Richie Beirach, Gregor Huebner, George Mraz - Round About Federico Mompou (2001)

jueves, 30 de octubre de 2014

Fragmentos de Viaje al fin de la noche - Louis-Ferdinand Céline - Francia


    Los hombres se aferran a sus cochinos recuerdos, a todas sus desgracias, y no se les puede sacar de ahí. Con eso ocupan el alma. Se vengan de la injusticia de su presente revolviendo en su interior la mierda del porvenir. Justos y cobardes que son todos, en el fondo. Es su naturaleza. [...]

   Os lo digo, infelices, jodidos de la vida, vencidos, desollados, siempre empapados de sudor; os lo advierto: cuando los grandes de este mundo empiezan a amaros es porque van a convertiros en carne de cañón. [...]

    Lo peor es que te preguntas de dónde vas a sacar bastantes fuerzas para seguir haciendo lo que has hecho la víspera y desde hace ya tanto tiempo, de dónde vas a sacar fuerzas para ese trajinar absurdo, para esos mil proyectos que nunca salen bien, esos intentos para salir de la necesidad agobiante, intentos siempre abortados, y todo ello para acabar convenciéndote una vez más de que el destino es invencible, de que hay que volver a caer al pie de la muralla, cada noche, con la amenaza del día siguiente, y cada vez más precario, más sórdido. Ya no nos queda demasiada música dentro para hacer bailar la vida: ahí está. Toda la juventud ha ido a morir al fin del mundo en el silencio de la verdad. ¿Y a dónde ir, fuera, decidme, cuando no llevas contigo la suma suficiente de delirio? La verdad es una agonía que nunca acaba. La verdad de este mundo es la muerte. Hay que escoger: morir o mentir. Yo nunca he podido matar. [...]

    Perdemos la mayor parte de la juventud a fuerza de torpezas. Era evidente que me iba a abandonar mi amada, del todo y pronto. Yo no había aprendido aún que existen dos humanidades muy diferentes, la de los ricos y la de los pobres. Necesité, como tantos otros, veinte años y la guerra, para aprender a mantenerme dentro de mi categoría, a preguntar el precio de las cosas antes de tocarlas y, sobre todo, antes de encariñarme con ellas. [...]

    -"De acuerdo -respondió ella-. Acompáñame hasta mi casa y te daré un poco de dinero y después te vas a donde quieras." Quería dejarme tirado en plena noche y lo antes posible. Cosa normal. De tanto verte expulsado así, a la noche, has de acabar por fuerza en alguna parte, me decía yo. Era el consuelo. "Ánimo, Ferdinand -me repetía a mí mismo, para alentarme-, a fuerza de verte echado a la calle en todas partes, seguro que acabarás descubriendo lo que da miedo a todos, a todos esos cabrones, y que debe encontrarse al fin de la noche. ¡Por eso no van ellos hasta el fin de la noche! [...]

    En la fatiga y la soledad se manifiesta lo divino en los hombres. [...]
Louis-Ferdinand Céline

  Céline publicó Viaje al fin de la noche en 1932. Catorce años más tarde, en el prólogo a una nueva edición, escribe:

¡Vaya!, de nuevo ponen el "Viaje" en marcha.
¡Me da no sé qué!
Han pasado muchas cosas en catorce años.
Si no me viera tan forzado, obligado a ganarme la vida, te lo digo en seguida, lo suprimiría todo.     No dejaría pasar ni una línea.
Todo está mal enfocado. He hecho demasiado daño. [...]
El mundo de las intenciones me divierte... me divertía... ya no me divierte.
Si no me viera tan astringido, forzado, suprimiría todo... sobre todo el "Viaje"... De todos mis libros, el único verdaderamente dañino es el "Viaje"... Yo me entiendo... El fondo sensible...
¡Todo va a empezar de nuevo! ¡El aquelarre! Oirás gritar desde arriba, de lejos, de lugares sin nombre: palabras, órdenes...
¡Verás qué tiovivo!... Ya me dirás...
¡Ah, no vayas a creer que es un juego! Ya no juego... ni siquiera soy amable.
Si no estuviese ahí totalmente obligado, como en pie, la espalda contra algo... lo suprimiría todo.

martes, 28 de octubre de 2014

domingo, 26 de octubre de 2014

Premio Príncipe de Asturias de las Letras 2014 / Fragmentos - John Banville - Irlanda


Fragmentos de La carta de Newton
Me fallan las palabras, Clío. ¿Cómo pudiste seguirme el rastro?, ¿dejé en la nieve manchas de sangre? No intentaré disculparme. Quiero simplemente explicar, más bien, para que los dos podamos entender.  [...] He abandonado mi libro. Pensarás que estoy loco. Siete años le entregué...¡siete años! ¿Cómo puedo hacerte entender que ese proyecto es algo imposible para mí, cuando ni yo mismo lo entiendo? ¿Debo decir que he perdido la fe que tenía en la primacía del texto? Ahora no hacen más que interponerse en el camino personas reales, objetos, paisajes incluso. [...]

Oh, no estoy desesperado, ni mucho menos. Siento a mi alrededor la primavera, su trascendencia, su poder despreocupado. En estas extensiones congeladas florecen las emociones. Me paro a veces, contemplando una colina blanca con la porcelana tierna del cielo detrás, y siento una sensación tal de... de algo, no sé. En esa pantalla blanca aparecen cosas de todo tipo: la casa, un castaño, una ventana obscura en la que se refleja un rostro. Oh, y otras cosas, demasiadas para que pueda mencionarlas.
La carta de Newton, 1982

Fragmentos de El mar
Me asombra lo poco que ha cambiado en los más de cincuenta años transcurridos desde la última vez que estuve aquí. Me asombra, y me decepciona, e incluso diría que me aterra, por razones que se me hacen oscuras, pues ¿por qué iba a desear algún cambio, yo, que he vuelto para vivir entre los escombros del pasado? [...] Se supone que la vida, la auténtica vida, es una lucha, una acción y una afirmación inagotables, la voluntad embistiendo con su cabeza roma contra la pared del mundo, cosas por el estilo, pero cuando vuelvo la vista atrás me doy cuenta de que la mayor parte de mis energías se dedicaron siempre a la simple búsqueda de cobijo, de comodidad, de sí, lo admito, un rincón acogedor. Comprenderlo se me hace sorprendente, por no decir escandaloso. Antes me veía como una especie de bucanero que se enfrentaba a todo el que se me ponía a tiro con un alfanje entre los dientes, pero ahora me veo obligado a reconocer que me engañaba. Esconderme, protegerme, guarecerme, eso es lo único que realmente he querido siempre, amadrigarme en un lugar de calor uterino y quedarme allí encogido, oculto de la indiferente mirada del sol y de la severa erosión del aire. Por eso el pasado supone para mí un refugio, allí voy de buena gana, me froto las manos y me sacudo el frío presente y el frío futuro.
El mar, 2005

Fragmentos de Los infinitos
Cuenta. Los pasos que da hasta llegar al colegio. Las veces que el profesor dice determinada palabra en clase. Al volver a casa cuenta las grietas que hay en la acera, los hombres con quien se encontrará y las mujeres que verá, los latidos que le separan de un poste de telégrafo a otro, las veces que cantará el pájaro en aquella rama antes de que pase por debajo del árbol. Por la noche cuenta los latidos de su corazón. La imposibilidad de exactitud lo atormenta. Tantos de esto, tantos de lo otro, pero ¿cuándo algo que constituya la unidad? [...]

Y luego está la cuestión del tiempo. ¿Qué es por ejemplo un instante? Horas, minutos, segundos, ésos incluso resultan comprensibles, porque pueden medirse con el reloj, pero ¿qué quiere decir la gente cuando habla de un momento, un rato –un santiamén-, un abrir y cerrar de ojos? Solo son palabras, desde luego, pero rondan abismos silenciosos. ¿Fluye realmente el tiempo o es una sucesión de instantes inquietos que avanzan con tal rapidez que nos parecen unirse en una sola oleada inquebrantable? O es simplemente una gran quietud, que se extiende en todas direcciones, a través de la cual nos movemos como nadadores arrostrando un mar apático, infinito? ¿Y por qué ha de variar? ¿Por qué el tiempo de un dolor de muelas es tan diferente del tiempo que pasa comiendo una golosina, uno de los muchos dulces que con el tiempo van a causarle otra caries? Hay luces en el cielo que se alejaron de su fuente hace mil millones de años. Pero ¿son luces? No, solo luz, fluyendo sin cesar, moviéndose, a cada instante.
Todo se difumina por los bordes, todo se filtra por todo lo demás. Nada está aparte. [...] 

…y pensé en lo indecisos que son estos humanos, cómo tantean y exploran sus motivos, ocultando sus deseos, sus esperanzas e inquietudes a los otros y a sí mismos, eternos niños que son. [...]
Los infinitos, 2009

viernes, 24 de octubre de 2014

De visita - Jon Juaristi - España


Cuando llegue la hora, no hagas ruido.
La casa bulliciosa
olvidará tu paso al poco de irte
como se olvida un sueño desabrido.

No te valdrá el amor ni la paciente
entrega a su cuidado.
Márchate silenciosa,
suavemente.

Entre sus moradores, alguien crece
para quien defendiste la techumbre,
los muros y los altos ventanales
donde la luz cernida comparece
cada nueva mañana.

Es la costumbre:
Permanecer no entraba en el contrato
y es preciso partir
(de todos modos,
no pensabas quedarte mucho rato).
De Diario de un poeta recién cansado

miércoles, 22 de octubre de 2014

Poemas en forma de artefacto - Roger Wolfe - Inglaterra-España


1. Sofisma

Y ahora
que estás
en España
que como
ya sabrás
es un país
en el que impera
el Estado
de Derecho
nunca olvides
que tu libertad
termina
donde empieza
la libertad
de los demás
le dijo
el funcionario
del Ministerio
del Interior
al inmigrante
magrebí.


2. Derecho

Tienes derecho
a expresar
libremente
todo aquello
que te esté permitido decir.

lunes, 20 de octubre de 2014

Sin objetivo - David González - España


una fotografía
en blanco y negro.

una mujer
de principios
de siglo
desnuda
en un estudio
de parís.

no debo olvidarla nunca.

con el tiempo,
yo también puedo
llegar a ser eso:

una fotografía
en blanco y negro.

y tendré suerte,
muchísima suerte,

si alguien,

algún día,

en alguna parte,

me
mira.

sábado, 18 de octubre de 2014

Sirius - Fernando Garcín - España


Lo que sé del vino
sólo lo entiendo
cuando bebo.
La rueda de la vida
es fragilidad locura calma.
Fragilidad
locura
calma.
Que no tenga sentido
me trae sin cuidado.
Tiene belleza y es espantoso.
No me vanaglorio.
Trato de engrasar la rueda
todos los días
sin olvidarme de que existes.
No puedo olvidar que estás
porque eres lo que no soy,
lo que me hace escribir y no hacerlo.
Puedes acompañarme cuando quieras
pero no me preguntes nunca
cuánto falta para llegar.
De Eclipse