Nat Simons - Lights (2018)

domingo, 24 de junio de 2018

Literatura y fútbol/ 15 - La barrera - Roberto Fontanarrosa - Argentina


Un paso más atrás. Dos más atrás. Tres. Ahí está bien. Ya está la barrera formada. Una baldosa más acá. Un momento. Ante todo, sacar las cosas del arco. Hay botellas debajo de la pileta. Ya la otra vez cagó una. Y dos sifones. El blindado no es nada, pero el otro puede reventar, y los sifones revientan y los pedacitos de vidrio saltan y se meten en los ojos de uno. Bien juntas las macetas de la barrera. El arquero muy nervioso. Miguel Tornino frente al balón. Atención. El rubio Miguel Tornino frente al balón. Una mano en la cintura. La otra también. La mano sacándose el pelo de la frente. La transpiración de la frente. De los ojos. Hay silencio en el estadio. Es la siesta. Hasta el Negro se ha quedado quieto. Resignado a ser simple espectador de ese tiro libre de carácter directo que ya tiene como seguro ejecutor a Miguel Tornino, que estudia con los ojos entrecerrados el ángulo de tiro, el hueco que le deja la barrera, la luz que atisba entre la pierna derecha del recio mediovolante de la visita y la pata de portland de la maceta grandota del culantrillo. Un solo grito en el estadio: Miguel, Miguel. El público de pie ante ésta, la última oportunidad del Racing Club cuando sólo faltan dos minutos para que finalice el match. Habrá que apurarse antes de que vuelva a adelantarse la barrera o el Negro insista en morder la pelota y hacerla cagar como el otro día que la pinchó el muy boludo. Sonó el silbato. Habrá que pegarle de chanfle interno. La cara interna del pie diestro de Miguel Tornino, el pibe de las inferiores debutante hoy le dará al balón casi de costado, tal vez de abajo, con no mucha fuerza pero sí con satánica precisión para que ese fulbo describa una rara comba sobre la cabeza de los asombrados defensores, sobre el despeinado pirincho del helecho de la segunda maceta y se cuele entre el travesaño, el poste, el postrero manotazo de la lata de aceite Cocinero que se ha lucido hasta el momento. ¡Tiró Tornino...! y... se hizo mimbre en el aire el arquero ante el latigazo insólito de curva inesperada y con la punta de los dos dedos allá voló la lata a la mierda, carajo que ladra el Negro, sí mamá... sí la guardo... está bien... pero mirá vos cómo la viene a sacar este guacho.
De Los trenes matan a los autos, 1997

viernes, 22 de junio de 2018

Literatura y fútbol/ 14 - Elegía al guardameta - Miguel Hernández - España


Miguel Hernández también jugó al fútbol, concretamente como extremo derecha en un equipo formado por vecinos de su pueblo, Orihuela. Al equipo lo llamaban 'La Repartidora', no pregunten por qué. No debía de ser muy rápido corriendo la banda, porque lo apodaban 'Barbacha', que es una especie de caracol muy apreciado en su tierra.

Miguel tenía especial cariño por su portero, Manuel Soler, 'Lolo', así que le dedicó este poema.

El poema hay que explicarlo un poco:

Parece ser que en 1931, al despejar un córner, Lolo se abrió la cabeza con un poste, "como un sexo femenino", y tuvieron que coser y vendar "aquella granada de tristeza". A raíz de este hecho, Miguel Hernández imaginó que Lolo había muerto y fichaba como guardameta del equipo del cielo como un nuevo "sampedro" y escribió esta elegía.
En ella, el árbitro se convierte en "domador de jugadores" o "director de bravura", su silbato es un "grillo de plata", la cancha es "alpiste verde de sosiego de tiza jalonado", la portería "puerta de cáñamo añudado" o "jaulón medio de lino", el portero "araña parda" (treinta años antes de que al mítico portero ruso Lev Yashin lo llamaran así), las banderas de los jueces de línea pasan a ser "delación de las faltas, mensajeras de colores", la aglomeración de jugadores en el área para defender o rematar un córner la define como "tumulto de breves pantalones", la estirada del portero es "pez y fugaz", al balón lo llama "esfera terrenal" o "seno ambulante"...


A Lolo, sampedro joven en la portería del cielo de Orihuela
Tu grillo, por tus labios promotores,
de plata compostura,
árbitro, domador de jugadores,
director de bravura,
¿no silbará la muerte por ventura?

En el alpiste verde de sosiego,
de tiza galonado,
para siempre quedó fuera del juego
sampedro, el apostado
en su puerta de cáñamo añudado.

Goles para enredar en sí, derrotas,
¿no la mundial moscarda?
que zumba por la punta de las botas,
ante su red aguarda
la portería aún, araña parda.

Entre las trabas que tendió la meta
de una esquina a otra esquina
por su sexo el balón, a su bragueta
asomado, se arruina,
su redondez airosamente orina.

Delación de las faltas, mensajeras
de colores, plurales,
amparador del aire en vivos cueros,
en tu campo, imparciales
agitaron de córner las señales.

Ante tu puerta se formó un tumulto
de breves pantalones
donde bailan los príapos su bulto
sin otros eslabones
que los de sus esclavas relaciones.

Combinada la brisa en su envoltura
bien, y mejor chutada,
la esfera terrenal de su figura
¡cómo! fue interceptada
por lo pez y fugaz de tu estirada.

Te sorprendió el fotógrafo el momento
más bello de tu historia
deportiva, tumbándote en el viento
para evitar victoria,
y un ventalle de palmas te aireó gloria.

Y te quedaste en la fotografía,
a un metro del alpiste,
con tu vida mejor en vilo, en vía
ya de tu muerte triste,
sin coger el balón que ya cogiste.

Fue un plongeón mortal. Con cuánto tino
y efecto, tu cabeza
dio al poste. Como un sexo femenino,
abrió la ligereza
del golpe una granada de tristeza.

Aplaudieron tu fin por tu jugada.
Tu gorra, sin visera,
de tu manida testa fue lanzada,
como oreja tercera,
al área que a tus pasos fue frontera.

Te arrancaron, cogido por la punta,
el cabello del guante,
si inofensiva garra, ya difunta,
zarpa que a lo elegante
corroboraba tu actitud rampante.

¡Ay fiera!, en tu jaulón medio de lino,
se eliminó tu vida.
Nunca más, eficaz como un camino,
harás una salida
interrumpiendo el baile apolonida.

Inflamado en amor por los balones,
sin mano que lo imante,
no implicarás su viento a tus riñones,
como un seno ambulante
escapado a los senos de tu amante.

Ya no pones obstáculos de mano
al ímpetu, a la bota
en los que el gol avanza. Pide en vano,
tu equipo en la derrota,
tus bien brincados saques de pelota.

A los penaltys que tan bien parabas
acechando tu acierto,
nadie más que la red le pone trabas,
porque nadie ha cubierto
el sitio, vivo, que has dejado, muerto.

El marcador, al número al contrario,
le acumula en la frente
su sangre negra. Y ve el extraordinario,
el sampedro suplente,
vacío que dejó tu estilo ausente.

miércoles, 20 de junio de 2018

Literatura y fútbol/ 13 - El árbitro - Eduardo Galeano - Uruguay


El arbitro es arbitrario por definición. Éste es el abominable tirano que ejerce su dictadura sin oposición posible y el ampuloso verdugo que ejecuta su poder absoluto con gestos de ópera. Silbato en boca, el árbitro sopla los vientos de la fatalidad del destino y otorga o anula los goles. Tarjeta en mano, alza los colores de la condenación: el amarillo que castiga al pecador y lo obliga al arrepentimiento, y el rojo, que lo arroja al exilio.

Los jueces de línea, que ayudan pero no mandan, miran de afuera. Solo el árbitro entra al campo de juego; y con toda razón se persigna antes de entrar, no bien se asoma ante la multitud que ruge.

Su trabajo consiste en hacerse odiar. Única unanimidad del fútbol: todos lo odian. Lo silban siempre, jamás lo aplauden.

Nadie corre más que él. Él es el único que está obligado a correr todo el tiempo. Todo el tiempo galopa, deslomándose como un caballo, este intruso que jadea sin descanso entre los veintidós jugadores; y en recompensa de tanto sacrificio, la multitud aúlla exigiendo su cabeza. Desde el principio hasta el fin de cada partido, sudando a mares, el árbitro esta obligado a perseguir la blanca pelota que va y viene entre los pies ajenos. Es evidente que le encantaría jugar con ella, pero jamás esa gracia se le ha sido otorgada. Cuando la pelota, por accidente, le golpea el cuerpo todo el público recuerda a su madre. Y sin embargo, con tal de estar ahí, en el sagrado espacio verde donde la pelota rueda y vuela, él aguanta insultos, abucheos, pedradas y maldiciones.

A veces, raras veces, alguna decisión del árbitro coincide con la voluntad del hincha, pero ni así consigue probar su inocencia. Los derrotados pierden por él y los victoriosos ganan a pesar de él. Coartada de todos los errores, explicación de todas las desgracias, los hinchas tendrían que inventarlo si él no existiera. Cuanto más lo odian, más lo necesitan.

Durante más de un siglo el árbitro se vistió de luto. ¿Por quién? Por él. Ahora disimula con colores.

lunes, 18 de junio de 2018

Literatura y fútbol/ 12 - Domingos por la tarde - Luis García Montero - España


A veces las infancias escapan de sí mismas
y corren por la lluvia como en fuera de juego
sin oír las sirenas de los árbitros.
Es verdad que son mares en un vaso de agua,
pero hay olas que tienen esa espuma
de las alineaciones,
paraísos que aguardan los despachos
del último minuto
o días que amanecen
con la tranquilidad de un tres a cero,
de un cinco a cero en punto de la tarde.

Por lo demás también hay labios
en el extremo izquierda del domingo,
lesiones en las dudas del mañana,
pasados que regresan
igual que una llamada de teléfono.
-¿Y lo de ayer? Sonríe la memoria,
cuando parece amiga del equipo contrario.

Las verdades del área
son rectas de dudosa geometría,
como ardientes amores de ficción
en manos de un penalti.
Por eso saben mucho
de la felicidad y la belleza.

No conviene que demos a estas cosas
un valor excesivo.
Son noventa minutos en un vaso de agua.
Pero a mí me han quitado muchas veces la sed.
De Vista cansada, 2008

sábado, 16 de junio de 2018

Literatura y fútbol/ 11 - Poema al fútbol - Walter Saavedra - Argentina


Cómo vas a saber lo que es el amor
si nunca te hiciste hincha de un club.

Cómo vas a saber lo que es el dolor
si jamás un zaguero te rompió la tibia y el peroné
y estuviste en una barrera y la pelota te pegó justo ahí.

Cómo vas a saber lo que es el placer
si nunca diste una vuelta olímpica de visitante.

Cómo vas a saber lo que es el cariño
si nunca la acariciaste de chanfle entrándole con el revés del pie
para dejarla jadeando bajo la red.

Escuchame... Cómo vas a saber lo que es la solidaridad
si jamás saliste a dar la cara por un compañero golpeado desde atrás.

Cómo vas a saber lo que es la poesía
si jamás tiraste una gambeta.

Cómo vas a saber lo que es la humillación
si jamás te metieron un caño.

Cómo vas a saber lo que es la amistad
si nunca devolviste una pared.

Cómo vas a saber lo que es el pánico
si nunca te sorprendieron mal parado en un contragolpe.

Cómo vas a saber lo que es morir un poco
si jamás fuiste a buscar la pelota dentro del arco.

Decime viejo...  Cómo vas a saber lo que es la soledad
si jamás te paraste bajo los tres palos
a doce pasos de uno que te quería fusilar y terminar con tus esperanzas.

Cómo vas a saber lo que es el barro
si nunca te tiraste a los pies de nadie
para mandar una pelota sobre un lateral.

Cómo vas a saber lo que es el egoísmo
si nunca hiciste una de más
cuando tenias que dársela al nueve que estaba solo.

Cómo vas a saber lo que es el arte
si nunca, pero nunca, inventaste una rabona.

Cómo vas a saber lo que es la música
si jamás cantaste desde la popular.

Cómo vas a saber lo que es la injusticia
si nunca te sacó tarjeta roja un referí localista.

Decime, cómo vas a saber lo que es el insomnio
si jamás te fuiste al descenso.

Cómo, cómo vas a saber lo que es el odio
si nunca hiciste un gol en contra.

Cómo, pero cómo vas a saber lo que es llorar, sí,  llorar,
si jamás perdiste una final de un mundial
sobre la hora con un penal dudoso.

Cómo vas a saber, querido amigo,
cómo vas a saber lo que es la vida
si nunca jamás jugaste al fútbol.
Poema al fútbol,  recitado por Quique Wolff

jueves, 14 de junio de 2018

Fábulas/ 24 - El Lobo y la Garza - Esopo - Grecia


Fábula de Esopo adaptada por Bennett y traducida del francés por Ana María Matute. 

El lobo y la garza

Un lobo de pelo hirsuto y afilados colmillos habíase cebado con los bienes de gentes honradas y, al fin recibió amenazas de que iba, por ello, a ser colgado. Pidió ayuda a una garza muy hábil con la promesa de una fuerte suma.

La garza defendió muy bien la causa del lobo, y le salvó la cabeza. Luego pidió a su cliente el cumplimiento de la palabra dada.

-¡Cómo! -exclamó el malvado-. ¿Acaso no he permitido que te vayas, sin degollarte? ¡Considérate afortunada de que no haya triturado tu mísera osamenta, ni arrancado la peluca, ni desgarrado la ropa, hasta el último de sus fru-frus! No esperes otra recompensa por haber salvado a un lobo.

Moraleja:

Si ayudas a un canalla no esperes ningún bien.

martes, 12 de junio de 2018

Literatura y ciencia/ 32 - Los números transfinitos (los Alef de Georg Cantor) - José Florencio Martínez - España


No sino sombra son que se conjuga,
engranajes de sombra de lo no comprensible,
grietas de sombra densas, desgajadas
de las manos de un dios como migajas.

Pies de lo intransitable, luz
de lo nunca diáfano, agua de sombra
de la insaciable sed de trascendencia.

Casi sois nuestros, peces abisales,
y hasta la infinidad seremos vuestros.

Donde la nada toca a Dios.