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viernes, 18 de diciembre de 2015

Poesía del vino/ 24 - Embriaguez mística - Iraqi - Persia


El vino con que al principio llenaron su copa se lo robaron al ojo ebrio del copero. Al verse los alegres bebedores dueños de sí mismos, vertieron el vino de la locura en el vaso. Los labios del ser amado a los tonos de vino sirvieron de copa y todos, después de haber bebido, le dieron este nombre: néctar de los enamorados.
    Los rizos de las bellezas ya no encontraron reposo, pues habían introducido la turbación en los corazones. Se hizo sitio en este círculo tanto al malvado como al bueno, y la copa se sirvió tanto al villano como al noble. Golpeando en la explanada la pelota de la belleza, de un solo golpe sometieron este mundo y el del más allá. A guisa de golosinas servidas con el vino, se dispuso de los ojos y de los labios de las hermosas, que ocuparon el lugar del azúcar y de la almendra para los bebedores. Esos labios, deseados por todos los corazones, se han dedicado a injuriar a los que están perdidamente enamorados. Para conquistar en todo momento un corazón, las bellas de cabellos rizados tendieron una trampa, su mirada le dijo al alma cien palabras y su ceja al corazón envió cien mensajes; dicho a escondidas un secreto de su amigo, por todo el universo enseguida ellas lo divulgaron. En este mundo, por donde dolor y tristeza se encuentran, ellas han hecho una mezcolanza a la que han dado el nombre de amor. Desde el momento que ellas han divulgado su secreto, ¿por qué acusar falsamente a Iraqi?
Traducción de Leonor Vernet
sobre la versión francesa de Henri Massé

2 comentarios:

carlos perrotti dijo...

Es cierto. El vino se aprecia, potencia los sentidos, la pena y la alegría, es una fusión de ambas, si estás enamorado, estés solo o acompañado.

Juan Nadie dijo...

Ni más, ni menos. Iraqi seguro que sabía de qué hablaba.