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viernes, 30 de enero de 2015

La luna - Jaime Sabines - México


La luna se puede tomar a cucharadas
o como una cápsula cada dos horas.
Es buena como hipnótico y sedante
y también alivia
a los que se han intoxicado de filosofía.
Un pedazo de luna en el bolsillo
es mejor amuleto que la pata de conejo:
sirve para encontrar a quien se ama,
para ser rico sin que lo sepa nadie
y para alejar a los médicos y las clínicas.
Se puede dar de postre a los niños
cuando no se han dormido,
y unas gotas de luna en los ojos de los ancianos
ayudan a bien morir.

Pon una hoja tierna de la luna
debajo de tu almohada
y mirarás lo que quieras ver.
Lleva siempre un frasquito del aire de la luna
para cuando te ahogues,
y dale la llave de la luna
a los presos y a los desencantados.
Para los condenados a muerte
y para los condenados a vida
no hay mejor estimulante que la luna
en dosis precisas y controladas.

7 comentarios:

Gatopardo dijo...

¡Qué poeta!

Juan Nadie dijo...

Uno de los mejores poetas de América.

carlos perrotti dijo...

Bellísimo poema sobre algo que uno intuía pero que sólo Sabines supo poner en palabras: la luna es curativa.

carlos perrotti dijo...

De la ilustración que elegiste ni te cuento.

marian dijo...

Y no se vende en farmacias.

Juan Nadie dijo...

La luna es curativa, desde luego, para quien sepa desentrañarla.

Juan Nadie dijo...

Afortunadamente no se vende en farmacias, pero puede ser droga dura. ¡Lunáticos del mundo...!