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sábado, 27 de julio de 2013

Los trovadores/ 3 - Can vei la lauzeta mover - Bernart de Ventadorn - Lemosin


    Bernart de Ventadorn es generalmente considerado el mejor de los trovadores y uno de los más altos poetas amorosos de todos los tiempos. Una poesía exclusivamente dedicada al amor, que insiste en la sinceridad, dentro de un tono melancólico y nostálgico, y escrita con diáfana claridad de estilo y de conceptos, que lo convierten en un afecto al trobar leu (estilo abierto, en contraposición al trobar clus, más cerrado y oscuro*), determina la lírica de Bernart de Ventadorn.
    Can vei la lauzeta mover es una de las joyas de la literatura de los trovadores, aludida en una de las redacciones de la Vida de Bernart de Ventadorn. Dante Alighieri evidentemente se inspiró en su primera estrofa cuando escribió en el canto XX del Paradiso: "Quale allodetta che'n aere si spazia / Prima cantando, e poi tace contenta / De l'ultima dolcezzache la sazia" (Como la alondra que al volar se espacia / cantando, y luego calla deleitada / por la última dulzura que la sacia**). [...] La citan numerosos autores provenzales, se conservan versiones francesas antiguas, se halla en veintitrés manuscritos y modernamente ha sido editada con mucha frecuencia.

                  I
Can vei la lauzeta mover
de joi sas alas contra·l rai,
que s'oblid'e·s laissa chazer
per la doussor c'al cor li vai,
ai! tan grans enveya m'en ve
de cui qu'eu veya jauzion,
meravilhas ai, car desse
lo cor de dezirer no·m fon.

                  II
Ai, las! tan cuidava saber
d'amor, e tan petit en sai!
car eu d'amar no·m posc tener
celeis don ja pro non aurai.
Tout m'a mo cor, e tout m'a me,
e se mezeis'e tot lo mon;
e can se·m tolc, no·m laisset re
mas dezirer e cor volon.

                  III
Anc non agui de me poder
ni no fui meus de l'or'en sai
que·m laisset en sos olhs vezer
en un miralh que mout me plai.
Miralhs, pus me mirei en te,
m'an mort li sospir de preon,
c'aissi·m perdei com perdet se
lo bels Narcisus en la fon.

                  IV
De las domnas me dezesper;
ja mais en lor no·m fiarai;
c'aíssi com las solh chaptener,
enaissi las deschaptenrai.
Pois ve c'una pro no m'en te
vas leis que·m destrui e·m cofon,
totas las dopt'e las mescre,
car be sai c'atretals se son.

                  V
D'aisso·s fa be femna parer
ma domna, per qu'e·lh o retrai,
car no vol so c'om deu voler,
e so c'om li deveda, fai.
Chazutz sui en mala merce,
et ai be faih co·l fols en pon;
e no sai per que m'esdeve,
mas car trop puyei contra mon.

                  VI
Merces es perduda, per ver
-et eu non o saubi anc mai-,
car cilh qui plus en degr'aver,
no·n a ges; et on la querrai?
A! can mal sembla, qui la ve,
qued aquest chaitiu deziron
que ja ses leis non aura be,
laisse morir, que no l'aon!

                  VII
Pus ab midons no·m pot valer
precs ni merces ni·l dreihz qu'eu ai,
ni a leis no ven a plazer
qu'eu l'am, ja mais no·lh o dirai.
Aissi·m part de leis e·m recre;
mort m'a, e per mort li respon,
e vau m'en, pus ilh no·m rete,
chaitius, en issilh, no sai on.

                  VIII
Tristans, ges no·n auretz de me,
qu'eu m'en vau, chaitius, no sai on.
De chantar me gic e·m recre,
e de joi e d'amor m'escon. 
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 I.    Cuando veo la alondra mover sus alas de alegría contra el rayo [del sol] y que se desvanece y se deja caer por la dulzura que le llega al corazón, ¡ay!, me entra una envidia tan grande de cualquiera que vea gozoso, [que] me maravillo de que al momento el corazón no se me funda de deseo.

II.    ¡Ay de mí! Creía saber mucho de amor, ¡y sé tan poco!, pues no me puedo abstener de amar a aquella de quien nunca obtendré ventaja. Me ha robado el corazón, me ha robado a mí, y a sí misma y a todo el mundo; y cuando me privó de ella no me dejó nada más que deseo y corazón anheloso.

III.    Nunca más tuve poder sobre mí, ni fui mío desde aquel momento en que me dejó mirar en sus ojos, en un espejo que me place mucho. Espejo: desde que me miré en ti, me han muerto los suspiros de lo profundo, porque me perdí de la misma manera que se perdió el hermoso Narciso en la fuente.

IV.    Me desespero de las damas; nunca más me fiaré de ellas; y así como las solía defender, de la misma manera las desampararé [en adelante]. Puesto que veo que ninguna me ayuda contra ella, que me destruye y me confunde, las temo a todas y no las creo, pues bien sé que todas son iguales.

V.    En esto mi dama se muestra verdaderamente mujer, por lo que se lo reprocho, pues no quiere lo que se ha de querer, y hace lo que se le veda. He caído en desgracia y he hecho como el loco en el puente; y no sé por qué me ocurre, si no es porque he picado demasiado alto.

VI.    En verdad, la piedad está perdida -y yo no lo supe nunca-, pues la que debería tener más no tiene nada, y ¿dónde la buscaré? ¡Ah, qué duro de creer se hace al que la ve que deje morir [y] que no ayude a este desgraciado anheloso que sin ella no tendrá ningún bien!

VII.    Ya que con mi señora no me pueden valer ruegos ni piedad ni el derecho que tengo, y a ella no le viene en gana que yo la ame, no se lo diré nunca más. Así pues, me alejo de ella y desisto; me ha muerto y como muerto le respondo, y me voy, ya que no me retiene, desgraciado, al destierro, no sé a dónde.

VIII.    Tristán, nada tendréis de mí, porque me voy, desgraciado, no sé a dónde. Renuncio a cantar y desisto, y rehuyo la alegría y el amor.

* Anotación de Juan Nadie
** Traducción de Ángel Crespo, añadida por Juan Nadie
Comentario y versión literal de Martín de Riquer
Michael Zöllner - Can vei la lauzeta mover  (Bernart de Ventadorn) - Del disco Ad radices, 2006 

7 comentarios:

marian dijo...

Cantados, reflejan mejor las penas.
Que llegasen los trovadores tenía que ser un acontecimiento.

marian dijo...

Esta tiene una mezcla entre gregoriano y árabe, ¿verdad?.

marian dijo...

Y que llegasen los juglares, también.

Juan Nadie dijo...

Gregoriano y árabe, efectivamente, la música de entonces, que ya era mestizaje. Es que convivían cristianos, arábes y judíos, con sus más y sus menos, pero convivían. Haciéndose la guerra todo el rato, eso sí.

Gatopardo dijo...

Y a veces el amor.

Juan Nadie dijo...

También, por eso somos una mezcla.

marian dijo...

Pero cada uno con distintas proporciones (en la mezcla) de belicoso y amoroso. Que tan peligrosos para los demás pueden ser los demasiados belicosos que los extremadamente amorosos (porque líbrame de las aguas tranquilas...)