Madeleine Peyroux - Secular Hymns (2016)

jueves, 23 de junio de 2016

Fragmento de Lluvias - Saint-John Perse - Francia / Nota introductoria de José Emilio Pacheco - México


NOTA INTRODUCTORIA 

La imagen de aquel Libro de Arena sin principio ni fin podría aspirar a describir la obra de Saint-John Perse: a despecho de cambios y variaciones, su poesía es la misma desde "Imágenes para Crusoe", que escribió en 1904, hasta "Canto para un equinoccio", publicado en 1971. Abiertas en cualquier parte sus Oeuvres complètes (Bibliothèque de la Pléiade, 1972), siempre serán tan nuevas como el asombro que producen.

Silenciosamente como había vivido, Saint-John Perse murió el 20 de septiembre de 1975. Podemos aplicarle sin riesgo un calificativo que abaratamos al dilapidarlo: un gran poeta, el mayor de este siglo para algunos con derecho a ser oídos porque se llaman T. S. Eliot o Giuseppe Ungaretti.

Perse es un poeta latinoamericano: nació en el Caribe recreado por Carpentier en El Siglo de las Luces. El 31 de marzo de 1887 abrió los ojos en la isla de Saint Leger-les-Feuilles, propiedad de su familia, cerca de Guadalupe, Antillas francesas. Criollo en el sentido novohispano del término, Alexis Saint-Leger Leger proviene de otro paraíso de los colonos e infierno para los colonizados, un lugar de encuentro de civilizaciones: americana, europea, africana, asiática. No regresó nunca pero la presencia del Caribe y el sentimiento de orfandad y exilio por haber perdido un mundo que fue el suyo lo acompañaron siempre.

En Elogios, que André Gide le publicó en 1911, Perse celebra su infancia, habla de la isla que sería idílica si no supiéramos el precio en sufrimiento humano que exige el colonialismo; fija una niñez poblada por la imaginería de los tristes tropiques que pagaron la Bella Época europea y norteamericana.

Aquel joven trasladado a Europa, que de algún modo iba a ser en su obra el enlace entre los poetas videntes del XIX y los surrealistas del XX, se salvó de ir al matadero en que sucumbió su generación. A principios de 1916 fue a China como diplomático. Viajó por el Tibet, el desierto del Gobi, los mares del Sur. En 1924 publicó Anábasis, ya con el nombre de Saint-John Perse pues Saint-Leger se había convertido en el segundo de Aristide Briand en el Ministerio de Asuntos Extranjeros: la política exterior de Francia no podía estar en manos de alguien dedicado a un oficio tan poco respetable socialmente como el de escribir poemas.

Nada era semejante a Anábasis en la poesía europea de ese momento. Perse hablaba en el francés más elegante pero en él había ecos de los poetas que aparecieron con la invención del alfabeto y su voz era la de un bárbaro, alguien que definitivamente no miraba al mundo desde París. Anábasis deslumbró a los pocos capaces de conseguir el breve cuaderno. Eliot lo tradujo dos veces. En español Perse encontró muchos buenos traductores y uno excepcional que fue el mejor intérprete de toda su obra: el poeta colombiano Jorge Zalamea. (Este Material de Lectura quiere ser también un mínimo homenaje a él.)

El poeta se vio obligado a callar públicamente mientras el diplomático negociaba los acuerdos de Locarno, el pacto franco-soviético, la entrada de la URSS en la Sociedad de las Naciones y, en la conferencia de Munich, se oponía en vano a la política de apaciguamiento que dejaba sucumbir a la República española y entregaba a Hitler el dominio de Europa.

Cuando los nazis entraron en París, Saint-Leger renunció y se exilió en los Estados Unidos antes que colaborar con el gobierno de Vichy. Pétain lo despojó de su nacionalidad francesa; la Gestapo allanó su departamento y quemó los tres libros escritos por Saint-John Perse durante los años en que no publicó nada.

En Washington sobrevivió como asesor de la Biblioteca del Congreso. El diplomático quedó abolido, se mantuvo únicamente el poeta. Fue su etapa más fecunda: de 1941 a 1946 Exilio, Lluvias, Nieves, Poema a la extranjera, Vientos. Once años después Amers, ("Marcas", "Señales en el mar", pero también y como es obvio "Amargos"). En 1960, el año en que recibió el Premio Nobel, Crónica, poema de la vejez. En 1972, Pájaros. Fuera de algunas composiciones sueltas, cartas y textos de homenaje a otros escritores y artistas, ésta es toda la obra de Saint-John Perse.

Jamás leyó sus poemas en público ni participó en mesas redondas: hizo una breve aparición la noche en que recibió el Nobel. Allí dijo: "La poesía se niega a disociar el arte de la vida y el amor del conocimiento. Es acción, poder, innovación que desplaza los límites... La oscuridad que se le reprocha no le es consustancial. Lo propio de la poesía es iluminar. . ."

¿De qué trata la obra de Perse? Él mismo dio la respuesta: "Pero es del hombre de quien se trata, de su presencia humana." Leerla es como observar las olas que se rompen contra la escollera. Un espectáculo que de tan fascinante puede resultar abrumador. Este gran poeta no escribió versos: sus formas fueron el poema en prosa (que Baudelaire consideró la expresión del mundo moderno) y el versículo, la forma de una sociedad primitiva en que el asombro ante la materia lleva a deificarla y el sol se convierte en dios dador de la vida.

Dios está ausente de esta épica/crónica/tragedia, relatada (cantada) por un espectador que habla desde una eternidad a ras de tierra, no cede a la angustia, expresa su confianza en los seres humanos que habitan un mundo en descomposición y renovación incesantes; en la humanidad que permanece cuando todo —nieves, lluvias, vientos, señales en el mar— se ha evaporado.

Su poesía crece con la naturalidad majestuosa de un gran árbol del trópico y mira la corriente de la historia en su fluir perpetuo: guerras, conquistas, imperios, exilios, rebeliones. Se refiere a la sociedad actual como si estuviera en el alba de las comunidades humanas y a los primitivos como si fuesen nuestros contemporáneos. Su visión es planetaria, es la mirada abarcadora de un poeta nacido en una isla sudamericana, fiel a la utopía que junto a la violencia explotadora fundó este nuevo mundo. Sin decirlo Perse nunca renuncia al anhelo de una sociedad menos injusta y desdichada que la nuestra. Su interminable alabanza de la Tierra no le impide ver que el hombre marcha siempre y edifica; cree que la historia ha llegado al lugar de su quietud, pero al plantar el árbol que dé sombra a sus construcciones pone la semilla de la raíz que cuarteará el muro; en su bagaje lleva las termes que carcomerán sus palacios. La ciudad será ruina, morada del desierto y de la vegetación devoradora. A lo lejos la nueva caravana proyecta su sombra en las arenas. Nada perdura, sí, pero tampoco nada detiene el peregrinaje en busca de la Ciudad Justa.

Perse escribió que el objeto más hermoso del mundo era el cráneo de cristal de roca que preside como una deidad subterránea la sala azteca del Museo Británico. Acaso cuando nuestra civilización sea polvo y ceniza como lo es ahora el mundo de Moctezuma, la poesía de Saint-John Perse será ese cráneo de cristal de roca pulido por las tempestades y los siglos, invulnerable en su enceguecedora fijeza.


LLUVIAS 
A Katherine y Francis Biddle

VII 

"Innumerables son nuestras vías y nuestras mansiones inciertas. Tal se abreva en lo divino cuyo labio es de arcilla. Vosotras, lavadoras de los muertos en las aguas-madres de la mañana —y está la tierra todavía en las zarzas de la guerra— lavad también la faz de los vivos; lavad, ¡oh Lluvias!, la faz triste de los violentos... pues sus vías son estrechas y sus mansiones inciertas.

"Lavad, ¡oh Lluvias!, un lugar de piedra para los fuertes. A las grandes mesas se sentarán, al socaire de su fuerza, aquellos que no embriagó el vino de los hombres, aquellos que no mancilló el gusto de las lágrimas ni el sueño, aquellos que no se curan de su nombre en las trompetas de hueso... a las grandes mesas se sentarán, al socaire de su fuerza, en lugar de piedra para los fuertes.

"Lavad la duda y la prudencia al paso de la acción, lavad la duda y la decencia en el campo de la visión. Lavad, ¡oh Lluvias!, la catarata del ojo del hombre de bien, del ojo del hombre de ideas sanas, lavad la catarata del ojo del hombre de buen gusto, del ojo del hombre de buen tono; la catarata del hombre de mérito, la catarata del hombre de talento; lavad la escama del ojo del Maestro y del Mecenas, del ojo del Justo y del Notable... del ojo de los hombres calificados por la prudencia y la decencia.

"Lavad, lavad la benevolencia del corazón de los grandes Intercesores, el decoro de la frente de los grandes Educadores, y la mancilla del lenguaje de los labios públicos. Lavad, ¡oh Lluvias!, la mano del Juez y del Preboste; la mano de la partera y de la amortajadora, las manos lamidas de inválidos y ciegos, y la mano baja, en la frente de los hombres, que sueña todavía con riendas y con foete... con el asentimiento de los grandes Intercesores, de los grandes Educadores.

"Lavad, lavad la historia de los pueblos en las altas tablas conmemorativas: los grandes anales oficiales, las grandes crónicas del Clero y los boletines académicos. Lavad las bulas y las cartas, y los Cuadernos del Tercer Estado; los Convenants, los Pactos de alianza y las grandes actas federales; lavad, lavad, ¡oh Lluvias!, todas las vitelas y todos los pergaminos, color de muros de asilos y leproserías, color de marfil fósil y de viejos dientes de mulas... Lavad, lavad, ¡oh Lluvias!, las altas tablas conmemorativas.

"¡Oh Lluvias! lavad del corazón del hombre los más bellos dichos del hombre: las más bellas sentencias, las más bellas secuencias, las frases mejor hechas, las páginas mejor nacidas. Lavad, lavad del corazón de los hombres su gusto de cantilenas, de elegías; su gusto de villanescas y rondós; sus grandes aciertos de expresión; lavad la sal del aticismo y la miel del eufuismo; lavad, lavad las sábanas del sueño y las sábanas del saber: del corazón del hombre sin repulsa, del corazón del hombre sin asco, lavad, lavad, ¡oh Lluvias!, los más bellos dones del hombre... del corazón de los hombres mejor dotados para las grandes obras de razón."
Traducción de Jorge Zalamea

16 comentarios:

carlos perrotti dijo...

No sabía que T.S. Eliot lo consideró el mayor poeta de este siglo, como tampoco sabía mucho de su poesía, apenas lo había leído alguna vez enterado de su Nobel de Literatura. Vivió una vida bien interesante y valiente, me entero. La presentación de José Emilio Pacheco invita a desasnarse y a admitir el error de haberlo ninguneado. Leyendo Lluvias VII pienso que tal vez Saint-John Perse sea de esos poetas que tienen un tiempo para ser leídos y apreciados y que tal vez, también, sea este el momento. A ello me pongo.

carlos perrotti dijo...

Preguntas: donde dice "que sueña todavía con riendas y con foete..." tal vez debiera decir fuete? Digo por asociación, por cinto o látigo.

Y en "lavad la sal del aticismo y la miel del eufuismo? no encuentro qué es "aticismo" (que suena muy bien) pero percibo que "eufuismo" debe ser eufemismo, lo cual es cierto, bien dicho, todo eufemismo desde ahora me parecerá meloso, dicho para tratar de edulcorar el sentido de lo que se dijo.

Juan Nadie dijo...

Realmente Perse es un poeta tan extraordinario que es un poeta aparte. Cuando comenzó a publicar no había nada parecido en Europa. Inmediatamente se convirtió en referencia para los poetas (algunos poetas) que vinieron después.
Su poética la define muy bien Pacheco:
"Su poesía crece con la naturalidad majestuosa de un gran árbol del trópico y mira la corriente de la historia en su fluir perpetuo: guerras, conquistas, imperios, exilios, rebeliones. Se refiere a la sociedad actual como si estuviera en el alba de las comunidades humanas y a los primitivos como si fuesen nuestros contemporáneos."
Es una poesía primitiva, fundacional, hecha en el siglo XX.

En cuanto a "foete", me lo encontré así, lo busqué y parece que puede decirse tanto "foete" como "fuete". Lo dejaré como lo encontré.

"Aticismo" significa seguidor de los "áticos": Era un movimiento retórico que comenzó en el primer cuarto del siglo I a. C. Describía una vuelta a los métodos clásicos tras el pretencioso estilo percibido en la helenística, la retórica sofista y llamado así por la vuelta a los métodos de los oradores áticos. (Wiki).

Respecto al "eufuismo" tuve la misma duda, pero:
"El Eufuismo (euphuism) es, en literatura inglesa, un estilo altamente elaborado y artificial, ampuloso y afectado, que tomó su nombre del Euphues, the Anatomy of Wit ("Euphues, o la anatomía del ingenio"), 1578, y su segunda parte, Euphues y su Inglaterra, 1580, del escritor John Lyly, su principal cultivador, aunque fue seguido en esta estética por otro importante escritor, Robert Greene. Aunque William Shakespeare criticó este estilo, y sobre todo sus simetrías, a veces lo imitó." (Wiki)

Por otra parte, la traducción de Jorge Zalamea debe ser muy buena, el propio Perse, que conocía perfectamente el español, decía que algunas traducciones de Zalamea eran mucho mejores que el poema original, así que no hay pérdida.

carlos perrotti dijo...

Absolutamente desasnado, Juan. Gracias.

Juan Nadie dijo...

Con estas búsquedas aprendemos un poco todos, que es de lo que se trata, o si no ¿qué?

Juan Nadie dijo...

Si interesa una "Antología mínima" de Saint-John Perse, aquí la podemos encontrar:

http://www.materialdelectura.unam.mx/images/stories/pdf3/saint-john-perse.pdf

carlos perrotti dijo...

Agradecido.

Juan Nadie dijo...

Es un placer.

marian dijo...

Abrumadoras "lluvias" que sugieren lavar no solo lo "feo", sino también lo que parece "bueno" e intachable, y que resultaría más difícil de entender sin esa (magnífica) introducción de José Emilio Pacheco.

carlos perrotti dijo...

Es increíble Saint-John Perse. El pdf que apuntó Juan no tiene desperdicio.

En el sentido que hablas, Marian, me acuerdo de aquella escena de Taxi Driver en la que De Niro ansía que alguna vez caiga una lluvia (bíblica) que lave toda la miseria humana y aunque pueda llevarse también lo bueno...

Juan Nadie dijo...

La var a fondo no sólo lo feo, sino todo. Bien dicho, Marian.

Juan Nadie dijo...

Muy bien traído de lo "Taxi Driver", Carlos.

marian dijo...

Me vienen tantas ideas a la cabeza que no sabría por cuál empezar (y me dormiría después leyéndome:)
Confiaremos en... "los seres humanos que habitan un mundo en descomposición y renovación incesantes"

marian dijo...

"La ciudad será ruina, morada del desierto y de la vegetación devoradora." ¿A quién os recuerda? Ya que lo has mencionado, Carlos.

Juan Nadie dijo...

Es que es de esos poemas que no paran de sugerir cosas. ¿Por qué? Porque hablan del ser humano en general; es lo que me gusta.

¿A quién me recuerda? No sé, me recuerda muchas cosas de las que ahora mismo no me acuerdo. Pero ya me acordaré.

marian dijo...

Lo que resultó ser Nueva York para Travis (De Niro)