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sábado, 2 de diciembre de 2017

Literatura y fútbol/ 3 - Oda a Platko - Rafael Alberti // Contraoda de poeta de la Real Sociedad - Gabriel Celaya - España


1928: Los Campos de Sport del Sardinero de Santander son escenario de la final de Copa de fútbol entre el F.C. Barcelona y la Real Sociedad de San Sebastián. Tres partidos van a ser necesarios para saber quién se proclama campeón (no existía entonces el lanzamiento final de penalties).
En el primero de esos partidos, jugado el día 20 de mayo, el portero del Barcelona, el húngaro Platko, se convirtió en héroe por su comportamiento. Así lo narraba Sport Cantabria: Cuando la Real estaba achuchando la portería catalana, su delantero centro Cholin, en una posicion envidiable, avanzó hasta la portería. Cuando el gol parecía inevitable, el guardameta Platko realizó una gran estirada y se arrojó sobre el pie del jugador donostiarra conteniendo así el tiro, pero a cambio de recibir en la cabeza el golpe destinado al balón. La patada fue brutal, Platko quedó conmocionado y tuvieron que retirarle del campo para aplicarle 6 puntos de sutura en la herida ensangrentada. El guardameta volvió al terreno de juego con un aparatoso vendaje que acabaría perdiendo en el transcurso del partido. No jugaría la final dos días después.
El poeta Rafael Alberti, uno de los espectadores presentes en el campo, impresionado, dedicó a Platko la siguiente oda, aparecida en la primera página del periódico La Voz de Cantabria del día 27 de mayo de 1928:

Oda a Platko

Nadie se olvida, Platko,
no, nadie, nadie, nadie,
oso rubio de Hungría.
Ni el mar,
que frente a ti saltaba sin poder defenderte.
Ni la lluvia. Ni el viento, que era el que más rugía.
Ni el mar, ni el viento, Platko,
rubio Platko de sangre,
guardameta en el polvo,
pararrayos.
No nadie, nadie, nadie.
Camisetas azules y blancas, sobre el aire.
Camisetas reales,
contrarias, contra ti, volando y arrastrándote.
Platko, Platko lejano,
rubio Platko tronchado,
tigre ardiente en la yerba de otro país.
¡Tú, llave, Platko, tu llave rota,
llave áurea caída ante el pórtico áureo!
No nadie, nadie, nadie,
nadie se olvida, Platko.
Volvió su espalda al cielo.
Camisetas azules y granas flamearon,
apagadas sin viento.
El mar, vueltos los ojos,
se tumbó y nada dijo.
Sangrando en los ojales,
sangrando por ti, Platko,
por ti, sangre de Hungría,
sin tu sangre, tu impulso, tu parada, tu salto
temieron las insignias.
No nadie, Platko, nadie,
nadie se olvida.
Fue la vuelta del mar.
Fueron diez rápidas banderas
incendiadas sin freno.
Fue la vuelta del viento.
La vuelta al corazón de la esperanza.
Fue tu vuelta.
Azul heróico y grana,
mando el aire en las venas.
Alas, alas celestes y blancas,
rotas alas, combatidas, sin plumas,
escalaron la yerba.
Y el aire tuvo piernas,
tronco, brazos, cabeza.
¡Y todo por ti, Platko,
rubio Platko de Hungría!
Y en tu honor, por tu vuelta,
porque volviste el pulso perdido a la pelea,
en el arco contrario al viento abrió una brecha.
Nadie, nadie se olvida.
El cielo, el mar, la lluvia lo recuerdan.
Las insignias.
Las doradas insignias, flores de los ojales,
cerradas, por ti abiertas.
No nadie, nadie, nadie,
nadie se olvida, Platko.
Ni el final: tu salida,
oso rubio de sangre,
desmayada bandera en hombros por el campo.
¡Oh, Platko, Platko, Platko
tú, tan lejos de Hungría !
¿Qué mar hubiera sido capaz de no llorarte?
Nadie, nadie se olvida,
no, nadie, nadie, nadie.

Entre los espectadores se encontraban también Carlos Gardel y Gabriel Celaya, que escribió en respuesta a Rafael Alberti, casi cincuenta años después, esta

Contraoda de poeta de la Real Sociedad

Y recuerdo también nuestra triple derrota
en aquellos partidos frente al Barcelona
que si nos ganó, no fue gracias a Platko
sino por diez penaltis claros que nos robaron.
Camisolas azules y blancas volaban
al aire, felices, como pájaros libres,
asaltaban la meta defendida con furia
y nada pudo entonces toda la inteligencia
y el despliegue de los donostiarras
que luchaban entonces contra la rabia ciega
y el barro, y las patadas, y un árbitro comprado.
Todos lo recordamos y quizás más que tú,
mi querido Alberti, lo recuerdo yo,
porque yo estaba allí, porque vi lo que vi,
lo que tú has olvidado, pero nosotros siempre
recordamos: ganamos. En buena ley, ganamos
y hay algo que no cambian los falsos resultados.

La defensa de los colores txuri-urdin (blanquiazul) de Gabriel Celaya fue correspondida por el equipo vasco cuando, tras la muerte del poeta en 1991, los jugadores de la Real lucieron en su honor unos brazaletes negros ante el Athletic de Bilbao.
Imágenes de la Final que consagró al F. C. Barcelona como Campeón de España. 
Documental narrado en catalán en el que Rafael Alberti lee un fragmento de su Oda a Platko

2 comentarios:

carlos perrotti dijo...

Maravilloso. Dos poemas que sirven además como épica-relato de un partido, como dice nuestra cultura popular, "de hacha y tiza", un partido para el recuerdo que siguieron jugando después los poetas y que, quién te dice, tal vez se sigue y se siga jugando por siempre, como una prueba de que el ayer vive regresando, tal vez porque escenas y personajes tan vívidos nunca mueren...

Juan Nadie dijo...

Los futboleros estas historias no las olvidan nunca y las van transmitiendo de generación en generación. Lo iremos viendo a lo largo de la serie.
¡Qué grande es el fútbol! Qué grande sigue siendo, aunque en los últimos tiempos esté tan viciado por el maldito dinero.