Madeleine Peyroux - Secular Hymns (2016)

miércoles, 23 de noviembre de 2016

Fragmento del Canto 5 de Himnos a la noche - Novalis - Alemania


HIMNOS A LA NOCHE

5

Antaño un destino férreo imperaba con mudo albedrío sobre las tribus dispersas de los hombres. Negra y opresiva venda ceñía sus almas medrosas. - Interminable era la tierra - morada y patria de los dioses - Su misterioso edificio se erguía desde la eternidad. Sobre las rojas montañas de la aurora, en el seno sagrado del mar habitaba el sol, la viva luz que todo lo enciende. Un viejo gigante cargaba sobre sus espaldas este mundo dichoso. Encadenados bajo las montañas yacían los primeros hijos de la madre Tierra, impotentes en su rabia destructora contra la egregia raza de los dioses y sus parientes, los felices hombres. Las profundidades verdes y oscuras del mar eran el regazo de una diosa. En las cristalinas grutas retozaba un pueblo voluptuoso. Ríos, árboles, flores y animales tenían sentido humano. Más dulce sabía el vino escanciado por la Juventud en persona - un dios en los racimos de la vid - una diosa amante y maternal irguiéndose en las apretadas y doradas espigas - la embriaguez divina del amor era un dulce servicio en honor de la más bella de las diosas - fiesta perpetua, versicolor de los hijos del cielo y los habitantes de la tierra, la vida pasaba rumorosa como una primavera, desafiando los siglos. - Todas las razas, con infantil asombro, veneraban en las delicadas, multicambiantes llamas el valor supremo del mundo. Sólo un pensamiento, un pavoroso sueño

turbaba los placeres de la fiesta,
llenaba el alma de profundo espanto,
y el angustiado corazón humano
ya ni los dioses consolar podían.
Por ocultos senderos se acercaba
el monstruo y ni ofrendas ni plegarias
aplacaban su furia;
era la muerte - angustia, duelo y lágrimas -
que sorprendía a los felices hombres
en medio del festín.

Separado por siempre ya de todo
lo que deleita al alma en esta tierra,
de los seres amados que atrás quedan
y que anhelan en vano en largo duelo,
el muerto no era sino vaga sombra
de un sueño, combatiente
de impotente combate.
Y las olas del gozo se rompían
contra las rocas de un dolor sin fin.

Y los hombres quisieron
- noble sentido de almas valerosas -
embellecer el hórrido fantasma:
un tierno adolescente
deja extinguir su antorcha y se adormece;

dulce es el fin como el tañer de un arpa;
en la fresca corriente del Leteo
se disipa el recuerdo.
Así cantaban los poetas: triste
necesidad dictaba sus palabras;
pero la noche eterna, indescifrada,
símbolo grave de extranjera fuerza,
guardaba su secreto.

El mundo antiguo iba hacia su fin. Se agostaba el ameno vergel de la joven estirpe y los hombres, saliendo de la infancia, ansiaban un espacio despejado y más libre. Los dioses desaparecieron con su séquito - Quedó la naturaleza inerte y solitaria. El número árido y la estricta medida la ataron con férreas cadenas. Igual que en polvo y viento se deshizo en oscuras palabras1 la inmensurable exuberancia de la vida. Huyó la fe con sus conjuros, huyó su divina compañera, la imaginación que todo lo transforma y todo lo hermana. [...]
Traducción y nota de Américo Ferrari

1 en oscuras palabras: en la versión manuscrita in Begriffe ("en conceptos").

4 comentarios:

carlos perrotti dijo...

Tengo por ahí los Himnos de Novalis que nunca he leído. Pero me has estimulado a hacerlo con tan bella frondosa exuberante excitante prosa poética que cuenta otra versión de donde venimos. Te debo otra, Juan.

Juan Nadie dijo...

Te confesaré que yo tampoco los he leído completos, hay partes que se atragantan, pero desde luego lo que dices de su prosa poética es incontestable..

Juan Nadie dijo...

La tradución de Ferrari seguro que también ayuda.

carlos perrotti dijo...

Seguramente. Una prosa poética impetuosa que te lleva por delante, no digo de forma agresiva sino por su porte, como que se impone. Muy impresionante.