Madeleine Peyroux - Secular Hymns (2016)

miércoles, 6 de abril de 2016

Un mar asusta menos si aprendemos su nombre - Francisco Umbral - España


      Y puede venir un golpe de soledad,
      como salir de pronto a las traseras del mundo. Es
      en un día oscuro, complicado,
      dificultosamente cotidiano,
      que, al fin, resulta llevar dentro de sí otro día más
claro,
      más ligero.
      En cierto minuto se produce el rompimiento,
      el soltar amarras,
      cortar cables,
      el levar anclas una libertad, una facilidad.
      Y ya estoy solo.
      (Tan indiferente que parezco alegre.)
      Nadie podrá nunca acompañarme por los ecos últimos de
mi soledad.

      La soledad,
      como las movedizas ciudades de la costa,
      tiene sus muelles por donde acercarse al mar, y un
largo vacío como escamas.
      Se ven paisajes, mundos, desde la soledad;
      pero duele no saber de dónde son, cómo se llaman.
      (Un mar asusta menos si aprendemos su nombre.)
      La soledad me acerca un catalejo, me alarga la mirada,
      es como una videncia ya angustiosa, perpetua,
      que me hace presentes
      los bosques y las tardes donde nunca estaré,
      el dolor de no estar en aquel campo atardecido donde
sé que alguien deja que le crezca la sombra,
      donde alguien va a morir por un momento cuando más
bella era su larga sombra en tierra.
      El dolor de saber dónde no estamos.
      Será un mundo inhabitado
      por donde pasan barcos camino de algún mar.

      Sé que al anochecer muere un velero cada día,
      una ilusión marina que echa a volar en mí
      como la gaviota de cada crepúsculo.
      Pero soy tierra adentro, algún día lo sabré,
      y voy de plaza en plaza hasta donde mi soledad haya
de prolongarse.
      En soledad sé cosas, sé más cosas; la soledad me da
      conocimiento,
      pero me quita vida,
      espumas,
      mundo.
      Hasta que me sorprendo con sólo una moneda o un
metal o una rueda,
      cualquier sencillo objeto invariable y opaco,
      repetido en mis manos, pesándome en los dedos,
empañado de tacto.
      Le vengo dando vueltas desde mi soledad
      y me es ya extraño como algo recogido en otra estrella.
      De una ciudad sin parentescos, desabrigado y lento,
estremecido, voy regresando a todo.

      Aún traigo en la cabeza los astros que he mirado.
      Pero se va invadiendo de mundo nuestro mundo.
      Qué lentamente -y un calor despierta- se me puebla
la vida,
      se me habita una vaga humanidad,
                                  les vuelve la mirada a las distancias.
      Cuándo he dejado de estar solo.
      Aún traigo en la cabeza los astros que he mirado.

15 comentarios:

Carlos Perrotti dijo...

Ya un monstruo sagrado Umbral.

Descripción-disección de la soledad. Cada vez más siento este tipo de poesía "intro", cada vez más me gusta Umbral, "y ya estoy solo, tan indiferente que parezco alegre", gigantesco poeta-narrador Umbral.

Carlos Perrotti dijo...

Hábrika una ve más redondea la entrada, la hace perfecta.

Juan Nadie dijo...

Muchas gracias, pero es que Umbral es cosa muy seria. El mexicano Hábrika creo que lo ilustra muy bien.

Primera estrofa: el tránsito de la monótona cotidianeidad (de lo "dificultosamente cotidiano") a lo íntimo e intransferible, donde nadie puede acompañarnos.

Me quedo con los dos primeros versos de la primera estrofa y con el último del poema.

Agostina Alvarez dijo...

Me quedo con estos:

La soledad,
como las movedizas ciudades de la costa,
tiene sus muelles por donde acercarse al mar, y un
largo vacío como escamas.

El final del muelle donde se está cerca del mar y en soledad, sólo rocas, mar y uno.
También me hizo acordar la hermosa canción del flaco Spinetta que no sé si lo conoces Juan, puede que Carlos te lo haya presentado ha sido un gran músico y poeta, bueno lo es, lo seguirá siendo por siempre.
La canción: Para saber lo que es la soledad....

La soledad es un amigo que no está.....Tienes que escucharlo.

Juan Nadie dijo...

Sí, conozco al Flaco Spinetta, gracias a Carlos precisamente, aunque esa canción en concreto creo que no la he escuchado, cuando tenga un rato lo haré.

En este blog hay música de Spinetta ilustrando un estupendo poema de Carlos titulado "Poema amarillo".

Carlos Perrotti dijo...

Sí, Agostina, el inolvidable Tema de Pototo...

https://www.youtube.com/watch?v=rREkMHeLIIM

Y estos versos de Umbral:

"Sé que al anochecer muere un velero cada día,
una ilusión marina que echa a volar en mí
como la gaviota de cada crepúsculo..."

Maestro Umbral. Y si existe el cielo hasta debe haberse conocido allá con Spinetta.
Saludos para ambos.

marian dijo...

Bueno, como nos estamos repartiendo el poema:), me toca: Nadie podrá nunca acompañarme por los ecos últimos de mi soledad.

Y este paréntesis: (Tan indiferente que parezco alegre.)

marian dijo...

Además, tiene toda la pinta de saber de qué hablaba (escribía).

Juan Nadie dijo...

Eso seguro, Mariam, porque hablaba/escribía fundamentalmente de él, o de la vida a través suyo. Quizá lo hacen en el fondo todos los poetas, pero Umbral lo hacía a las claras/oscuras.

Umbral escribió poca poesía: en vida publicó solamente un libro de poemas (más bien prosa poética), pero después de su muerte, Miguel García-Posada montó una edición con ese libro y otros 126 poemas que habían quedado por ahí.
Umbral tenía cierto pudor en publicar sus poemas (lo dijo en alguna ocasión), quizá porque entre sus mejores amigos se encontraban grandísimos poetas, de talla universal.

Carlos Perrotti dijo...

Haber entrado y comentar en el Crepúsculo fue una de las mejores decisiones, confirmo una vez más.

Tras tu último comentario, Juan, fui en búsqueda del libro de Miguel García-Pousada que mencionás y encontré este PDF. Muchas gracias.

http://uploaded.net/file/a05gks45

Ya la tapa de Obra poética [1981-2001] de Francisco Umbral (con ese gato umbraliano, Francisco los amaba) me encantó. Y poemas que riman con el de esta entrada como "Hombre Solo" más aún.

"Hombre solo en los oros rojos de las edades,
hombre solo me siento cuando nada se incendia.
Hombre contra mí mismo, en sí mismo reunido,
abandonado y solo de tantas claridades..."

Juan Nadie dijo...

Tengo ese libro, en edición "epub". Fantástico.

Campurriana Campu dijo...

Esa soledad que produce el no conocer el nombre de donde pisas o adonde miras...

Umbral vivió su época. La mejor que pudo vivir.

Juan Nadie dijo...

Vivió su época y lo mejor que hizo fue narrarla magistralmente.

Campurriana Campu dijo...

Yo también he caído en sus redes. Dicen que tenía mucho éxito con las mujeres. A pesar de las rarezas... :)

Juan Nadie dijo...

Bueno, no sé, eso más bien lo daba a entender él. Seguramente era verdad.