Alma - Oeo (2017)

sábado, 14 de junio de 2014

Fragmentos de Tirano Banderas. Novela de tierra caliente - Ramón María del Valle-Inclán - España


PRIMERA PARTE
SINFONÍA DEL TRÓPICO


LIBRO PRIMERO
ICONO DEL TIRANO

I

    Santa Fe de Tierra Firme -arenales, pitas, manglares, chumberas- en las cartas antiguas, Punta de las Serpientes.

II

    Sobre una loma, entre granados y palmas, mirando al vasto mar y al sol poniente, encendía los azulejos de sus redondas cúpulas coloniales San Martín de los Mostenses. En el campanario sin campanas levantaba el brillo de su bayoneta un centinela. San Martín de los Mostenses, aquel desmantelado convento de donde una lejana revolución había expulsadio a los frailes, era, por mudanzas del tiempo, Cuartel del Presidente Don Santos Banderas. -Tirano Banderas-.

III

    El Generalito acababa de llegar con algunos batallones de indios, después de haber fusilado a los insurrectos de Zamalpoa: Inmóvil y taciturno, agaritado de perfil en una remota ventana, atento al relevo de guardias en la carpa barcina del convento, parece una calavera con antiparras negras y corbatín de clérigo. En el Perú había hecho la guerra a los españoles, y de aquellas campañas veníale la costumbre de rumiar la coca, por donde en las comisuras de los labios tenía siempre una salivilla de verde veneno. Desde la remota ventana, agaritado en una inmovilidad de corneja sagrada, está mirando las escuadras de indios, soturnos en la cruel indiferencia del dolor y de la muerte. A lo largo de la formación chinitas y soldaderas haldeaban corretonas, huroneando entre las medallas y las migas del faltriquero, la pitada de tabaco y los cobres para el coime. Un globo de colores se quemaba en la turquesa celeste, sobre la campa invadida por la sombra morada del convento. Algunos soldados, indios comaltes de la selva, levantaban los ojos. Santa Fe celebraba sus famosas ferias de Santos y Difuntos. Tirano Banderas, en la remota ventana, era siempre el garabato de un lechuzo.

VIII

    Tirano Banderas, agaritado en la ventana, inmóvil y distante, acrecentaba su prestigio de pájaro sagrado. Cuesta Montenses flotaba en la luminosidad del marino poniente, y un ciego cribado de viruelas rasgaba el guitarrillo al pie de los nopales, que proyectaban sus brazos como candelabros de Jerusalén. La voz del ciego desgarraba el calino silencio:

-Era Diego Pedernales
de noble generación,
pero las obligaciones
de su sangre no siguió.



LIBRO TERCERO
EL JUEGO DE LA RANITA

I

    Tirano Banderas, terminado el despacho, salió por la arcada del claustro bajo el Jardín de los Frailes. Le seguían compadritos y edecanes:
    -¡Se acabó la obligación! ¡Ahora, si les parece bien, mis amigos, vamos a divertir honestamente este rabo de tarde, en el jueguito de la rana!
    Rancio y cumplimentero, invitaba para la trinca, sin perder el rostro sus vinagres, y se pasaba por la calavera el pañuelo de hierbas, propio de dómine o donado.

II

    El Jardín de los Frailes, geométrica ruina de cactus y laureles, gozaba la vista del mar: Por las mornas tapias corrían amarillos lagartos. En aquel paraje estaba el juego de la rana, ya crepuscular, recién pintado de verde. El Tirano, todas las tardes esparcía su tedio en este divertimento: Pausado y prolijo, rumiando la coca, hacía sus tiradas, y en los yerros, su boca rasgábase toda verde, con una mueca: Se mostraba muy codicioso y atento a los lances del juego, sin ser parte a distraerle las descargas de fusilería que levantaban cirrus de humo a lo lejos, por la banda de la marina. Las sentencias de muerte se cumplimentaban al ponerse el sol, y cada tarde era pasada por las armas alguna cuerda de revolucionarios. Tirano Banderas, ajeno a la fusilería, cruel y vesánico, afinaba el punto apretando la boca. Los cirrus de humo volaban sobre el mar.
    -¡Rana!
   El Tirano, siempre austero, vuelto a la trinca de compadres, desplegaba el pañuelo de dómine, enjugándose el cráneo pelado:
    -¡Aprendan, y no se distraigan del juego con macanas!
    Un vaho pesado, calor y catinga, anunciaba la proximidad de la manigua, donde el crepúsculo enciende, con las estrellas, los ojos de los jaguares.

V

    Tirano Banderas, con paso de rata fisgona, seguido por los compadritos, abandonó el juego de la rana. Al cruzar el claustro, un grupo de uniformes que choteaba en el fondo, guardó repentino silencio. Al pasar, la momia escrutó el grupo, y con un movimiento de cabeza, llamó al Coronel-Licenciado López de Salamanca, Jefe de Policía:
    -¿A qué hora está anunciado el acto de las Juventudes Democráticas?
    -A las diez.
    -¿En el Circo Harris?
    -Eso rezan los carteles.
    -¿Quién ha solicitado el permiso para el mitin?
    -Don Roque Cepeda.
    -¿No se le han puesto obstáculos?
    -Ninguno.
    -¿Se han cumplimentado fielmente mis instrucciones?
    -Tal creo...
    -La propaganda de ideales políticos, siempre que se realice dentro de las leyes, es un derecho ciudadano y merece todos los respetos del Gobierno.
    El Tirano torcía la boca con gesto maligno. El Jefe de Policía, Coronel-Licenciado López de Salamanca, atendía con burlón desenfado:
    -Mi General, en caso de mitote, ¿habrá que suspender el acto?
    -El Reglamento de Orden Público le evacuará cumplidamente cualquier duda.
    El Coronel-Licenciado asintió con zumba gazmoña:
    -Señor Presidente, la recta aplicación de las leyes será la norma de mi conducta.
    -Y en todo caso, si usted procediese con exceso de celo, cosa siempre laudable, no le costará gran sacrificio presentar la renuncia del cargo. Sus servicios -al aceptarla- sin duda que los tendría en consideración el Gobierno.
    Recalcó el Coronel-Licenciado:
    -¿El Señor Presidente no tiene otra cosa que mandarme?
    -¿Ha proseguido las averiguaciones referentes al relajo y viciosas costumbres del Honorable Cuerpo Diplomático?
    -Y hemos hecho algún descubrimiento sensacional.
    -En el despacho de esta noche tendrá a bien enterarme.
    El Coronel-Licenciado saludó:
    -¡A la orden, mi General!
    La momia indiana todavía le detuvo, exprimiendo su verde mueca:
    -Mi política es el respeto a la ley. Que los gendarmes garanten el orden en Circo Harris. ¡Chac! ¡Chac! Las Juventudes Democráticas ejemplarizan esta noche practicando un ejercicio ciudadano.
    Chanceó el jefe de Policía:
    -Ciudadano y acrobático.
    El Tirano, ambiguo y solapado, plegó la boca con su mueca verde:
    -¡Pues, y quién sabe!... ¡Chac! ¡Chac!


SEGUNDA PARTE
BOLUCA Y MITOTE


LIBRO PRIMERO
CUARZOS IBÉRICOS

II

    -¡Mueran los gachupines!
    -¡Mueran!...
    El Circo Harris, en el fondo del parque, perfilaba la cúpula diáfana de sus lonas bajo el cielo verde de luceros. Apretábase la plebe vocinglera frente a las puertas, en el guiño de los arcos voltaicos. Parejas de caballería estaban de cantón en las bocacalles, y mezclados entre los grupos, huroneaban los espías del Tirano. Aplausos y vítores acogieron la aparición de los oradores: Venían en grupo, rodeados de estudiantes con banderas: Saludaban agitando los sombreros pálidos, teatrales, heroicos. La marejada tumultuaria del gentío bajo la porra legisladora de los gendarmes, abría calle ante las puertas del Circo. Las luces del interior daban a la cúpula de lona diafanidad morena. Sucesivos grupos con banderas y bengalas, aplausos y amotinados clamores, a modo de reto, gritaban frente al Casino Español:
    -¡Viva Don Roque Cepeda!
    -¡Viva el libertador del indio!
    -¡Vivaaa!...
    -¡Muera la tiranía!
    -¡Mueraaa!...
    -¡Mueran los gachupines!
    -¡Mueran!...

III

    El Casino Español -floripondios, doradas lámparas, rimbombantes moldurones- estallaba rubicundo y bronco, resonante de bravatas. La Junta Directiva clausuraba una breve sesión, sin acta, con acuerdos verbales y secretos. Por los salones, al sesgo de la farra valentona, comenzaban solapados murmullos. Pronto corrió, sin recato, el complot para salir en falange y deshacer el mitin a estacazos. La charanga gachupina resoplaba un bramido patriota: Los calvos tresillistas dejaban en el platillo las puestas: Los cerriles del dominó golpeaban con las fichas y los boliches de gaseosas: Los del billar salían a los balcones blandiendo los tacos. Algunas voces tartufas de empeñistas y abarroteros, reclamaban prudencia y una escolta de gendarmes para garantía del orden. Luces y voces ponían una palpitación chula y politiquera en aquellos salones decorados con la emulación ramplona de los despachos ministeriales en la Madre Patria: De pronto la falange gachupina acudió en tumulto a los balcones. Gritos y aplausos:
    -¡Viva España!
    -¡Viva el General Banderas!
    -¡Viva la raza latina!
    -¡Viva el General Presidente!
    -¡Viva Don Pelayo!
    -¡Viva el Pilar de Zaragoza!
    -¡Viva Don Isaac Peral!
    -¡Viva el comercio honrado!
    -¡Viva el Héroe de Zamalpoa!
    En la calle, una tropa de caballos acuchillaba a la plebe ensabanada y negruzca, que huía sin sacar el facón del pecho.


LIBRO TERCERO
LA OREJA DEL ZORRO

II

    El Señor Inspector atravesó la estancia cambiando con unos y otros guiños, mamolas y leperadas en voz baja. El General Banderas había entrado en la recámara, estaba entrando, se hallaba de espaldas, podía volverse, y todos se advertían presos en la acción de una guiñolada dramática. El Coronel-Licenciado López de Salamanca, Inspector de Policía, pasaba poco de los treinta años: Era hombre agudo, con letras universitarias y jocoso platicar: Nieto de encomenderos españoles, arrastraba una herencia sentimental y absurda de orgullo y premáticas de casta. De este heredado desprecio por el indio se nutre el mestizo criollaje dueño de la tierra, cuerpo de nobleza llamado en aquellas Repúblicas Patriciado. El Coronel Inspector entró, recobrado en su máscara de personaje:
    -A la orden, mi General.
    Tirano Banderas con un gesto le ordenó que dejase abierta la puerta. Luego quedó en silencio. Luego habló con escandido temoso de cada palabra:
    -Diga no más. ¿Se ha celebrado el mitote de las Juventudes? ¿Qué loros hablaron?
    -Abrió los discursos el Licenciado Sánchez Ocaña. Muy revolucionario.
    -¿Con qué tópicos? Abrevie.
    -Redención del Indio. Comunismo precolombiano. Marsellesa del mar Pacífico. Fraternidad de las razas amarillas. ¡Macanas!
    -¿Qué otros loros?
    -No hubo espacio para más. Sobrevino la consecuente boluca de gachupines y nacionales, dando lugar a la intervención de los gendarmes.
    -¿Se han hecho arrestos?
    -A Don Roque, y algún otro, los he mandado conducir a mi despacho, para tenerlos asegurados de las iras populares.
    -Muy conveniente. Aun cuando antagonistas en ideas, son sujetos ameritados y vidas que deben salvaguardarse. Si arreciase la ira popular, déles alojamiento en Santa Mónica. No tema excederse. Mañana, si conviniese, pasaría yo en persona a sacarlos de la prisión y a satisfacerles con excusas personales y oficiales. Repito que no tema excederse. ¿Y qué tenemos del Honorable Cuerpo Diplomático? ¿Rememora el asunto que le tengo platicado, referente al Señor Ministro de España? Muy conviene que nos aseguremos con prendas.
    -Esta misma tarde se ha realizado algún trabajo.
    -Obró diligente y le felicito. Expóngame la situación.
    -Se le ha dado luneta de sombra al guarango andaluz, entre buja y torero, al que dicen Currito Mi-Alma.
    -Qué filiación tiene ese personaje?
    -Es el niño bonito que entra y sale como perro faldero en la Legación de España. La Prensa tiene hablado con cierto choteo.
    El Tirano se recogió con un gesto austero:
    -Esas murmuraciones no me son plato favorecido. Adelante.
    -Pues no más que a ese niño torero lo han detenido esta tarde por hallarle culpado de escándalo público. Ofrecieron alguna duda sus manifestaciones, y se procedió a un registro domiciliario.
    -Sobreentendido. Adelante. ¿Resultado del registro?
    -Tengo hecho inventario en esta hoja.
    -Acérquese al candil y lea
    El Coronel-Licenciado comenzó a leer un poco gangoso, iniciando someramente el tono de las viejas beatas:
    -Un paquete de cartas. Dos retratos con dedicatoria. Un bastón con puño de oro y cifras. Una cigarrera con cifras y corona. Un collar, dos brazaletes. Una peluca con rizos rubios, otra morena. Una caja de lunares. Dos trajes de señora. Alguna ropa interior de seda, con lazadas.
    Tirano Banderas, recogido en un gesto cuáquero, fulminó su excomunión:
    -¡Aberraciones repugnantes!


EPÍLOGO

IV

    Mediada la mañana, habían iniciado el fuego de cañón las partidas rebeldes, y en poco tiempo abrieron brecha para el asalto. Tirano Banderas intentó cubrir el portillo, pero las tropas se le desertaban, y tuvo que volver a encerrarse en sus cuarteles. Entonces, juzgándose perdido, mirándose sin otra compañía que la del fámulo rapabarbas, se quitó el cinto de las pistolas, y salivando venenosos verdes, se lo entregó:
    -¡El Licenciadito concertista, será oportuno que nos acompañe en el viaje a los infiernos!
    Sin alterar su paso de rata fisgona, subió a la recámara donde se recluía la hija. Al abrir la puerta oyó las voces adementadas:
    -¡Hija mía, no habés vos servido para casada y gran señora, como pensaba este pecador que horita se ve en el trance de quitarte la vida que te dio hace veinte años! ¡No es justo quedés en el mundo para que te gocen los enemigos de tu padre, y te baldonen llamándote hija del chingado Banderas!
    Oyendo tal, suplicaban despavoridas las mucamas que tenían a la loca en custodia. Tirano Banderas las golpeó en la cara:
    -¡So chingadas! Si os dejo con vida, es porque habés de amortajármela como un ángel
    Sacó del pecho un puñal, tomó a la hija de los cabellos para asegurarla, y cerró los ojos. Un memorial de los rebeldes dice que la cosió con quince puñaladas.

V

    Tirano Banderas salió a la ventana, blandiendo el puñal, y cayó acribillado. Su cabeza, befada por sentencia, estuvo tres días puesta sobre un cadalso con hopas amarillas, en la Plaza de Armas: El mismo auto mandaba hacer cuartos el tronco y repartirlos de frontera a frontera, de mar a mar. Zamalpoa y Nueva Cartagena, Puerto Colorado y Santa Rosa del Titipay, fueron las ciudades agraciadas.
Ramón María del Valle-Inclán

    El general-dictador es sólo un vago motivo para explicar ese tumulto de vida soterrada que encara un proceso en marcha, el de la revolución, basada en un ancho lago de sangre y desencanto, empujada por hombres visionarios y aprovechada por una gruesa capa de humanidad indiferente, sin aliento noble ni vocación de futuro. La degradación del hombre por razones políticas, o la dignificación del mismo por idénticas razones, es la contradanza que TIRANO BANDERAS, bajo un prodigio de orquestación lingüística, despliega ante nuestros ojos asombrados. [Del prólogo de ALONSO ZAMORA VICENTE para la edición de Espasa Calpe, S. A., 1937, 1997. Colección Austral]

5 comentarios:

Gatopardo dijo...

Después del despliegue analítico de Alonso Zamora Vicente, quién es el valiente...

carlos perrotti dijo...

Un maestro escritor que "se lee como agua", siempre nítido lo que he leído, aunque desconozco las historias y personajes que refiere.

Juan Nadie dijo...

Todo el prólogo de Zamora Vicente es una maravilla.

Tirano Banderas, un prodigio literario. Siempre se ha hablado mucho y bien (y con razón) de las novelas sobre dictadores de los escritores sudamericanos: "Señor Presidente" de Miguel Ángel Asturias, "El otoño del patriarca" de García Márquez, "La fiesta del chivo" de Vargas Llosa, "Yo, el supremo" de Roa Bastos... Extraordinarias novelas, pero todo estaba ya en Tirano Banderas, incluído el "realismo mágico".

Juan Nadie dijo...

Horita mismo la estoy releyendo.

carlos perrotti dijo...

Eso constato. Un genio.