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sábado, 3 de octubre de 2015

Poesía del vino/ 22 - El racimo de uva - Manutcheri - Persia


La uva de un racimo le dijo al anciano jefe de la aldea: "es el sol quien, desde lejos, me preñó. He pasado unos ciento setenta y tres días en el lecho del sol desbordante de luz: entre nosotros no hubo ni contrato de matrimonio, ni banquete ni ceremonia de esponsales. (Lo confieso), yo no era muy virtuosa; mis antepasados, antaño, tampoco lo fueron. Del radiante sol he quedado preñada; es mi gran pecado y no tengo escusa. Por esto el señor me ha castigado, para servir de ejemplo al universo; ha ennegrecido mi tez, me ha hecho bajar la cabeza y me ha mortificado.
    Al principio, yo era semejante a las bellezas del Edén, con el rostro tan blanco como el vestido de las huríes. Pero el Señor me ha vuelto negra de gruesos labios, sombría, triste y semejante a los secuaces del infierno. Y las avispas se han reído de mí posándose sobre mi rostro y sobre toda mi piel. ¡Las avispas! Y bien, campesino, querría que hoy cogieses un arma parecida a un machete y que con este machete me cortes el cuello, que me eches sobre la espalda de un mercenario y, después, una vez retirado de su cuello, de su espalda, boca arriba en un barreño me lances, que miles de veces con el pie me golpees; por ello, de mí recibirás la recompensa. Pisotearás mis huesos, y mis carnes y mi grasa, mis vasos sanguíneos, mis tendones y mi piel desgarrada; después, recogiendo mi sangre del color del tulipán, pura como el rocío y cálida como las lágrimas del amante separado de aquella a la que ama, verterás esta sangre en un suntuoso tonel y lo mantendrás bien cerrado todo un año. Al final, estarás, sin duda, contento de mí, porque tu celo hacia mí será recompensado. Cuando retires de ese tonel mi sangre, roja como la mano de Moisés en el Sinaí, esa sangre beberás a la salud del príncipe, mientras escuches cantar el arpa, la flauta y la mandora".
Traducción de Leonor Vernet
sobre la versión francesa de Henri Massé
Manutcheri

Abu Nachm Ahmad nació en Damgan (Jurasán) en la primera mitad del siglo XI. Protegido al principio por el emir zyari Manutchar (de donde deriva el nombre Manutcheri), fue presentado a continuación por Onsori a Mahmud el Gaznaví. Vivió placenteramente en la corte de este sultán, cuyo hijo y sucesor, Masud, le distinguió también con sus favores.
    Todavía bajo el influjo de los poetas árabes, como sus predecesores, Manutcheri llamó la atención de Ronsard por su talento y por el papel que representó en la evolución de la poesía persa. Los temas principales de su poesía son el panegírico, la descripción de la naturaleza y el elogio del vino. Se distingue por la frescura de su inspiración, por su habilidad técnica y por la soltura y la elegancia de su estilo.

11 comentarios:

carlos perrotti dijo...

Se me hizo vino la boca al leer tan brillante descripción... y es cierto, qué mejor que beber mientras escuchás y ves y sentís y reís y soñás y añorás...

Juan Nadie dijo...

Nada que añadir.
La descripción del proceso del vino es, desde luego, original.

carlos perrotti dijo...

Muy.

carlos perrotti dijo...

Y dicho sea de paso, me volaste la cabeza con ese disco de Karen, oro en polvo, la cantante favorita de nuestro querido Bobby...

carlos perrotti dijo...

Volverla a escuchar me hace pensar que varias abrevaron en ella para cantar...

marian dijo...

Imaginativa descripción, pero me mirando más allá, eso del pecado y del castigo, de la belleza y virtuosismo anterior y posterior ennegrecimiento, decapitación, golpes, etc., debido a sus relaciones con el sol, es una censura a la libertad sexual de la mujer, que tiene que ser castigada por falta de castidad y de pureza, más si se rompe de manera no convencional. Por lo menos es lo que leo entre líneas.

Juan Nadie dijo...

¡Coño! Todo eso se puede leer, efectivamente, entre líneas o directamente, pero Marian, estamos hablando del siglo XI, no le pidamos peras al olmo.

marian dijo...

Ya, Charlie, pero mira cómo siguen viviendo las mujeres por esos lugares.

Juan Nadie dijo...

Claro, esa es otra, pero no podemos medir estas cosas obviando una diferencia de casi diez siglos.

marian dijo...

Desde nuestro punto de vista, no, desde luego, pero desde el de ellos parece que los siglos no han pasado.

marian dijo...

Que por cierto, por aquí estamos rodeados en estas fechas de un olor a pecado...:)