Madeleine Peyroux - Secular Hymns (2016)

martes, 5 de julio de 2016

El adiós - Yves Bonnefoy - Francia


L'adieu

Nous sommes revenus à notre origine.
Ce fut le lieu de l'évidence, mais déchirée.
Les fenêtres mêlaient trop de lumières,
Les escaliers gravissaient trop d'étoiles
Qui sont des arches qui s'effondrent, des gravats,
Le feu semblait brûler dans un autre monde.

Et maintenant des oiseaux volent de chambre en chambre,
Les volets sont tombés, le lit est couvert de pierres,
L'âtre plein de débris du ciel qui vont s'éteindre.
Là nous parlions, le soir, presque à voix basse
A cause des rumeurs des voûtes, là pourtant
Nous formions nos projets : mais une barque,
Chargée de pierres rouges, s'éloignait
Irrésistiblement d'une rive, et l'oubli
Posait déjà sa cendre sur les rêves
Que nous recommencions sans fin, peuplant d'images
Le feu qui a brûlé jusqu'au dernier jour.

Est-il vrai, mon amie,
Qu'il n'y a qu'un seul mot pour désigner
Dans la langue qu'on nomme la poésie
Le soleil du matin et celui du soir,
Un seul le cri de joie et le cri d'angoisse,
Un seul l'amont désert et les coups de haches,
Un seul le lit défait et le ciel d'orage,
Un seul l'enfant qui naît et le dieu mort ?

Oui, je le crois, je veux le croire, mais quelles sont
Ces ombres qui emportent le miroir ?
Et vois, la ronce prend parmi les pierres
Sur la voie d'herbe encore mal frayée
Où se portaient nos pas vers les jeunes arbres.
Il me semble aujourd'hui, ici, que la parole
Est cette auge à demi brisée, dont se répand
A chaque aube de pluie l'eau inutile.

L'herbe et dans l'herbe l'eau qui brille, comme un fleuve.
Tout est toujours à remailler du monde.
Le paradis est épars, je le sais,
C'est la tâche terrestre d'en reconnaître
Les fleurs disséminées dans l'herbe pauvre,
Mais l'ange a disparu, une lumière
Qui ne fut plus soudain que soleil couchant.

Et comme Adam et Ève nous marcherons
Une dernière fois dans le jardin.
Comme Adam le premier regret, comme Ève le premier
Courage nous voudrons et ne voudrons pas
Franchir la porte basse qui s'entrouvre
Là-bas, à l'autre bout des longes, colorée
Comme auguralement d'un dernier rayon.
L'avenir se prend-il dans l'origine
Comme le ciel consent à un miroir courbe,
Pourrons-nous recueillir de cette lumière
Qui a été le miracle d'ici
La semence dans nos mains sombres, pour d'autres flaques
Au secret d'autres champs "barrées de pierres"?

Certes, le lieu pour vaincre, pour nous vaincre, c'est ici
Dont nous partons, ce soir. Ici sans fin
Comme cette eau qui s'échappe de l'auge.


El adiós

Hemos vuelto a nuestro origen.
Fue el lugar de la evidencia, aunque desgarrada.
Las ventanas mezclaban demasiadas luces,
Las escaleras trepaban demasiadas estrellas
Que son arcos que se hunden, escombros,
El fuego parecía arder en otro mundo.

Y ahora hay pájaros que vuelan de una habitación a la otra,
Los postigos se cayeron, la cama está cubierta de piedras,
La chimenea llena de restos del cielo que van a apagarse.
Allí, por las tardes, hablábamos casi en voz baja
Debido a los rumores de las bóvedas, allí, sin embargo,
Formábamos nuestros proyectos: pero una barca,
Cargada con piedras rojas, se alejaba
Irresistiblemente de una orilla, y el olvido
Depositaba ya su ceniza en los sueños
Que sin fin recomenzábamos, poblando con imágenes
El fuego que ardió hasta el último día.

¿Es cierto, amiga mía,
Que no hay más que una palabra para nombrar
En la lengua que llamamos poesía
El sol de la mañana y el de la tarde,
Una para el grito de alegría y el de angustia,
Una para el desierto río arriba y los golpes de hacha,
Una para la cama deshecha y el cielo tormentoso,
Una para el niño que nace y el dios muerto?

Sí, lo creo, quiero creerlo, pero ¿qué sombras
Son ésas que se llevan el espejo?
Y, mira, la zarza crece entre las piedras
En el camino de hierba aún apenas abierto
Por el que nuestros pasos iban hacia los jóvenes árboles.
Hoy me parece, aquí, que la palabra
Es el pesebre medio roto del que se escapa
En cada amanecer de lluvia el agua inútil.

La hierba y en la hierba el agua que brilla, como un río.
Todo está siempre a la espera de que una vez más se lo ate al                                                                              [mundo.
Sé que el paraíso está diseminado,
Es tarea terrestre el reconocer
Sus flores dispersas en la hierba pobre,
Pero el ángel ha desaparecido, una luz
Que no fue, de golpe, sino un sol poniente.

Y como Adán y Eva caminaremos
Por última vez en el jardín.
Como Adán el primer pesar, como Eva la primera
Osadía, querremos y no querremos
Pasar por la puerta baja que se entreabre
Allá a lo lejos, en la otra punta del ronzal, coloreada
Como auguralmente por un último rayo.
¿Se toma el porvenir en el origen
Como cabe el cielo en un cóncavo espejo?
¿Podremos recoger, de esa luz
Que fue de aquí el milagro,
En nuestras sombrías manos la simiente, para otros charcos
En el secreto de otros campos "cercados de piedras"?

Por cierto, está aquí el lugar para vencer, para vencernos,
El lugar de donde salimos esta tarde. Aquí sin fin
Como esa agua que se escapa del pesebre.
Versión de Carlos Cámara y Miguel Ángel Frontán

10 comentarios:

carlos perrotti dijo...

“Los poemas no tienen significado. Cuando se lee hay que preguntar a la propia experiencia, a la memoria. Y a partir de ahí buscarle la interpretación”, dice en la nota del El País.

“…No hay más que una palabra para nombrar
En la lengua que llamamos poesía
El sol de la mañana y el de la tarde,
Una para el grito de alegría y el de angustia,
Una para el desierto río arriba y los golpes de hacha,
Una para la cama deshecha y el cielo tormentoso,
Una para el niño que nace y el dios muerto?”, dice en su poema.

La tenía clara, Bonnefoy. Su poesía (al menos este poema, para qué aclarar que al poeta, que en paz descanse, no lo conocía) es como un torrente, más que eso, un borbollón de imágenes y sentidos. Y sonidos.

A buscarlo más seguido.

Agostina Alvarez dijo...

Ay ay ay, esta Filóloga que desconocía a este gran poeta. Amo leer poesía en francés " à voix haute"/en voz alta. Es un placer que sólo experimento en esa lengua. Carlos, iba a copiar los mismos versos que vos, paso a copiar una pregunta que ronda mi alma desde hace tiempo y como gran amante de las " turas" que soy, si de algo estoy concencida es de que el arte nos salva y que nuestra humanidad poco tendría de humana sin él:

Temía por la desaparición de un arte que consideraba inherente a la experiencia de existir y creía que, si llegaba a suceder, la propia sociedad sucumbiría. Temblaba ante el fin de la poesía, porque para él era sinónimo del fin del mundo. “La poesía hace que pasemos del espíritu de posesión, impulsor de equívocos y guerra, al deseo de participación simple y directa en el mundo”, ( del artículo de El País)

Merci beaucoup pour cette découverte!

Agostina Alvarez dijo...

Aquí viene Granada:

Tenía veinte años cuando los ladrillos rojos de la Alhambra la encandilaron. Pasear, perderse por aquel palacio morisco era como ir en busca de su propio ser. Sintío algo que nunca había sentido antes. Se conoce como el Síndrome de Stendhal, el escritor francés que al visitar Florencia por primera vez sintió en su interior el poder de la belleza que se tradujo en síntomas físicos. Taquicardía, mareos, aturdimiento. Todo eso por sentir la belleza en su estado puro.
A ella le pasó lo mismo en Granada. Sintió su famoso embrujo y leyó la inscripción que se encuentra en la entrada de la Alhambra que dice: " Dale limosna mujer que no hay peor dicha en la vida que la de ser ciego en Granada ".
Cuánta verdad! Se preguntó si uno podía enamorarse de las ciudades y allí lo constató. Estaba enamorada.
Como Granada había estado ocupada durante ocho siglos por los árabes, su construcción era laberíntica y ella amaba perderse sola en aquel laberinto durante horas.
Subir y bajar cuestas, vislumbrar miradores desde los cuales ver la ciudad, la Alhambra y detrás Sierra Nevada con su nieve en la cima.
Era la postal de un sueño, y ella tuvo la dicha de fundirse con aquella ciudad durante cinco años. Se derritió con su nieve y con sus veranos calurosos.
Tanta pasión sintió por ella que allí engendró a su hija. Su niña que empezó a vivir dentro suyo en Andalucía, donde sólo hay silencio a la hora de la siesta.
Luego la vida es tan intensa que sólo hay un bello ruido sinónimo de vitalidad y luz.

carlos perrotti dijo...

Bella crónica de tu enamoramiento de Granada, Agostina, casi que es una invitación a conocer la ciudad que te ha deslumbrado y que narrás con tal sensibilidad que me dan ganas de alguna vez yo también caminar esas calles y cuestas tan mágicas como milenarias. Bello texto que anticipa tu blog. Espero.

Agostina Alvarez dijo...

La recorrerás Carlos, estoy segura y te acordaràs de mí y el texto. No sé si ya la has visitafo por google. Tiene tanto encanto que enamora! Por qué no hacer bajar a Juan y a Marian pa' el Sur y hacernos todos un gran tour. Ahora va a ser difícil convencerlos ya que allí te mueres de calor jeje.

carlos perrotti dijo...

Absolutamente, Agostina, la estoy googleando desde que dejé mi comentario. Confirmo, mágico increíble lugar...

Juan Nadie dijo...

Bonito texto sobre Granada, Agostina, se nota que la llevas dentro.

Juan Nadie dijo...

En cuanto al poeta, al que no conocía de nada hasta ahora, la verdad es que no lo entiendo muy bien, pero algo tendrá el agua cuando la bendicen.

Agostina Alvarez dijo...

Q lindas palabras Juan y Carlos también. La nostalgia del reino milenario, como nos cuenta Cortázar en Rayuela, la llevamos en el color de la piel, en cada beso, no re uerdo q más, habrá q seguir releyendo L maestro. La verdad es q a Cortázar sí que se lo lñeva dentro por siempre...

Juan Nadie dijo...

Desde luego.