Silvia Pérez Cruz

miércoles, 10 de mayo de 2017

De la soledad (fragmentos) - Michel de Montaigne - Francia


Yo creo que el fin de todos es vivir descansadamente y a gusto, pero entiendo que no siempre buscamos bien el camino. A menudo se piensa haber abandonado los negocios cuando no se ha hecho más que cambiarlos, porque no hay a veces menos tormento en el gobierno de una familia que en el de un Estado entero. No por ser las ocupaciones domésticas menos importantes dejan de ser igualmente importunas. Y por ende, con deshacernos de la Corte y sus tratos no nos deshacemos de las principales torturas de nuestra vida. [...]

Si primero no se descarga el alma del peso que la oprime, el traslado no hará más que empeorar las molestias que el peso causa, de igual modo que en un barco estorba menos la carga cuando está bien acomodada y fija. Empeórase al enfermo si se le hace cambiar de postura; lo malo es peor removerlo; y los palos clavados en tierra se hunden y afirman más a mayor zarandeo y golpeamiento. No basta alejarse de las gentes ni cambiar de lugar, sino que hay que quitarse las condiciones vulgares que tenemos en nosotros, secuestrándonos, por decirlo así, a nosotros mismos para encontrarnos de nuevo.
Rupi jam vincula dicas:
Nan luctata canis nodum arripit; attamen illi,
Quum fugit, a collo trabitud pars longa catense1. [...]

Paréceme la soledad más propia para aquellos que dieron al mundo sus años más activos y floridos, a ejemplo de Tales. Luego de vivir bastante para los demás, vivamos para nosotros y a nosotros refiramos, cómodamente, nuestros pensamientos e intenciones. No es cosa liviana el mero hecho de retirarse, que esto de por sí harto nos afana sin necesidad de a ello mezclar otros empeños.[...]

La cosa mejor del mundo consiste en saber ser uno mismo lo que es. Cuando nada podemos aportar a la sociedad es hora de apartarnos de ella. Quien no pueda prestar no pida prestado. [...] Quien se torne inútil, pesado e importuno a los otros, procure no ser lo mismo consigo mismo. [...]
Traducción y nota de Juan G. de Luaces

1 "Dices que has roto tus vínculos. Mas el perro que tras largos forcejeos se suelta, arrastra consigo parte de su larga cadena". (Persio, Sat., V, 158)

6 comentarios:

carlos perrotti dijo...

Un iluso suele ser el hombre y su sabiduría. Porque ella suele ser la idea a la que se adaptó y la que le conviene ser.

El hombre no sólo suele no conocerse, tampoco conoce sus posibilidades, menos aún sus imposibilidades, y en última instancia no tiene manera de dejar de ser porque no sabe en realidad quién es y apenas tiene una vaga idea de cómo puede ser o las maneras que ha tenido de poder serlo.

Me salió una “casi” negativa opinión.

Juan Nadie dijo...

Fíjate si el ser humano es consciente de que no sabe, ni siquiera sobre sí mismo porque instancias exteriores le engañan, que el "señor de la Montaña" tuvo que pergeñar todo un libro durante unos cuantos años para intentar explicarse. A sí mismo a los demás. No lo hizo en vano. Inauguró (s. XVI) toda una literatura, la del ensayo. ¡Chapeau!
Todos los llamados ensayistas hoy en día son deudores de Montaigne.

carlos perrotti dijo...

"Porque instancias exteriores le engañan..." No puedo menos que estar absolutamente de acuerdo: instancias exteriores con las que el propio hombre se ha maniatado o cercado.

Juan Nadie dijo...

Sí.

carlos perrotti dijo...

Aqualung, como tantas veces hablamos.

Y aparte esta frase de Montaigne: "A menudo se piensa haber abandonado los negocios cuando no se ha hecho más que cambiarlos..." o trasladarlos de lugar, interpretaría. El hombre se ilusiona con que ha cambiado cuando en realidad no ha hecho más que re-ubicar o trasladar conflictos y soluciones y obsesiones y sentimientos y...

Juan Nadie dijo...

Exacto.