Hace 50 años / The Beatles - Sgt. Pepper's Lonely Hearts Club Band (1967)

viernes, 13 de septiembre de 2013

Fragmentos del Eclesiastés - ¿Salomón? - Reino de Judá


CAPÍTULO 1

Título, autor y tema general del Libro

1:1  Palabras de Cohélet, hijo de David, rey en Jerusalén.
1:2  ¡Vanidad, pura vanidad!, dice Cohélet.
¡Vanidad, pura vanidad! ¡Nada más que vanidad!
1:3  ¿Qué provecho saca el hombre
de todo el esfuerzo que realiza bajo el sol?


Nada nuevo bajo el sol

1:4  Una generación se va y la otra viene,
y la tierra siempre permanece.
1:5  El sol sale y se pone,
y se dirige afanosamente hacia el lugar
de donde saldrá otra vez.
1:6  El viento va hacia el sur
y gira hacia el norte;
va dando vueltas y vueltas,
y retorna sobre su curso.
1:7  Todos los ríos van al mar
y el mar nunca se llena;
al mismo lugar donde van los ríos,
allí vuelven a ir.
1:8  Todas las cosas están gastadas,
más de lo que se puede expresar.
¿No se sacia el ojo de ver
y el oído no se cansa de escuchar?
1:9  Lo que fue, eso mismo será;
lo que se hizo, eso mismo se hará:
¡no hay nada nuevo bajo el sol!
1:10  Si hay algo de lo que dicen:
"Mira, esto sí que es algo nuevo",
en realidad, eso mismo ya existió
muchísimo antes que nosotros.
1:11  No queda el recuerdo de las cosas pasadas,
ni quedará el recuerdo de las futuras
en aquellos que vendrán después.


La experiencia decepcionante de Cohélet

1:12  Yo, Cohélet,
he sido rey de Israel, en Jerusalén,
1:13  y me dediqué a investigar y a explorar con sabiduría
todo lo que se hace bajo el cielo:
es esta una ingrata tarea
que Dios impuso a los hombres
para que se ocupen de ella.
1:14  Así observé todas las obras que se hacen bajo el sol,
y vi que todo es vanidad y correr tras el viento.
1:15  Lo torcido no se puede enderezar,
ni se puede contar lo que falta.
1:16  Entonces me dije a mí mismo:
Yo acumulé una gran sabiduría,
más que todos mis predecesores en Jerusalén,
y mi corazón ha visto mucha sabiduría y ciencia.
1:17  Me dediqué a conocer la sabiduría,
la ciencia, la locura y la necedad,
y advertí que también eso es correr tras el viento.
1:18  Porque mucha sabiduría trae mucha aflicción,
y el que acumula ciencia, acumula dolor.


CAPÍTULO 2

La búsqueda del placer, intento ilusorio

2:1  Yo me dije a mí mismo: "Ven, te haré experimentar el placer;
goza del bienestar".
Pero también esto es vanidad.
2:2  De la risa, dije: "No es más que locura",
y de la alegría: "¿Para qué sirve?"
2:3  Decidí estimular mi carne con el vino,
manteniendo la mente lúcida,
y dejarme llevar de la insensatez,
hasta ver qué les conviene
hacer a los hombres bajo el cielo,
en los contados días de su vida.
2:4  Emprendí grandes obras:
me construí mansiones y planté viñedos;
2:5  me hice jardines y parques,
y planté allí toda clase de árboles frutales;
2:6  me fabriqué cisternas, para regar el bosque donde crecían los árboles;
2:7  compré esclavos y esclavas,
y algunos me nacieron en casa;
poseí también ganado en abundancia,
más que todos mis predecesores en Jerusalén.
2:8  Amontoné además plata y oro,
y tesoros dignos de reyes y de provincias;
me conseguí cantores y cantoras,
y muchas mujeres hermosas,
que son la delicia de los hombres.
2:9  Llegué a ser tan grande,
que superé a todos mis predecesores en Jerusalén.
Sin embargo, la sabiduría permanecía siempre conmigo.
2:10  No negué a mis ojos nada de lo que pedían,
ni privé a mi corazón de ningún placer;
mi corazón se alegraba de todo mi trabajo,
y este era el premio de todo mi esfuerzo.
2:11  Pero luego dirigí mi atención
a todas las obras que habían hecho mis manos
y a todo el esfuerzo que me había empeñado en realizar,
y vi que todo es vanidad y correr tras el viento:
¡no se obtiene ningún provecho bajo el sol!


El sabio y el necio, iguales ante la muerte

 2:12  Entonces volví mis ojos hacia la sabiduría,
hacia la locura y la insensatez.
Porque ¿qué hará el sucesor del rey?
Lo mismo que ya se había hecho antes.
2:13  Y vi que la sabiduría aventaja a la insensatez,
como la luz a las tinieblas:
2:14  el sabio tiene los ojos bien puestos,
mientras que el necio camina en tinieblas.
Pero yo sé también que a los dos les espera la misma suerte.
2:15  Y me dije a mí mismo:
si la suerte del necio será también la mía,
¿para qué, entonces, me hice más sabio?
Y pensé que también esto es vanidad.
2:16  Porque no perdurará el recuerdo
ni del sabio ni del necio:
con el paso de los días, todo cae en el olvido.
Así es: ¡el sabio muere igual que el necio!
2:17  Y llegué a detestar la vida,
porque me da fastidio todo lo que se hace bajo el sol.
Sí, todo es vanidad y correr tras el viento.


Vana recompensa del esfuerzo

2:18  Y también detesté todo el esfuerzo
que había realizado bajo el sol,
y que tendré que dejar al que venga después de mí.
2:19  ¿Y quién sabe si él será sabio o necio?
Pero será el dueño de lo que yo he conseguido
con esfuerzo y sabiduría bajo el sol.
También esto es vanidad.
2:20  Y llegué a desesperar
de todo el esfuerzo que había realizado bajo el sol.
2:21  Porque un hombre que ha trabajado
con sabiduría, con ciencia y eficacia,
tiene que dejar su parte
a otro que no hizo ningún esfuerzo.
También esto es vanidad y una grave desgracia.
2:22  ¿Qué le reporta al hombre todo su esfuerzo
y todo lo que busca afanosamente bajo el sol?
2:23  Porque todos sus días son penosos,
y su ocupación, un sufrimiento;
ni siquiera de noche descansa su corazón.
También esto es vanidad.


CAPÍTULO 3

El momento oportuno

3:1  Hay un momento para todo y un tiempo para cada cosa
bajo el sol:
3:2  un tiempo para nacer y un tiempo para morir,
un tiempo para plantar y un tiempo para arrancar lo plantado;
3:3  un tiempo para matar y un tiempo para curar,
un tiempo para demoler y un tiempo para edificar;
3:4  un tiempo para llorar y un tiempo para reír,
un tiempo para lamentarse y un tiempo para bailar;
3:5  un tiempo para arrojar piedras
y un tiempo para recogerlas,
un tiempo para abrazarse
y un tiempo para separarse;
3:6  un tiempo para buscar
y un tiempo para perder,
un tiempo para guardar y un tiempo para tirar;
3:7  un tiempo para rasgar y un tiempo para coser,
un tiempo para callar y un tiempo para hablar;
3:8  un tiempo para amar y un tiempo para odiar,
un tiempo de guerra
y un tiempo de paz.


La condición humana

3:16  Yo he visto algo más bajo el sol:
en lugar del derecho, la maldad
y en lugar de la justicia, la iniquidad.
3:17  Entonces me dije a mí mismo:
Dios juzgará al justo y al malvado,
porque allá hay un tiempo
para cada cosa y para cada acción.
3:18  Yo pensé acerca de los hombres:
si Dios los prueba, es para que vean
que no se distinguen de los animales.
3:19  Porque los hombres y los animales
tienen todos la misma suerte:
como mueren unos, mueren también los otros.
Todos tienen el mismo aliento vital
y el hombre no es superior a las bestias,
porque todo es vanidad.
3:20  Todos van hacia el mismo lugar:
todo viene del polvo y todo retorna al polvo.
3:21  ¿Quién sabe si el aliento del hombre
sube hacia lo alto,
y si el aliento del animal
baja a lo profundo de la tierra?
3:22  Por eso, yo vi que lo único bueno para el hombre
es alegrarse de sus obras,
ya que esta es su parte:
¿Quién, en efecto, lo llevará a ver
lo que habrá después de él?


CAPÍTULO 4

La opresión de los débiles

4:1  Yo volví mis ojos a todas las opresiones
que se cometen bajo el sol:
ahí están las lágrimas de los oprimidos,
y no hay quien los consuele.
La fuerza está del lado de los opresores,
y no hay nadie que les dé su merecido.
4:2  Entonces tuve por más felices
a los muertos, porque ya están muertos,
que a los vivos, porque viven todavía;
4:3  y consideré más feliz aún
al que todavía no ha existido,
porque no ha visto las infamias
que se cometen bajo el sol.


La rivalidad

4:4  Yo vi que todo el esfuerzo
y toda la eficacia de una obra
no son más que rivalidad de unos contra otros.
También esto es vanidad y correr tras el viento.
4:5  El necio se cruza de brazos
y se devora a sí mismo.
4:6  Más vale un puñado con tranquilidad,
que las dos manos bien llenas
a costa de fatigas y de correr tras el viento.


La ambición

4:7  Luego volví mis ojos
a otra cosa vana bajo el sol:
4:8  un hombre está completamente solo,
no tiene hijo ni hermano,
pero nunca pone fin a su esfuerzo
ni se sacia de ambicionar riquezas.
Entonces, ¿para quién me esfuerzo
y me privo del bienestar?
También esto es vanidad y una tarea ingrata.


Desventajas de la soledad

 4:9  Valen más dos juntos que uno solo,
porque es mayor la recompensa del esfuerzo.
4:10  Si caen, uno levanta a su compañero;
pero ¡pobre del que está solo y se cae,
sin tener a nadie que lo levante!
4:11  Además, si se acuestan juntos, sienten calor,
pero uno solo, ¿cómo se calentará?
4:12  Y a uno solo se lo domina,
pero los dos podrán resistir,
porque la cuerda trenzada no se rompe fácilmente.


La inestabilidad del poder político

4:13  Más vale un joven pobre y sabio
que un rey viejo y necio,
que ya no es capaz de hacerse aconsejar.
4:14  Aunque aquel salió de la cárcel para reinar
y había sido pobre en su propio reino,
4:15  yo vi a todos los vivientes
que caminan bajo el sol
ponerse de parte del joven sucesor,
que se erigió en lugar del otro.
4:16  Era una multitud interminable
la que él encabezaba.
Pero los que vendrán después
tampoco estarán contentos con él,
porque también esto es vanidad y correr tras el viento.


CAPÍTULO 5

La tiranía del poder

5:7  Si ves que en la provincia se oprime al pobre
y se violan el derecho y la justicia,
no te sorprendas por eso.
Porque un grande tiene un superior que lo vigila,
y hay otros grandes por encima de ellos.
5:8  De todas maneras, lo que más aprovecha a un país
es un rey con campos bien cultivados.


Vanidad de las riquezas

5:9  El que ama el dinero no se sacia jamás,
y al que ama la opulencia no le bastan sus ganancias.
También esto es vanidad.
5:10  Donde abundan las provisiones
son muchos los que las devoran.
¿Y qué beneficio reportan a su dueño,
fuera de poder mirarlas con sus propios ojos?
5:11  Dulce es el sueño del trabajador,
sea que coma poco o mucho;
al rico, en cambio, el estómago lleno
no lo deja dormir.
5:12  Hay un mal muy penoso que yo he visto bajo el sol:
es la riqueza guardada por su dueño para su propia desgracia.
5:13  Esta riqueza se pierde en un mal negocio,
y el hijo que él engendró se queda sin nada.
5:14  Él salió desnudo del vientre de su madre,
y así volverá, como había venido;
de su esfuerzo no saca nada
que pueda llevárselo consigo.
5:15  Este es ciertamente un mal muy penoso:
se fue exactamente como había venido,
¿y de qué le aprovechó esforzarse por nada?
5:16  Además, todos sus días comió oscuramente,
con mucho dolor, malestar e irritación. [...]

6 comentarios:

Gatopardo dijo...

Sabiduría, sabiduría, sabiduría.....

Juan Nadie dijo...

Quien no lo haya leído nunca se sorprenderá.

jose dijo...

Vaya, este no estaba contento con nada, ni con lo uno, ni con lo contrario.

Conclusión: 'cuanto mas tonto mas feliz!'

Juan Nadie dijo...

O algo así.

carlos perrotti dijo...

Ya lo dijo el viejo y sabio Bob al comienzo de Blind Willie McTell: "Vi de que decía en la flecha arriba de la puerta. Esta tierra está condenada. Todo el camino de New Orleans a Jerusalem", o algo así.

Juan Nadie dijo...

Dylan siempre tuvo buen olfato.