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martes, 23 de junio de 2015

Locus amoenus/ 3 - Noche serena - Fray Luis de León - España


Cuando contemplo el cielo
de innumerables luces adornado,
y miro hacia el suelo
de noche rodeado,
en sueño y en olvido sepultado,

el amor y la pena
despiertan en mi pecho un ansia ardiente;
despiden larga vena
los ojos hechos fuente,
Loarte1, y digo al fin con voz doliente:

"Morada de grandeza,2
templo de claridad y hermosura,
el alma, que a tu alteza
nació, ¿qué desventura
la tiene en esta cárcel3 baja, escura?

¿Qué mortal desatino
de la verdad aleja así el sentido,
que, de tu bien divino
olvidado, perdido
sigue la vana sombra, el bien fingido?4

El hombre está entregado
al sueño, de su suerte no cuidando;
y con paso callado,
el cielo, vueltas dando,
las horas del vivir le va hurtando.5

¡Oh, despertad, mortales!
Mirad con atención en vuestro daño.
Las almas inmortales,
hechas a bien tamaño,
¿podrán vivir de sombra y de engaño?

¡Ay, levantad los ojos
aquesta celestial eterna esfera!
Burlaréis los antojos6
de aquesa lisonjera
vida, con cuanto teme y cuanto espera.

¿Es más que un breve punto
el bajo y torpe suelo, comparado
con ese gran trasunto,7
do vive mejorado
lo que es, lo que será, lo que ha pasado?

Quien mira el gran concierto
de aquestos resplandores eternales,8
su movimiento cierto,
sus pasos desiguales
y en proporción concorde tan iguales;

la luna cómo mueve
la plateada rueda, y va en pos della9
la luz do el saber llueve,10
y la graciosa estrella
de amor11 la sigue reluciente y bella;

y cómo otro camino
prosigue el sanguinoso Marte12 airado,
y el Júpiter benino13
de bienes mil cercado,
serena el cielo con su rayo armado;

rodéase en la cumbre
Saturno, padre de los siglos de oro;14
tras él la muchedumbre
del reluciente coro15
su luz va repartiendo y su tesoro:

¿quién es el que esto mira
y precia la bajeza de la tierra,
y no gime y suspira
y rompe lo que encierra
el alma, y destos bienes la destierra?

Aquí vive el contento,
aquí reina la paz; aquí, asentado
en rico y alto asiento,
está el Amor sagrado,16
de glorias y deleites rodeado.

Inmensa hermosura
aquí se muestra toda, y resplandece
clarísima luz pura,
que jamás anochece;
eterna primavera aquí florece.

¡Oh, campos verdaderos!
¡Oh, prados con verdad frescos y amenos!
¡Riquísimos mineros!17
¡Oh, deleitosos senos!18
¡Repuestos valles, de mil bienes llenos!"
Notas de David López del Castillo
Fray Luis de León

1 Diego Oloarte, destinatario de la oda.
2 El cielo, donde viven las almas inmortales. 
3 La cárcel del alma es el cuerpo y el mundo material que lo rodea.  
4 La realidad, simple sombra emanada del bien divino. 
5 Esta alusión al paso del tiempo anticipa en cierta medida la visión barroca de la vida como sueño del que despertamos con la muerte. 
6 Pueden entenderse como las trampas o estorbos a la visión (anteojos, semejantes a los que se colocan a los caballos) o, más propiamente, como los deseos o caprichos de los bienes terrenales. 
7 La esfera celeste, donde las ideas habitan junto a Dios. 
8 Las estrellas. 
9 La rueda más cercana a la tierra es la que sigue la órbita lunar. 
10 La segunda rueda corresponde a Mercurio, transmisor de sabiduría. 
11 Venus, en la tercera órbita. 
12 La quinta rueda (el poeta se salta la cuarta, la del Sol), gobernada por el sangriento (sanguinoso) Marte, dios de la guerra. 
13 La sexta rueda, regida por el rayo de Júpiter, apaciguador del cielo. 
14 En la séptima y última gira Saturno, rodeado de tres luces (satélites diríamos hoy), proporcionando paz y abundancia, como en la Edad de Oro. 
15 Las estrellas fijas. 
16 El Espíritu Santo. 
17 Fuentes o manantiales. 
18 Se convierte aquí el ciclo en un locus amoenus, un lugar escondido, en cuyos bien abastecidos o repuestos valles abundan las riquezas.

sábado, 13 de junio de 2015

A Francisco de Salinas - Fray Luis de León - España


    Salinas (Burgos, h. 1513 - Salamanca, 1590), ciego desde los diez años, fue un excelente músico y organista. Desde 1567 ocupó la cátedra de su disciplina en la Universidad de Salamanca, poco después de que ganara la suya fray Luis. La publicación de su tratado De musica libri septem (1577) pudo motivar la redacción de esta oda, en la que se fusionan ideas platónicas y pitagóricas.

A Francisco de Salinas,
catedrático de Música de la Universidad de Salamanca
El aire se serena
y viste de hermosura y luz no usada,
Salinas, cuando suena
la música extremada,
por vuestra sabia mano gobernada.

A cuyo son divino
el alma, que en olvido está sumida,
torna a cobrar el tino
y memoria perdida
de su origen primera esclarecida1.

Y como se conoce2,
en suerte y pensamientos se mejora;
el oro desconoce,
que el vulgo vil adora,
la belleza caduca, engañadora.

Traspasa el aire todo
hasta llegar a la más alta esfera3,
y oye allí otro modo
de no perecedera
música, que es la fuente y la primera.

Ve cómo el gran Maestro,
aquesta inmensa cítara aplicado4,
con movimiento diestro
produce el son sagrado,
con que este eterno templo es sustentado.

Y como está compuesta
de números concordes, luego envía
consonante respuesta;
y entrambas a porfía
se mezcla una dulcísima armonía5.

Aquí la alma navega
por un mar de dulzura, y finalmente
en él ansí se anega
que ningún accidente
estraño y peregrino oye o siente.

¡Oh, desmayo dichoso!
¡Oh, muerte que das vida! ¡Oh, dulce olvido!
¡Durase en tu reposo,
sin ser restituido
jamás aqueste bajo y vil sentido!

A este bien os llamo,
gloria del apolíneo sacro coro6,
amigos a quien amo
sobre todo tesoro;
que todo lo visible es triste lloro.

¡Oh, suene de contino,
Salinas, vuestro son en mis oídos,
por quien al bien divino
despiertan los sentidos
quedando a lo demás amortecidos!
Introducción y notas de David López del Castillo
1 Su ilustre procedencia divina; origen era femenino, como el latino origo. 
2 Se reconoce en el mundo ideal; a esto llamó Platón anamnesis. 
3 El cielo Empíreo, morada de Dios en el sistema platónico. 
4 Dios, dedicado a tocar un enorme instrumento, con el que gobierna el universo; nótese la fusión de la preposición con el demostrativo (aqueste por a aqueste). 
5 La música divina y la que envía el alma compiten (a porfía) antes de fundirse en una. 
6 Sus amigos, todos ellos dedicados a la creación, a las Musas, dependientes de Apolo.

domingo, 28 de abril de 2013

Profecía del Tajo - Fray Luis de León - España


    Folgaba el Rey Rodrigo
con la hermosa Cava en la ribera
del Tajo, sin testigo;
el río sacó fuera
el pecho, y le habló desta manera:

    "En mal punto te goces,
injusto forzador; que ya el sonido
oyo, ya y las voces,
las armas y el bramido
de Marte, de furor y ardor ceñido.

    "¡Ay! esa tu alegría
qué llantos acarrea, y esa hermosa,
que vio el sol en mal día,
a España ¡ay cuán llorosa!,
y al cetro de los Godos ¡cuán costosa!

    "¡Llamas, dolores, guerras,
muertes, asolamiento, fieros males
entre tus brazos cierras;
trabajos inmortales
a ti y a tus vasallos naturales:

    "a los que en Constantina
rompen el fértil suelo, a los que baña
el Ebro, a la vecina
Sansueña, a Lusitania,
a toda la espaciosa y triste España.

    "Ya dende Cádiz llama
el injuriado Conde, a la venganza
atento y no a la fama,
la bárbara pujanza,
en quien para tu daño no hay tardanza.

    "Oye que al cielo toca
con temeroso son la trompa fiera,
que en África convoca
el Moro a la bandera,
que al aire desplegada va ligera.

    "La lanza ya blandea
el Árabe cruel, y hiere el viento,
llamando a la pelea;
innumerable cuento
de escuadras juntas veo en un momento.

    "Cubre la gente el suelo,
debajo de las velas desparece
la mar; la voz al cielo
confusa y varia crece;
el polvo roba el día y le escurece.

    "¡Ay!, que ya presurosas
suben las largas naves; ¡ay!, que tienden
los brazos vigorosos
a los remos, y encienden
las mares espumosas por do hienden.

    "El Éolo derecho
hincha la vela en popa, y larga entrada
por el Hercúleo Estrecho
con la punta acerada
el gran padre Neptuno da a la armada.

    "¡Ay, triste! ¿y aun te tiene
el mal dulce regazo? ¿ni llamado
al mal que sobreviene,
no acorres? ¿ocupado
no ves ya el puerto a Hércules sagrado?

    "Acude, acorre, vuela,
traspasa el alta sierra, ocupa el llano;
no perdones la espuela,
no des paz a la mano,
menea fulminando el hierro insano."

    ¡Ay, cuánto de fatiga,
ay, cuánto de sudor está presente
al que viste loriga,
al infante valiente,
a hombres y a caballos juntamente!

    Y tú, Betis divino,
de sangre ajena y tuya amancillado,
darás al mar vecino
¡cuánto yelmo quebrado,
cuánto cuerpo de nobles destrozado!

    El furibundo Marte
cinco luces las haces desordena,
igual a cada parte;
la sexta, ¡ay!, te condena,
¡oh cara patria!, a bárbara cadena.
Fray Luis de León

    El adulterio de don Rodrigo con la hermosa Cava y la traición del "injuriado Conde" don Julián adquieren dimensión más solemne por su correspondencia con el mito de Helena y Paris y la premonición de Nereo relatada por Horacio (Odas, I, XV). FRANCISCO RICO

    Si no contásemos con Garcilaso y con Juan de la Cruz (quizá también con Lope en sus versos más inspirados), podríamos asegurar que no existe en castellano musicalidad poética tan alta como la de Fray Luis.

domingo, 16 de diciembre de 2012

Beatus ille/ 11 - A la salida de la cárcel - Fray Luis de León - España


Aquí la envidia y mentira
me tuvieron encerrado.
Dichoso el humilde estado
del sabio que se retira
de aqueste mundo malvado,
y con pobre mesa y casa
en el campo deleitoso
con sólo Dios se compasa
y a solas su vida pasa,
ni envidiado ni envidioso.

El tema literario de la vida retirada tomó cuerpo y forma real en una célebre décima (o, mejor, doble quintilla) de contenida y epigramática expresión. Se dijo, y el tiempo, dado a las leyendas, lo ha ido repitiendo, que fray Luis la dejó escrita en la pared de su celda. FRANCISCO RICO

miércoles, 25 de mayo de 2011

Beatus ille/8 - Égloga primera de Las Bucólicas - Virgilio - Roma

Virgilio y las Musas. A su derecha, Clío, la musa de la Historia; a su izquierda, y sosteniendo una máscara, Melpómene, la musa del Teatro Trágico - Mosaico romano - Museo del Bardo, Túnez
ÉGLOGA PRIMERA
TÍTIRO Y MELIBEO


MEL. Tú, Títiro, a la sombra descansando
desta tendida haya, con la avena
el verso pastoril vas acordando.

Nosotros, desterrados; tú, sin pena,
cantas de tu pastora, alegre, ocioso,
y tu pastora el valle y monte suena.

TÍT. Pastor, este descanso tan dichoso
dios me le concedió, que reputado
será de mí por dios aquel piadoso,

y bañará con sangre su sagrado
altar muy muchas veces el cordero
tierno, de mis ganados degollado.

Que por su beneficio soy vaquero,
y canto, como ves, pastorilmente
lo que me da contento y lo que quiero.

MEL. No te envidio tu bien; mas grandemente
me maravillo haberte sucedido
en tanta turbación tan felizmente.

Todos de nuestro patrio y dulce nido
andamos alanzados; vesme agora
aquí cuál voy enfermo y dolorido,

y guío mis cabrillas. Y esta que hora
en medio aquellos árboles parida,
¡ay!, con lo que el rebaño se mejora,

dejó dos cabritillos, dolorida,
encima de una losa, fatigado,
de mí sobre los hombros es traída.

¡Ay triste!, que este mal y crudo hado,
a nuestro entendimiento no estar ciego,
mil veces nos estaba denunciado.

Los robles lo decían ya con fuego
tocados celestial, y lo decía
la siniestra corneja desde luego.

Mas tú, si no te ofende mi porfía,
declárame, pastor, abiertamente
quién es aqueste dios de tu alegría.

TÍT. Pensaba, Melibeo, neciamente,
pensaba yo que aquella que es llamada
Roma no era en nada diferente

de aquesta villa nuestra acostumbrada,
adonde las más veces los pastores
llevamos ya la cría destetada.

Así con los perrillos los mayores,
así con las ovejas los corderos,
y con las cosas grandes las menores

solía comparar; mas los primeros
lugares, con aquella comparados,
son como dos extremos verdaderos,

Que son de Roma ansí sobrepujados,
cual suelen del ciprés, alto y subido,
los bajos romerales ser sobrados.

MEL. Pues di: ¿cuál fue la causa que, movido,
a Roma te llevó? TÍT. Fue libertarme;
lo cual, aunque algo tarde, he conseguido.

Que, al fin, la libertad quiso mirarme
después de luengo tiempo, y, ya sembrado
de canas la cabeza, pudo hallarme;

Después que Galatea me ha dejado,
y soy de la Amarilis prisionero,
y vivo a su querer todo entregado.

Que en cuanto duró aquel imperio fiero
en mí de Galatea, yo confieso
que ni curé de mí ni del dinero.

Llevaba yo a la villa mucho queso;
vendía al sacrificio algún cordero,
mas no volvía rico yo por eso.

MEL. Y esto fue aquel semblante lastimero
que tanto en Galatea me espantaba;
esto por qué llamaba al cielo fiero.

Esto por qué tristísima dejaba
la fruta sin coger en su cercado,
pues Títiro, su bien, ausente estaba.

Tú, Títiro, te habías ausentado,
los pinos y las fuentes te llamaban,
las yerbas y las flores de este prado.

TÍT. ¿Qué pude? Que mil males me cercaban,
y allí para salir de servidumbre
los cielos más dispuestos se mostraban.

Que allí vi, Melibeo, aquella cumbre,
aquel divino mozo por quien uno
mi altar en cada mes enciende lumbre.

Allí primero dél que de otro alguno
oí: «Paced, vaqueros, libremente,
paced como solía cada uno».

MEL. Por manera que a ti perpetuamente
te queda tu heredad, ¡oh bienhadado!,
aunque pequeña, pero suficiente.

Bastante para ti demasiado,
aunque de pedregal y de pantano
lo más de toda ella está ocupado.

No dañará el vecino grey mal sano
con males pegadizos tu rebaño,
dejando tu esperanza rica en vano.

No causará dolencia el pasto extraño
en lo preñado dél, ni en lo parido
las nunca usadas yerbas harán daño.

Dichoso poseedor, aquí tendido
del fresco gozarás, junto a la fuente
a la margen del río do has nacido.

Las abejas aquí continamente,
deste cercado hartas de mil flores,
te adormirán sonando blandamente.

Debajo la alta peña sus amores
el leñador aquí, cantando al viento,
esparcirá, y la tórtola dolores.

La tórtola en el olmo haciendo asiento
repetirá su queja, y tus queridas
palomas sonarán con ronco acento.

TÍT. Primero los venados las tendidas
lagunas pacerán, y el mar primero
denegará a los peces sus manidas,

Y beberá el Germano y Parto fiero,
troncando sus lugares naturales,
el Albi aquéste, el Tigri aquél, ligero;

Primero, pues, que aquellas celestiales
figuras de aquel mozo, de mi pecho
borradas, desparezcan las señales.

MEL. Nosotros pero iremos con despecho,
unos, a los sedientos Africanos,
otros, a los de Scitia, campo estrecho,

Y otros a los montes y a los llanos
de la Creta, y del todo divididos
de nuestra redondez a los Britanos.

Después de muchos días ya corridos,
¡ay!, si avendrá que viendo mis majadas,
las pobres chozas, los paternos nidos;

Después de muchas mieses ya pasadas,
si viéndolas diré maravillado:
¡Ay, tierras, ay, dolor, mal empleadas!

¿Tan buenas posesiones un soldado
maldito, y tales mieses tendrá un fiero?
¡Ved para quién hubimos trabajado!

Ved a qué miserable y lastimero
estado a los cuitados ciudadanos
condujo el obstinado pecho entero.

Ve, pues, ¡oh Melibeo!, y con tus manos
en orden pon las vides, y curioso
enjiere los perales y manzanos.

Andad, ganado mío, ya dichoso;
dichosas ya en un tiempo, id, cabras mías,
que ya no cual solía, alegre, ocioso,

No estando ya tendido en las sombrías
cuevas, os veré lejos ir paciendo,
colgadas por las peñas altas, frías.

No cantaré; ni yéndoos yo paciendo,
vosotras ni del cítiso florido,
ni del amargo sauce iréis cogiendo.

TÍT. Podrías esta noche aquí tendido
en blanda y verde hoja dar reposo
al cuerpo flaco, al ánimo afligido.

Y cenaremos bien, que estoy copioso
de maduras manzanas, de castañas
enjertas, y de queso muy sabroso.

Y ya las sombras caen de las montañas
más largas, y convidan al sosiego;
y ya de las aldeas y cabañas

despide por los techos humo el fuego.

Versión de Fray Luis de León
Virgilo escribió Las Églogas en épocas complicadas para Roma.
Entre los años 42-40 a. C. se produce una guerra civil, consecuencia del asesinato del dictador César por los republicanos en 44 a. C. Éstos son derrotados por Marco Antonio y Octavio en la batalla de Filipos (42 a. C.), pero mientras tanto se dictan confiscaciones de tierras para satisfacer a los soldados del bando cesarista. Como es sabido, Octavio acabará siendo el primer emperador de Roma.
La égloga I se levanta sobre este trasfondo social y presenta dos situaciones antitéticas: por una parte, el pastor Títiro mantiene sus posesiones porque un ser poderoso, "un dios", le ha protegido; por otra, el pastor Melibeo ha sido desposeído de su patrimonio y está a punto de marchar al exilio. En Títiro se ha visto, velada, la figura de Virgilio (republicano convencido, como Cicerón), quien, sin duda, se benefició de la benevolencia de Octavio.

Fray Luis de León versionó en ciento cincuenta y siete versos, distribuidos en cincuenta y dos tercetos encadenados, el original de Virgilo de ochenta y tres versos.

domingo, 19 de septiembre de 2010

Beatus ille/7 - Beatus ille - Epodo II - Horacio - Roma

HoracioBeatus ille qui procul negotiis,
ut prisca gens mortalium,
paterna rura bubus exercet suis
solutus omni faenore
neque excitatur classico miles truci
neque horret iratum mare
forumque vitat et superba civium
potentiorum limina.
ergo aut adulta vitium propagine
altas maritat populos
aut in reducta valle mugientium
prospectat errantis greges
inutilisque falce ramos amputans
feliciores inserit
aut pressa puris mella condit amphoris
aut tondet infirmas ovis.
vel cum decorum mitibus pomis caput
Autumnus agris extulit,
ut gaudet insitiva decerpens pira
certantem et uvam purpurae,
qua muneretur te, Priape, et te, pater
Silvane, tutor finium.
libet iacere modo sub antiqua ilice,
modo in tenaci gramine:
labuntur altis interim ripis aquae,
queruntur in Silvis aves
frondesque lymphis obstrepunt manantibus,
somnos quod invitet levis.
at cum tonantis annus hibernus Iovis
imbris nivisque conparat,
aut trudit acris hinc et hinc multa cane
apros in obstantis plagas
aut amite levi rara tendit retia
turdis edacibus dolos
pavidumque leporem et advenam laqueo gruem
iucunda captat praemia.
quis non malarum quas amor curas habet
haec inter obliviscitur?
quodsi pudica mulier in partem iuvet
domum atque dulcis liberos,
Sabina qualis aut perusta Solibus
pernicis uxor Apuli,
sacrum vetustis exstruat lignis focum
lassi Sub adventum viri
claudensque textis cratibus laetum pecus
distenta siccet ubera
et horna dulci vina promens dolio
dapes inemptas adparet:
non me Lucrina iuverint conchylia
magisve rhombus aut scari,
siquos Eois intonata fluctibus
hiems ad hoc vertat mare,
non Afra avis descendat in ventrem meum,
non attagen Ionicus
iucundior quam lecta de pinguissimis
oliva ramis arborum
aut herba lapathi prata amantis et gravi
malvae salubres corpori
vel agna festis caesa Terminalibus
vel haedus ereptus lupo.
has inter epulas ut iuvat pastas ovis
videre properantis domum,
videre fessos vomerem inversum boves
collo trahentis languido
positosque vernas, ditis examen domus,
circum renidentis Laris.
haec ubi locutus faenerator Alfius,
iam iam futurus rusticus,
omnem redegit idibus pecuniam,
quaerit kalendis ponere.
_____________________________

Dichoso el que de pleitos alejado,
cual los del tiempo antigo,
labra sus heredades no obligado
al logrero enemigo.

Ni el arma en los reales le despierta,
ni tiembla en la mar brava,
huye la plaza y la soberbia puerta
de la ambición esclava.

Su gusto es, o poner la vid crecida
al álamo ayuntada,
o contemplar cuál pace, desparcida
al valle, su vacada.

Ya poda el ramo inútil, ya engiere
en su vez el extraño,
o castra sus colmenas o, si quiere,
tresquila su rebaño.

Pues cuando el padre Otoño muestra fuera
la su frente galana,
¡con cuánto gozo coge la alta pera,
las uvas como grana,

y a ti, sacro Silvano, las presenta,
que guardas el ejido!
Debajo un roble antiguo ya se asienta,
ya en el prado florido.

El agua en las acequias corre, y cantan
los pájaros sin dueño.
Las fuentes al murmullo que levantan,
despiertan dulce sueño,

y ya que el año cubre campo y cerros
con nieve y con heladas,
o lanza el jabalí con muchos perros
en las redes paradas,

o los golosos tordos, o con liga,
o con red engañosa,
o la extranjera grulla en lazo obliga,
que es presa deleitosa.

Con esto, ¿quién del pecho no desprende
cuanto en amor se pasa?
¿Pues qué, si la mujer honesta atiende
los hijos y la casa?

Cual hace la sabina o calabresa,
de andar al sol tostada,
y ya que viene el dueño, enciende apriesa
la leña no mojada,

y ataja entre los zarzos los ganados,
y los ordeña luego,
y pone mil manjares no comprados,
y el vino como fuego.

Ni me serán los rombos más sabrosos,
ni las ostras, ni el mero,
si algunos con levantes furïosos
nos da el invierno fiero,

ni el pavo caerá por mi garganta,
ni el francolín greciano,
más dulce que la oliva, que quebranta
la labradora mano,

la malva, o la romaza enamorada
del vicioso prado;
la oveja en el disanto degollada,
el cordero quitado

al lobo, y, mientras como, ver corriendo
cuál las ovejas vienen,
ver del arar los bueyes, que volviendo
apenas se sostienen;

ver de esclavillos el hogar cercado,
enjambre de riqueza.
Ansí, dispuesto un cambio ya al arado,
loaba la pobreza.
Ayer puso a sus ditas todas cobro,
mas hoy ya torna al logro.


Versión de Fray Luis de León

viernes, 27 de agosto de 2010

Beatus ille/ 3 - Locus amoenus/ 2 - Oda a la vida retirada - Fray Luis de León - España

Aula de Fray Luis de León en la Universidad de Salamanca
Siguiendo con el asunto que nos ocupa últimamente, no podíamos dejar de incluir aquí el conocidísimo poema de Fray Luis, prodigio de la lírica española.

¡Qué descansada vida
la del que huye del mundanal ruïdo,
y sigue la escondida
senda por donde han ido
los pocos sabios que en el mundo han sido!

Que no le enturbia el pecho
de los soberbios grandes el estado,
ni del dorado techo
se admira, fabricado
del sabio moro, en jaspes sustentado.

No cura si la fama
canta con voz su nombre pregonera,
ni cura si encarama
la lengua lisonjera
lo que condena la verdad sincera.

¿Qué presta a mi contento
si soy del vano dedo señalado;
si en busca deste viento,
ando desalentado
con ansias vivas, con mortal cuidado?

¡Oh campo, oh monte, oh río,!
¡Oh secreto seguro, deleitoso!
Roto casi el navío,
a vuestro almo reposo
huyo de aqueste mar tempestuoso.

Un no rompido sueño,
un día puro, alegre, libre quiero;
no quiero ver el ceño
vanamente severo
de a quien la sangre ensalza o el dinero.

Despiértenme las aves
con su cantar sabroso no aprendido,
no los cuidados graves
de que es siempre seguido
el que al ajeno arbitrio está atenido.

Vivir quiero conmigo,
gozar quiero del bien que debo al cielo,
a solas, sin testigo,
libre de amor, de celo,
de odio, de esperanzas, de recelo.

Del monte en la ladera,
por mi mano plantado tengo un huerto
que con la primavera
de bella flor cubierto
ya muestra en esperanza el fruto cierto.

Y como codiciosa
de ver y acrecentar su hermosura,
desde la cumbre airosa
una fontana pura
hasta llegar corriendo se apresura.

Y luego, sosegada,
el paso entre los árboles torciendo,
el suelo de pasada
de verdura vistiendo,
y con diversas flores va esparciendo.

El aire del huerto orea,
y ofrece mil olores al sentido,
los árboles menea
con un manso ruïdo,
que del oro y del cetro pone olvido.

Ténganse su tesoro
los que de un falso leño se confían:
no es mío ver el lloro
de los que desconfían
cuando el cierzo y el ábrego porfían.

La combatida antena
cruje, y en ciega noche el claro día
se torna, al cielo suena
confusa vocería,
y la mar enriquecen a porfía.

A mí una pobrecilla
mesa de amable paz bien abastada
me basta, y la vajilla
de fino oro labrada
sea de quien la mar no teme airada.

Y mientras miserablemente
se están los otros abrasando
en sed insaciable
del no durable mando,
tendido yo a la sombra esté cantando.

A la sombra tendido
de yedra y lauro eterno coronado,
puesto el atento oído
al son dulce, acordado,
del plectro sabiamente meneado.