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martes, 26 de mayo de 2015

El naúfrago - Anónimo - Antiguo Egipto


El papiro que nos ha conservado este cuento de la dinastía XII pertenece al Museo Egipcio del Ermitage Imperial de San Petersburgo. Fue descubierto en 1880 por Woldemar Golénicheff, quien lo dio a conocer en 1881 durante el Congreso Internacional de Orientalistas celebrado en Berlín. [...]
Por el tipo de escritura, este papiro parece remontarse a antes de la dinastía XVIII. Está completo de principio a fin y prácticamente intacto. La lengua es clara y elegante y apenas presenta dificultades terminológicas ni gramaticales. Estaba llamado a convertirse en un clásico de su época. [...]

El autor concibió la narración como uno de aquellos informes que los oficiales egipcios dirigían a su señor y de los que tenemos abundantes ejemplos. Entre otros, los de las tumbas de los príncipes de Elefantina de la dinastía VI. Uno de los subordinados del explorador, quizá el mismo que supuestamente escribe el informe, acude a anunciar a su superior que la nave ya ha llegado a Egipto, el lugar de residencia de la corte, y le invita a tomar precauciones antes de presentarse ante el faraón. Como fuera que la nave en la que partió la expedición naufragó durante la travesía, el explorador, que ahora regresa a Egipto en la nave que le recogió, será, sin duda, sometido a un duro interrogatorio y condenado si admite que él es el culpable del desastre. Es como un consejo de guerra para un oficial de marina. El escriba, para darle confianza, le narra el modo como consiguió sortear una dificultad parecida. [...]

El buen servidor dijo: ¡Que tu corazón goce de paz!, mi señor, pues he aquí que hemos llegado a nuestro país: hemos cogido el martillo, clavado la estaca y echado las amarras, hemos lanzado aclamaciones, hemos adorado al dios, cada uno ha abrazado a su camarada y la multitud nos ha gritado: "¡Bienvenidos!".
   Sin necesidad de nuestros soldados hemos llegado a los extremos del país de Uauat, hemos pasado frente a Senmut,1 y, ¡he aquí que ahora hemos vuelto en paz y llegamos a nuestro país! ¡Escúchame, mi príncipe!, puesto que no exagero en nada. Lávate, echa agua sobre tus dedos, luego responde cuando seas invitado a hablar, háblale al rey con todo tu corazón, responde sin desconcertarte, puesto que si la boca del hombre pude salvarle, su palabra puede hacer que le velen el rostro.2 Compórtate según te dice el corazón y que lo que tú digas sirva para apaciguar los ánimos.3
    Ahora te contaré una aventura parecida que me ocurrió a mí mismo cuando fui a las minas del soberano y descendí hasta el mar en un navío de ciento cincuenta codos de eslora por cuarenta codos de manga. He aquí que llevaba ciento cincuenta marineros de elite del país de Egipto, gentes que habían visto el cielo y habían visto la tierra y que eran más valientes que los leones.4
    Los marineros creyeron que el viento no llegaría y que el desastre no ocurriría, pero el viento se desató mientras estábamos en alta mar y poco antes de que llegáramos a tierra la brisa refrescó y levantó una ola de ocho codos. Pude arrancar un tablón, pero el navío naufragó y de aquellos que iban a bordo no quedó nadie. En cuanto a mí, fui llevado a una isla por una ola.
   Pasé tres días solo, sin otro compañero que mi corazón, acostado en el hueco de un árbol y abrazado a la oscuridad. Luego, al despuntar el día siguiente, me levanté en busca de algo que llevarme a la boca. Encontré higos y uvas, magníficas peras, bayas y granos, melones a voluntad, peces, pájaros; no había nada que no pudiera encontrarse en aquel lugar. Me sacié y dejé en el suelo lo que me sobró. Conseguí algo para encender fuego y ofrecí un holocausto a los dioses.
    He aquí que de repente oí una voz de trueno y pensé: es una ola del mar. Los árboles crujieron, la tierra tembló, descubrí mi rostro y supe que lo que se acercaba era una enorme serpiente de treinta codos de largo con una cola grande de dos codos; su cuerpo tenía incrustaciones de oro y sus cejas eran de auténtico lapislázuli. Resultaba todavía más perfecta de lado que de frente. Abrió la boca frente a mí, mientras yo permanecí ante ella, tendido sobre mi vientre, y me dijo:
    -¿Quién te ha traído, quién te ha traído, vasallo, quién te ha traído? Si no me dices inmediatamente quien te ha traído a esta isla, te haré conocer, reducido a cenizas, lo que significa convertirse en invisible.5
    -Me hablas y no te oigo, estoy delante de ti pero he perdido el conocimiento -repondí.6
    Entonces me tomó en su boca y me transportó a su morada, donde me dejó sin que yo sufriera ningún mal; estaba sano y salvo y no me había arrebatado ninguno de mis miembros. Luego, abrió la boca, estando yo aún boca abajo frente a ella y he aquí que me dijo:
    -¿Quién te ha traído, quién te ha traído, vasallo, a esta isla del mar, cuyas dos orillas azotan las olas?
   -Descendía a las minas en una misión del soberano -le respondí con las manos tendidas hacia ella-7 en un navío de ciento cincuenta codos de eslora por cuarenta de manga, llevaba ciento cincuenta marineros de elite del país de Egipto que habían visto el cielo y habían visto la tierra y que eran más valientes que los leones. Los marineros creyeron que el viento no llegaría y que el desastre no ocurriría; cada uno de ellos era más valiente y fuerte que sus compañeros y no había débiles entre ellos. Pero he aquí que el viento se desató mientras estábamos en alta mar y, poco antes de que llegáramos a tierra, la brisa refrescó y levantó una ola de ocho codos. Yo pude arrancar un tablón, pero el navío naufragó y de aquellos que iban a bordo no quedó nadie, excepto yo mismo y ahora heme aquí junto a ti, pues una ola me trajo a esta isla.
    -¡No temas -me dijo-, no temas, vasallo, no temas! ¡Que tu rostro no se entristezca! Si has llegado hasta mí es porque un dios ha permitido que vivieses y te ha traído a esta isla del Doble,8 donde no hay nada que no pueda encontrarse y donde abundan todas las cosas buenas. He aquí que pasarás mes tras mes hasta que hayas vivido cuatro meses en esta isla, luego vendrá un navío de tu país con marineros que te son conocidos; te irás con ellos a tu país y morirás en tu ciudad. ¡Feliz aquel que puede contar las experiencias vividas una vez pasadas las tristezas!
    Te narraré con exactitud todo lo que ocurre en esta isla -prosiguió-: estoy aquí con mis hermanos y mis hijos, en medio de ellos: somos setenta y cinco serpientes, mis hijos y mis hermanos, sin mencionar a una joven que me ha sido traída por arte de magia. Pues he aquí que cayó una estrella,9 salieron los que estaban dentro del fuego y apareció la joven. Yo no estaba con los seres que se encontraban en medio de las llamas, yo no estaba en medio de ellos, de otra manera habría muerto. A la joven la encontré luego, entre los cadáveres, sola. ¡Si eres valiente y tu corazón es fuerte, abrazarás a tus hijos contra tu pecho, besarás a tu mujer,10 verás tu casa y lo que aún es mejor, volverás a tu país y permanecerás allí entre tus hermanos!
    Entonces me tumbé sobre mi vientre, toqué el suelo con la frente ante ella y le dije:
   -Describiré tus almas al soberano,11 le daré a conocer tu grandeza y haré que te traigan afeites, perfume de aclamación,12 ungüentos, cañafístula, incienso de los templos con el que se gana el favor de todos los dioses. Contaré luego lo que me ha ocurrido y lo que he visto gracias al poder de tus almas, y se te adorará en tu ciudad, en presencia de los prohombres de todo Egipto. Degollaré para ti toros, los entregaré al fuego, estrangularé para ti pájaros y haré que te traigan navíos cargados con todas las riquezas de Egipto, como se hace con un dios amigo de los hombres en un país lejano que los hombres no conocen.
    Se rió de mí por lo que le decía y por lo que había en su corazón y me dijo:
    -¿Acaso no tienes bajo los ojos abundante mirra y no es este país rico en incienso? Yo soy el rey del país de Punt y tengo gran acopio de mirra, lo único que escasea en esta isla es ese perfume de aclamación que prometes enviarme. Sin embargo, ocurrirá que, una vez que te hayas alejado de este lugar, jamás volverás a esta isla porque desaparecerá.
    Y he aquí que el navío llegó tal como la serpiente había predicho. Así que fui, trepé a un árbol alto y desde allí reconocí a los que se hallaban en el barco.13 Fui inmediatamente a comunicarle esta noticia, pero me encontré con que ya la sabía, puesto que me dijo:
   -¡Buena suerte, buena suerte, vasallo, vete a tu morada, reúnete con tus hijos y que tu nombre tenga buena fama en tu ciudad; he aquí lo que te deseo!
    Entonces me eché boca abajo con las manos tendidas hacia ella y me ofreció mirra, perfume de aclamación, ungüentos, cañafístula, pimienta, afeites, polvo de antimonio, semillas de ciprés, cierta cantidad de incienso, colas de hipopótamo, dientes de elefante, de lebreles, de babuinos, de jirafas y toda clase de fantásticas riquezas. Lo cargué todo en el barco y luego, echándome boca abajo adoré a la serpiente. Ella me dijo:
    -He aquí que llegarás a tu país en dos meses, estrecharás a tus hijos contra tu pecho y luego irás a renovarte a tu tumba.
    Luego, descendí a la orilla, al lugar donde estaba el navío, y llamé a los soldados que allí se encontraban. Una vez en la orilla repetí mi agradecimiento al señor de la isla y los que estaban en el navío hicieron lo mismo.
    Volvimos al norte, a la residencia del soberano, y llegamos a palacio el segundo mes, tal como la serpiente había predicho. Me presenté ante el soberano y le ofrecí los regalos que había traído de la isla y él me adoró en presencia de los prohombres de todo Egipto. Y he aquí que hicieron de mí un servidor y tuve como recompensa hermosas esclavas. Dígnate mirarme, ahora que he vuelto a tierra de Egipto, después de haber visto y experimentado estas pruebas. Escúchame, pues he aquí que es bueno para los hombres escuchar.
    El príncipe me dijo: "¡No pierdas el tiempo, amigo mío! ¿Quién daría agua a una oca la víspera del día en que va a ser degollada?".
Traducción de Mercè Comes
sobre la versión francesa anotada y comentada 
de Gaston Maspero

Cuentos egipcios

1. El país de Uauat corresponde a la parte de Nubia situada más allá de la segunda catarata; Senmut es el nombre que en los monumentos se da a la isla de Bigeh, frente a Filae, a la entrada de la primera catarata.
2. Al parecer hay aquí una alusión a la costumbre de cubrir la cara de los criminales cuando se los lleva al suplicio. La orden: "¡Que le velen el rostro!", equivale pues a una condena.
3. Se supone que el rey entrará en cólera cuando conozca la pérdida del barco.
4. Si admitimos que se trata del codo real de cincuenta y dos centímetros, el navío mediría alrededor de setenta y ocho metros de eslora por veintiuno de manga, lo que, aun teniendo en cuenta que las barcas egipcias eran muy grandes, nos da unas dimensiones exageradas. Los navíos de la reina Hatshepsut, contruidos para las regatas, no sebrepasaban los veintidós metros de eslora y debían de llevar aproximadamente unos cincuenta hombres de tripulación. El navío de nuestro cuento pertenece, pues, por su tamaño y por el número de sus marineros, a la categoría de barcos fabulosos de los que encontramos tantos ejemplos en las literaturas populares de todos los países.
5. Quizá debería considerarse la ceremonia mencionada en el texto como una auténtica invocación; es posible que entre las plantas que usó el náufrago para encender el fuego de su sacrificio se encontraran algunas que tenían el poder de invocar al genio de la isla, sin que el propio náufrago tuviera intención de realizar un rito mágico.
6. El náufrago toma la palabra bruscamente para excusar su falta de respuesta a la intimidación de la serpiente. El pánico le ha hecho perder el sentido y ni siquiera oye lo que le está diciendo. Hay un pasaje parecido en las "Memorias de Sinuhé".
7. Es la postura con la que los monumentos nos muestran al suplicante o al inferior ante su superior.
8. El doble es el alma egipcia: la isla del Doble es pues una isla habitada por las almas bienaventuradas. Otros autores le dan el nombre de isla de Ka, isla Encantada o isla de los Víveres.
9. Es la única mención de una estrella fugaz que he encontrado hasta el momento en los textos y muestra la idea que se hacían los egipcios de este fenómeno. Consideraban que la masa estaba habitada por genios que salían en el momento del choque y caían devorados por sus propias llamas; el ejemplo de la joven parece indicar que existía la creencia de que algunos de estos genios podían sobrevivir y aclimatarse a nuestra tierra.
10. El texto dice literalmente "olerás a tu mujer". Los bajorrelieves nos muestran el gesto que reemplaza al beso entre los egipcios. El rey y el dios o la diosa ponen en contacto sus narices y se aspiran mutuamente el aliento.
11. Se decía que los dioses y los reyes de Egipto tenían siete almas, cada una de las cuales respondía a una cualidad. Describir las almas de un personaje significaba trazar su retrato, fuera físico o moral: el náufrago trata a la serpiente de divinidad egipcia y le habla de sus almas para adularla.
12. El perfume de aclamación era uno de los siete óleos que, según los cánones, se ofrecían durante el sacrificio a los dioses y a los muertos. La composición no nos es conocida, pero el nombre proviene probablemente de las invocaciones con que se acompañaban la fabricación o la presentación.
13. Evidentemente, el narrador comprendió que los marineros eran aquellos mismos con los que había partido de Egipto y que habían perecido en el momento del naufragio. Se trata de un prodigio más, del que no hay que asombrarse en una narración de tipo fantástico como ésta.

17 comentarios:

carlos perrotti dijo...

Cuando te matan en Egipto te hacen invisible. Ninguna pavada.

Y me gustó esa descripción de la soledad "Pasé tres días solo, sin otro compañero que mi corazón, acostado en el hueco de un árbol y abrazado a la oscuridad..."

Juan Nadie dijo...

No se andaban con chiquitas en Egipto los dioses serpientes, oye, qué peligro.

Los egipcios nos legaron una buena colección de cuentos y textos de todo tipo que, leídos ahora, te transportan a un mundo mágico.

carlos perrotti dijo...

Mágico es la palabra, no tanto místico. Sí.

Juan Nadie dijo...

Es que la magia era su debilidad. Magia y religión eran prácticamente lo mismo.

carlos perrotti dijo...

Más magia entonces y menos religión tal vez alumbren un mundo mejor.

carlos perrotti dijo...

Porque me imagino que deben tener sus conflictos de intereses. A una la pienso queriendo estimular la imaginación, buscando entretener y divertir, provocar asombro y curiosidad, mientras que a la otra la veo queriendo convencer, formar, acotar, dominar, pretendiendo tener la última palabra, no?…

marian dijo...

Sí, claro. Pero las religiones tienen mucho de magia también, sin esos componentes "mágicos" el misterio decaería y les quitaría mucha gracia.

marian dijo...

Me gusta el final, cuando le dice: El príncipe me dijo: "¡No pierdas el tiempo, amigo mío! ¿Quién daría agua a una oca la víspera del día en que va a ser degollada?"

Juan Nadie dijo...

La religión, todas las religiones (monoteístas, basicamente), lejos de alumbrar, apagan la luz. Hablamos de las religiones que están en auge hoy en día. Tu comenterio de 20:33 me parece muy certero, Carlos.

Juan Nadie dijo...

"Las religiones tienen algo de magia". Claro, en el peor sentido. Juegan con el misterio, siempre procurando mantener a la gente en la ignorancia y el miedo.

El final del relato, Marian, es desarmante.

marian dijo...

Ya le avisó la serpiente: "Y luego irás a renovarte a tu tumba." (Un final, si no feliz, feliz, por lo menos con magia:)

marian dijo...

También estoy de acuerdo con el comentario de Carlos, aunque no veo conflicto de intereses entre la religión y la magia.
Juegan con todo, con lo humano y lo divino. Vamos, Dios (o Dioses -porque cada uno tiene el suyo-), si existe, tiene que que estar hasta el mismísimo gorro.

marian dijo...

Yo creo que empezaron por monopolizar la "fe", que hay que ser osado, pero resultó muy efectivo.

carlos perrotti dijo...

Me desarmó ése término, Juan. Muy mucho.

También lo que dices que "las religiones lejos de alumbrar, apagan la luz". Más que cierto. Fijate que el famoso término Nirvana significa literalmente "apagar la luz". Todo dicho.

Juan Nadie dijo...

Pues mira, no conocía esa significación del "nirvana", pero veo que no iba muy descaminado.

carlos perrotti dijo...

Sí, el propio concepto de iluminación en esa filosofía, apunta a extinguir los deseos para alcanzar la condición de iluminado, y puesto que la mente es la portadora de los deseos y el cuerpo el ejecutor, se debe terminar con ellos.

Habrás escuchado la frase "quemarse a lo bonzo" y tal vez visto a alguno quemándose por propia decisión. Bueno, por ahí va la cosa real de tal oscurantismo, aunque incluya el término iluminación. De no creer.

Juan Nadie dijo...

Tremendo. No había pensado nunca en esas implicaciones.