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sábado, 10 de marzo de 2018

Viaje a Montevideo - Dino Campana - Italia


Viaggio A Montevideo

Io vidi dal ponte della nave
I colli di Spagna
Svanire, nel verde
Dentro il crepuscolo d'oro la bruna terra celando
Come una melodia:
D'ignota scena fanciulla sola
Come una melodia
Blu, su la riva dei colli ancora tremare una viola...
Illanguidiva la sera celeste sul mare:
Pure i dorati silenzii ad ora ad ora dell'ale
Varcaron lentamente in un azzurreggiare:...
Lontani tinti dei varii colori
Dai più lontani silenzii
Ne la celeste sera varcaron gli uccelli d'oro: la nave
Già cieca varcando battendo la tenebra
Coi nostri naufraghi cuori
Battendo la tenebra l'ale celeste sul mare.
Ma un giorno
Salirono sopra la nave le gravi matrone di Spagna
Da gli occhi torbidi e angelici
Dai seni gravidi di vertigine. Quando
In una baia profonda di un'isola equatoriale
In una baia tranquilla e profonda assai più del cielo notturno
Noi vedemmo sorgere nella luce incantata
Una bianca città addormentata
Ai piedi dei picchi altissimi dei vulcani spenti
Nel soffio torbido dell'equatore: finché
Dopo molte grida e molte ombre di un paese ignoto,
Dopo molto cigolìo di catene e molto acceso fervore
Noi lasciammo la città equatoriale
Verso l'inquieto mare notturno.
Andavamo andavamo,per giorni e per giorni: le navi
Gravi di vele molli di caldi soffi incontro passavano lente:
Sì presso di sul cassero a noi ne appariva bronzina
Una fanciulla della razza nuova,
Occhi lucenti e le vesti al vento! ed ecco: selvaggia a la fine di un giorno che apparve
La riva selvaggia là giù sopra la sconfinata marina:
E vidi come cavalle
Vertiginose che si scioglievano le dune
Verso la prateria senza fine
Deserta senza le case umane
E noi volgemmo fuggendo le dune che apparve
Su un mare giallo de la portentosa dovizia del fiume,
Del continente nuovo la capitale marina.
Limpido fresco ed elettrico era il lume
Della sera e là le alte case parevan deserte
Laggiù sul mar del pirata
De la città abbandonata
Tra il mare giallo e le dune


Viaje a Montevideo

Yo vi desde el puente de la nave
desvanecerse
las colinas de España, en el crepúsculo
de oro, mientras la morena tierra ocultaba en el verde
casi una melodía:
muchacha sola de ignota escena,
casi una melodía
azul, a la vera de las colinas aún temblaba una viola...
languidecía la tarde celeste sobre el mar:
También los dorados silencios de las alas, de vez en cuando,
cruzaban lentamente en un azulear...
lejanos y teñidos de varios colores
desde los más lejanos silencios
en la celeste tarde cruzaban los pájaros de oro: la nave,
ya ciega, cruzando y golpeando las tinieblas
con nuestros náufragos corazones
golpeando las tinieblas las alas celestes sobre el mar.
Mas un día
subieron a la nave las graves matronas de España
de ojos turbios y angélicos
de pechos grávidos de vértigo. Cuando
en una bahía profunda de una isla ecuatorial
vimos surgir en la luz encantada
una blanca ciudad adormecida
a los pies de los picos altísimos de los volcanes extinguidos
en el soplo turbio del ecuador: hasta que
después de muchos picos altísimos de los volcanes extinguidos
en el soplo turbio del ecuador: hasta que
después de muchos gritos y muchas sombras de un pais ignoto,
después de un gran chirrido de cadenas y muy encendido fervor
dejamos la ciudad ecuatorial
hacia el inquieto mar nocturno.
Andábamos y andábamos, durante días y días: las naves
graves de velas mojadas de cálidos soplos
a nuestro encuentro pasaban lentas:
¡Así, cerca, sobre el alcázar se nos aparecía, broncínea,
una muchacha de la raza nueva,
ojos brillantes y vestidos al viento! y he aquí:
salvaje al final de un día apareció
la ribera salvaje, allá abajo, sobre la infinita marina:
y vi, como yeguas
vertiginosas, disolverse las dunas
hacia la pradera sin fin
desierta, sin casas humanas,
y viramos, huyendo de las dunas, hasta que apareció,
sobre un mara amarillo de la portentosa riqueza del río,
del continente nuevo la capital marina.
Límpida, fresca y eléctrica era la luz
de la tarde y allá las altas casas parecían desiertas,
allá abajo, en el mar del pirata
de la ciudad abandonada
entre el mar amarillo y las dunas
Traducción de Carlos Vitale
Viaggio a Montevideo - Voz de Domenico Pelini - Música de Astor Piazzolla (Milonga del Angel)

2 comentarios:

carlos perrotti dijo...

Tengo la sensación de que escribió sin correcciones, dejando constancia de su ánimo e intención y sin importarle ciertas (disonantes) repeticiones. Lo veo nítido además en el comentario de Curzio Malaparte en la excelente reseña que acompaña la entrada:

“La prosa de Campana es pura poesía, pura y disonante como bronce de campana, como el vacío de la noche, agujero negro que chupa su espíritu tan necesitado de ser reconocido, como enfermo, como persona, como poeta.”

Qué bien le sientan a su poesía la Milonga del Ángel de Piazzolla y la voz de Pelini.

Juan Nadie dijo...

Sí, seguro que no corrigió, le salió así. Tampoco podría corregir, su mente no daba para eso, era lo que era, enfermo o no.

Piazzolla, un genio.