Madeleine Peyroux - Secular Hymns (2016)

lunes, 27 de junio de 2016

Fragmentos de La vida instrucciones de uso - Georges Perec - Francia


A la memoria de Raymond Queneau

«Abre bien los ojos, mira.»
JULIO VERNE, Miguel Strogoff

PRIMERA PARTE

CAPÍTULO XV
Habitaciones de servicio, 5
Smautf

La habitación de Mortimer Smautf, el viejo mayordomo de Bartlebooth, debajo del tejado, entre el estudio de Hutting y el cuarto de Jane Sutton.
La habitación está vacía. Un gato de pelo blanco, con los ojos entornados y las patas de delante juntas en una actitud de esfinge, dormita sobre el cubrecama naranja. Al lado de la cama, en una mesilla de noche, están puestos un cenicero de vidrio tallado de forma triangular que llevaba grabada la palabra "Guinness", una colección de crucigramas y una novela policiaca titulada Los siete crímenes de Azincourt.

Hace más de cincuenta años que Smautf está al servicio de Bartlebooth. Aunque él mismo se llama mayordomo, sus funciones han sido más bien las de un ayuda de cámara o las de un secretario; o, más exactamente todavía, las de ambos a la vez: en realidad fue sobre todo su compañero de viaje, su factótum y, si no su Sancho Panza, sí que fue por lo menos su Passepartout (pues la verdad es que había en Bartlebooth algo de Phileas Fogg), sucesivamente, maletero, cepillador, barbero, chófer, guía, tesorero, agente de viajes y portaparaguas. [...]

Bartlebooth regresó de sus viajes casi con las manos en los bolsillos: sólo había viajado para pintar sus quinientas acuarelas y se las había ido enviando a Winckler a medida que las hacía. Smautf, en cambio, reunió tres colecciones —sellos para el hijo de la señora Claveau, etiquetas de hoteles para Winckler y tarjetas postales para Valène— y se trajo tres objetos que están ahora en su cuarto.

El primero es un magnífico cofre de barco, hecho con madera blanda de árbol de coral (pterocarpio gumífero, precisa él), que lleva herrajes de cobre. Se lo compró a un shipchandler de San Juan de Terranova y lo confió a un barco pesquero que lo trajo a Francia.

El segundo es una escultura curiosa: una estatua de basalto de la Diosa Madre tricéfala, de unos cuarenta centímetros de altura. La adquirió en las Seychelles a cambio de otra escultura, igualmente tricéfala, pero de una concepción totalmente distinta: era un crucifijo en el que estaban clavadas tres figurillas con el mismo perno: un niño negro, un majestuoso anciano y una paloma de tamaño natural. La había encontrado en el zoco de Agadir y el hombre que se la había vendido le había explicado que eran las figuras móviles de la Trinidad y que cada año "se subía encima" una de las tres. Entonces el primero era el Hijo, y el Espíritu Santo (casi invisible) quedaba pegado a la cruz. El objeto era muy voluminoso pero podía fascinar mucho tiempo a una mente tan particular como la de Smautf. Por eso lo compró sin regatear y lo llevó consigo desde 1939 hasta 1953. Al día siguiente de su llegada a las Seychelles entró en un bar: lo primero que vio fue la estatua de la Diosa Madre, puesta en el mostrador entre una coctelera toda abollada y un vaso lleno de banderitas y varillas para agitar el champán que tenían forma de báculos en miniatura. Su estupefacción fue tan grande que corrió a su hotel, regresó con el crucifijo y entabló una larga conversación en pidgin english con el barman malayo sobre la casi imposibilidad estadística de encontrar dos veces en catorce años dos estatuas de tres cabezas; al término de su conversación, Smautf y el barman se juraron una amistad indefectible que quedó concretizada con el intercambio de sus respectivas obras de arte.

El tercer objeto es un grabado grande, una especie de estampa de Epinal. La encontró en Bergen el último año de sus peregrinaciones. Representa un niño que recibe en premio un libro de manos de un viejo dómine. El niño tiene siete u ocho años; viste chaqueta de paño azul celeste y pantalón corto y calza escarpines de charol; lleva la frente ceñida con una corona de laurel; sube las tres gradas de un estrado de madera adornado con plantas de interior. El anciano va con toga. Tiene una larga barba gris y gasta lentes con montura de acero. En la mano derecha lleva una regla de boj y en la izquierda un grueso infolio encuadernado en rojo en el que se lee Erindringer fra en Reise i Skotland (es, según supo Smautf, la relación del viaje que hizo el pastor danés Plenge a Escocia durante el verano de 1859). Cerca del maestro se halla una mesa cubierta con un tapete verde en la que hay más libros, un globo terrestre y una partitura de música abierta de formato italiano. Una estrecha placa de cobre grabado, fijado en el marco de madera de la lámina, indica su título, sin relación manifiesta con la escena representada: Laborynthus.

A Smautf le hubiera gustado ser aquel buen alumno premiado. Su pesar por no haber podido estudiar se convirtió con los años en una pasión enfermiza por las cuatro reglas. Muy al principio de sus viajes había visto en un gran music–hall de Londres un calculador prodigio y durante los veinte años de su vuelta al mundo, leyendo y releyendo un viejo tratado astroso de pasatiempos matemáticos y aritméticos que había descubierto en una librería de viejo de Inverness, se aficionó al cálculo mental y, a su regreso, era capaz de sacar raíces cuadradas o cúbicas de números de nueve cifras con relativa rapidez. Cuando ya le empezaba a resultar aquello demasiado fácil, le entró un frenesí por las factoriales: 1! = 1; 2! = 2; 3! = 6; 4! = 24; 5! = 120; 6! = 720; 7! = 5.040; 8! = 40.320; 9! = 362.880; 10! = 3.628.800; 11! = 39.916.800; 12! = 479.001.600; […]; 22! = 1.124.000.727.777.607.680.000, o sea más de mil millones de veces setecientos diecisiete mil millones.
Smautf anda actualmente por el 76, pero ya no encuentra papel de formato suficientemente grande; y, aunque lo encontrara, no habría mesa bastante larga para extenderlo. Cada vez tiene menos seguridad en sí mismo, por lo que siempre está repitiendo sus cálculos. Morellet intentó desanimarlo años atrás diciéndole que el número que se escribe 999 , o sea, nueve elevado a nueve elevado a nueve, que es el número mayor que se puede escribir usando sólo tres cifras, tendría, si se escribiera entero, trescientos sesenta y nueve millones de cifras; a razón de una cifra por segundo, se tardaría once años en escribirlo; y, calculando dos cifras por centímetro, tendría mil ochocientos kilómetros de largo. A pesar de lo cual Smautf siguió alineando columnas y más columnas de cifras en dorsos de sobres, márgenes de cuadernos y papeles de envolver carne.
Smautf tiene ahora cerca de ochenta años. Bartlebooth le propuso que se jubilara hace ya mucho tiempo, pero se ha negado siempre a hacerlo. La verdad es que tiene poco trabajo. Por la mañana prepara la ropa de Bartlebooth y lo ayuda a vestirse. Lo afeitaba hasta hace cinco años —con un machete que había pertenecido a un abuelo de Bartlebooth—, pero ve muy mal y ha empezado a temblarle el pulso, por lo que ha sido sustituido por un oficial del señor Pois, el peluquero de la calle de Prony, que sube a su piso todas las mañanas.
Bartlebooth no se mueve ya de casa; casi no sale de su despacho en todo el día. Smautf permanece en el cuarto contiguo, con los demás criados, que no tienen mucho más trabajo que él y se pasan el tiempo jugando a los naipes y hablando del pasado.
Smautf pasa muchos ratos en su habitación. Intenta avanzar un poco en sus multiplicaciones; para entretenerse, hace crucigramas, lee novelas policiacas que le presta la señora Orlowska o acaricia durante horas y horas el gato blanco que ronronea mientras afila sus garras en las rodillas del anciano.
El gato blanco no es de Smautf sino de toda la planta. De vez en cuando se va a vivir con Jane Sutton o con la señora Orlowska o se baja a la vivienda de Isabelle Gratiolet o a la de la señorita Crespi. Vino hace tres o cuatro años por el tejado. Tenía una herida ancha en el cuello. La señora Orlowska lo recogió y lo curó. Se dieron cuenta de que tenía los ojos de colores diferentes: uno era azul como una porcelana china y el otro dorado. Un poco más tarde se dieron también cuenta de que estaba completamente sordo.
De La vida instrucciones de uso, 1978
Traducción de Josep Escuer

18 comentarios:

carlos perrotti dijo...

Grande Perec. Muy original. Sería mejor decir personal.

No vas a creerme pero tenía preparados (para subir a mi sección gatuna, puesto que Georges era un gatero militante) fragmentos de "La vida instrucciones de uso". Esta traducción es mejor, por lo cual...

Juan Nadie dijo...

Pues, adelante.

"La vida instrucciones de uso" es una novela tan original que no hay forma de clasificarla. Aparentemente no pasa nada en ella, pero cuenta con miles de protagonistas. Un friso de la vida pariense o de cualquier otro sito. El propio Perec la definía asi:

"Me imagino un edificio parisino al que se ha quitado la fachada... de modo que, desde la planta baja a la buhardilla, todos los aposentos que se hallan en la parte anterior del edificio sean inmediata y simultáneamente visibles. Todo el libro se ha construido como una casa en la que las habitaciones se unen unas a otras siguiendo la técnica del puzzle."

Italo Calvino decía de Perec:
"una de las personalidades literarias más singulares del mundo, un escritor radicalmente distinto a cualquier otro"

carlos perrotti dijo...

Muy original, pero lo pintan mejor tu "inclasificable" y el "singular" de Calvino.

marian dijo...

Lo leeré mañana con tranquilidad, pero me ha llamado la atención la frase de Julio Verne, ojo todo lo que dice en cinco palabras y la ilustración... a ver si Ibáñez se inspiró en ella para la 13, Rue del Percebe:)

carlos perrotti dijo...

Será, Marian? Creo que tenés razón.

Juan Nadie dijo...

Todo podría ser.

marian dijo...

No sé si Ibáñez se inspiró en ella, habría que preguntárselo a él:) Por lo que veo, Carlos, también conoces la 13, Rue del Percebe. Qué grande Ibáñez, y que suerte haber crecido con esos tebeos.

marian dijo...

Me resulta amena la lectura, ya con eso...
He pillado el pdf. del enlace, por lo que ya sabes Charlie... gpc:)

Juan Nadie dijo...

dn. eup. :-)

marian dijo...

LLamaré a la T.I.A. para que investiguen ese "eup"

Juan Nadie dijo...

No te hará falta, la sobrina te dirá que "es un placer".

marian dijo...

jeje... muy bueno.

marian dijo...

Espero que sepas que además de la S.O.B.R.I.N.A. está la A.B.U.E.L.A.

Juan Nadie dijo...

Joé, demasiadas siglas. Tengo varias sobrinas, pero no tengo abuela... ¿Mande?

marian dijo...

Me das un trabajo... Ahora miro lo que significan exactamente.

Juan Nadie dijo...

Tómate tu tiempo, no hay prisa.

marian dijo...

Si con la Wikipedia da gusto:

T.I.A. (Técnicos de Investigación Aeroterráquea) son las siglas de una organización ficticia creada por Francisco Ibáñez.
La T.I.A. es una parodia de la organización estadounidense CIA. En compensación, las siglas de las agencias criminales rivales llevan nombres como A.B.U.E.L.A. (Agentes Bélicos Ultramarinos Especialistas en Líos Aberrantes) , S.O.B.R.I.N.A. (Sindicato Organizador Bollos Reivindicantes Inter Nacionales Atléticos) o C.U.E.R.N.O. (Centro de Utensilios Extraño-Raros Nefasto Ofensivos)

Juan Nadie dijo...

Joé, qué miedo.
Este Ibáñez es único. Un monstruo. Qué tipo!