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martes, 9 de junio de 2015

Fragmento de la Farsalia - Lucano - Roma


LIBRO X

    [...] Sirvieron en platos de oro los manjares; todo lo que ofrece la tierra, el aire, el mar y el Nilo; todo lo que el lujo desenfrenado por una vana ostentación ha buscado por el mundo entero sin que el hambre lo reclame; se sirvieron muchas aves y animales salvajes considerados como divinidades en Egipto.1 Una vasija de cristal ofrece agua del Nilo para las manos, y amplias piedras preciosas en forma de recipientes contienen el vino, pero no vino de la uva mareótide, sino un generoso Falerno al que Méroe ha hecho madurar en pocos años forzando su áspera naturaleza a fermentar. Coronan sus frentes con guirnaldas de nardo florido y de rosas, que nunca faltan en aquel país, y esparcen por sus cabellos, hasta humedecerlos, abundante cinamomo que no se ha evaporado aún con el aire de un país extranjero ni ha perdido el aroma de su tierra de origen, y amomo recién traído de los campos vecinos. César aprende a derrochar las riquezas del mundo despojado, se avergüenza de haber luchado contra un yerno pobre y desea un pretexto para hacer la guerra con los pueblos de Faros.

    Cuando el placer saciado puso límite a los manjares y al vino, César inició una conversación que se prolongó hasta muy entrada la noche, y con palabras amables se dirigió a Acoreo, que, vestido de lino, estaba sentado en un elevado sitial: "Oh anciano dedicado a los sagrados cultos y, como lo demuestra tu edad, no detestado por los dioses, explícame los orígenes de la raza de Faros, la configuración del país, las costumbres del pueblo, los ritos, las formas de los dioses, revélame todo lo que está esculpido en los antiquísimos santuarios2 y descúbreme los dioses que están deseando ser conocidos. Si tus antepasados enseñaron sus sagrados ritos al ateniense Platón, ¿qué huésped fue jamás más digno que yo de escuchar estas cosas y de conocer los secretos del universo? En verdad que fue la fama de mi yerno la que me condujo a las ciudades egipcias, pero también la vuestra; en medio de los combates siempre encontré tiempo para estudiar los espacios estelares y celestes y los arcanos de los dioses, y al año por mí establecido no lo aventajarán los fastos de Eudoxio.3 Pero aunque bulle en mi pecho una enorme inquietud intelectual y un amor tan grande por la verdad, nada hay que desee conocer más que las causas de las crecidas de este río por tantos siglos ignoradas y su desconocido nacimiento; si se me diera la seguridad de contemplar las fuentes del Nilo, sería capaz incluso de abandonar la guerra civil".

  Estas fueron sus palabras, y el sacerdote Acoreo, en contestación, comenzó a hablar así: "Me está permitido, César, revelarte los arcanos de nuestros ilustres ancestros ignorados hasta el presente por el vulgo profano. Tengan los demás piadoso escrúpulo de callar tan grandes maravillas; yo pienso, por el contrario, que es agradable a los dioses que tales obras se divulguen entre las gentes y que se den a conocer a los pueblos sus sagradas leyes. A los astros que por sí solos moderan el rápido movimiento del firmamento y se mueven en dirección opuesta a la del cielo, les fueron dados poderes diferentes en el primer ordenamiento del universo. El sol regula las estaciones, alterna el día con la noche, y con sus poderosos rayos estorba el paso de los astros y detiene su vagabundo errar con períodos estacionarios. La luna, mediante sus fases, mezcla a Tetis con las tierras; a Saturno le está asignado el frío hielo y la zona nivosa; Marte es señor de los vientos y de los inciertos rayos; bajo Júpiter están el clima templado y el aire siempre transparente; la fecunda Venus posee la simiente de todas las cosas; el dios de Cilene es el árbitro de la inmensidad de las aguas. Cuando éste se encuentra en la región del cielo donde se mezclan las constelaciones de Leo y de Cáncer, donde Sirio emite su impetuosa llama, donde el círculo que hace alternar las estaciones del año contiene a la vez a Capricornio y a Cáncer, bajo el cual están situadas las ocultas fuentes del Nilo, y cuando el señor de las aguas le toca lanzando verticalmente su rayo, entonces el Nilo, abierta su fuente, se lanza lo mismo que el océano obedece a las crecidas de la luna, y no reprime su constante aumento de caudal hasta que la noche ha recibido del sol las horas perdidas en el verano". [...]
Traducción y notas de Víctor-José Herrero Llorente

1 Los egipcios tributaban un culto especial a los animales, pues creían que los dioses perseguidos por el gigante Tifón se habían ocultado en Egipto bajo la figura de diversos animales.
2 Es decir, los jeroglíficos.
3 Famoso astrónomo y matemático griego que vivió hacia el 360 a.C. Fue discípulo de Platón.

De toda la obra del estoico Lucano, pese a que fue poeta de extraordinaria fecundidad, sólo se ha conservado la Farsalia o Guerra Civil, una epopeya incompleta de diez libros.
Sobrino de Séneca, gozó también el favor del emperador Nerón, quien le permitió la lectura pública de sus poemas a una edad muy temprana. No obstante, mantuvo una actitud rebelde ante la vida y la literatura. Aprovechó en la Farsalia un tema que se remontaba a tres generaciones atrás, las luchas entre Pompeyo y César, y trasladó las repercusiones de estas a su época en lo que expresó como libertas et Caesar, la libertad para su clase y el deseo de no estar subordinado a un César. Esta actitud comprometida le llevó a implicarse en la fracasada conjura de los Pisones, por lo que fue condenado a quitarse la vida.
Renovador en su estilo, siguió pautas distintas de las marcadas por autores precedentes. Convirtió un hecho real e histórico en un poema épico intentando conferirle un carácter cósmico a su obra y enriqueciéndola con episodios procedentes de la mitología. Su temprana muerte le impidió concluir la obra, que se interrumpe a mitad del libro décimo.
La Farsalia ha ejercido una gran influencia en autores tan diversos como Dante y Petrarca, Corneille y Goethe. (De la edición de "Clásicos Latinos" de Círculo de Lectores, S. A., 1998)

10 comentarios:

SirGatopardo dijo...

Ninguna otra cultura ha venerado tanto los festejos.

Juan Nadie dijo...

Pocas, efectivamente.

marian dijo...

Menudo batiburrillo, me encanta.

carlos perrotti dijo...

Qué admirables estos tipos, en medio de guerras y de festejos, ávidos de conocimiento dándole rienda suelta a su sensibilidad. Sin duda eran mejores que nuestros dirigentes y sabios actuales...

Cinco renglones antes del final de tan bello fragmento hay una a invadiendo el espacio de una e.

Juan Nadie dijo...

Ah, los clásicos, ¿por qué se llamarán así? Todo está en los clásicos. Quien comience a leerlos no los dejará nunca, es imposible.

Gracias , Carlos, por la corrección, no me había dado cuenta.

marian dijo...

Al llegar a las "ciudades egipcias", creo que el teclado se ha venido arriba. Ha empezado Carlos, eh.

marian dijo...

Para que no digas que no leemos lo que escribes.

marian dijo...

En este caso, lo que transcribes.

marian dijo...

Con lo que cuesta hacer una transcripción (por lo menos a mí) Que aparezca algo cambiado es un "clásico" también.

Juan Nadie dijo...

Glup!
Esto de las transcripciones tiene su peligro. Menos mal que este blog tiene buenos y atentos lectores.
Pues muchas gracias, y si encontráis alguna errata más me lo decís.