Alma - Oeo (2017)

sábado, 16 de junio de 2012

Follas novas (Hojas nuevas)/4 - Rosalía de Castro - España

Romería - Caino Vasconcellos (Galicia)
4
Da terra

¡Calade!
Hai nas ribeiras verdes, hai nas risoñas praias
e nos penedos ásperos do noso inmenso mar,
fadas de estraño nome, de encantos non sabidos,
que só con nós comparten seu prácido folgar.

Hai entre a sombra amante das nosas carballeiras,
e das curtidas frescas no vívido esprendor,
e no romor das fontes, espritos cariñosos
que só ós que aquí naceron lles dan falas de amor.

I hai nas montañas nosas e nestes nosos ceos,
en canto aquí ten vida, en canto aquí ten ser,
cores de brilo soave, de trasparencia húmida,
de vaguedade incerta, que a nós só dá pracer.

Vós, pois, os que naceches na orela doutros mares,
que vos quentás á llama de vivos lumiares,
e só vivir vos compre baixo un ardente sol,
calá, se n'entendedes encantos destos lares,
cal, n'entendendo os vosos, tamén calamos nós.

*
I
Formoso campo de Cornes,
cando te cobres de lirios,
tamén se me cobre a ialma
de pensamentos sombrisos.
De Cornes lindo lugare,
que cruzan tantos caminos:
anque cuberto de rosas,
as rosas tamén fan guizos.

Antre as pedras, alelises;
antre os toxos, campanillas;
por antre os musgos, violas;
regos por antre as curtiñas.
Río abaixo está o moíño,
Compostela río arriba...
Río arriba ou río abaixo,
todo é calma na campía.

Convidando a meditare,
soan de Conxo as campanas;
beben os bois no teu río
i o sol alegra a escampada.
Das túas casas terreñas
sai fume, i os galos cantan...
¡Quén en tan fresco retiro
dirá que as dores fan lama!

Donde hai homes hai pesares;
mais nos teus campos, ña terra,
maxino que os hai máis fondos
cando te amostras máis leda.
Porque eses tríos dos páxaros,
eses ecos i esas brétemas
vaporosas i esas frores,
na alma triste, ¡cánto pesan!

Polas silveiras errante
vexo unha meniña orfa
que triste vai marmurando:
-¡Ña Virxe, quén rosa fora!
-¿Por qué qués ser rosa, nena?
lle preguntéi cariñosa.
I ela contesta sorrindo:
-Porque non tén fame as rosas.

Costa arriba, costa arriba,
desandémolo camiño.
¡Fuxamos deste sosego,
dos pesares enemigo!
¡Qué negro contraste forman
da natureza o tranquilo
reposo, coas ansias feras
que abaten o inxel esprito!

II
Cruceiro de Ramírez que te ergues solitario
dos Agros na espranada, antre as rosas dos campos:
o sol da tarde pousa en ti o postreiro raio
coma nun alma triste pousa un soño dourado.

Algunha vez no estío, eu ó teu pe sentada
escoito silenciosa, mentras a tarde acaba;
baixo das pedras mudas, que teu secreto gardan,
maxino que resoa o brando son dun arpa,
¡música incomprensible que doutros mundos fala!

¡Tal de Memnón se oían ó amañecer na estatua
aqueles sons divinos que as almas encantaban!

III
Ódiote, campo fresco,
cos teus verdes valados,
cos teus altos loureiros
i os teus camiños brancos
sembrados de violetas,
cubertos de emparrados.

Ódiovos, montes soaves
que o sol poniente aluma,
que en noites máis sereas
vin ó fulgor da lúa,
i onde en mellores días
vaguéi polas alturas.

E ti tamén, pequeno
río, cal no outro hermoso,
tamén aborrecido
es antre os meus recordos...
¡Porque vos améi tanto,
é porque así vos odio!

4
De la tierra

¡Callad!
Hay en las riberas verdes, hay en las risueñas playas
y en los roquedos ásperos de nuestro inmenso mar,
hadas de extraño nombre, de encantos desconocidos,
que sólo con nosotros comparten su plácido holgar.

Hay entre la sombra amante de nuestros robledales,
y de los prados frescos en el vívido esplendor,
y en el rumor de las fuentes, espíritus cariñosos
que sólo a los que aquí nacieron les hablan de amor.

Y hay en las montañas nuestras y en estos cielos nuestros,
en cuanto aquí tiene vida, en cuanto aquí tiene ser,
colores de brillo suave, de transparencia húmeda,
de vaguedad incierta, que sólo a nosotros da placer.

Vosotros, pues, los que nacisteis a la orilla de otros mares,
que os calentáis a la llama de vivos luminares,
y sólo vivir os cumple bajo un ardiente sol,
callad, si no entendéis los encantos de estos lares,
cual, no entendiendo los vuestros, también me callo yo.1

*
I
Hermoso campo de Cornes2,
cuando te cubres de lirios,
también se me cubre el alma
de pensamientos sombríos.
De Cornes lindo lugar,
que cruzan tantos caminos:
aunque cubierto de rosas,
las rosas también dan pinchos.

Entre las piedras, alhelíes;
entre los tojos, campanillas;
por entre los musgos, violetas;
riachuelos por entre los prados.
Río abajo está el molino,
Compostela río arriba...
Río arriba o río abajo,
todo es calma en la campiña.

Convidando a meditar,
suenan de Conxo3 las campanas;
beben los bueyes en tu río
y el sol alegra la escampada.
De tus casas terrosas
sale humo, y los gallos cantan...
¡Quién en tan fresco retiro
dirá que los dolores enfangan!

Donde hay hombres hay pesares;
mas en tus campos, ¡ay, tierra!,
imagino que los hay más hondos
cuanto más feliz te muestras.
Porque esos trinos de los pájaros,
esos ecos y esas nieblas
vaporosas y esas flores,
en el alma triste, ¡cuánto pesan!

Por las zarzas errante
veo una niña huérfana
que triste va murmurando:
-¡Ay, Virgen, quién rosa fuera!
-¿Por qué quieres ser rosa, nena?
-le pregunté cariñosa.
Y ella contesta sonriendo:
-Porque no tienen hambre las rosas.

Cuesta arriba, cuesta arriba,
desandemos el camino.
¡Huyamos de este sosiego,
de los pesares enemigo!
¡Qué negro contraste forman
de la naturaleza el tranquilo
reposo, con las ansias fieras
que abaten el inocente espíritu!

II
Crucero de Ramírez4 que te yergues solitario
de los Agros en la explanada, entre las rosas de los campos:
el sol de la tarde posa en ti el postrer rayo
como en un alma triste posa un sueño dorado.

Alguna vez en el estío, yo a tu pie sentada
escucho silenciosa, mientras la tarde acaba;
bajo las piedras mudas, que tu secreto guardan,
imagino que resuena el blando son de un arpa,
¡música incomprensible que de otros mundos habla!

¡Tal de Memnón5 se oían al amanecer en la estatua
aquellos sones divinos que las almas encantaban!

III
Ódiote, campo fresco,
con tus verdes vallados,
con tus altos laureles
y tus caminos blancos
sembrados de violetas,
cubiertos de emparrados.

Os odio, montes suaves
que el sol poniente alumbra,
que en noches más serenas
vi al fulgor de la luna,
y donde en mejores días
vagué por las alturas.

Y tú también, pequeño
río, cual ningún otro hermoso,
también aborrecido
eres entre mis recuerdos...
¡Porque os amé tanto,
es por lo que así os odio!

Versión castellana y notas de María Asensio

1 Rosalía arremete contra los que desprecian la cultura gallega y exige el mismo respeto que los gallegos muestran a los de otras tierras cuando tienen que emigrar forzosamente a Castilla y otras partes de España.
2 Pueblo de A Coruña, cerca de Muros y Noia.
3 Monasterio benedictino de Santa María de Conxo, en el ayuntamiento de Conxo, que era limítrofe con Santiago en época de Rosalía y que actualmente ha quedado anexionado a la ciudad compostelana.
4 Se llama cruceiro a las altas cruces de piedra que tanto abundan en Galicia. El cruceiro de Ramírez se levantó en 1719 en el Ensanche de Santiago de Compostela, entre la plaza Rubia y la iglesia de San Fernando, en medio de campos de cultivo conocidos por los Agros de la Carrera, aunque a mediados del siglo pasado fue trasladado a otra plaza. Según la leyenda, en su primitivo emplazamiento hubo un duelo entre dos caballeros del que resultó uno muerto, que por no ser admitido en el cementerio recibió sepultura allí mismo. Desde entonces su alma vaga por los caminos buscando oraciones que alivien sus penas.
5 En la mitología griega, rey de Etiopía e hijo de Eos, la diosa de la aurora. En la Guerra de Troya lo mató Aquiles y Eos lloró la muerte de su hijo toda la noche. Sus lágrimas aún se ven al amanecer en forma de rocío. Conmovido por el dolor de Eos, Zeus le concedió a Memnón la inmortalidad.

4 comentarios:

Gatopardo dijo...

Ay Marianito mío,
cuando te cubres de lirios,
también se me cubre el alma
de pensamientos sombríos.
....

marian dijo...

Qué contradicción: ¡Porque os amé tanto, es por lo que así os odio!

Es lo que menos me gusta de la poesía romántica, esa exageración, o esé erróneo (para mí) concepto del amor (a cualquier cosa).
Que más me huele a posesión que a amor. No puede haber odio, donde ha habido amor, si hay odio, no había amor; vamos, esto lo tengo más claro que el agua.
Es que la poesía romántica puede hacer estragos si se toma al pie de la letra.

Juan Nadie dijo...

Exacto, si se toma al pie de la letra. Pues no la tomemos al pie de letra, hala.

marian dijo...

Eso, callado está dicho:)