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miércoles, 13 de enero de 2016

Fábulas/ 22 - El ratón contrabandista - José Saramago - Portugal


Según los diccionarios, fábula es una "pequeña composición de forma poética o prosaica en la que se narra un hecho alegórico cuya verdad moral se esconde bajo velo de ficción y en la que se hace intervenir a personas, animales, e incluso seres inanimados". Si es correcta esta laboriosa explicación, ésta crónica es una fábula, aunque, y lo declaro desde el principio, no sea mi intención esconder aquí lección moral de ningún tipo. Muy al contrario, a mi flaco entender, las verdades, morales o inmorales, y sobre todo éstas últimas, deberían de andar bien a la vista de todo el mundo, como el color de los ojos.

Decido, pues, que esto no es una fábula. El hecho narrado no es alegórico y, en cuanto a la verdad moral, queda dicho todo. Por otra parte, no veo cómo un pobre ratón iba a poder aguantar tanta literatura y tan gravosa responsabilidad.

Este ratón -si aún no lo han matado- vive en la frontera. "¿En qué frontera?", pregunta el lector abriendo el mapa del mundo. "En una frontera", respondo yo evasivo, y continúo. Es un pequeño ratón campesino que, por azar de generaciones, matrimonios y ciertas migraciones antiguas acabó naciendo en la frontera, no se sabe de qué lado. Allí vivió pacíficamente su vida, sin amenaza de gatos o trigo rojo, atento sólo al vuelo silencioso y traicionero del milano. Gracias a los amables impulsos de la naturaleza, tuvo prole abundante, la cual, sin mayores dificultades, prosperó.

Sería un ratón feliz si a los dos países contiguos no se les hubiera ocurrido al mismo tiempo la idea de aprovechar a fondo la riqueza nacional. Veinte años atrás no habría habido complicaciones: se contaban las personas, el dinero, las tierras, cultivables o no, las minas, las vacas, los puertos de mar... Pero ambos países poseen enormes computadoras, que son aparatos dotados de un apetito prodigioso, que cuanto más tienen, más quieren. De ahí que el inventario resultase super-riguroso, hasta el punto de que, habiendo introducido en el ordenador el término múrido, el aparato no tardó en exigir, bajo amenaza de error en los coeficientes finales, la "riqueza nacional en ratones".

Fue entonces cuando la desgracia cayó sobre el hocico puntiagudo del animalillo. Grupos de inspectores peinaron los dos países contando ratón tras ratón, haciéndoles un nudo en el rabo para no perder la cuenta, hasta que llegaron a la frontera. Mientras hubo abundancia de ratones de un lado y otro de la línea, los inspectores encargados del censo realizaban su tarea sin el más mínimo asomo de hostilidad, pero llegó un momento en que sólo los separaba la línea de la frontera; sin embargo, esta línea, como se sabe, es invisible, y los ratones que faltaban eran sólo éste del que vengo hablando y su prole.

Inmediatamente comenzaron a surgir los llamados incidentes fronterizos. Hubo intercambio de disparos, los encargados del censo se disputaron los ratones a bofetadas, se movilizaron tropas en grandes concentraciones, se pronunciaron discursos inflamados y amenazas terribles. Y así está la situación en el momento en que esto escribo.

Uno de los países beligerantes consiguió apresar al ratón y va a juzgarlo por contrabando. Las cancillerías de las grandes potencias se muestran preocupadas. Se han presentado ya varias propuestas de conciliación, una de las cuales tiene muchas posibilidades de ser aceptada: consiste en entregar los ratones en litigio a los gatos de los dos países para que éstos, naturalmente, se los coman. Así se evita el conflicto, y no merma la riqueza, porque lo que se pierde en ratones se gana en gatos. Una simple transferencia.
De Las maletas del viajero, 1986
Traducción de Basilio Losada

6 comentarios:

carlos perrotti dijo...

Fino humor y un "guiño" para Cortázar por aquello del "nudo en el rabo", no?

Juan Nadie dijo...

Yo diría que sí.
Fino humor, y dando en la llaga, como siempre.

marian dijo...

Fina ironía que remata con el título.

Juan Nadie dijo...

Remata o comienza.

marian dijo...

Remata, creo, porque el pobre ratón de contrabandista tenía nada, otra ironía.

Juan Nadie dijo...

Sí, pobrecillo, atropellado.