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jueves, 7 de junio de 2012

Sonetos - Garcilaso de la Vega - España

La dama del armiño - Leonardo da Vinci
I
Cuando me paro a contemplar mi estado,
y a ver los pasos por do me ha traido.
hallo, según por do anduve perdido,
que a mayor mal pudiera haber llegado.

Mas cuando del camino estó olvidado,
a tanto mal no sé por do he venido;
sé que me acabo, y más he yo sentido
ver acabar conmigo mi cuidado.

Yo acabaré, que me entregué sin arte
a quien sabrá perderme y acabarme,
si ella quisiere, y aun sabrá querello;

que pues mi voluntad puede matarme,
la suya, que no es tanto de mi parte,
pudiendo, ¿qué hará sino hacello?

VI
Por ásperos caminos he llegado
a parte que de miedo no me muevo;
y si a mudarme o dar un paso pruebo,
allí por los cabellos soy tornado.

Mas tal estoy que con la muerte al lado
busco de mi vivir consejo nuevo;
conozco lo mejor, lo peor apruebo,
o por costumbre mala, o por mi hado.

Por otra parte el breve tiempo mío,
y el errado proceso de mis años
en su primer principio y en su medio,

mi inclinación, con quien yo no porfío,
la cierta muerte, fin de tantos daños,
me hacen descuidar de mi remedio.

X
¡Oh, dulces prendas, por mí mal halladas,
dulces y alegres cuando Dios quería!
Juntas estáis en la memoria mía,
y con ella en mi muerte conjuradas.

¿Quien me dijera, cuando en las pasadas
horas en tanto bien por vos me vía,
que me habíais de ser en algún día
con tan grave dolor representadas?

Pues en una hora junto me llevastes
todo el bien que por términos me distes,
llevadme junto al mal que me dejastes.

Si no, sospecharé que me pusistes
en tantos bienes, porque deseastes
verme morir entre memorias tristes.

Garcilaso de la Vega (1503-1536) personifica el cortesano ideal del Renacimiento que describe en su famosa obra Baltasar de Castiglione (1476-1529) como caballero ideal de la época: activo, valeroso, diestro en el manejo de las armas, de agradable conversación, trato y presencia, culto, poeta y versado también en música. Su vida fue corta, pero intensa, como deseaban los héroes de la antigüedad clásica a los que se pretendía imitar: "los amados de los dioses mueren jóvenes" rezaba la sentencia y Garcilaso la cumplió a la perfección.
[...] No llegó a publicar en vida ninguna obra suya. Fue su albacea testamentario y colaborador en las tareas literarias, Juan Boscán, el que recogería todos sus manuscritos, que salieron a la luz en Barcelona, en 1543, en un volumen que reunía la obra completa de ambos amigos con el título: Las obras de Boscán y algunas de Garcilaso de la Vega. [...] Es hacia 1570 cuando los libreros deciden publicar aisladas las composiciones de Garcilaso, en un momento en que éstas ya habían eclipsado a las de su compañero.
[...] En los primeros sonetos todavía se perciben atisbos de un lenguaje tradicional cancioneril, pero poco a poco, el poeta va madurando su arte hasta alcanzar la perfección en el acoplamiento del ritmo endecasílabo.
[...] La lógica más equilibrada domina en la estructura de cada soneto: en los dos cuartetos sendas proposiciones, en el primer terceto la conclusión y en el segundo y último, la generalización justificadora. La emoción personal y el amor platónico son predominantes, una actitud melancólica matiza este último. Algunos de los sonetos se cuentan entre los más hermosos y perfectos de toda la literatura castellana. JORGE GARZA CASTILLO


Garcilaso fue el introductor del endecasílabo italiano en la poesía española. (N. de J. N.)

4 comentarios:

Gatopardo dijo...

¡Qué grande Garcilaso!
Me parece un poeta de rabiosa actualidad. Igual he dicho una tontería...

Juan Nadie dijo...

No has dicho ninguna tontería. Garcilaso, además de ser el introductor en la España de su época(el modernizador) de unas cuantas formas poéticas, tiene un espíritu renacentista, o sea universal, o sea actual e intemporal. He dicho!

marian dijo...

Habéis dicho bien, fue un renovador en su tiempo, uno de nuestro primeros poetas renacentistas, de los del "al Itálico modo". Hay temáticas que no pasan ni pasarán de moda nunca.

Anderea dijo...

Siempre me ha gustado La dama del armiño. Gracias por dejarla aquí, Juan.