Barbara Mendes - So Many Stars (2017)

jueves, 11 de junio de 2015

El Romancero/ 9 - Romance del conde Claros - Anónimo - España


ROMANCE DEL CONDE CLAROS
(ROMANCES NOVELESCOS)

Media noche era por filo,      los gallos querien cantar,
conde Claros con amores      no podía reposar;
grandes sospiros va dando      que amor le haze penar,
que el amor de Claraniña      no le dexa sossegar.
Cuando vino la mañana      que quería alborear,
salto diera de la cama      que parece un gabilán:
-Levantad, mi camarero,      dadme vestir y calçar.-
Presto estava el camarero      para havérselo de dar.
Diérale calças de grana,      borzeguís de cordován;
diérale jubón de seda      aforrado en zarzahán;
diérale un manto rico      que no se puede apreciar:
trezientas piedras preciosas      alderedor del collar.
Tráele un rico cavallo      que en la corte no hay su par,
que la silla con el freno      bien valía una ciudad,
con trezientos cascaveles      alderedor del petral:
los ciento eran de oro,      y los ciento de metal
y los ciento son de plata      por los sones concordar.
Ivase para el palacio,      para el palacio real.
A la infanta Claraniña      allá la fuera a hallar,
trezientas damas con ella      que la van acompañar.
Tan linda va Claraniña,      que a todos haze penar.
Conde Claros que la vido      luego va descavalgar;
las rodillas por el suelo      le començó de hablar:
-Mantenga Dios a tu alteza.-      -Conde Claros, bien vengáis.-
Las palabras que prosigue      eran para enamorar:
-Conde Claros, conde Claros,      el señor de Montalván,
¡cómo avéis hermoso cuerpo      para con moros lidiar!-
Respondiera el conde Claros,      tal respuesta le fue a dar:
-Mejor le tengo, señora,      para con damas holgar.
Si yo os tuviesse esta noche,      señora, a mi mandar,
otro día en la mañana      con cien moros pelear,
si a todos no los venciesse      me mandássedes matar.-
-Calledes, conde, calledes,      y no os queráis alabar.
Los que quieren servir damas      assí lo suelen hablar
y al entrar en las batallas      bien se saben escusar.-      
-Si no lo creéis, señora,      por las obras se verá.
Siete años son passados      que os empecé de amar,
que de noche yo no duermo,      ni de día puedo holgar.-
-Siempre tuvistes, el conde,      de las damas os burlar.
Mas dexadme ir a los baños,      a los baños a bañar;
cuando yo sea bañada      estoy a vuestro mandar.-
Allí respondiera el conde,      tal respuesta le fue a dar:
-Bien sabedes vos, señora,      que soy caçador real;
caça que tengo en la mano      nunca la puedo dexar.-
Tomárala por la mano       y para un vergel se van;
a la sombra de un ciprés,      debaxo de un rosal,
de la cintura arriba      tan dulces besos se dan,
de la cintura abaxo      como hombre y muger se han.
Mas Fortuna que es adversa,      que a plazeres da pesar,
por aí passó un caçador,      que no deviera passar,
detrás de una podenca,      que ravia deviera matar.
Vido estar al conde Claros      con la infanta a bel holgar.
El conde cuando lo vido      empeçóle de llamar:
-Ven acá tú, el caçador,      assí Dios te guarde de mal;
de todo lo que has visto      tú nos tengas poridad.
Darte he yo mil marcos de oro,      y si más quisieres, más;
casarte he con una donzella      que era mi prima carnal:
darte he en arras y en dote      la villa de Montalván;
de otra parte la infanta      mucho más te puede dar.-
El caçador sin ventura      no les quiso escuchar.
Vase para los palacios      adonde el buen rey está.
-Manténgate Dios, el rey,      y a tu corona real.
Una nueva yo te traigo      dolorosa y de pesar,
que no te cumple traer corona      ni en cavallo cavalgar,
corona de la cabeça      bien te la puedes quitar
si tal deshonra como ésta      la huviesses de comportar:
que he hallado a la infanta      y a Claros de Montalván
besándola y abraçándola      en vuestro huerto real:
de la cintura abaxo      como hombre y muger se han.
El rey con grande enojo      al caçador mandó matar,
porque havía sido osado      de tales nuevas llevar.
Mandó llamar alguaziles      a priessa y no de vagar;
mandó armar quinientos hombres      para los acompañar,
para que prendan al conde      y le ayan de tomar;
mandara cerrar las puertas,      las puertas de la ciudad.
A las puertas del palacio      allá le fueron a hallar.
Preso llevan al buen conde      con mucha seguridad,
unos grillos a los pies      que bien pesan un quintal,
las esposas a las manos      que era dolor de mirar,
una cadena a su cuello      que de hierro es el collar;
caválganle en una mula      por más deshonra le dar.
Metiéronle en una torre      de muy gran escuridad;
las llaves de la prisión      el rey las quiso llevar,
porque sin licencia suya      nadie le pueda hablar.
Por él rogavan los grandes,      cuantos en la corte están;
por él rogava Oliveros,      por él rogava Roldán
y ruegan los doze Pares      de Francia la natural;
y los monjes de sant Ana      con los de la Trinidad
llevavan un crucifixo      para mejor le rogar;
con ellos va un arçobispo      y un perlado cardenal.
Mas el rey con gran enojo      a nadie quiso escuchar;
antes, de muy enojado,      sus grandes mandó llamar.
Cuando ya los tuvo juntos      empeçóles de hablar:
-Amigos y hijos míos,      a lo que vos hize llamar:
ya sabéis del conde Claros,      el señor de Montalván,
de cómo le he criado      hasta ponelle en edad
y le he guardado su tierra,      que su padre le fue a dar,
el que morir no devía,      Reinaldos de Montalván;
y por hazerle más grande      de lo mío le quise dar:
hízele gobernador      de mi reino natural.
Él por darme galardón,      mirad, en qué fue a tocar:
que quiso forçar la infanta,      hija mía natural.
Hombre que lo tal comete      ¿qué sentencia le han de dar?-
Todos dizen a una voz      que lo ayan de degollar.
Y assí la sentencia dada,      el buen rey la fue a firmar.
El arçobispo que esto viera      al buen rey fuera a hablar,
pidiéndole por merced      licencia le quiera dar
para ir a ver el conde      su muerte le denunciar.
-Plázeme -dixo el buen rey-,      plázeme de voluntad,
mas con esta condición:      que solo avéis de andar
con aqueste pagezico      de quien puedo bien fiar.-
Ya se parte el arçobispo      y a las cárceles se va.
Las guardas desque lo vieron      luego le dexan entrar;
con él iva el pagezico      que le va acompañar.
Cuando vido estar al conde      en tal prisión y pesar,
las palabras que le dize      dolor es de le escuchar:
-Pésame de vos, el conde,      cuanto me puede pesar,
que los yerros por amores      dignos son de perdonar.
De vos me pesa, el buen conde,      porque assí os quieren tratar,
que los yerros que hezistes      dignos son de perdonar.
Por vos he rogado al rey;      nunca me quiso escuchar,
antes ha dado sentencia      que os ayan de degollar.
Yo os lo dixe, sobrino,      que os dexéssedes de amar,
que el que las mugeres ama      atal galardón le dan:
que aya de morir por ellas      y en cárceles penar.-
Respondiera el buen conde      con esfuerço singular:
-Calléis por Dios, el mi tío,      no me queráis enojar.
Quien no ama a las mugeres      no se puede hombre llamar;
mas la vida que yo tengo      por ellas quiero gastar.-
Respondía el pagezico,      tal respuesta le fue a dar:
-Conde bienaventurado      siempre os deven llamar,
porque muerte tan honrada      por vos aya de passar.
Más enbidia he de vos, conde      que manzilla ni pesar;
más querría ser vos, conde,      que el rey que os manda matar,
porque muerte tan honrada      por mí huviesse de passar.
Llama yerro a la Fortuna      quien no la sabe gozar.
La priessa del cadahalso      vos, conde, la devéis dar;
si no es dada la sentencia,      vos la devéis de firmar.-
El conde que esto oyera      tal respuesta le fue a dar;
-Por Dios te ruego, el paje,      en amor de caridad,
que vayas a la princesa      de mi parte a le rogar,
que suplico a su alteza      que ella me salga a mirar,
que en la hora de mi muerte      yo la pueda contemplar,
que si mis ojos la veen      mi alma no penará.-
Ya se parte el pagezico,      ya se parte, ya se va,
llorando de los sus ojos      que quisiera rebentar.
Topara con la princesa,      bien oiréis lo que dirá:
-Agora es tiempo, señora,      que ayáis de remediar,
que vuestro querido, el conde,      lo llevan a degollar.-
La infanta que esto oyera,      en la tierra muerta cae.
Damas, dueñas y donzellas      no la pueden retornar
hasta que llegó su aya,      la que la fue a criar:
-¿Qué es aquesto, la infanta?      Aquesto ¿qué puede estar?-
-¡Ay triste de mí, mezquina,      que no sé qué remedio dar!,
que si al conde me matan      avré desesperar.-
-Saliéssedes vos, mi hija,      saliéssedeslo a quitar.-
Ya se parte la infanta,      ya se parte, ya se va.
Fuese para el mercado      donde lo han de sacar;
vido estar el cadahalso      en que lo han de justiciar,
damas, dueñas y donzellas      que lo salen a mirar;
Vio venir la gente d'armas      que lo traen a matar,
los pregoneros delante      por su yerro publicar.
Con el poder de la gente      ella no podía passar.
-Apartadvos, gente d'armas,      todos me hazed lugar,
si no... ¡por vida del rey,      a todos mande matar!-
La gente que la conoce      luego le hazen lugar
hasta que llegó al conde      y le empeçara de hablar:
-Esforçá, esforçá, el buen conde,      y no queráis desmayar,
que aunque yo pierda la vida,      la vuestra se ha de salvar.-
El alguazil que esto oyera      començó de caminar;
vase para los palacios      adonde el buen rey está.
-Cavalgue la vuestra alteza,      apriessa y no de vagar,
que salida es la infanta      para el conde nos quitar.
Los unos manda que maten      y los otros enforcar.
Si tu alteza no socorre,      yo no puedo remediar.-
El buen rey de que esto oyera      començó de caminar,
y fuese para el mercado      adonde el buen conde está.
-¿Qué es aquesto, la infanta?      Aquesto, ¿qué puede estar?
La sentencia que yo he dado      ¿vos la queréis revocar?
Yo juro por mi corona,      por mi corona real,
que si heredero tuviesse      que me huviesse de heredar,
que a vos y al conde Claros      vivos vos haría quemar.-
-Que vos me matéis, mi padre,      muy bien me podéis matar.
Mas suplico a vuestra alteza      que se quiera él acordar
de los servicios passados      de Reinaldos de Montalván,
que murió en las batallas,      por su corona ensalçar:
por los servicios del padre      al hijo devéis galardonar;
por malquerer de traidores      vos no lo devéis matar,
que su muerte será causa      que me aya de disfamar.
Mas suplico a vuestra alteza      que se quiera consejar,
que los reyes con furor      no deven sentencia dar,
porque el conde es de linaje      del reino muy principal,
porque él era de los Doze      que a tu mesa comen pan:
sus amigos y parientes      todos te querrían mal,
rebolverte han cruda guerra,      tus reinos se perderán.-
El rey que aquesto oyera      començara a demandar:
-Consejo os pido, los míos,      que me queráis consejar.-
Luego todos se apartaron      por su consejo tomar.
El consejo que le dieron,      que lo aya de perdonar
por quitar males y bregas      y por la princesa affamar.
Todos firman el perdón,      el buen rey fue a firmar.
También le aconsejaron,      consejo le fueron dar,
pues la infanta quería al conde      con ella aya de casar,
Ya perdonavan al conde,      ya lo mandan desferrar.
Descavalga de una mula,      el arçobispo a los desposar;
él tomólos de las manos      y assí los huvo a juntar.
Los enojos y pesares      en plazer van a tornar.
Romance del conde Claros - "Media noche era por filo" 
Francisco de Salinas (1513 - 1590) - "De Musica libri septem" (Salamanca, 1577)
Intérpretes:
La Capella Reial de Catalunya - Hespérion XXI 
 Director: Jordi Savall

12 comentarios:

carlos perrotti dijo...

Para un porteño ayuda mucho escuchar la música, las voces, la instrumentación... Alguna vez podré apreciar también la lectura.

Juan Nadie dijo...

Como ya dije alguna vez, esto es demasiado castellano, de modo que no te preocupes.
La música es del maestro Francisco de Salinas, considerado uno de los mejores músicos españoles del siglo XVI. Fue catedrático de Música de la Universidad de Salamanca y coincidió allí con Fray Luis de León, quien le dedicó un magnífico poema que podrás leer en el próximo post.

carlos perrotti dijo...

Genial. Lo que me impresiona es la prolífica obra de Hesperion XXI y de La Capella Reial de Catalunya. Y yo ni idea.

Juan Nadie dijo...

Jordi Savall, además de ser un magnífico instrumentista de "viola da gamba", es uno de nuestros mejores estudiosos musicales, básicamente de la música medieval y renacentista.

SirGatopardo dijo...

A desasnarme tocan...

Juan Nadie dijo...

Hay todo un mundo en estos temas.

marian dijo...

Otra maravilla de entrada, y además... con final feliz.

Juan Nadie dijo...

No me digas que no es bonito.
Al final... "fueron felices y comieron perdices".

marian dijo...

Y qué decir del trabajo de Jordi Savall y de su equipo.

Juan Nadie dijo...

Jordi Savall es un sabio de la música y además tiene su propio criterio y no se casa con nadie: hace poco rechazó el Premio Nacional de la Música 2014 por no estar de acuerdo con la política cultural del gobierno. No se lo reprocho.

carlos perrotti dijo...

Eso se necesita: coherente honestidad hasta las últimas consecuencias.

Juan Nadie dijo...

Todavía quedan algunos.