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martes, 26 de febrero de 2013

Los pícaros/ 7 - La lozana andaluza (fragmentos) - Francisco Delicado - España


RETRATO DE
la Loçana andaluza: en lengua española:
muy claríssima. Compuesto en Roma.
El qual Retrato demuestra loque en Ro-
ma passaua y contiene munchas más
cosas que la Celestina.
(Portada del único ejemplar que se conserva de la edición "princeps" de Venecia, 1528 - Osterreich Nationalbibliothek de Viena)

ARGUMENTO EN EL QUAL SE CONTIENEN TODAS LAS PARTICULARIDADES QUE HA DE HABER EN LA PRESENTE OBRA

   Decirse ha primero la ciubdad, patria y linaje, ventura, desgraçia y fortuna, su modo, manera y conuersación, su trato, plática y fin, porque solamente gozará de este Retrato quien todo lo leyere.
    Protesta el autor que ninguno quite ni añada palabra ni razón ni lenguaje, porque aquí no compuse modo de hermoso decir, ni saqué de otros libros, ni hurté elocuencia porque: para decir la verdad poca elocuencia basta, como dice Séneca; ni quise nombre, salvo que quise retraer muchas cosas retrayendo una, y retraxe lo que vi que se debería retraer, y por esta comparación que se sigue verán que tengo razón.
    Todos los artífices que en este mundo trabajan desean que sus obras sean más perfectas que ningunas otras que jamás fuesen. Y vese mejor esto en los pintores que no en otros artífices, porque cuando hacen un retrato procuran sacarlo del natural, e a esto se esfuerzan, y no solamente se contentan de mirarlo e cotejarlo, mas quieren que sea mirado por los transeúntes e circunstantes, y cada uno dice su parecer, mas ninguno toma el pincel y enmienda, salvo el pintor que oye y ve la razón de cada uno, y así enmienda, cotejando también lo que ve más que lo que oye; lo que munchos artífices no pueden hacer, porque después de haber cortado la materia y dádole forma, no pueden sin pérdida enmendar. Y porque este retrato es tan natural, que no hay persona que haya conocido la señora Lozana en Roma o fuera de Roma, que no vea claro ser sacado de sus actos y meneos y palabras; y asimismo porque yo he trabajado de no escrebir cosa que primero no sacase en mi dechado la labor, mirando en ella o a ella. Y viendo vi muncho mejor que yo ni otro podrá escrebir, y diré lo que dijo Eschines, filósofo, leyendo una oración o proceso que Demóstenes había hecho contra él; no pudiendo expremir la muncha más elocuencia que había en el dicho Demóstenes, dixo: «¿Qué haría si oyérades a él?» (quod si ipsam audissetis bestiam?), y por eso verná en fábula muncho más sabía la Lozana que no mostraba, y viendo yo en ella munchas veces maneras y saber que bastaba para cazar sin red, y enfrenar a quien muncho pensaba saber, sacaba lo que podía, para reducir a memoria, que en otra parte más alta (que una picota) fuera mejor retraída que en la presente obra; y porque no le pude dar mejor matiz, no quiero que ninguno añada ni quite; que si miran en ello, lo que al principio falta se hallará al fin; de modo que por lo poco entiendan lo muncho más ser como dedución de canto llano, y quien al contrario hiciere, sea siempre enamorado y no querido. Amén.


PRIMERA PARTE

MAMOTRETO PRIMERO
COMIENZA LA HISTORIA O RETRATO SACADO DEL JURE CEVIL NATURAL DE LA SEÑORA LOZANA; COMPUESTO EL AÑO MILL Y QUINIENTOS Y VEINTE E CUATRO, A TREINTA DÍAS DEL MES DE JUNIO, EN ROMA, ALMA CIUBDAD, Y COMO HABÍA DE SER PARTIDO EN CAPÍTULOS, VA POR MAMOTRETOS, PORQUE EN SEMEJANTE OBRA MEJOR CONVIENE

    La señora Lozana fue natural compatriota de Séneca, y no menos en su inteligencia y resaber, la cual desde su niñez tuvo ingenio y memoria y vivez grande, y fue muy querida de sus padres por ser aguda en servillos e contentallos, e muerto su padre, fue necesario que acompañase a su madre fuera de su natural. Y ésta fue la causa que supo y vido munchas ciubdades, villas y lugares de España, que agora se le recuerdan de casi el todo; y teníe tanto intelecto, que casi escusaba a su madre procurador para sus negocios; siempre que su madre le mandaba ir o venir, era presta, y como pleiteaba su madre, ella fue en Granada mirada y tenida por solicitadora perfecta e prenosticada futura; acabado el pleito, e no queriendo tornar a su propia ciubdad, acordaron de morar en Xerez y pasar por Carmona; aquí la madre quiso mostrarle texer, el cual oficio no se le dio ansí como el hordir y tramar, que le quedaron tanto en la cabeza, que no se le han podido olvidar. Aquí conversó con personas que la amaban por su hermosura y gracia; asimismo, saltando una pared sin licencia de su madre, se le derramó la primera sangre que del natural tenía; y muerta su madre, y ella quedando huérfana, vino a Sevilla, a donde halló una su parienta, la cual le decía: «hija, sed buena, que ventura no os faltará»; y asimismo le demandaba de su niñez, en qué era estada criada, y qué sabía hacer, y de qué la podía loar a los que a ella conocían. Entonces respondíale desta manera: «señora tía, yo quiero que vuestra merced vea lo que sé hacer; que cuando era vivo mi señor padre yo le guisaba guisadicos que le placían, y no solamente a él mas a todo el parentado; que, como estábamos en prosperidad, teníamos las cosas necesarias, no como agora, que la pobreza hace comer sin guisar, y entonces las especias, y agora el apetito; entonces estaba ocupada en agradar a los míos, y agora a los extraños».


MAMOTRETO II
RESPONDE LA TÍA, Y PROSIGUE

    Tía.- Sobrina, más ha de los años treinta que yo no vi a vuestro padre, porque se fue niño, y después me dixeron que se casó por amores con vuestra madre, y en vos veo yo que vuestra madre era hermosa.
    Lozana.- ¿Yo, señora? Pues más parezco a mi agüela que a mi señora madre, y por amor de mi agüela me llamaron a mí Aldonza, y si esta mi agüela viviera, sabía yo más que no sé, que ella me mostró guisar, que en su poder deprendí hacer fideos, empanadillas, alcuscuzu con garbanzos, arroz entero, seco, graso, albondiguillas redondas y apretadas con culantro verde, que se conocían las que yo hacía entre ciento. Mirá, señora Tía, que el padre de mi padre decía: «¡Éstas son de mano de mi hija Aldonza!» ¿Pues adobado no hacía? Sobre que cuantos traperos había en la cal de la Heria querían proballo, y máxime cuando era un buen pecho de carnero, y ¡qué miel! pensá, señora, que la teníamos de Adamuz y zafrán de Peñafiel, y lo mejor de la Andalucía venía en casa de esta mi agüela. Sabía hacer hojuelas, pestiños, rosquillas de alfaxor, textones de cañamones y de ajonjolí, nuégados, xopaipas, hojaldres, hormigos torcidos con aceite, talvinas, zahínas y nabos sin tocino y con comino; col murciana con alcarabea, y olla reposada no la comía tal ninguna barba; pues boronía ¿no sabía hacer?, por maravilla, y cazuela de berengenas moxies en perfición; cazuela con su ajico y cominico, y saborcico de vinagre, esto hacía yo sin que lo vezasen. Rellenos, cuajarejos de cabritos, pepitorias y cabrito apedreado con limón ceutí, y cazuelas de pescado cecial con oruga, y cazuelas moriscas por maravilla, y de otros pescados que sería luengo de contar. Letuarios de arrope para en casa, y con miel para presentar, como eran de membrillos, de cantueso, de uvas, de berengenas, de nueces y de la flor del nogal, para tiempo de peste; de orégano y hierba buena, para quien pierde el apetito; pues ¿ollas en tiempo de ayuno?, estas y las otras ponía yo tanta hemencia en ellas, que sobrepujaba a Platina, De voluptatibus, y a Apicio Romano, De re coquinaria, y decía esta madre de mi madre: «Hija Aldonza, la olla sin cebolla es boda sin tamborín». Y si ella me viviera, por mi saber y limpieza (dexemos esta hermosura) me casaba, y no salía yo acá por tierras ajenas con mi madre, pues me quedé sin dote, que mi madre me dexó solamente una añora con su huerto, y saber tramar, y esta lanzadera para texer cuando tenga premideras.1
    Tía.- Sobrina, esto que vos tenéis y lo que sabéis será dote para vos, y vuestra hermosura hallará ajuar cosido y sorcido; que no os tiene Dios olvidada; que aquel mercader que vino aquí ayer me dixo que, cuando torne, que va a Cádiz, me dará remedio para que vos seáis casada y honrada; mas querría él que supiésedes labrar.
    Loz.- Señora Tía, yo aquí traigo el alfilelero, mas ni tengo aguja ni alfiler, que dedal no faltaría para apretar; y por eso, señora Tía, si vos queréis, yo le hablaré antes que se parta, porque no pierda mi ventura, siendo huérfana.


MAMOTRETO III
PROSIGUE LA LOZANA, Y PREGUNTA A LA TÍA

    Loz.- Señora Tía, ¿es aquel que está paseándose con aquel que suena los órganos? Por su vida, que lo llame. ¡Ay, cómo es dispuesto!, ¡y qué ojos tan lindos!, ¡qué ceja partida!, ¡qué pierna tan seca y enxuta! ¿Chinelas trae? ¡Qué pie para galochas y zapatilla ceyena! Querría que se quitase los guantes por verle qué mano tiene. Acá mira; ¿quiere vuestra merced que me asome?
    Tía.- No, hija; yo quiero ir abaxo, y él me verná a hablar, y cuando él estará abaxo vos vernéis; si os hablare, abaxá la cabeza y pasaos, y si yo os dixere que le habléis, vos llegá cortés y hacé una reverencia, y si os tomare la mano, retraeos hacia atrás, porque, como dicen, amuestra a tu marido el copo, mas no del todo; y desta manera él dará de sí, y veremos qué quiere hacer.
    Loz.- Veislo viene acá.
    Mercader.- Señora, ¿qué se hace?
    Tía.- Señor, serviros, y mirar en vuestra merced la lindeza de Diomedes el Ravegnano.
    Merc.- Señora, pues ansí me llamo yo. Madre mía, yo querría ver aquella vuestra sobrina. Y por mi vida que será su ventura, y vos no perderéis nada.
    Tía.- Señor, está revuelta y mal aliñada, mas porque vea vuestra merced cómo es dotada de hermosura, quiero que pase aquí abaxo su telar y verála cómo texe.
    Diomedes.- Señora mía, pues sea luego.
    Tía.- ¿Aldonza? ¿Sobrina? ¡Veníos acá, y veréis mejor!
    Loz.- Señora Tía, aquí veo muy bien, aunque tengo la vista cordobesa: salvo que no tengo premideras.
    Tía.- Decí sobrina que este gentilhombre quiere que le texáis un texillo, que proveeremos de premideras. Vení aquí, hacé una reverencia a este señor.
    Diomedes.- ¡Oh, qué gentil dama! Mi seora madre, no la dexe ir, y suplícole que la mande que me hable.
    Tía.- Sobrina, respondé a ese señor, que luego torno.
    Diom.- Señora, su nombre me diga.
    Loz.- Señor sea vuestra merced de quien mal lo quiere; yo me llamo Aldonza, a servicio y mandado de vuestra merced.
    Diom.- ¡Ay!, ¡ay!, ¡qué herida!, que de vuestra parte qualque vuestro servidor me ha dado en el corazón con una saeta dorada de amor.
    Loz.- No se maraville vuestra merced; que cuando me llamó que viniese abaxo, me parece que vi un mochacho, atado un paño por la frente, y me tiró no sé con qué; en la teta izquierda me tocó.
    Diom.- Señora, es tal ballestero, que de un mismo golpe nos hirió a los dos. Ecco adunque due anime í uno core. ¡Oh, Diana!, ¡oh, Cupido!, socorred el vuestro siervo. Señora, si no remediamos con socorro de médicos sabios, dudo la sanidad, y pues yo voy a Cádiz, suplico a vuestra merced se venga conmigo.
    Loz.- Yo, señor, verné a la fin del mundo; mas dexe subir a mi tía arriba, y pues quiso mi ventura, seré vuestra más que mía.
    Tía.- ¡Aldonza! ¡Sobrina!, ¿qué hacéis?, ¿dónde estáis? ¡Oh, pecadora de mí!, el hombre dexa el padre y la madre por la mujer, y la mujer olvida por el hombre su nido. ¡Ay, sobrina!, y si mirara bien en vos, viera que me habíades de burlar; mas no tenéis vos la culpa, sino yo, que teniendo la yesca busqué el eslabón; mirá qué pago, que si miro en ello, ella misma me hizo alcagüeta; va, va, que en tal pararás.
[...]
Francisco Delicado

1 Pedal de los telares manuales.

    Joaquín del Val, el más agudo estudioso -hasta hoy- de la Lozana afirma: "Históricamente constituye un documento vivo de la estancia de los españoles en Italia a comienzos del siglo XVI. La corrupción de Roma, que llegó al máximo libertinaje en tiempo de los papas Alejandro VI y León X, la refleja fielmente el clérigo Francisco Delgado (Delicado es italianización del apellido castellano Delgado), que no vacila en calificar a la gran ciudad de meretriz y concubina de forasteros... Triunfo de grandes señores, paraíso de putanas, purgatorio de jóvenes, infierno de todos, fatiga de bestias, engaño de pobres, peciguería de bellacos. Y añade: Es la mayor parte de Roma burdel, y le dicen Roma putana. Observa que Roma al revés es Amor... La Lozana tiene un gran valor documental, casi fotográfico... "
    [...] En la Lozana, ciento veinticinco personajes se mueven en torno a la protagonista, Aldonza, lozana andaluza cordobesa, quien "desde su niñez tuvo ingenio y memoria y viveza grandes".
    [...] Creo que la Lozana encierra muchos elementos folklóricos y frases y modismos españoles populares, muchos italianismos de baja estofa, una lascivia caliente, una gracia gorda, una indiscutible intención moralizadora, trozos y frases en castizo y familiar lenguaje, mucho color y brío, y un sentido picaresco netamente español, pese a cuajarse su acción en medios y costumbres de Roma. FEDERICO CARLOS SAINZ DE ROBLES

9 comentarios:

Gatopardo dijo...

Te observo muy lozano últimamente....

Juan Nadie dijo...

Ya ves...
¿Te has fijado que Francisco Delicado hablaba de De Re Coquinaria? Es que yo creo que es el libro de cocina más famoso de la Historia.

Gatopardo dijo...

Y yo sn conocerle, lo que tampoco es nada extraño.
Eso sí, estamos en ello.....

Juan Nadie dijo...

¿Qué no conoces De re coquinaria? No me vaciles, si has puesto una receta de ese libro. Ay, ese alzheimer!

Gatopardo dijo...

Me refería a anteriormente a tu préstamo.

Juan Nadie dijo...

Perdona, es que estoy espeso.

finchu dijo...

Puf, hace más de 25 años que lo leí, apenas recuerdo cuatro escenas que imaginé al leerlo.

marian dijo...

Yo solo he leído algún mamotreto que otro, tampoco vi la película, pero la vi representada por una compañía de teatro amateur (una asociación de mujeres de un pueblo), fue un reír sin parar; como somos como somos, el cachondeo mayor vino con el criado que le servía, que le servía bastante bien.

Juan Nadie dijo...

La película era un bodrio, Marian, no te perdiste nada. Hay que leerse el libro, que es una gozada, literariamente hablando, o sea para quien le guste la literatura.