Varios - The Bach Variations (1994)

sábado, 6 de febrero de 2016

Cant vey li temps camgar e·nbrunusir - Jordi de Sant Jordi - España


Aunque alguna vez se ha discutido la atribución de la siguiente Pasión de amor según Ovidio, lo cierto es que ya el Marqués de Santillana la consideró, junto con el poema que comienza Tots jorns aprench e desaprench ensemps, una de las mejores obras de Jordi de Sant Jordi. La versión conservada (en un único manuscrito misceláneo, con el título en latín y sin indicación de autor) puede definirse como "métricamente  vacilante y desajustada (en el cómputo silábico y en las rimas), poblada de lagunas y tal vez afectada por alguna interpolación" (Aniello Fratta). El poema sigue un tenue hilo narrativo de carácter alegórico (al modo del muy influyente Roman de la Rose) al que se incorporan, como pedía la tradición no sólo trovadoresca del centón, citas intercaladas de versos ajenos y alguno propio (en cursiva en el texto).

Cant vey li temps camgar e·nbrunusir,
que non aug chant d'auzellh, voltes ne lay,
me sent al cor un tal smay
quant mi recort
que per amor Jesús pres mort
e tuig li san,
e pens d'amor lo bell afan
que·m fa passar,
d'on vulh Ovidi reclamar
disent aysí:
qu·amor s'engendre de cor fi
e vertader,
e no de fals ne monsanger
ne veriable,
e tantost qu·és d'ayçò colpable
amor no·s dita,
que lay on sa met nez habita
ges no y atura.
Axí com fech dels quatre vents natura,
quez on plus van esforsen lur poder,
amor és sauber e poder
ffundat en saviesa,
e, per sa gran altesa,
desonestat no vol:
ffranquesa del tot col
ez ama son amich
e lunye·l de destrich.
Enquer vulh que sabgatz
que amor és amistats
sobre tots celhs qu·eu say enamorats,
e per res no sosté offensa ne barats,
axí com celh qui ama e no·s amatz.
E per ço ha pausat
prop de se un ostal,
on són fayt duy portal
ez en miey un chastelh,
aut e sobrer e belh,
on stà·l Dieu d'Amor
e conté çay Valor,
e diu en aut cridant:
"No·s merevelha si yeu xant
mils de nulh autre xantador."
[...................................]
Per l'un portal entrar
vos cové, que nomnar
se fa Joya e dir,
e per l'altro celhir
lo qual Dolor s'apelha.
[...................................]
Atressí com l'orifany,
qui quant chay no·s pot levar,
celh qu·en la porta vol entrar
on Joy stay,
que davant, amorós e gay,
tantost lo guia
ab xant d'auzelhs e melodia.
E puys avant l'aporta
aut en la sobirana porta,
on veu de virtuts canta:
"Vergier d'amor on nais la fina planta
que·b gran beutat gen spandex e brulha."
E cové·l que·s reculha,
que Joya ja pus no·l seguix,
car Voler tantost hix
que·l pren e·n fay gran festa.
[...................................]
L'aman ditz per fin·amistança:
"En lo ffront port vostra belha semblança,
de què mon cor nuyt e jorn fa gran festa."
Voler ab ray[s]ó presta
diu a l'ayman: "Amich,
[.............................. -ich]
entès hay dir per ver,
qui tinch per folh qui ama [e] no requer
dompna del món, ne·s fia·n lur semblan.
Per què t'amanaray denan
lo nostre Dieu,
[.............................. -eu]
c·axí·s cové."
Tantost és denant sa mercé
agenolhats,
lo Dieu d'Amor diu: "Ben venyats,
vós, novelhamén vengutz."
L'aman respon apercebutz,
ses alre dir:
"De vós mi vénon li desir
al cor ab sospir amorós."
E com sa veu ten abondós
e tan joyós, està·b reguart,
dubtós e certs ez arditz e coartz,
trists e gaugós, avars e franchs r brutz.
[.............................. -utz]
Dolor fay missatgiers
tentost dos lausangiers,
Envega e Malalengua,
manant a xascú d'éls que·l prengua
e·l lanssen ffora;
e, ses de mal autra demora,
de fayt exprés
liatz e betutz e malmés.
Ez elh crid·ab dolor:
"Bé m'an mort mi e lhor
mey hulh galiador."
Girant los hulhs al Dieu d'Amor
si·l deffendrà
ne Voler si l'emperarà,
ez aysí·n van,
que no·s curen de son afan
neguna gen.
Elh diu: "Tant hay lo cor en pensamén
del temps, com axí·l vey giratz,
que·l gaug m'és a tristor cangats
e·l plaser mi va dexandén."
E porten-lo-se'n ten vilmén
desenperatz,
e baten-lo fort per tot [.... -atz]
ab desesper.
Diu alt cridant: "Ay, ay, Voler!
Amor és perduda per ver,
ez hay ben fayt con folh en pon."
Ez ab aycest afan respon
ffins a la porta
on és Dolor, qui desconforta
e li demana:
"Ffolhs, ben haguist la testa vana:
com te meties
en aycest loch, e què y volies?
Di-m'o, si·t platz,
ne com est aysí malmanatz."
Respon dolén:
"En greu smay ez en greu penssamén
an mis mon cor ez en granda error
e·l lausanger e·l falç devinador,
abaxador de joy e de jovén.
Vet co m'an falssamén
abatutz [............... -ert],
e crey tot hom s'i pert
qui fay cest camí lonch.
Car aysí·m pren com fay al jonch,
qui non à frug, fulhes ni flor."
Dolor pus no cossén de por
que lay atur
perseverar lo sieu fur,
ans fort l'ampeny
dangerosamén ab endeny
ffora·l portal.
E clou les portes de l'hostal
e roman lay,
cridan ab gran votz d'esmay:
"Sí n'ay perdut mon sauber,
qu·a penes say on m'estau
ne d'on vench ne vas on vau,
ne què·m fau lo jorn ne·l ser,
car trasit suy en cresensa."

___________________________________________

Cuando veo que el tiempo se oscurece
y no oigo trinos, cantos ni repiques,
mi corazón siente un desmayo,
porque recuerdo
que por amor Jesús murió
y los santos también,
y pienso en el bello afán
que amor me da;
por ello convoco a Ovidio
diciendo así:
Que amor se engendra en corazón
puro y sincero,
no en el falaz ni mentiroso,
ni en el voluble;
si de estas cosas es culpable,
ya no es amor,
pues allí donde entra y mora
no permanece.
Como sucede con los cuatro vientos,
que cuando soplan más, más fuerza tienen,
amor es poderío
hecho de gran saber
y que, por su excelencia,
no admite indignidad:
cultiva la franqueza
y ama al que es su amigo
y del daño lo aleja.
También quiero que sepáis
que el amor es amistad
para cuantos están enamorados,
y no tolera ofensa ni artimaña,
igual que aquel que ama y no es amado.
Por eso ha levantado
un castillo que tiene
dos puertas laterales
y en el centro una torre
alta, soberbia y bella
donde está El Dios de Amor,
y dentro está Valor
que en voz muy alta dice:
"No es maravilla si canto
mejor que ningún otro cantor."
[...................................]
Allí os conviene entrar
por la puerta llamada
Gozo y debéis salir
por la otra que tiene
el nombre de Dolor.
[...................................]
Igual que el elefante,
que cuando cae no puede levantarse,
el que desea entrar
por la puerta de Gozo
es por éste guiado
alegre y amosoro
entre el canto armonioso de las aves.
Y lo conduce en alto
a la puerta suprema
y allí una voz de gran virtud le canta:
"Vergel de amor donde la fina planta
con gentil gallardía se abre y brota."
Busque allí su refugio,
pues Gozo lo abandona
y Querer sale al punto
a recibirlo haciéndole gran fiesta.
[...................................]
Por leal amistad dice el amante:
"Llevo en la frente vuestra bella estampa
y está mi corazón siempre contento."
Así Querer responde
presto al amante: "Amigo,
[...................................]
he oído decir por cosa cierta:
Loco está aquel que ama y no se fía
ni requiere de amor a dama alguna.
Por eso te llevaré
delante de nuestro Dios,
[..................................]
como conviene".
En cuanto se arrodilla
postrado ante su gracia,
el Dios de Amor le dice:
"Bienvenido seáis, recién llegado".
El amante responde con presteza
sin decir más:
"De vos me llegan los deseos
al corazón con hálito amoroso."
Como se ve tan exultante
y tan feliz, resta medroso,
dudoso y cierto, osado y apocado,
triste y alegre, avaro y franco y torpe.
[...................................]
Dolor envía como mensajeros
a un par de maldicientes,
Envidia y Malalengua;
les manda que lo atrapen
y lo expulsen de allí:
sin demorar el daño,
lo tienen al momento
atado, golpeado y maltratado.
Él grita de dolor:
"Bien me han matado a mí, y aun a sí mismos,
mis ojos engañosos."
Mira hacia el Dios de Amor
por ver si lo defiende
y si Querer lo ampara,
pero los dos se van,
pues nadie se preocupa
de su congoja. Y dice:
"Yo tengo tan cuitado el corazón
al ver el tiempo y todas sus mudanzas,
que se ha vuelto tristeza mi alegría
y mi deleite mengua sin descanso."
Y de allí se lo llevan
triste y desamparado,
y por todo su cuerpo
lo golpean con saña.
Y grita: "¡Ay, ay, Querer!
El amor, ciertamente, se ha perdido
y he hecho como el loco sobre el puente".
Prosigue en su lamento
y llega ante la puerta
de Dolor, que le dice
para su desconsuelo:
"Loco, cabeza hueca,
¿por qué has entrado aquí
y qué es lo que querías?
Dímelo, por favor,
¿por qué estás tan maltrecho?".
Doliente le responde:
"En gran pena, en gran cuita y en gran yerro
me han puesto el corazón los maldicientes
y los falsos espías, que malogran
siempre la juventud y la alegría.
Ved cómo, con falsía,
me han derrotado, y creo
que ha de perderse todo
el que siga esta senda.
Porque soy como el junco,
que no tiene fruto, ni hojas, ni flor."
Dolor no consiente
que siga, por miedo
a perder su fuero,
y entonces lo empuja
con fuerza y desdén
fuera del castillo.
Y cierra las puertas
y se queda allí,
gritando con ansia:
"He perdido en tal modo mi saber,
que a duras penas sé dónde me encuentro,
ni sé de dónde vengo, adónde voy,
ni qué hago de día ni de noche,
porque me han traicionado en mi creencia."
Comentario y traducción de José María Micó

jueves, 4 de febrero de 2016

Axí com són sus l'espera los signes / Midons - Jordi de Sant Jordi - España


La superioridad de la dama (a quien el poeta se dirige usando el término clásico de los trovadores, midons, 'mi señor', con obvias resonancias feudales) es certificada por el tono hiperbólico propio del panegírico y con una sucesión de comparaciones procedentes del ámbito teológico, para asegurar la condición espiritual y la potencialidad divina de las virtudes de "Reina de honor", entre las que destaca la castidad, en la línea de los elogios del dolce stil novo.

Axí com són sus l'espera los signes
per instruhir los scientals estròlechs,
són en midons totes virtuts insignes
que divissar pusquen alguns teòlechs,
les quals hi mès Dieu, qui n'à fay[t] retaules
perquè cascú, miran sa bella talla,
veja d'onor cap, pes, mans ez spaules,
e que, pensan en leys, ha més no falla.

Axí com dech a Moÿsès les taules
Dieu per guardar de ffallir lo se[u] pobles,
nos ha tramès, sens monsongues ne faules,
per nostre bé desay lo sieus cors nobles,
bé que l·és tals que tot lo món abarca
le renoms sieus, tant és valenz e casta;
per qu·eu l'apell archiu de prets e barca
e fruyt de ley, del qual nagú no tasta.

Sí com salvech Noè laïns en l'arca
tot ço que y mès en lo temps del dilluvi,
salva midons ley e çells de ssa marca,
ab son engeny, del vergoyable fluvi
qui pel món cor on trop negat per fama;
car leys és tals que no consén la taca
del perlamén ne de fayts ne de fama,
per qu·en lo preu d'onor son pretz stacha.

Sí com deffés Dieus lo fruyt de la rama,
que no·n mangés lo primer payre nostre,
deffín midons als qui per sieus reclama
qu·en fayts ni·n dits alguns viltats no·s mostre,
ne teme ges de perdre la persona
per far s·onor en montanya ne plassa;
e s·en aycests ella s·amistat dóna,
ez als volpels ab vergony·ls manassa.

Per qu·eu aysí com çells qui s'abandona
lansan-se en mar, vasén perda la fusta,
e preya Dieu que·ll desliure de l'hona,
me ren a ley hon gran valor s'ajusta,
sopleyant-la que·m retraga dels vicis
qui·m poden far perdre l'onor del segle,
qu·eu en tal punt en vey mos artificis,
qu·en perill visch, si per ley no m'aregle.


Tornada

Reyna d'onor, tots hòmens tench per nicis,
qui us vol d'amor sopplear ne requerre,
car hom no·s pot trobar en vós indicis
per què dejats causa semblan sufferre.

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Igual que están los signos en la esfera
con el fin de instruir a los astrólogos,
así en midons están todas las altas
virtudes que distinguen los teólogos.
Dios las ha puesto, como en un retablo
en cuya excelsa talla todos vean
el honor, de los pies a la cabeza,
y así, al pensar en ella, nunca pequen.

Igual que Dios le dio a Moisés las tablas
y así impidió el pecado de su pueblo,
nos transmitió sin fábulas ni engaño
para bien nuestro su persona noble;
porque ella es tal, que su renombre abarca
el mundo entero, por valiosa y casta:
archivo y barca de virtud la llamo,
fruto de rectitud que nadie cata.

Así como Noé salvo en el arca
tantas cosas en tiempos del diluvio,
midons se salva, y salva así a los suyos,
por su ingenio, del río vergonzoso
que por el mundo corre y nos anega;
pues ella es tal, que no tolera mancha
de habladuría en hechos ni en palabras,
porque a prez de honor liga su mérito.

Como Dios prohibió el fruto del árbol
a nuestro primer padre, así prohibe
midons a quien por súbdito reclama
mostrar vileza en obras o en palabras
y tener miedo de perder la vida
por defender su honor en campo y plaza.
Y si con su amistad premia a estos fieles,
con injuria amenaza a los cobardes.

En fin, así como el que al mar se lanza
cuando ya da la nave por perdida
y pide a Dios salvarse del naufragio,
me rindo a ella, muy valiosa dama,
y le ruego me aparte de los vicios
que hurtar me pueden el honor del mundo;
han llegado a tal punto mis ardides,
que en gran peligro estoy si no la sigo.


Tornada

Reina de honor, es necio todo hombre
que de amor os suplica y os requiere,
pues no se puede hallar en vos indicio
de tolerancia con conductas tales.
Comentario y traducción de José María Micó

martes, 2 de febrero de 2016

Enyorament, anuig, dol e desir - Jordi de Sant Jordi - España


Como en el poema que comienza Sovint sospir, dona, per vós de luny, aunque destinado a otra dama y referido a una experiencia diferente, el poeta, "rico de amor y pobre de ventura", habla de la tristeza por la separación que ha supuesto su partida y de las consecuencias e inútiles paliativos (el recuerdo, la imaginación, el sueño) de la ausencia, que sólo podrá remediarse con el reencuentro.

Enyorament, anuig, dol e desir
m'an dat asaut des que·m partí de vós,
tant fort que ja res no·m pot abellir,
e tot quant vey plasent m'és anujós.
Tant m'à fet mal lo vostre departir,
que m'entrenyor com no us vey com solia,
e per gran dol sovint lans mant sospir,
sí qu·ay pazós que desir no m'aucia.

Ha, cors gentil, quant de vós me partí
he us vi sus alt al vostre mirador,
morir cugey, tan greu dolor sentí:
axí·m destreny de son poder amor!
Mas com forsat heu forcí mon voler
e pris comjat de vós, gauig de ma vida,
planyent, plorant ez ab greu desesper,
maldint lo jorn de ma trista partida.

Si bé dellay visquei ab desplaser
per los gelós que us n'avien lunyat,
mas sols quant heu vos podia vezer,
encontinent tot l'àls m'er·oblidat;
mas are·m veig de tot plaser absent,
carguat d'amor e paubre de ventura,
no vasent vós, que us ham tan finamente,
e per açò morray si gayre·m dura.

Cant me recort en lo departiment
e pens en vós, me sembla que us vey clar:
en aycell punt me corr·un sentiment
per tot lo cors que·m fa los ulls plorar.
Puix vau al cor e fau-li dir cridant
ab agres veus: "Ay, hon est, ma senyora?
Hon est, mon bé? Perqu·eu muyr desitant
pel no veser." Tan forment vos enyora!

Enquer vos vey la nuyt en somiant,
de què·l meu cors pren un pauch de repòs,
e·l jorn aprés vau tot joyós pensant
com suy stats ab vostre donós cors;
per què us sopley vos vaja·l cor en me
un·or·al jorn per bona conexença,
car cant plus vau plus vos ham, per ma fe,
e plus m'entench en vostra benvolença.


Tornada

Na Ysabel, tant havets sobre me,
que, com no us vey, visch en fort penitença;
mas al pus tost e pus breu que poré
iray veser la vostra continença.


Tornada

Car lo meu cors és tant irat ab me
e tant felló per vostra departença,
que·m vol ausir e diu que, per sa fe,
tro us haja vist no m'haurà benvolença.

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La tristeza, el dolor y la nostalgia,
desde que me marché, me han asaltado
con tal fuerza, que ya nada me place
y todo lo que es bello me fastidia.
Tanto mal me ha causado la partida,
que me entristezco porque ya no os veo;
a causa del dolor siempre suspiro
y temo que el deseo me dé muerte.

Cuando me despedí, gentil criatura,
y os vi allá arriba en vuestro mirador,
estuve a punto de morir de pena:
así con su poder amor me rinde.
Mas, forzado, forcé mi voluntad
y me partí de vos, luz de mi vida;
lloré desesperado, maldiciendo
el día de mi triste despedida.

Si bien antes viví con gran tristeza
por los celosos que nos alejaban,
al menos os veía y me olvidaba
al momento de todo lo demás.
Pero ahora no conozco la alegría,
rico de amor y pobre de ventura,
porque no os veo a vos, a quien adoro,
y, de seguir así, moriré pronto.

Cuando recuerdo la partida y pienso
en vos, parece que muy claro os veo;
en ese punto me recorre el cuerpo
un sentimiento tal, que rompo en llanto;
después va al corazón y éste con fuerza
le grita: "¿Dónde estás, señora mía?
¿Dónde, mi bien? Que muero de deseo
porque no os veo". ¡Así es como os añora!

También os veo por la noche en sueños,
y así mi corazón reposa un poco,
y todo el día siguiente voy contento
imaginando que con vos he estado.
Por eso os ruego que penséis en mí,
por agradecimiento, una hora al día;
a fe que cada vez os amo más
y puedo aspirar más a vuestro amor.


Tornada

Doña Isabel, tanto podéis en mí,
que, si no os veo, vivo en penitencia;
pero lo antes que pueda acudiré
a ver cuál es vuestra disposición.


Tornada

Tan enfadado está mi corazón
conmigo, y tan airado en la partida,
que me quiere matar y, a fe, me dice
que no me querrá bien hasta que os vea.
Comentario y traducción de José María Micó

domingo, 31 de enero de 2016

Un cors gentil m'à tant enamorat / Debat - Jordi de Sant Jordi - España


El poeta refiere la disputa que sostienen sus ojos, su corazón y su pensamiento sobre quién de ellos tiene la primacía en el amor, enumerando con ello los síntomas acumulados de una enfermedad que puede conducir a la muerte a quien la padece. En este poema, como en el poema que comienza Enyorament, anuig, dol e desir, la aparición del nombre de la dama, Isabel, resulta desconcertante dentro de la convención cortés del secreto, aunque podría tratarse -circunstancia no menos rara- de un nombre propio falso usado como senhal. En cualquier caso, no sabemos quién fue.

Un cors gentil m'à tant enamorat
lo cor e·ls ulls e mon fin pensamén,
que nit e jorn n'estan en gran debat
qui l'amarà d'ells tres primeramén,
e vey tan fort a cascun d'ells ençés,
que no mi val saber a remeyar;
e vets com m'à e·n quin joch ella mes,
que mon las cors no u porà soportar!

Disen los ulls que no y cal debat jes,
qu·ells foren, cert, primers en lo triar
e qu·e son alt la vólgron mays que res,
car manta nit los cové despertar
al lit ploran, per desir que·ls ne ve
d'ella veser, que·ls fa viure y morir;
e per ayçò han gran raysó, per què
null hom del món no·ls pot res contradir.

Diu lo cor cert que·ls ulls saben molt bé
qu·en lo començ lo vench primer ferir
un dolç esguart; d'equell sol, las!, sosté
lo foch d'amor, qui·l fa tots temps languir,
sens que remey no sent d'alguna part,
qu·ell ha l'afan y els ulls han lo plaser;
per qu·és raysó qu·ell n'aya mellor part
de sobre tots, si dret li volen fer.

Lo pensamén diu que, sí Déu lo guart,
que·ls ulls ne·l cor no poran sostener
nengun bon dret, que jorn, matí ne tart,
incessantment jamés no·s pot mover
d'ella pensar, en durmén ne vetlan,
què fa, hon és ne si·l desamarà,
e qu·ell de tots sofer lo més afan;
per què tot sol, sens pus, la servirà.

E vets açí en quin treball ten gran
visch quescun jorn que bella dona fa:
vey d'una part los ulls qu·estan ploran
e d'autra·l cor angoxós que·s perdrà,
y el pensament en pensar occupats,
tant que no say qui m'ajut en est cas,
si donques ley qui·ls ha tals adobats
no·m vol aydar a l'afan qu·eu ben pas.


Tornada

Na Ysabel, si mon bé desirats,
eu vos sopley declarets en tot cas
qual de tots tres deu ser de vós amats,
pus que·ls havets axí trets de compàs.


Altra tornada

Qu·en bona fe tant me suy malmenats,
des que no us vi, que·ls tres m'an dit tot ras
que, si donchs vós ayçò no declarats,
qu·en breu de temps me faran dur al vas.

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Una gentil criatura ha cautivado
mis ojos, corazón y pensamiento,
y noche y día entre los tres debaten
cuál de ellos la ama más entre los otros;
y los veo que están tan encendidos,
que mi saber no basta a remediarlo.
¡Ved en qué situación me ha puesto ella!
¡Mi pobre corazón no la resiste!

Los ojos dicen que es debate inútil,
porque en el escoger fueron primeros
y por su gran deleite más la anhelan,
pues muchas noches los despierta el llanto
por deseo de verla, y para ellos
ella es la vida y es la muerte a un tiempo;
dicen, en fin, que la razón es suya
y que nadie podrá contradecirlo.

El corazón replica que los ojos
saben que lo primero fue la herida
de una dulce mirada, mas que él, triste,
sufre el fuego de amor que lo consume;
y no hay remedio alguno, pues él siente
el dolor, y los ojos placer sienten:
él, pues, debe llevar la mejor parte,
si lo que quieren es hacer justicia.

El pensamiento dice -¡Dios lo guarde!-
que no tienen derecho el corazón
ni los ojos y que, mañana y tarde,
sin cesar, en el sueño y la vigilia,
él nunca deja de pensar en ella,
en lo que hace, en si tal vez lo ama,
y que su angustia es la mayor de todas:
él solo y nadie más debe servirla.

Aquí veis el enorme sufrimiento
que por la bella dama vivo a diario:
por una parte el llanto de mis ojos,
por otra el corazón acongojado,
por otra el pensamiento con sus cuitas.
Y ya no sé quién me dará su ayuda
si la que los ha puesto en tal estado
no me quiere ayudar en este trance.


Tornada

Doña Isabel, si deseáis mi bien,
os ruego que bien claro sentenciéis
cuál de ellos debe ser por vos amado,
porque se debe a vos su desconcierto.


Otra tornada

Y en buena fe desde que os vi he quedado
tan malparado, que los tres me han dicho
que, si no sentenciáis sobre este asunto,
juntos me llevarán pronto a la tumba.
Comentario y traducción de José María Micó

viernes, 29 de enero de 2016

No pot ren dir ne far que bé stia / L'estat d'honor e d'amor - Jordi de Sant Jordi - España


Poema sobre el vínculo honor-amor o, dicho con la precisa frase de Martín de Riquer y Lola Badia, "sobre las excelencias de estar enamorado para poder mantener una posición honorable en la vida de la corte". Las condiciones que deben cumplirse están a la postre presentes en el "poderoso príncipe" del envío y en la "excelsa margarita" de la tornada, que en el contexto cortesano de la composición no pueden ser más que Alfonso el Magnánimo y Margarita de Prades.

No pot ren dir ne far que bé stia
lunch homs, si donchs ja s'amor non és pres:
per què·l meu seny d'Amor trop se desvia
qui·s part d'amor tant quant pot dur l'arnés
nez hage·l cors per faytz de gentilesa,
car mils n'és pros e cobegans d'onor,
e ssent pus tart sa joventut despesa
e sab triar del món tot lo milhor.

E perquè mils la raysó si·entesa,
dech que miretz los bandegats d'amor,
e veyretz com han lur cor en riquesa
e van fugén de pretz e de valhor,
e may los platz, sinó per guany, despendre
e·entre los pros tart los veyretz star;
tot lur deport és en comprar e vendre
e no·ls scay si vòlon d'als perlar.

Mas celhs qu·Amor vol per son home pendre
tot son pret[z] met en veray pretz muntar,
e no·l veyrets a dir viltats dexendre
per nulha re, ne de leigs fayts obrar;
en àls no·ntén ne met engeny ne cura
mas com a tots se puxa far gresir:
despendra·l play e dar ultra mesura,
perquè cascú vulha de luy ben dir.

E no tem gens paubretatz ne freytura
ne·ntén qu·a menys puscha lunh temps venir;
car son cor és enraquits d'amor pura,
tal que ja may no·l lays enpobresir:
anans pençar lo fay, ses tota falha,
en ten auts fayts, d'on puscha sustener
lo seu stat, e non tem ges batalha,
guerra ne brug per aycelhs mantener.

No·l fal arnés, rocís ne res que·l valha,
aur nez argent per far home valer,
qu·amors, qui·l té de s·amorosa tralha,
li fay donar trestot quant ha mester
ho·l dóna·ngeny ab què·n sab leumén trayre
ses blasme lunh, per què viu abondós
de béns ab joy plus que rey ne·mperayre,
ez ayçò tant com elh és amorós.

Ez enquer mays tart lo veyretz retrayre
de ben portar son gentil cors joyós,
e serà vielhs e no preserà gayre
portar l'arnés ne viure cossirós;
de moltes gents say qu·aurà l'amistança,
d'on m'és semblan prenda·l milhor del món,
car viu en laus, en pretz ez en bobança,
e·ls altres morts qui d'est mester no són.

Donchs, celhs qui cau en ten auta balança
com és d'amor, qui fay pugar amon,
ffins que ja·s veu en [la] vielha liança,
non deu partir, car del tot se coffon
e·z destreny fort e s'envelex e muda
sos béns en mals e sa virtut dechay,
e no u conex tro·s veu testa canuda,
gros e fexuchs, tal que dompna desplay.

Per què dich mays: celhs qu·à dona perduda
(ges ab tort sieu o d'ella que no·l play),
per tal qu·amor hag·en lay retenguda,
ne deu querir un·altr·en poch d'espay,
car, si no u fa, en dir mal se delita,
com cels qui és d'amar desafeynats;
e, cert, val pus sa viltat sia scrita
que far anuy a celhs qu·és ben amatz.


Endressa

Al prínceps nauts, poderós, on habita
pretz e valor, car és d'onor armats,
mon vers tramet, qui no platz as ermita,
clergua ni lech si no·s d'amor tocatz.


Tornada

Reyna d'onor, excelhents margarita,
yeu crey qu·amar altruy ne me no us plats;
pus qu·yeu vos ay sobre totes scrita,
vos amaré tan com aytal siatz.

__________________________________________

Nada bueno podrá decir ni hacer
el hombre si no está de amor rendido;
por eso creo que de Amor se aparta
quien, apto aún para el arnés, se aleja
de los actos de amor y gentileza,
pues tiene más valor y honor ansía,
tarda en sentir su juventud perdida
y escoger sabe lo mejor del mundo.

Para que esta cuestión mejor se entienda,
mirad los excluidos del amor:
ponen su corazón en la riqueza
y se desvían del honor y el mérito;
no gastan si no esperan más ganancias
y nunca los veréis entre valientes;
la compraventa es su único recreo
y no les gusta hablar de otros asuntos.

Mas aquel que Amor quiere por vasallo
lo que desea es alcanzar el mérito;
no se rebajará a decir vilezas
y no cometerá malas acciones;
no ejercita su ingenio en otra cosa
que en conseguir la gratitud de todos;
le gusta dar y regalar sin límite
para que todos hablen bien de él.

No teme a la estrechez ni a la pobreza
ni jamás piensa en su futura ruina;
su corazón es rico de amor puro
y no consentirá que se empobrezca,
sino que sin descanso le recuerda
altas acciones con las que sostenga
su estado, y jamás teme la batalla,
guerra ni pleito para mantenerlas.

Para hacerse valer no necesita
nada, ni arnés, rocín, oro ni plata.
Amor lo ciñe en su amorosa soga
y le consigue cuanto necesita,
o le da ingenio para que lo logre
sin agravio, pues goza de más bienes
que los emperadores y los reyes.
Y es así porque es hombre enamorado.

Y no le veréis nunca renunciar
a mantener su cuerpo hermoso y ágil,
aun cuando, viejo ya, no le apetezca
el peso del arnés y el de sus cuitas.
Sé que tendrá la cosa más preciada:
gozar de la amistad de mucha gente
y ser loado, honrado con gran pompa.
Quienes así no viven están muertos.

Quien está, pues, en tal alta balanza
como es la del amor, que nos ensalza,
no se debe alejar mientras se encuentre
sujeto al viejo nudo, porque todo
se envilece y sus bienes son ya males
y mengua su virtud, y no lo advierte
hasta que ya se ve viejo, canoso
y grueso y ya no atrae a las mujeres.

Y digo más: aquel que se ha quedado
sin dama -y no por culpa de él o de ella-,
para conservar algo de su amor
tiene que buscar otra en breve tiempo,
pues, si no, como está desocupado
en amar, se complace difamando,
y más vale hacer pública su infamia
que causar daño a aquel que es bien amado.


Envío

Al poderoso príncipe en quien viven
prez y valor, pues es de honor armado,
envío mi poema, que no acepta
monje o seglar si no es de amor tocado.


Tornada

Reina de honor, excelsa margarita,
no queréis, creo, amarme a mí ni a otros,
mas yo os entiendo superior a todas
y os amaré mientras seáis cual sois.
Comentario y traducción de José María Micó

miércoles, 27 de enero de 2016

A Vittoria Colonna - Michelangelo Buonarroti / Recuerdos de su esposo - Vittoria Colonna - Italia


Entre los 300 poesías atribuidas a Miguel Ángel, hay sonetos y madrigales decidados a Vittoria Colonna, a la que retrató en el fresco del techo de la Capilla  Sixtina (la Sibila) y en unos cuantos dibujos, como el que preside esta página.
Hasta donde sabemos, la relación entre ellos fue platónica. A la muerte de  Vittoria, Miguel Ángel escribió: no había tenido dolor más profundo en este mundo que haberla dejado partir de esta vida sin haberle besado la frente, ni el rostro, como le besé la mano cuando fui a verla en su lecho de muerte

A Vittoria Colonna

Imposible parece y nos lo advierte
empero la experiencia, que más dura
de mármol insensible una figura
que su autor, presa en breve de la muerte.

Más que la causa es el efecto fuerte,
por el arte es vencida la natura:
lo sé yo a quien da gloria la escultura,
y ya me acerco a la vejez inerte.

Tal vez a ti y a mí dar larga vida
puedo con el cincel o los colores,
adunando mi amor y tu semblante.

Y mil años después de la partida,
se verán tus hechizos vencedores,
y cuánta razón tuve en ser tu amante.
Michelangelo Buonarroti

Vittoria Colonna, hija de la familia noble romana de los Colonna y descendiente de los duques de Urbino, fue una extraordinaria mujer renacentista. Casó (la casaron, niña todavía) con Francisco Fernando de Ávalos, noble napolitano de origen español. Poseedora de una cultura refinada, escribió poemas de amor (dedicados sobre todo a su marido) influenciada por el gran renovador de la poesía, Francesco Petrarca, y prosa intelectual sobre cuestiones religiosas o espirituales. Cantaba muy bien acompañada por el laúd y contó con la admiración de hombres como Castiglione o Leonardo de Vinci. 
La Inquisición la estuvo rondando, quizá debido a su influencia sobre conocidos reformadores, como Pietro Camesecchi, Juan de Valdés y Bernardino Ochino, que participaban en los círculos intelectuales de los que ella era el centro.

Una de las pocas poesías de Vittoria en español, idioma materno de la casa napoliana de su marido, es la siguiente:

Recuerdos de su esposo

De mi sol claro, con la muerte ciego,
aquí miro doquier las dulces huellas;
ciego no; más allá de las estrellas
arde con luz más clara y vivo fuego.

Aquí vencido de mi amante ruego,
él me mostró sus cicatrices bellas,
y yo mis labios estampaba en ellas,
y las bañaba de mi llanto el riego.

Sus brillantes victorias me contaba
y el modo y la ocasión con la serena
faz con que abría la contienda brava;

de llanto rompo en dolorosa vena,
pues lo mismo que un tiempo me alegraba
me causa ahora inconsolable pena.
Vittoria Colonna

Vittoria narra así su relación con Miguel Ángel:

Cuando le conocí ninguno de los dos estábamos ya en esa edad en que los corazones corren libres sin sentir las férreas ligaduras de la razón, su lastre, su efecto disolvente, su injerencia disuasoria, su prudencia, o su miedo suma de todos los miedos incrustados en la experiencia... No, nada de eso. Yo, ya desgraciadamente viuda -pues amé a mi esposo Ferrante (Fernando), el batallador, el valiente y aguerrido general de Carlos V, más de lo que yo misma pude imaginar-, aún estoy de duelo por aquella pérdida inconsolable; sé que le puede resultar algo relativamente lógico a quien no me conozca: una mujer joven, casada niña por poderes, que va descubriendo el amor junto a su esposo del que acaba profunda y felizmente enamorada, y que, al perderlo cuando más fuerte, firme y satisfactorio es ese amor, siente tal desgarro que ya nunca curará, herida abierta de la que mana el deseo a borbotones, y que, recogida en sí misma, envuelta en su propia desesperación, no siente ya un motivo para seguir viviendo, salvo la total entrega y dedicación a un consuelo mayor: el que Dios la proporciona, su promesa de vida futura, y con ella, la ilusión de recuperar un día a aquél a quien se amó hasta el extremo del llanto jubiloso; pero, para aquel que me conozca, le será difícil conciliar la impresión que sobre mi tiene, mi perspectiva dialéctica de la vida, mi lucidez inquisitiva, mi espíritu polemizador e irremediablemente curioso... con la de una mujer aparentemente convencional en quien ha hecho presa esa enfermedad de la razón que es el amor; sí, sé que es inverosímil; no obstante, aquellos que me frecuentan saben que la paradoja es aparente, pues mi pasión por la vida, por el conocimiento, por la belleza, no me impide, dado mi innato carácter romántico, esta veleidad contradictoria que, en mí, se resuelve e ilustra más que con ningún esfuerzo introspectivo y analítico, con el ejemplo vivo de mi relación con Él, con Michelangelo, il mio bambino eternamente adolescente, ese hombre, que si lo fue, participó más que ninguno de lo divino, de esa divinidad clásica, olímpica (que Cristo, en quien creo y a quien busco, me perdone).

lunes, 25 de enero de 2016

Hermosa isla / Epitafio - Robert L. Stevenson - Escocia


Hermosa isla
Tu amado nombre
llega a mis oídos como la más suave música.
Amo ese mar,
y alguna veces he fondeado en las islas del Paraíso.
De Poems
Robert L. Stevenson

Stevenson escribió su propio epitafio:

Bajo el inmenso y estrellado cielo,
cavad mi fosa y dejadme yacer.
Alegre he vivido y alegre muero.
Pero al caer quiero haceros un ruego.
Que pongáis sobre mi tumba este verso:
Aquí yace donde quiso yacer;
De vuelta del mar está el marinero,
de vuelta del monte está el cazador.