Duke Ellington and His Orchestra- Scattin'At The Cotton Club (1936-1937)

domingo, 30 de agosto de 2015

Poesía del vino/ 20 - Oda a los compañeros - Alceo - Antigua Grecia


Oda V
A LOS COMPAÑEROS
Bebamos, pues, bebamos:
la lámpara luciente
¿a qué fin la esperamos?
El día va volando brevemente,
y el vino ya en las tazas derramado,
formando mil colores,
brinda y convida al paladar cansado.
El vino delicado,
cuyos dulces favores
debidos son al hijo de Semeje,
y Jove soberano,
que de los males bárbaros se duele,
y al Olvido los da con franca mano,
derrama, pues, derrama:
colma este vaso; aquél al punto llena,
que el uno al otro llama,
y haz una mezcla buena
a dos de vino ardiente
juntando uno de agua solamente.

viernes, 28 de agosto de 2015

Himno a Afrodita - Safo de Lesbos - Antigua Grecia


Cuando Dionisio de Halicarnaso enumeró los más altos modelos del estilo literario, señaló a Safo como la principal exponente de la poesía lírica. En esa ocasión transcribió el Himno a Afrodita, único poema de Safo que conocemos completo. De una u otra forma, podríamos decir que este poema ilustra las preocupaciones de ella: el amor, la tristeza, el abandono, los celos, el deseo, la ternura, la piadosa emoción por la diosa; también, que toda la obra de Safo despliega la misma sonoridad y sencillez de lenguaje. En la afirmación de Dionisio de Halicarnaso se han asimilado perfectamente las dos irrupciones que conllevó el surgimiento de Safo en la cultura griega: primero, el amor personal como principal tema poético; segundo, su condición de mujer, razones que podrían bastar, si no hubiésemos conocido su obra, para entender la división histórica que antes y después de ella puede hacerse en la poesía griega. [...]
    Conviene recordar aquí el epigrama atribuido a Platón en que a Safo se le llama décima musa; también aquel que contiene la hermosa designación de "musa mortal entre inmortales musas". Máximo Tirio explicó que Sócrates le llamaba "la bella Safo" no por su físico, sino por su poesía. Estrabón afirmó, después de citar a Pítaco y Alceo como figuras ilustres de Mitilene: "en la misma época vivió Safo; fue un ser extraordinario, porque no sabemos que en ningún otro tiempo, por más que nos remontemos al pasado, hubiese existido otra mujer que por poco que fuese pudiera comparársele en poesía". Fue tal su renombre que pronto se le representó en monedas, medallones, estatuas y vasos. Por Cicerón sabemos que robaron una estatua suya de bronce, fundida por Siliano, del Pritaneo en Siracusa y tenemos noticia de que hubo otra en Bizancio, hacia el siglo V d.C. Este gran reconocimiento que mereció desde tempranos tiempos llegó al grado de que varios autores imaginaron la existencia de otra Safo, hacia la cual trataron de dirigir todas las falsas historias de una disipada vida.
    Para entender su significación en el pensamiento occidental es necesario conocer tres principales aspectos: su contexto femenino y educador, su concepto del amor y su excelencia propiamente poética. Así podríamos recibir el justo sentido de una alusión como la de Horacio, cuando afirmó que vería:

A Safo, con la lira de los eolios,
llorar de amor por las muchachas de su pueblo

    O el de estas líneas de Safo misma, hermosas y fieles a su espíritu:

Yo amo la delicadeza...
y se me ha concedido el amor, la luz del sol y lo bello. [...]



Ποικιλόθρον' άθάνατ' Άφρόδιτα,
παΤ Δίος δολόπλοκε, λίσσομαί σε,
μη μ' ιϊσαισι μηδ' όνίαισι δαμνα,
πότνια, θΰμον.

αλλά τύιδ' Ελθ' αϊ ποτά χάτέρωτα
τδς Εμάς αΰδως άΐοισα πήλυι
Εκλυες, πατρός δε δόμον λίποισα
χρύσιον ήλθες

ιϊρμ' ύπασδεύξαισα· χάλοι δε σ' αγον
ώχεες στροΟθοι περί γδς μελαΐνας,
πυκνά δίννεντες πτέρ' απ' ώράνωΐθε-
ρος δια μέσσω·

αΐψα δ' έξίκοντο- συ δ' ώ μάχαιρα,
μειδιάσαισ' άθανατωι προσώπωι
ήρε' δττι δηΰτε πέπονθα χώττι
δηί3τε χάλημμι,

κώττ' Εμωι μάλιστα θέλω γενέσθαι
μαινόλαι θύμωι· «τίνα δηΰτε Πείθων μάισ'
Λγην ες σαν φιλότατα; τίς σ', ώ
Ψάπφ', άδιχήει;

καΐ γαρ αϊ φεύγει, ταχέως διώξει,
αϊ δΐ δώρα μη δέχετ', αλλά δώσει,
αϊ δΐ μη φίλει, ταχέως φιλήσει
κωύχ έθέλοισα.»

ϊλθε μοι καΐ νΟν, χαλεπά ν SiλΟσον
¿χ μερίμναν, δσσα δε μοι τίλεσσαι
θυμός Ιμέρρει, τέλεσαν συ δ' αυτά
σύμμαχος ϊσσο.
_________________

Inmortal Afrodita de colorido trono,
hija de Zeus, artificiosa, te suplico
que no sometas a infortunios ni dolores,
oh Soberana, mi corazón.

Y ven, como otras veces
que abandonaste la casa de tu padre
cuando a lo lejos mi voz oías,
luego que tu dorada

carroza preparabas: te conducían hermosas
ágiles aves cruzando la tierra oscura,
batiendo fuertemente sus alas en medio
de los cielos y del éter.

De inmediato llegaban. Y tú, dichosa,
con tu rostro inmortal sonriendo,
preguntabas con qué sentimiento ahora sufría,
la causa porque te invocaba,

qué anhelaba por sobre todo
mi enloquecido ser: "¿A quién deseas ahora
que mi persuasión atraiga hacia tu amor? ¿Quién,
oh, Safo, te atormenta?

Haré que pronto te siga, si te huye;
que si tus regalos rechaza, él te los ofrezca,
y que de inmediato te ame, si no ama,
aunque no lo desee".

Ven también ahora para librarme del peso
de mis penas; todo cuanto satisfacer
mi ser anhela, cúmplelo: oh, mi aliada,
sé tú misma.

Introducción y traducción directa del griego de Carlos Montemayor

miércoles, 26 de agosto de 2015

Himnos homéricos - Anónimo - Antigua Grecia


VI 
A AFRODITA
1 Cantaré a la de áurea corona, veneranda y hermosa Afrodita, a quien se adjudicaron las ciudadelas todas de la marítima Chipre, adonde el fuerte y húmedo soplo del Céfiro la llevó por las olas del estruendoso mar entre blanda espuma; las Horas, de vendas de oro, recibiéronla alegremente y la cubrieron con divinales vestiduras, pusieron sobre su cabeza inmortal una bella y bien trabajada corona de oro y en sus agujereados lóbulos flores de oricalco y de oro precioso, y adornaron su tierno cuello y su blanco pecho con los collares de oro con que se adornan las mismas Horas, de vendas de oro, cuando en la morada de su padre se juntan al coro encantador de las deidades. Mas, así que hubieron colocado todos estos adornos alrededor de su cuerpo, lleváronla a los inmortales: éstos, al verla, la saludaron, le tendieron las manos, y todos deseaban llevarla a su casa para que fuera su legítima esposa, admirados de la belleza de Citerea, de corona de violetas.

19 Salve, diosa de arqueadas cejas, dulce como la miel; concédeme que alcance la victoria en este certamen y da gracia a mi canto. Y yo me acordaré de ti y de otro canto.


XI
A ATENEA
1 Empiezo a cantar a la poderosa Palas Atenea, protectora de las ciudades, que se cuida, juntamente con Ares, de las acciones bélicas, de las ciudades tomadas, de la gritería y de los combates; y libra al pueblo al ir y al volver [del combate].

5 Salve, diosa; y danos suerte y felicidad.


XXI
A APOLO
1 Oh Febo, el cisne te canta melodiosamente debajo de sus alas mientras va saltando en la orilla, junto al río Peneo, abundante en remolinos; y el aedo de dulce lenguaje te canta siempre el primero y el último, pulsando la melodiosa cítara.

5 Así, pues, salve, oh rey, a quien intento propiciar con el canto.


XXX
A LA TIERRA MADRE DE TODOS
1 Cantaré a la Tierra, madre de todas las cosas, bien cimentada, antiquísima, que nutre sobre la tierra todos los seres que existen: cuantos seres se mueven en la tierra divina o en el mar y cuantos vuelan, todos se nutren de tus riquezas. De ti proceden los hombres que tienen muchos hijos y abundantes frutos, oh venerable; a ti te corresponde dar y quitar la vida a los mortales hombres. Feliz aquel a quien tú honras, benévola, en tu corazón, pues todo lo tiene en gran abundancia. Para hombres tales la fértil tierra se carga de frutos, en el campo abunda el ganado, y la casa se les llena de bienes; ellos reinan, con leyes justas, en ciudades de hermosas mujeres, y una gran felicidad y riqueza los acompaña; sus hijos se vanaglorian con pueril alegría; las doncellas juegan y saltan, con ánimo alegre y en coros florecientes, sobre las blandas flores de la hierba. Tales son los que tú honras, veneranda, pródiga diosa.

17 Salve, madre de los dioses, esposa del estrellado Cielo. Dame, benévola, por este canto una vida que sea grata a mi ánimo; mas yo me acordaré de ti y de otro canto.
Traducción directa del griego de Luis Segalá i Estalella

lunes, 24 de agosto de 2015

Himnno al baño de Palas - Calímaco - Antigua Grecia


Seis composiciones comprende el libro de los Himnos calimaqueo, único que ha llegado -de entre toda la obra del poeta- en su integridad hasta nosotros. Se titulan: A Zeus, A Apolo, A Artemis, A Delos, Al baño de Palas y A Deméter. Están escritas en hexámetros, a excepción del Baño, que lo está en versos elegíacos. Los cuatro primeros Himnos utilizan el dialecto épico-jónico, mientras que el quinto y el sexto se sirven de un dialecto dórico literario muy semejante al de Teócrito.
    Como formas literarias, los Himnos de Calímaco dependen de los Himnos Homéricos. Esta dependencia puede contrastarse en los aspectos más superficiales -incluso en el metro y dialecto, si exceptuamos V y VI-, pero no en la materia y el sentimiento que anima a las piezas calimaqueas, muy diversos de los de su modelo. Los Himnos Homéricos eran un recitado preliminar a una obra más extensa, o bien un recitado épico de leyendas divinas; su materia y composición eran, sobre todo y fundamentalmente, épicas. Los Himnos de Calímaco, por el contrario, presentan una materia y una composición líricas, brindando al lirismo cantado una alternativa recitada, más ordenada, menos exaltada, más original y más sincera, relacionada íntimamente con la religión y el ceremonial religioso. A Zeus debe considerarse un caso aparte, mucho más cerca de la literatura pura que del culto a los dioses. [...]
    Rasgo común a todos los Himnos es la erudición, centrada en un envidiable dominio de la mitología y en un gusto obsesivo por la etiología en todas sus facetas. [...] La erudición calimaquea es siempre pintoresca, con una puerta abierta a la imaginación y a la fantasía. Los nombres geográficos antiguos o las tradiciones míticas locales son en Calímaco sensaciones, no realidades absolutas. El anticuario nunca ahoga al poeta. El escepticismo de nuestro autor, unido a la actitud de curiosidad y de humor que mantiene con respecto a los mitos y leyendas divinas, no está reñido con su religiosidad: pocas veces se ha descrito con tanta unción el estado místico de entusiasmo y temor que provoca en los fieles la epifanía de la divinidad. [...]

    El Himno quinto, Al baño de Palas, está escrito, como el sexto, en dialecto dórico. Es el único compuesto en dísticos elegíacos. El poeta, que es aquí el ordenador de la fiesta, nos introduce de manera muy viva y muy real en la ceremonia, cuya atmósfera llegamos a respirar. Nos encontramos ante el templo de Atenea en Argos, en la fiesta que consiste en el baño ritual de una imagen de la diosa. Ello no quiere decir que el Himno fuese escrito para la fiesta Argiva. Tanto el traslado en procesión de la estatua a las ondas del río Ínaco como el baño de la propia diosa se confunden, produciéndose una especie de ruptura en el discurso lógico del poema y cegando al lector con el insoportable brillo de una divina epifanía. Se incluye la historia de Tiresias, que perdió la vista al contemplar desnuda a Atenea.[...] 


εἰς Λουτρά τῆς Παλλάδος.

Όσσαι λωτροχόοι τᾶς Παλλάδος ἔξιτε πᾶσαι,
ἔξιτε: τᾶν ἵππων ἄρτι φρυασσομενᾶν
τᾶν ἱερᾶν ἐσάκουσα, καὶ ἁ θεὸς εὔτυκος ἕρπειν:
σοῦσθέ νυν, ὦ ξανθαί σοῦσθε Πελασγιάδες.
οὔποκ᾽ Ἀθαναία μεγάλως ἀπενίψατο πάχεις
πρὶν κόνιν ἱππειᾶν ἐξελάσαι λαγόνων,
οὐδ᾽ ὅκα δὴ λύθρωι πεπαλαγμένα πάντα φέροισα
τεύχεα τῶν ἀδίκων ἦνθ᾽ ἀπὸ γηγενέων,
ἀλλὰ πολὺ πράτιστον ὑφ᾽ ἅρματος αὐχένας ἵππων
λυσαμένα παγαῖς ἔκλυσεν Ὠκεανῶ
ἱδρῶ καὶ ῥαθάμιγγας, ἐφοίβασεν δὲ παγέντα
πάντα χαλινοφάγων ἀφρὸν ἀπὸ στομάτων.
ὦ ἴτ᾽ Ἀχαιιάδες, καὶ μὴ μύρα μηδ᾽ ἀλαβάστρως
(συρίγγων ἀίω φθόγγον ὑπαξονίων),
μὴ μύρα λωτροχόοι τᾶι Παλλάδι μηδ᾽ ἀλαβάστρως
(οὐ γὰρ Ἀθαναία χρίματα μεικτὰ φιλεῖ)
οἴσετε μηδὲ κάτοπτρον: ἀεὶ καλὸν ὄμμα τὸ τήνας
οὐδ᾽ ὅκα τὰν Ἴδαι Φρὺξ ἐδίκαζεν ἔριν,
οὔτ᾽ ἐς ὀρείχαλκον μεγάλα θεὸς οὔτε Σιμοῦντος
ἔβλεψεν δίναν ἐς διαφαινομέναν:
οὐδ᾽ Ήρα: Κύπρις δὲ διαυγέα χαλκὸν ἑλοῖσα
πολλάκι τὰν αὐτὰν δὶς μετέθηκε κόμαν:
ἃ δέ, δὶς ἑξήκοντα διαθρέξασα διαύλως,
οἷα παρ᾽ Εὐρώται τοὶ Λακεδαιμόνιοι
ἀστέρες, ἐμπεράμως ἐνετρίψατο λιτὰ βαλοῖσα
χρίματα, τᾶς ἰδίας ἔκγονα φυταλιᾶς:
ὦ κῶραι, τὸ δ᾽ ἔρευθος ἀνέδραμε, πρώιον οἵαν
ἢ ῥόδον ἢ σίβδας κόκκος ἔχει χροΐαν.
τῶι καὶ νῦν ἄρσεν τι κομίξατε μῶνον ἔλαιον,
ὧι Κάστωρ, ὧι καὶ χρίεται Ἡρακλέης:
οἴσετε καὶ κτένα οἱ παγχρύσεον, ὡς ἀπὸ χαίταν
πέξηται, λιπαρὸν σμασαμένα πλόκαμον.
ἔξιθ᾽ Ἀθαναία: πάρα τοι καταθύμιος ἴλα,
παρθενικαὶ μεγάλων παῖδες Ἀρεστοριδᾶν:
ὠθάνα, φέρεται δὲ καὶ ἁ ∆ιομήδεος ἀσπίς,
ὡς ἔθος Ἀργείων τοῦτο παλαιότερον:
...
Εὐμήδης ἐδίδαξε, τεὶν κεχαρισμένος ἱρεύς:
ὅς ποκα βωλευτὸν γνοὺς ἐπί οἱ θάνατον
δᾶμον ἑτοιμάζοντα φυγᾶι τεὸν ἱρὸν ἄγαλμα
ὤιχετ᾽ ἔχων, Κρεῖον δ᾽ εἰς ὄρος ὠικίσατο:
Κρεῖον ὄρος: σὲ δὲ δαῖμον ἀπορρώγεσσιν ἔθηκεν
ἐν πέτραις, αἷς νῦν οὔνομα Παλλατίδες.
ἔξιθ᾽ Ἀθαναία περσέπτολι χρυσεοπήληξ,
ἵππων καὶ σακέων ἁδομένα πατάγωι.
σάμερον ὑδροφόροι μὴ βάπτετε — σάμερον Ἄργος
πίνετ᾽ ἀπὸ κρανᾶν μηδ᾽ ἀπὸ τῶ ποταμῶ,
σάμερον αἱ δῶλαι τὰς κάλπιδας ἢ 'ς Φυσάδειαν
ἢ ἐς Ἀμυμώναν οἴσετε τὰν ∆αναῶ.
καὶ γὰρ δὴ χρυσῶι τε καὶ ἄνθεσιν ὕδατα μείξας
ἡξεῖ φορβαίων Ἴναχος ἐξ ὀρέων
τἀθάναι τὸ λοετρὸν ἄγων καλόν. ἀλλὰ Πελασγέ
φράζεο μὴ οὐκ ἐθέλων τὰν βασίλειαν ἴδηις.
ὅς κεν ἴδηι γυμνὰν τὰν Παλλάδα τὰν πολιοῦχον,
τὦργος ἐσοψεῖται τοῦτο πανυστάτιον.
πότνι᾽ Ἀθαναία τὺ μὲν ἔξιθι: μέσφα δ᾽ ἐγώ τι
ταῖσδ᾽ ἐρέω. μῦθος δ᾽ οὐκ ἐμός, ἀλλ᾽ ἑτέρων.
παῖδες, Ἀθαναία νύμφαν μίαν ἔν ποκα Θήβαις
πουλύ τι καὶ πέρι δὴ φίλατο τᾶν ἑταρᾶν,
ματέρα Τειρεσίαο, καὶ οὔποκα χωρὶς ἔγεντο:
ἀλλὰ καὶ ἀρχαίων εὖτ᾽ ἐπὶ Θεσπιέων
¯˘˘¯˘˘¯˘ ἢ εἰς Ἁλίαρτον ἐλαύνοι
ἵππως, Βοιωτῶν ἔργα διερχομένα,
ἢ᾽ πὶ Κορωνείας, ἵνα οἱ τεθυωμένον ἄλσος
καὶ βωμοὶ ποταμῶι κεῖντ᾽ ἐπὶ Κουραλίωι:
πολλάκις ἁ δαίμων νιν ἑῶ ἐπεβάσατο δίφρω,
οὐδ᾽ ὄαροι νυμφᾶν οὐδὲ χοροστασίαι
ἁδεῖαι τελέθεσκον, ὅκ᾽ οὐχ ἁγεῖτο Χαρικλώ:
ἀλλ᾽ ἔτι καὶ τήναν δάκρυα πόλλ᾽ ἔμενεν,
καίπερ Ἀθαναίαι καταθύμιον ἔσσαν ἑταίραν.
δή ποκα γὰρ πέπλων λυσομένα περόνας
ἵππω ἐπὶ κράναι Ἑλικωνίδι καλὰ ῥεοίσαι
λῶντο: μεσαμβρινὰ δ᾽ εἶχ᾽ ὄρος ἁσυχία.
ἀμφότεραι λώοντο, μεσαμβριναὶ δ᾽ ἔσαν ὧραι,
πολλὰ δ᾽ ἁσυχία τῆνο κατεῖχεν ὄρος.
Τειρεσίας δ᾽ ἔτι μῶνος ἁμᾶ κυσὶν ἄρτι γένεια
περκάζων ἱερὸν χῶρον ἀνεστρέφετο:
διψάσας δ᾽ ἄφατόν τι ποτὶ ρῥόον ἤλυθε κράνας,
σχέτλιος: οὐκ ἐθέλων δ᾽ εἶδε τὰ μὴ θεμιτά:
τὸν δὲ χολωσαμένα περ ὅμως προσέφασεν Ἀθάνα
'τίς σε, τὸν ὀφθαλμὼς οὐκέτ᾽ ἀποισόμενον,
ὦ Εὐηρείδα, χαλεπὰν ὁδὸν ἄγαγε δαίμων;᾽
ἃ μὲν ἔφα, παιδὸς δ᾽ ὄμματα νὺξ ἔλαβεν.
ἑστάκη δ᾽ ἄφθογγος, ἐκόλλασαν γὰρ ἀνῖαι
γώνατα καὶ φωνὰν ἔσχεν ἀμηχανία.
ἁ νύμφα δ᾽ ἐβόασε 'τί μοι τὸν κῶρον ἔρεξας
πότνια; τοιαῦται δαίμονες ἐστἐ φίλαι;
ὄμματά μοι τῶ παιδὸς ἀφείλεο. τέκνον ἄλαστε
εἶδες Ἀθαναίας στήθεα καὶ λαγόνας,
ἀλλ᾽ οὐκ ἀέλιον πάλιν ὄψεαι. ὦ ἐμὲ δειλάν,
ὦ ὄρος, ὦ Ἑλικὼν οὐκέτι μοι παριτέ,
ἦ μεγάλ᾽ ἀντ᾽ ὀλίγων ἐπράξαο: δόρκας ὀλέσσας
καὶ πρόκας οὐ πολλὰς φάεα παιδὸς ἔχεις.'
† ἁ μὲν ἀμφοτέραισι φίλον περὶ παῖδα λαβοῖσα
† μάτηρ μὲν γοερᾶν οἶτον ἀηδονίδων
ἆγε βαρὺ κλαίοισα, θεὰ δ᾽ ἐλέησεν ἑταίραν
καί νιν Ἀθαναία πρὸς τόδ᾽ ἔλεξεν ἔπος
'δῖα γύναι μετὰ πάντα βαλεῦ πάλιν ὅσσα δι᾽ ὀργάν
εἶπας: ἐγὼ δ᾽ οὔ τοι τέκνον ἔθηκ᾽ ἀλαόν.
οὐ γὰρ Ἀθαναίαι γλυκερὸν πέλει ὄμματα παίδων
ἁρπάζειν: Κρόνιοι δ᾽ ὧδε λέγοντι νόμοι:
ὅς κε τιν᾽ ἀθανάτων, ὅκα μὴ θεὸς αὐτὸς ἕληται,
ἀθρήσηι, μισθῶ τοῦτον ἰδεῖν μεγάλω.
δῖα γύναι, τὸ μὲν οὐ παλινάγρετον αὖθι γένοιτο
ἔργον: ἐπεὶ μοιρᾶν ὧδ᾽ ἐπένησε λίνα,
ἁνίκα τὸ πρᾶτόν νιν ἐγείναο: νῦν δὲ κομίζευ,
ὦ Εὐηρείδα, τέλθος ὀφειλόμενον.
πόσσα μὲν ἁ Καδμηὶς ἐς ὕστερον ἔμπυρα καυσεῖ,
πόσσα δ᾽ Ἀρισταῖος, τὸν μόνον εὐχόμενοι
παῖδα, τὸν ἁβατὰν Ἀκταίονα, τυφλὸν ἰδέσθαι.
καὶ τῆνος μεγάλας σύνδρομος Ἀτέμιδος
ἐσσεῖτ᾽: ἀλλ᾽ οὐκ αὐτὸν ὅ τε δρόμος αἵ τ᾽ ἐν ὄρεσσι
ῥυσεῦνται ξυναὶ τᾶμος ἑκαβολίαι,
ὁπ πόκα κοὐκ ἐθέλων περ ἴδηι χαρίεντα λοετρά
δαίμονος: ἀλλ᾽ αὐταὶ τὸν πρὶν ἄνακτα κύνες
τουτάκι δειπνησεῦντι: τὰ δ᾽ υἱέος ὀστέα μάτηρ
λεξεῖται δρυμὼς πάντας ἐπερχομένα:
ὀλβίσταν ἐρέει σε καὶ εὐαίωνα γενέσθαι,
ἐξ ὀρέων ἀλαὸν παῖδ᾽ ἀποδεξαμέναν.
ὦ ἑτάρα, τῶι μή τι μινύρεο: τῶιδε γὰρ ἄλλα
τεῦ χάριν ἐξ ἐμέθεν πολλὰ μενεῦντι γέρα.
μάντιν ἐπεὶ θησῶ νιν ἀοίδιμον ἐσσομένοισιν,
ἦ μέγα τῶν ἄλλων δή τι περισσότερον,
γνωσεῖται δ᾽ ὄρνιχας, ὃς αἴσιος οἵ τε πέτονται
ἤλιθα καὶ ποίων οὐκ ἀγαθαὶ πτέρυγες.
πολλὰ δὲ Βοιωτοῖσι θεοπρόπα, πολλὰ δὲ Κάδμωι
χρησεῖ, καὶ μεγάλοις ὕστερα Λαβδακίδαις.
δωσῶ καὶ μέγα βάκτρον, ὅ οἱ πόδας ἐς δέον ἀξεῖ,
δωσῶ καὶ βιότω τέρμα πολυχρόνιον.
καὶ μόνος, εὖτε θάνηι, πεπνυμένος ἐν νεκύεσσι
φοιτασεῖ, μεγάλωι τίμιος Ἁγεσίλαι.
ὣς φαμένα κατένευσε: τὸ δ᾽ ἐντελές ὧι κ᾽ ἔπι νεύσηι
Παλλάς, ἐπεὶ μώναι Ζεὺς τό γε θυγατέρων
δῶκεν Ἀθαναίαι, πατρώια πάντα φέρεσθαι,
λωτροχόοι, μάτηρ δ᾽ οὔτις ἔτικτε θεάν,
ἀλλὰ ∆ιὸς κορυφά. κορυφὰ ∆ιὸς οὐκ ἐπινεύει
ψεύδεα αι θυγάτηρ.
ἔρχετ᾽ Ἀθαναία νῦν ἀτρεκές: ἀλλὰ δέχεσθε
τὰν θεόν, ὦ κῶραι, τὦργον ὅσαις μέλεται,
σύν τ᾽ εὐαγορίαι σύν τ᾽ εὔγμασι σύν τ᾽ ὀλολυγαῖς.
χαῖρε θεά, κάδευ δ᾽ Ἄργεος Ἰναχίω.
χαῖρε καὶ ἐξελάοισα, καὶ ἐς πάλιν αὖτις ἐλάσσαις
ἵππως, καὶ ∆αναῶν κλᾶρον ἅπαντα σάω.


Himno al baño de Palas

¡Vosotras, las que preparáis el baño de Palas,
salid todas, salid!
Ya escucho el relincho de las yeguas sagradas.
La diosa se dispone a aparecer.
Daos prisa, pues, daos prisa, oh rubias Pelasgíades1.
Nunca Atenea se lavó los poderosos brazos
antes de haber quitado el polvo
de los flancos de sus caballos,
ni siquiera cuando volvió de combatir a los perversos Gigantes,
con toda la armadura manchada de sangre y de barro;
así, en primer lugar,
desunciendo del carro los cuellos de sus caballos,
les limpió en las fuentes de Océano las gotas de sudor,
y les quitó de las bocas que muerden el freno
toda la espuma coagulada.
Id, pues, oh Aqueas,
y no llevéis perfumes ni alabastros
-oigo ya el ruido de los cubos de las
ruedas contra los ejes-,
ni  perfumes ni alabastros para el baño de Palas
-Atenea no gusta de los ungüentos mezclados-,
y no llevéis tampoco espejo:
su rostro es siempre bello.
Ni siquiera cuando, en el Ida2,
juzgaba el Frigio3 la querella divina,
se miró la gran diosa en el espejo de latón
ni en la diáfana corriente del Simunte4;
tampoco lo hizo Hera.
Pero Cipris, usando con frecuencia
el reluciente espejo de bronce,
dos veces se rehízo el mismo bucle de sus cabellos.
Y Palas, después de correr dos veces sesenta diaulos5
-tales, junto  al Eurotas, las estrellas Lacedemonias6-,
se frotó expertamente,
aplicando a su piel ungüentos sin mezclar,
productos de su propio árbol7,
y un rubor, oh muchachas,
le subió a las mejillas,
del color de la rosa matutina
o de los granos de la granada.
Por ello, no traigáis ahora más que aceite viril,
con el que Cástor, y también Heracles,
se untan.Y llevadle un peine de oro puro,
para que pueda componerse el pelo,
después de ungir sus rizos perfumados.
    Sal, Atenea.
Ante ti está una tropa grata a tu corazón,
las doncellas hijas de los poderosos Arestóridas8.
Mira, Atenea, cómo el escudo de Diomedes9
es paseado en procesión:
este rito lo enseñó a los antiguos Argivos Eumedes10,
tu sacerdote favorito,
el mismo que, al saber que el pueblo había
decretado su muerte, se dio a la fuga,
llevándose consigo tu sacra imagen,
y se instaló en el monte Creo11,
sí, en el monte Creo,
y a ti, diosa, te consagró en unas rocas
escarpadas que se llaman Palátides ahora.
    Sal, Atenea, destructora de ciudades,
la del casco de oro, tú que te regocijas
con el fragor de escudos y caballos.
No llenéis hoy vuestros cántaros en el río;
no beberéis hoy, Argos, su agua, sino la de las fuentes;
hoy, siervas, llevaréis vuestros cántaros
a Fisadea o a Amimone, la hija de Dánao12,
pues hoy precisamente,
salpicadas sus ondas de oro y flores,
vendrá el Ínaco13 desde los montes de ricos pastos,
trayendo bellas aguas para el baño de Atenea.
Ten cuidado, Pelasgo, no vayas a ver involuntariamente
a la reina: el que vea desnuda a Palas,
protectora de ciudades, contemplará Argos
por última vez.
    Sal, Atenea veneranda.
Entretanto, les diré algo a estas muchachas;
el relato no es mío, sino de otros.
Niñas, había una vez en Tebas una ninfa,
la madre de Tiresias,
a la que amó Atenea mucho más que a ninguna
de sus compañeras, y no se separaba de ella jamás.
    Cuando guiaba sus caballos hacia la antigua Tespias
o hacia Haliarto, a través de los campos de los Beocios,
o hacia Coronea14, donde tiene un recinto perfumado
y unos altares junto al río Curalio,
muchas veces la diosa la hizo montar sobre su carro;
ni las conversaciones de las ninfas
ni sus coros de danza le resultaban agradables,
si no los dirigía Cariclo.
Pero aún le aguardaban a ésta muchas lágrimas,
por más que fuese compañía gratísima para Atenea.
Un día, se desataron ambas los
broches de sus peplos junto a la fuente
Helicónide del caballo15, la de las bellas
aguas, y se bañaban. La quietud propia del
mediodía se extendía por la montaña.
Ambas se bañaban, y era la hora del mediodía,
y una quietud perfecta reinaba en aquella montaña16.
Sólo Tiresias, cuya barbilla empezaba a oscurecer,
se paseaba entonces con sus perros por aquel sagrado lugar.
Sediento hasta lo indecible, llegó a las ondas de la fuente,
¡desdichado! Y, sin querer, vio lo que no era lícito ver.
Aunque llena de cólera, alcanzó a decirle Atenea:
"¿Qué genio malo te condujo por tan
funesta ruta, oh Everida17? Vas a salir de aquí
con las órbitas vacías." Habló, y la noche se
apoderó de los ojos del niño. Se quedó quieto, mudo;
el dolor trabó sus rodillas y la impotencia apagó su voz.
Y la ninfa18gritó:
"¿Qué le has hecho a mi hijo, señora?
¿Es así como demostráis vuestra amistad las diosas?
Me has quitado los ojos de mi hijo.
¡Niño mío, desventurado! Has visto el pecho
y los costados de Atenea, pero ya nunca más
verás el sol. ¡Desgraciada de mí! ¡Oh monte,
oh Helicón que nunca más volveré a pisar!
Mucho has ganado a cambio de poco:
por haber perdido algunos cervatos y corzos,
obtienes los ojos de un niño."
Y la madre, rodeando a su hijo con ambos brazos,
entonaba el lamento lastimero de los ruiseñores
entre lágrimas tristes, pero la diosa
se apiadó de su compañera.
Y Atenea le dijo estas palabras:
"Mujer divina, retira todo lo que dijiste,
inspirada por la cólera.
Yo no he dejado ciego a tu hijo.
No resulta agradable para Atenea
arrebatar los ojos a los niños.
    Pero así rezan las leyes de Crono:
aquel que vea a alguno de los inmortales
cuando ese dios no lo desea, pagará un alto
precio por lo que ha visto. Mujer divina,
el hecho ya no puede ser revocado,
pues los hilos de las Moiras así habían tramado
su destino desde el instante en que lo diste
a luz. Ahora, oh Everida, recibe el pago
merecido. ¡Cuántas víctimas quemará,
andando el tiempo, la Cadmeide19en el ara sacrificial,
cuántas Aristeo20, suplicando ver ciego a su hijo único,
el adolescente Acteón!
Y, sin embargo, éste será compañero
de correrías de Artemis la grande;
y ni esas correrías compartidas,
ni las flechas que juntos arrojarán en las montañas,
podrán salvarlo cuando, involuntariamente,
vea el placentero baño de la diosa;
sus propios perros se lo cenarán,
a él, que fuera su amo;
y la madre recorrerá todos los bosques,
recogiendo los huesos del hijo,
y dirá que eres la más feliz y afortunada de las mujeres
al recibir de las montañas un hijo ciego.
Compañera, no te lamentes;
otros muchos dones le tengo reservados por amor a ti,
pues lo convertiré en un adivino celebrado
por las generaciones venideras,
muy superior a todos los demás.
Conocerá las aves, cuál es de buen augurio,
cuáles vuelan en vano
y de cuáles son los presagios desfavorables.
Muchos oráculos revelará a los Beocios,
muchos a Cadmo21, y, más tarde,
a los poderosos Labdácidas22.
También le daré un gran bastón
que conduzca sus pies adonde necesite ir,
y le daré una vida muy dilatada,
y será el único que, cuando muera,
paseará su ciencia entre los muertos,
honrado por el gran Hagesilao23."
Esto dicho, asintió con la cabeza;
lo que Palas aprueba, todo se cumple,
pues a Atenea sola, de entre sus hijas,
concedió Zeus los atributos y poderes que él poseía,
y ninguna madre, oh vosotras que preparáis su baño,
parió a la diosa, sino la cabeza de Zeus,
y la cabeza de Zeus no aprueba en vano... la hija24.
    Es Atenea, llega puntualmente.
Recibid a la diosa, oh muchachas
a las que incumbe esta tarea,
con alabanzas, con plegarias, con clamores.
Salud, diosa, y vela por Argos Inaquia25.
Salud a ti cuando dirijas tu carro fuera de la ciudad,
y ojalá vuelvas otra vez a entrar con tus caballos en ella.
Y protege al país entero de los Dánaos26.
Introducción, traducción y notas de Luis Alberto de Cuenca
Calímaco

1 Argivas. Pelasgo es el fundador mítico de Argos. Por extensión, "Pelasgo" equivale a "Argivo" e, incluso, a "Griego" en general.
2 Monte cercano a Troya.
3 Paris.
4 Río de la Tróade.
5 Carrera de ida y vuelta en el estadio, equivalente a unos 380 m.
6 Los Dioscuros, Cástor y Pólux, protectores de los atletas. Su padre terrestre fue Tindáreo, rey de Lacedemonia. El río Eurotas riega la llanura de Esparta.
7 El olivo.
8 Descendientes de Arestor, padre de Argos. Los Arestóridas vienen a ser, pues, los Argivos.
9 Aunque originario de Etolia, la patria adoptiva de Diomedes fue Argos.
10 Sacerdote de Atenea. Sólo es citado en este lugar.
11 En la Argólide.
12 Fuentes de Argos. Amimone es hija de Dánao, rey mítico de Argos y fundador de su ciudadela. Según el escoliasta, Fisadea sería otra Danaide.
13 Río de Argos.
14 Ciudades de Beocia.
15 Hipocrene o Fuente del Caballo, llamada así porque brotó en el lugar del monte Helicón, en Beocia, donde Pegaso, por orden de Posidón, golpeó con uno de sus cascos para que la montaña, ensoberbecida por el triunfo de las Musas sobre las Piérides, dejara de hincharse y recobrase sus dimensiones ordinarias.
16 Desde CALÍMACO a PAUL VALÉRY, "Midi le juste", así, con mayúscula, no ha perdido ni un ápice de sus prestigios literarios.
17 Tiresias era hijo de Everes y de la mencionada ninfa Cariclo.
18 Cariclo.
19 Autónoe, hija de Cadmo y madre de Acteón.
20 Padre de Acteón.
21 Fundador mítico de Tebas, en Beocia. Hermano de Europa, esposo de Harmonía y padre de Autónoe, la madre de Acteón.
22 Lábdaco, nieto de Cadmo, fue, a su vez, abuelo de Edipo; a este último y a sus descendientes se refiere el poeta con el término "Labdácidas".
23 "Conductor de Pueblos", otro nombre de Hades o Plutón.
24 Parece referirse a Atenea. El v. 136 no está completo.
25 De Inaco, dios-río de la Argólide.
26 La Argólide.

sábado, 22 de agosto de 2015

Giornalismo - Juan Gelman - Argentina


a la mañana a las diez los empleados de justicia
se pusieron a gritar contra la injusticia de sus magros
salarios
a las once fueron descubiertas ciertas maniobras
delictivas
a las doce el partido demócrata y burgués reiteró ser
demócrata y burgués
hubo un concurso en la municipalidad
subió la carestía de la vida
se almorzó en general o en camiseta cara a cara al buen
vino
la ley orgánica de la policía no sufrió grandes variantes
a la una a las dos de la tarde bajo la gloria del gran día
otras ciudades del país rememoraron a sus fundadores
sus bandidos
las comunas locales promovieron contrarias decisiones
el sur siguió en el sur
el presidente a las cuatro recibió su décimo magnate
petrolero
a las cinco me harté pero a las seis te vi
después de tantos años te vi a las seis y me turbé como
un niño
el pasado subía como tus dulces pechos
y eran las seis de la dulzura como un violento olvido
ahora hay pecas en tu cuello y tu voz era actual
de modo que a las siete ya no eras noticia
empezaba el crepúsculo
salía la gente del trabajo
subía la carestía de la vida
se descubrían nuevas maniobras delictivas
a lo largo y a lo ancho del país

jueves, 20 de agosto de 2015

Fragmento de El libro de Job - Anónimo - Cercano Oriente


Hay quien considera El Libro de Job no sólo la cumbre del genio poético hebreo, un ejemplo supremo entre los antiguos textos sapienciales, sino el poema más alto de todas las literaturas, por encima de Homero, Dante, Virgilio, La Bhágavad Gita o Shakespeare. La apreciación es excesiva, sin duda. De cualquier modo se trata de una obra maestra excepcional, admirable fusión de narrativa popular, alto lirismo, lamento individual, oráculo profético, tragedia filosófica y poema didáctico. Jorge Luis Borges decía que si hay un libro que merezca el nombre de sublime, ése es El libro de Job.

El poema relata las vicisitudes de un jeque idumeo1 poderoso y respetado, un sabio cuya piedad extraordinaria es mencionada por el profeta Ezequiel, comparándolo con Noé y David, que vivió en los confines de Arabia y Edom -región célebre por sus sabios- a quien el Dios hebreo Yahvé, o Jehová, permite que Satanás torture física y mentalmente para probar su integridad y su fe.

Se sabe muy poco acerca del autor. Algunos creen que data de la época de los patriarcas; otros, los menos, que era anterior a Moisés y que éste lo tradujo de algún dialecto semítico al hebreo. La mayoría cree que fue escrito cinco o seis siglos antes de nuestra era. Varios orientalistas piensan que el hecho de que un jefe tribal edomita sea interpelado por el Dios de los hebreos sugiere que el poema fue escrito en una fecha anterior al siglo VI a.C. y basan su suposición en que la desconfianza que los israelitas sentían hacia los edomitas se acentuó durante el exilio que siguió a la toma de Jerusalén por Nabucodonosor, en 587 a.C.

Según don Francisco de Quevedo el personaje se llamaba Jobab antes de su aventura; se le quitaron las dos letras finales a su nombre y quedó Job, que significa "el afligido, el que llora". El poema presenta similitudes con los oráculos de Isaías y las Lamentaciones de Jeremías.

Se ha señalado también la influencia de la tragedia griega o de los Diálogos de Platón en la composición de El libro de Job. Borges anota que Milton en un diálogo entre Cristo y Satán, en El Paraíso recobrado, hace decir al primero que El libro de Job es "una tragedia aún superior a las Esquilo y las de Sófocles". H.G. Wells, el autor de La máquina del tiempo, especulaba que el poema es posterior a los Diálogos y que el autor los había conocido. Nada de esto ha sido probado. Y aunque hay eruditos que creen que el autor de El libro de Job era un semita familiarizado con la religión y la literatura hebreas, la mayoría se inclina a pensar que es obra de un poeta judío. El libro no tiene sin embargo un ambiente hebreo y está plagado de elementos extranjeros. El autor, en todo caso, parece haber conocido bien Egipto. 

La obra comienza y concluye con dos breves narraciones en prosa, un prólogo y un epílogo, provenientes probablemente de un antiguo cuento popular que narraba la historia de un gran justo que se había mantenido fiel a Dios durante una prueba excepcional; estas narraciones enmarcan la parte central, en verso: un extenso diálogo ente el héroe y tres de sus amigos (eventualmente aparecerá un cuarto2), y al final la intervención del propio Dios. [...]

Existen muchas lecturas de El libro de Job. Una, que prevaleció durante siglos -nos hace saber Borges-, sostiene que es una especie de fábula sobre el estoicismo: el hombre que sufre, que debe sufrir, y que pese a todo no pierde su fe. Otra se plantea como una indagación del problema del mal: ¿a qué se debe el sufrimiento injustificado del inocente?, ¿por qué existe el mal en el mundo? Una tercera señala que Dios es inexplicable e inescrutable y que su naturaleza no puede ser comprendida por el hombre. Los hombres somos incapaces de pensar a Dios en términos humanos, es imposible e inútil aplicar una medida humana a la divinidad. El universo existe y en él existen nuestra desdicha y nuestra felicidad, no sabemos por qué.

El personaje que describe el poema es todo lo contrario de la imagen que la Iglesia ha querido popularizar. No es el resignado y paciente siervo de Dios, sino un ser humano angustiado e indignado que padece lo que a su juicio es un castigo injusto y que protesta con violencia por el modo como Dios lo trata. Job está convencido de su inocencia y no acepta, no puede aceptar, pese a la insistencia de sus amigos, que los males que padece sean consecuencia de su maldad.

Las personalidades de los tres amigos están muy bien trazadas. Elifaz aparece como un místico versado en la tradición profética. Bildad, como un sabio que se apoya en la autoridad irrefutable de la tradición. Zofar es un dogmático impaciente y suelto de lengua que expone lo que él considera son las vías incomprensibles de Dios. Los tres amigos atormentan a Job con sus incitaciones al arrepentimiento y a la sumisión. Job replica que todo se debe a un capricho de Dios y clama por la posibilidad de ir a un juicio con quien lo tortura sin motivo. Exige incluso la posibilidad de que un tercer actor, un testigo imparcial intervenga para protegerlo de lo que considera un abuso del poder irrestricto de Dios, que, como dice Quevedo, "encarcelábale el corazón en la congoja".

El tema central del poema, la agonía de un hombre que se siente perdido en un universo insensato y que percibe que ha sido abandono por todos, incluso por la divinidad, le confiere toda su vigencia. Lo que atormenta a Job, y al autor del poema, es la cuestión de la justicia y el honor del hombre en busca de su Dios, esto es, del sentido superior de la existencia. Más allá de cualquier sutileza teológica, el conflicto que plantea es de carácter moral: ¿por qué existe un sentido ético que nos dice que debemos obrar de un modo y no de otro? [...]


7
El hombre tiene el tiempo
contado sobre la tierra, y sus días
son como los días del jornalero.3
Lo mismo que el esclavo busca sombra
y el jornalero espera su salario,
así meses de escarnio son mi herencia
y mi cuenta las noches de dolor.
Si me acuesto me digo: "¿Vendrá el día?";
si me levanto: "¿Llegará la noche?",
y me siento angustiado hasta el crepúsculo.
Mi carne está cubierta de gusanos
y de costras de polvo,
mi piel se agrieta, purulenta.
Raudos como la lanzadera
del tejedor fueron mis días:
terminaron sin esperanza.
Recuerda que mi vida es sólo un soplo,
que mis ojos ya no contemplarán el bien.
Los ojos que me miran ya nunca me verán;
pondrás en mí la vista y ya no existiré.
Las nubes se disipan y se van:
lo mismo le sucede
al que baja al sepulcro: ya no sube;
no volverá a su casa
ni en su lugar lo reconocerán.
Por eso no refrenaré mi lengua,
hablaré con la angustia de mi espíritu,
me quejaré con la aflicción de mi alma.
¿Acaso soy el mar, o la ballena
para que pongas diques contra mí?
Digo: "Mi cama me confortará,
mi lecho atenuará mis quejas",
y entonces con visiones terribles me quebrantas,
me perturbas con sueños.
Por eso mi alma prefirió la muerte,
mis huesos claman por la desaparición.
Me disuelvo: no he de vivir por siempre,
déjame, pues mis días son sólo vanidad.
Qué es el hombre para que lo engrandezcas
y que pongas en él tu corazón
y lo visites todas las mañanas
y a cada instante lo escudriñes?
¿Hasta cuándo me dejarás?,
¿me darás tiempo de tragar saliva?
Incluso si pequé, ¿qué te he hecho a ti,
oh guardián de los hombres?
¿Por qué me has hecho blanco tuyo
y un fardo para mí?
¿Por qué no desvaneces mi delito
y perdonas mi falta?
Porque ahora me acostaré en el polvo,
me buscarás y ya no existiré.
Versión, introducción y notas de Francisco Serrano

1 Idumea, llamada en la Biblia y en las tablillas del Tell-el-Amarna Edom, que significa "rojo", era una región de Asia, entre Palestina y el Golfo de Akaba, en la península arábiga.
2 Algunos estudiosos piensan que la intervención de este cuarto personaje, llamado Eliú, es una interpolación posterior a la redacción original del poema. En todo caso no aparece ni en el prólogo ni en el epílogo.
3 Otra lectura posible de estos versos:
¿No es acaso una guerra la que libra
el hombre sobre la tierra, y sus días
como días de mercenario?


Nota de Francisco Serrano sobre la traducción:

Mi versión se limita a los textos que pude consultar en español y otras lenguas modernas. Seguí la traducción de Casiodoro de Reina, revisada por Cipriano de Valera. Cotejé la "admirable versión inglesa" (Borges) del siglo XVII, conocida como La Biblia del Rey Jacobo, y desde luego la intrincada traducción literal de Fray Luis de León, en la que el gran escritor se propuso "conservar el sentido latino y el aire hebreo", y algunos trozos transcritos por Quevedo. También revisé la espléndida y documentada traducción del orientalista francés Ernest Renan, y una curiosa versión francesa de una traducción etíope que encontré en la Biblioteca Nacional de Francia. Tuve igualmente a la vista La Biblia de Jerusalén y las versiones de Nácar y Colunga y de Torres Amat.

En mi versión intenté, como Fray Luis hace 500 años, hacer que las palabras "hablaran en castellano y no como extranjeras y advenedizas, sino como nacidas en él y naturales". Procuré conservar del poema la fluidez y la fuerza que emanan de sus imágenes, correspondencias y metáforas, sin apartarme demasiado de la inmediatez inigualable de su lenguaje. Desearía que, a pesar de mis deficiencias, algo de la sublime belleza del original se alcanzara a traslucir. Los lectores dirán qué tanto lo logré.

martes, 18 de agosto de 2015

Canción de los dos mundos - William Ospina - Colombia


En Europa es de día pero es de noche en África.
Al norte del mar está el tiempo, pero está al sur la eternidad.
Los blancos pueblos industriosos construyendo la gloria del
                                                                     [hombre.
Las negras lanzas nervadas custodiando la roja luna.
Las blancas piedras con forma de ninfas danzando en la nieve.
Las melenas de oro, las pieles rayadas, las criaturas de cuellos
                                  [larguísimos como si fueran sueños.
Al norte del mar el insomnio en la noche, al sur la siesta en la
                                                                        [tarde.
Al norte está la razón estudiando la lluvia, descifrando
                                                                  [los truenos.
Al sur están los danzantes engendrando la lluvia, al sur están
                               [los tambores inventando los truenos.