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lunes, 20 de febrero de 2012

Giordano Bruno - Enrique Verástegui - Perú

Giordano Bruno - Ettore Ferrari
"Toda potencia de la naturaleza o del espíritu debe formar su opuesto como única condición y medio de su manifestación" (citado por Joyce, Cf. The Critical Writings).

Follajes de Noli
y aire suave de Labor,
Nápoles —fábricas de Nápoles tan llenas de Gramsci
y en Gramsci relampaguea
el aura de Bruno:
Giordano Bruno nacido en 1548, poeta,
filósofo que en el temblor de la duda
encontró la verdad
tan delicado como sombras
de lilas que el viento arrastra —el
saber alejandrino brotó fresco
en el jardín ya florido
de una mente severa.
Tuvo lo que su época le dio (fue clérigo intratable)
mas convino que toda época está en retroceso
y el pasado —¿dónde está?
que no esté arrumado
entre murallas de prejuicio
y largos trámites
burocráticos, la represión,
las relaciones mercantiles.

Oh campo aún velado en nieve espesa
y con ligeros brotes
de verdor: núcleos semánticos
núcleos de meditación
entre pétalos no más desesperados que este abismo
abierto entre el día
y la noche mientras nuestro paso es un siglo
tenuemente vacío levemente extraviado como hipótesis que van
rechazándose y negándose en un texto que a lo a priori
prefirió la luz de lo móvil
y el soñar
y errar en la vida
buscando belleza
y sabiduría = gramática de flores
aunque penumbras del vivir
sin más pobre lumbre
que haber regado un poco
este misterio del verdor
hoy signos sólo
y flores turbias
de un muy viejo manuscrito: el tuyo,
Giordano.
Y 30 años tenías,
vestidos trashumantes
cabellera oscura
y larga: hombrecillo
de rostro moreno
y oscura y rala barba —cuando
insultado y desterrado
vago vagaste vagón perdido como chispa rápida
de un detonante que ya
en la mecha de tu propia expresión
revienta los sentimientos de tu/mi éxodo poético
al sueño —tierra de promisión inhollada.

Milán, Venecia, Niza, compuertas de Génova
que han recibido a tantos extranjeros
te cerraban puertas y persianas
—sus bandos
bien claro (decían) que no debías
pisar sus yerbas
y has dormido al sereno
contemplando la elíptica del cometa en tu estilo
el cabello escarchado la materia infinita
y algún texto de Sedulius Scottus
te complace:

Scriptor sum (fateor), sum Musicus et Orpheus,
sum bos triturans, prospera quaeque volo,
sum vester miles sophiae praeditus armis:
pro nobis nostrum, Musa, rogato patrem...

(y seguiste recordando más versos).

Te amparaba
tu propio desamparo
y cielo infierno: suggetto —á doi contrarii eterno,
Bandito son dal ciel, et dal infierno
están lejos de ti
ni te reciben
vagabundo al llegar el día.

En Londres y París
en Wittemberg al dictar tus clases aprendías
la pesada luz de tus alumnos.
Y Praga te vio volar
como una antorcha de Joan Huss,
Caballería Roja, cerebro de flores en el sueño.

¿Quién decidirá
—pensabas—
entre Aristóteles
y Platón?
¿Quién entre Tomás y Agustín?
¿Entre la forma racional
y la forma ideal
de un mismo lenguaje represivo?
Y ya habíamos decidido
Giordano:
contigo en tus escritos.
No la verdad —no
sino el conocimiento de la causa
en el efecto
y me crucé contigo
en la penumbra
de la antecámara materialista
almácigos tiernos
dialéctica aún suave
como un crepúsculo.
Tu ópera de ligar / desligar
los misterios
y problemas de la física las leyes de la naturaleza
que tu mnemotecnia
dominaba (tu práctica analógica)
te valió el lodo de tu nombre
—ser el brillo
que alumbra este pasado
de hombres que pagaron caro
su arrogante deseo de saber.

Y en Venecia te llevaron al miserable tribunal
del Santo Oficio y te juzgaron
te desnudaron te maniataron te humillaron
y el proceso penoso y largo
duró años: Giordano Bruno
ni transa ni se retracta - no pierde
el nolano
judío errante
la altivez de su verdad.

Lo declaran ateo impío corrompido –lo excomulgan
y viene la condena:
"que sea castigado
con la mayor dulzura posible y sin efusión
de sangre, sine ulla sanguinis effusione"
que en maligna lengua eufemista represiva
y clasicista dictaminaban los inquisidores de siempre
morir quemado vivo
y entonces Bruno replica
ya bellísimo su alto testamento: "más os intimida
pronunciar mi sentencia a vosotros
que a mí el oírla"
y entró sereno en la brasa
lúcido entre las ávidas llamas

Toda época está
en retroceso y todo presente es pasado devorado
en el futuro y aquel 17 de febrero de 1600
Giordano Bruno, poeta,
loco y filósofo que en la duda encontró su verdad
nació para todos
y yo nací con él, yo soy Giordano Bruno.
De Angelus novus (1989)

viernes, 17 de febrero de 2012

Poema de Giordano Bruno a sus verdugos - Italia

Inauguración del monumento a Giordano Bruno en Campo dei Fiori (Roma) - Ettore Ferrari, 1889
Decid, ¿cual es mi crimen? ¿lo sospecháis siquiera?
Y me acusáis, ¡sabiendo que nunca delinquí!
Quemadme, que mañana, donde encendáis la hoguera,
levantará la historia una estatua para mí.
Yo sé que me condena vuestra demencia suma.
¿Por qué?... Porque las luces busqué de la verdad.
No en vuestra falsa ciencia, que el pensamiento abruma
con dogmas y con mitos robados a otra edad,
sino en el libro eterno del Universo mundo,
que encierra entre sus folios de inmensa duración
los gérmenes benditos de un porvenir fecundo,
basado en la justicia, fundado en la razón.
Y bien sabéis que el hombre, si busca en su conciencia
la causa de las causas, el último porqué,
ha de trocar muy pronto la Biblia por la ciencia,
los templos por la escuela, la razón por la fe.
Yo sé que esto os asusta, como os asusta todo,
todo lo grande, y quisierais poderme desmentir.
Más aún, vuestras conciencias, hundidas en el lodo
de un servilismo que hace de lástima gemir...
aún allá, en el fondo, bien saben que la idea,
es intangible, eterna, divina, inmaterial...
Que no es ella el Dios y la religión vuestra
sino la que forma con sus cambios, la historia universal.
Que es ella la que saca la vida del osario,
la que convierte al hombre, de polvo, en creador;
la que escribió con sangre la escena del Calvario,
después de haber escrito con luz, la de Tabor.
Mas sois siempre los mismos, los viejos fariseos,
los que oran y se postran donde los puedan ver,
fingiendo fe sois falsos llamando a Dios, ateos,
¡chacales que un cadáver buscáis para roer!...
¿Cual es vuestra doctrina? Tejido de patrañas;
vuestra ortodoxia, embuste; vuestro patriarca, un rey;
leyenda vuestra historia, fantástica y extraña;
vuestra razón, la fuerza; y el oro vuestra ley.
Tenéis todos los vicios que antaño los gentiles,
tenéis las bacanales, su pérfida maldad;
como ellos sois farsantes, hipócritas y viles,
queréis, como quisieron, matar a la verdad;
Mas... ¡Vano es vuestro empeño!... Si en esto vence alguno,
soy yo, porque la historia dirá en lo porvenir:
"Respeto a los que mueren como muriera Bruno"
Y en cambio vuestros nombres... ¿quién los podrá decir?

¡Ah!... Prefiero mil veces mi muerte a vuestra suerte;
morir como yo muero... no es una muerte ¡no!
Morir así es la vida; vuestro vivir, la muerte.
Por eso habrá quien triunfe, y no es Roma ¡soy yo!
Decid a vuestro Papa, vuestro señor y dueño,
decidle que a la muerte me entrego como un sueño,
porque es la muerte un sueño que nos conduce a Dios…
Más no a ese Dios siniestro, con vicios y pasiones
que al hombre da la vida y al par su maldición,
sino a ese Dios-Idea, que, en mil evoluciones,
da a la materia forma y vida a la creación.
No al Dios de las batallas, sí al Dios del pensamiento,
al Dios de la conciencia, al Dios que vive en mí,
al Dios que anima el fuego, la luz, la tierra, el viento,
al Dios de las bondades, no al Dios de ira sin fin.
Decidle que diez años, con fiebre, con delirio,
con hambre, no pudieron mi voluntad quebrar;
que niegue Pedro al Maestro Jesús, que a mí ante el martirio,
de la verdad que sepa, no me haréis apostatar.
¡Mas basta!... ¡Yo os aguardo! Dad fin a vuestra obra.
¡Cobardes! ¿Qué os detiene?... ¿Teméis al porvenir?
¡Ah!... Tembláis... Es porque os falta la fe que a mí me sobra...
Miradme... Yo no tiemblo... ¡Y soy quien va a morir!...

Giordano Bruno, filósofo, astrónomo, poeta y religioso italiano, fue condenado por la Inquisición por herejía y ejecutado en la hoguera en el Campo dei Fiori de Roma el 17 de febrero de 1600. Bruno se había adherido a la teoría heliocéntrica de Nicolás Copérnico y se había atrevido además a plantear la infinitud del universo y la posibilidad de la existencia de otros mundos como la Tierra.

Quemadme, que mañana, donde encendáis la hoguera,
levantará la historia una estatua para mí.


Efectivamente, en 1889 se inauguró en el mismo lugar de la ejecución una estatua en su honor, obra del escultor Ettore Ferrari. En la base del monumento hay tres bajorrelieves en bronce que representan tres escenas de su vida: disertando en la cátedra de Oxford, compareciendo ante el tribunal de la Inquisición y su ejecución en la hoguera. Al frente hay una placa que reza: A Bruno - Il secolo da Lui divinato, qui dove il rogo arse (A Bruno - El siglo que él adivinó, aquí donde el fuego ardía). Pero el monumento no sólo recuerda a Giordano Bruno sino que además evoca a otros personajes de la historia que también tuvieron enfrentamientos con la Iglesia Católica. Sobre la placa del frente hay dos medallones de bronce rodeados de festones en mármol con los rostros en bajorrelieve de Fray Paolo Sarpi (1552-1625) y Fray Tommaso Campanella (1568-1639) y sobre cada uno de los otros tres lados hay dos medallones idénticos con los rostros de Erasmo de Rotterdam (1466 - 1536), Giulio Cesare Vanini (1585 - 1619), Aonio Paleario (1503 - 1570), Miguel Servet (1511 - 1553), John Wiclef (1320 - 1384) y John Huss (1370 - 1415).

Giordano Bruno:
* Existen un número innumerable de soles,
y un número infinito de tierras que giran alrededor de esos soles.

* Todo este orbe, no estando sujeto a la muerte, y siendo imposibles la disolución y la aniquilación en la Naturaleza, de tanto en tanto se renueva a sí mismo cambiando y alterando todas sus partes. No hay un arriba o abajo absolutos, como enseñó Aristóteles; ninguna posición absoluta en el espacio; sino que la posición de un cuerpo es relativa a las de los otros cuerpos. En todos lados hay un incesante cambio relativo de posición a través del universo, y el observador siempre está en el centro.

* En general, todas las religiones, turban la paz y la serenidad en el hombre, apagan la luz de la razón y no sirven para mejorar las costumbres.

* Vendrá un nuevo y deseado siglo, en que los númenes serán desterrados al Orco y cesará el miedo a las penas eternas.

* De la misma manera que el tiempo es uno, pero en diversos sujetos temporales, así es uno el instante en la diversidad y en la totalidad de las partes del tiempo, como yo soy el mismo que fui, soy y seré, sea aquí en mi casa, en el templo o allí donde me hallare... Porque si no existiese el instante, no existiría el tiempo; y, por tanto, el tiempo, en esencia y sustancia, no es otra cosa que instante. Y bástate esto si eres buen entendedor.

* Gran cosa es, ciertamente, que el tiempo, que no nos alcanza siquiera para las cosas necesarias aun cuando venga celosamente guardado, sea las más de las veces malgastado en cosas superfluas, y hasta viles y vergonzosas.

* No debo ni quiero arrepentirme, no tengo motivo para ello y no sé por qué debo arrepentirme.


Jueves, día 16 del corriente (febrero de 1600)
A las 2 de la noche fue comunicado a la Compañía que por la mañana se debía hacer justicia a un impenitente; y por eso a las 6 horas de la mañana, reunidos los frailes confortantes y el capellán de Santa Úrsula, y dirigiéndose a la cárcel de Torre de Nona, entraron en nuestra capilla y después de rezar, nos entregaron al suscrito condenado a muerte, es decir:

Giordano del quondam Giovanno Bruni, fraile apóstata de Nola di Regno, hereje impenitente. El cual fue exhortado con toda caridad por nuestros hermanos, y mandados llamar dos padres de Santo Domingo, dos jesuitas, uno de la Chiesa Nuova y uno de san Jerónimo, quienes con mucho afecto y doctrina le mostraron su error, estuvo hasta el fin en su maldita obstinación, dando vueltas con su intelecto y su cerebro con mil errores y vanidades. Y tanto perseveró en su obstinación, que fue conducido por los ministros de justicia a Campo dei Fiori, y allí se le desnudó y fue atado a un palo y quemado vivo, acompañado siempre por nuestra compañía que cantaba letanías, y los confortantes lo atendían hasta el último momento para que abandonara su obstinación, con la que al final acabó su miserable e infeliz vida.

Tremate forse piu voi nel pronunciare la sentenza che io nel riceverla.
Tembláis más vosotros al pronunciar la sentencia que yo al recibirla. [Giordano Bruno]