembra y vino y tabardillo6,
y gasten tu salud los hospitales.
1 Los médicos solían llevar en el pulgar una sortija con una piedra tan grande (sortijón) que cuando tomaban el pulso a un enfermo parecían pronosticarle la losa (la tumba). 
2 Sala de viuda: por la negrura en el interior de la boca del paciente. Juega con la idea de la muerte. 
3 Ventosa: especie de vaso de vidrio de boca ancha en cuyo interior se colocaba un algodón impregnado de alcohol que se encendía e inmediatamente se apoyaba sobre la espalda del paciente. 
4 Ayuda: enema. 
5 Peralvillo es una localidad de la Mancha, cercana a Ciudad Real,  que tenía fama como lugar de ejecuciones de la Santa Hermandad. 
Sancho Panza: "¡qué mucho que tema no ande por aquí alguna región de diablos que den con nosotros en Peralvillo?".
6 Tabardillo: tifus. 

domingo, 20 de julio de 2014

Literatura y jazz/ 33 - Fragmento de Blues People. Música negra en la América blanca - LeRoi Jones (Amiri Baraka) - Estados Unidos


[...] Si bien es cierto que el bebop fue una música de extremada audacia, también lo es que se basaba en la única idea que podía devolver la vitalidad y la belleza al jazz contemporáneo. Pero lo que el bebop hizo fue algo extremecedor. El bebop fue el coup de grâce, la idea que apartó bruscamente el jazz del vivir de la clase media negra (pese a que, tal como he indicado antes, las raíces de este apartamiento son tan antiguas como el primer negro a quien se confiaron tareas de criado doméstico). Los negros de la clase media dejaron de interesarse por el jazz. Para ellos, igual que para el norteamericano medio, el bebop era "raro" u "oscuro". No tenía nada que ver con los nuevos jordanes de la clase media. Y tal como he dicho, la música de mediados de la década de los cuarenta también comenzó a ser clasificada bajo la famosa etiqueta peyorativa de "arte", palabra que significa una realidad superflua y algo que le induce a uno a creer que ser un individuo humano es importante. El bebop carecía de "función". "Uno no puede bailar el bebop" era la constante frase de ataque, lo cual, y prescindiendo de su improcedencia, no deja de ser mentira. En nuestra adolescencia, mis amigos y yo contestábamos poniendo el énfasis en el pronombre: " no puedes bailarlo", y añadíamos en un susurro: "En realidad, tampoco sabes bailar cualquier otra cosa". Sin embargo, quizá no sea inútiil advertir que la melodía de uno de los bebops originales de Charlie Parker, titulado "Now's the time" (Ahora es el momento), fue utilizado por los cultivadores del blues como melodía de un desaforadamente popular número de rhythm and blues titulado "The hucklebuck", que la gente bailaba cada noche hasta caer derrengada. Temgo la seguridad de que "Ornithology", popular bebop de los años cuarenta, no podía utilizarse para convertir en un baile la tarea de recoger algodón en los campos de cultivo, pero también es cierto que los negros que compusieron esta música en modo alguno estaban dispuestos a dedicarse a recoger algodón. Los bugui-bugui que surgieron, y tuvieron carácter "funcional", en las fiestas caseras de los nuevos barrios negros, no eran más útiles que el bebop, en el sentido puramente mecánico. Pero toda música es funcional, igual que lo es todo arte, si puede ser utilizada por quienes la escuchan o por quienes la crean. Tendrá razón quien piense que el bebop de nada podría servir para cruzar el paralelo 40 (aunque ignoro qué utilidad puede tener esto último, a no ser que sea una exigencia de las tendencias emotivas de alguien), y tampoco serviría de gran cosa llevar gafas de cristales oscuros y gorritos, si lo que uno pretendía era trabajar en correos o ingresar en la facultad de medicina. Pero el bebop constituía un regalo para los jóvenes intelectuales blancos hambrientos de ritmo, así como para aquellos negros ajenos a las dudosas virtudes de la clase media blanca, que todavía eran capaces de aceptar las emociones procedentes de fuentes situadas fuera del lúgubre ámbito de la cultura popular estadounidense. [...]

Traducción de Carlos Ribalta
Now's The Time - Charlie Parker, 1945

Hucklebuck - Brendan Bowyer

viernes, 18 de julio de 2014

Para Janis Joplin - Alejandra Pizarnik - Argentina


    Hace unas pocas fechas, el poeta argentino Carlos Perrotti, amigo de este blog, nos recordaba (más bien nos descubría) este poema de Pizarnik, dedicado a la desdichada cantante Janis Joplin. 
    Alejandra, Janis: quizá dos almas gemelas.

a cantar dulce y a morirse luego
no: a ladrar.

así como duerme la gitana de Rousseau
así cantás, más las lecciones de terror.

hay que llorar hasta romperse
para crear o decir una pequeña canción,
gritar tanto para cubrir los agujeros de la ausencia
eso hiciste vos, eso yo.
me pregunto si eso no aumentó el error.

hiciste bien en morir.
por eso te hablo,
por eso me confío a una niña mostruo.
De Textos de sombra y últimos poemas, 1982
Cry Baby - Janis Joplin

miércoles, 16 de julio de 2014

Literatura satírica y burlesca/ 32 - Fragmento de Gargantúa y Pantagruel - François Rabelais - Francia


GARGANTÚA

CAPÍTULO LIV
INSCRIPCIÓN GRABADA SOBRE LA GRAN PUERTA DEL THÉLÈME

No entréis aquí, falsarios, santurrones,
hipócritas, rosmones, infautados,
pazguatos, mojigatos, beatones,
santones, salmodiantes, fantasmones,
cilicientos, meapilas, camuflados
pedigüeños, soplones sandaliados,
gorrones frailopines cizañosos,
llevaos vuestros abusos engañosos.

               Porque abusos tantos
               llenarían mis campos
               con vuestra maldad;
               y de falsedad
               turbarían mis cantos
               con abusos tantos.

No entréis aquí, curiales, escribanos
que al pueblo devoráis, jueces, notarios,
fariseos, escribas, ancianos
magistrados que a vuestros parroquianos
como a perros mandáis al capulario.
La horca habrá de ser vuestro salario.
¡Id allí a rebuznar! No hay aquí exceso
que os valga en vuestra curia algún proceso.

               Procesos, sesiones,
               entre diversiones,
               aquí, no proceden.
               ¡Ojalá se queden
               en vuestros cajones
               procesos, sesiones!

No entréis aquí, avaros usureros
que amasáis sin cesar, siempre golosos,
rapiñantes sin fin, tragadineros,
groseros jorobetas, tesoreros
que mil marcos juntáis y estáis quejosos.
Atesorad, seguid, no os deis reposo.
Amontonad, poltrones demacrados.
¡Mala muerte os sorprenda así ocupados!

               Rostros inhumanos.
               Afuera, villanos.
               Que aquí dentro estén
               no estaría bien;
               dejad estos llanos,
               rostros inhumanos.

No entréis aquí, torpísimos mastines,
de noche ni a maitines, recelosos,
no provoquéis sediciosos motines
larvas ruines, de Dangier paladines,
Griegos, Latines, más que lobos dañosos;
no entréis aquí, galicosos sarnosos,
los lobanillos llevad a otra guarida,
idos, costrosos, con vuestra honra perdida. [...]
           
Traducción de Juan Barja

lunes, 14 de julio de 2014

Fragmento de La Odisea - Homero - Grecia


CANTO XVII

   [...] Tal hablaban los dos entre sí cuando vieron un perro
que se hallaba allí echado e irguió su cabeza y orejas:
era Argos, aquel perro de Ulises paciente que él mismo
allá en tiempos crió sin lograr disfrutarlo, pues tuvo
que partir para Troya sagrada. Los jóvenes luego
lo llevaban a caza de cabras, cervatos y liebres,
mas ya entonces, ausente su dueño, yacía despreciado
sobre un cerro de estiércol de mulas y bueyes que habían
derramado ante el porche hasta tanto viniesen los siervos
y abonasen con ello el extenso jardín. En tal guisa
de miseria cuajado se hallaba el can Argos; con todo,
bien a Ulises notó que hacia él se acercaba y, al punto,
coleando dejó las orejas caer, mas no tuvo
fuerzas ya para alzarse y llegar a su amo. Éste al verlo
desvió su mirada, enjugóse una lágrima, hurtando
prestamente su rostro al porquero, y al cabo le dijo:
    "Cosa extraña es, Eumeo, que yazga tal perro en estiércol:
tiene hermosa figura en verdad, aunque no se me alcanza
si con ella también fue ligero en correr o tan sólo
de esa clase de canes de mesa que tienen los hombres
y los príncipes cuidan, pues suelen servirles de ornato."

    Respondístele tú, mayoral de los cerdos, Eumeo:
    "Ciertamente ese perro es del hombre que ha muerto allá lejos
y si en cuerpo y en obras hoy fuese lo mismo que era,
cuando Ulises aquí lo dejaba al partirse hacia Troya,
pronto echaras tú  mismo de ver su vigor y presteza.
Animal que él siguiese a través de los fondos umbríos
de la selva jamás se le fue, e igual era en rastreo.
Mas ahora su mal le ha vencido: su dueño halló muerte
por extraño país; las mujeres no se acuerdan de él
ni le cuidan; los siervos, si falta el poder de sus amos,
nada quieren hacer ni cumplir con lo justo, que Zeus
el tonante arrebata al varón la mitad de su fuerza
desde el día que hace presa en él la vil servidumbre."

    Tal habló, penetró en el palacio de buena vivienda
y derecho se fue al gran salón donde estaban los nobles
pretendientes; y a Argos sumióle la muerte en sus sombras
no más ver a su dueño de vuelta al vigésimo año. [...]

Traducción de José Manuel Pabón
Homero

Argos aparece al final del poema, cuando Odiseo (Ulises) regresa a Ítaca luego de luchar en la Guerra de Troya y deambular por el mar, tras veinte años de ausencia. Odiseo, para mejor enfrentar a sus enemigos, aparece con sus facciones disimuladas por Atenea y disfrazado de mendigo, de manera que nadie lo reconozca. Pero Argos, enfermo y descuidado, sí lo conoce y lo saluda trabajosamente con la cola. Odiseo, enterado de la fidelidad de su perro y de su estado actual, pero imposibilitado de responder el saludo, derrama una lágrima y sigue su camino. El perro, cumplida su misión de esperar veinte años a su amo, muere. (Wikipedia)

sábado, 12 de julio de 2014

Haikus/ 13 - Carlos Perrotti - Argentina


Pétalos de luz 
Entre las flores muertas 
Silba el viento 
***
La luna dora 
Las dunas inmóviles 
Desnudas horas
***
Huye el viento
El ayer se deshoja
Como un árbol 
***
La luna baja 
A beber su reflejo 
En el estanque 
***
Las espigas lucen 
Cabelleras 
De púas de rocío
***
Amanece en tus ojos
Tu aliento 
Envuelve mi voz
***
Rumor de hojarasca
En el agua
La luna palpita